rosafermu

rosafermu

martes, 27 de diciembre de 2011

LAWYERS- Cap. 15º - Madame Butterfly


En el Metropolitan representaban Madame Butterfly, la ópera preferida de Ann. Louis le preparaba una sorpresa

--Ann, esta vez representan tu ópera preferida. Tengo entradas para esta noche

--Pero Louis,. tenemos mucho trabajo y además no tengo tiempo de ir a la peluquería y a la ópera hay que ir muy elegante

--Tu siempre vas elegante. Anda no admito excusas. Mañana madrugamos y nos ponems al día en un pis pas.

--Que conste que no me voy hacer de rogar...

Ambos rieron y rápidamente dieron por concluido el trabajo del día.

--Pasaré a buscarte a las siete. No te retrases

--Sabes que soy puntual. Estaré preparada

A las siete en punto Louis llamó a la puerta del domicilio de Ann

--Abre soy yo.

Ann ya estaba preparada . Se había maquillado peinado y vestido para la ocasión. Louis quedó sorprendido al verla

--¡ Estás radiante !  Anda coge el bolso o lo que tengas que coger. Antes vamos a ir a cenar y no quiero que se nos haga tarde.

--Enseguida vuelvo


En escasos cinco minutos ya bajaban en el ascensor.  Llegaron al restaurante y cenaron tranquilamente, pues tenían tiempo de sobra.

--¿ Qué miras ?, preguntó Ann a Louis que al entrar en el vestíbulo del teatro giraba la cabeza a un lado ya otro

--Siempre me impresionan estos actos. Las mujeres más bellas que nunca, y nosotros más atildados que de costumbre. Me gusta, simplemente miro.

Esta vez fueron a un palco. El teatro lucía como en sus mejores galas. La luz, el lujo, la orquesta afinando los instrumentos era un ambiente conocido por ellos pero que siempre les sorprendía.  Al fin las luces se apagaron y  la orquesta comenzaba a emitir los primeros sonidos de madame Butterfly.  Era una ópera que encantaba a Ann y por muchas veces que la viera, nunca se perdía ni un sólo acorde de su hermosa partitura.

Tan absorta estaba que no se dió cuenta que Louis se había levantado sigilosamente de su asiento. En su lugar otra figura se sentó.  Ensimismado en la contemplación del rostro que de perfil seguia con interés  lo que ocurría en el escenario.  Entonces el hombre se acercó a ella y suavemente depositó un beso en su mejilla. Ella con una sonrisa apenas volvió la cabeza

--Louis, aún no viene el llanto.  Siempre  se le saltaban las lágrimas cada vez que llegaba el Coro a boca cerrada.

Esa melodía la emocionaba especialmente.  Una mano le tendió un pañuelo que ella tomó sin mirar.

El hombre estaba impciente por momentos. Sentía unos deseos irrefrenables de ab razarla, teniéndola tan ceraca y sin embargo debía esperar a que ella le descubriera. No pudo contenerse y le dijo:

--¿Soy como Pinkerton?

Ann ahora si volvió la cara rápidamente. La voz era la de ...

--¡ Robert !

Él la tomó por la nuca y la besó largamente, como para compensar todo el tiempo que habían estado separados. Ella se levantó de su asiento y retrocedieron hasta el fondo del palco. Se fundieron en un largo y apasionado abrazo. No era posible, estaba soñando.

No quería preguntar nada, no quería saber cómo la encontró aquella noche. Solamente pensba en que por fin se reunía de nuevo. No quería saber si estaba traicionando a Jenny, que nadie le dijera nada. Como la noche de la despedida no le importaba si hacía bien o mal, solamente quería estar junto al hombre que era su vida entera.

Salieron del teatro sin terminar la ópera. Una silueta sonriendo les vió partir.  Había triunfado su plan en toda regla, aunque ello supusiera perder definitivamente a Ann. Pero él ya lo sabía; disfrutaba viéndola feliz, y lo era plenamente.

Después  de que Ann llegara llorosa  después del juicio, se entrevistó con Robert y le confesó que nunca le había olvidado, simplemente quería no perturbarle y que fuera feliz con Jenny.  Robert estaba desesperado. Todo este tiempo que habían permanecido separados era un tiempo perdido inutilemente.

Louis había trazado el plan de la ópera y Robert aceptó no sin impaciencia, dos días era mucho tiempo para esperar a verla después de saber la verdad. A Louis le costó convencerle. Quería ir a verla inmediatamente, pero le dijo que era lo mejor. Dudando, Robert aceptó participar en la farsa, pero luego no habría fuerza humana de separarle de Ann.

Tenian que hablar mucho y sin embargo no les salia las palabras. Sólo se miraban . Iban cogidos de la mano y de vez en cuando Robert  la besaba en la mejilla abrazándola por el hombro.  Llegaron al apartamento  de él y se pararon. Ninguno de los dos se atrevía a decir nada. Cogiéndola por la cintura subieron los escalones que les conduciría al portal. Llamaron al ascensor y llegaron a la vivienda de Robert.  Entraron y entonces se desbordó la ternura y la pasión que habían contenido durante todo el camino.

Esa noche no durmieron, habían de recuperar los años que habían estado separados, tenían miles de cosas de las que hablar . Hablaron y rieron sin parar felices de estar juntos. No hacían planes, sólo disfrutaban del momento, de estar unidos. Les daba miedo por si algo les volvia a separar, pero no ocurrió nada y tras varios meses de convivencia decidieron unir sus vidas para siempre.

Por fin formarían una familia, tendrian un hogar en que solamete reinara la paz y la armonía.



Añadir leyenda
Se sentaban uno junto al otro y Robert la miraba como queriendo grabar su rostro y sus palabras en su cabeza para recuperar todo el tiempo que habían estado separados. Estaban cada día más enamorados y eran felices, muy felices. Se habían casado en la pequeña iglesia de Brooklyn con los amigos más íntimos: Lisa, Terry con tres niños malísimos, Louis, el juez Desmond y los padres de Ann.

Fué Santiago quién les hizo las fotografías y Teresa lloraba de alegría. Comieron en un restaurante cercano al despacho de Ann y era ya de noche cuando terminaron la fiesta.

Una noche  Robert, que había terminado temprano en la fiscalía, había preparado una cena especial para Ann. Llevaba unos días que no se encontraba muy bien.  " Es el trabajo", decía ella, así que pensó  darle esa sorpresa. La compró unas rosas, sus preferidas y puso la mesa de gala, con velas . Descorchó una botella de vino y revisó que todo estuviera a punto para cuando ella llegase.

Ann metió la llave en la cerradura y entró en su casa

--Ya he llegado, vida.  Ese era el saludo de cada día

Se quedó  asombrada al ver todo lo que le había preparado su marido.

--¡ Mi amor ! eres genial y por eso te quiero tanto,tanto,tanto. Le beso en los labios y de una ligera patada se quitó los zapatos

--Hay Dios mio. Estos tacones me van a matar

--Siéntate, descansa. Voy a echar un vaso de vino

--Para mi no ,mi amor. Lo siento pero es que el estómago no lo tengo muy bien, lo siento

--Ann no tiene importancia. Debes ir al médico llevas muchos días así. No pueden ser nervios. Cuídate mi vida.

--Ven siéntate a mi lado.

Robert obedeció y la besó suavemente.

--Yo también tengo mi sorpresa par ti

--¿ Cuál?, pregutó Robert

--¿Me vas  querer igual cuando esté gorda, con las piernas hinchadas, vomitando constantemente y con unas manias insoportables? ¿ Me querrás igual?

--¿Quieres decir que ...?

--Si , estoy embarazada. Vamos a ser padres.

Un Robert emocionado, nervioso no sabía qué decir, no sabía si abrazarla o no para no hacerle daño. Fué ella la que le pidió que la abrazara fuertemente. El terrible y frio fiscal, estaba con los ojos llenos de lágrimas y abrazaba a su mujer dándole las gracias.


Añadir leyenda


El embarazo transcurría normalmente.Pasados los tres meses habían cesado las náuseas, pero los había reemplazado los antojos.  Con la mayor de las paciencias Robert satisfacía todos los caprichos que su mujer sentía, y muy al contrario se sentía feliz de poder proporcionarle todo cuanto ella deseaba. De vez en cuando a lo largo del día acariciaba el vientre de Ann para transmitir a su hijito el infinito amor que sentía por ellos.

Ann había engordado como es lógico, pero estaba más bonita. La felicidad y la tranquilidad de tener a su lado al hombre que lo era todo para ella, le daban una alegría a los ojos y al rostro que lo iluminaban.



En sus rutinarias visitas mensuales al ginecólogo siempre la acompañaba, no la dejaba sola en ningún moment.o Todavía tenía la sensación de que si la dejaba sola la perdería.

Por fin llegó el tan esperado día del nacimiento de Stella, pues era niña y la llamaría así. El parto fué normal, sin complicaciones .  La primera vez que tomó entre sus brazos  a su hijta, Robert se sintió el hombre más feliz de la tierra. Tenía cuanto quería una mujer por la que daba la vida y una hija preciosa fruto de ese amor  tan deseado durante tanto tiempo.  Ya en la habitación los tres juntos, a solas, la miraban con emoción. Su amor se había sellado con aquel montoncito de carne sonrosada y tierna, preciosa,  que lloriqueaba buscando el pecho de su madre para poder comer.  Apretándol acontra si, Anna la besaba costantemente como para crerse que era cierto, estaba ya en el mundo, Robert a su lado  era inmensamente feliz.  Todo, absolutamente todo lo pasado había merecido la pena. Nada ni nadie les separaría nunca.


