rosafermu

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viernes, 5 de diciembre de 2014

Miranorte - Capítulo 12 / Viejas añoranzas

 
 

El avión rodaba por la pista, y Paul miraba por la ventanilla,   cómo poco a poco,  el paisaje de la ciudad se difuminaba ante su vista.  A medida que tomaba altura y el paisaje se hacía más pequeño, pensaba que se quedaba allí, y que estaría muy lejos de ella.  Recordaba la cena con Alba y sentía que una oleada de ternura le invadía poco a poco

- ¡ Dios !...  Para de una vez - se decía

No entendía lo que le ocurría cada vez que la veía, y eso que lo hacían de tarde en tarde.  Pero la sabía  tan perdida y tan sola, que no podía evitar que un sentimiento de protección le invadiese.  Su compañero de asiento, hizo que saliera de su aislamiento

- Estás muy callado ¿ Te encuentras bien ? - le preguntó Douglas
- Oh si.  Estaba distraído viendo como nos alejamos de la ciudad
- Ya...Te noto muy reflexivo. No se de qué te asombras con la cantidad de viajes que llevas a tu espalda
- Si, tienes razón...  No se porqué me ha dado por pensar en ello
- ¿ Dejas algo atrás?
- ¿ Qué quieres decir con eso?
- Te noto raro.  Simplemente es eso
- Pues no me ocurre nada.  Quizá fue porque dormí poco y mal.  Así que si me disculpas, voy a tratar de hacerlo ahora
- Claro.  La película que nos pondrán la habremos visto cientos de veces. Duerme. Se te hará el viaje más corto.

Echó hacia atrás el asiento y trató de dormir, aunque lo que sólo consiguió es pensar más en la cena con ella.

Alba estaba en su trabajo taciturna, y así se lo hizo notar su compañera y amiga

- ¿ Qué te ocurre ? ¿ Te encuentras bien ?
- Si, no te preocupes. Me duele un poco la cabeza.  Eso es todo
- ¿Qué tal tu cena?
- Muy bien...  estuvo bien
- ¿ Vas a volver a verle ?
- No creo.  Mañana vuelve a Los Angeles.  Aasí que no no volveré a verle.
- ¿ Es por eso que estás así?
- No estoy de ninguna manera... Algo aburrida si que estoy. Esto está hoy muy tranquilo
- Es pronto todavía. A medida que se acerque el mediodía ya te lo diré

Y el día transcurrió en su tónica habitual y rutinario.  Salieron juntas, cada una a su casa, igual que cualquier otro día.  Para Alba no era igual.  El día anterior, a esa misma hora, estaba con Paul  charlando tranquilamente, y sin embargo estaba a punto de marcharse rumbo a su vida normal y posiblemente nunca volverían a verse.  Recordaba con amargura, y a la vez con ternura, el beso que él la diera para despedirse.  Ignoraba lo que ella sentía por él desde hacía tiempo, y ese pensamiento, hizo que los ojos se le llenases de lágrimas.  Tenía razón Paul cuando la dijo que se volviera a España.  Debía aspirar a algo más, para lo que se había preparado.  ¿ Debía hacerlo?  Pensaba que su madre se había sacrificado para que ella fuera profesora, y cada vez tomaba más forma, la idea de que la estaba traicionando.

- Creo que regresaré y lo intentaré en Madrid.  Será como empezar otra vez...,  nuevamente...   Otra vez ...


 Durante todo el camino de regreso a la pensión, repasaba mentalmente todo lo que debería hacer.  Revisaría el extracto bancario para averiguar el saldo de su cuenta corriente.  Haría números, muchos números para saber con cuánto dinero contaba después de pagar el billete de avión.  Posiblemente tardase en encontrar un trabajo y debía subsistir.  Lentamente llegó a su destino, sin dejar de pensar en su proyecto.  Sentada en el borde de la cama, extendió los últimos extractos que había recibido del banco.  En una hoja fue anotando los gastos previstos hasta que cobrara el próximo mes y apuntó una pequeña cantidad como gastos imprevistos.  Sumo los ingresos y dedujo los gastos. Con el resultado obtenido calculó que aún tardaría tres meses en poder volver a España, eso si todo se desarrollaba como había planificado.

En la sala de espera del aeropuerto, Alba se despedía de la que había sido su amiga y compañera durante todo el tiempo que permaneció en Londres.  Ambas muchachas lloraban emocionadas

- Cuídate mucho- la repetía Alba
- Lo mismo digo.  No pierdas el contacto conmigo.  Hablaremos de vez en cuando ¿ vale ?
- Vale. No te olvidaré

Los altavoces anunciaban que debían embarcar en el vuelo que les llevaría hacia España.  Se dieron el último abrazo, y Alba se perdió en el pasillo que la conduciría hasta el avión.  Antes de entrar en el túnel, se volvió y dijo adiós con la mano a su amiga que permanecía allí mirándola.

Una vez acomodada en su asiento se ajustó el cinturón y se dispuso a emprender, una vez más, otra aventura de regreso a casa.  Estaba nerviosa y expectante.  No había vuelto a saber nada de Paul.  Ni siquiera la había llamado al llegar a Los Angeles.  Pensaba que se había olvidado de ella, por muchas buenas palabras que la dijera cuando se despidieron

- Debo dejar de pensar en él.  Esto no me lleva a ninguna parte.  El tiene su vida, su mundo, y yo no pertenezco a ninguna de las dos cosas.   Si al menos pudiera dejar de pensar en él...  Llamaré a Mila en cuento llegue,  y a mis amigas de Miranorte.  ¡ Ah ! también a Marta.  Que no se me olvide.  Se ha portado muy bien conmigo y ha sido muy cariñosa. Y quién sabe, si algún día me decido y acepto el trabajo que me ha ofrecido.  Cerró los ojos y trató de dormir un poco, sin conseguirlo.  Estaba muy nerviosa, por lo que decidió ver la película que estaban proyectado.  Se escuchaba la maravillosa melodía de su banda sonora y se dejó llevar por la música y por la película.  Durante largo rato, dejó su mente en blanco.  La sacó de su ensoñación el sonido del contenedor que portaban las azafatas: iban  a repartir la cena.    En poco más  de una hora  tomarían tierra en Barajas.

Se sentó en la cama, dejando el bolso de mano y la maleta a un lado.  La casa estaba cuidada, pero inhóspita. Eran cuatro paredes sin vida, o mejor dicho : la vida se había detenido hacía tiempo.  Paseó la vista alrededor de la habitación y un rictus de amargura asomó a su rostro.  Lentamente vació el contenido del bolso y buscó el móvil.  También  pulsó el botón del contestador del teléfono fijo por si tenía algún mensaje.  Y si lo había.  Una voz conocida saltó de golpe  sobresaltándola

- ¿ Dónde estás, dónde demonios estás?  He ido a la pensión y me dicen que te has ido de viaje, que has regresado a España ?  Llámame en cuanto llegues



-¿ Está en Londres ? ¿ Cómo se atreve a regañarme, cuando ha sido él quién no me ha llamado ni una sola vez en todo este tiempo?  No, no voy a llamarle. ¿ Quién se ha creído que es ?

Estaba enfadada, quizá por el cansancio del viaje.  O por la desilusión que sentía al estar en su casa sin vida, vacía.  Pero a pesar de todo, se alegraba que él la hubiese llamado.  No la había olvidado. "Quizá haya estado trabajando y le ha sido imposible ocuparse de mi." , pensaba, pero al mismo tiempo creía que había pasado demasiado tiempo, y en algún momento habría tenido unos minutos libres para hacerlo.

- Voy a esperar.  Primero llamaré a Mila, y después a las chicas de Miranorte, y después ...  ya veré.  Si.   Ya veré lo que hago.  Lo mismo se lo hago desear.  Que se entere que estoy enfadada, muy enfadada con él.

Marcó el número de Mila.  Su garganta estaba agarrotada por la emoción, por escuchar nuevamente la voz de la que hasta su casamiento había sido poco menos que su madre. La había cuidado, mimado y querido como a una hija.  Hacían bastantes días que no la había llamado, pero ahora necesitaba escuchar una voz querida, alguien que infundiera en su ánimo algo de calor.

- ¿ Dígame ?
- ¡ Mila, Mila !
- Oh, mi niña...  Creí te habías olvidado de mi
- Nunca, nunca pasará eso.  He estado bastante liada, pero ya estoy de nuevo en casa, en Madrid
- ¿ Cuándo has llegado?
- Ahora, hace escasos minutos.  Mi primera llamada ha sido para ti. ¿ Cómo está José Luis?
- Muy bien.  Tan guapetón como siempre. Estamos muy bien
- ¡ Cuánto me alegro ! ¡Os echo tanto de menos!
- ¿ Por qué no vienes a pasar unos días con nosotros?  Tengo ganas de verte, de darte un abrazo
-Quizá te tome la palabra.  Necesito de tus mimos
- Ya está dicho todo. ¿ Cuándo vienes?
- Deja que organice mi vida aquí.  Creo que en un par de días me veréis.  Te llamaré antes
- De acuerdo. Te esperamos. Te quiero, mi niña y deseo verte pronto
- Así será Mila.  Te lo prometo



Cuando colgó el teléfono, se quitó unas lágrimas que corrían por sus mejillas.  Se sentía emocionada por escuchar la voz amiga de Mila.  La quería, la quería de verdad.  Era su única familia.  Una vez se hubo calmado, buscó el número de sus amigas.  Charló con cada una de ellas, y también llamó a Juan, su antiguo casero y jefe.  Por él se enteró que había vendido la casa que fue su hogar a una inmobiliaria extranjera.  Les prometió que a su regreso de León, pasaría un par de días en Miranorte. A pesar de todo, echaba de menos la serena tranquilidad del lugar, el pueblo que la había hecho recobrar su equilibrio, el lugar que había sido testigo de su incipiente romance.

Estaba cansada Las emociones, el viaje, la vuelta a su hogar, a ese hogar ahora vacío y silencioso la habían fatigado.  Se metió en la cama y enseguida se quedó dormida.  Se despertó ,  y aún tardó en levantarse, la daba pereza, pero se estiró y de un salto, se levantó.  Preparo la cafetera.  Mientras se hacía el café,  se arreglaría.  Una ducha rápida, el desayuno y después saldría a dar una vuelta y a sacar los billetes para el día siguiente viajar hacia León.  Tenía ganas de ver a Mila y abrazarla.  Hacía meses, desde que Mila y José Luis  viajaron a Londres, no se habían visto, y necesitaba de sus consejos y opiniones que siempre habían sido acertadas.

Pasó una semana en León, y al despedirse de sus amigos prometió que en cualquier momento volvería a visitarles.  Abrazó largamente a Mila y a José Luis.  Les veía enamorados como si fueran unos jovencitos.  Habían recobrado el amor que tuvieron años atrás,  Eran inmensamente felices, rodeados de su familia.  Ya instalada en el autocar, les decía adiós con la mano, mientras se ponían en marcha rumbo a Miranorte.

Llegó al pueblo a media tarde.  Fue andando por la carretera desde donde la dejó el autocar, en la plaza del pueblo, hasta el albergue.  Allí después de saludar a Pepe, reservó una habitación.  Aún habían algunos huéspedes, apurando los últimos días de vacaciones.

- Es una de nuestras mejores habitaciones- la dijo Pepe mientras abría la puerta
- No te preocupes, sólo estaré unos pocos días.  He de regresar a Madrid, pero antes quería venir a saludaros a todos. Fuisteis muy buenos conmigo.

Después de acomodarse, se asomó al balcón y volvió a recordar los días en que tuvieron que alojarse allí, por el rodaje de la película.  Frente a ella, al otro lado de la carretera, estaba el chalet en el que se hospedó Paul.  Revivió aquellos días y de nuevo la tristeza la invadió. Cerró el balcón y decidió bajar a la cafetería a tomar un bocadillo.  Después iría a visitar a sus amigos. 


Lentamente se dirigió al centro del pueblo.  Había llamado a sus amigas, y como hicieran antaño, se citaron en el bar de Juan.  El pueblo no había cambiado en absoluto.  Seguían los mismos clientes jugando al dominó o a cartas en las mesas del bar.  Juan seguía aburrido leyendo el periódico, pero echó en falta a Feliciano, y se enteró por Juan que había fallecido hacía unos tres meses.    De pronto, como en tromba, las amigas entraron  dando gritos de alegría y llamando a Alba.  Se abrazaron y comenzaron a dar vueltas, ante la mirada de los asistentes al encuentro, que sonreían complacidos.

