rosafermu

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viernes, 17 de mayo de 2013

REGRESO A SEFARAD - Capítulo 12 / Serás la luz de mi vida


Una vez ingresada en la clínica, Judith llamó a su marido

-Abraham, estamos en la clínica. La niña ya viene. Llama a Sarah y díselo. Tengo que entrar en el paritorio. Te dejo. adiós
- Espera, no cuelgues. Dime dónde estáis

Nerviosa Judith dio a su marido el nombre de la clínica y enseguida colgó. Estaba muy nerviosa y ansiosa. ¡ Iba a ser abuela !
No menos nervioso se puso Abraham, había algunas cosas que no comprendía ¿ por qué esa desazón de su mujer por esa chica que a penas conocía?  No obstante, descolgó de nuevo el teléfono y llamó a Sarah para comunicarle la novedad y decirla que salía para Madrid lo más pronto posible, pero también advirtió a su hija que no debía decir nada a nadie, y ese nadie se refería a Aaron.
- Hablaremos contigo cuando llegue. Yo no sé más, así que no me entretengo.  Mientras caminaba en dirección a la agencia de viajes para comprar el billete de avión, daba vueltas en su cabeza la palabra "abuelo". Tenía la sensación de flotar ante esa palabra..  Aún tenía que asimilarlo todo; alguien debía explicarle todo lo ocurrido, y que sólo las dos mujeres de su familia sabían en profundidad.
El médico depositó a la niña sobre el pecho de su madre, que lloraba quedamente de la emoción. Judith la besaba en la frente y abrazaba uniendo a ella su emoción personal.  Ahora se abría otra página no menos difícil de resolver.
El parto había sido largo y duro. La chiquitina se dormía en el largo camino que había de recorrer para ver la luz, y a su madre se le agotaban las fuerzas para contribuir a su nacimiento.  El efecto de la epidural se había pasado casi y las contracciones no cesaban.  Judith la secaba el sudor, la besaba, la daba ánimos y comprendía, por saberlo, por qué Macarena lloraba silenciosamente. Aaron estaba presente, aunque fuese sólo en su pensamiento.
Abraham llegó a mediodía del día siguiente, nervioso, emocionado, y al mismo tiempo con una sensación extraña.  Sólo había visto a esa chica en dos ocasiones y muy de pasada, y ahora según le había explicado su esposa, le había convertido en abuelo...  Al entrar en la clínica buscó el número de la habitación que Judith le había dado y llamó suavemente pidiendo permiso para entrar.  Fue su mujer quién  le franqueó la entrada; estaba radiante, feliz y, se abrazó a su marido diciendo
- Es preciosa, es preciosa y se parece a Aaron
Al entrar vió a una Macarena con una débil sonrisa en sus labios.  Estaba algo más desmejorada de cuando la vio en Agadir.  Una enfermera la ayudaba para que la niña comenzase a mamar.  El,  ruborizado,  giró la cabeza y después de saludar a la nueva madre  ligeramente, salió de la habitación.
Se puso en contacto con Sarah para comunicarla que había llegado bien y que la niña era una bolita de carne sonrosada con mucho pelito negro.  Sentía un especial sentimiento de ternura, algo que no sabía explicar, algo que dijo a Sarah
- Hija, me tenéis que explicar con calma cuando pase todo, cosas que ignoro. No sé si esta criatura es hija o no de Aaron, pero ha traído a nuestras vidas  la alegría de un nuevo ser, y con eso me basta. A la madre la he encontrado bastante agotada, pero espero que sea por el parto, porque tendrá que enfrentarse a una dura tarea, aunque tiene a tu madre al lado.  Eso me preocupa, lo está viviendo con mucha intensidad y no me gustaría que sufriera por lo que  su cabeza haya forjado.
Tres días permanecieron en la clínica.  La condujeron a su casa y Judith anunció a Abraham que ella permanecería a su lado. A Macarena le habían tenido que darle unos puntos para facilitar la salida de la pequeña.  Estaba bastante molesta y a penas podía sentarse bien; de vez en cuando debía levantarse y caminar un poco para aliviar el dolor.  Judith la ayudaba, pero Macarena creyó conveniente mantener una charla con ella
- Judith,  me has ayudado y nunca te agradeceré bastante lo que has hecho por nosotras
y espero que interpretes mis palabras en su justa medida. Debo atender a la niña aunque no esté recuperada.  Vosotros regresaréis en cualquier momento y tengo que ser yo la que se enfrente a todos a los problemas que seguro surgirán.  No tengo ni idea de cómo cuidar a un bebé, pero espero me des algunas lecciones para hacerlo correctamente, pero debo organizar mi vida con ella. Te prometo pondré todo el cuidado del mundo en ello, seré buena madre y estaré feliz cuando vengáis a visitarnos. Nada me alegraría más.  No tienes idea de lo que me has ayudado en estos días que has permanecido a mi lado.  No sé lo que habría sido de mi si no te hubiera tenido.
Judith la abrazó y tomó su  delgado rostro entre sus manos acariciando su frente y estrechándola contra su pecho.
- No tienes que explicarme nada. Lo sé y lo comprendo. Durante este tiempo te he cuidado como cuidaría a Sarah,   igual.  Eres la madre de mi nieta, y esa pequeña lleva mi sangre, ¡ cómo no iba a cuidarte !  Siempre que me necesites, estaré a tu lado, a vuestro lado. ¿ De verdad podremos verla siempre que quiera?
- ¿ Cómo lo pones en duda? Durante todos estos meses, me he acordado enormemente de mi madre.¡ Me sentía tan  sola !, pero apareciste tú, me diste tu apoyo enseguida sin tener la más mínima duda de que eras su abuela, ¡ cómo no vas a poder verla!  Aunque Aaron y yo no nos volvamos a ver, tú siempre serás su abuela y nada cambiará entre nosotras.  Cuando sea mayor la hablaré de vosotros, de todos, incluido su padre.  Ella debe saber que tiene una familia, de dónde procede y que fue engendrada por amor, al menos por mi parte, aunque no fuera esa la intención.  Cuento con tu ayuda; la contarás cosas de tus antepasados, que también son los suyos.  Debe conocerlo todo.
Judith estaba muy emocionada, y Abraham se alarmó cuando vio a las dos mujeres que abrazadas lloraban quedamente.
- Eh, eh,¿ qué ocurre aquí ?
- Nada, marido, nada. Son cosas de mujeres, de mujeres que se quieren y se comprenden
- También los hombres nos emocionamos ¿ sabéis?
- ¡ Claro que si !, abuelo - dijo Macarena extendiendo su mano en dirección a él.
El teléfono sonó y fue Macarena quién descolgó.  Era Sarah que llamaba para interesarse por todos ellos.
- Mándame una foto por el móvil.  No tengo paciencia para esperar hasta que podamos ir a veros.  Ari está muy contento también y te manda un abrazo- dijo Sarah a Macarena
- No sé cómo voy a pagaros tanto cariño que nos dais - agradeció Macarena
- No seas tonta, se trata de mi sobrina
Ambas chicas rieron  al despedirse.  Era la primera vez que Macarena reía en mucho tiempo.  Les estaba muy agradecida, a todos.  Sus recuerdos fueron hasta Aaron.  El rostro del hombre y el de la niña se mezclaron en una sola imagen " si supiera ...", se repitió y procedió a alimentar a su pequeña.  Judith ya se había acostado y Abraham se había marchado hacía rato a Lavapiés.  Era la última toma de la noche, la próxima sería a las 6 de la mañana. 
Mientras la amamantaba, estrechaba a su hija suavemente contra su regazo. Con la malo libre acariciaba su carita y tomaba su pequeña manecita. La susurraba quedamente unas palabras de cariño y le hablaba de su padre, aunque el bebe no la escuchase.  Casi una hora es lo que tardaba en atender a la niña, ya que al ser tan chiquitina, se dormía, cansadita, mientras mamaba, por lo que sus horas de sueño eran pocas.  Se sentía algo débil, pero confiaba en que pronto se recuperaría; era algo que a todas las madres les ocurre cuando dan a luz.
Por la mañana muy temprano llegaba Abraham y pasaban el día atendiendo a Macarena. El camino lo hacía contento, nervioso e impaciente por llegar para ver a la pequeña.  Mientras la madre desayunaba y antes de darla el pecho, era él el encargado de entretener a Luz, que impaciente buscaba también su desayuno, pues era bastante tragonceta.  Cuando la madre la ponía el pecho, impaciente movía la cabecita buscando por dónde salía ese fruto exquisito que su mamá le daba, lo que causaba la hilaridad de los tres.
Después de comer, mientras Macarena dormía su siesta después de atender a la pequeña, el teléfono sonó en la casa, y fue Abraham quién lo atendió
- ¿ Quién es ?
- Papá, soy Sarah, te llamo solo un instante. Aaron está aquí y va hacia Madrid.
Aaron sentía la necesidad de ver a su familia y aprovechó unos días que tenía libres, para viajar hasta Agadir.  Al entrar en su casa se sorprendió de que estuviera vacía
- ¡ Qué extraño ! , ¿ dónde estarán ? - y dicho esto, se puso en contacto con Sarah para averiguarlo
- Sarah ¿ dónde están nuestros padres?
- Oh, de viaje
- ¿ De viaje ?, no me dijeron nada cuando hablé con ellos hace días
- No sé. Lo pensarían después
- ¿ Y dónde han ido?
- Están en Madrid
- ¿ En Madrid ?
- Si. Mamá quería hacer unos arreglos en el piso, o qué se yo. El caso es que les apetecía ir hasta allí
- Bueno, pues me acercaré yo también
- ¿ Tú ?
- Si ¿ qué pasa? No te extrañe, quizás busque a Macarena para hablar con ella
- Pues eso estaría bien. Aclarad de una vez lo vuestro
- Si decididamente, voy a comprar el billete. Shalom hermanita
-  Llamáme cuando llegues. Ten buen viaje. Shalom
Sarah no sabía si había hecho bien o mal en animar a su hermano en ir a España. Pensaba que ya era hora de terminar con tanto secretismo
Abraham alarmado comunicó a su mujer la conversación con Sarah y preocupado confesó a Judith
- Qué quieres que te diga, me alegro de que venga, a ver si de una vez se termina este embrollo. Que aclaren lo que sea que les llevó a esa situación. Me refiero a que si luego quieren seguir juntos, que sigan  o que lo dejen, pero esto no puede continúar.
Macarena se había levantado y escuchado sin querer la conversación del matrimonio
- Tiene razón Abraham - comentó -, pero desearía que si acaso llegase a venir para hablar conmigo, nos dejéis solos. Quizás discutamos y no me gustaría crear esa violencia ante vosotros. Lleváis muchos días conmigo, así que creo que hasta que no se aclare todo, debéis estar en vuestra casa para cuando él llegue
- ¿ No quieres verle, verdad  ? - dijo Judith
- No ahora no. ¿ Te has fijado cómo estoy ? horrible... Todavía hinchada, con mala cara, delgada ¿ Te parece que estoy presentable?... Pero si viniese a verme, cosa que dudo, le recibiré.  Por mi no debéis preocuparos, y claro se enterará de todo. Pero será él quién  dé explicaciones antes que yo, de lo contrario... nada se aclarará
De esta forma el matrimonio permaneció en su casa hasta la llegada de Aaron, que fue inmediata.
El timbre de la puerta sonó, fuerte, rotundo.  Macarena presintió de quién se trataba y tardó unos instantes en  reaccionar. Se miró en un espejo y atenuó su olor a bebe, con unas gotas de perfume acostumbrado. Alisó su cabello, abrochó su blusa y se dirigió a la puerta para atender a quién con tanto ímpetu repetía la llamada.  Como sospechó estaba frente a sí  un Aaron más delgado, con los mismos ojos profundos que la cautivaron y la barba espesa que últimamente se había dejado crecer

