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jueves, 20 de diciembre de 2012

VIVIR LA VIDA-Capítulo 7º / LA DESPEDIDA

 
 
Los días corrian en su contra y Ricardo decidió hacer un viaje con Marita. Irían al lugar romántico por excelencia: Venecia. Para ello decidió suspender las consultas de su gabinete. Las atendería su compañera, pero todo el tiempo del que dispusiera se lo de dicaría a ella ,Una semana increible, romántica y de amor. Marita no quiso seguir ningún tratamiento
 
- No vida,  quiero vivir con normalidad. Seguir el tratamiento supondrá un poco más de tiempo.  A cambio permanecería en unas condiciones físicas lamentables y mi recuerdo sería el de los últimos días: calva, operada, es decir una mujer postrada.  Dadme los calmantes necesarios para el dolor, pero que no me adormezcan; quiero estar despierta. Deseo que me recuerdes vital, en nuestra vida diaria. No quiero perder ni un sólo segundo que me aleje de ti.
 
Y así lo hicieron. No mencionaban  para nada ni la enfermedad ni el corto espacio de tiempo que les quedaba, aunque interiormente cada uno de ellos sabía que cada día que pasaba, era uno menos, y los días corrian velozmente.
Se amaban intensamente, pero llegó un día en que los calmantes tardaban más  en hacerle efecto y más corta su duración. Se adormecía con más facilidad y el deterioro físico era notable.  Sus fuerzas la iban abandonando paulatinamente. Las ojeras y la palidez las paliaba con el maquillaje para que Ricardo percibiese lo menos posible que el fin se iba acercando.  Ni una sola vez la descubrió llorando, aunque en soledad lo hacía, pero no quería aumentar su dolor más de lo necesario.
 
 
 
Esa noche cenaron juntos como de costumbre. Habían pasado cinco meses desde que les dijeron que irremediablemente no tenía solución  Comió poco, apenas nada y hacía un gran esfuerzo por disimular el malestar que sentía.  Ricardo sabía del sacrificio que ella hacía porque él no se diera cuenta de su padecimiento, aunque era inútil, porque se daba perfecta cuenta de que todo se acababa.
 
-Cariño, voy a acostarme. Estoy cansada
-Si mi cielo, hazlo. Dentro de un momento iré yo
 
 
 
Ricardo presintió que era el final y no se equivocaba. Se tumbó en la cama, a su lado, sin quitarse la ropa. Tomados de la mano los dos recordaban los buenos días vividos.Se reian, se divertían y recordaban el maravilloso crucero que hicieron por el mar Egeo. Recordaron la primera vez que estuvieron juntos y la añoranza inundó los ojos de él que a duras penas disimulaba.
 
Marita a ratos se quedaba dormida, a ratos tenía frio y otras calor. A veces decía ver a sus padres y en otras revivía el momento en que Ricardo la sacó a bailar después de la cena del capitán, en el crucero.  El dolor comenzó a serle insoportable y lloraba y pedía a gritos a su madre. Parecía una niña pequeña asustada.  Ricardo desesperado acariciaba su rostro, besaba sus labios, la abrazaba. No sabía qué hacer.  Miraba a la señóra que ayudaba en casa, que sentada en un rincón lloraba en silencio.  Llamó al médico que acudió inmediatamente, pero cuando entró en la habitación y vió a Marita, todo lo que pudo hacer fué inyectarla una dosis más fuerte que calmara su dolor.  La dosis fué efectiva y Marita entró en una especie de sopor.  Al principio su respiración era tranquila, después se espació más y más .  Por unos momentos recobró la consciencia y buscando con la mirada a Ricardo le dijo
 
- Amor mio, porque sí has sido el amor de mi vida. Contigo he podido  vivir  una vida plena y con inmenso amor. He sido inmensamente feliz , me has hecho inmensamente feliz. Sé que voy a causarte dolor y eso bien mio, es lo que me da pena, una pena atroz que por nada del mundo hubiera querido causarte, pero no he podido evitarlo. En el primer cajón de mi cómoda dejo una carta con lo que deseo hagas después, cuando todo haya ocurrido.  Has sido lo más importante en mi vida; te he querido como no te imaginas.  Me he sentido tu mujer aunque no estemos casados, pero te he pertenecido en cuerpo y alma. No dejes de mirarme, apriétame la mano y bésame, ahora, Deseo que tu rostro sea lo último que vea. Te quiero, te quiero. . .
 
Lentamente Marita entornó los ojos. Su respiración fué intermitente, hasta que al fin un último suspiró salió de lo más profundo de su ser.  Murió  el día 15 de Mayo, a las 9'25 de la mañana.
 
Ricardo la besaba repetidamente, acariciaba su rostro y besaba sus labios, dulces, suaves tibios, pero faltos de respiración, y de golpe aquella sensación le hizo comprender que todo había terminado. Miró a la mujer que había sido su vida como si con su mirada la hiciera volver  nuevamente. No terminaba de creer que se había quedado solo. Apretaba su mano, se las besaba, la llamaba. . .
La señora salió del rincón en el que había permanecido y le abrazó para infundirle valor. Un sollozo desgarrador salió del pecho de Ricardo dando salida a la angustia que sentía.  Se abrazó a la señora como lo hubiera hecho con su madre si hubiera vivido. Necesitaba el consuelo de unos brazos amigos.
 
- Señor, tenemos que hacer unos trámites, y tiene que ser ahora
 
Estaba como sonámbulo, como un autómata.Llamó  al médico nuevamente, El doctor ya traia en su cartera  el certificado de defunción de Marita. Aún le quedaban unos dolorosos trámites que cumplir:  debía llamar a la funeraria       Cuando llegaron y ultimaron el sepelio procedieron a llevarse el cuerpo . Ricardo no pudo ver cómo se la llevaban y roto de dolor y llanto, giró la cabeza para no presenciarlo.
 
Tardarían un par de horas en instalarla en el Tanatorio  Le parecia imposible estar viviendo todo aquello, pero era real desgraciadamente.  Acudieron sus compañeros de trabajo para hacerle compañía en aquellos tristes momentos.  Se negaba a dejarla en aquel lugar sola, sin más compañía que unas flores y unos cirios. Aquello no iba con ella, era irreal.  A duras penas le pudieron arrancar de la sala a la que volvió apenas amanecía.  Era un día festivo en Madrid, soleado y templado, primaveral.  Al salir a la calle miró al cielo en el que algunas estrellas parpadeaban aún, y ella ya no estaba no podría contemplarlas.  Se echó a llorar sin poderlo remediar.  Llegó al Tanatorio enseguida, ya que a demás de ser muy pronto,  al ser festivo (San Isidro), el tráfico era escaso.
 
Entró en la habitación en donde reposaba su amada. La tez blanca, la rigidez le hizo pensar que aquella figura inerte no era su Marita.  Había dispuesto ser incinerada y a los doce en punto del mediodía, en el cementerio de La Almudena, se cumplió el ritual.
Apenas acudieron  cinco o seis personas. Pero estaban las necesarias, las que verdaderamente sentían su pérdida.
 
El día anterior, había tratado de contactar con Angel, pero no lo había logrado. En el despacho de las oficinas le dijeron que estaba de negocios en Marbella. . .
 
- Solamente ruego le comunique que su esposa María del Carmen, ha fallecido. A mi no me conoce, y créame no tengo ningún interés por hacerlo.  Gracias por atenderme, buenas noches
 
Es todo el comentario que hizo a la secretaria que le había atendido en la inmobiliaria de Angel.
 
El olor de la cremación lo inundaba todo, lo tenía metido en los sentidos. A las cinco de la tarde, le fueron entregadas en una urna las cenizas de Marita y a continuación procedió a sepultarlas en un columbario.
 
 
 
Ricardo, vencido por el dolor, permaneció delante . . .   Y aquí la narración nos lleva al prólogo de la historia, que aún no concluye.
 
Angel se enteró del fallecimiento de Marita por una conversación telefónica que tuvo con su empresa. Se quedó impasible; ni un ápice de cariño, ni un sólo recuerdo. Hacía años que no se veian.  Tampoco había sentido excesivo amor por ella. El interés económico en un porcentaje muy alto, es lo que había movido a su enlace con ella.  Su amor se lo había llevado una muchacha que tenía como secretaria, y que a penas transcurridos unos meses comprobó que era poseedor de una pequeña fortuna , que aseguraría su porvenir.  De esta manera Angel cayó en las redes de un amor que imaginaba interminable y que no lo fué tanto.
 