Las tres hablaban al mismo tiempo.  Preguntaban las amigas a Alba, y  a ésta no le daba tiempo a responder ante todo lo preguntado a un mismo tiempo.  Se sentaron en una mesa y bebieron cerveza, mientras Alba las iba relatando su vida en Londres y la decisión de regresar a España.

- ¿ Y de amores, que nos cuentas? - preguntó Sara
- Igual, querida.  Sin nada de nada
- ¿ Y Paul ? - inquirió Celia
- Pues no se qué decirte.  Es de esos que de pronto se siente protector tuyo, como a los cinco minutos desaparece y no vuelves a verle.  Como por ejemplo, ahora.   Sencillamente, no existo para él.  Soy una especie exótica que apareció en su vida
- ¡ Oh, Alba ! Creí que le habías olvidado- comentó Celia
- Hablemos de otra cosa- cortó Alba dando por zanjada la conversación sobre ella

El tiempo transcurríó entre ellas rápidamente.  Quedaron en volver a verse al día siguiente, y convencieron a Alba para que dilatara más el tiempo de su permanencia en Miranorte.  Se abrazaron nuevamente y se despidieron.  Cada una siguió su camino.  Alba decidió caminar hasta el albergue y pasar por su antiguo hogar.  Se daba cuenta de que añoraba esos lugares, de que los amaba más de lo que había imaginado.  Frente a la que fuera un día su casa, se detuvo a unos metros de distancia.  A la puerta había un coche todo terreno, sin duda pertenecería a los nuevos ocupantes.  Sintió añoranza de ella y recordó a Mila haciendo las magdalenas, cuyo aroma impregnaba el aire de ese hogar cada mañana.  La distrajo de sus pensamientos cuando al abrirse la puerta, vió la silueta de un hombre alto que salía hablando , más bien rezongando, pero no se veía a nadie más.  La débil luz de la entrada de la casa, difuminaba sus facciones.  Iba a reemprender su camino cuando algo la hizo detenerse . Una exclamación y un golpe en el techo del coche, la recordó algo ocurrido hacía tiempo.  De repente se quedó helada al reconocer aquella figura.  Con los ojos muy abiertos, permaneció quieta en el lugar, sin poder articular palabra.

- ¡ Oh no, no es posible ! ¿ Aquí ? . . .



 

viernes, 28 de noviembre de 2014

Miranorte - Capítulo 11 / Charla de amigos

Al poco tiempo de entrar, una musiquilla suave, avisaba a los asistentes que iba a dar comienzo la presentación de la película.  Las luces se apagaron y acto seguido se vieron las primeras imágenes del film.  Alba no pestañeaba.  No tenía idea sobre lo que iba a ver. Paul giró la cabeza hacia atrás para tratar de localizarla, y al hacerlo sonrió complacido.  Ella permanecía inalterable, nerviosa y expectante  Solamente había visto dos o tres películas de él  Hasta el momento de haberle conocido, no gozaba de sus predilecciones como actor.

- Espero que no tenga que ver escenas  de besos y sobateos, porque eso me pondría muy, muy nerviosa- se dijo mentalmente.



La película resultaba ser divertida, una comedia de enredos, celos, y amor. Nada demasiado trascendente, por lo que respiró aliviada.  Era una de tantas comedias, pero la interpretación de los actores era buena, y los exteriores se desarrollaban en un pueblo pequeño de las cercanías de Londres, por lo que los productores decidieron hacer la presentación en la capital de Inglaterra.  Al término de la cinta, comenzaron a salir lentamente los espectadores.  Paul y Douglas, eran retenidos en sus asientos por las cámaras de los reporteros gráficos  que incluirían  en la rotativa de periódicos y revistas,  dando el bombo requerido y la importancia de que uno de los actores estuviera presente en la sala, junto con un  aclamado  director, aunque no fuera el de la película.

Alba salió lentamente y procurando no estorbar, se situó en un rincón, aguardando pacientemente que Paul pudiera, al fin, reunirse con ella.  Estaba incómoda, fuera de lugar, y si hubiera podido, se habría largado de allí inmediatamente,  Pero la cortesía y la buena educación la obligaban a esperar a que sus amigos regresaran.  Los nervios y una emoción ante el encuentro inesperado, la mantenían tensa.  No era normal en ella ese comportamiento, acostumbrada a tratar con la gente por su condición de profesora y, ahora, de camarera.  Era Paul, la que la tenía en ese estado.  Se sentía minúscula, pequeña ante él.  Era un sentimiento  para el que no estaba acostumbrada, y que tampoco había tenido tiempo de hacerse a la idea de volver a verle, y menos en las circunstancias en que se vieron.  Todo ello la tenía algo aturdida.  El tiempo pasaba y nadie salía de la sala, y al estar sola en un rincón, algunas miradas indiscretas no dejaban de fijarse en ella, con lo que aún aumentaba más su impaciencia.

Fue Douglas el que salió primero.  En esa noche no era el protagonista. El no era el director del film, pero por hacer un favor a su amigo,  que si había dirigido la película, pero por encontrarse rodando en Sudamérica no había podido asistir.  También por amistad hacia Paul, ya que fue Douglas quién primero le dirigió cuando debutó en el cine.  Desde ese momento les había unido una gran amistad, y trabajaron juntos en otras dos películas.  Una de ellas la rodada en Miranorte.

- ¡ Ah, estás aquí ! - dijo a Alba cuando la vió
- Señor Douglas, voy a marcharme. ¿ Le dirá a Pual que me he ido ?
- Y ¿ por qué te vas a ir?
- Estoy algo cohibida.  Todo el mundo me mira como diciendo ¿quién es esta chica?  No estoy vestida para la ocasión, y ustedes tienen que atender a toda esta gente.  Creo que debo irme. Y además mañana tengo que madrugar mucho.
- No te vayas aún. Después de que todos estos nos dejen tranquilos iremos a casa de un amigo a esperar las críticas y nos divertiremos un rato
- No señor Douglas.  Creo que es mejor que me vaya. Yo no pinto nada en este negocio.  Créame que es mejor así
- Bueno... como quieras.  No te preocupes, le diré a Paul el motivo de tu marcha.  Te acompañaré hasta la parada de taxis
- No es necesario que se moleste, por favor
- ¿ Crees que me molestas? Por favor...  soy todo un caballero. Algo viejo y panzudo, pero todavía me quedan buenos modales

Ambos rieron y el director tomándola por el codo, la condujo hacia la salida del cine y la acompañó para que tomara un taxi, que la llevaría a su casa.  Fue tan caballeroso, que abonó la carrera al chófer con una suculenta propina.

-Bueno, niña, espero que volvamos a vernos. Salgo pasado mañana para Los Angeles.  No puedo demorar más mi regreso.  Estamos en post -producción de la película.  He de decirte que el tiempo que estuvimos en Miranorte fue una estancia muy agradable, y es un pueblo precioso.  Me gustaría que asistieras a la presentación.
-No sé señor Douglas. Ahora vivo aquí y Los Angeles está muy lejos.
- Bueno ya veremos- y dándola un beso en la frente se despidieron

Como cada día, Alba se levantó para acudir al trabajo.  No había dormido bien, y tardó mucho tiempo en hacerlo.  El haber visto a Paul, la había alterado.  Por lo inesperada de la situación, no sabía si arrepentirse de haberle vuelto a ver, aunque hubiera sido tan fugazmente como había ocurrido.

- ¡ Cielo santo, qué guapo está!...  y yo que loca soy. ¡ Qué ironía !, me vengo a Londres para tratar de olvidarle, y zás, me lo encuentro aquí.  Menos mal que se marchará  y no le veré.

Llegó pronto, como cada mañana.  Se puso el uniforme y se dispuso a incorporarse a su puesto de trabajo.  La mañana fue como otras tantas, con bastante trabajo a ratos, y otros no tanto.  La gente entraba por oleadas, y la mayoría eran turistas de visita por Londres.  Cumplido su horario de trabajo, entró en el vestuario para cambiarse de ropa.  Ya vestida salió para reunirse con su compañera, con la que hacía a diario parte del camino del regreso a casa. 

- Espérame un poco. Acaban de entrar unos chicos cuando ya iba a terminar el turno- la dijo su compañera
- No te preocupes. Mientras terminas me tomaré una Cocacola

Se sentó en un lateral del mostrador para no estorbar y aguardó pacientemente a que su amiga terminara.  En una mesa apartada, y en un rincón se encontraban unos chicos que charlaban amigablemente.  Uno de ellos permanecía oculto a la vista, ya que otro de los chicos era bastante alto y tapaba su visión.  Y éste último decidió que tenía que ir al servicio, cuando le vió



- ¡ Dios mio, está aquí !.  Esto es demasiado. ¿ Por qué el destino es tan juguetón?
-¿ Alba ?- una voz la sobresaltó al tiempo que Paul se levantaba y se dirigía hacia ella.
- ¡ Qué4 casualidad! - dijo extrañado
-Yo trabajo aquí.  La casualidad es que hayas venido tú- respondió ella
- También es verdad.  Pero ahora no trabajas. Ven a sentarte con nosotros.  Te presentaré a mis amigos
- Lo siento Paul.  Estoy esperando a mi compañera para irnos a casa. Termina su turno dentro de nada.
- ¿ Quieres cenar conmigo esta noche?
-No puedo, de verdad...  y tu tienes cosas que hacer, compromisos que atender
- ¿ No puedes o no quieres?- respondió él algo ofendido

Alba no supo que contestar, porque tenía razón:  no quería quedar con él.  La intimidaba la seguridad de él, la fama que le rodeaba y que seguramente les perseguiría a donde quiera que fuesen

- No se porqué, pero presiento que no deseas mi amistad. Me parece una excusa lo de tu compañera
- No, es cierto. Me encanta tu amistad, sólo que todo lo que te rodea me asusta un poco
- ¿ Por eso te fuiste anoche?
- Reconoce que yo allí no pintaba nada en absoluto, y todo el mundo me miraba extrañado de que yo estuviera allí, sin conocerme absolutamente nadie
- Eso no es cierto.  Te conoce Douglas y te conozco yo
- Pero vosotros no contabais. Estabais atendiendo a la prensa
- Mira me apetece mucho salir contigo y charlar tranquilamente. Si no es hoy, no vamos a tener otra oportunidad.  Regreso con Douglas a Los Angeles

Alba le miraba fijamente y escuchaba muy atenta lo que Paul la decía



" Como no salgas ahora, sabe Dios cuando volverás a verle"- decía su yo interior.  Y casi sin pensarlo, le respondió

- Esta bien, hablaré con mi compañera.  Pero ¿ vamos a ir todos?- dijo algo cortada
-No, ni hablar.  Con ellos haré el viaje. Yo quiero estar contigo, y que me cuentes cosas, de cómo te va todo, de tus proyectos..., en fin de todo.  Por cierto nunca me había imaginado que trabajaras aquí
- Soy emigrante ¿ recuerdas?  Llevo poco tiempo y no tengo muchas reservas económicas, por tanto tuve que aceptar el primer trabajo que me salió
- ¿ Por qué viniste a Londres? Para trabajar en esto, bien podías haberte quedado en tu país
- Tienes razón, pero...  vine buscando algo, y todo se ha truncado.  Marta, la chica que trabaja en la agencia...,  me ha ofrecido trabajo. . ., en Nueva York, pero aún no puedo irme
- ¿ Tu entiendes de ese negocio?  Recuerdo que me dijiste que eres profesora
- Si lo soy, y mi intención es el de encontrar un trabajo en la docencia, pero mientras tanto... Y no,  no se nada del trabajo del que se ocupa la agencia de Marta.  Me dijo que podía colocarme ne documentación, que no era muy difícil
- ¿ Y por qué no te vienes conmigo como mi asistente personal? Ya sabes como mi secretaria.  Te aseguro que no es difícil, sólo hay que controlar muy bien los trabajos a realizar y tenerlo todo muy en orden.  Claro que es bastante estresante y prácticamente estás de turno casi todo el día.  Pero sería estupendo ¿no crees?

Alba le miraba con los ojos muy abiertos ¡ asistente personal de él !. Le vería  a todas horas, iría con él a todas partes...  No sabía si sería capaz de resistir su presencia constante.