- ¡ Hola ! - fue el saludo de él, tenue, como si hiciera unos minutos que se hubieran visto por última vez
- ¡ Hola ! - respondió ella- ¿ estás bien ?
- Si, bien. A ti te encuentro cambiada... Se nota que trabajas mucho
- ¿ Quieres pasar?
- De acuerdo- contestó Aaron-
No sabían qué decirse.  Ël ni siquiera había hecho intento de besarla, aunque fuera en la mejilla, y ella tampoco se acercó.  Unos leves gemidos se oyeron en la casa
- ¿ Tienes algún gatito ?- dijo él sonriente
- No, no. Perdona tengo que hacer algo
Macarena salió inmediatamente de la habitación. A él le extrañó la actitud de ella, y la siguió hasta llegar a otra .  Parado en el dintel de la puerta, vio  con asombro cómo ella sacaba de una cuna a un diminuto "paquete" que no paraba de llorar y palmotear incesantemente
- Perdona, tengo que alimentarla ¿ Puedes salir un momento?
- ¿ Tienes un hijo ?, pero....es muy pequeño... recién nacido.  Eso quiere decir que..
¿ estabas ya embarazada cuándo... nosotros ?
- Si, tengo una niña, y no .  No lo estaba...
Aarón se dio la vuelta dándola la espalda, mientras ella desabrochaba su blusa para dar el pecho a Luz.  Sentada en un taburete, acomodó a la niña que enseguida comenzó a comer.  Aaron estaba perplejo.  Sin decir nada, miraba a las dos, se puso de rodillas detrás de Macarena y abriendo sus brazos abarcó con ellos,  en un abrazo,  a Macarena y a la niña.  Reclinó su cabeza sobre la de ella y dejó un beso en su nuca, al tiempo que comenzó a hablar:
 