Efectivamente estaba de negocios en Marbella. Unos negocios que se habían venido abajo tras el estallido de la burbuja inmobiliaria y verse implicado en temas de corrupción.  Se enfrentaba a un jucio con cárcel al estar imputado. Su  inmobiliaria se vino abajo al haberle cortado el crédito las entidades bancarias.  Se encontró de la noche a la mañana con un buen número de bloques de casas inacabados por falta de fondos y su ruina total.  La amante le  abandonó, después de haber "saqueado" su cuenta bancaria y ya no interesarla ese amor que ciego él la había dado.
 
Uno de los enemigos de Marita (el marido de Luchi) y por el mismo motivo que Angel, estaba también imputado en la misma trama, pero no pudo soportar la presión y murió sólo,  de un infarto en su propio despacho.  Pasando el tiempo,  hizo llegar hasta Luchi el recorte del periódico en el que daban la noticia.  Ella nunca regresó a España, pero al quedarse viuda se casó con el hombre que la había hecho feliz del cuál había tenido un hijo que les colmó de felicidad.  Escribió una cariñosa carta a Ricardo en la que expresaba su inmenso dolor por la pérdida de su querida amiga.
 
¿ Qué fué de Ricardo ?
 
A los quince días del fallecimiento de Marita, recibió una visita con una citación para que acudiera al despacho de un Notario: iba a proceder a la lectura del testamento
 En un principio renunció a ir. No quería escuchar las decisiones de su amada, no tenía fuerzzas, pero al fin se decidió y acudió al despacho del letrado
 
" Dejo heredero universal a la persona que me ha dado el único y sincero amor, que aparte de mis padres, he tenido en la vida.  Renuncio  a los bienes gananciales que me corresponderían por haber estado casada con Angel Rey Andrade.  No deseo recibir por su parte nada en absoluto; todos los bienes aquí dispuestos, son los que de soltera heredé de mis padres, por tanto D. Angel Rey Andrade no percibirá absolutamente nada material de mi propiedad.  Si así ocurriera por error, autorizo a . Ricardo Ortiz Loraque, a interponer una demanda judicial.
En Madrid , a  20 de Octubre de 2011
 
Firmado:  Mª del Carmen Núñez  Bernal
 
Una vez realizados los trámites, Ricardo salió del domicilio del notario, llevando en una carpèta las últimas voluntades de Marita. Estaba triste, muy triste. De nuevo había vuelto a vivir los últimos instantes del ser que más había amado y que tan corto había sido el paso por su existencia.  Deseaba pasear. No sabía  la decisión que tomaría. Marita tenía una pequeña fortuna además del piso de Martínez Campos y el que había compartido con él hasta su muerte. Caminando hasta la casa pensó en el destino que había de dar.  No había podido entrar en la habitación que habían ocupado mientras estaban juntos.  La señora de casa, la había ordenado, pero tenía la orden expresa de no tocar nada, así que estaba como la dejó Marita.
 
Esa     noche  se revistió de valor y abrió la puerta de la habitación a oscuras. Aún permanecía en ella el perfume de su amada.  Paseó la mirada por todos los rincones de la estancia; fué hasta el mueble  tocador en donde ella guardaba sus cremas, perfumes y el cepillo con que cada noche alisaba su cabello.  Lo tomó entre sus manos y se sorprendió al comprobar que aún tenía algunos cabellos de la última vez que lo usó.  Buscó alguna cajita que seguramente Marita conservaba en algún cajón, y al encontrarla extrajo del cepillo aquellos queridos cabellos y los depositó en ella. Sería algo vivo que conservaría siempre.  Al rebuscar en el cajón, encontró un papel doblado con unas letras en clave, que él interpretó automáticamente: L/Chile, y una dirección de Valparaiso. Sin duda era la dirección de su querida amiga Luchi a la que escribió pasado unos días anunciándole el fallecimiento de Marita  Su ropa se conservaba en el armario tal cual ella la dejara. La olió cerrando los ojos, percibiendo el perfume, el olor de Marita, y lloró silenciosamente abrazado a aquellas prendas.  En un joyero estaban las alhajas, valiosas, que su madre la había dejado. A Marita no la gustaban en exceso.  Entre todas ellas extrajo dos objetos: unos pendientes que ella lució su primera noche de amor con Ricardo y una sortija que él la había comprado a modo de alianza, y que siempre llevaba en su dedo anular de la mano derecha.  Recogió unas fotografias y salió de la habitación.  Ya tenía decidido  lo que    hacer con todo ello.
Lo vendería, liquidaría la cuenta corriente y el resultante lo distribuiría entre unas organizaciones humanitarias: Médicos sin fronteras, Cruz Roja, Unicef y Asociación de Mujeres Maltratadas.
 
Encargó a su abogado que lo organizara  todo y lo legalizara. Ricardo volvió a vivir en la casa en la que tenía también su gabinete y que había sido su anterior domicilio.
 
Un día recibió una solicitud de visita de parte de Angel Rey Andrade " a fin de regularizar lo que me corresponde en herencia de mi esposa Mª del Carmen . . ., etc .Era la única esperanza que tenía para poder depositar la fianza y eludir el encarcelamiento. El dinero que recibiría de su unión con Marita sería su salvación. . .
 
Ricardo le envió una escueta nota en la que le anunció que no tenían nada de qué hablar y que se pusiera en contacto con el abogado Sr. . . ., por no ser de mi interés un encuentro con Vd.
 

 Tras la entrevista con el abogado de Ricardo, se dió cuenta que no tenía derecho a reclamar nada, puesto que lo poseído por Marita eran bienes de soltera.
 
Angel totalmente arruinado, está a la espera de juicio por malversación de caudales públicos y blanqueo de dinero.  Una vez celebrado el juicio  ingresó en prisión. Allí pasaría una larga temporada. . .
 

Ricardo sigue ejerciendo su profesión de psicólogo asistiendo a mujeres maltratadas en una asociación.  De vez en cuando acude al cementerio a llevar unas flores a Marita. Nunca se casó ni consiguiió olvidarla.  Falleció diez años después y sus cenizas reposan al lado de la mujer que más le había querido.
 
 
 

 
 
F   I   N   A   L 
 
 
 
 
 
 
 
 

 
 


VIVIR LA VIDA - Capítulo 6º / SENTIR EL AMOR



La fiesta en la mesa del capitán era amena y alegre.  Por suerte sus compañeros de mesa eran gente divertida, más o menos de su misma edad, libres de complejos por lo que disfrutaron plenamente de la velada.  La sobremesa se prolongó hasta entrada la madrugada, mientras la orquesta en un salón vecino, desgranaba dulces melodias

-¿ Quieres bailar?, la preguntó Ricardo
-¡ Hace tanto tiempo que no lo hago. . .   no sé si voy a acordarme. . .
- Yo te llevo, no te preocupes.  Cuando era joven era muy bailarín. Luego poco a poco dejé de hacerlo y hoy va a ser la primera vez que lo hago en años

Guiándola por la cintura, sin apenas rozarla, la llevó hasta la pista de baile. Allí enlazados, comenzaron a bailar una melodía suave, deliciosa que ambos conocían sobradamente.  Poco a poco, sin apenas darse cuenta, sus mejillas se juntaron y un escalofrío recorrió la espalda de Marita. Era algo desconocido para ella, algo que había perseguido toda su juventud, como había visto en las películas de amor protagonizadas por Cary Grant, Paul Newman, etc. . .  Ricardo poco a poco subió su mano por la espalda hasta convertirlo en un sutil abrazo.  Ella no lo rechazó; apartó su cara de la mejilla de él y le miró a los ojos dulcemente.  Sus rostros estaban serios, pero no había tensión en ellos, muy al contrario estaban a gusto.