- Piénsatelo. Me encantaría que así fuera.  No se qué me pasa contigo, pero desde la regañina que me echaste... creaste,  sin saberlo,  un lazo muy fuerte. Quizá porque te veo tan indefensa, tan vacilante... que tengo deseos de protegerte,  de ayudarte, como lo haría un hermano mayor

" Dios mio, como si fuera mi hermano"- seguía repitiendo en su interior.  Poco a poco esa idea tomaba fuerza en su cabeza.- " Sería la única forma de verle y quién sabe, si con el tiempo..."



- Debes estar loco- le respondió riéndose- Yo no se nada de esas cosas
-Yo te enseñaría, no es tan difícil.  Inténtalo al menos. Has de saber que pago muy bien, y además si tenemos que viajar tendrás dietas.  Conocerás un mundo fascinante.  Un mundo que a las jovencitas os vuelve locas, aunque es algo artificial. ¿ Sabes ?  Por eso yo deseo rodearme con personas "normales", que no pertenezcan al mundillo del star- system, porque ellas me hacen tener los pies en el suelo.  Me hacen volver a la realidad si acaso se me olvida.  Creo que deberías pensarlo.

Alba habló con su compañera

- Oye, ¿ es ese chico que está en el mostrador?- le dijo su amiga señalando en dirección a Paul
- El mismo- respondió Alba
- Pero...  ¿ sabes quién es?
- Claro que lo se.  Le conocí en Miranorte cuando rodaban una película y nos hicimos amigos
- ¡ No puedo creérmelo ! ¿ Por qué nunca has hablado de ello?
- Verás..., es muy largo de contar.  En otro momento quizá. Ahora me está esperando
- Dile que me firme un autógrafo al menos
- Está bien. Dame un papel o algo

Alba regresó al lado de Paul y le comentó el deseo de su compañera

- Dila que venga.  No muerdo a nadie- respondió Paul riendo

Alba hizo una señal a su amiga para que se dirigiera hacia allí

- Señor Montgomery, no quería molestarle..., pero me haría mucha ilusión tener su autógrafo
- Claro mujer.  No hay problema. Dime tu nombre

Y al cabo de un momento salían del restaurante rumbo a no sabían muy bien dónde .  Paul preguntó a Alba

- ¿ Quieres ir a algún sitio en especial?
-No.  La verdad es que no conozco nada
- ¿ Cuánto tiempo llevas aquí?
- Casi un año
- ¿ Y aún no conoces la ciudad?
- Bueno... Los días que no trabajo me dedico a recorrerla, pero aparte de algún pub o pizzería, no conozco nada más
- Bien en ese caso, elijo yo ¿ te parece?
- Bien, me parece muy bien- respondió Alba algo cortada
- Perdona, ¿ puedo hacerte una pregunta?- la dijo Paul
- ¡ Claro ! dime
- Te noto..., no se... incómoda...  como si estuvieras a la fuerza conmigo
- Créeme, no estaría aquí si no quisiera.  Lo que ocurre es que me sobrepasas
- ¿ Te sobrepaso, en qué ?
- Todo tú. Todo lo que llevas contigo.  Ya sabes la fama, la popularidad.  Te desenvuelves con normalidad, pero yo no estoy acostumbrada y me violenta un poco
- Pero no me ha reconocido nadie, hasta ahora, y ningún reportero se ha acercado a nosotros. No debes violentarte. Soy una persona normal que me gusta divertirme como cualquier otro chico. Si vienes a trabajar conmigo, te acostumbrarás
- No creo que eso sea buena idea, Paul.  Lo mio es la enseñanza, y además quiero cumplir con el sueño de mi madre.  Si no lo hago pensaré que la he traicionado.  Ella perdió su salud por trabajar para que yo pudiera estudiar y tener esa carrera. No, no me parece justo echarlo todo por la borda. Lo siento Paul, no lo haré
- Eres buena persona, Alba y muy sensible, pero creo que no estás haciendo en este momento lo que debías.  Regresa a España y conviértete en profesora, como deseas, pero no te encierres en un pueblo pequeño.  No entierres tu vida, vívela, tienes derecho a ello.  No la consagres a un recuerdo, porque tu madre no lo querría.

Ella guardó silencio y bajó su cabeza para ocultar que los ojos se la llenaban de lágrimas.  Paul no tenía ni idea del sacrificio que estaba haciendo al renunciar a ese puesto de trabajo que tan generosamente él la ofrecía.  Era el amor de su vida, y era la única forma de estar a su lado, pero también sabía que él no la quería de la misma forma.  Para Paul, era una buena amiga nada más, y no se veía con fuerzas de presenciar los devaneos amorosos que él pudiera tener.  Eso sería más doloroso.  Prefería renunciar a él ahora, en ese instante y no ir más allá.

Ya era tarde cuando en un taxi, paraban frente a la pensión de Alba

- Bueno... ya hemos llegado- suspiró Alba
- Bien...  Alba...  no quiero perder el contacto contigo.  Hablaremos por teléfono de vez en cuando  ¿te parece ?
- Desde luego.  Siempre que quieras, o mejor, siempre que te lo permitan tus trabajos.  Tienes una vida complicada...  comparada con la mia, claro.
- Piensa lo de trabajar conmigo.  Piensa muy bien lo que vas hacer. 
- Así lo haré Paul, te lo prometo.  Te deseo el mayor de los éxitos y que todo te vaya muy bien
- ¡ Oh Alba !

Antes de que se diera cuenta, Paul la abrazaba y la besaba tiernamente.  El no se dio cuenta de que el rostro de ella cambiaba de color y que al sentirse entre sus brazos, cerró los ojos, como saboreando el momento, ese momento que difícilmente volvería a repetirse.









 

jueves, 13 de noviembre de 2014

Miranorte - Capítulo 10º -Noche de estreno

Nerviosa se agarró al asiento cuando el avión se deslizaba por la pista elevándose hasta alcanzar la altura requerida.  Abandonaba Madrid, y fue entonces cuando fue consciente de que todo lo que había planeado comenzaba a ser realidad.  Un nudo en el estómago, no de miedo al despegue, sino nervios ante la incertidumbre que ´sentía. ¿ Qué la aguardaba a su llegada a Londres?  ¿ Por dónde debía empezar?  Era toda una aventura emprenderla sin conocer a nadie ni tener perspectiva de trabajo.  Estaría sola, para bien y para mal.  Tendría que desenvolverse ella sola, valerse por si misma.  No tenía el cobijo de sus amigos.  Estaría en una ciudad inmensa, con distinto idioma, con costumbres distintas, muy diferentes a las nuestras.  Cuando el timbre anunció que ya podían quitarse el cinturón, y las azafatas comenzaron a repartir bebidas y revistas, entornó los ojos y echó el asiento hacia atrás buscando dormir, aunque sólo fuera para no pensar más en nada,  ni en nadie.

Aproximadamente tres horas, son las que habían transcurrido desde su partida de Madrid, hasta su llegada a Londres.  Una vez recogido el equipaje, miró en rededor buscando una oficina de turismo. Una vez localizada fue hacia el mostrador.  Tenía que encontrar un sitio en donde hospedarse, y esa fue la pregunta que realizó a la señorita que la atendió con amabilidad..  La facilitaron dos o tres tarjetas de pensiones económicas y no distantes del centro de Londres.  Como desconocía totalmente la ciudad, decidió cerrar los ojos y tras barajarlas, eligió una al azar.


Tomó un taxi y le dio la dirección de la tarjeta elegida.  Estaba en un barrio agradable con muchas tiendas de todo tipo, e inclusive algo bohemio.  Fotógrafos, artistas plásticos, se habían establecido en aquel barrio al norte de la ciudad. 

La pensión estaba regentada por un matrimonio de mediana edad.  La mujer de origen hindú, y su marido un clásico escocés.  Era la representación perfecta de la fusión existente en esa gran ciudad. No importan las razas ni las religiones, y todos conviven perfectamente.

Amablemente , el señor McGregor la condujo hasta su habitación, situada en el primer piso.  Era una pensión media, más bien pequeña, de pocas habitaciones, pero según la comentaron, de personas  educadas y responsables.  Nunca se daban escándalos ni alborotos.  Quizá porque todos eran de edad más que media, y sus oficios solían ser de representación de diversos productos.  La informaron los horarios de los desayunos, comidas y cenas.  Alba en principio comentó que de momento sólo desayunaría, puesto que debía buscarse un trabajo y para ello se trasladaría por toda la ciudad, y quizá no la coincidiera con el horario del almuerzo.  El señor Mc Gregor asintió con la cabeza y sonrió amablemente.

Una vez instalada en la habitación, recreó la vista por el entorno, abrió la ventana y se asomó al exterior para conocer el lugar.  A simple vista la gustó.  Se sentó en la cama y mirando al frente, sin ver, comenzó  a planificar el siguiente paso.  Ese día comería allí, después saldría a dar una vuelta para conocer el vecindario.

El día era frio, gris y hasta lluvioso. No faltaba de nata.  Plano en mano comenzó a andar, no distanciándose de la pensión.  No quería perderse el primer día. Debía ser una de las calles principales del barrio, porque estaba compuesta de comercios de las más diversas mercancías. Había bastante trasiego de gentes.  Se paró delante de los escaparates, y comprobó que eran comercios  agradables, pero no de lujo.  Cansada de dar vueltas, decidió regresar a la pensión, y hacer algunas llamadas a Mila, a sus amigas, y a Marta que no se había despedido de ella porque estaba en Los Angeles.  Esos trámites la ocuparían casi toda la tarde.  Se tumbó en la cama , y una tras otra realizó las llamadas.  La última sería Marta.  comprobó la hora y teniendo en cuenta la diferencia, pensó que estaba bien para llamarla, aunque estuviera trabajando.

Marta

Alba
-¿ Eres Marta?- preguntó tímidamente
- Si ¿ Quién me llama ?
- Soy Alba ¿ Te acuerdas de mi?- respondió casi con temor a ser inoportuna
- ¿ Alba ? ¡ Vaya !  Claro que me acuerdo ¿ Por dónde andas?
- Estoy en Londres
- Y ¿ qué haces allí?
-He venido buscando trabajo
- Pero ...  No entiendo nada
- Es muy fácil...  A mi regreso de Nueva York, comprendí que teníais razón.  Miranorte es un pueblo precioso, pero después de haber pasado unos días en la ciudad, creo que en mi cabeza se abrió paso la idea de un cambio. Y me decidi por Londres.  He llegado hoy, esta mañana
- Imagino que aún no tendrás nada... ¿ O has ido con trabajo ya?
- No, nada de eso.  Mañana muy temprano compraré el periódico y veré si encuentro algo.  De momento tendré que trabajar en lo que me salga.  Mis ahorros son escasos y no puedo permitirme el lujo de vivir de las rentas por mucho tiempo.
-Yo salgo mañana para España. Volvemos al trabajo.  Aún estaremos por allí bastante tiempo.  Podías haber esperado a que yo llegase. ¿ Te interesaría trabajar aquí?
- Aquí ¿ dónde, en los Angeles ?
- O en Nueva York.  Mi productora tiene oficina en ambas ciudades.  No tenemos más remedio que tenerlas.  Las celebrities viven a caballo entre ambos lugares.  Creo que te podría encontrar un hueco en algo
- Pero yo no se nada de tu trabajo
- Pero podrías estar en documentación.  Eso es más fácil y enseguida conocerías el sistema.  Te advierto que pagamos bien, y podrás conocer a bastante gente del cine
- ¡ Oh ! es muy tentador, pero ...  no sé...  me quería distanciar un poco de ...
- ¿ De qué ?
- De nada, no me hagas caso.  Estoy algo confusa.  Demasiados viajes en poco tiempo.
- Oye, tengo que colgar.  Mi jefe me mira con mala cara
- Dime a qué hora es buena para localizarte
- Por la noche.  Salgo a las seis, si no surge algo urgente,. claro.  Cuando llegue a España te llamaré.  ¿Sigues teniendo el mismo número?
- Si, si.  Nos será más fácil.  Con Londres, España sólo tiene una hora de diferencia. No te entretengo más.  Un abrazo
- Un abrazo Alba. Te llamaré, no te preocupes.

Y colgaron ambas amigas.  En el rostro de Alba se dibujó una sonrisa que al poco tiempo desapareció de su cara, como si algún recuerdo hubiera vuelto a su memoria

- ¿ Cómo me voy a ir a Estados Unidos? Además no tengo dinero para el pasaje y por otro lado  ¿Estará Paul cerca? Dios mio ¿qué debo hacer?  Por un lado me encantaría, pero por otro...