Stella
F    I    N

LAWYERS- Cap. 14º - De vuelta al principio



Louis entró en el juzgado para resolver un trámite sobre el impago de unas multas de tráfico de un emigrante.  Estaba resolviendo el papeleo. La secretaría le nombró para completar algo que había omitido en el papel. Robert iba a entrar en su despacho al tiempo que escuchó su nombre. Se paró en seco y observó a Louis.  Esperó a que terminara con su tarea, y una vez concluida la tramitación se acerc ó a él, se presentó y le pidió entrara un momento en su despacho.

--Siéntese por favor. ¿ Desea beber algo: café, agua o cualquier otra cosa, que no sea alcohol, claro.

--Un café estará bien, gracias.  Me tiene intrigado. Que yo sepa no he cometido ninguna infracción.

--No, no se preoc upe, es algo personal.  ¿Es usted familiar del director del despacho que lleva su mismo apellido?

--Si, claro el director es mi padre ¿ por qué?

--Compruebo que ahora no trabaja para ese despacho . ¿Ha tra bajado alguna vez en él?

--Si hasta hace muy poco tiempo en que decidí dar nuevo rumbo a mi profesión. No sin una buena bronca, claro

--¿ Ha conocido a Ann Kilmore?

--¿A Ann? claro que si. No sólo la conozco desde hace tiempo, sino que es mi compañera

--¿Su compañera?

--Si, la quiero mucho. Es un ser especial.

Robert interpreto "mi compañera" como que se había unido a ella, no que trab ajaran juntos, por lo que guardó silencio.  Ahora todo tenía sentido.

--¿Por qué lo pregunta?

--En un tiempo trabajamos en un caso y hace tiempo que no se la ve por aquí.  Es todo lo que se le ocurrió decir.

Apuraron su café y ninguno de los dos hizo más comentarios. Se estrecharon la mano y Louis se despidió de Robert.  Este se hizo el propósito de no indagar más. Si se había unido a aquel hombre seguro que le había olvidado y hasta sería feliz. No se mezclaría en su vida.  Louis antes de salir del juzgado, ya se había olvidado del tema.

En el despacho social, se recibió la notificación del juicio para dentro de una semana. Ann lo tenía todo preparado,  pues por su experiencia había calculado el tiempo que tardaría en celebrarse.

La mañana del juicio fué para ella una mañana normal. Ya no se ponía nerviosa cuando tenía que aisitir a alguno, pero le preocupaba  Hilda, pues segun la ley, el administrdor estaba en todo su derecho en echarla a la calle.

Después de acreditarse entró en la sala y se dispuso a preparar la documentación. Había llegado con tiempo suficiente, pero Hilda no llegaba y el administrador estaba al otro lado del escritorio, junto al asiento del fiscal.

Hilda entró corriendo

--Discúlpeme señorita, se me ha hecho tarde porque los niños estaban hoy un poco guerreros.  Miró hacia un lado y vió al administrador

--No se preocupe Hila, no le mire si le pone nerviosa. Tranquilícese, haré todo lo posible porque salga sin desahucio.

Poco a poco la sala se empezó a llenar de gente del barrio. Querian volver a presenciar una reproducción del juicio de Santiago, y hasta éste se personó para darle un abrazo.  Hacía mucho que no se veían, pero el agradecimiento del hombre siempre estaba de manifiesto.

Con pasos firmes y sonoros llegó el fiscal. Ann estab a repasando los últimos papeles, pero algo le hizo levantar la vista y entonces vió la mirada de Robert clavada en ella.

--¡ Dios mio ! tú...

--Hola Ann ¿ cómo estás?

El saludo fué frio, contenido, y al mismo tiempo emocionado por parte de los dos

--Otra vez frente a frente. Esta vez estoy preparado, ahora te conozco más que entonces.

Ann no podía articular palabra. Después de tanto tiempo estaban allí frente a frente hablando de trabajo. No se estrecharon la mano, no hicieron ninguna señal que se interpretara como afecto.  Entonces Ann si se puso nerviosa y supo que el "duelo" iba a ser duro, muy duro.  Sus pesamientos fueron cortados por la voz del ugier anunciando la entrada del juez en la sala.

De nuevo la escena se repetía. Antes no se conocían, ahora quizás demasiado. En la mirada de Robert había frialdad y dureza: volvía a ser el fiscal implacable de antaño y ella estaba en desventaja y además nerviosa.



El juicio fué mal para Hilda como era de preveer lo que deshizo en llanto a la pobre mujer. Pero Ann se acercó al estrado para hablar con el juez, lo que hizo que Robert también lo hiciera.  Iban a estar muy cerca el uno del otro, pero en ese momento estaban actuando como profesionales y ni siquiera se miraron

--Señoría apelaré

--¡ Siempre hace lo mismo ! replicó Robert

--Y no me va tan mal ¿no cree?  contestó Ann haciendo referencia  al primer juicio que les enfrentó

--Señoría ¿puedo hablar con usted? le explicaré el porqué de mi decisión. Sé que es difícil pero quiero plantear alguna solución. Se trata de una pobre mujer viuda y con hijos. Es algo extremo créame.

--Está bien, pasen a mi despcho.

Robert cedió el paso a Ann y ella sabía que la mirada de él estaba puesta en su espalda. El pulso se le aceleraba, Robert al contrario estaba impasible, como si no la conociera. Tenía una frialdad que ella desconocía

Ann explicó a los dos hombres lo que le había hecho hacerse cargo del caso, a pesar de que sabía de antemano que posiblemente perdería. Ambos la escuchaban con atención y ambos comprendían  lo que motivaba que Ann insistiera, pero la ley estaba de parte del administrador. Al fin el juez cedió a la apelación compadecido de la situación de Hilda, pero la advirtió que sería justo y no se dejaría influenciar por tan penosa situación.  Les volvió a citar para la semana siguiente, dado que era un caso tan sumamente claro.

Ann iba a tramitar todo lo concerniente al caso. Robert la detuvo por un brazo y le dijo:

--¿Podemos hablar un momento?

--Si, claro cuando quieras

--Ahora, quiero ahora.  Y la llevó hasta una sala habilitada para testigos que en ese momento estaba vacía.

--Sabes que por mucha pena que me de tengo que ejercer de malo de la película. No tienes resquicio, no es como la otra vez. Ahora las pruebas están en tu contra ¿lo sabes?

--Claro que lo se, pero tengo que agotarlo todo. Ya se me ocurrirá algo.

Ella le miraba a los ojos esperando alguna palabra que le hiciera averiguar que aún la amaba, o que la había olvidado, o que se había unido a Jenny y que tenían algún hijo. Pero nada de eso Robert dejaba traslucir. Estaba hermético, frio, pensando que ella ya había unido su vida a Louis.  Le dolía verla y mantenerse frio y distante, cuando en realidad se moría por poder abrazarla y pregutarle  por qué se había comportado de esa forma, desapareciendo sin siquiera saber lo que había ocurrido entre Jenny y él.

La vida les había vuelto a unir, pero estaban a mil años luz de una aproximación.  De nuevo se repetía la historia, pero esta vez sin ninguna posibilidad de reconciliación.

Robert se dirigió a su despacho con el regusto amargo del encuentro y Ann salió todo lo deprisa que pudo para alejarse de allí.  Se introdujo en el coche y sin poder contenerse comenzó a llorar desconsoladamente.  No supo el tiempo que permaneció así, hasta que un golpe en el cristal de la ventanilla interrumpió sus sollozos.  Era una agente de la policia que la preguntaba si la ocurría algo.

--No, no agente. No me ocurre nada, sólo son los nervios que me han traicionado. Ya me voy, gracias.

Llegó desconsolada al despacho y Louis dejó lo que estaba haciendo para atenderla.  Estaba temblorosa y con los ojos rojos del llanto. Él se asustó

--¿Qué te ha ocurrido?

--Era el fiscal, estaba allí. Hermético, frio, distante. Ni una sola palabra afectuosa, como si hiciera un minuto que termináramos de vernos. ¡ Nunca lo hubiera imaginado !. . . o si. Ha pasado tanto tiempo que debí pensar que organizaría su vida. llevaban cuatro años juntos y es lógico que sigan unidos

--¿Me quieres decir de qué hablas, que ha sucedido?

--Robert es el fiscal. Nos hemos encontrado en el juicio y ha sido muy difícil mantener la calma y ser profesional y no la enamorada que ve a su amado después de una eternidad

--¿Robert es el fiscal? ¡ Vaya !. . . Con razón me hacía tantas preguntas referente a ti

--¿De qué hablas ?

--El otro día cuando fuí a lo de las multas, escuchó mi nombre y me hizo todo un interrogatorio, pero me dijo que habíais trabajado en un juicio y que hacía tiempo que no sabía de ti. Y eso fué todo.

--Es cierto, trabajamos juntos en el caso de Santiago, y tiempo después empezamos a salir. En fin ya lo sabes.

--Pero no entiendo...si te ha olvidado ¿ por qué esas preguntas?  Los dos sois bastante raros.





El juicio de apelación se celebró en tiempo y hora estipulado por el juez. De nuevo Ann y Robert se enfrentaron, pero ya  iban prevenidos y sabian a lo que se enfrentaban.

Ann expuso su alegación después de la de Robert y entonces, al igual que con Santiago, se le ocurrió algo que sacara a Hilda del embrollo.

--Señoría de acuerdo con la ley tiene que dejar su hogar, pero el sr. Peck no sacaría nada en claro, se quedaría con un apartamento vacio y un montón de dólares sin abonar,. Claramente Hilda tendrá que salir de su casa, pero él también sale perdiendo.  ¿Por qué no hallar una solución que beneficie a ambos?

--Le ruego sea breve señorita. ¿Qué propone?