- ¿ Quieres salir a cubierta?  Está amaneciendo y es un espectáculo muy hermoso. La dijo Ricardo

 

Ella aceptó y juntos se dirigieron a cubierta.  Acodados en la barandilla, Ricardo se quitó la chaqueta y la puso sobre los hombros de Marita, que emprezaba a tener frio.
Ricardo dejó sus manos sobre los hombros de ella y pausadamente, con dulzura la besó, con un beso largo e intenso.  Ella recostó su cabeza en el pecho de él, al tiempo que le decía

- ¡ Cuánto tiempo te he esperado ! Por fin estás aquí, conmigo. . . el amor ¡tanto tiempo buscado!. Porque lo que siento es amor y es la primera vez que vivo algo así. Nunca, nunca he amado a nadie como a tí.  No importa que "mañana" ya no estés conmigo porque otra mujer ha llegado a tu vida, lo que siento ahora me compensa,  porque siempre lo he buscado y no lo he encontrado hasta ahora.  Y es ahora cuando estoy viviendo la vida, en este instante, aquí . . .  ahora.

Ricardo la miraba emocionado sin pronunciar palabra. No podía. ¡ Cómo podía alguien hacer daño a esta personita tan dulce y deseosa de amor !  La besó nuevamente y tomándola de la mano,  dijo

- Ven. . .

Y ella le siguió. No la importaba dónde, sólo que estaba con él. Ya nada importaba, sentía algo especial que la impulsaba a hacer locuras, a reir, llorar, abrazarle, besarle. .  todo junto.  Se encaminaron al camarote de Ricardo.  Allí pasaron el comienzo del día, de un maravilloso día que había amanecido en sus vidas.

Dormida junto a Ricardo, éste contemplaba aquel rostro plácido que descansaba a su lado y pensó que nunca había amado tanto como lo había hecho a Marita.  Ella se dejó llevar y recibió sus caricias y sus besos como si fuera la primera vez. Y en realidad lo era, ya que en su vida de casada, jamás había tenido un preámbulo semejante que la condujo a un mundo maravilloso hasta entonces nunca sentido. La había transportado hasta la gloria y las palabras de amor brotaban de los labios de Ricardo sin parar, y ella se entregaba y besaba sus mejillas correspondiendo a las caricias del hombre que la hacía sentirse mujer.  Y recobró su juventud a pesar de tener ya la mitad de su vida hecha, pero era totalmente novata en estas lides.  Al fin rendida, se durmió en los brazos del ser amado susurrando: estoy viva, estoy sintiendo la vida correr por mis venas. Gracias amor.

 

El resto del crucero fué más,  de lo mismo. Cada noche era una fiesta para ellos, y cada día gozaban hasta del más mínimo detalle de las visitas que realizaban. Reian sin parar. Sus rostros eran la viva imagen de la felicidad. Iban permanentemente cogidos de la mano, al igual que dos adolescentes. No habían tenido ninguno de los dos, mucha fortuna en el amor cuando eran jóvenes, por eso ahora lo vivían minuto a minuto.

Los quince días del crucero tocaban a su fin; habían de regresar a casa, y fué entonces cuando Marita le propuso vivir juntos

- Mi amor, la dijo él.  ¿ Estás segura ? Las críticas contra tí van a correr como reguero de pólvora. Dirán que soy un cazafortunas, especularan con nuestra relación, y de tí dirán cosas horribles . .
- A mi no me importa. Toda mi vida he buscado lo que ahora tengo y no lo voy a perder porque unas personas hipócritas vayan a murmurar. Yo sé lo que dirán; lo hicieron antes de conocerte.  No me hacen falta para nada, pero tú si. . . Lo único que lamento es no haberte encontrado hace treinta años, pero todo lo que tengo ahora me compensa absolutamente de todo.   Empecemos de cero: tomaremos un piso nuevo que será nuestro nidito, sólo nuestro.  Sin recuerdos de otros tiempos, todo nuevo.  El tuyo puede continuar como gabinete, igual que ahora, pero comenzaremos de nuevo en otro lugar. ¿ quieres bien mio?
- Eres una mimosa ¡ Cómo había de negarte nada ! Esoy de acuerdo, me parece bien.
-Bueno pues cuando lleguemos a Madrid lo buscaremos cerca del gabinete ¿ te parece?
- Hecho

Y así lo hicieron.  Marita en cuanto pudo llamó a su amiga Luchi para comunicarle todo lo que de nuevo tenía en su vida

- Lo siento Marita, pero hoy no puedo ir
- ¿ Estás enferma ?
- Algo de catarro; en cuanto esté mejor me pasaré por tu casa
- Pues date prisa, nos mudamos enseguida
- Cómo nos mudamos ¿ quienes os mudáis?
- ¡ Ay Luchi, tengo tantas cosas que contarte ! Ricardo es el amor de mi vida, al fin lo encontré
- ¿ Ricardo, qué Ricardo ?
- Ricardo, el psicólogo. Nos vamos a vivir juntos
- ¿ Cómo ? Me he perdido . . . ¿ desde cuándo, cómo ha ocurrido ? . . . pero tú . . .
- Si Luchi, yo. Me he enamorado como una colegiala, y sí,  nos hemos acostado y  ¡Dios mio ! cómo le amo. . .
-No sé qué decirte, me dejas fria. . .  Pero si ha sido así, te envidio. Has encontrado lo que tanto buscabas, yo en cambio. . .

Luchi se echó a llorar y Marita no entendía nada. Sabía que su amiga no amaba a su marido, sabía que estaba con él por el que diran. . .  pero la forma de llorar . . . la hacía presentir algo raro

- Me ha pegado una brutal paliza, Marita. Ya,  es lo último. . .
- ¡ Luchi ! cuánto lo siento.. . no lo esperaba. . . Tengo que verte pero no quiero ir a tu casa. Ven a la mía y me lo cuentas todo. ¡ Canalla ! Nos ponen los cuernos y encima agreden.  No merecen ni nuesto cariño ni nuestra fidelidad. Anda ven ahora mismo. o nos vemos en algún sitio, lo que prefieras, pero a tu casa no puedo ir.  Sé que tu marido es uno de los amigotes de mi ex y el que se encargó de difundir todo lo que dijeron de mi

Luchi no paraba de llorar y el consuelo que la dispensaba Marita, no era suficiente para calmarla. Al fin cesó el llanto y quedó en llegar a su casa al cabo de una hora.

Cuando vió a su amiga, Marita se quedó sin palabras. Tenía el labio roto y un tremendo hematoma en el rostro

 


- ¡ Luchi ! ¡ Dios mio ! ¿ Que te ha hecho ese canalla ?  No debes volver a tu casa, denúnciale.
- Y ¿dónde voy ?
-Pues a mi casa. Con nosotros. Hay sitio de sobra. En cualquier lugar menos con ese canalla.

Luchi contó a su amiga entre sollozos el motivo por el que su marido la había agredido, y no era otro que quería irse a vivir con su amante. Al negarse ella, comenzó la paliza Primero fué un bofetón acompañado de palabras humillantes para Luchi, posteriormente otro más fuerte. Y finalmente un empujón que hizo que la mujer diera contra la pared. . . Al llegar a este punto Arreció el llanto de la mujer al revivir la escena.  Marita la abrazaba y lloraba con ella.

- ¡ Qué clase de sociedad es a la que hemos pertenecido !  Y se creen seres superiores. No me interesan lo más mínimo. ¿ Qué piensas hacer?
- Pues esta mañana he sacado algún dinero del banco y estoy pensando en marcharme al extranjero durante una temporada. No me importa nada que se vaya a vivir con su querida; en definitiva ya no le quiero le odio, le odio. . .
- Bueno cálmate. Creo que es una buena idea. Pero piensa un poco porque es tan c analla que encima te puede denunciar él por abandono del hogar. Pon una denuncia, ahora mismo. Darán una orden de alejamiento con seguridad, y por lo menos estarás a salvo. Consulta con un abogado pero que no conozca a tu marido porque ya sabes que se pondría de su parte. Recoge algunas pertenencias y dile que vas a visitar a tu madre que está enferma.  No le digas que he regresado porque entonces se imaginará la verdad. Pero . . . no sé Luchi si te estoy aconsejando debidamente. Reconozco que me puede el corazón. Llamaremos a mi abogado a ver que nos dice. . .

- Mira Marita, no me importa que me denuncie por abandono del hogar, no me importa . Deseo alejarme de su lado, porque sé que lo volverá hacer. Así que haré lo que tenía pensado. Recogeré el pasaporte y me iré lejos, no sé a dónde, pero donde nunca me localice.

Y así lo hizo. Se refugió en Chile y nadie, excepto Marita, supo donde estaba.  Allí conoció a un terrateniente y unieron sus vidas. Encontró la paz y el amor que le había sido negado por su marido y al igual que Marita, conoció lo que era ser amada de verdad.  Nunca pudo ser localizada por Ricardo para darle noticias sobre su amiga, a pesar de que él estaba al corriente de lo ocurrido, pero ignoraba su destino.