Pasaron más de quince días hasta que Alba consiguió un trabajo de camarera en un pequeño restaurante no lejos de la pensión.  Marta había vuelto a llamarla y habían charlado largamente. Habían reanudado el rodaje y tenían bastante trabajo porque por dos ´días habían tenido que suspenderlo por una fuerte nevada caída en Miranorte.  Alba no había hecho alusión a Paul, ni Marta le había mencionado.

- ¿ Has pensado ya lo de venirte?- preguntó Marta
-Aún no..., lo estoy pensando, pero ahora no puedo ir.  No tengo dinero suficiente. He encontrado un trabajo y ahorrando...  quizá..., pero tardaré un tiempo.  La verdad es que debería  volver a mi país. Aquí no creo que pueda trabajar en algún instituto, y aunque no me importa trabajar en lo que sea, creo que camarera no es lo mio. Tengo un horario descabellado y además tengo que aguantar las bromas de algún patoso, que cree que no le entiendo.  endrías que oir las burradas que me dicen.
- Alba, lo siento, pero creo que deberías plantearte en serio lo de venir, Aquí tendrás más oportunidades, pero claro...  tienes que ser tu quién lo decida.  Te volveré a llamar otro día porque ahora con la interrupción de las vacaciones y de la climatología andamos bastante retrasados. Cuídate amiga. Un beso
- Un beso Marta. Cuídate tu también.

Al despedirse Alba se quedó pensativa.  Necesitaba el consejo de alguien, y nadie mejor que Mila, pero ella aún estaba de luna de miel.

- ¿ Por dónde andarán?  Hace tiempo que no me llama. ¡ Ay, si pudiera darme su opinión !.  En fin, voy a acostarme.  Estoy molida.  - Y tras un bostezo, se acurrucó en la cama y se quedó dormida.  Soñó con pizzas, con aviones y con Miranorte. 

El despertador sonó a las seis de la mañana. Tenía un largo día por delante, otro más.  Estaba contenta por haber encontrado el trabajo, aunque no fuera su ideal.  Tenía unos compañeros agradables y su jefe no parecía muy severo, aunque no le conocía aún.  Ella se esforzaba por cumplir con su trabajo y hasta creía que lo estaba consiguiendo.  La recordó otros días y otro lugar de cuando fue camarera en el bar de Juan.  Lo de ahora no era muy diferente a aquello.  Sonrió nostálgica, e inevitablemente su memoria registraba un rostro.  Una cara por la que había dejado todo tratando de olvidar, pero estaba claro que no lo conseguía.  Pensó en la proposición de Marta

- A fin de cuentas...  tanto me da recordarle aquí como en Nueva York o en cualquier otro lugar.  Difícilmente vuelva a verle, como no sea en un cine, en alguna de sus películas.

Instintivamente abrió un bote de té a modo de hucha que tenía guardada en el armario, y contó los ahorros que había obtenido en su trabajo

- Humm, no está nada mal.  Las propinas han sido buenas. Con lo que gano me da para pagar la pensión y la locomoción.  Me ahorro la comida, puesto que como en el restaurante...  la cena basta con cualquier sandwitch o unas galletas con leche.  Puedo ahorrar un poco del sueldo más las propinas.  Pero tardaré una eternidad hasta que tenga el suficiente dinero para el pasaje y vivir durante algún tiempo. Dios mio esto es una locura.

Una vez arreglada, miró el reloj y comprobó que iba con retraso.  Bajó corriendo al comedor, y sin siquiera sentarse, tras dar los buenos días a los huéspedes que desayunaban, tomó un vaso de leche caliente y cogió unas galletas que comería por el camino

- Señorita, debería desayunar con calma - la dijo Monsieur Pierre, un representante francés que cada semana cruzaba el Canal y pasaba un par  de días en Londres
- Monsieur Pierre, lo sé...  pero hoy voy tarde. Que tengan todos un buen día- y salió como una tromba en dirección al underground.


Y el tiempo pasaba lentamente para Alba, para la realización de sus proyectos.  Al cabo de unos meses, había cambiado de trabajo. Ahora lo hacía en el centro de Londres, cerca de Picadilly Circus, en una pizzería.  No había perdido el contacto con Marta, y por ella sabía que terminado el rodaje de la película, todos habían regresado a Estados Unidos.  Ella seguía en Los Angeles.  Todo volvía a la normalidad.  La película que les había llevado a Miranorte, estaba en post-producción y aún tardaría casi un año para su estreno.  Nunca la mencionaba al actor, a pesar que sabía que ocupaba el pensamiento de Alba, pero precisamente por ello, no le nombraba.

Por estar tan céntrica la pizzería tenía siempre bastantes clientes, lo que hacía que la jornada transcurriera veloz.  Tenía poco tiempo para dedicárselo a ella misma.  Llegaba tarde y cansada a la pensión.  El día libre lo dedicaba a dormir, se levantaba tarde, y a pasear. 

Uno de esos días pasaba cerca de un cine, que estaba acordonado y había muchas jovencitas gritando desaforadas tras las vallas metálicas que las separaba de los que iban a desfilar por una alfombra puesta a tal efecto, y por la que pasarían algunas celebrities.  Era el estreno mundial de una película.  No tenía tiempo de ir al cine, por lo que no estaba muy puesta en los estrenos cinematográficos. 

Curiosa se puso detrás de unas jovencitas que nerviosas gritaban y agitaban sus blocs tratando de llamar la atención de los que pasaban a paso ligero y,  que los guardaespaldas impedían se acercaran a las fans que emocionadas les reclamaban.  Alba sonreía al verlas tan exaltadas

- ¿ Quién vendrá que las tiene tan locas?- se preguntaba así misma

No tuvo que esperar mucho tiempo para averiguarlo. Giró su cabeza en una determinada dirección cuando los gritos y los llantos de las jovencitas, arreciaron  El color de su cara desapareció, cuando comprobó de  quién se trataba

- ¡ Paul ! - sólo pudo pronunciar su nombre.

No podía moverse de allí, estaba totalmente rodeada de gente que la apretujaba para poder estar más cerca de su admirado actor, que cada vez se acercaba más al lugar firmando sonriente las fotografías y hojas de papel que le tendían.  Sonreía, pero a penas levantaba la vista de lo que le ponían delante para estampar una firma apresurada.  Y llegó hasta donde estaba Alba.  Trataba de encogerse para que no la viera, pero todo fue inútil. Quizá fue un grito  que sobresalió entre los demás, o algún movimiento extraño, o quizá la casualidad, él levantó la vista y se encontró de frente a los ojos oscuros de la chica del "hamon".



En un principio él  se quedó mirándola.  Su rostro le resultaba conocido.  Fue cuestión de un segundo, e inmediatamente pronunció su nombre

- ¡ Alba ! ¿ Qué haces aquí?

Alba no atinaba a pronunciar palabra.  Seguía lívida, sin hablar...., no podía hacerlo

- ¡ Eh ! ¿ qué te ocurre, no te acuerdas de mi ?

Alba abrió más sus ojos ante la pregunta de él

- Yo... si, si... ¡ claro que me acuerdo! Miranorte
- Exacto ¿ Qué haces en Londres, estás de visita?
- Señor, por favor, tiene que continuar...
- Un segundo por favor- respondió Paul malhumorado ante el requerimiento del guardaespaldas- Tráigame a esa señorita.  Alba ven conmigo
- Pero yo...- Alba no sabía qué decir, pero sintió que un brazo se extendía frente a ella apartando ligeramente la valla y tirando de su mano la hizo pasar cerca de Paul.

El seguía firmando,  sonriendo.  El guardaespaldas la condujo al interior de la sala y la dijo



- Por favor aguarde aquí.  El señor vendrá enseguida. Yo tengo que ir con él
- Claro, claro. No se preocupe, yo esperaré aquí

Pasaron unos instantes que a ella le parecieron eternos, pero por fin le tuvo frente a ella,  y recibió dos besos en ambas mejillas, por lo que sería odiada y envidiada por todas aquellas fans que seguían gritando para tratar de llamar la atención del actor.

Paul la tomó del brazo y se acercó a otra chica que tomaba nota en una agenda.

-Helen, necesito entrar con esta señorita. Es una amiga y no tiene  pase Colócala a mi lado
- Paul, no puedo. Los asientos están ya distribuidos y a tu lado está el director
- Bueno, pues búscala un sitio cerca. Haz lo que sea, pero la quiero cerca
- Está bien.  Veré qué puedo hacer

Revisó nuevamente la lista y encontró un cambio dos filas más atrás, con alguien que aún no había llegado.  Indicó el lugar a Paul y a Alba, que sonrojada asistía a la conversación entre ambos sin apenas poder decir nada

- Paul, de verdad no es necesario...  Yo puedo esperar fuera hasta que termines
- Ni hablar. Está todo arreglado.  No estarás sentada a mi lado, pero antes de salir, espérame en el vestíbulo.  Allí me reuniré contigo en cuanto pueda y nos iremos a cualquier lugar donde podamos hablar.
- Está bien.  Ahora ve a cumplir con todo este protocolo. No te preocupes por mi. Estaré bien

Paul tuvo que ausentarse reclamado por la prensa y Alba se situó en un rincón.  Se sentía fuera de lugar. No conocía a nadie ni tampoco iba vestida para la ocasión, en donde las damas lucían lujosos vestidos, mientras que ella llevaba su sencillo traje de chaqueta.

- ¡ Alba !-  una voz pronunció su nombre sobresaltándola- ¿ Qué haces aquí...  y sola?
- Oh señor  Douglas- respondió ella aliviada, al menos conocía a alguien-  Es una larga historia
- Espero conocerla, pero ahora no puedo ¿ Has visto a Paul?
- Si, si... por eso estoy aquí.  Me reuniré con él luego, a la salida.
- Pues luego nos veremos. Diviértete muchacha
- Eso espero, señor

Y lentamente fueron entrando todos a ocupar sus asientos.  Helen se acercó hasta ella y amablemente la condujo hasta el asiento que debía ocupar.  Al llegar vio que Paul ya se encontraba en su entrada y de pie, miraba para poder localizarla.  Al hacerlo sonrió y la saludó con la mano, y ella correspondió antes de sentarse en la butaca.



jueves, 30 de octubre de 2014

Miranorte - Capítulo 9º / La gran decisión


El tiempo seguía detenido en el transcurrir de Miranorte.  Nada lo había alterado durante el tiempo que estuvo ausente.  Llegó al bar, y en el local, las mismas personas de siempre: Un Juan aburrido tras el mostrador, y un par de mesas ocupadas por los paisanos que jugaban a cartas, unos,  y al dominó otros.  Echó un vistazo y saludó con la mano a los lugareños, que cariñosamente la contestaron.

- ¡ Vaya, ya estás de regreso ! Muy pronto ¿ no ? - la preguntó Juan, medio adormilado de puro aburrimiento
- No. Te dije que sólo me iba por diez días.  Ayer llegué a Madrid y hoy ya estoy aquí, nuevamente.
Quiero hablar contigo, Juan
- Pues tu dirás- la respondió
- Verás...  Te agradeceré siempre el favor que me hiciste con el coche, pero... el haber estado estos días en Nueva York, y después en mi casa, en Madrid, me han hecho reflexionar sobre mi vida, y creo que debo regresar a la vorágine de la ciudad.  Se que echaré de menos esta paz que aquí se respira, pero creo que ha llegado el momento de hacer algo con mi vida, y para ello he de regresar a Madrid, y después no se si me quedaré o marcharé a otro país. Se que ese no fue el trato, y que debía cumplirlo hasta el final, pero espero me comprendas y me perdones
- Alba... ¿ cuántas veces te he dicho que debieras irte de Miranorte?  Aquí está todo hecho.  No quedamos más que cuatro gatos.  No hay futuro para ti.  Haces bien, es todo lo que te puedo decir.
¿ Cuando piensas irte?
- No tardando.  Si espero algo más, creo que me arrepentiré de mi decisión, y entonces no me iría.  Os echaré de menos a todos vosotros, a mis amigas del alma, que tanto bien me han hecho durante todo el tiempo, a Mila, a ti... a todos..., a todos.

   Sin poder contener su emoción, ocultó la cara entre sus manos para que nadie viera que estaba llorando.