--Lo que propongo es que Hila trabaje en mi despacho haciendo labores, no sé... ir a correos, hacer algún recado, por ejemplo. Con ese sueldo que gane lo destinaría a ir cancelando su débito y con el empleo en la cafetería podrían vivir ella y sus hijos. Sólo pido al sr, Peck un plazo hasta la amortización de la deuda. Con el sueldo de la cafetería abonaría el recibo corriente y con el resto vivirían.

El juez se retiró a estudiar la proposición. Ambos abogados se retiraron a una sala . Robert llevó dos vasos de café: uno para Ann y otro para él.  En su rostro había una sonrisa

--De nuevo te sales con la tuya...Pero no creas que te lo reprocho aunque vaya en mi contra,  aplaudo ese entusiasmo por ayudar a la gente

--Gracias, me alegro que lo veas bien. Tu papel es muy difícil: piensas de una forma y tienes que actuar de otra

--Estoy acostumbrado ¿no crees? La vida me ha dado esa experiencia. Tu ya la conoces

--Vuelvan a la sala. El juez va a entrar, anunció un ordenanza

Puestos en pie ambos abogados escucharon de boca del juez que había sido aceptada la proposición de Ann. Ella respiró aliviada y Robert se acercó a darle la enhorabuena con un apretón de manos que ésta vez si fué afectuoso. Retuvieron las manos durante unos momentos mirándose fijamente como si quisieran decirse todo lo que sentían en su interior, pero ninguno de los dos dijo nada. Ann, solamente "gracias", y ambos salieron de la sala.

LAWYERS - Cap. 13º - La vuelta




Pasaba el tiempo. Robert se había convertido en un juez de mucho prestigio, pero él no estaba satisfecho con su vida actual. Se aburría mortalmente y notaba que había tomado el camino equivocado. Había subido en la escala profesional, pero echaba de menos el dinamismo de la fiscalía. Se encontraba más a gusto,era más él , siendo fiscal que como juez.  Buscando distracción salía con mujeres especializadas en hacer compañía a los solitarios como él, en que solamente necesitaba un poco de conversación, a alguien con quién compartir un par de horas de soledad.

Una mañana al despertarse, vió a su lado a una chica que a pesar de conocerla, era una extraña para él y pensó en dar un cambio de rumbo a su vida:  pediría el reingreso en la fiscalía de su distrito. No ambicionaba más que desarrollar su trabajo y hallar la paz que no lograba en su vida.  Dió un beso en la frente a la muchacha que dormía y salió del hotel en el que habían pasado la noche.

Hacía tiempo que de vez en cuando la llamaba por teléfono, cada vez que la soledad se le hacía insoportable. ¿Qué había hecho de su vida?  Pensaba todo esto mientras en el coche se dirigía a la judicatura para presentar su renuncia y solicitar el reingreso en la fiscalía.

Gracias a la buena reputación adquirida tanto en una plaza como  en otra, no tuvo grandes impedimentos, aunque trataron de disuadirle, pero no lo lograron. Al cabo de varios días de trámites, volvió a entrar con su portfolios en su juzgado, como si solamente hiciera media hora que faltaba.  Se sintió contento de volver; se paró en el vestíbulo unos momentos y recorrió satisfecho la mirada por el entorno. Múltiples de recuerdos se agolparon en su cabeza.  Se dirigió al despacho del juez que le correspondía y vió que no era el mismo que ocupara Desmond, ya jubilado, pero daba igual estaba allí de donde nunca debió salir.




Ann había conseguido a   través del tiempo, tener una buena amistad con Louis Hutchinsons. Él estaba loco por ella, pero sabía que se tenía que conformar con ser un buen amigo, y no pedía más que ganar su confianza y ayudarla a salir de la melancolía que de vez en cuando la acometía. Además de estar enamorado, la quería entrañablemente, pues en un día en que Ann estaba deprimida, ésta le hizo confidente del porqué no podía volver a enamorarse de otro hombre que no fuera Robert. El admitió que no podía hacer nada y le ofreció su amistad y su hombro cada vez que ella quisiera llorar.

Su amistad llegó a ser, con sus altibajos, sincera por parte de ambos. Los dos trabajaban en  los mismos casos, pues el despacho se había expandido y llevaban además casos financieros que les proporcionaron pingües beneficios y una alta estima como abogados tanto a Ann como a Louis.  Había ganado dinero y en aburrimiento.  Los casos eran complicados, pero como el dinero no era obstáculo, siempre se resolvían con bastante facilidad.  Viajabn con  frecuencia a distintas ciudades y a distintos paises. Solamente c onocían los hoteles y los despachos de los magnates que llevaban, y ésto no le satisfacía en absoluto.

Había confiado a Louis el pensamiento de dejar el bufete y volver a ejercer en un barrio más humilde en el que ayudar a las gentes más pobres y eso la llenaba de satisfacción, muy al contrario que ahora en que el perder o ganar un caso,  no repercutía en la vida de sus clientes.

Sentados ante una taza de café Louis escuchaba las confesiones de  Ann, sopesando cada palabra que ella le confiaba. Al término de la exposición, se incorporó y mirándola, le dijo:

--Hagamóslo

--¿Cómo? yo hablo de mí. Hablo de coger un localcito pequeño y atender tanto a multas de tráfico como juicios difíciles.  Tú eres un socio importnte de Hutchinsons, además del heredero de la firma, no puedes abandonar.

--¡Ya lo creo que puedo! Me aburro soberanamente, me canso de viajar. Hay veces que no sé en qué lugar de la tierra estoy. Además formamos un equipo, y según tu dices la gente te agradece lo que haces por ello. Aunque termines por las noches reventado de trabajar, sabes que tu día no está vacia. Se enriquece tu vida. Hagámoslo.

--Ann reia al comprobar que su idea no era tan descabellada como pensaba y ambos se abrazaron y empezaron a bailar por la habitación, dando pequeños saltitos.

Sin demorar más su proyecto, presentó la dimisión ante Hutchinsons padre que no disimuló su disgusto, pero había tomado la decisión y era irrevocable.

--Y eso que no sabe que detrás de mi, va Louis, pensó como así ocurrió.

Como dos chiquillos que estuvieran ate un juguete nuevo, ambos jóvenes se trasladaron a Brooklyn a donde Walter montó su despacho.  Ahora el local era una tienda de fotografías, lo que le produjo una gran pena a Ann...

--Aquí fuí feliz, me sentía últil y ocurrieron cosas que cambiaron mi vida, de los que ya te he hablado.

Ann quedó pensativa delante de la fachada. Al verla triste, Louis le dijo

--Pero bueno, habrá otros locales aquí mismo. Vayamos a dar una vuelta y lo comprobaremos.

Y lo comprobaron y encontrron uno de semejantes características, lo que les entusiasmó.

Sin perder ni un solo minuto se dirigieron a la agencia, lo adquirieron y contrataron a la empresa que había de efectuar algunas reformas y pintarlo.  A continuación con las llaves en la mano entraron por primera vez en el local ,ahora de ellos, con una emoción que hacía mucho tiempo  no habían sentido. Estaban ansiosos por comenzar su trabjo

--Pondremos una placa modesta en la puerta. Sin ostentaciones, pues de lo contrario ahuyentaríamos a nuestros posibles clientes al pensar que les íbamos a cobrar un "riñón".  La oficina, simple, un escritorio normal y unas sillas, un archivador, etc. etc.  Estaba loca de contenta, y su entusiasmo contagiaba a Louis ante una experiencia que nunca había vivido.

Con un día tan intenso se les habían ido las horas sin darse cuenta y decidieron ir a comer algo cerca del local. Tenían que ambientarse, convivir con sus vecinos y olvidarse de los buenos restaurantes  sólo para cuando salieran alguna noche. Entraron en una modesta cafetería y comieron una hamburguesa cada uno, riendo ante la nueva experiencia.  Cuado terminaron Louis la acompañó hasta su domicilio y se despidieron con un beso en la mejilla.

--Hasta mañana, socio

--Hasta mañana, socia. Descansa todo lo que puedas, Tenemos mucho trabajo por delante.

 Esa noche  Ann pudo conciliar el sueño durante varias horas. Se despertó temprano y contenta: había recobrado su vida, la que ella quería.  Se duchó rápido y rápidamente se vistió con unos vaqueros una camiseta y cogió una chaqueta también vaquera. Esperó a que la bocina del coche de Louis la llamara para emprender el trabajo.  Llamaron a la puerta y ante un jovial Louis, no pudo por menos de echarse a reir cuando él le relato "su aventura"

--¡ He venido en metro ! por primera vez en mi vida he tomado el metro. Tenía que ambientarme y no lo iba hacer con un coche deportivo, no aquí. Chocaría demasiado.

--Anda pasa. Nos da tiempo todavía de tomar un café

--¡¡¡He venido en metro !!! Si mi padre me viera diría que estoy loco y posiblemente le diera la razón.

Ambos rieron. Eran felices. Por primera vez en mucho tiempo lo eran. Empezaban una nueva vida






Ann expuso a Louis que pensaba personarse en la iglesia y hablar con el párroco a fin de ofrecer sus servicios a la Comunidad. De esta forma sabrían que se había abierto un despacho de abogados, baratos, que les ayudarían en cualquier trámite que tuvieran que realizar.  Al párroco le alegró esa noticia.

La población del barrio era en su mayoría de emigrantes latinos y americanos de color, con lo que se dedu- cía que su poder adquisitivo era bajo. Ann le puso en antecedentes de su primer trab ajo,  que no le era ajena dicha situación. Mencionó de pasada el juicio de Santiago.  Ese caso era muy recordado entre sus feligreses. Gracias a la indemnización lograda por ella, Santiago montó un negocio, justo en el local en que Walter Schiller tenía su despacho

--¡ No me lo puedo creer, es de Santiago !, exclamó Ann

De golpe le vino el recuerdo del juicio y la expresión incrédula de Robert al comprobar que le había ganado .  Ahí empezó todo, aunque algún tiempo después.