Marita y Ricardo inauguraron su nuevo hogar y eran felices. Cada día hacían votos por amarse al siguiente todavía más. Ella se reintegró al colegio de monjas, aunque ya las que la habían conocido habían fallecido, pero si habian dejado referencias de ella, por lo que enseguida la hicieron un hueco para ayudarlas.

Ricardo gozaba de una posición desahogada. El gabinete marchaba muy bien y particularmente tenía algún pequeño capital que les permitía vivir estupendamente.
Ella era una perfecta ama de casa.  Tenían una asistenta que se encargaba del orden y limpieza del hogar y era la propia Marita la que  confeccionaba el menú diario. Seguían tan enamorados y nunca un cambio de criterio supuso discusión alguna. Todo lo dialogaban y eran inmensamente felices.

Un día mientras Ricardo la acariciaba antes de dormir, notó que en uno de sus pechos había un bulto duro, no muy grande, pero lo suficiente para poder percibirlo. Alarmado preguntó a Marita si se había dado cuenta de ello

 


- Marita. . .¿ has notado que ?. . .
- Si cariño, lo he notado y hay otra anomalía más . .
- ¿ Otra anomalía . . .? ¿ qué quieres decir ?
- No te alarmes, ya he pedido hora con el médico. Me van hacer una biopsia pasado mañana
-¿ No ibas a decirme nada? ¿ Cuál es la otra anomalía, qué ocurre? Por amor de Dios cuéntame todo
- Noté que de mi pezón salía un líquido y parece ser que eso no es normal . .

Ricardo abrazó a Marita. Estaba tremendamente asustado, pero no quería alarmarla, aunque ella sabía perfectamente a lo que se enfrentaba.  No pudieron dormir en toda la noche. Permanecieron abrazados, sin hablar. Cada uno de ellos se sumergían en sus propios pensamientos.  A la mañana siguiente, mientras Ricardo estaba en el gabinete, Marita acudió al notario para hacer testamento, por si acaso. . .
Estaba triste, pero resignada. Le dolía tener que renunciar a todo ahora que por fín había encontrado el verdadero amor, sublime y desinteresado. Le dolía dejar a Ricardo si la vida les planteaba su partida hacia el infinito.  Le había dado todo lo mejor de ella. Le había querido con toda el alma Había encontrado una inmensa correspondencia en Ricardo y en esos dos años de convivencia, la habían compensado de todos los desaires anteriores. Lucharía con todas sus fuerzas por vencer esta dura guerra, por él, por Ricardo su gran amor.  Sentía darle ese tremendo dolor que sentiría si ella tenía que partir, pero no podía hacer nada más que luchar por sobrevivir

- Hoy día hay muchos adelantos con los que luchar. . ., se decía

Por la mañana muy temprano  acudieron los dos al hospital en donde tenía programada la biopsia.  Pero no sabrían el resultado de la misma, hasta  pasados unos días. El rostro de Ricardo había cambiado tan solo en dos días; estaba tenso y sonreia con dificultad cuando Marita no estaba delante.  Tenía miedo, estaba aterrado, pero también sabia que si las noticias no eran buenas, daría a su amada todo lo mejor de él. Sus noches de amor serían intensas, como si nada ocurriera. Se olvidaría del tumor y la colmaría de caricias y de bellas palabras.  Le iba a ser muy difíl no aparentar preocupación, pero por ella haría cualquier cosa.  Pensaba lo injusto de la vida, pero así eran las cosas. Sólo pedía a Dios, a pesar de no ser creyente, que todo fuera una falsa alarma, pero intuía que no sería así.

Marita fué introducida en el quirófano. Al despedirse fué ella la que le animó, pues Ricardo estaba derrumbado.  Tardaron dos horas en volver a salir y los médicos aconsejaron que se quedara ingresada esa noche.

- Más que nada porque el reconocimiento ha sido largo y doloroso, dijo el médico a Ricardo
- ¿ Y qué opina doctor?
- Bueno hasta no tener el resultado, no sabremos nada. Pero . . . la exudación del pezón me preocupa. . . Pero no hay que adelantar acontecimientos

Ricardo lo sabía. Había buscado en Internet los síntomas del cáncer de mama, y había leido que cuando hay exudación, es muy preocupante.  Le preocupaba mucho la reacción de Marita si tenían que practicarla una masectomía, porque estaba seguro que la iba a rechazar, así como la quimio y la radiología.  Trataría por todos los medios por convencerla.  No le importaba si perdía el cabello por la quimio, o si una tremenda cicatriz cruzaba su pecho. La quería a ella, como fuera.  Primero salvar su vida; después pensarían en la reconstrucción de la mama.

 

No se separó de su lado. Sentado en un sillón veló su sueño cogido de su mano.  Marita semi inconsciente dormia medio aletargada por el calmante que la dieron para poder dormir.  Ricardo lloraba silenciosamente mirando el rostro de la mujer que amaba. No quería ni pensar si ella le faltaba. . .

Cinco días tardaron en saber el resultado. Fueron los dos juntos a la consulta del médico

- Mi amor, para lo bueno o lo malo. Estaré siempre a tu lado, estaremos juntos. Estoy seguro que si yo hubiera sido el enfermo, tú hubieras hecho lo mismo.  No estamos casados, pero eres mi mujer. No hace falta firmar un papel para unirse, y nosotros nos unimos para siempre. Anda, dame un beso y vámonos que se nos hace tarde, fué lo que la dijo antes de salir para la consulta.

El resultado fué terrorífico. A Ricardo le pitaban los oidos y estaba a punto de marearse, aunque resisitió. Tenía que ser fuerte por ella.  El médico dulcificó todo lo que pudo ante Marita el diagnóstico, peo él entendía " entre líneas" que era muy grave.
Con el pretexto de sacarla sangre para una analítica, el médico abiertamente dijo a Ricardo

- Lo siento, no hay nada que hacer. La metástasis ha invadido el otro pecho y se está infiltrando en los huesos. Creo que será cuestión de poco tiempo. La daremos cuidados paliativos para que no sienta dolor alguno. Lo siento muchísimo; me hubiera gustado darle otro diagnóstico. . .

 


- ¿ Qué voy a decirla?
- Quiérela mucho, haced vuestra vida normal mientras podáis. Dale todos los caprichos, en fin no te separes de ella.  No sé qué decirte. Nunca nos acostumbramos a situaciones como éstas, a pesar de que las vemos con frecuencia, pero siempre es difícil.  Estudiamos para salvar vidas y nos sentimos impotentes cuando no podemos hacerlo.




miércoles, 19 de diciembre de 2012

VIVIR LA VIDA - Capítulo 5º / DEPRESIÓN


Habían pasado varios meses desde que Marita plantó a su marido.  Ella,  a pesar de todo, estaba conmocionada. En el transcurso de los días, a medida que iba asimilando su nueva situación, se daba cuenta de que se había quedado sola. Sus antiguas amigas la ponían excusas para no salir con ella, la habían dado de lado.  Se daba cuenta de que ya no era bien recibida en su círculo de amistades, dejaron de invitarla a comer, y las reuniones que solian hacer. En cambio su marido con su secretaria era bien recibido en los mismos círculos. Sorprendía a algunas de sus amistades hablando por lo bajo sobre ella, y cambiaban la conversación cada vez que se acercaba a ellos. Poco a poco dejó de frecuentar a esas falsas amistades.  Tan solo su íntima amiga Luchi, la única que conocía la verdad, había permanecido fiel a su amiga. Tenía toda su comprensión, quizá porque ella estaba sufriendo la misma infidelidad que ella, sólo que no había tenido la valentía de poner las cartas boca arriba con su marido.

Luchi fué su paño de  lágrimas.  Un día al llegar a casa de Marita, la encontró más desmejorada que de costumbre; había estado llorando, se sentía la criatura más desgraciada del mundo

-No valgo para nada, no sé hacer nada. Sólo quiero acostarme y no amanecer ¿ Qué vida ha sido la mía, cuál ha sido mi delito?  Quise a un hombre y me engañó. No tuve a su lado ninguna satisfacción, y por si fuera poco corre el infundio de que " me tuvo que dejar porque me había vuelto insoportable por la menopausia, y ni siquiera había valido para darle un hijo". . .   No es justo, no me lo merezco . . .