" Nos conocimos mientras hacíamos el servicio militar.  Acabábamos de pasar la adolescencia y fue para ambos el primer amor de nuestras vidas.  Estudiábamos en los pocos ratos que teníamos libres.
Ella era hija única de un matrimonio mayor que les colmó de felicidad. . Ambos eran maestros, se conocieron en un Kibutz y allí ejercían.  Se enamoraron, se casaron y aunque no lo esperaban, Dios les concedió el milagro de engendrar una vida : Ruth."
Ruth
"Ella quiso ser profersora como su madre y yo ingeniero agronómo para ayudar en el negocio familiar de cítricos.  Nos queríamos sinceramente y decidimos irnos a vivir juntos y con el tiempo unir nuestras vidas para siempre.  Sus padres abandonaron  el kibutz y se trasladaron a vivir cerca de nosotros en Tel  Aviv.   Allí habíamos comprado un pequeño apartamento para los dos, ya que de momento no deseábamos tener hijos.  Éramos muy jóvenes y queríamos disfrutar de nuestro amor. El padre puso  un  pequeño comercio  de frutos secos y especias y la madre siguió de profesora en un colegio cercano en donde Ruth daba clases. Yo, por mi trabajo  pasaba mucho tiempo fuera de casa , y tan solo nos veíamos los fines de semana; por ello abandoné el trabajo familiar y busqué otro empleo más cercano que me permitiera ir todos los días al hogar.
La normalidad reinaba en nuestras vidas, ganábamos un buen sueldo que nos permitía vivir holgadamente y darnos algún capricho.  Yo me compré una moto en la que acudía al trabajo.  Ella siempre me lo recriminó, pues la preocupaba que yo tuviera un accidente.  Casi todos los días la llevaba en ella hasta el colegio   ,  menos uno, que cambió el rumbo de nuestras vidas. Todo monótono, rutinario y maravilloso. No necesitábamos más, nuestro cariño abarcaba todo.
Una noche nos habíamos excedido en nuestras muestras de amor y nos dormimos muy tarde, con lo cual yo, más perezoso, me quedé dormido.  Ella ya estaba vestida y desayunada cuando me desperté"
- ¿ Por qué no me has llamado ? No me dará tiempo a llevarte hasta la parada de autobús en donde espera tu madre.
- No pasa nada. Me voy que llegaré tarde yo también. Esa fue la última vez que la vi con vida."
" Nos besamos como cada vez que nos despedíamos y bajó corriendo las escaleras,  Yo me quedé preparándome para ir al trabajo A penas había puesto la moto en marcha, cuando una terrible explosión  hizo vibrar los cristales de la casa.  Me asomé a la ventana para ver de dónde procedía, y vi  cómo una bola de fuego procedía de la zona en donde Ruth debía tomar el autobús.
Bajé a la calle dando zancadas con un mal presentimiento y corrí como un loco en dirección de la que procedía el fuego.  Varias personas corrían alarmadas al igual que yo.  Cuando llegamos, no me había engañado, era un autobús de la misma línea que debía tomar Ruth y su madre.  Por la hora no quería ni pensar en que a ellas les hubiese afectado."

 "La escena era dantesca: gritos, llantos, cuerpos destrozados, personas quemadas tiradas en el suelo... Yo trataba de moverme, aunque mis piernas se negaban a ello "no puede ser verdad, no puede ser verdad", me repetía una y otra vez.  Ignoro lo que duró mi estado, pero inmediatamente reaccioné y comencé a ayudar en lo que pudiera a los sanitarios que acababan de llegar.  Yo en realidad quería comprobar que ellas no estaban allí,   pero si estaban.
La primera que encontré fue a la madre, ya muerta, y después boca abajo, vi el cuerpo destrozado de Ruth.  No lo podía creer, no podía ser ella.  Pero sí lo era. Casi a la fuerza cogí de un brazo a un sanitario y le arrastré hasta donde estaba .  Comprendí que no había nada que hacer, por el movimiento de cabeza que hizo. Cogí su cuerpo destrozado entre mis brazos y lloré, lloré amargamente no sé el tiempo. Apretaba su cuerpo contra el mio para infundirle la vida que se la escaba sin poderlo remediar.  No sabría decir cuánto tiempo permanecí así.  Alguien me tocó en el hombre y me dijo: ha muerto.  Dí un grito desgarrador, otro entre los muchos que se escuchaban. Después otros sanitarios introdujeron su cuerpo dentro de una bolsa de plástico y se la llevaron al depósito para su identificación.
Caminé como sonámbulo por las calles, dando vueltas por los mismos sitios e iba a parar al mismo lugar . Una enfermera me auxilió, me dio agua y me trajo una bata de médico, y ella misma me quitó la ropa que tenía llena de sangre.  No me acordé en mi dolor, de su padre. ¡ Pobrecillo !, había perdido todo cuanto tenía : su mujer y su hija.
No podía volver a casa. Hacía pocas horas que nos habíamos despedido para ir a trabajar como cualquier otro día, y ahora está muerta. Seguí caminando por las calles durante toda la noche.  Llamaban a mi móvil una y otra vez, pero yo no lo escuchaba.  Cuando ya había entrado el día  y el sol brillaba de nuevo en el cielo, me di cuenta de que mi familia estaría preocupada.  Haciendo un gran esfuerzo, les llamé y comuniqué lo ocurrido.  Mis padres viajaron inmediatamente para estar a mi lado.
Después de su entierro,  en la habitación del hotel en donde mis padres se habían hospedado, abrazado a mi madre lloré, lloré sin cesar durante horas.
Habían pasado más de 15 días del atentado, y  decidí volver a mi casa y ver al padre de Ruth.  Le encontré desplomado, como ausente; en todo ese tiempo apenas dormía ni comía. La barba le había crecido y daba a su rostro un aspecto más trágico.  ¡ Pobre Samuel !, a los pocos meses empezó a desvariar y a perder la memoria y finalmente ingresado por Asuntos Sociales en una residencia, murió silenciosamente durante la noche.
Mi desesperación no cesaba y me culpaba de que ella estuviera muerta por yo haberme quedado dormido. Yo tenía la culpa de todo, de haberla hecho el amor hasta tan tarde. Si no lo hubiéramos hecho, nos hubiéramos despertado temprano y ella hubiera cogido el autobús anterior. La culpa era mía, la culpa era mía.
Estos hechos ocurrieron hace más de cinco años y durante todo este tiempo mi vida ha sido un desastre. Abandoné el trabajo y me refugié en Agadir.  Allí estuve durante meses y cuando volví, comencé a frecuentar compañías femeninas cada día.  No me importaba nada, buscaba no sabía qué, quizás aplacar la tremenda rabia que sentía.  Había veces que después de contratar a la chica, la dejaba ir sin hacer nada, no podía hacer nada. El recuerdo de Ruth estaba permanentemente en mi memoria, y entonces la juré que nunca más me volvería a enamorar, que nunca más querría a otra mujer.
Al cabo de tres años de haber ocurrido, mi abuelo Benjamín cayó enfermo repentinamente y a los pocos meses moría. Fue otro mazazo para mi.  Cuando agonizaba me pidió que volviera a Sefarad y comprobara si su casa, la de su familia, aún existía.  Se lo prometí y le prometí que la compraría si ello fuese posible, para que sus raíces permanecieran en Sefarad."
El abuelo Benjamín
"Lo que vino después ya lo conoces, pero falta una parte, la última. He de decirte que cuando te conocí no me fuiste muy simpática, es decir los españoles no me érais simpáticos. Aún con la sensación de la pérdida de Benjamin, os guardaba un raro rencor por la expulsión de mis antepasados de aquí. Absurdo, lo sé, pero desde que Ruth murió, mi carácter se había vuelto rencoroso, amargado, hasta insoportable. Cuando regresé, después de nuestra discusión volví a las andadas: salidas nocturnas, alterne con chicas, etc.  Una de esas chicas era Annetta; enseguida intimamos, y a la semana de conocernos ya nos acostábamos juntos, y un mes después me quedaba casi a diario en su casa cada noche.  Desde el primer minuto de intimar, la confesé que no estaba enamorado de ella, que sólo buscaba refugio de una amor fracasado, tú, y que no dudaría en dejar la relación si el destino nos juntaba de nuevo.  Ella lo comprendió y estuvo de acuerdo . Me dio afecto, comprensión y estabilidad. Evitó que me hiciera un golfante y por ello la estaré eternamente agradecido.  Una noche celebrábamos el cumpleaños de un amigo y estábamos contentos, y yo especialmente cariñoso con Annetta, cuando sonó mi teléfono para decirme " ella está aquí , búscala".
Al principio me costó entenderlo, hasta que comprendí a  que se refería...   a ti.  Sarah supo desde el principio lo ocurrido, y ese "ella", no era otra persona    sino tú.  Han sido unos meses de incertidumbre, sin saber qué hacer, hasta que el ir a casa de mis padres y saber por mi hermana que estaban aquí, fué como un aviso de que debía venir y arreglar lo nuestro, porque yo no te he podido olvidar ni un instante.
Lo que motivó nuestro enfado fueron unas palabras que pronuncié en hebreo y que no entendiste. Quiero repetírtelas ahora,  y te lo aclarará todo y,  por qué yo no entendía nada de lo que me decías Y  fueron : Ruth, perdóname, la amo más que a nada, amo a esta mujer, perdóname  "
Aaron había terminado su relato sin cambiar de postura, ninguno de los dos se había movido, y hasta la chiquitina se había quedado dormida con su carita pegada al pecho de la madre. No se había estremecido en todo el tiempo que duró la explicación, como si ella comprendiera lo que su padre relataba.