El primer juicio que tuvieron fué un deshaucio por falta de pago de la vivienda.  Louis escuchaba al administrador de la finca y a la inquilina.  Una mujer viuda con tres pequeños hijos a los que mantener

Intentó frenar la demanda, pero ya estaba cursada y el hombre estaba tozudo; no daba su brazo a torcer y seguiría con el juicio adelante.  Louis tenía que acudir al juzgado, por lo que delegó en Ann la atención de aquel caso.  La mujer tenía un niño muy pequeño que dejaba en la guardería de la parroquia y a los otros dos los llevaba a la escuela que regentaba el párroco. De esa manera ella podía atender su trabajo en una cafetería; el sueldo era bajo y el pequeño había esta enfermo por lo que su salario se le había ido entre el médico y las medicinas.

A Ann se le partía el corazón al escuchar tantas dificultades y recordó lo distinto que había sido su anterior trabajo en que el dinero corría a raudales.  En vista de que el administrador no cedía dijo:

--Muy bien iremos a juicio.

La mujer se ec hó a llorar ante la perspectiva de declarar ante un juez. Les tenía miedo, a lo que Ann la consoló

--Hilda, son humanos. Tienen conciencia, verá que todo sale bien.

El administrador salió del despacho y Ann cogió su bolso y sacó de su monedero un billete que entregó a la mujer

--Tenga Hilda, compre alguna chuchería a sus hijos

--No, señorita, no puedo aceptarlo

--Cójalo. Lo apuntaré en su minuta, no se preocupe.


Cuando Louis llegó del juzgado le puso en antecedente de lo ocurrido con la entrevista del administrador e Hilda

--Tenemos que ganar este juicio Louis, es un caso de humanidad. Me pondré ahora mismo con el expediente para presentarlo cuanto antes. El administrador hace días que presentó la demanda y el deshaucio está por llegar.

Como en su día hizo con el juicio de Santiago, trabajó durante toda la noche para presentar al día siguiente la contrademanda y parar la expulsión del hogar de Hilda y sus hijtos.  Louis estuvo trabajando con ella hasta altas horas de la madrugada, en que rendido se durmió en el sofá.  Ann continuó sola hasta terminar el documento.




lunes, 26 de diciembre de 2011

LAWYERS- Cap. 12º - Reencuentro


-- Y bien ¿qué te trae por aquí?  Espero que no sea un tema judicial

--¡ Noo !  Simplemente estaré dos días en Nueva York y como hace tiempo que no nos vemos, he pensado que quizás me invitarías a comer y charláramos de cosas intrascendentes.  La última vez que nos vimos fué muy desagradab le.  Me ofrecistes tu amistad y vengo a por ella.

--Estupendo. No sabes cuánto me agrada oirte decir eso.  Claro que te invito a comer y a cenar...

--Pero no a desayunar ¿verdad?

--Jenny, creo que te lo dejé muy claro...

--Pero estás solo y yo estoy sola. Somos libres ¿qué de malo hay que volvamos a recordar buenos tiempos?Yo sé que no será como antes, que no represento nada más que una buena amiga, pero podríamos divertirnos juntos.

-- Lo siento, Jenny. A comer y a nada más ¿vale?  Además ahora tengo una reputación que mantener. No, no estaría bien, más por ti que por mi.  Lo pasado, pasado está Jenny. Conservemos nuestra amistad

--Está bien, conservemos la amistad. ¿ A qué hora sales?

--A las doce estoy libre. Me esperas en la cafetería de al lado del juzgado. Termino de revisar este expediente y paso a por ti.

--De acuerdo, allí te espero.

Jenny pidió un  Martini y esperó paciente a que llegara Robert.

--¡ Qué pena!, pensó al comprobar que los planes que se había forjado con Robert habian fracasado

Pasaban las doce cuando Robert entró en la cafetería. Se sentó al lado de Jenny y pidió una cerveza para acompañarla en su Martini



-- Y bien ¿vamos a comer aquí?

--Por supuesto que no. Iremos a uno más elegante. Te mereces algo más que una cafetería

Ambos rieron y empezaron a charlar de sus respectivos trabajos. Ella extrañada de que no estuviera con la mujer por la que habían roto, le preguntó el motivo

Robert se puso serio y contestó a su pregunta

--Te dije que posiblemente me rechazaría. Pues ni siquiera la volví a ver. La última vez fué el 31 de Diciembre; desaparaceió y ni siquiera sé dónde para.

--Entonces nuestra rotura ´¿ no sirvió de nada?

--Si, sirvió para ser leal contigo. Yo sabía que sería difícil que ella admitiese una relación a costa de otra. Contaba con ello, pero creí que debías saberlo.

Jenny tomó la mano de él y pasó su otra mano por la mejilla  a modo de caricia comprensiva.

Se dirigieron al restaurante eligieron el menú y siguieron hablando de sus cosas. La charla era de dos buenos amigos conocedores a fondo de la forma de ser de cada uno. Hablaban con libertad `pues los años de convivencia hicieron que conocieran perfectamete la forma de pensar . Habían conseguido una amistad entrañable, lo que tranquilizó a Robert, pues no en vano había convivido durante mucho tiempo con ella. La sobremesa se prolongó. Cuando anochecía Robert la dejó en el hotel quedando en que al día siguiente la recogería para pasar el día recorriendo la ciudad. Estaba a gusto el uno con el otro. Seguro que habrían de pasarlo bien.



Cuando se reunieron al día siguiente, decidieron hacer algo de turismo, pues a pesar de vivir en Nueva York había lugares que  habían visitado muy poco o quizás nada.  Jenny por su trabajo posiblemente conociese mejor el extranjero que su propia ciudad y a Robert no le apetecía visitar lugares que estaban atestados de gente.  Fué Jenny la que eligió ir a la estatua de La Libertad y allí fueron.  Pasaron toda la mañana y ya por la noche se dirigieron al hotel de Jenny. Partía temprano a la mañana siguiente.  Ella con  la mirada le invitaba a subir a la habitación y él cedió

--Jenny, sabes que no representa nada, que no volveré contigo. ¿Lo sabes?

--Claro que lo se, simplemente nos divertimos. Sin ataduras de ningún tipo. Lo sé

Subieron a la habitación de ella. El se sentía mal. Por un lado sentía la necesidad de acostarse con ella, pero al mismo tiempo le daba miedo que creyera que iban a volver. Y luego... estaba Ann. Por mucho que se empeñara no podía olvidarla.



Fué un encuentro sexual por parte de los dos. No hubo pasión ni amor en el acto.  A las seis de la mañana Robert se levantó, se vistió y escribió una nota que depositó  en el lugar que había ocupado en la almohada.
Era una nota cariñosa, simplemente a modo de saludo.  Salió y lentamente se dirigó a su casa. 

El encuentro con Jenny había sido una sopresa puesto que no esperaba volver a verla, le había tranquilizado la conciencia al comprobar que ella seguía su vida adelante, su encuentro sexual lo olvidó al poco rato  No había significado absolutamente nada para él.

LAWYERS - Cap.11º - Rotura

Jenny

Robert se quedó dormido esperando a Jenny. Se despertó con un sobresalto al entrar ella en la habitación , en tromba.  Se tumbó a su lado en la cama besándole y abrazándole. Hacía días que no se veian. A Robert iba a serle muy difícil plantearle lo que le había llevado hasta alli.

--¡ Dios mio, qué ganas tenía de verte!.

Le besaba una y otra vez y Robert correspondía friamente a sus caricias. Ella pareció no percatarse. Con suavidad él la apartó y mirándola fijamente, le dijo.

--Jenny, basta por favor. Hemos quedado en que teníamos que hablar, es urgente

Ella se daba cuenta, aunque nada dejaba entrever, que algo no marchaba bien. Quería dilatar al máximo esa conversación; algo la decía que esa charla iba a suponerle un disgusto serio.

--Mi amor, después de tanto tiempo sin vernos¿ solamente vamos a hablar? Por favor, ya lo haremos más tarde. Ahora hay otras prioridadades.

Robert saltó de la cama impaciente. Sabía lo que vendría después y no le apetecía, no sería congruente con lo que iba aplantear. Después de muchos razonamientos, consiguió convencerla de que debían hablar cuanto antes.  Se sentaron uno frente al otro y Robert comenzó el relato desde el principio de su relación con Ann, para que ella tuviese claro de qué tipo de relación se trataba.

Jenny prestaba la máxima atenc ión, pero a medida que iba avanzando la conversación tenía más miedo a lo que la diría finalmente.  Quizás la culpa era de ella por dejarle tanto tiempo solo, pero él sabía el tipo de trabajo que tenía y que era asi.  No obstante las últimas palabras se le grabaron como un puñal:

--Lo siento Jenny, tenemos que dejar lo nuestro.  Te tengo cariño, pero no es suficiente para una convivencia.  Entre nosotros, al menos por mi parte, ya no existe amor, estoy enamorado, siempre lo he estado, de otra mujer. No quiero hacerte daño, pero esa es la realidad.

