rosafermu

rosafermu

viernes, 6 de julio de 2012

DESENCUENTROS / Capítulo SEXTO


Paró el coche en la plaza de Belchite, frente a la iglesia y contigua  al Ayuntamiento.  Cogió su agenda y decidida entró en el consistorio para indagar sobre alguna pista  del hecho que le había llevado hasta allí.

Belchite

--Señorita, por favor ¿puede atenderme?

--Si, como no. Dígame

--Vengo buscando información sobre una persona fallecida durante la guerra civil, más exactamente durante el bombardeo. Necesito saber el lugar en dónde se procedió a su enterramiento

--¿Tiene nombre, apellidos o algún otro dato ?

-- Le agradezco mucho la información, pero por favor con independencia de que yo indague en la iglesia, si es tan amable búsqueme los datos que pueda. Es muy importante.

-- Descuide, ahora mismo me pongo con ello. El cura, aunque muy mayor, es de aquella época.  Estaba recién salido del seminario cuando llegó aquí. Seguro que él sabe a quién se refiere.

-- De nuevo muchas gracias. ¿ Cuando puedo volver?

-- Aún no estamos informatizados, por lo que tendré que ir al sótano y buscar los libros.  Creo que un par de horas los habré localizado.

--¿Le parece después de comer, como a las cuatro?

-- Perfecto, quedamos a las cuatro.

-- Hasta luego, pues

Se dirigió a la iglesia y preguntó por el sacerdote que la chica del Ayuntamiento  le había comentado

--¿Se refiere a don Felipe?, la dijo el sacristán que la atendió

-- Pues la verdad no se cómo se llama, pero debe ser él si es que estaba aquí durante la guerra

-- Venga, está en la parte de atrás

Ambos se dirigieron al pequeño jardín trasero de la parroquia y allí, sentado bajo el porche, se encontraba el anciano sacerdote dormitando

-- Hoy no hace muy buen día, apostilló el sacristán

--Cuando salí de Madrid, estaba medio lloviendo…

-- Don Felipe, don Felipe. Esta señorita pregunta por usted

--¿ Eh, cómo dices ?

-- Está algo sordo, tendrá que hablarle alto, pero no se preocupe tiene una cabeza que para mi la quisiera yo cuando llegue a su edad.  Le solicitan unos datos de cuando el bombardeo. .
 
- Pregunto por Lolita, fué muerta en el bombardeo en Bilchite Viejo. . . Resulta que era novia de un chico americano que fue herido junto a ella aquel día. Es el abuelo de un buen amigo mio. Nunca ha olvidado aquel suceso y antes de morir querría saber dónde está enterrada y poner unas flores en su tumba.  Me han dicho que la madre aún vive


El anciano sacerdote recordaba todo....

-- Si, si .  La vida no fue justa con ellos.  Eran buena gente que no hicieron daño a nadie, al contrario, ayudaban a todos los que les necesitaran.  La niña murió, al padre le detuvieron a los pocos días de la muerte de su hija, le encarcelaron y falleció en prisión de tuberculosis. Dolores, la madre, , se quedó sola y sin dinero.  Ahora está en una residencia esperando que llegue su hora. ¡ Ay Señor, lo que tuvimos que ver en aquellos días ¡  La niña está enterrada en el Viejo, junto a su padre, pero está todo derruido.. Yo iba antes a visitar a todos los amigos que allí yacen, pero ya no lo hago. Se me encoge el corazón contemplar aquellas ruinas, aquel lugar que estuvo lleno de vida. Eran mis amigos; bauticé a sus hijos, casé a algunos de ellos y ahora dicen que está todo embrujado y que por la noche se oyen los lamentos de los que allí vivieron  Sólo pude rezar por ellos.

--Padre, no le molesto más. No quiero que le atormenten los recuerdos. No sabe el favor que me ha hecho y lo agradecida que estoy. Desde América le van a bendecir.

-- ¿ Por qué no vino antes, el americano, a indagar todo esto?

--Como ya sabrá quedó herido y traumatizado por la muerte de Lolita, pero nunca la olvidó. Pasado un tiempo se casó, tuvo hijos, en fin el tiempo pasó. Un nieto de ese hombre es escritor, ha escrito un libro sobre la peripecia de su abuelo y le prometió que averiguaría el paradero de Lolita.  Dentro de unos días vendrá personalmente a ponerle las flores que prometió a su abuelo.   Yo le estoy facilitando los trámites

-- Está bien, hija, está bien. Que venga por aquí cuando llegue. ¿Se lo dirás ?

--Desde luego vendremos los dos. Muchas gracias de nuevo. Hasta pronto

-- Ve con Dios, hija

Decidió dar una vuelta por el Viejo y visitar el lugar de los acontecimientos.  Se había convertido en un pueblo fantasma .

Ella no tenía miedo; se le había encogido el corazón cuando el sacerdote relató la tragedia de los padres de Lolita. Estaba muy apenada y a punto de saltársele las lágrimas.  Desde que se quedó viuda, cualquier cosa la hacía llorar. Antes era una chica risueña incapaz de apenarse por nada, pero la ¡cambió tanto la vida!, que ahora se emocionaba  hasta cuando en Navidad ve los anuncios de turrones.

Era un paisaje apocalíptico, solitario, pero en sus fachadas derruidas estaba escrita con sangre la vida de aquellos que en su día fueron sus moradores y ahora los pocos que quedaban, ni siquiera paseaban por sus calles:  no querían recordar, no querían ver la destrucción de lo que antaño fueron sus hogares, era su vida, sus hijos, sus mujeres, sus casas.

Se dirigió hacia las afueras del pueblo en donde creía podría estar el cementerio. Consultó el reloj.