- Ya lo sé. Te lo advertí antes de que tomaras la decisión. He de decirte que de todas nuestras amigas, la mitad son engañadas por sus maridos. Yo misma. . . nunca te he dicho nada, pero sé que mi marido me engaña. Pero ninguna tuvimos la valentía de hacer lo que tú.  Ahora ya es tarde. . . yo no podría vivir de otra manera porque no tengo la solidez económica que tu tienes.
Angel ha subido mucho con lo de la burbuja inmobiliaria; le va muy bien y claro, el dinero es muy tentador. Ahora todos los círculos financieros los tiene abiertos de par en par.  Lo que te quiero decir, es que tu palabra no vale nada, y si,  la de él, que va a misa. . . Dan por cierto su versión de lo vuestro. . . tú serías la culpable de que él salga con su secretaria que le entiende a las mil maravillas y le hace muy feliz.  Así están las cosas . . .   Voy a darte un consejo que a mi me ha servido, si no para arreglar mi matrimonio, si para que yo viva tranquila, porque a estas alturas es lo que me importa. A mi marido que le frian un paraguas.  A cambio de " mis tragaderas", yo dispongo del dinero suficiente para mis caprichos. . . Si, si, ya lo se que no es solución, pero después de tantos años y tantas faenas, el amor ha desaparecido y ahora nos soportamos, simplemente nos soportamos

-  Pero Luchi, ¡ eso es terrible ! ¿ Cómo puedes vivir con un hombre al que no amas y dormir con él?

- ¡ Ay hija, pues eso: durmiendo, y además en camas separadas ! Ya te lo he dicho, nos soportamos.  Para poder vivir así, me he buscado un psicólogo para hacer más llevadera este tipo de vida. Tú deberías hacer lo mismo; al menos tendrías a alguien con quién hablar sin temor a que divulgase tus confidencias.  Lo que no puedes hacer es meterte en casa a llorar. Eso ni hablar, lo último.  Con que anda, levanta y arréglate y vámonos a la calle a dar una vuelta 

- Perdóname, Luchi, pero no puedo.No tengo ganas

- Pues te aguantas, Venga, venga. . .


A regañadientes Luchi consiguió arrancar a su amiga de  casa y decidieron ir, lo primero a comer. Después ya verían . . .  La llevó al restaurante más clásico de Madrid:  L'Hardy en la Carrera de San Jerónimo y allí trató de animarla y convencerla de que debería ver al psicólogo. Quizás el que ella tenía. Era muy competente y agradable. Pediría hora para una consulta

- De verdad, Luchi, ahora no. No me siento con fuerzas para contarle mis cosas a un desconocido

- ¡ Pero para eso están !. Hazme caso y verás cómo te alegras.

Y tuvo su primera consulta. El gabinete lo tenía en el Barrio de Salamanca, un barrio de postín de Madrid, en la calle de Lista.  A las once de la mañana.  Al llegar al portal se fijó en una placa de bronce en la que decía :  Ricardo Ortiz Loraque (Gabinete Psicológico- Piso 1º izda ). Entró en el portal y subió al primer piso, pulsando el timbre.  Le franqueó la entrada una asistente de más o menos su misma edad. La hizo pasar a una salita hasta que el psicólogo quedara libre para atenderla.

No tuvo que esperar mucho y fue el mismo profesional quién recibió a Marita. La presencia del psicólogo le causó buena impresión. Era alto, bien parecido y tenía una sonrisa amable que hacía perder toda clase de reticencias, muy al contrario inspiraba confianza.

- ¿Es  usted Mª del Carmen Núñez?




En un principio, ella no se dio cuenta de que a quién se refería era a ella

- Oh, perdón. Estoy acostumbrada a que me nombren por mi apelativo Marita, y casi no me acuerdo de que soy Mª del Carmen
-¡ Marita !, me gusta más. Oh Carmiña, Carmita. Cómo usted quiera que la nombre. . . Marita. Me gusta Marita
- Bien, pues ea Marita. Pase por favor

Esa fué la primera vez que se vieron, la primera vez que sus miradas se cruzaron. La primera vez que Ricardo supo que existía una mujer con un alma gemela a la suya. En su vida había entrado Marita Núñez Bernal, aunque tardaría algún tiempo en averiguarlo.

- ¿ Quiere un café o un refresco ?-  la preguntó Ricardo

- No muchas gracias. Si acaso un vaso de agua.  Estoy algo nerviosa

-¿ Está nerviosa?

- Es la primera vez que recurro a un psicólogo, es más soy muy reticente para estas cosas

- Bueno no se preocupe. Poco a poco se irá tranquilizando

El psicólogo se sentó en una silla frente a ella,  e inicio una conversación intrascendente. Deseaba tranquilizarla para que de esa manera  le confiara todo lo que la mortificaba.  Comenzó preguntándola si era de la capital. El era  de León, castellano viejo, y de esa forma la primera sesión fue una charla entre amigos.  La siguiente cita fue a la semana siguiente, peo ésta vez Marita fué más tranquila.

A la cuarta sesión, por fin, contó lo que en realidad la había llevado hasta allí: una depresión debida a la separación de su marido y el abandono de todas sus amistades.

Poco a poco fué desgranando todas sus inquietudes. Ricardo no la preguntaba nada, no tomaba notas, sólo la escuchaba.  A los dos meses desde la primera consulta él ya había conocido toda la vida de Marita. La miraba con atención , mientras ella desgranaba una tras otra todas las decepciones sufridas en su vida, pero aún no había narrado sus dificultades sexuales.  El entre líneas adivinaba su frustración y un sentimiento de lástima le invadía al ver que aquella mujer dulce y confiada, había perdido su juventud pendiente de una forma de vida y de un hombre que no la merecían..

Ella también observaba a Ricardo, preguntándose si estaría casado, o quizá tuviera novia. Era muy atractivo, y aunque no era un chiquillo, parecía  unos años más joven que ella.  Poco a poco sus encuentros semanales terminaron en amistad y un día al terminar la sesión, él la invitó a tomar algo después de salir

- Usted es la última persona por hoy. La invito a un café ¿ acepta ?

- Si, desde luego

Entraron en una cafetería y pidieron unas tortitas con café. Acomodados uno frente al otro, se olvidaron de los formalismos de la consulta y fueron simplemente unos amigos en amena charla.  Fue Marita la que empezó a tutearle

- Creo que al menos deberíamos tutearnos. Ahora todo el mundo lo hace y además no podemos decir que seamos unos desconocidos. Tú conoces toda mi vida. Le dijo riendo

- Cierto, pero eso no vale.  Las confidencias se quedan en el gabinete. Ahora somos Marita y Ricardo, unos amigos charlando tranquilamente

- Y dime, ¿ estás casado?  Oh, perdona he sido una indiscreta, no he debido hacerlo. Quizá sea una deformación. . . no me gustaría, que si lo estás, ocurriera a tu mujer lo que me pasó a mi con mi marido

- ¿ Que te tomen por mi querida?

- Eso es

-No temas. Eso no ocurrirá.  - Y Ricardo se vio contando su historia.

- Ahora la psicóloga parezco yo. Ja, ja, ja

Ricardo permanecía soltero. Había tenido una novia hacía tiempo a la que había amado profundamente, pero él vivía con su madre y ésta cayó con Alzeimer. Vivió cuatro años, horribles y difíciles, y ella no quiso compartir su sufrimiento y le abandonó, causándole gran amargura, en el momento que más necesitaba de ella.

- Pasé una temporada tremenda entre la enfermedad de mi madre y el abandono de Estrella, que así se llamaba.  Cuando mi madre murió ya era tarde para reiniciar alguna relación. No tenía ni tiempo ni ganas.  Los años pasaron y yo no tenía edad para romances

- Lo siento Ricardo. Cuando acudes en busca de ayuda, nunca imaginas que la persona  a la que se la solicitas, pueda tener tantos problemas como los que tú sientes.

-¿ La sigues amando?

- No, ya no hay nada de aquello.

Marita le cogió la mano y ambos se miraron fijamente.  Después de merendar él la acompañó hasta su domicilio y allí se despidieron hasta la próxima sesión. Estaba  más segura de sí misma y por consejo de Ricardo, comenzó a recibir clases de conducción hasta conseguir el carnet. Cuando lo tuvo, se compró un coche no muy grande, pero que con ello adquirió más libertad de movimientos.