Jenny se levantó de la silla y comenzó a pasear por la estancia, pensando la respuesta que debía darle, tratando de aplacar la furia que sentía.  No era posible que se terminara así. Era una relación de casi cuatro años. Es cierto que en algunas ocasiones le había notado algo frio, pero siempre había respondido a su amor.  Fué ella la que le animó a que hiciera las oposiciones a juez, era ella la que más amor ponía en la relación, pero indudablemente no era suficiente.  Tragó saliva y conteniendo su rabia, le dijo:

--¿Y ya está? ¿así de fácil?, pues qué bien. Conoces a una mujer que te abandona, te rompe el corazón. Yo recojo los pedazos los recompongo de nuevo y cuando ella se presenta otra vez, decides que lo nuestro no puede ser y que te vas con ella ¿no es así?

--No, no es así. Ella no se ha presentado. Nos sencontramos por casualidad, y si, la llama se volvió a encender, pero fué ella misma la que volvió a rechazarme porque tú estabas por medio. No es culpa de nadie, los sentimientos son como son. Sé que es difícil de entender, pero no puedo acostarme contigo y estar pensando en otra mientras te hago el amor. No sería justo ni para ti, ni para ella ni para mi.  Siento que lo interpretes como una infidelidad, pero no es cierto. En todo este tiempo no nos hemos vuelto a ver

--Te acostastes con ella ¿verdad?

--¿A qué viene eso ahora?

--La estás protegiendo, la disculpas cuando en realidad ha sido ella la que ha roto nuestra vida. Por favor, empecemos de nuevo. Volveré a enamorarte, dejaré el trabajo, me consagraré a ti en exclusiva. Es hora de tener un hijo, tengámoslo.

--Por favor Jenny, no lo hagas más difícil. No has entendido nada. te quiero como a una hermana, pero no te amo como mujer. Sin amor lo nuestro no funcionará. Se necesitan dos personas para el amor, con una sola que ame no es suficiente.  No lo hagas más doloroso; aunque no  creas, me produce dolor esta conversación.  En cierto modo hemos sido felices, pero ya acabó nuestro tiempo

--Estás decidido ¿verdad?. No sirve de nada el haberte dedicado estos años, el haberte dado todo mi amor.¿ Acaso no soy bonita?


--Por favor, sabes que no es ese el problema. Eres preciosa, tienes todo lo necesario para enamorar a cualquier hombre, sólo que mi corazón hace tiempo que estaba ocupado. Lo nuestro sólo fué una tregua. Yo mismo cuando nos encontramos la rec riminé lo que hizo, pero cuando me explicó el porqué, comprendí  sus motivos, y entonces la llama se avivó de nuevo. Siento haberte hec ho tanto daño, no te lo mereces, pero no puedo seguir ocultándotelo por más tiempo

--¿Pero cuánto tiempo hace que sales con ella?

--No salgo con ella, te repito que fué ella la que me rechazó para protegerte. Hace meses que no nos hemos vuelto a ver. No sé como convencerte que ella no tiene nada que ver. Ignoro siquiera si la volveré a ver algún día, y si eso ocurriera, si ella me aceptaría.  Soy  yo el que no puede seguir adelante y estar contigo cuando amo desesperadamente a otra mujer. Quiero ser leal contigo en primer lugar; no te mereces ser engañada.Perdóname si puedes, porque ésto lo llevaré siempre conmigo.  Ahora debo marcharme. Regreso a Nueva York en cuanto salga de esta habitación. Adiós Jenny, deseo con todo mi corazón que te vaya todo bien y que te vuelvas a enamorar pronto. Olvídame cuanto antes, por favor. Cuando regreses a casa, ya no habrá nada mio. Me gustaría que lo nuestro quedara en una buena amistad, comprendo que ahora es difícil, lo entiendo. Adiós.


Ella le vió irse a través de las lágrimas, pero no dijo nada.  Robert estaba dispuesto a irse y nada ni nadie le haría cambiar de idea.  Le había perdido y no toda la culpa era de él.  Si ella no hubiera faltado tanto, no hubiera tenido lugar a verla .

No se imaginaba su vida partiendo de cero.  Robert era el hombre de su vida y ahora tendría que empezar a vivir sin él.  Su único refugio sería su trabajo, pero el volver a casa y no encontrarle no lo iba a resistir. Su cabeza pensaba a mil por hora. Abrió una botellita de whisky del mini bar y de un trago lo tomó. Se tumbó en la cama y comenzó a sollozar.

Robert había vuelto a Nueva York, había empacado sus cosas y se había trasladado a un hotel hasta buscar un apartamento.  Le gustaba  su anterior zona en la que vivía antes de unirse a Jenny. Se dirigió a una agencia y les encargó le buscaran un apartamento por Manhattan.

No tardaron  más de una semana en encontrarle la vivienda.  Había llamado en repetidas ocasiones a Ann, pero siempre le dec ían lo mismo:  Está de viaje.

Domicilio de Robert

Llamó en repetidas ocasiones a Ann, sin poder contactar con ella...
Se planteó el volver a retomar el estudio para las oposiciones. El año de excedencia que había tomado, se acabaría pronto y quería terminar cuanto antes. Le ofreceria a Ann su nuevo puesto.  ¿Dónde estaría? No había forma de poder hablar con ella y comenzaba a preocuparse y su impaciencia iba en aumento.  En el despacho no le facilitaban más datos, ni siquiera el lugar al que se había marchado.  Llamó a San Francisco, a sus padres, pero éstos tampoco le dieron razón, tenían órden de ella de no decirle nada.

Una idea comenzó a rondarle: ¿ tendría una relación con el hombre con quién la vió en la ópera?  No quería ni pensar si ella vivia con alguien o ...quizás se hubiera casado.

--Me volveré loco, me va a volver loco.

Los meses pasaban rápido y rápido llegó el verano.  Ann seguía desaparecida. Robert había sacado las oposiciones y ahora era el Juez  Hatcher. 

Robert no era el mismo, se le había amargado el carácter. Ya no era el hombre simpático y amable de la época con Ann. Terry se había incorporado a su trabajo y ella misma notaba el cambio de él.  Ni siquiera Robert preguntó a Terry el paradero de Ann, a pesar de que estaba seguro que ella lo sabía.
Pensaba que si no quería que la encontrara sería porque no deseaba  verle, o quizás le hubiera olvidado.

Presidía los juicios con eficacia; era un juez justo y todas sus sentencias fueron acordes con el delito cometido.  Ni siquiera por el juzgado vió alguna vez a Ann. Se la había tragado la tierra.  Amargado cada vez que pensaba en ella decidió que ya era hora de tratar de olvidarla. Ella seguro habría reemprendido su vida y él debería hacer lo mismo.

Unos suaves golpes en la puerta le distrajeron de los papeles que estaba estudiando

--Adelante, dijo

--Señor, hay una señorita que desea verle. Terry se había vuelto más ceremoniosa que cuando estaba como fiscal. Le imponía más respeto, no por su puesto actual, sino por el carácter que ahora tenía

--Bien¿le ha dicho cómo se llama, o qué desea?

--No, me ha dicho que es una sorpresa

Por un  momento se le vino a la cabeza el nombre de Ann, pero por la expresión de Terry, sabía que no era ella.

--Bien, hazla pasar, por favor.
Despacho del juez Hatcher

Una señorita desea verle....
Terry introdujo en el despacho de Robert a la misteriosa señorita que deseaba verle. Se levantó de su asiento al tiempo que la puerta se abría de nuevo dando paso a Jenny que con una sonrisa le tendía la mano

--Jenny, Jenny. ¡ Cuánto tiempo, y que alegría me das comprobar que no me has olvidado!

--Robert, te veo estupendamente, aunque la arruga de tu frente está más acentuada. ¿Cómo estás? Ya veo que ahora eres el juez Hatcher. Me alegro

Una pregunta  quedó en el aire sin atreverse a formularla, pero Robert conocía muy bien a la que había sido su compañera e intuyó lo que callaba

--No, no me he casado, no tengo pareja y no la he vuelto a ver. ¿Es eso lo que querías preguntarme?

Ella rió asintiendo con la cabeza

--Lo lamento Bobby ¿te puedo llamar así en  la intimidad?

--Por supuesto

domingo, 25 de diciembre de 2011

LAWYERS - Cap. 9º - Un año nuevo




Y llegó Navidad.  Ann pasó  este día con la compañía de sus entrañables amigos: Lisa, Terry y sus respectivas parejas. La comida fué alegre entre risas y brindis, a pesar de que ella estaba nostálgica. Se acordaba de sus padres y de...Robert.  El encuentro casual con él, la llevaba a antiguos recuerdos que quería desechar a toda costa, pero que le era imposible,  no pensar en él.  ¿Qué estaría haciendo, con quién estaría, sería Jenny la que disfrutara de su compañía?

Después de la cena se entregaron los regalos que todos celebraron alegremente. Eran como niños grandes disfrutando de la Navidad.

Robert estaba solo. Jenny seguía en Grecia, en el crucero. El día 24 se acostó temprano aunque tardó en dormirse.  El día 25 se preparó un sandwich y contemplándolo sonrió y se dijo

--¡¡¡ Vaya un menu de Nav idad !!!

No tenía ningún apetito y con la bandeja delante, encendió el televisor.  Recordó sin poder evitarlo el encuentro con Ann. Algo se estaba moviendo en su interior; había vuelto a años atrás, antes de que el destino les separase.  Estaba enfadado, frustrado. Se sintió mal. La televisión encendida en un canal de dibujos animados, pero él ni siquiera veia la pantalla absorto en sus pensamientos.  El repiqueteo del teléfono le sacó de su ensimismamiento

--Si, ¿ quién es?

--Bobby, mi amor. Feliz Navidad

--Una voz alegre y jovial le felicitaba la Navidad. Era Jenny, aunque él hubiera deseado que hubiese sido otra persona

--¡ Jenny ! Feliz Navidad ¿dónde estáis, seguís en Grecia?

