rosafermu

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martes, 28 de julio de 2015

VOLVER A LOS DICISIETE - Caítulo PRIMERO- Cumpleaños

Carmina y Manuela preparaban la mesa.  Era un día especial: cumplía cincuenta y seis años y se reuniriá toda la familia para celebrarlo.
Hacía diez años que se había quedado viuda, pero aún guardaba luto por su esposo.  El suyo fué un matrimonio " muy de la época":  la esposa en casa dedicada al hogar y a la educación de los hijos.  El marido ejerciendo su propfesión, y si se terciaba alguna "juerguecilla".
Las dos mujeres vieron complacidas el resultado de la preparación
--Nos faltan las flores, dijo Carmina
-- Voy por ellas, apostilló Manuela
-- Ahora está todo correcto, dijo Carmina sonriendo.  Voy a sentarme un ratito, estoy cansada.   Sabes Manuela ?, cuando me quedé viuda me comía el mundo.  Si tuviera que hacer ahora lo de entonces, creo que no podría.  Los años pasan tan rápido que no te das cuenta de que enfilas la recta final.  A veces echo la vista atrás y me digo : " aparte de criar a mis hijas, qué es lo que he hecho, nada.  A penas he vivido, y mi tiempo se agota"
-- Señora, no diga eso.  Es jóven aún y está muy guapa. Viaje, salga con amigas, disfrute ahora que ya no tiene obligaciones
-- ¡ Ay Manuela ! ¿ dónde voy sola ? Mis amigas, unas están casadas y salen con sus maridos, otras se han echado un ligue. La única que está como yo, Luisita, anda delicada de salud.
-- Haga un crucero, de esos que anuncian por la tele
-- ¿De los que te buscan pareja? Ja, ja, ja,. Por Dios Manuela. No tengo veinte años.  ¡ Ay mis veinte años !  Ni siquiera disfruté de mi juventud.  Con esa edad ya era novia de mi marido.  Él estaba terminando la carrera y no teníamos ni un duro, ni para ir al cine  siquiera.  La mitad de los días de la semana no nos veiamos, y los sábados y domingos siempre tenía que estudiar.  Luego llegó el MIR, la plaza en la Seguridad Social y por fin la boda, y enseguida las niñas.  Cuando ellas fueron mayores y teníamos una posición desahogada, se lió con una paciente. Lo demás... ya lo sabes.
-- Señora ...
-- A mi manera fuí feliz.  Era lo que tocaba en aquella época, a las mujeres. Y fuí afortunada, no todas tenían estudios, ni sabían idiomas ó música.  Sencillamente nos preparaban para casarnos.  Teníamos matrícula de honor en bordados, vainicas, etc.
Durante años cosíamos nuestro ajuar, y eso si con suerte nuestro prometido estaba libre del Servicio Militar. En ausencia de los novios no nos estaba permitido salir siquiera, con nuestras amigas: en casita guardando la ausencia de él.

Manuela tomó la mano de su jefa y depositó un beso en el dorso.  Tenía suerte, pensó. Ella era una mujer independiente que no tenía que dar cuentas a nadie.

--Bueno, por hoy suficiente nostalgia. Voy  arreglarme. Dentro de un rato estará aquí la "tropa"revolucionándolo todo.  ¿ A que son unos niños preciosos?, pero qué guerra dan, cuánta energía... cielo santo.

Se dirigió a su habitación y eligió la ropa que se iba a poner.  El día anterior estuvo en la peluquería; se había teñido el cabello en color castaño dorado y se lo había cortado. Parecía haber rejuvenecido.
Carmina cumplió cincuenta y seis años
Se maquilló ligeramente y por último se puso el vestido que más le favorecía. En sus orejas resaltaban unos botones de brillantes y en su mano derecha pusó los dos anillos de casada y el de su compromiso. Con unas gotas de perfume dió por terminado su arreglo personal. De siempre había usado Rive Gauche, su preferido.  Se miró al espejo y satisfecha con lo que reflejaba, salió de la habitación y aguardó a que llegaran sus hijos.

Y llegaron en tromba. Abrazaron  los res niños a su abuela con el alboroto consiguiente y la satisfacción de Carmina.  Las hijas impusieron el orden, mientras que sus respectivos maridos comentaban el cambio, a mejor, que había experimentado Carmina.