- ¡ Eh, niña ! Alégrate.  Haces lo correcto.  Aquí no tienes nada que hacer, créeme

Juan ( dueño del bar )
´Más tranquila tomó el café que Juan había preparado para ella, y tuvieron una charla entre amigos, que fue alterada por la llegada de los operarios del rodaje que llegaban, como cada noche,  para cenar

- ¿ Vienen  a diario ? - le preguntó curiosa
- Si.  Vienen a comer y a cenar.  Están aburridos como ostras.  No creo que tarde mucho en llegar el resto.  Creo que llegarán por  Año Nuevo, dos o tres días después

Alba  guardó silencio, y al cabo de un rato se despidió de Juan y salió, saludando a su paso a los obreros del rodaje.  Se encaminó lentamente hasta el domicilio de Alberto, en donde tenía la consulta médica.  Miró el reloj y vio,  que  por la hora,  debía haber terminado las visitas.  Delante de la puerta , dudó por un momento en llamar.  No sabía si debía hablar con él, después de la violenta discusión que habían tenido la última vez que se vieron.  Pero,  pese a todo, creía debía despedirse de él.  Era su amigo, y muy posiblemente no se volverían a ver.  Se decidió y,  alzando el llamador de metal, espero a que Alberto, franqueara su puerta.   La recibió con sorpresa, no la esperaba- . Se besaron en la mejilla como tenían por costumbre, y la hizo pasar hasta el saloncito de la televisión.

- Pasa, aquí hace calorcito. ¿ Quieres tomar algo?
- No, gracias Alberto.  Juan me acaba de invitar a un café
- Y bien, dime ¿ estás bien ? ¿ necesitas mis servicios?
- No, gracias. Estoy perfectamente de salud. Verás...  he venido a despedirme...  regreso a Madrid, aunque no sé si me quedaré allí o iré a cualquier otro lugar en el extranjero.  No sé qué haré- él guardó silencio por un momento, y al fin dijo:
- La verdad..., no me lo esperaba.  Me había acostumbrado a tu presencia, aunque desde hace algún tiempo no quieras nada conmigo.  Te echaré mucho de menos, pero creo que haces bien.  Aquí no hay panorama.  Me has dado una sorpresa, y he de decirte que lo siento, pero comprendo que haces lo correcto.  Yo haré lo mismo en cuanto tenga oportunidad.



 La decepción de Alberto era visible a simple vista, y  no pasó desapercibida para Alba.  Conocía los sentimientos del médico hacia ella, pero no estuvo nunca enamorada de él, y aunque se lo hizo notar desde el principio, no se dio por vencido.  Durante unos minutos, guardaron silencio. Alberto la miraba fijamente sin decir nada, pero sus ojos expresaban la decepción que sentía por la partida de ella.  La frialdad entre ellos podía cortarse, y al cabo de un rato Alba decidió que debía marcharse para no crear más violencia.

- Creo que debo marcharme.  Tengo infinidad de cosas que hacer. 
- Siento que te marches, tu sabes porqué.  En el fondo siempre albergué la esperanza de que llegáramos a algo..., pero no puede ser , y aunque lo siento, me alegro por ti si es lo que quieres, si esa decisión te hace feliz.  Si necesitas volver, por el motivo que sea, aquí estaré.  Lo sabes ¿ verdad ?
-Si Alberto, lo sé

Alberto depositó un suave beso en los labios de ella y Alba le correspondió con otro en la mejilla.  La emocionaba la comprensión de él.  Sabía que contaba con su lealtad, pero también sabía que quizá nunca volverian a verse, porque entre sus pensamientos no estaba el regresar a Miranorte.  Confiaba en que las cosas la fueran bien, encontrara un trabajo, a poder ser en la enseñanza, pero no descartaba cualquier otro empleo.  Sabía que al vivir en un país extranjero, no todo sería igual que en casa, pero había tomado esa decisión y se aclimataría a lo que surgiera.

Se giró para decir adiós a Alberto que la despedía a la puerta de su casa, viéndola cómo se alejaba de allí y,  de su vida definitivamente.  Aunque triste, le confortaba la idea de haber hecho las paces con ella.  Quería guardar un grato recuerdo de su amistad, aunque no pudo lograr el amor de ella.

Después fue a despedirse de sus amigas.  Aunque sea   duro el hacerlo, era su deber.  Había contado con la lealtad de ellas, con su compañía y con su amistad en las horas bajas de su depresión.  Debía decirlas adiós, aunque mientras viviera en Madrid, contaba con la posibilidad de verse, aún  de tarde en tarde.  Como imaginó,  la despedida fue triste, muy triste.  Las amigas abrazadas, trataban de ocultar el llanto para no desanimar a Alba, aunque ella también hacía esfuerzos por sonreír, ocultando de esta forma su inmensa tristeza por tener que dejarlas.

Al llegar a casa, descolgó el teléfono y trato de conectar con Mila.  Al serle imposible, la dejó un mensaje en el buzón de voz:

" Regreso a Madrid.  No he podido hablar con vosotros.  Te llamaré desde allí.  Espero lo estéis pasando genial.  Un abrazo.  Hasta pronto"- y al colgar, despacio, repasó brevemente su vida con aquella entrañable mujer que había sido toda su familia desde que llegó a Miranorte.

Milagros
Era noche cerrada aún, cuando Alba salió de la cama y procedió a ducharse, y arreglarse para el largo viaje que la aguardaba.  Hacía frio y buscó una ropa que la abrigara, pero que al mismo tiempo le fuese cómoda de llevar.  Dio un último recorrido por la casa y aguardó a que el taxi que había concertado el día anterior llegase a recogerla.  Se había acostado muy tarde, hasta dejar recogidas todas sus pertenencias, y sonrió al comprobar que todo lo vivido allí, cabía en una caja de cartón, en un embalaje.  La ropa la había guardado en un baúl y en la maleta que llevaría a mano.  Y que la agencia contratada pasaría a recoger y trasladarlas a su casa de Madrid.  Había concertado con Juan  que él se encargaría de entregar al transportista los bultos que dejase  en la casa.

Echó una última mirada al entorno antes de entrar en el taxi que la llevaría hasta Las Mimosas, y allí tomaría el autocar que la conduciría hasta León, para más tarde tomar otro autocar o el tren que la dejara en Madrid.  Pensó que si se la hiciese tarde, haría noche en León y al día siguiente proseguiría su viaje hacia Madrid.

Ya en el taxi, giró su cabeza  para dar el último adiós a la casa que había sido su hogar.  Observó el paisaje con nostalgia y cariño, esbozando una ligera sonrisa. Decía adiós a una etapa serena de su vida. A lo que la había llevado hasta Miranorte después de la muerte de su madre.  Y ahora se encontraba camino de otra incógnita, quizá más incierta que la anterior por tener que alejarse del que era su país, para buscarse la vida,  en otro lugar,  extraño,  totalmente para ella . Coronaban la cuesta y desde lo alto, pudo ver las instalaciones del set de rodaje.  Allí había comenzado todo.  Algo que había cambiado su día a día.  No pudo evitar que los ojos se la llenasen de lágrimas, recordando el primer día que conoció a Paul y a su memoria acudió la imagen del actor firmando una fotografía  "a la chica del hamon".  En su bolso, en su monedero, llevaba aquella fotografía, y suavemente pasó la mano por la piel de esa prenda.





Llegó muy fatigada y cuando entró nuevamente en su casa, no la fue tan duro como hacía unos días. Estaba hecha a la idea, aunque un nudo en la garganta amenazaba con llegar hasta sus ojos.  Lentamente se quitó el abrigo y los zapatos.  La dolían tremendamente los pies, que se le habían hinchado por tantos horas de quietud.  Se tumbó en la cama mirando al techo, y planificando lo que debía hacer al siguiente día.  No tenía prisa.  Igual daba uno o dos días.  Debía pensar detenidamente lo que tenía que hacer.  Poco a poco, sus párpados se fueron entornando hasta caer en un profundo sueño.  Se despertó sobresalta y con frio.  Se había dormido sin taparse, y la baja temperatura del piso hizo que su sueño se viera interrumpido.  Era tarde, se incorporó y comprobó que en el frigorífico sólo había un paquete de leche, que había dejado en su visita anterior.  Calentó en el microondas un vaso.  Al menos tomaría algo que la hiciera entrar en calor.  Se sentó en el saloncito mientras calentaba sus manos en el vaso con la leche caliente.  Cogió una ligera mantita que tenía para taparse las rodillas mientras veia la televisión.  Era la manta que utilizaba su madre y que reposaba en el brazo de su sillón preferido.

Acarició con su mejilla la suave lana de la prenda, y simplemente dijo

- Mamá, mamá....  ayúdame.  Tú sabes el por qué de todo esto. Se que me comprenderías y me aconsejarías lo qué hacer.  Ayúdame, ayúdame.

Hundió el rostro en la manta y lloró durante un rato, hasta quedarse dormida

Una musiquita del teléfono móvil, la hizo revolverse en la cama

- ¿ Si ?
- ¿ Dónde demonios estás ?- la respondió una voz alterada
-¿ Quién eres ?
- ¡Cómo que quién soy!  Es muy tarde y aún no has llegado
- ¿ Paul...  Paul ?
- Si. Soy yo. Contesta ¿ dónde estás ?  Llevo una eternidad en la puerta de tu casa y aún no has aparecido
-Pues ¿ dónde voy a estar en mi casa ?
- No, no es cierto... Ni siquiera hay luces en las ventanas
- ¿ Estás en Miranorte ?
- ¡ Claro ! ¿ Dónde estás ?
- Estoy en Madrid...  en mi casa
- ¿ En Madrid ? ¿ Y qué haces en Madrid ?
- Oye no tengo que darte explicaciones sobre lo que hago ó dejo de hacer- le respondió disimulando una sonrisa
- He adelantado mi regreso a España, para estar contigo estos días, y resulta que te has marchado.  Creo que si me tienes que dar una explicación
- ¿ Cómo iba yo a saber que ibas a regresar antes de tiempo...  y por qué ? No creo seas una hermanita de la caridad. ¿ Acaso te doy lástima?
- Claro que no... pero pensaba que estarías allí...  Está bien...  saldré para Madrid
- Ni se te ocurra.  Sería inútil...  Me voy a Londres
- ¿ A Londres ? ¿ Qué demonios vas hacer en  Londres?
- No tengo porqué decírtelo.   No entiendo lo que pretendes ¿ A  qué viene todo esto ?
- Te lo explicaré cuando llegue. De momento suspende el viaje.  Después ya veremos.
- Te repito que me voy
- Y yo te pido que esperes, por favor.  Tenemos que hablar, y es algo importante

Se despertó de golpe, cuando aún mantenía en su memoria los últimos instantes del sueño.

- ¡ Oh no !- exclamó al comprobar que todo había sido objeto de su imaginación. Un sueño, eso es lo que había tenido.  Se tapó la cara con las manos y muy bajito., comenzó a sollozar

-¿ Por qué me tiene que pasar esto? ¿ Es que no voy a tener tranquilidad ni cuando duermo?  Seguro que él ni siquiera se acuerda de nadie.  Estará pasándolo estupendamente con su familia y sus amiguitas.  Ni a miles de kilómetros me deja en paz. Tengo que poner remedio a esto cuanto antes, de lo contrario me volveré loca.., , más de lo que estoy.



Se levantó del sillón, miró su reloj y comprobó que era muy temprano.  A pesar de ello, decidió salir a  tomar un poco de aire que calmara sus inquietudes. Lentamente se aseó,  se arregló y salió a la calle.  Todo estaba en silencio.  Era muy pronto y aún el movimiento normal de  cada día, no se había iniciado.

- ¡ Qué demonios hago en la calle a estas horas ! - Miró el reloj y comprobó que faltaban unos minutos para que fuesen las ocho de la mañana.  Era domingo, con lo cual la mayoría de los comercios estaban cerrados. A excepción de los bares , cafeterías y los de alimentación.  Buscó un bar y  entró a desayunar. Se sentó en una mesa y tranquilamente degustó un chocolate con churros.  Necesitaba calentar el interior de su cuerpo, y no por el frio existente en la calle, sino porque el frio que sentía, era  debido a su atormentador sueño

- Si al menos hubiera sido verdad..., aunque sólo hubiera ocurrido la llamada...  Debo no pensar en ello, sino estaré todo el día con la tristeza al hombro, y hoy es el último día del año.  Llamaré a mis amigas para desearlas felicidades y compraré algo de cena para mí.  Algo que no tenga que guisar, no tengo ganas de hacerlo.  Con un bocadillo estaré lista. Mañana es fiesta, así que hasta pasado no podré arreglar lo de mi billete. Mi billete... y... ¿ dónde voy?  Londres está relativamente cerca y hay muchos españoles.. y... ¿ qué más da ?  Nadie me conoce allí.  Tendrás que apañártelas tu solita- se repetía mientras giraba la cucharilla dentro de la taza del humeante chocolate. 