--Si, oye no puedo entretenerme mucho. Estoy trabajando y están especialmente alegres. Te mando un beso. Hasta la próxima mi amor.  Muuuuua

--Hasta la vista, Jenny

Se había despedido como si  Jenny fuera una amiga,  y no la mujer con la que había decidido compartir su vida.  Fué frio, no sólo porque estaba enfadado con ella, sino porque su pensamiento estaba en otro lugar y no supo reaccionar. Apagó el televisor y a pesar de la nieve que había en las calles, decidió salir a dar un paseo. En casa,  se volvería loco.  Sintió pena de sí mismo:  Ann, Ann ¿por qué la vida jugó de esa manera tan cruel con nosotros?

Dando una vuelta y sin saber cómo, llegó hasta Central Park, hasta el lugar favorito de Ann y se refugió en el recuerdo cuando ambos estuvieron juntos en aquel rincón.

No podía apartar de su cabeza el recuerdo de Ann. No le parecía justo hacerle eso a Jenny, pero por mucho que se esforzara no la podía apartar de su mente.



Ni siquiera la podía llamar por teléfono e invitarla a comer. No le había pedido su número, no sabía dónde vivía. Sacó de su bolsillo el móvil y marcó el número de Ann, sin esperanzas de poder contactar. Seguramente habría cambiado de aparato, no obstante lo intentó

--El número marcado no existe.. Fué la respuesta que escuchó.

Ann se incorporó al trabajo normalmente, siguió con lo que había dejado pendiente el día 23. No tenía juicios, sólo trabajo de despacho.

--Ann, te llaman por teléfono

--¿Mis padres?

--No, lo siento no se quién es. Pero es voz de hombre si te sirve de ayuda

--Dígame

--Ann, feliz Navidad

--Robert, ¿cómo...?  Perdona olvidé que la firma es muy conocida y tú eres abogado.  Feliz Navidad, tú también. Y ahora dime lo que deseas.

--Lo que yo deseo es que comamos juntos ¿Aceptas?

--No Robert. Creo que es mejor así. No podemos vernos, no podenmos ser amigos. Será todo más fácil ¿comprendes?

--No, no comprendo qué tiene de malo el que un día comamos juntos y charlemos como dos buenos amigos.

--Es que nosotros no podemos ser amigos, no somos como dos buenos amigos. Creéme es mejor así. Y ahora si no te importa, tengo mucho trabajo.

--Dime al menos si vas a ir a San Francisco para el Año Nuevo

--¿Y qué mas da? No te entiendo, pero no , no voy a ir. No tengo vacaciones y no puedo viajar.  Te deseo lo mejor , que se cumplan tus deseos. Adiós., y colgó el teléfono.



Robert se quedó mirando al aparato. No le había dado tiempo pedirla su dirección, al menos para envuiarla unas flores, pero ahora sabía dónde recabar información: , preguntaría en su oficina.

A última hora de la tarde recibió un hermoso ramo de rosas, semejante a aquél que recibió en su día y con la misma dedicatoria:  Robert.

Ann se quedó mirando a las flores emocionada y sin saber qué podía hacer. El respeto hacia la mujer que compartía la vida de Robert, la impedía actuar como manda la buena educación: ¿debería darle las gracias, ó  no contactar con él?  Decidió hacer ésto último. Pero Robert ya había averiguado su domicilio mediante la señorita que atendía la centralita del despacho de abogados.

El día 30 en el bufete, en donde trabajaba Ann, se celebró con una fiesta la despedida del año, ya que el día 31 no trabajarían.  Uno de los socios más recién llegados, se sentía atraido por aquella misteriosa mujer que era Ann. Era muy respetada por todos sus compañeros y le extrañaba que siendo bonita y divertida, no saliera nunca con nadie.  Decidieron que cuando salieran del trabajo , irían todos juntos a un karaoke a divertirse y despedirse hasta el próximo año.

Así lo hicieron y rieron y se divirtieron todos juntos. Así pasaron hasta altas horas de la madrugada en que todos se retiraban cada uno a su casas.  El socio nuevo se ofreció a acompañar a Ann hasta su domicilio. Se mostraba especialmente cariñoso con ella: había bebido quizás más de la cuenta. Ann no quiso arriesgarse a tener algún incidente y pidió a una compañera  la hiciera el favor de que fuera con ellos.  Respiró tranquila cuando en su apartamento se encontró a salvo.  Había sido una anécdota que la traia un mal recuerdo.


 Times Square. 

El día 31 Ann no deseaba salir de casa.  Sus amigos se reunían con las familias de sus parejas y ella estaría sola. Nostálgica por todo lo que le estaba ocurriendo, estaba indecisa: no sabía, en contra de su deseo, si ir hasta Times Square e incorporarse a la muchedumbre y recibir así el nuevo año.  No le gustaban las aglomeraciones, pero en esta noche no le apetecía pasarla sola.  Los ojos se le llenaron de lágrimas. Estaba triste y decidió que se daría un baño con sales para relajarse y después cenaría cualquier cosa. Esperaría hasta las doce para acostarse .  Se puso una bandeja con una ensalada y un poco de queso. Lo único extraordinario era una copa de vino; necesitaba algo que la estimulase, que la alejara la tristeza,  aunque sólo fuese por unos instantes.

Enfundada en un pijama y descalza, se sentó en el suelo, la alfombra era acogedora. Delante del televisor se acomodó con la bandeja y la copa de vino. Se dispuso a ver la programación especial de alguna cadena  y comenzó a cenar.

El timbre del portero automático sonó en ese momento.

--¿ Quién es?

--Abre por favor, soy Robert

Instintivamente apretó el botón que abria el portal e indecisa quedó esperando a que sonara el timbre de la puerta. Entonces se dió cuenta de que estaba en pijama, pero ya no la daba tiempo a cambiarse . Se puso una bata y espero la llegada de Robert:

--Hola, fué el saludo de Robert

--Hola ¿qué haces aquí?

--Dentro de un par de horas es Año Nuevo. Tú estás sola, yo estoy solo, pues juntemos nuestras soledades.

--No sé....me has sorprendido mucho. No lo esperaba...

--¿Has cenado ya?

--No, estaba haciéndolo cuado has llamado, pero créeme no es un menú muy apetecible.

--¡Ah ! una ensalada y queso, excelente. ¿Me dejas compartirlo contigo?

--Si,si, claro. Dijo Ann un poco desconcertada

--Falta una copa. Mira he traido champán para brindar, mételo en el frigorífico que no se caliente.

Ella se dió cuenta entonces que él iba con  smoking y ella estaba en pijama. ¡ Bonita pareja!.  Por primera vez al ver el atuendo que llevaban se echó a reir. Hacía tiempo que no lo hacía, lo que extrañó a Robert:

--¿Qué te ocurre, de qué te ries?

--¿De que me rio, pero me has mirado? Tú en smoking y yo en pijama.  Dame unos minutos y me cambio, me siento ridicula.
 --Bien, me parece bien. No tardes mucho no sea nos den las doce ...

--Cinco minutos y estoy lista.






Fueron diez los minutos que Ann necesitó para aparecer ante Robert acicalada y bonita. Un brillo especial en sus ojos animaban el rostro anteriormene triste y pálido.  Sabía que no era lo correcto, temía lo que quizás viniese después del brindis, pero no la importó. Al menos por una noche quería ser feliz, ahogar la soledad que la atenazaba desde hacía tiempo. Solamente pensaría en que estaba junto al hombre que amaba con desesperación y que por distintas causas se habían separado.  Ignoraba cuáles eran los sentimientos de él, pero estaba allí, con ella. No sería muy ajeno a lo que ella pensaba, no importa, nada importa en esta noche.

Salió de la habitación dejando a Robert sorprendido.¡ Estaba tan bonita, la quería tanto!...

Sentados en el  suelo como dos criaturas, era extraño verles ataviados tan elegantes, con una ensalada y un trozo de queso, con sendas copas de vino en las manos, riendo, riendo y alegres de estar nuevamente juntos.

La  hora bruja de las doce de la noche en Times Square sonó, dando paso a un nuevo año. Robert y Ann se miraron fijamente, levantaron sus copas e interiormente cada uno de ellos brindaron por sus deseos, pero no los expresaron en voz alta. Bebieron un sorbo y Robert se  acercó a Ann y la besó como nunca había besado a una mujer. Ann le correspodió; no le importaba Jenny, no quería pensar en ella, no la importaba si lo que estaban haciendo no era ético. Por una noche serían uno del otro. A la mañana siguiente sería otro día para pensar y distanciarse de nuevo, pero esta noche sería únicamente de ellos.






No ignoraban  lo que podría ocurrir, pero no les importó. Ann cerró definitivamente su capítulo con Dick: aquella era verdaderamente su primera vez. Sintió las manos de él apretanto las suyas, y sintió sus labios sobre los de ella y el placer infinito que sintió cuando él acariciaba su piel y la miraba a los ojos. No la importó nada. Se sentía flotar y que aquello era la máxima expresión del amor. Se habían resarcido de tanto tiempo de distancia.







sábado, 24 de diciembre de 2011

LAWYERS - Cap. 6º - Una charla, una cita ...


Dick


Habían pasado varios meses desde la partida de Dick y dado que los tiempos corrían difíciles, Walter no puso a otra persona en su puesto, sino que Anna se hizo cargo definitivamente de todos los casos que requerían ser juzgados, aunque tampoco eran muchos.  Su presencia en el juzgado se hizo más frecuente y trabó amistad con la secretaria del fiscal: Terry, saliendo algunos fines de semana Lisa, Ann y Terry a cenar y a alguna discoteca.