Por el rostro de Macarena se deslizaban las lágrimas, quedas, silenciosas, que mientras Aaron hablaba, comenzaron a salir de sus ojos lentamente.  Él cambió de postura sentándose frente a ella y tomando su cara entre las manos, la dijo
- ¿ Por qué no me  dijiste que estabas esperando un niño ?
- ¿ A dónde, a qué teléfono, a qué dirección ? No sabía dónde vivías ¿ cómo contactar contigo si ni siquiera volviste?
- Eso no es cierto. Te estuve llamando varias veces, y vine hasta aquí. Pasé todo el día en la calle esperando verte, porque no me abriste la puerta tampoco. ¿ No recuerdas?   Regresé a casa y, es cierto no quise saber nada de ti.   Si se enteró Sarah fué porque insistió que se lo contase, y yo tuve la necesidad de descargar mi angustia.  ¿ Puedo coger a mi.., por cierto es niño a niña?
- Es niña y la llamaré Luz, porque ella iba a ser la luz de mi solitaria vida.
- Nunca más secretos entre nosotros, nunca más
- Nunca más mi amor, nunca más. Por duros y dolorosos que sean, nunca más
Aaron tomó a la niña entre sus brazos y arrimó su cara a la de la pequeña, que al notar la barba de su padre, se agitó molesta, causando la algarabía de ellos que la contemplaban con infinito amor.
- Me has hecho el regalo más grande que un hombre puede recibir de una mujer.  Ahora que conoces a mis padres, ¿ me lo hubieras comunicado?
- De momento no, y así se lo dije a ellos. Tenía que prepararme  para el encuentro. Había ocurrido todo sin esperarlo y yo creía que me tenía que enfrentar a un padre que no nos quería. Porque yo estaba allí, en aquel bar y vi cómo besabas a Annetta y me partiste el corazón
- ¿ Estabas allí ?, ¡ claro ! Cuando salí a la calle para hablar con Sarah, noté un perfume que me era conocido, aunque no sabía de qué. ¡ Claro ! es el mismo que llevas ahora.  Dios mío qué tontos hemos sido
Acostaron a la pequeña Luz y por fin pudieron abrazarse.  Ambos lloraban abrazados, pero ésta vez de alegría.
- He de llamar a mis padres, estarán impacientes por saber algo
-Si, anda llámales y diles que soy la mujer más feliz del mundo, que te quiero, que quiero a mi hija, y que les quiero a ellos, díselo- y lo dijo gimoteando de emoción
-Si cielo, ahora mismo, pero no te separes de mi ni un centímetro.
Llamó a sus padres y fue Judith quién descolgó el teléfono
- Mamá, soy feliz, muy feliz. Tengo una hija preciosa, una mujer a la que adoro y unos padres maravillosos.  No me esperéis, yo las cuidaré, pero os espero mañana temprano. Tengo que deciros mis planes de futuro. Os quiero, Shalom
- Shalom, hijo mio. Nosotros también os queremos y somos muy felices.
Al colgar, Judith se refugió en los brazos de su marido llorando de alegría y tranquilidad.  La breve conversación con su hijo, la había dejado claro que todo estaba solucionado.  Por fin podían estar tranquilos
- ¿ Te das cuenta, mujer, te das cuenta? - dijo Abraham acariciando su rostro.







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miércoles, 15 de mayo de 2013

REGRESO A SEFARAD- Capítulo 11 / Viernes Santo

El cielo estaba nublado, como si hubiera que cumplir el ritual de todos los años, el día de Viernes Santo, amaneció triste, sin sol, incluso algunas pequeñas gotas de lluvia tintineaban en los cristales de la ventana desde la que Aaron pensativo contemplaba la calle.  Giró la cabeza y vio que Annetta dormía plácidamente. Él no pudo hacerlo en toda la noche, a pesar de que se acostaron a una hora tardía y haber tenido un rato de intimidad.

 Ella se rebulló en la cama, extendió su brazo palpando la almohada en donde debería estar acostado Aaron. Al comprobar que estaba vacía se incorporó un poco sobre su brazo, buscando desorientada al muchacho.

- Hey, amor ¿ por qué te has levantado tan pronto ? Vuelve a la cama, anda
- Buenos días, linda. No puedo dormir
- Te noto preocupado. Desde que recibiste la llama anoche en el bar, te noto raro.¿Ha ocurrido algo, quién te llamó?
- Fue Sarah
-¿ Tus padres están bien?
-Si, si. Todos están perfectamente - hizo un largo silencio, como midiendo las palabras y dijo escuetamente
- Ella, está aquí
- ¿ Quién está aquí, Sarah?
- No...   Perdona tengo que salir
-¿ A qué ha venido, se ha puesto en contacto congio? ¿ por qué viene ahora?
- Eh, calma. Ha venido porque es su trabajo, y no se ha puesto en contacto conmigo porque ni siquiera sabe que estoy aquí. No sabe dónde vivo,  ni mi teléfono. No nos hemos visto. Fue Sarah la que me lo ha dicho.
- ¿ Qué vas hacer?
- No sé, te juro que no lo sé
- Ya... - Annetta, se puso una bata y salió de la cama.

Había transcurrido una hora desde lo ocurrido, cuando Aaron salió a la calle sin rumbo fijo. Las palabras que le dijera Sarah, resonaban en su cabeza " búscala, búscala". Entró en un café y pidió un té.  Tenía mucho en lo que pensar, tenía que aclarar sus ideas, muy confusas. No sabía qué hacer; por un lado deseaba buscarla para poderla ver, pero por otro estaba Annetta.  Ella había conseguido estabilizar su vida, a pesar de saber que su relación pudiera fracasar si volvía a encontrar a Macarena.  Decidido abonó la consumición y salió en dirección a la Via Dolorosa.  Recorrería la calle, ya congestionada de gente, mirando por ver si ella se encontraba entre los grupos que a un lado y otro  aguardaban las procesiones de los peregrinos.  Impaciente cambió de lugar y fue hasta la basílica del Santo Sepulcro, tampoco encontró nada, desanduvo sus pasos y volvió a recorrer la Via Dolorosa.  En ningún sitio frecuentado por los peregrinos la encontró. Deambulaba por las calles buscando, buscando sin encontrar rastro de ella. Vencido por la impaciencia y el cansancio, a mediodía decidió volver a casa de Annetta, recoger sus cosas e irse a su apartamento, al que no acudía  hacía más de una semana.




El grupo capitaneado por Macarena ocupó el lugar para presenciar el Via Crucis que en silencio y con mucha devoción veían pasar.  Antes de salir del hotel, Macarena les advirtió

- Yo les llevaré hasta la Via Dolorosa, pero después si me lo permiten aguardaré su regreso en un bar cercano. Discúlpenme, no soy religiosa y las muchedumbres me agobian. Después les llevaré a recorrer todas las iglesias que deseen visitar.