No quería pensar más en el viaje.  Siempre volvía al mismo punto de partida, y estaba harta.





Transcurrido un tiempo, pagó la cuenta y salió nuevamente.  Un tibio sol invernal comenzaba a asomarse por los tejados de las casas. Elevó su rostro hacia el cielo.  Deseaba recibir el ligero calor de los primeros rayos de sol, y lentamente comenzó a pasear sin rumbo fijo, con la única compañía de sus propios pensamientos.

jueves, 16 de octubre de 2014

Miranorte - Capítulo 8º - I love New York

Y pasaron los días.  La fecha de la boda de Milagros y José Luis estaba cercana, y su viaje a EEUU, también.  Se iría al día siguiente del enlace de sus amigos. Tenía que regresar a Madrid, y allí en Barajas, tomaría el avión que la conduciría directamente a Nueva York.  Las Navidades estaban muy cerca, tan solo a dos días de celebrar el matrimonio de Mila.  Los cineastas habían parado el rodaje para tomar las vacaciones navideñas, que cada uno de ellos celebraría con sus familias.  Tan sólo quedó un retén de guardia al cuidado de la utillería de la filmación.

El pueblo seguía con su vida, quizá algo más animada porque los operarios, al no haber rodaje, frecuentaban el bar y allí se mezclaban con los lugareños, que se entendían con ellos por medio de gestos.



Mila se casó en el Juzgado de Las Mimosas, y al enlace acudieron , además de Alba, Celia , Sara y Enrique, el alcalde de Miranorte.  De parte del novio, una hermana de José Luis, sus sobrinos y algún amigo íntimo.  Todo muy familiar y entrañable.

La comida la celebraron en un local dedicado a bodas y otros eventos.  Reinó la alegría entre ellos.  Alba observaba las miradas cariñosas que los, ahora esposos, se dedicaban mutuamente.  Los años habían retrocedido, y ahora vivian lo que debieron sentir cuando la juventud llenaba de ilusión sus existencias, pero no creía que hubieran sido más felices, que lo eran en ese momento.

Alba sentía un nudo en la garganta.  Era feliz por su amiga, pero habían pasado mucho tiempo juntas, como una pequeña familia, y ahora todo había cambiado de un día para otro.  Debía hacerse a la idea de que ahora Mila no la prepararía el desayuno, ni cocinaría esas magdalenas tan ricas que la hacía, y sobretodo que de ahora en adelante habría de vivir sola.  Por eso había elegido esa fecha para su viaje. No deseaba pasar en soledad  las fiestas de Navidad, y además sería un paréntesis en su vida y,  tratar de tomar nuevo rumbo.  Luego, estaba Paul.  Había regresado a su pais,  por unos dias,, pero ni siquiera tenía el consuelo de poderle ver aunque fuera de lejos.

Antes de partir rumbo a Madrid se había despedido de ella ante un cafe, a prisa y corriendo, mientras ella servía las mesas del bar.  Inconscientemente, llevó su mano a la mejilla, al lugar en donde él había depositado un beso antes de salir del local.  Se habían deseado unas felices Navidades y Año Nuevo.
Para fin de año, Alba ya estaría de regreso en Miranorte, pero él tardaría tres o cuatro días más en llegar y,  poderle ver.

Agitó ligeramente su cabeza para desechar el pensamiento.  Había olvidado por completo que no estaba sola y que alguien a su oído la preguntaba algo

- Alba ¿ te ocurre algo ? - preocupada  Sara  la daba golpecitos en el brazo para que volviera a la Tierra, desde el lugar en donde en ese momento se encontraba
- ¿ Que ? ¿ Me dices algo?  Perdona estaba pensando en el viaje- respondió Alba
- Hija ¡ qué facilidad tienes para evadirte de las cosas !- respondió Sara
- ¿ Para evadirme ? dí mejor para no querer pensar en algo
- Bueno, da igual lo que sea. ¡ Vamos a brindar ! Todo el mundo tiene su copa llena menos tu. ¡Venga, mujer ! ¡ Anímate ! Milagros va a pensar que estás triste por su marcha
- Claro que no.  Estoy feliz por ella, pero la voy a echar mucho de menos
- Haces bien en viajar.  Te sentará de maravilla.  Te llenaré la copa.  No te achispes, que tenemos que regresar a Miranorte y tu eres la única que conduces

Ambas chicas rompieron a reír, pero  los ojos de Alba se cubrieron con una ligera capa de agua.  No quería llorar, pero la emoción la invadía por momentos.  Tragó saliva, sorbió un trago de cava y siguió adelante .


Tres días después, estaba saliendo del aeropuerto.   Había llegado a Nueva York. Eran un grupo pequeño, en total unas diez personas.  Sin duda debido a las fiestas navideñas, familiares en España. Integraban el grupo dos chicas amigas, un hombre de mediana edad,  viudo, un matrimonio de unos cincuenta años, unos recién casados, unos  jubilados y ella.  Reunidos en el hall, fueron conducidos en un mono volumen hasta el hotel.  Enseguida entablaron conversación, y Alba, que en un principio se sintió agobiada por la inmensidad del aeropuerto, percibía que estaba  menos sola arropada por el grupo.  Junto al chófer se sentaba la guía, una chica sevillana que les mostraría lo más importante de la grandiosa y maravillosa ciudad que es Nueva York.  Una semana era poco tiempo para conocer todo lo que la city tenía para ofrecer a los visitantes, pero ese era el tiempo del que ella disponía.  Quizá tuviera otra ocasión de volver a visitarla.


La ciudad tenía un ritmo frenético, y el grupo,  un horario,  en el que tenían que madrugar para poder visitar el máximo de cosas.  Llegaba al hotel cansada, hasta el punto de que ni siquiera cenaba nada más que un sandwich o un vaso de leche con galletas.  No podía comer más.  Después de ducharse, se metía en la cama y el cansancio hacía todo lo demás.  Era tanta la actividad que tenían, que Alba había olvidado por completo el motivo por el que se encontraba en Nueva York, pero al quedarse a solas en su habitación, y antes de que la rindiera el sueño, su recuerdo iba indistintamente para Milagros y para Paul

- ¿ Dónde estará? ¿ Qué estará haciendo ?  Estoy en su mismo pais, y sin embargo estamos a miles de kilómetros de distancia.  Al menos en Miranorte tenía la posibilidad de verle de vez en cuando.  Seguro que se ha olvidado totalmente del pueblo.  Estará con su novia pasándolo en grande, ajeno totalmente a que a mi no se me va de la cabeza.

Y poco a poco, sus ojos se entornaban hasta quedar dormida,  reflejando en sus pupilas el rostro del actor.  Y al día siguiente, como a diario, el despertador a las siete, la hacía salir del descanso reparador para volver a recorrer las calles, los grandes almacenes, los teatros, los museos y todo cuanto a su paso disfrutaban.

Y llegó el día en que debía regresar a España.  El resto del grupo proseguía su camino.  La noche anterior en el restaurante del hotel, la hicieron un pequeño homenaje.  Habían tenido mucha química entre ellos. Había disfrutado con el viaje, y se había sacudido algo de la pereza que había almacenado con su permanencia en Miranorte.



Sentada en su asiento, y mientras el avión comenzaba el despegue, hacía una reflexión sobre lo vivido, y había tomado una decisión

- Cuando termine mi compromiso con Juan, volveré a Madrid a retomar mi vida, y quizá hable con Marta para ver si me consigue un trabajo en Los Angeles. Vivo sola, estoy sola, y tanto me da vivir en otro lugar.  Volvería a España en vacaciones... Estoy loca.  Vivo el cuento de La lechera...  Será mejor que lo deje... voy a ver si duermo un poco.  El viaje es largo y estoy muy cansada, feliz, pero cansada.

Cuando pudo hacerlo, puso su asiento en horizontal, se tapó con la mantita que la brindó la azafata, y se sumergió en un sueño tranquilo en el que vivió nuevamente su aventura neoyorquina.


Por fín, el avión tomaba tierra en Barajas.  Unas emociones encontradas se abrían paso en su cabeza.  Tendría que pernoctar en la capital y al día siguiente salir para el pueblo. ¿ Qué debía hacer? ¿ Debía hacerlo en su casa ó quizá en algún hotel?

- Eres una cobarde. ¿ A qué tienes miedo ? - la repetía su sentido común- Tarde o temprano tendrás que ir.

Después de tomar un taxi en la terminal, media hora después, se encontraba frente al edificio en el que  estaba situada la vivienda que compartiera con su madre.  Razón tenía Mila, que un día la aconsejó " no te demores en el tiempo.  Cuanto más tardes, más difícil será el regreso".  Y ahora podía comprobarlo.

Cuando metió la llave en la cerradura, un nudo atenazaba su garganta.  Al entrar en el pequeño hall, le pareció escuchar el ruido de la madre preparando la comida en la cocina.  Las lágrimas acudieron a sus ojos, y con voz tenue dijo " mamá ya he llegado".

Al entrar en el salón, y a pesar del tiempo transcurrido, nuevamente acudieron a su memoria los últimos días en la vida de su madre.  Se sentó en el sillón frente al que utilizaba ella, y acarició suavemente el reposa brazos. Apenas lo rozaba con la yema de los dedos, como para no profanarlo.  Todo permanecía igual que ella lo dejara cuando partió rumbo a Miranorte.  Recorrió cada habitación, y se detuvo frente a la de su madre, sin atreverse a abrir la puerta, pero al fin se armó de valor.  Todo estaba en orden y limpio.  Marisa, la portera,  había recibido su encargo de tener debidamente atendido, ese piso, pero con el deseo expreso de no mover nada  y dejarlo tal cuál estaba.



No pudo reprimir un llanto desgarrador y de rodillas junto a la cama de su madre, reclinó la cabeza en el lecho, buscando quizá algo de vida, alguna caricia de la que ya no estaba.

No supo el tiempo que permaneció así.  Una vez se hubo calmado, se levantó y mirando de nuevo la habitación salió y cerró la puerta.  No quiso salir a cenar a ningún sitio, tampoco tenía apetito.  Eran demasiado fuertes las emociones, y solamente pensaba en acostarse y dormir, si es que tenía suerte,  y lo lograba.

Mientras el sueño acudía a sus ojos, mentalmente trazó un plan.

- Volveré a Miranorte, y en cuanto me sea posible recogeré todo y me marcharé ¿ Dónde ? no tengo ni idea, pero tanto me da.  He de poner orden en mi vida.  No puedo dejar pasar los años en este estado  semi vegetativo.  Tengo que borrar para siempre a Paul de mi memoria.  No puedo agregar un peso más a los que ya tengo.  Debo poner tierra de por medio, a cualquier lugar.  Podría dar clases a domicilio para niños en recuperación académica. O cuidar a cualquier anciano, o qué se yo... Con tal que me de para ir viviendo... ¡ Oh, Dios mio !... -  hundió la cara en la almohada y nuevamente el llanto la invadió.

Se levantó temprano, y con un ligero bolso de mano, salió a la calle.  Dejó una nota en la portería advirtiendo a Marisa de su presencia aquella noche en su casa.  Entró en la cafetería cercana a su domicilio y tras desayunar, en un taxi se dirigió a la estación de autocares y sacó su billete rumbo a León.  Allí tomaría otro que la llevaría hasta Las Mimosas, y después en un taxi, por fin llegaría a Miranorte.

Hablaría con Juan lo antes posible.  Le comentaría sus proyectos y le diría que dispusiera de la casa. Lo quería hacer todo muy rápido, para no dar tiempo a su cabeza a arrepentirse.  No tenía muy claro lo qué hacer después.  Primero regresaría a Madrid, y cuando pasasen las fiestas, tomaría la iniciativa de dónde dirigirse.

Cansada, agotada emocionalmente , pero muy segura de lo que había de hacer, llegó al pueblo. Pareciera que hubiera transcurrido una eternidad, cuando habían transcurrido solamente unos pocos días.  El cambio había sido ¡tan radical!..  La tranquilidad de Miranorte, al ajetreo y las prisas de la gran ciudad, de vuelta a su pasado...  y ahora otra vez  el lugar que le había dado paz en aquellos años, después de haber sufrido la pérdida de su única familia:  su madre.