Con el fiscal coincidia pocas veces, pero su relación se hizo menos tensa. Él en el fondo admiraba a aquella muchacha  por la valentía que había tenido en enfrentarse a él en un juicio totalmente falta de experiencia, pero que brillantemente ganó y consiguió un bienestar para su defendido.  Desde ese juicio el criterio de Robert hacia ella había cambiado. Ahora la veia como a una verdadera profesional. No en todos los juicios había salido airosa, pero eran más los que ganaba que los que perdía.

El amor por Dick definitivamente se había extinguido y tan sólo la quedaba el recuerdo desagradable de su primera vez.  Aquel domingo pre otoñal decidió ir a dar una vuelta a Central Park. Lisa había quedado con un amigo para pasar el día de camping aprovechando los últimos calores del verano.  Terry estaba preparando su cercana boda y ella y su prometido estaban arreglando su futuro hogar, por lo que Ann decidió no quedarse en casa.  Se levantó a las nueve, se arregló y se dijo: compraré unos bollos y un chocolate y desayunaré en el parque. Dicho y hec ho.

Había un rincón en el parque que la agradaba especialmente, y con su desayuno en la mano hacia él se dirigió. Llevaba en su bolso un libro que hacía tiempo había empezado. En uno de los bancos tomó posición y en primer lugar mirando al horizonte se dispuso a degustar uno de quellos exquisitos bollos recién hechos.


 

Era su rincón favorito y además al ser tan temprano a penas si había gente. Bebió un sorbo de chocolate y terminó su bollo, sacando del bolso el libro:  " Amores extraños", era su título. Al leerlo de nuevo sonrió ligeramente, y recordó que lo estaba leyendo cuando su affair con Dick Fué entonces cuando interrumpió su lectura. 

De nuevo abrió por donde había dejado la señal y repasó hacia atrás la última página leida. De vez en cuando  paraba la lectura y daba sorbos al chocolate y mordisqueaba el bollo, pero no terminaba  de centrar su atención en el libro, por lo que lo dejó  a un lado y contemplaba el paisaje tan bello, tan solitario y silencioso. Al cabo de un par de horas, aquello se llenaría de padres con sus niños llenando el paisaje de gritos y risas infantiles.

Una figura masculina se paró a su lado y la hizo girar la cabeza en su dirección.  Sonriendo tras unas gafas de sol estaba el fiscal, en otro tiempo tan temido y ahora  más simpático.



-- ¡ Hola, buenos días ! No sabía que a ti también te gusta este rincón. Saludó Robert

--¡ Vaya coincidencia ! Si me encanta este lugar, como está ahora: solitario

La había tuteado. Era la primera vez a pesar de que se habían saludado varias veces al coincidir en el juzgado, pero claro, ahora era distinto. Ni  el fiscal ni ella la abogada; eran dos ¿amigos? charlando tranquilamente.  No,  ni siquiera eran amigos, simplemente conocidos.

Ella hacía tiempo que le había perdido el miedo y estaba relajada. Él oculto tras sus gafas observaba el rostro de aquella chica que en ocasiones le había parecido insulsa y que ahora vista de cerca le parecía atractiva, incluso bonita. No, bonita no, muy bonita. Algunos rayos del sol rebotaban sobre sus cabellos que desprendían un brillo especial.

Él permanecía en silencio mirándola, y ella un poco violenta entabló una conversación sobre la última película que había visto en la televisión. A lo que el siguió la charla que posteriormente derivaría a otros asuntos intrascendentes, pero hizo que su conversación fuera amable y entretenida.  Así transcurrieron un par de horas y cuando el parque comenzó a llenarse de público, Ann se levantó con la intención de regresar a su casa.  Robert hizo lo mismo pero la detuvo por el brazo y la dijo

--Oye, es muy pronto todavía y es domingo. Te invito a comer para celebrar que por fin podemos mantener una conversación fuera del trabajo, sobre algo que no son ni robos, ni desfalcos ni nada que se le parezca.

Ambos rieron a un tiempo y entonces Ann fijó su mirada en el rostro de Robert y pensó "este chico no está nada mal, y tiene unos ojos preciosos".  Tardó unos instantes en responder y pensando que no estaba nada mal el plan , aceptó la invitación.  El la llevó a un restaurante cercano al parque, elegante, refinado como era él mismo.  Era muy correcto y educado ¿ cómo no se había dado cuenta antes? quizás porque no habían hecho otra cosa más que pelear.  Era todo un caballero de los que te abren la puerta del coche y te corren la silla al sentarte, en definitiva un encanto de hombre, aquí y ahora, porque en los juzgados...



  Sin pder evitarlo echó la vista atrás y recordó la primera invitación de Dick. ¡ Qué distintos eran los dos! Claro que el poder adquisitivo de Robert era  diferente al de Dick.  Pidió un aperitivo mientras preparaban lo que iban a comer. Era un hombre seguro de si mismo, sabedor de lo que había que hacer en cualquier momento.

La comida transcurrió amena; rieron por la primera vez que se conocieron. Se contaron anécdotas de sus respectivos trabajos y por fín Robert la pidió que le contara algo de su vida de cuando era pequeña, adolescente y del porqué se instaló en Nueva York.  No la preguntó si tenía pareja, era obvio que no,  pues de lo contrario no estarían juntos comiendo tranquilamente.

Y así lentamente llegó la tarde. Se sentaron en una cafetería a descansar del largo paseo que habían dado después de comer y tomaron un café. No habían parado de hablar ni un miuto y se les notaba que ambos estaban a gusto. Llegó la noche y la hora de regresar a casa. En la despedida, él la tendió la mano cortesmente y se despidió  quedando en que se verían en otra ocasión

--Lo he pasado estupendamente, Ann. Eres muy divertida y amena en tu conversación.  Tenemos que repetirlo ¿de acuerdo?

--De acuerdo, sonrió ella. Yo también lo he pasado muy bien. Buenas noches Robert.

Pasaron muchos dias y no se habían vuelto a ver y Robert tampoco la había llamado, con lo cuál Ann pensó que fué solamente una cita casual, pero en el fondo lamentó que no hubiera ocurrido otro encuentro. Le gustaba tanto física como intelectualmente.

Se acercaba su cumpleaños y preparaba un cena para sus amigas y las parejas de ellas. El día de su onomástica la primera felicitación que recibió fué una llamada desde San Francisco de sus padres. Su madre y ella misma se saludaron muy emocionadas , su padre, aunque emoc ionado, se controlaba más. Les prometió ir a verles en cuanto  tuvviera unos días libres o si no sería para Acción de Gracias.  A media mañana llamaron a la puerta. Era un repartidor de una floristería que portaba un maravilloso ramo de rosas con una tarjeta: "Felicidades.  Robert"

Se había acordado de su cumpleaños. Nerviosa buscó en su móvil el número de teléfono de Robert, pero su voz no la llegó, a cambio un contestador  repetía que dejara su recado que cuando volviera se pondría en contacto.

--Robert soy Ann, acabo de recibir tus maravillosas rosas. Muchísimas gracias, me han hecho mucha ilusión. Esta noche voy a organizar una cena informal para mis amigas y sus parejas ¿ por qué no vienes?  De esta manera no estaré desparejada. Anda ven, te espero. Hasta luego.  Y cerró su móvil pensando en que quizás esté de viaje o con su novia.

Al pensar que Robert pudiera tener novia, algo en su interior se movió:

--¡Oh no, ni hablar. Otra vez no, nunca más.

A las ocho llamaron a la puerta y apareció Terry con su ya esposo y Thomas el novio de Lisa.  Tomaban un aperitivo y los jóvenes se reian y estaban todos muy a gusto pues se conocían desde hace tiempo. La habían regalado Terry y su esposo un chal muy bonito para que abrigara su garganta en el invierno que estaba llegando. Lisa y su novio su perfume preferido, y les mostró las rosas que le había enviado Robert. Y fué justo en ese momento cuando de nuevo sonó el timbre de la puerta

--Buenas noches, siento llegar un poco tarde, pero estaba fuera de Nueva York y acabo de llegar. Dijo Robert como saludo al tiempo que depositó un beso sobre la frente de la joven y la entregó un paquete de unos exquisitos bombones.

--Has venido y eso es lo que importa. Creí  que no escucharías mi mensaje y dudaba de que vinieras, pero me has dado una de las grandes alegrías del día. Pasa .A parte de mis amigos ya les conoces. Te presentaré al resto.


La cena fué alegre y divertida, rieron los chistes del novio de Lisa y hasta Robert,  bajo esa capa de seriedad, contó alguno un poco subido de tono, cosa que aplaudieron todos los  asistentes, pues ni la misma Terry conocía esa faceta de su jefe a pesar de que llevaba trabajando con él durante varios años.

De vez en cuando Robert lanzaba intensas miradas a Ann y la joven bajaba la vista algo azorada, pues presentía que su intención de no volver a enamorarse no iba a verse cumplida y algo la decía,  que a Robert no le era indiferente.

Las llamadas telefónicas, los encuentros en el juzgado y los encuentros a la hora de la comida, se hicieron frecuentes. Se encontraban a gusto los dos juntos: Ann ahora pensaba que si era guapa y tenía mucha seguridad en si misma. Se había tornado más abierta de carácter y ya la timidez no la torturaba.
Robert había sacado su mejor sonrisa con la gente, bromeaba con sus compañeros, cosa que les asombraba y en los juicios era "más humano". El carácter le había cambiado y de eso se habían dado cuenta todos aquellos que le rodeaban.  Terry le miraba a hurtadillas y sonreia pues era poseedora del secreto del cambio, pero nunca le dijo nada.

Desde su despacho llamó a Ann:

--Por favor Lisa, ¿está Ann? soy Bob

--Si Bob, está con Walter ahora la aviso.