-- Estás guapísima, Dios mio. ¿ dónde estabas durante todo el tiempo?, comentó Ramón, marido de su hija mayor Raquel
-- ¡ Oye, un respeto ! estás hablando de mi madre.  Protestó Raquel
-- Pero es verdad.  Tu madre está de muy buen ver.  ¿ A que si, Luis ?
-- Desde luego.  Si la viera por la calle, y no fuera mi suegra, me giraría para mirarla y decirle un piropo

Todos rieron y los niños corrian felices por la casa, contentos de estar los tres juntos.  Luis sirvió un Martini con la aceptación de todos.  Carmina sentía la necesidad de estar alegre. Su organismo se lo permitía:  no tenia colesterol, ni la tensión era alta, no padecía del estómago y hasta la menopausia había sido generosa con ella:  total ausencia de sofocos, dormía perfectamente y no había engordado ni un gramo.  Se cuidaba mucho, iba a un gimnasio dos veces por semana y sus cenas eran frugales, lo que le permitía de vez en cuando hacer un exceso.  Quería cuidarse, necesitaba sentirse bien con ella misma. 

Su marido no le piropeaba a menudo: se había acostumbrado a tenerla en casa, siempre impecable, pero nunca le dedicó especial atención.  Cumplía a la perfección su labor como esposa del jefe de equipo de Cardiología de un importante hospital, y pronto le harían director.  Gozaban de una posición económica muy acomodada.  Sus dos hijas habían ido a la universidad. Una estudió farmacia y la pequeña periodismo de investigación.  Sus vidas eran tranquilas. Salían a cenar con los amigos, atendían sus compromisos profesionales.  Una vez a la semana se reunía con sus amigas, en lo que ellas denominaban " tarde de chicas", y que consistía en reunirse para ir de compras, al teatro o a jugar cartas.

Y el tiempo fué pasando y las chicas se independizaron, y posteriormente se casaron con un intervalo de un año.  La casa se quedó vacía sólo con ellos dos. Cada  vez Carmina estaba más sola.

martes, 21 de julio de 2015

LA CAMPIÑA CUBIERTA DE BREZOS - Capítulo 9 y último- El reencuentro

 Tras la conversación con su padre, Charles pensaba en todo lo que le había dicho

- Tiene razón. La he dejado durante mucho tiempo, y además cuando más me necesitaba.  ¿Me sentía también agobiado y busqué una excusa en mi profesión para alejarme de ellas? ¿ Fueron las malas noches pasadas con la niña?...

Dudaba .  Sabía que no había obrado bien ¿Deseaba volver a ser libre ? No. Amaba a su familia y era impensable esa idea



- Pero ¿ en qué demonios estoy pensando?  Se me ha ido el tema de las manos. Por Dios bendito, son mi familia. Son mi fuerza, mi razón de vivir.   ¿Cómo he podido ser tan necio y dejarlas solas? Dolores, piensas que no te amo, y no es cierto.  Daría mi vida mil veces por vosotras.  Por ti, por la pequeña...  Pero mi profesión ha ocupado todo el tiempo, y he dejado a un lado lo que más me interesa: la niña y tu. Soy un bruto. Santo cielo ¡ cómo estará ! ¿ Cómo no me he dado cuenta de que la etapa por la que pasaba era difícil.  Spencer me lo avisó. ¡ Oh Dios !  Tengo que hablar con ella, ahora mismo.

Marcó el número y pidió que le pasasen con su mujer, pero Lola no estaba y su padre tampoco. Llamó al móvil, pero Dolores tampoco atendió su llamada.  Estaba desconcertado.  Necesitaba hablar con ella inmediatamente. Calmarla. Explicarla que nada ni nadie le apartarían de su lado.  ¿Dónde estaba ?

- Llamaré nuevamente más tarde.  Mientras tengo algo que hacer

 Decidió ponerse en movimiento.  Lo primero iría al hospital y pediría unos días libres. Iría a buscarlas y se las traería.  Nunca más las dejaría solas.  Después hablaría  con Terry. No permitiría que llenase la cabeza de Lola con chismes y noticias que eran totalmente falsas, sembrando la discordia entre ellos.  No lo iba a permitir.  Lola necesitaba tranquilidad, y la verdad en que entre todos se lo estaban complicando.  El único refugio había sido su padre, en el que había volcado su corazón.