Era muy tarde y estaba bastante fatigada.  Optó por comunicar a Juan su llegada y quedar con él en que volvería al bar al día siguiente.  Era la víspera del último día del año.  Empezaría una nueva vida al mismo tiempo que un año nuevo.  En el fondo tenía sentimientos contradictorios.  Por un lado se alegraba de haber superado la barrera que ella misma se había impuesto de reclusión en Miranorte y volver al lugar que la correspondía.  Era urbanita, aunque las circunstancias la habían conducido hasta aquel pueblecito casi sin gente.  Pero por otro, lamentaba tener que dejar a aquellas gentes que tan cariñosas habían sido con ella, dejar a sus amigas, alejarse de aquel refugio de serenidad, y abrir unas espectativas aún sin lograr. Y también estaba Paul.  Sabía que era un imposible, que ni siquiera él se había fijado en ella, que pertenecían a mundos opuestos.  Que aquello que sentía sólo era dolor, pero...  le echaba de menos y lamentaba no poder verle,   no pertenecer a su mundo, o que él fuera una persona normal, sin ser tan inalcanzable.
" Normal es Albero y no le quieres"- se decía.  Se sentía culpable de haberse enamorado, pero ella no lo buscó..., surgió.  Y ahora estaba intentando cerrar esa página, pero también sabía, que de conseguirlo, tardaría tiempo, y que siempre permanecería en ese rinconcito que todos tenemos de nuestros secretos ocultos, que sólo nosotros sabemos.




martes, 30 de septiembre de 2014

Miranorte / - Capítulo 7º / La gran revelación


- ¿ Quién  ha venido ? - preguntó intrigada Milagros
- Oh, ha sido el actor
- ¿ Qué quería ? ¿ Es algo referente a la casa?  Me estoy preocupando.  Te veo muy... ¿ qué demonios te ha dicho?
- Tuve una discusión con él, ya te lo he dicho.  Ha venido a pedir disculpas
- Pues hija, la verdad te ha dejado bastante descolocada.  Creo que hay algo que no me cuentas
- Es que no hay nada que contarte...
- Te gusta el chico ¿ verdad ?
- ¡ Mila, por favor !
- Qué... ¿ estoy equivocada ?
- Tengo que irme. He quedado con Marta, y ya voy tarde
- No te vas sin decirme qué te ocurre
- Es complicado y largo, Mila.  Ahora no tengo tiempo

La dió un beso en la mejilla y salió corriendo mientras miraba el reloj

- Ve con cuidado, por favor.  El suelo está muy mal - la gritó Mila cuando ya estaba en la puerta
- Iré con cuidado, no te preocupes. Hasta luego, adiós

Le costó arrancar el coche.  A pesar de tener anticongelante, la temperatura era tan baja que no arrancaba.  Optó por contactar de nuevo con Marta, ya que suponía que  no iba a llegar a tiempo con su cita

- ¿ Marta ?  Lo siento mucho, pero me temo que no voy a llegar a tiempo.  El suelo está infame y el coche no me arranca. Discúlpame


- No te preocupes- la responde Marta -..  Ve con cuidado.  Si acaso  te es difícil llegar hasta aquí, no vengas.
- De todas formas tengo que ir a trabajar.  Solo te llamaba para disculparme por mi tardanza.  Hubiera llegado a tiempo, pero hace un rato que se ha marchado Paul, y me he entretenido más de la cuenta
- ¿ Paul , en tu casa? ¿ Qué quería ?
- Marta, ahora no puedo contártelo. Es muy largo.  No debo entretenerte y yo tengo que llegar hasta allí.  Te llamaré cuando llegue para que salgas a mi encuentro.  Si es que consigo llegar, claro
- Está bien.  Cuando llegues nos tomamos un café y me lo cuentas ¿ vale ?
- Vale - dijo sonriendo- Voy para allá
- Ve con cuidado
- ¡ Ya lo creo !  No tienes ni idea de cómo está por aquí.  Bueno no te entretengo más. Luego hablamos

Y colgaron

Con suma precaución, Alba circulaba por la carretera vecinal que estaba con placas de hielo cada pocos metros.  Nunca lo había hecho en circunstancias tan adversas, pero por fin llegó hasta el cercado que anunciaba que no se podía pasar por rodaje de película.  El aparcamiento estaba ocupado por grandes remolques que portaban grandes bobinas de cables, focos, etc. todo lo empleado para rodajes en el exterior.  Junto a esos remolques, estaban aparcadas varias caravanas con distintos carteles: maquillaje, vestuario, y otras con el nombre de los actores.  Se fijó en uno que tenía el cartel de Paul Montgomery.  Estaba cercano a donde ella se encontraba.



- También es casualidad.  Parece que todo se ha puesto de acuerdo-  pensaba a media voz

Hacia frío y corría un viento helador.  Sacó su teléfono del bolso, y marcó el número de Marta

- Marta, por fin he llegado
- ¿ Estás bien ?  Oye, tardaré un poquito.  Ahora mismo estoy haciendo algo que me reclaman del rodaje y no lo puedo dejar. Lo siento.  En cuanto pueda iré a buscarte.
- No te preocupes. Estaré dentro del coche con la calefacción puesta. Tarda lo que necesites ¡ Menos mal que aquí si hay cobertura!-  comentó Alba

Cerró su teléfono y se dispuso a esperar.  Salió un momento del coche y paseó la vista por el entorno. Curioseaba, cuando una voz conocida la sobresaltó

- ¿ Por qué estás aquí afuera con el frío que hace?  Te vas a enfermar.  Vamos pasa y entra en mi caravana



Frente a ella estaba Paul tendiéndola la mano

- Estoy esperando a Marta.  Ahora no puede venir.  Me ha dicho que la espere aquí. Seguro que no tarda
- Vamos mujer, aquí hace mucho frío.  Al menos estarás más caliente en mi vehículo y podrás tomarte un café, malisimo, pero es algo caliente.  Vamos, vamos, insisto.  Llámala de nuevo y dila donde estás..  Ella sabe donde es, no te preocupes

La tomó del brazo y la condujo hasta su caravana.  Ella iba nerviosa.  La presión de su mano a través de la ropa, hacía que el corazón se la desbocara.  No podía ser que se produjera ese efecto tan absoluto sobre ella.  No podía articular palabra. Sólo le miraba de soslayo y, a veces sus miradas se encontraban durante el corto espacio que les separaba de la caravana.  Sentía que debía decir algo, de lo contrario la tomaría por tonta

- ¿ No tendrías que estar trabajando?- por fin pudo decir
- Están cambiando el set.  Tengo un ratito libre entre toma y toma.  Pasa - la dijo abriendo la puerta- Aquí estarás bien mientras esperas.   Tengo que irme dentro de un minuto.  Me alegro de haber venido y brindarte mi hospitalidad.  Hace poco lo has hecho tu conmigo- la dijo sonriendo
-No digas eso...  me porté contigo como una tonta... Seguro que piensas que soy estúpida, pero normalmente no me comporto así.  La verdad es que no se qué me pasó
- Bueno ese asunto, ya está zanjado.  Lo hemos aclarado esta mañana ¿ no ?, bueno pues asunto acabado.  Tienes la cara muy fria- la dijo pasando suavemente sus dedos por las mejillas



Alba sintió como un latigazo al contacto de su mano.  Le miraba a los ojos, y él hacía lo mismo.  No hablaban, pero se había establecido algo muy especial entre ellos, algo  que, al menos Alba, nunca había experimentado.

- Ha pasado un ángel - dijo él rompiendo el silencio-.  Voy a ponerte un café para que entres en calor, y después, sintiéndolo mucho, tengo que irme
- Claro, claro.  No te preocupes. Marta no tardará en venir.  Estoy bien. Aquí hace calorcito
- Toma ¿ lo quieres con leche?
- Si por favor, y con dos cucharadas de azúcar
- Te gusta dulce ¿ eh ?.  Nosotros lo tomamos sin ella, claro que es bastante más flojo que el que tomáis en Europa. Me estoy acostumbrando a éste.  El sabor no tiene nada que ver;  a mi no es que me guste mucho el café...  pero ahora entiendo porqué. La diferencia entre uno y otro es grande.  Ganáis vosotros- dijo riendo

Salió,  y Alba se quedó sola en la caravana.  Tuvo que sentarse.  No podía creer lo que estaba viviendo. Indudablemente le había juzgado mal.  Era amable, educado y simpático

- ¡ Oh Dios mio ! ¿ qué voy hacer ?- pasó su mano por la frente angustiada por los sentimientos que albergaba y que no conseguía desechar.



Una vez que hubo tomado el café, dejó la taza en una mesita,  se levantó del sofá,  y comenzó a pasear por la caravana.  Tenía bastantes libros, revistas y el libreto.  Acariciaba con sumo cuidado el respaldo del sillón en que él había estado sentado durante los breves momentos que había permanecido junto a ella        

De pronto la puerta se abrió y Marta entró disculpándose

- Perdóname.  Ha sido una casualidad, pero había que hacer un trámite y era urgente.  He tardado lo menos posible, pero aún así estaba muy nerviosa por tí
- No te preocupes, he estado bien acompañada.  Tienes razón, Paul es muy agradable
- ¿ Te gusta ?

Alba se puso nerviosa y hasta creía que se había sonrojado.  Las mejillas la ardían y evitaba mirar de frente a su amiga para no delatarse

- Oye ¿ qué te pasa?  Te encuentro rara. ¿ Te has sonrojado ?  Paul te gusta, ¿ a que si ?
- Qué cosas tienes...
- Ja, ja, ja,  Es normal, a todas nos pasa lo mismo.  Pero creo que todas perdemos el tiempo.  El anda  tonteando  con una chica de San Francisco
- ¿ Es su novia ?
- No creo que llegue a tanto. Me lo dijo la script que está loquita por sus huesos.  Pero bueno, vamos a lo nuestro.  Acompáñame.  La oficina no está muy lejos.  Aquí se está calentito, pero fuera...
- Si, es cierto.  Hoy hace muchísimo frio.  Ha sido una suerte encontrarme con Paul.  Bueno me hubiera quedado dentro del coche..., pero aquí mejor.

Ambas chicas se dirigieron hacia la caravana que servia de oficina dentro de las instalaciones del rodaje.  Marta la miraba de reojo con una sonrisa

- ¿ De verdad que no te gustaría echar un vistazo por el set?
- No, no...  mejor que no
- ¿ Por qué ?  Hay quién mataría por poder hacerlo
- No me tientes, por favor.  Me está costando una enormidad decirte que no
- Mujer...  cinco minutos... anda
- ¡ Marta !... venga va...   vamos ¿ No tienes trabajo? porque te veo muy tranquila
- Claro que lo tengo, pero puedo demorarlo un poquito.  Ven por aquí. Silencio absoluto ya lo sabes
- Si, lo se

Estaban en un cambio de plano.  Exceptuando los operarios, el director y los actores cambiaban impresiones de cómo había quedado la escena que acaban de rodar.  No estaban del todo satisfechos. Por los gestos, Alba dedujo que tendrían que repetir.  Movían la cabeza negativamente.  En ese momento se dió cuenta que tanto Nancy como Paul, se tapaban con un grueso albornoz y tenían un café entre sus manos.  Se escuchó la voz de Douglas llamando a todo el mundo al plató y que todos guardasen un silencio absoluto, pues comenzaba nuevamente el rodaje, es decir la repetición de la escena.  Alba apartó la mirada de ellos y lentamente la recorrió por el set, y en él vio una cama deshecha.  Inmediatamente supuso lo que iban a rodar.  Nerviosa pidió a Marta



- Marta, tengo que irme
- Pero espera un poco. Va a ser interesante
- Pues por eso...  no me apetece en absoluto ver esa escena
- Tranqilízate, es sólo una escena
- Yo me voy... tengo algo de prisa.  Ya me he entretenido mucho
- Está bien... te acompaño

Se fueron del set, pero a Marta la había quedado claro el porqué de la repentina prisa de Alba por salir de alli

- ¿ Puedo preguntarte algo? - dijo a Alba
- Claro, dime
- A ti te gusta ¿ verdad ?
- ¿ Qué quieres decir ?
- Me has entendido perfectamente.  Me refiero a Paul...  te gusta ¿ verdad ?

Alba guardó silencio. Abria la boca para responderla, y al momento volvía a cerrarla sin articular palabra. Qué podía decir...  Se reiría de ella si confesaba la verdad...  " Estás loca ", seguramente sería su respuesta.  Por eso decidió no decir nada, aunque su amiga sospechase la verdad

Marta no quiso insistir sobre ello, pero acertaba en sus predicciones.  Movió su cabeza con una sonrisa, y Alba interpretó lo que había pensado respecto a la opinión que Marta tendría respecto a su enamoramiento del actor.