Les condujo hasta un lugar en donde pudieran ver todo y esperó en un bar cercano a que ellos decidieran terminar su Via Crucis.  Era una salita, más que un bar, en donde un árabe nacido en Israel la sirvió un té que previamente había solicitado.  Miraba recelosa alrededor, tratando de escudriñar si él pasaba por allí.  Ambos ignoraban lo cerca que estaban uno del otro, pero no llegaron a encontrarse.



Sólo en su casa,  después de marchar de la de Annetta,  estaba indeciso.  Sabía que si la encontraba le iba a ser muy difícil no hablarla, aunque esa fuera su intención.  Annetta le daba cariño, estabilidad y comprensión.  Perdería de nuevo todo lo que había conseguido durante ese tiempo.  Pensó en tirar la toalla " se ve que el destino no quiere que coincidamos, muy bien:  abandono".  Se tumbó en la cama . Sujetaba su cabeza como para no  dejar escapar los recuerdos, cogió su teléfono y marcó el número de Annetta

-Dime ¿ estás en casa, has tenido suerte?
- No, no he tenido suerte, y he decidido dejar de buscar
- Bien, si es tu decisión, buena es.¿ Nos vemos luego?
- No cielo, esta noche no.  Estoy agotado y me duele tremendamente la cabeza. Voy a tomarme una aspirina y meterme en la cama cuando termine de hablar contigo.  Mañana te llamo. Te quiero- ese  " te quiero" le sonó a Annetta muy convencional, pero no dijo nada.

Después de ingerir las aspirinas, se quedó dormido profundamente durante un par de horas.  Después su sueño fue intranquilo, con imágenes extrañas, confusas e irreconocibles.  Con situaciones no vividas e inquietantes.


  Se levantó pronto, de mal humor.  Se calentó un resto de café que dejó en la cafetera, que al probarlo lo tiró con repugnancia del mal sabor que tenía.  Tomó un vaso de leche, mientras su cabeza no dejaba de pensar, pensar y pensar.  De repente decidió llamar a la agencia en Madrid . ¡Cómo no se le había ocurrido antes!  Averiguaría el itinerario, el hotel en donde se hospedaban, y de esa forma su localización sería rápida.  No quería pensar en lo que vendría después.  Probablemente ella no querría verle,  ni hablarle, pero eso , de momento, no importaba. Lo principal era localizarla y darle una explicación aunque no le creyese.  Buscó impaciente algún papel que guardara del viaje en que la conoció No encontró nada; optó por buscar en Internet y lo encontró.  Consultó su reloj y vio que aún no era la hora adecuada para llamar,  pues aún estaría cerrada.  Impaciente comenzó a pasear por las habitaciones del piso hasta que comprendió que en Madrid la oficina estaría trabajando.

- Buenos días, señorita.  Debo contactar con un integrante de un grupo que está en Tierra Santa a cargo de la señorita Macarena  Hernández ¿ puede decirme en qué hotel se hospedan?
- Un momento por favor, voy a consultar la hoja de ruta

Impaciente Aaron aguardó a que la señorita consultase en el ordenador el viaje requerido

- ¿ Oiga ?, mire han estado hospedados en el Hotel National de Jerusalén, pero  a estas horas habrán partido hacia otro lugar
- Bien pues dígame por favor hacia donde van
- Nos llamó la azafata y nos dijo partían hacia Nazaret y después visitarían  otros lugares que aún no habían decidido y que estaban fuera de programa,  pero que aún  no se habían puesto de acuerdo .  Dudaban entre ir a Petra en primer lugar o ir directamente a Aman . Lo siento no poderle ayudar.  Si me llama más tarde quizás pueda decirle algo más concreto. La azafata llamará para comunicarlo
- No, déjelo.  Ha sido muy amable, muchas gracias. Adiós

" Decididamente está de Dios que no la encuentre, que así sea" . Cerró el móvil y cogiendo una chaqueta salió de su casa no sabía muy bien hacia dónde.

El viaje terminó felizmente.  Macarena se encontraba agotada.  En su estado el periplo fue demasiado. Hablaría con don Damián para que no la volviese a encargar de un tour tan pesado, debido a su estado.  Tarde o temprano tendría que decirle que estaba encinta antes de que  fuese demasiado evidente.

- Don Damián¿ puedo hablar con usted?
- Claro, pasa, pasa
- Verá, lo que voy a decirle me resulta muy violento, pero no puedo esperar más
- ¿ Qué pasa? No me dirás que te despides, que te vas a la competencia
- No, eso no, pero lamento decirle que dentro de un tiempo,  no muy largo,  tendré que dejar mi trabajo
- ¿ Qué estás diciendo?
- Voy a tener un bebe, creo que para últimos de Septiembre,  o a primeros de Octubre

El hombre se quedó perplejo. Nunca hubiera imaginado que estuviera embarazada porque nunca había comentado que tuviera novio, y mucho menos que se hubiera casado

- Macarena... No sé qué decirte. Debiste decírmelo cuando te envié a Jerusalen. Imagino que no debió ser nada fácil para ti teniendo en cuenta de que estás ya de ...¿cuanto?
- De casi cinco meses
- ¿Piensas dejar de trabajar?
- No, no puedo. Necesito trabajar. Mis ahorros son pequeños y los niños traen muchos gastos al venir a este mundo
-¿ Entonces qué has pensado?
- Quedarme en atención al cliente. Sé que el sueldo no será el mismo, pero no estaré tan fatigada como cuando salgo de viaje.  A partir del quinto mes las molestias para la madre aumentarán . El calor del verano...mi diabetes
- ¿ Eres diabética?
-  No, no lo soy, pero tengo diabetes gestacional y he de tener cuidado para no tener secuelas después del parto.
- Ya, comprendo. Déjame estudiarlo y te lo comento. Cuídate... con razón venías algunos días con tan mala cara.

Don Damián aceptó la sugerencia de ella y desde ese momento comenzó a atender al público tras una mesa de escritorio.



La primavera venía especialmente inestable y el verano se anunciaba  con mucho calor, al menos es lo que el organismo de Macarena acusaba.  Su caminar se hizo más lento y torpe. El bebé se movía y de vez en cuando notaba fuerte las pataditas .  Acordó también con el jefe, que en lugar de tomar las vacaciones en verano, las dejaría para cuando diera a luz, porque así con los tres meses por maternidad que la ley la concedía, dispondría de un mes más para estar con ella. Si, porque en una de las ecografías dijeron que era hembra.  El saberlo la produjo una intensa emoción y pena al mismo tiempo.  La llamaría Luz, porque luz sería la que la niña diera a su vida. Ya no estaría sola nunca más.

Judith después de todo lo que sabía por Sarah referente a la estancia de Macarena en Israel, volvía a estar preocupada por su hijo. Volvía a estar decaído, inestable y descuidado.  Ni el cariño de Annetta ni el de su familia conseguían sacarle de la rueda en que se había metido.  Un día en que Sarah fue a visitarles, la dijo

- ¿ Sabes que he pensado? Me voy a Madrid
- ¿ Cómo que te vas a Madrid? ¿ A qué viene eso ahora?
- Localizaré a esa chica y hablaré con ella.  No puedo permanecer impasible viendo como mi hijo quema su juventud amargado.  Ni está con ella, ni con Annetta, ni está centrado, ni nada de nada. Su vida es un completo desastre y no voy a consentirlo. Quiero hablar con ella y aclararlo todo. Y va a ser enseguida, muy pronto.
- Mamá por favor, no te metas. Eso lo tiene que solucionar él,  y no tú
- No me meto, sólo voy aclarar lo que ocurrió.  Tu hermano vino muy transtornado y ahora ha vuelto a las andadas.  No es una relación pasajera, es algo muy profundo que le está haciendo daño, mucho daño.  A penas ha superado lo de Ruth y ahora esto. No hija, voy averiguar el encanto de esa chica que ha engatusado de esa forma a Aaron.