- Ahora tienes que ir a una academia para que te enseñen a manejar un ordenador, le dijo un día

- ¿ Cómo? no, no seré capaz. Es demasiado difícil, yo ya soy muy mayor

- ¡ Mayor ! si eres muy joven. Te quedan muchas cosas por hacer, como por ejemplo un viaje

- Mira eso si me apetece,¡ pero yo sola !. . .

- Podrías hacer un crucero por el mar Egeo que es una maravilla. En el barco encontrarás a personas afines a ti, y quién sabe quizás encuentres algún novio


- Quita, quita. Estas loco  . . . a mi edad

- ¿ A tu edad?  ¿Cuantos años tienes?

- Cincuenta y dos, querido. Cincuenta y dos

- Yo cuarenta y cinco y aquí me tienes. ¿ Me ves viejo ?

- Pero es distinto. Los hombres siempre sois jóvenes

- Eso era antes. Ahora las mujeres maduras son las que tienen más partido. Las jovencitas, si salen con un hombre de mi edad van porque la cartera está abultada. Sin embargo las mujeres como tu, van porque se vuelven a enamorar o simplemente desean compañía. Se me ocurre una idea. El verano está cerca ¿ qué tal si nos hacemos un viaje los dos, en vacaciones?

Ella aceptó inmediatamente.  Estaba empezando a sentir algo especial por Ricardo. El la había transmitido seguridad en si misma y hasta le había hecho creer que era una mujer muy atractiva.  Conservaba un buen tipo, pues al no haber tenido hijos, no se había deformado. Era distinguida y tenía buen gusto y elegancia. En su cabeza la ilusión se abría paso y estaba deseando que llegara el verano para viajar con él. ¿ Se habría enamorado?  Nunca había tenido esa sensación, ni tan siquiera cuando era novia de Angel.

- Angel . . .  me hiciste mucho daño, pero ahora ya no me importa. . .  Que  te frian un paraguas-. Se acordó de Luchi, pues esa era su frase preferida

Y el verano llegó, y ambos parecían unos chiquillos preparando todo para el viaje. Decididamente Marita se había enamorado de Ricardo, pero nunca se lo diría. Embarcaron en Barcelona y siguieron el itinerario del viaje.


Como bienvenida a los pasajeros, el capitán organizó una fiesta e invitó a tres parejas que compartieran su mesa durante la cena.  Una de las parejas afortunadas, fueron ellos.

  Marita estaba radiante. Con  su traje de noche estaba hermosa. Había ido a la peluquería del barco y el peinado le hacía joven, muy joven. Se había puesto su perfume preferido.

 Flanqueó la puerta de su camarote cuando Ricardo pasó a buscarla.  El,  de esmoquin,  se la quedó mirando, serio,  pero intensamente. Ella sonriente aguardaba a que él dijera algo, pero no dijo nada. Sólo la miraba

-¿ Estoy bien ? ¿ Me encuentras algo que no te gusta?

- Toda tú me gustas. Estás radiante. Vas a ser la mujer más bonita de todo el barco

- ¡ Dios mio !, nunca nadie me había dicho un piropo así, ni mi marido siquiera. . ., bueno él menos que nadie. Eres un cielo de hombre

Ricardo tomó su mano y la besó suavemente, ofreciendola el brazo para ir al comedor.



martes, 18 de diciembre de 2012

VIVIR LA VIDA - Capítulo 3º / COMO UNA MARIONETA


 
 
Una vez instalada en el domicilio de los padres de Angel, al quedarse sola en la habitación, comenzó a rebobinar todo lo ocurrido y pensó en lo que debía hacer de ahora en adelante.  Asun se portaba maravillosamente con ella,. En esos duros momentos la abrazaba y besaba constantemente como indicándola que no estaba sola, que tenía  un novio que la adoraba y unos suegros que serían unos padres para ella. Al llegar a este punto rompió a llorar llamando a su madre y a su padre. Excepto el tiempo que pasó en el colegio en Francia, nunca se había separado de ellos, y ahora .  ya no los tendría jamás.
 
A los ocho días del sepelio, se celebró en la parroquia del barrio , el funeral por el matrimonio Núñez-Bernal.  Marita totalmente de luto, estaba flanqueada por Angel, que no la soltaba de su mano, y los padres de éste.  Acudió infinidad de gente, todos ellos de las finanzas. E incluso las monjas que habían educado a Marita y que no encontraban palabras para colsolarla. 
 
Estaba como flotando en una nube. A penas se daba cuenta de lo que ocurría a su alrededor, pero deseaba que todo aquello acabara; le era muy difícil respirar, estrechando constantemente unas manos que la daban el pésame y que no conocía. Todo era rutinario, frio, sin sentimiento de verdad : " te acompaño en el sentimiento", cuando la verdad era que la mitad de ellos estaban ansiosos por ocupar el sillón que  Alberto había dejado vacante.  Otra cosa fueron las amigas de Teresa, las que les acompañaron en la maldita excursión; ellas si lloraban con sentimiento, y desde el fondo de su alma se lo agradeció.
 
Esa noche Marita no conciliaba el sueño. Tenía un tremendo dolor de cabeza y sentia la necesidad física de acudir al cementerio y permanecer allí durante un rato. Tenía que desahogarse, llorar cuanto le apeteciera y pensar en lo que había de hacer.  Mientras desayunaban le comunicó a Asun que iría al cementerio, cosa que escandalizó a la mujer
 
- Qué disparate, ni hablar. No puedes ir todavía. Está todo muy reciente y te va a suponer un nuevo sofocón
- Pero Asun, necesito ir. Hablar con ellos aunque sé que no pueden oirme. Necesito llorar allí donde reposan y descargar todo el dolor que llevo dentro.
- Espera al menos al fin de semana cuando llegue Angel y te acompañe. Yo me perdonarás,  pero a esos sitios no puedo ir, lo siento no puedo, es superior a mi
- No Asun, te lo agradezco, pero necesito ir sola. Sin prisas y sin nadie que me aguarde para permanecer allí todo el tiempo que me pida el cuerpo.  Y a propósito, quería hablar contigo: no puedo permanecer viviendo con vosotros indefinidamente porque algún día tendré que volver a casa y cuanto más tiempo pase, será peor.  Así que he  pensado regresar esta misma tarde
- Pero ¡Marita.! . .
- Asún, en casa está Benita ( la criada), no estaré sola.. .   Sola he de estar para siempre y debo asimilarlo. . .
- Pues mira, ahora que lo dices, quizás tengas razón.  Tú sabes que Angel es muy fogoso, y me da miedo que estéis viviendo bajo el mismo techo, porque en un descuido puede perder la cabeza y. . . ya sabes . . .  Tendremos que pensar en adelantar vuestra boda para evitar "tropiezos".  Ahora vivirás sola en tu casa y en cualquier momento podéis cometer una locura
-¡ Asun ! por favor, comprende que no estoy para frivolidades ahora
- Tú posiblemente no, pero de Angel no me fío. Siempre anda entre faldas. . .
-  ¿Qué quieres decir, que cuando me dejaba en casa se iba con otras chicas?
- Claro niña, es normal. El es todo un hombre, y ya que contigo no puede,  tendrá que ir con otras mujeres. Es lo normal
 
Marita, no dijo nada. Ahora entendía las tentativas de intimar de Angel con ella y de sus ausencias al ser rechazado.
 
(En aquella época ocurría como ahora, pero con una diferencia: ahora los novios se juntan antes de casarse y en aquella época, si ocurría, corrían el riesgo de que las dejasen "plantadas", ya que los argumentos que exponían los novios, eran " si has sido capaz de acostarte conmigo, lo harás con cualquiera. Yo quiero que mi mujer sea honrada . . . "    Como si la honradez de la mujer consistiera en perder la virginidad con su novio antes de contraer matrimonio y no pensar en que corría el riesgo de un embarazo porque su amor por él la desbordaba.)
 