- ¿ Cuándo tienes libre?- la preguntó Marta
- La verdad es que no tengo días libres.  Cuando no estoy dando clases, estoy en el bar.  Hice una transación con Juan ¿ recuerdas? y debo cumplirla.
-Entonces...  ¿ no nos vamos a tomar un café y charlar tranquilamente de nuestras cosas?
- Cómo no vayas al bar y a ratos me pueda sentar contigo...  creo que no
- Bien...  pues eso haré. Me apetece mucho tener un día de chicas.
- El domingo me mudo al albergue ¿ recuerdas?
- ¡ Claro ! vamos a la oficina para que cobres.  Mujer...   baja a la tierra.  Te noto un poquito descolocada
- La verdad es que mi cabeza está hoy en otro sitio.  Llevo unos días que voy dando saltos de sorpresa en sorpresa
- ¿ Te refieres a Paul?
- A Paul y que Mila se me casa.  Si como lo oyes.  Se casa y además en unos días - dijo mirando a Marta ante su rostro de sorpresa



- ¡ Qué me dices ! ¡ A su edad !
- Oye no es tan mayor, y... Es todo muy romántico.  Se casa con el amor de su vida.  Algún día te contaré la historia.  Por cierto, posiblemente vaya en navidades a Nueva York
- ¿ A Nueva York?  Yo también viajaré  a Usa.  Las pasaré con mi familia
- ¿ Eres americana ?  porque hablas un perfecto castellano
- Yo nací en España, pero a los quince años,  a mi padre le destinaron a la embajada de España en Washington,  como jefe de seguridad , y allí sigo, aunque yo me trasladé a vivir a Los Angeles. Por mi trabajo, ya sabes...
- Tienes una vida apasionante- dijo Alba sonriendo- Te tengo envidia
- ¿ Por qué ?  Si tu no tienes una vida más excitante es porque no quieres
- No se...  no me veo capacitada para moverme fuera de aquí.  Cuando vivía en Madrid, era más decidida... más valiente.  Pero ahora me he acostumbrado a esta pacífica vida y ya no me siento tan capaz. Si tu quisieras, quizá yo podría proporcionarte un empleo en mi agencia, pero tendrías que vivir en Los Angeles.  ¿ Por qué quieres ir a Nueva York?
- Siempre he tenido deseos de conocerlo, y bueno... ahora, sin Mila y con este dinerito que no contaba, he decidido darme ese gusto.  Hablaré con mis amigas por si quieren acompañarme.  Si no pueden me iré sola. Tengo que aprovechar las vacaciones del colegio.  Aunque  son veinte días, iré tan solo una semana.  No me atrevo a decir a Juan que me voy todo ese tiempo
- Ya hemos llegado - dijo Marta al tiempo que abría la puerta del vehículo-oficina

Con el cheque en el bolsillo, Alba regresó al bar.  Todo seguía lo mismo que siempre.

- Lo siento Juan, me he entretenido más tiempo de lo que esperaba.  El suelo está helado por alli
- No te preocupes.  Ya ves que aquí todo está tranquilo

El día transcurrió igual de tranquilo.  Estaba visto que si los artistas no acuden al bar, nada se altera.

- ¿ Puedo acercarme hasta el banco?- le dijo a Juan- Tengo que ingresar el cheque en la cuenta
- Claro mujer.  Ven esta tarde. Si tienes algo que hacer aprovecha.  Aquí no se mueven ni las hojas
- Gracias Juan. Aprovecharé para hacer la maleta.  El domingo tenemos que dejar la casa libre
- Pues ocúpate de tus cosas. Aquí no hay trabajo de momento.  Anda que no se te haga tarde.  Y ve con cuidado.  Seguro que esta noche hiela.

Mientras conducía por la carretera rumbo a Las Mimosas, pensaba en todo lo ocurrido con Paul en esa mañana, pero su pensamiento acudía hasta el set, hasta la imagen de los actores en albornoz.  Imaginaba la escena, y unos celos absurdos la mortificaban.  Por mucho que ella misma se recriminara su forma de sentir, no podía alejarle de su pensamiento. ¿ Cómo podía haber ocurrido? ¿ En qué estaba pensando ?  Estaba claro que para él era la chica del bar. ¿ Cómo ella tan sensata había caído en esa estupidez?

De repente una placa de hielo hizo que aterrizara de golpe al planeta Tierra.  El coche se le iba, y de haber ido más deprisa, quizá hubiera terminado en la cuneta.  En cuanto la fue posible, aparcó por unos momentos en el arcén.  Se había asustado. Si hubiera tenido un accidente, nadie se hubiera enterado, ya que no pasaba un alma. Cogió su móvil a ver si había cobertura, y comprobó desolada que no había.

- Habré de ir con más cuidado. Si me ocurre algo, no se enteran ni las ratas.  Es que no tengo la cabeza donde debiera estar. Es un laberinto de emociones. ¿ Por qué me ha tenido que ocurrir ésto, por qué?

Una vez repuesta, emprendió de nuevo el viaje.  Tardaría poco en llegar a Las Mimosas.  Una vez en el pueblo, se dirigió al banco. Quería ingresar el talón, lo primero.  Su cuenta había engrosado en cinco minutos

- He de regalarle algo a Mila. Daré una vuelta por aquí a ver qué veo

Entró en una tienda .  Compró un bolso de viaje para Mila y un foulard para ella.  No espero a salir de la tienda. Se quitó la bufanda y se puso el foulard que la había enamorado desde que lo viera.  Consultó el reloj y comprobó que ya era la hora de comer.  Entró en una cafetería anexa a la tienda, y pidió un plato combinado..  Después se dirigió a una agencia de viajes, y recogió unos folletos .

- Hablaré con las chicas en cuanto llegue a casa. A ver si con un poco de suerte, ellas se animan y me acompañan.  Estoy decidida. Si ellas no pueden venir, lo haré yo sola.  A fin de cuentas en esos viajes siempre va alguien en solitario, y terminas por integrarte en el grupo.  Pienso disfrutar hasta el último céntimo, aunque me lo gaste todo, porque luego sabrá Dios cuando volveré a realizar otro viaje.

Cuando llegó al bar de regreso de Las Mimosas, llamó a Mila para tranquilizarla , y a continuación se puso en contacto con sus amigas Celia y Sara



- Chicas, hace tiempo que no nos vemos, y me gustaría proponeros algo.  ¿ Por qué no venís al bar después de trabajar, nos tomamos algo y os comento una cosa?

Ambas chicas aceptaron y quedaron para esa tarde reunirse en el bar.Hacía días que ni siquiera habían hablado por teléfono, y tenían ganas de ver a Alba.  Y,  después de varios dias sin verse, las tres amigas se reunieron .  No tenían grandes novedades que contarse.  Sus vidas eran tiotalmente planas, sin altibajos.

Durante la primera media hora, hablaron de su trabajo y del tiempo que hacía que no habían hecho alguna escapada en los fines de semana.  Desde que Alba trabajara los sábados y domingos, ellas no habían salido.  Aguardaban a que su amiga finalizara su compromiso con Juan, para reanudar sus salidas.

- Veréis...- comenzó Alba a exponerlas su plan - como sabéis tengo que irme de casa durante unos días, y por ello, la productora me ha pagado un buen dinero, y he pensado hacer el viaje que siempre he deseado realizar:  Nueva York.  Había pensado en vosotras, en hacerlo juntas. Tendría que ser en las vacaciones de Navidad, coincidiendo con las vacaciones del colegio
- Sería estupendo, Alba, pero... en Navidad... Ya sabes...  las comidas familiares...  Lo siento, pero yo no puedo.  Mis padres me matarían- dijo Sara- Se me ocurre una idea: guarda el dinero y lo hacemos en las vacaciones de verano

Celia

- Eso sería mejor-dijo Celia- Yo tampoco te acompañaría, este no es un buen momento económico para mi
- No os preocupéis.  Sabía que era muy aventurada la proposición... Lo que ocurre es que...  quizá en el verano ya no esté aquí
-¿ Queeeé ? - dijeron a una ambas muchachas
- Os voy a contar un secreto, y os ruego no lo difundáis, puesto que no es a mi a quién corresponde contarlo, pero sois mis amigas...  Milagros se casa... ya... en unos días.  Son bastantes personas las que me dicen debo volver a retomar mi vida en Madrid, y me lo estoy pensando... Quizá a mi regreso de Estados Unidos, les haga caso.  Vosotras tenéis vuestras vidas, y yo la tenía con Mila, que es toda mi familia, pero, ella vivirá su propia vida, a la que tiene derecho.  Por otro lado...  no tengo un gran sueldo con el que no me puedo permitir ningún capricho y pienso que en la ciudad tendría más oportunidades.  Debo rehacer mi vida.  Conocer a alguien, enamorarme y con el tiempo formar mi propia familia, aunque eso ahora está muy lejos.
- ¡ Vaya ! Si que han ocurrido cosas durante el tiempo que no nos hemos visto- comentó una asombrada Sara
- Si, es cierto. Sólo bastan cinco minutos para cambiarlo todo- replicó Alba
- ¿ Has echado el ojo a alguien ? - preguntó Celia - Te noto muy reflexiva, no se..., distinta
- Posiblemente...- dejó esa respuesta en el aire
- Pues cuenta, cuenta- pidieron las amigas
-Es complicado, muy complicado... además imposible.  Totalmente imposible.  He puesto mis ojos en alguien fuera de mi alcance.  Pertenece a otro mundo distinto al mio.  Inalcanzable.  Por eso necesito un cambio radical.  Algo que haga que mi cabeza piense en otra cosa
- ¡ Uau ! - dijo con asombro Sara- ¿Podemos saber quién es?
- Me váis a tomar por loca, y en verdad que lo estoy.  Sólo que no he podido evitarlo, y bien que lo siento, porque lejos de ser algo hermoso, es torturador, y hace que lo pase mal, muy mal, cada vez que le veo

Sara

- ¿ Estás hablando de Alberto? - preguntó Celia
- No.  No es Alberto
- ¡ Ay hija, no seas pesada y dilo de una vez! Nos tienes en ascuas
- Se trata del actor- dijo todo de un tirón, como deseando librarse de ello
- ¡ Ohhh ! Verdaderamente estás loca, pero de remate- dijo Celia
- ¡ Alba ! ¿ de verdad va en serio ? ¿ no es algo que te ha deslumbrado y pasará ?- dijo Sara tomando de la mano a su amiga
- Creo que no ¡ Qué más quisiera yo ! Es una tortura.  Siento unos celos horribles de la compañera de rodaje.  Quiero verle y huyo cuando eso ocurre. Se me cortan las palabras cuando me habla.  Debe pensar que soy tonta.  Por favor no me hagáis hablar más, o me echaré a llorar

Las chicas se levantaron y la abrazaron comprendiendo el dilema que Alba sentía, y las daba una pena tremenda verla tan hundida y desorientada.

- Tienes razón- dijo Celia- debes viajar cuanto antes.  Salir de este aburrido pueblo.  Buscarte la vida en Madrid, o en Londres, o Paris, o en las chimbambas, pero lejos de la monotonía de Miranorte.  Mereces algo mejor.  Y referente al actor, no sabe lo que se pierde contigo
- Gracias, Celia.  Se que me apoyáis, aunque no lo entendáis.  Pero así están las cosas.

De repente el silencio reinó entre ellas.  La declaración de su amiga, había dejado a las chicas sin palabras.  Cada una pensaba para sus adentros, que tenía razón al salir del pueblo, muy bonito para el verano, pero aburrido y monótono en el invierno, sin vidas jóvenes más que las suyas y poco más.  Alba era una chica preciosa, que llegó buscando paz para su espíritu atribulado, pero había pasado el tiempo suficiente para que volviera al lugar al que pertenecía.  A un trabajo para el que estaba sobradamente preparada, en un instituto o quizá en  la universidad para  dar clase a unos alumnos que no tengan cuatro o cinco años.   Que tenga que hacer pactos para salvar el invierno, porque no tiene un  salario que al menos la permita poderse comprar a plazos  un coche de segunda mano, y no,  que  para ello,  tenga que servir mesas en un bar,  al que solo asisten los mayores a jugar al dominó o a cartas.

- Bueno...  Madrid no está tan lejos.  Podemos echar alguna escapada de vez en cuando- fué lo que,  rompiendo el silencio,  Sara dijo a su amiga.