Era domingo, un domingo de  Junio, y el  verano se anunciaba riguroso. Macarena estaba tumbada en el sofá buscando algo de brisa que le hiciera más llevadera la pesadez de su cuerpo.  Su vientre estaba abultado y su cintura y caderas habían desaparecido.  Los ardores de estómago, la mataban.  Estaba en la recta final, aunque aún la quedaba tiempo para poder estrechar entre sus brazos a su bebe

El timbre de la puerta estridente sonó varias veces antes de que ella acudiera abrir

- Ya voy, ya voy, un momento por favor- caminaba despacio y balanceándose de un lado para otro.

- Qué des....- se quedó sin palabras al ver la figura femenina que estaba frente a ella

No menor fue la sorpresa de Judith al ver el estado de Macarena.  Fue lo último que esperaba ver

-¡ Judith ! qué hace aquí
- Yo, yo .... venía a... pero creo que debo irme. Ha sido todo una confusión
-¿ A qué se refiere?
- ¡ Estás embarazada ! ¿ Te has casado ?
- No, claro que no. Sí,  estoy embarazada , creo que eso salta a la vista
- ¿ De cuánto estás?
- ¿ Por qué todo el mundo me pregunta lo mismo? ¡ Qué mas da de cuánto estoy!
- No, no da igual. Necesito saberlo
- Pase por favor - le dijo Macarena indicándole la entrada a la casa
- De acuerdo... Macarena, vengo buscando respuestas, tús respuestas.  Sólo conozco una parte y necesito saber las dos.
- Bien, muy bien. Pues escuche sin alterarse y comprendiendo por qué ocurrió todo. Antes ¿ quiere tomar algo, un café, un zumo, u otra cosa ?
- El zumo estará bien



Macarena se dirigió a la cocina, y en una bandeja trajo una jarra con zumo y otra con agua para ella.  Poco a poco, lentamente comenzó el relato desde el momento en que conoció a Aaron. Era escuchado por Judith con la máxima atención. Macarena la dio todo tipo de explicaciones sin omitir ningún detalle, sin violencia ni rubor al llegar a la parte de su intimidad, a la parte que diera el motivo de que ahora estuviera esperando el fruto de aquella noche.  " Posiblemente ponga en duda la paternidad de su hijo, ya cuento con ello.  Siento que tenga la impresión de que soy una de esas chicas que se acuestan con el primero que se presenta. Nada más lejos; ocurrió porque me enamoré de él nada más verle, porque era Nochebuena, echaba de menos a mis padres, estaba sola y él llegó cariñoso y atento. Todo ello y que quizás nos excedimos con el vino... una cosa llevó a la otra, pero quiero que sepa que no estábamos borrachos. Eramos conscientes de lo que estaba ocurriendo.
 En el momento más íntimo, él pronunció un nombre de mujer y unas palabras que no entendí, pero por la entonación que dio, supuse que eran de infinito amor y que me había confundido, en medio del frenesí de la situación, con la mujer que tenía ese nombre : Ruth.  Le aparté de mi y le reproché su comportamiento, le dije que me había tomado por una cualquiera.  Discutimos fuertemente y nombré a Ruth.  Con infinita rabia me prohibió que la volviera a nombrar. Salí de allí llena de tristeza y rabia, porque yo le quería, le quería muchísimo, y eso me hizo daño, mucho daño.  No nos hemos vuelto a ver, y jamás nos veremos.  En mi dejó el recuerdo y esta hija que me va a nacer"

Mientras decía las últimas palabras, lloraba suavemente, sin estridencias, al tiempo que acariciaba su vientre.  Judith, guardó silencio, emocionada por el relato y la vehemencia de la muchacha.  Coincidia punto por punto con lo que sabía de labios de su hija.  Sentía una inmensa tristeza por ella que se enfrentaba sola a una situación difícil, sin pedir nada a cambio.  Abandonó sus pensamientos, cuando Macarena prosiguió su relato

- Sé que todos ustedes pensarán " cómo sabemos que es de mi hijo ", porque eso es lo que siempre dicen los que no se fían de que sea verdad, y su conciencia  intranquila busque una excusa.  Este no es el caso, puesto que Aaron no sabe nada, ni nunca lo sabrá. No quiero nada, no pido nada, no necesito nada. Tengo un trabajo y un infinito amor por mi hija, y no la faltará de nada. Pero créame, cuando salga por la puerta tenga la absoluta certeza de que lo contado es la pura verdad y que la criatura que llevo en mi vientre es su nieta.   Pero también la pido, es decir, la exijo,  que no diga nada a su hijo.  No podría soportar que hiciera algo por obligación o por el absurdo prejuicio del deber.
 El no me vió en Jerusalén, pero yo sí. Estaba con mi grupo en un bar, unos chicos celebraban un cumpleaños y al bullicio giré la cabeza y, casualidades de la vida, él estaba allí con una chica. La besaba y acariciaba , y por la mirada que la dirigía, pude comprobar de que estaba loco por ella.  Asi que la ruego, por él, que deje las cosas como están, que siga con su vida adelante.
- Pero eso no puede ser. Tiene que saberlo. El querrá saberlo. El te buscó incesantemente por todo Jerusalén cuando Sarah le dijo que estabas allí. El te ama, y no sabes de qué modo.
- Si le hubiera visto como yo aquella noche, no pensaría eso. El a quién ama es a la mujer que estaba allí aquella noche.  Tiene que prometerme no decirle nada, de lo contrario me marcharé de Madrid y no sabrán nunca más de mi
- Pero permíteme que al menos propicie  una ocasión en que podáis veros y aclarar cosas.  Tiene que saber que va a tener un hijo, tiene que saberlo ¿ no lo comprendes?
- Espere al menos a que sea yo quién se lo diga, por favor, por favor.  Deme tiempo, hasta que nazca al menos. Ahora no me siento con fuerzas.  Lo estoy pasando mal, por favor, por favor.

Judith estaba impresionada por lo relatado por Macarena y por la entereza con que quería afrontar su casi inminente alumbramiento. No pudo evitar el abrazarla como si abrazara a Sarah.  La veía sola y tan vulnerable que ambas mujeres  fundieron su abrazo y sus lágrimas.  Al separarse Judith la prometió estar en contacto con ella. En un principio hablaban por teléfono semanalmente, por las noches , cuando Macarena llegaba de trabajar, pero poco a poco las llamadas pasaron a ser diarias.  Cuando había salido de cuentas. Judith comentó con su marido

-Abraham, me voy a Madrid
- ¿ Otra vez ? ¿ Qué pasa ahora ?
- Te conté que hablé con ella y me confesó lo que había ocurrido, lo que no te dije es que está embarazada de Aaron
-¿ Cómo dices ?
-Lo que has oído. No te lo conté antes porque me hizo prometer que no se lo diría a nadie, ni siquiera a Aron. Pero está muy sola y debo estar a su lado cuando llegue el momento. No me gustaría ver a mi hija en esa situación
- ¿ Cuando llegue el momento? ¿ Quieres de cir que ya ... ?
-Si, ha salido de cuentas, así que me voy mañana mismo
- Me voy contigo
- No ni hablar. Ya te contaré lo que sea en cuanto llegue. No quiere que Aaron se entere. Si, sé que es un error, que tiene que saberlo.  Pero no hubo forma de convencerla. Así que por favor, no digas nada. Cuando llegue ya veré cómo puedo plantear de nuevo la situación.