Después de mucho insistir con el director gerente del hospital, había conseguido tres días para ir a buscar a su familia.  A cambio tendría que doblar las guardias.  No le importó; le compensaba el tenerlas de vuelta en casa, aunque durante dos días no pudiera verlas.  Se reprochaba las veces que no había llamado para hablar con su mujer, aunque también se daba la explicación de unas urgencias agotadores y largas, muy largas.  Luego el cansancio del día siguiente y el largo sueño reparador al llegar a casa.

La conversación con Terry, fue agria y llena de reproches de parte de la mujer

- Tu te enredaste conmigo. Me prometiste una relación seria, y a las primeras de cambio me dejas por ella.  Y ahora vienes a mi casa a reprocharme que le cantara las cuarenta.

- Olleme bien, Terry. porque sólo te lo voy a decir una vez: déjanos en paz.  No me enredé contigo, nos enredamos los dos. Eres una mujer bella y yo estaba pasando por un mal momento.  Nos acostamos de mutuo acuerdo, pero yo amaba a mi mujer y después de hablarlo contigo, te mostraste comprensiva...,  y lo dejamos.  Punto.  Eso fue todo.  Mi familia es lo primero, y ellas son todo para mi. Deseo que lo entiendas, porque si insistes en acosarla, tendrás que vértelas conmigo. Dejemos esto bien claro: por nadie, ni por nada, voy a abandonar a mi familia  ¿entendido? ?

- Ya lo has hecho. Estás solo desde hace tiempo ¿ qué mas necesitas para darte cuenta de que ya no la amas?

- ¿ Qué estás diciendo?  Lo son todo para mi

- Tus proyectos de Londres ¿ qué ha sido de ellos?

-Eso es algo que a ti no te incumbe.  Creo que todo lo que nos digamos ahora van a ser reproches, y francamente, deseo terminar esta conversación.  Tengo prisa, voy a buscar a mi familia. Adiós Terry. De verdad deseo que todo te vaya bien.

Terry dió un portazo a la puerta cuando Charles salió.  Definitivamente habían cerrado esa etapa de sus vidas.  Charles se metió en el coche y emprendió rumbo a la casa de su padre. Estaba impaciente por abrazar a Lola y a Rose.

En su rostro se dibujó una sonrisa ante el pensamiento de tenerlas nuevamente entre sus brazos. Puso el coche en marcha y emprendió el viaje.

Lola, se bajó del coche y miró con nostalgia a "El Refugio".  Allí habían pasado unos días inolvidables, habían sido felices con su pequeña Rose, y Charles había sido más suyo. Rodeó la casa y llegó hasta el prado de brezos, lugar favorito de su marido, y no pudo evitar que las lágrimas asomaran a sus ojos. ¿ Qué había pasado?  ¿ En qué momento se habían distanciado?  Se sentó en el lugar en el que él se tumbaba para oír el rumor del viento, y acarició el terreno con nostalgia.  La pequeña Rose la miraba con esa mirada de bebé  de no entender nada...
La sacó del canguro y la tumbó en los brezos en el mismo lugar que lo hiciera su padre.  La niña al verse libre, palmoteaba y movía sus piernecitas alegre y contenta, sin perder de vista a su madre.  Lola estuvo llorando largo rato, dando salida a la angustia que tenía en su interior.
 Charles, en su coche, enfiló la carretera que le llevaría a casa de su padre.  Se quedaría un par de días y,  después se volverían los tres a casa, a tiempo para incorporarse nuevamente la hiospital Era hora de que retomasen sus vidas, en todos los sentidos.  En menos de tres horas había llegado.  Entró con una sonrisa en los labios en busca de su mujer y su pequeña.  Abrazó a su padre, saludó a Bob y se enteró de que ella había salido a pasear hasta El Refugio con el bebé.