--No, no . No les interrumpas, dile que iré a buscarla a la salida, o sea dentro de una hora aproximadamente.

--De acuerdo, se lo diré.

Hacía frio. Noviembre ya se notaba y la humedad se calaba hasta los huesos.  Cuando Ann terminó su trabajo y salió ya estaba Robert esperándola

--¿ Y esta sorpresa?

-- Pues ya ves, me apetecía cenar con una chica bonita y divertida, y me dije ¡ Ann ! y aquí estoy

Ella se rió agradeciéndole el piropo. El la tomó del brazo y se encaminaron hacia el coche de él que estaba aparcado unos metros más adelante.

Divertidos se metieron en el automóvil y se encaminaron hacia el restaurante, después tenian pensado acudir a una discoteca a bailar un rato, en definitiva a divertirse.

Cenaron y en la discoteca no bailaron sino que se quedaron charlando amigablemente uno sentado al lado de la otra. Escuchaban la música suave de fondo, romántica. Robet la tomó de la mano y la acariciaba con los dedos ligeramente. No dejaba de mirarla a los ojos, lo mismo que ella y al fin sus labios pronunciaron las palabras mágicas que ella quería escuchar:

--Estoy loco por ti. No sé lo que has hecho, no sé lo que me ha pasado, sólo sé que ya me sería muy difícil vivir sin verte. Te quiero Ann y deseo que tengamos una relación seria con un futuro. ¿Tú me aceptas?

--Robert,  n o sé qué decirte. Me gustas, me agrada tu compañía, estoy a gusto contigo, pero creo que debemos ir más despcio.  Hace nada  poco menos que nos odiábamos y ésto es muy serio.  Quiero que sepas que no es nada personal es que ya quedé escarmentada de una relación fracasada y prefiero ir despacio.

--Lo entiendo, esperaré lo que sea necesario.

Después de ésto salieron a bailar una melodía lenta y Robet la aproximó hacia él y la susurraba dulces palabras al oido.  Ella estaba emoionada pues sabía de sobra que también le quería, pero le daba miedo que la historia con Dick se repitiera. Se dejaba querer, permitía que él besara suavemente su mejilla. Una vez que ella giró su cabeza hacia la de él, Robert la besó en  los labios suavemente y ella creyó alcanzar el cielo con las manos, pero a su memoria vino la escena con Dick y sin darse cuenta pronunció unas palabras que cayeron como una bomba en el cerebro de Robert:

--No voy a acostarme contigo, Bob.

Él se paró en seco la apartó ligermaente y mirándola muy serio la dijo

--¿ Qué dices? ¿crees acaso que estoy contigo para seducirte? Si no quieres tener relaciones conmigo ¿ por qué permites que te acaricie, que te bese? No te entiendo, dices estar a gusto conmigo, que me quieres y sin embargo me sueltas  ésto.. ¿ Por qué ? ¿ Juegas con mis sentimientos, o es que acostumbras a jugar con los hombres?

--¿ Qué dices? yo no juego ni contigo ni con nadie. No tienes derecho a decirme esto, creo que mejor es dejar la velada en este momento. No me gusta que me tomen por algo que no soy

--¿ Y que crees que pienso?

--Me lo acabas de decir y no soy de esas .Entre otras cosas porque yo he sido víctima de algo semejante. Pero a los hombres solamente os importa una cosa

--No se te ocurra pronunciarlo. Tu sabes de sobra que te amo y no es el seducirte lo que me hace estar contigo, pero si , creo que es mejor que te lleve a casa y dejemos esta conversación. Francamente no me lo esperaba.





En silencio llegaron a casa de Ann. Él como siempre hacía se bajo y ayudó a Ann a salir del coche, pero ella simplemente le dijó "buenas noches" y a paso ligero se dirigió al portal.  Robert se la quedó mirado sin entender lo que habia ocurrido ¿ por qué una proposición tan inocente pudo haber causado tamaño disgusto? Seguramente a ella le había ocurrido algo muy desagradable que le había marcado, pero ¿qué? algo había insinuado pero sin aclarar nada.

Cuando Robert llegó a su casa la llamó por teléfono con el fin de disculparse no sabía muy bien de qué, pero estaba dispuesto a hacer lo que fuera antes que perderla. Ann no contestó a la llamada. Apagó su móvil y desconectó el fijo. Le extrañó que Lisa aún no hubiera llegado a casa. Cuando ella salió se quedaba recogiendo su bolso para salir hacia casa

--Habrá ido a comprar algo, se dijo

Pasaba el tiempo y Lisa no había regresado. Estaba nerviosa y preocupada; algo en su interior le decía que había ocurrido algo. Entonces volvió a conectar el fijo y el móvil.  En ambos tenía mensajes de Lisa

--Ann, ha ocurrido algo terrible: a Walter le ha dado un infarto y está muy grave en el hospital.

Cogió su bolso y salió rápidamente en dirección a donde le habían ingresado.  Cuando llegó Lisa salió a su encuentro.



 


--¿Qué ha ocurrido?

--Cuando ya nos ibamos Walter sintió un dolor enorme en el brazo y en el pecho. Llamé rápidamente a una ambulancia y le trajeron aquí. Los médicos dicen que se ha salvado por la rapidez en actuar, pero está muy grave, en la UVI.

Ann se dejó caer en una silla y se llevó las manos a la cabeza como si no entendiera lo que acababa de oir.

Ambas pasaron la noche en el hospitl a pesar de que no podían visitarle, pero de esta forma se quedaron más tranquilas.  Pudieron verle cinco minutos cada una, y los médicos las informaron que le habían estabilizado, pero que seguía la gravedad.

Robert había estado llamando toda la noche si obtener respuesta.Dejaba avisos en el contestador, pero el móvil seguía desconectado.  Dió por sentado que no quería saber nada de él y entonces desistió de volver a llamar.

A los diez días Walter salió del hospital, pero en las largas horas en que estaba a solas pensó que ya era hora de retirarse. Había trabajado durante toda la vida y estaba cansado. De repente se sintió viejo y tomó la decisión de cerrar el bufete a pesar de que era toda su vida.

Cuando las chicas vinieron a visitarle se lo comunicó a ambas con lágrimas en los ojos. En adelante viviría en Florida. El clima era más suave y se dedicaría a pescar y a pasear con los amigos. Allí vivía una hermana y tenía amigos.  Cuando quedó viudo estuvo a punto de hacerlo, pero al final desistió. Esta vez era distinto, ahora sí lo haría.



Walter planteó a las chicas que cerraría el bufete...


Sentadas delante de una taza de café analizaron la nueva situación planteada y trazaron un plan a seguir. Había que liquidar el despacho y los casos pendientes, después cerrarían y buscarían otro trabajo.

Ann acudió al juzgado en tres ocasiones más liquidando los  casos pendientes, para el cierre del despacho. En dos ocasioes se cruzó con Robert, pero ninguno de los dos se dirigieron la palabra, lo que causaba un gran dolor en ambos.

Lisa acompañó a Ann al aeropuerto de regreso a San Francisco. Viviría de nuevo con sus padres y se buscaría un trabajo. Lisa se quedaría en el misma vivienda y ya estaba en tratos de un  nuevo bufete.



 

Mientras esperaba la hora de entrar en el túnel, Lisa preguntó a Ann el porqué se iba. Podrían vivir como hasta ahora y ella seguramene encontraría un despacho en el que muy posiblemente ganaría más dinero que en el de Walter.

--Lisa, tengo que irme. No soporto verle y ni siquiera saludarnos. Es mejor poner tierra por medio

--¿ Pero qué ocurrió? íbais de marvilla y de repente ésto. No lo entiendo

--Me volvió a ocurrir de nuevo. ¿ Qué es lo que hago yo para que los hombres siempre busquen acostarse conmigo? ¿qué?

--No puedo creer que ese fuera el motivo. Está loco por tí, no hay más que observar cuando estáis juntos en la forma  que te mira.

--Mira Lisa, si me quiere de verdad, vendrá a buscarme. Si no lo hace es que su interés era solamene sexual, no merecía la pena. Dejémoslo. Mira ya avisan

Se abrazaron largamente

--Llámame cuando llegues. No te olvides de que aquí tienes una amiga que te quiere mucho. Y vuelve. Cuando se te pase el sofocón, vuelve por favor.

Desde su ventanilla, Ann, vió cómo se acercaban a San Francisco.  El paisaje familiar se abrió ante ella y tuvo la sensación de que había faltado de su ciudad toda una eternidad. Se le humedecieron los ojos, pensando en lo que había dejado atrás.



En un largo abrazo se fundieron sus padres y ella. Había pasado mucho tiempo, pero les encontró muy bien de aspecto. Y loca de contenta por estar con ellos se encaminaron hacia su hogar, el de toda la vida en el que ella había crecido.

Miles de opreguntas tuvo que responder : que si tienes novio, que si has tenido un buen trabajo, que si has trabajado en lo que deseabas, etc.etc.

Estuvieron charlando hasta pasadas las doce de la noche. Hablaron de muchas cosas; lo que Ann  cayó fueron sus expericencias amorosas. Ni siquiera las mencionó, aunque su madre escudriñaba su rostro como queriendo adivinar lo que había de verdad en todo lo que estaba relatando.  De pronto le preguntó:

--¿No has salido con algún chico?

--Si con un par de ellos, pero nada serio, simplemente amigos,  es la respuesta que obtuvo.

Estaba cansada, pero en casa se sentía a salvo. Era como si volviera a la niñez en que mamá la protegía de todo y esa misma sensación es la que sentía cuando estaba junto a Robert, pero eso ya no ocurriría.

--Robert, Robert, sollozó .
Y sollozando suavemente para que su madre no la oyera, se quedó dormida.