Judith llegó a Madrid, y se hospedó en su casa, es decir la que compró su hijo en Lavapiés.  Se levantaba temprano y enseguida acudía a casa de Macarena.  Fue de gran ayuda para la muchacha, que dócilmente agradecía sus atenciones.  No se encontraba bien. Sabía que en cualquier momento ocurriría el nacimiento de Luz, pero sentía miedo, ese miedo a lo desconocido, a que todo saliera bien y su hija naciera sana.

El Almax no la calmaban los ardores de reflujo que sentía cada vez que comía, por poco que fuera.  Dormía casi sentada, sufrió lumbalgia, y el calor la sofocaba aún más.  Septiembre estaba siendo tan caluroso como lo había sido Julio.   Judith hacía todo lo posible porque estuviese cómoda y la besaba y abrazaba compadecida por lo que estaba pasando. 

Comían juntas y charlaban como dos buenas amigas. El relato de su relación con Aaron, la había liberado y al no tener secretos para ella, la complicidad era  más de madre e hija que de amigas.

- ¡ Oh Dios mio ! - dijo llevándose las manos al vientre
- Hija ¿ qué te pasa?
- Judith, creo que ya llega
- Tranquila, cielo. Llamaré al ginecólogo ¿ Dónde tienes el número?
- Es el papel que he pegado en el teléfono. Ay, ay madre mía

El médico preguntó cada cuanto tiempo tenía el dolor y las ordenó se pusieran en camino a la clínica, cosa que hicieron.  Desde allí llamaría a Abraham y Sarah para comunicarles que nacería en ese día.









REGRESO A SEFARAD - Capítulo 10 / Casualidad



El aeropuerto Ben Gurión  recibió al grupo de españoles, a cuyo frente iba una azafata de la misma nacionalidad. Se dirigieron a la salida en donde un microbús les aguardaba para llevarles al hotel.  Sobre todo las mujeres sentían una gran excitación: al fin iban a conocer la tierra de Jesús.  Los maridos más tranquilos y menos religiosos, charlaban entre ellos animadamente.  Macarena, para la ocasión, llevaba el uniforme de azafata de la agencia de viajes.  Creyeron que sería mejor identificarla por si alguien se despistaba.  El viaje, en lo que a ella se refiere, lo hizo relativamente bien.  Algo molesta a pesar de que se levantaba con frecuencia y caminaba por el pasillo del avión, pero notaba la tirantez en la piel de sus piernas, señal de  que se habían hinchado algo.  Nadie adivinaba su estado, ya que al estar dentro del primer trimestre, aún no se notaban los signos externos.  Nadie en la agencia sabía de su estado, de lo contrario ni siquiera la hubieran propuesto para el viaje.

Llegaron al hotel, y mientras esperaban que la azafata recogiera la tarjeta de sus habitaciones, comentaban lo que podrían hacer .  cenar en un restaurante y conocer la noche de Jerusalén que por las referencias que tenían, era muy animada. Cuando se les unió Macarena, expusieron sus planes y ella no tuvo ningún inconveniente en acompañarles.



Sarah llamó al teléfono del domicilio de Macarena y al no obtener respuesta, decidió acudir a la agencia para ver si allí podía localizarla. Tantearía el terreno en primer lugar, sin comentarla nada de su hermano, y según reaccionara a lo largo de su charla, vería si podía abordar el tema u olvidarlo.  Entraron en la agencia y preguntaron por la muchacha.  La señorita que les atendió les dijo:

- Lo siento mucho, pero la señorita Macarena no se encuentra en España en estos momentos
- ¿ Y sabe cuándo vuelve? - preguntó Sarah
- Tardará como ocho días, aproximadamente. Esta en Israel con un grupo de turistas
- ¿ En Israel, en qué parte de Israel?
- Han ido a Jerusalén, por Semana Santa . Ya sabe a la Vía Dolorosa, al Sepulcro, etc. la ruta turística de siempre.
- Lo siento mucho.  Nosotros estamos de paso y tenía interés en saludarla. ¿ Podría dejarle una tarjeta para que se la entregue?
- Naturalmente, con sumo gusto



Sarah escribió:  " No estabas cuando quise cumplir con  tu invitación. En otra ocasión será. Besos.  Sarah"

Se la dio a la muchacha, y salieron del local descorazonados, sobre todo Sarah, que comentó a su marido

- Es increíble lo difícil que es esto ...
- ¿ A qué te refieres?
- ¿ Te das cuenta? Venimos para tratar de averiguar algo y ella está en casa !!!!
- Bueno son casualidades. Será que no deben estar juntos. El destino juega a veces con nosotros
- Debe ser eso. En fin, prosigamos nuestro viaje de luna de miel

Al día siguiente tomarían el avión que les conduciría a la capital checa sin haber podido cumplir el deseo de su madre.

El grupo de turistas ataviados elegantemente aguardaban a que se reuniera con ellos la pareja que faltaba, y como es natural en un matrimonio de mediana edad, venían refunfuñando por la tardanza de la mujer en arreglarse.  Macarena estaba muy guapa, más relajada, aunque no bajaba la guardia. Se había puesto un traje de chaqueta ligero que le sentaba muy bien, aunque la cinturilla de la falda, la molestaba algo . Se peinó con esmero y se perfumó  Mentalmente pensaba en qué le diría si por casualidad se cruzaban en algún sitio

- No, él está en Tel Aviv, pero también viene de vez en cuando- y mentalmente pidió que no tuviera esa ocasión.



Se dirigieron al restaurante del mismo hotel para cenar y después acudieron a un local en donde además de charlar, se escuchaba música y bailaban danzas típicas. Era un local agradable, pero con bastantes turistas.  Les acomodaron en una de las mesas que quedaban libres un poco apartada de la pista de baile, pero se encontraban bien ubicados y la vista del resto del local era perfecta

- Anda, anda, despierta. Los chicos nos esperan a las ocho y ya casi son- sacudió a Aaron que dormía en la cama de Annetta
- Ya voy, ya voy. ¿ No podemos quedarnos en casa?  No me apetece nada salir esta noche. Podíamos quedarnos, ver una peli con unas cervezas y ... más tarde ... jugar un ratito ¿ eh ?
- No puede ser. Es el cumpleaños de Richard y prometimos que iríamos. Así que anda, dúchate, ponte guapo y vamos a divertirnos
- Está bien, está bien - dijo protestando

Cuando entraron en el local, toda la pandilla estaba reunida

- ¡ Os estamos esperando ! Llegáis muy tarde, sois unos malquedas
- A mi no me echéis la culpa. Ha sido Aaron que se ha quedado dormido
- ¿ Dormido... con una mujer como tú ?
- Benjamín....-dijo Annetta riendo
- Pues a mi no me hace gracia - protestó Aaron- No he dormido nada esta noche
- ¡ No me extraña !- agregó otro siguiendo la broma
- Ya está bien - dijo algo molesto- Dadme una cerveza

El alboroto de los jóvenes era notable, sobretodo a la hora de apagar las velas del grandullón que celebraba su cumpleaños.  Al cántico del Cumpleaños feliz, Macarena volvió la cabeza en la dirección de donde procedía la juerga del grupo.

Cambió de color, tanto que a pesar de la penumbra de la sala una de las señoras notó su palidez

- Macarena ¿ se encuentra bien ?
- Si,  no se preocupe, es el calor del local que me agobia un poco. Si me disculpan voy a salir a la terraza un ratito
- ¿ Quiere que la acompañe ?- dijo la mujer
- No, créame,  no es necesario. Se lo agradezco, pero enseguida se me pasará, en cuanto me de un poco el aire

Tratando de no ser vista, algo improbable pues estaban en dirección opuesta,. Macarena salió a la calle y tuvo que reclinarse en una barandilla para que sus piernas, que temblaban, no la hicieran caer.