Marita tomó un taxi y dió la dirección del Cementerio.  No sabía el tiempo que transcurrió delante del mausoleo de sus padres. En principio lloró largo rato, después se puso a hablar con ellos como si estuvieran allí con ella
 
- Mamá, Asun quiere que nos casemos enseguida y yo no lo deseo. No tengo ganas de fiestas en estos momentos y ellos quieren que lo celebremos por todo lo alto.  No tengo ganas de celebraciones, no ahora.  A veces dudo si en realidad le amo lo suficiente como para atarme a su vida para siempre.  Me desconcierta y por lo que me cuenta Asun, es hasta mujeriego, y eso me da miedo. ¿ Qué puedo hacer?, decidme
 
Consultó su reloj y se dió cuenta de que casi era mediodía. Tendría que regresar ya,  si no quería llegar tarde a la comida. Comenzó a andar por el paseo central en donde estaba situado el lugar  donde sus padres reposaban eternamente, mirando de vez en cuando por ver si pasaba algún taxi, como así ocurrió.  Llegó justo a tiempo para comer, cuando Manuel ya había llegado a casa. Algo sobre la boda, debió adelantarle Asun, porque cuando a la sobremesa sacaron la conversación, supuso que ya se habián puesto de auerdo. 
 
- Al menos esperad a que venga Angel en el fin de semana. ¿ No os parece?
-¡ Claro, hija !, exclamó Manuel. Pero en la forma que lo dijo, pensó que ya lo habían decidido
 
 
Y llegó el fin de semana, y sin esperar a más, en cuanto estuvieron los cuatro, Asun planteó el tema boda. La única que no estaba convencida era Marita, pero se impuso el criterio de las otras tres personas
 
- Parece como si tuvieran miedo de que no me case.
 
Y no le faltaba razón. A pesar de que la familia de Angel gozaba de muy buena posición, la fortuna de Marita era superior. Pensaban que posiblemente, al haberse quedado sola, sería una buena "presa" para los oportunistas. Siendo una chica inexperta, cualquier mozalbete bien parecido que se le acercara, podía enamorarla y dejar plantado a Angel que aunque era guapo, no parecía estar muy enamorada de él.
 
Y sin tener en cuenta la opinión de la muchacha ese día quedó fijada la fecha de la boda, sería después de Semana Santa, que aquel año caia en Abril.
 
Y a pesar de sus reticencias e intenciones de aplazamiento, la boda se celebró . El enlace tuvo lugar en la parroquia, en la misma en que Marita fué bautizada. Las monjas tuvieron que darse prisa en terminar el ajuar, pues debían exponerlo en uno de los salones antes de la boda para que todas sus amistades pudieran comprobar lo rica de la dote que Marita aportaba a la boda ( sin contar con la magnífica cuenta corriente que incluia).
 
Tuvieron trescientos invitados, de los cuales solamente veinte , amigas y compañeras de colegio de Marita que ella conocía. Los otros doscientos ochenta, eran compromisos de los padres del novio.
 
La comida se celebró en un elegante salón del hotel Palace, siguiendo a continuación baile.  A media tarde Angel tomó de la mano a su ya mujer y desaparecieron del banquete.  Vivirían en casa de Marita, la que había compartido con sus padres cuando era soltera. Era un piso en una elegante calle, con más de cuatrocientos metros habitables, provisto de ricos y elegantes muebles, y tenían por vecinos a relevantes personajes de la buena sociedad, por tanto era el lugar ideal para su vida  y para su nueva posición social, que Angel pensaba escalar.
 
Angel estaba ansioso por llegar a su casa. Marita estaba muy nerviosa. Por la repentina muerte de la madre, no había recibido los consejos que el día de la boda las muchachas casaderas recibían de sus madres: de lo que ocurriría en su noche de bodas y del comportamiento que habían de seguir cuando el marido requiriese sus caricias.  Asun no la había hablado de nada, dado que al ser madre de varón, no tenía el conocimiento de cómo comportarse con la que sería su nuera.
 
Marita, con la idea de lo poco que se podía ver en el cine, se había forjado la idea de que todo sería muy romántico y bello. Que su marido la besaría, la diría lo mucho que la amaba y poco más. 
 
Cuando se quedaron a solas en el dormitorio, todo se precipitó rápidamente; nada era igual a lo imaginado. Angel tenía prisa, mucha prisa. La abrazaba y besaba bruscamente y bruscamente hizo que se despojara del vestido de desposada.  Sin apenas tiempo para reaccionar, se vió debajo de su marido y un dolor profundo en su vientre. Nadie le había advertido que el perder la virginidad causaba tan grande dolor.  Las lágrimas se le saltaron, se acordó de su madre y una tremenda decepción sintió en su interior. Junto a su rostro sentía la respiración entrecortada de su marido, pero de sus labios no salió ni una palabra cariñosa, de amor, de comnprensión hacia su mujer por los momentos que estaba viviendo. Un silencioso quejido salía de sus labios y ni siquiera hizo intento de apartar un poco a Angel que la asfixiaba bajo su peso.
 
 
 
No supo el tiempo transcurrido en el acto, pero a ella se le hizo interminable.  No era como lo había imaginado y mentalmente reprochó a su madre no la hubiera puesto en antecedentes de lo que ocurriría en esa noche tan especial en una jovencita que se casaba.  Angel se echó a un lado suspirando, pero ni tan siquiera entonces la dirigió una mirada, ni una caricia, ni una palabra que la hiciera saber que era amada por aquel hombre que se había convertido en su marido y que de repente era  un desconocido.  Ella se dió la vuelta dando la espalda a su esposo, mientras el llanto brotaba silencioso de sus ojos. La decepción sufrida por aquella que debía ser su noche más especial, la hizo sentir, que efectivamente, no estaba suficientemente enamorada para casarse.. .  ni preparada para convertirse en esposa.  No sabía absolutamente nada de cómo debía comportarse con su marido. ¿ Sumisa, obediente, callada, sin pedir nada a cambio a su marido. . .?  Exactamente, todo eso es lo que se esperaba de una mujer casada.
 
Durante la noche, fué requerida de nuevo por su marido y ella sumisa admitía todo lo que él la pedía.  El sol ya estaba alto cuando saltó de la cama incapaz de permanecer a su lado por más tiempo . Estaba triste, cuando debía estar radiante de alegría; presentía que su vida de casada iba a decepcionarla y entonces recordó lo que en su día una amiga la dijera: " el amor viene con el tiempo " . . .  Pero ella,  se suponía que estaba enamorada de Angel . . . estaba desilusionada, de eso estaba segura.
 
Angel se despertó y buscó a su mujer. Al no encontrarla se levantó y se dirigió al salón en donde Marita miraba la calle a través de los cristales,. y fué entonces cuando él la abrazó y la dijo " te quiero". La giró y la besó,  y entonces ella recobró un halo de esperanza de que todo no estaba perdido.
 

 
 
 
 
 

lunes, 17 de diciembre de 2012

VIVIR LA VIDA - Capítulo 2º / EL ACCIDENTE



El timbre del teléfono  sonaba  con fuerza en el domicilio de las familia Núñez Bernal
 
- Señora, la llaman por teléfono, anuncio la muchacha a Teresa
- ¿ No ha dicho quién es?
- Si, la madre del señorito Angel
- Enseguida me pongo. Asun ¿ cómo estáis ? ¿ Ocurre algo ?
- ¡ Hola Teresa ! Suopongo que Marita estará en casa ¿ no ?
- Si  desde hace mucho ¿ por qué ?
- Pues porque Angel aún no ha llegado, y fíjate las horas que son. . .
- Pues no sé qué decirte. Espera y pregunto a Marita a ver si ella sabe si tenía algún compromiso
 
Marita se puso al teléfono
 
- Asun, me dejó en el portal a las nueve y media, antes que ningún día. No sé a dónde puede haber ido
- Hija cualquiera sabe. Es un hombre, y ya sabes. . .  Encerrado en el cuartel. . . pues, bueno ya me entiendes. . .
- Pues no, Asun, no te entiendo. No se qué tiene que ver una cosa con otra.
- Hija mia eres muy inocente y no sabes nada de la vida. Los hombres son así. . .
- Me dejas preocupada.. . Llámame cuando llegue, por favor
- Marita, si ha ido a donde me imagino, vendrá muy tarde, así que no te llamaré. Estarás durmiendo. Anda, no te preocupes. Hasta mañana querida, que duermas bien
 
Marita se quedo pensativa tratando de entender lo que su futura suegra había querido decirla. Era una joven inocente e inexperta Nada sabía del comportamiento de su novio, pero pensaba que lo hecho era natural, puesto que a su madre no la había preocupado.  Cuando hablara con Angel le preguntaría sobre el tema
 
Pero Angel no la llamó por teléfono hastabien entrada la mañana. Quería ir a bailar un rato. Irían a la parrilla del Plaza que era un ambiente selecto, una sala no muy grande y no había aglomeraciones. Lo peor de todo es que abrían a las siete y por la hora que Marita debía estar en casa, apenas tendrían tiempo de tomarse una copa, pero esas eran las " reglas del juego". No tenía ganas de casarse, pero sí sentía atracción por Marita y hasta que no fuese su esposa no conseguiría nada de ella. Pertenecía a una familia muy religiosa, de misa los domingos y su hija había de permanecer vírgen hasta su casamiento.  A pesar de que aquello era lo natural en la época, Angel era un chico libre, le gustaban a rabiar las mujeres y las restricciones que le imponía Marita, a veces le desesperaba; claro que tampoco admitiría que su futura esposa no acudiera al matrimonio como " Dios manda", es decir: " entera", como se denominaban a las chicas vírgenes. Por mucho que le preguntó, Angel no la dió ninguna explicación del porqué llegó tan tarde aquella noche. Ignoraba que había estado en un burdel.