- No deben tardar- le dijo su padre-.  Salió pronto y la hora de la comida está cercana.
No esperó más y volvió al coche para ir lo más rápido posible.  Tenía la necesidad de abrazar a Lola, de demostrarla que la quería más que a nada y de abrazar a su pequeña Rose, que le tenía totalmente embobado.
Entró en la casa, pero no había nadie. La buscó por todos los sitios en los que ellos solían sentarse . No la vio por ningún sitio.  Llamó a casa de su padre por si se hubieran cruzado en el camino, cosa improbable porque no había visto  ningún coche .  La preocupación aumentaba por momentos, máxime después de la conversación que tuvo con su padre.
Comenzó a llamarla a voces lleno de angustia.  ¿ Y si les hubiera pasado algo, y estuvieran solas sin ayuda?  Su cabeza era un caos de angustia y desesperación.  Allí ya no podía hacer nada, así que optó por desandar el camino e ir mirando más detenidamente por si estaban dentro de los prados.
Lola de regreso a casa iba llorando.  No sabía muy bien porqué sentía esa opresión en el pecho que le hacía estar angustiada constantemente.  !"Ya no me quiere, ya no me quiere.  Nunca había dejado de llamarme" ...  No sabía muy bien  porqué, tomó el desvío que la conduciría hasta el campo en donde había derribado la caseta de los aperos.
Era una explosión de belleza, en donde antes había habido dolor.  Avanzó con su hija en brazos,  que comenzaba a lloriquear reclamando su comida.  Se sentó en la campiña y la dio de mamar.  Mientras lo hacía, la chiquitina la miraba con sus inmensos ojos azules, y ella la hablaba como si pudiera entenderla.


- Tienes los mismos ojos de papa. Eres igual de bella  - mientras un profundo sollozo salió de su pecho- ¿ Sabes ? Aquí fue plenamente mío, me confió su más profundo secreto entre mis brazos, y los dos lloramos, pero nunca volvimos a estar más unidos. Ahora me tiene desconcertada... yo le quiero más que a mi vida, pero y, ¿ él ? ....
El móvil de Lola sonaba sin cesar, pero lo había dejado en el coche, de forma que no lo escuchaba.  Charles estaba cada vez más angustiado.  No había nadie que se hubiera cruzado con  él. Miraba a un lado y otro del camino, hasta que a lo lejos, divisó la silueta de un coche que le resultó familiar.  Un vuelco de alegría hacía que el corazón le fuese a mil por hora.  Metió la velocidad al coche y a toda prisa se dirigió hacia donde estaba el otro vehículo.  Al llegar vio a Lola sentada entre los brezos dando el pecho a su pequeña.  Estaba hablando con ella, y aunque a penas podía oírla, se acercó algo más,  sin hacer ruido,  para no interrumpirla
-¿ Qué vamos hacer, pequeña Rose, si papá se va? La culpa la tengo yo.  No debimos quedarnos aquí.  Dejé el terreno libre y ahora él...- no pudo seguir, un profundo sollozo cortó la comunicación con su hija.

- No, no, no digas eso por favor.  Nunca podré dejaros porque sois mi vida entera. 
¿ Por qué no confías en mi?  He visto una vez a Terry, y por casualidad. Pero hablé con ella y le pedí que nos dejara tranquilos, que nunca la perdonaría lo que tú estás sufriendo por ella.  No vuelvas a pensar eso, mi vida.  No es cierto ¿ cómo quieres que te lo diga?  Desde el primer momento que te vi, supe que cambiarías mi vida. Eres lo primero y siempre lo serás. Eres la más bella mujer que jamás he conocido, porque lo eres por dentro y por fuera.  Te quiero, mi vida, y eso nada,  ni nadie podrá cambiarlo

- ¡ Charles, has venido !

- ¿ Cómo no iba a venir ? Sois mi familia.  Lo más grande que tengo y no soporto verte llorar. No se puede medir el amor que siento por ti, Dolores.  Como tu nombre indica has sido un montón de dolores para mí, hasta que conseguí que fueras mi mujer.  ¿Cómo puedes pensar siquiera que haya olvidado todo lo que pasamos juntos, aquí precisamente?






Lola miró a su hija que hacía rato había parado de mamar.  Su carita tenía la paz de los seres inocentes, se había dormido.  Charles se quitó la camisa y la extendió por el prado separada de ellos, y tomándola en sus brazos la tumbó.  Después se dirigió a su mujer, la abrazó besándola con el ímpetu de unos recién casados y tumbados en la campiña cubierta de brezos, hicieron el amor. 
Todas las dudas, todas las amarguras, se disiparon al instante.  Lola volvió a sonreír con las bromas de su marido
- ¡ Eh, huesines! no se te ha olvidado...
Se volvieron a besar.  Volvieron a quererse como al principio. Los fines de semana que Charles tenía libres, volvían al refugio y paseaban por la campiña cubierta de brezos y al cabo de un año  volvieron a ser padres nuevamente. Nació un niño engendrado en la campiña.  Campiña de amor y felicidad,  en donde hacía tiempo,  había sido escenario de los fantasmas, ya olvidados de su padre.