--  Mejor lo dejo para la tarde. Iré a comer y después al Ayuntamiento. Haré noche en el pueblo y mañana trataré de ver a la madre de Lolita. No puedo irme de aquí sin visitarla

Puso rumbo al pueblo nuevo. Buscó un sitio en dónde comer y reposar hasta la hora de ir al Consistorio. Tenía que asimilar todo lo que había vivido aquella mañana nublada  e intensa.

Pidió información al camarero que le servía la comida de algún lugar en el que poder pasar la noche. La indicó que estaba cerca y que era una pensión limpia y económica. Apuró el café de la sobremesa y esperó a que fuera la hora de recoger los datos que la facilitarían en el Ayuntamiento.  Habían pocas cosas que hacer en el pueblo, sólo contemplar el paisaje de un pueblo construido hacía poco.   Le faltaba la solera que tenía el pueblo Viejo..  Recogió la documentación solicitada y nuevamente agradeció a la funcionaria el servicio prestado.  Deambuló por la zona, pero para una persona que vive en una gran ciudad, pronto recorrió el terreno y cansada y aburrida optó por encerrarse en la habitación de la pensión.

Compró un bocadillo para cenar y una botella de agua . encendió el televisor de su habitación. Se quitó la ropa y se puso el pijama. Tenía mucho sueño y es probable que se quedara dormida rápidamente, como así fue  

Los “silencios”” de los pueblos fueron los que la despertaron  en una hora muy temprana. Se desperezó y se quedó mirando al techo de la habitación. Pensaba en lo vivido el día anterior y en lo que le aguardaría en el día presente.  La habitación tenía un baño, pequeño, con plato de ducha, pero a ella le daba igual

-- Lo importante es que esté limpio… Y eso lo estaba en demasía

Lucía en la calle el sol mortecino del otoño, pero al menos no llovía. Se vistió con unos pantalones y un jersey de cuello alto. Se recogió el pelo en una trenza. No se maquilló y se dispuso a salir.  Desayunó, abonó su cuenta y se introdujo en el coche rumbo a la residencia de ancianos. Trataría de ver primero a la madre de Lolita y posteriormente iría al cementerio después de comprar unas flores, pero no sabía dónde. Preguntaría en la residencia.

Llegó y en recepción solicitó la entrevista con Dolores



-- Están desayunando. Habrá de esperar hasta que terminen.¿ A quién digo que ha venido a verla ?

-- No,  ella no me conoce. Vengo en nombre de alguien que la conoció hace tiempo

-- Está bien, aguarde un momento, ya no tardarán mucho
Estuvo dando vueltas por el vestíbulo. Se fijaba en los cuadros que colgaban en la pared, hasta que una señorita empujando un carrito con una anciana llamó su atención

--Señorita, aquí está  Dolores

Señorita, aquí está Dolores .....

La empleada dejó el carrito delante de Perla. La anciana levantó la mirada y la fijó en la muchacha con curiosidad.  Con voz trémula le preguntó

--Perdone, señorita, ¿ la conozco ?

-- No señora, pero tenía mucho interés en hablar con usted

--¿Conmigo y por qué ?

-- Vine a visitar el pueblo. Hace años vivió aquí el abuelo de un amigo mio y me encargó venir y averiguara si vivía alguien de aquella época

Perla narró lo que estimó que no iba causar dolor a la anciana de manera que los tristes recuerdos no la atormentasen.  Una vez explicado, muy por encima, el motivo de su visita a Belchite, se iba a despedir cuando Dolores cogiéndola de la mano la dijo:

-- Empuje el carrito. Vamos a mi habitación, quiero enseñarle algo que es un tesoro para mí.  Los primeros patucos que hice a mi hija cuando supe que venía en camino.

Entraron en el ascensor siguiendo las instrucciones de Dolores. llegaron al segundo piso y  de allí  a la habitación que ocupaba la anciana.  Del armario extrajo una caja de cartón, por la que el tiempo había pasado y de su interior extrajo un par de patucos color rosa. 

-- Hice otros azules por si era niño, pero esos los perdí  jun to con mi casa. Era una niña preciosa, y buena como nadie


Hice otros azules, pero los perdí...

En ese momento Dolores se derrumbó y rompió a llorar amargamente.  Perla se abrazó a ella con los ojos llenos de lágrimas. Comprendía perfectamente el dolor de aquella mujer viviendo únicamente de sus recuerdos. La anciana prosiguió

--Tenia novio ¿sabe ? Se conocían hacía poco tiempo y ¡ eran tan jóvenes ¡ Él era un chico americano que vino con las Brigadas y estaban juntos cuando ocurrió

--Dolores, de él es mi encargo

-- ¡ Dios mio, no la ha olvidado ¡

-- No Dolores. Nunca la olvidó y a su primera hija le puso el nombre de lolita. Ella está siempre en su pensamiento

Trató de calmar la emoción de la anciana y su propia emoción. Al cabo de un rato una vez hubo calmado a la mujer, pudo despedirse de ella con la promesa de volver junto con Jeff.  Dio un beso en la frente a aquella venerable mujer y salió de la residencia llorando como una criatura.

Dentro del coche se dio cuenta de que no había comprado las flores y frenó de nuevo entrando en la residencia e indagar allí por una floristería.

Compró un ramo de flores varias, alegres como era la niña que las tendría sobre su lápida y dirigió el coche hacia el cementerio Viejo dispuesta a dar con su tumba. No le costó gran esfuerzo, a pesar de que las inscripciones estaban medio borradas, pero dio con la de Lolita.  En silencio rezó un padrenuestro y  depositó las flores en el suelo, enjugando las lágrimas que brotaban de sus ojos.

Rezó un Padrenuestro y depositó las flores en su tumba











.


No hay comentarios:

Publicar un comentario