 
 
Noviembre había llegado con la crudeza del invierno seco y recio de Madrid.  Teresa estaba concretando con sus amigas una excursión para ese fin de semana
 
- Podíamos ir a comer a la Pérgola o a Portonovo, en la Cuesta  de lass Perdices.  Está cerca de Madrid, y comeríamos divinamente.Queréis marisco:Portonovo, y si por el contrario decidís carne, pues La Pérgola con esas patatitas en suflé tan ricas que sirven como aperitivo. Vosotros decidís
- Bueno, cuando estemos todos juntos, lo decidimos ¿te parece?, comentó la amiga con la que ultimaba los detalles
- Me parece bien.Concretamos el jueves cuando vengáis a merendar y a jugar a cartas
- Bien, pues entonces hasta el jueves. Cuídate, Teresa
- Lo mismo te digo Luisa. Hasta el jueves
 
Y llegó el fin de semana
 
- Marita ¿ a qué hora llega Angel a buscarte?
-Pues ya tenía que estar aquí
- Es que ya nos vamos y no me gusta dejarte sola en casa, máxime si  tiene que venir a buscarte Angel
- Mamá ¿ no confías en mi? Si quisiéramos hacer algo ¿ crees que no lo haríamos en cualquier otro sitio?
-Si, ya lo se, pero. . .  quién quita la ocasión quita el peligro
 
Fué en ese momento cuando sonó el tiembre de la puerta de Marita
 
- ¡ Hola !, fué el escueto saludo que se dirigieron
- Alberto, vamos que se nos hace tarde
- ¡ Hola muchacho !, saludó Alberto a Angel
- Bueno hija dame un beso que se nos ha hecho muy tarde. Tened cuidado . . ., apostilló Teresa
- Hasta luego, papá, mamá.  Marita les dió un beso y el matrimonio salió precediendo a los muchachos. Marita y Angel les vieron entrar en el coche, sin presentir que sería la última vez que les vieran.



 
 
Los cuatro coches llegaron a Puerta de Hierro y allí enfilaron la carretera de La Coruña. El pavimento no estaba en muy buenas condiciones, había como una neblina que con el frio de la cercana sierra había hecho que hubieran placas de hielo. El coche ocupado por Teresa y Alberto patinó y la velocidad que llevaban les hizo derrapar. Angel no se hacía con el automóvil y fueron a chocar violentamente contra un mojón que marcaba el kilometraje de la carretera. El golpe fué tan violento, que ambos murieron   en el acto.El coche de los amigos que les seguía, frenó en seco ante el estupor y la incomprensible situación que se había planteado.  Aparcaron a un lado de  la carretera y acudieron todos raudos a rescatar a sus amigos, pero cuando llegaron a su lado se dieron cuenta que no había nada que hacer.  La Guardia Civil tardó casi media hora en personarse.


 
 
Las mujeres abrazadas lloraban desconsoladamente y los hombres no apartaban la vista del coche siniestrado, reviviendo una y otra vez cómo habían presenciado el accidente. No terminaban de creérselo, era imposible.  Desde el coche de la Guardia Civil, los agentes transmitieron a la Comandancia el domicilio de los fallecidos para tratar de localizar a la hija.  El juez llegó y procedieron a levantar los cadáveres.
 
A las diez en punto Marita y Angel llegaron a casa de ella, no les extrañó ver en la puerta a un policía, dado que su padre había solicitado protección policial por los atentados de ETA Entraron en el ascensor y al llegar a la puerta vieron que otro agente aguardaba su llegada.  La noticia fué brutal para ella La mente se le quedó bloqueada; tenía que hacer mil preguntas, pero las palabras se negaban a salir de su boca.



 
 
El accidente ocurrió a mediodía y ya era de noche, pero como sus padres no iban a comer en casa, Angel decidió que comería Marita y él en algún  restaurante, después pasearían hasta la hora de ir a la discoteca. Y así lo hicieron.
 
El color había huido del rostro de los jóvenesy.Marita tuvo que sentarse en los escalones  para no caer desmayada al suelo.  Entraron en el domicilio acompañados por el policia; tenía que hacerles algunas preguntas e instruirles sobre la conducción de los cadáveres al Anatómico Forense.  Los oidos la pitaban, la pitaban, impidiéndola escuchar todo lo que el agente narraba a Angel. Mentalmente daba gracias a Dios por que él estuviera con ella e esos momentos  No lo habría podido soportar ella sola.  Al cabo de unos minutos Angel telefoneó a sus padres para ponerles al corriente de todo.
 
Se presentaron inmediatamente, pues su casa no estaba muy lejos de la de Marita.
 
- ¡ Dios mio, hija, qué desgracia tan terrible !, dijo Asun al llegar, al tiempo que abrazaba a Marita que no reaccionaba.
 
Quería llorar, necesitaba llorar, pero era tanta su desesperación que las lágrimas no la salían.  Una vez se hubo marchado el pòlicía, se disculpó con sus suegros y se dirigió a la habitación que había sido de sus padres.  Todo estaba tal cual ellos lo habían dejado.  Tomó  un retrato de la pareja y abrazándolo exhaló un grito y rompió a llorar desgarradoramente.  Al oirla, Angel corrió a su lado abrazándola, tratando de consolarla.
 
Asún decidió que se iría con ellos a su casa.No la dejarían sola, y dando instruc ciones a la muchacha de que preparara una maleta con ropa de Marita y sus objetos personales, se hizo cargo de la situación abandonando el domicilio llevándose a la muchacha que andaba como una autómata dejándose llevar.  No se le iba de la cabeza el rostro de sus padres.  No podría verles hasta el día siguiente en el Anatómico y de allí les trasladarían al tanatorio de la calle Galileo para poder velarles durante unas horas hasta su enterramiento.  Los padres de Angel tomaron las riendas y dispusieron todo para el sepelio. Serían enterrados en La Almudena en el panteón familiar.
 
Marita les dejaba hacer incapaz por otra parte de tomar decisiones. Nunca se había planteado unas situación semejante y no sabía cómo hacer las cosas.  Sus padres la protegieron en exceso; todo se lo daban resuelto y ahora ante una situación tan horrible, de no ser por Angel y su familia, no hubiera sabido qué hacer
 
No pudo conciliar el sueño en toda la noche a pesar de la infusión de tila que Asun la había preparado.  Fué instalada en la habitación de invitados y Asun se mostraba solícita y cariñosa, sin duda influenciada por la terrible tragedia que le había tocado vivir.
 
Acudieron al Anatómico y sólo pudo ver a sus padres durante una escasa media hora. Parecían dormidos, aunque su padre mostraba un lado morado, pero debido a la preparación de los cuerpos, no mostraban ninguna desfiguración La funeraria les recogió trasladándoles al tanatorio.  Allí permanecerían hasta el día siguiente en que serían enterrados a las diez de la mañana.
 
En los periódicos, en la radio y en la televisión se oyó la noticia del fallecimiento del matrimonio. Como ya hemos dicho, Alberto era un relevante consejero del banco, y a su sepelio acudió el mundo de las finanzas madrileñas y los muchos amigos que el matrimonio tenía, debido a su popularidad entre el círculo que frecuentaban.  La despedida de sus padres, fué desgarradora.  Su cabeza comenzaba  a despertar y se daba cuenta del terrible drama que estaba viviendo ¿ qué haría ahora, sola ?