Aaron y su pareja se besaban una y otra vez. El acariciaba la cara a Annetta y eso es lo que Macarena presenció e hizo que casi se desmayara.  Necesitaba serenarse y aguardo unos momentos , y ya se disponía a entrar cuando la señora salió en su busca



- ¿ Está mejor, querida?
- Si ya entraba, ya se me ha pasado el sofoco. ¿ Sabe? se me han hinchado las piernas un poco en el avión y eso me molesta bastante, hasta que llevo unas horas en tierra firme y caminando la sangre fluye nuevamente por ellas y entonces mejoro
- No me hable, me saqué los zapatos y no podía ponérmelos para aterrizar.
- Si le parece entramos ya. Dentro de un momento empezará el espectáculo de danza
- ¿ Cuántas veces ha estado aquí ? - le preguntó la mujer
- Es la primera vez que vengo, y estoy muy emocionada-explicó Macarena

Tratando de esconderse detrás de la mujer para no ser vista, entraron nuevamente.  No tenía que preocuparse, Aaron estaba muy entretenido con Annetta y no apartaba sus ojos de ella.   A penas `podía escuchar la llamada del móvil que le avisaba que tenía una comunicación

- Perdonadme, tengo una llamada y no escucho.  Voy a salir, ahora vengo

Salió al exterior y se detuvo en el mismo lugar en el que a penas unos instantes antes había estado Macarena.  Le extrañó algo del ambiente , un perfume  que conocía pero no sabía identificarlo.

- ¿ Quién es ?
- Aaron soy yo, Sarah
- ¡ Sarah, hermanita ! ¿ Cómo os va, dónde estáis?
- Acabamos de llegar a Praga desde Madrid
- ¿ Desde Madrid ? ¿ Y qué habéis hecho en Madrid?
- ¿ No te lo imaginas? Hemos ido a ver a Macarena
- Ya,  Sarah, no sigas por ahí.  No sigas o te cuelgo
- Espera, espera. Está en Jerusalén
-¿ Qué dices ?
- Si está allí con un grupo de turistas
- Muy bien, pues que disfrute
-¡ Aaron ! ¿ Es que ya no te importa ?
-No, déjame tranquilo.  Estoy con Annetta y muy feliz, así que no insistas.  Voy a colgar
- No, no cuelgues
- Ya lo creo que lo haré, y ahora mismo además
- Búscala, búscala. No será tan difícil han ido a conocer los Santos Lugares. Búscala.
- Adiós, divertíos


Y sin más cortó la comunicación con su hermana.  Mientras Aaron hablaba con  su hermana, el grupo de turistas salió del bar en dirección a otro lugar.  Su trabajo no obligaba a Macarena a atenderles  fuera de los horarios previstos; como deferencia les había acompañado hasta la discoteca, pero ellos deseaban continuar el recorrido y entonces fue cuando la muchacha se disculpó con ellos para irse al hotel
- Perdónenme, pero no me encuentro muy bien.  No sería una buena compañía.¿ Tiene el plano? pues señalen donde estamos ahora y donde está el hotel. Si se extraviaran y no supieran volver, no se preocupen por el idioma. Hay muchas personas que hablan el castellano. Siento de veras no poder acompañarles, pero el estómago lo tengo muy revuelto, lo siento.
Con palabras cariñosas se despidieron de ella , y Macarena se encaminó hacia el hotel.  Tenía ganas de acostarse, no se encontraba bien y se preocupó debido a su estado, por eso antes de subir quiso consultar con el médico del hotel por si el azúcar le había subido. Después de las consabidas comprobaciones, el médico la tranquilizó.  Ya en su habitación y en la cama pensó:
- Sin duda ha sido la sorpresa del encuentro- poco a poco entornó los ojos y se quedó dormida.
Una llamada de Recepción la despertó a la hora que había indicado. A regañadientes se levantó dispuesta a enfrentarse a otro día más .  El recuerdo de la noche pasada al ver a Aaron en aquel lugar, la llenaba de inquietud. Estaba en Jerusalén y en cualquier momento podrían encontrarse.  Se duchó, se puso el uniforme y se dispuso a reunirse con sus turistas.  Aguardó en el vestíbulo y poco a poco se fueron reuniendo. Una de las mujeres, en un aparte la preguntó
- ¿ Se encuentra mejor? Anoche tenía muy mal semblante
- Si, he podido descansar y estoy bien
- Perdóneme si le hago una pregunta indiscreta ¿ está embarazada?
La pregunta dejó a Macarena sorprendida, no creía que fuera tan evidente
- No se preocupe, querida.  He tenido cinco hijos y conozco cuáles son los síntomas. Los cinco embarazos fueron diferentes, los tuve muy buenos, muy malos y regulares, de todo. Pero hay síntomas que son comunes a todos ellos: el estómago. No se preocupe, será nuestro secreto, no comentaré nada con nadie.
- Gracias, Marta. No lo sabe nadie
- No se preocupe, y nadie lo sabrá hasta que usted quiera. ¿ Desayunamos? imagino que tendrá apetito
- Pues la verdad no, pero el estómago y mi bebé seguro que sí
- Bueno, al fin veo que sonríe. Ánimo mujer, un hijo es una bendición aunque lleguen con problemas
Con este comentario dió a entender que imaginaba que era madre soltera y sin el varón responsable. Sintió tanta ternura por ella que tuvo el impulso de abrazarla como lo hiciera con una de sus hijas, pero se contuvo por no llamar la atención. La veía demasiado sola y desamparada.









martes, 14 de mayo de 2013

REGRESO A SEFARAD - Capítulo 9 / ¡ Oh Jerusalen !


Abraham y Judith, estaban muy preocupados por su hijo.  Vivía de una manera con la que no estaban de acuerdo .  Sarah se comunicaba con él casi a diario, porque ella tampoco aprobaba la conducta de su hermano. No había vuelto a Tel Aviv, había decidido vivir permanentemente en Jerusalén.  Contrariamente a lo que había sido su vida hasta ese momento, comenzó a frecuentar bares nocturnos, compañías femeninas y hasta empezó a beber, no en demasía, pero bebía.

Cada vez dilataba más la visita a sus padres y cambiaba de trabajo con bastante frecuencia. Sarah intuía a qué, o mejor, a quién , se debía el cambio tan radical que había experimentado su hermano.

Aaron se debatía constantemente en una encrucijada que no le conducía a  ninguna parte. Se preguntaba por qué cuando estaba con una mujer, el nombre de Ruth no volvió a estar presente en su relación, y sin embargo aquella noche con Macarena, fue el causante de su ruptura.   El recuerdo de la chica le asaltaba con más frecuencia de la que hubiera deseado y a menudo sacaba de la mesita de noche una fotografía que no se había atrevido a destruir, muy al contrario,  la tenía grabada en el ordenador e impresa en una hoja de papel que guardaba en su habitación.  Cuando la nostalgia le asaltaba rápidamente salía a la calle y en un bar se reunía con los amigos y tomaba una copa.

Abraham decidió tomar cartas en el asunto y de acuerdo con Ruth, decidió emprender viaje para hablar seriamente con su hijo y averiguar el tipo de vida que llevaba y qué es lo que le había abocado a ese camino.

El encuentro fue cariñoso y cordial.  Hacía tiempo que no se veían, y Aaron quería mucho a sus padres. El por qué no viajaba más a menudo para visitarles, era muy sencillo, según su propia reflexión : le daba miedo del interrogatorio a que sería sometido.

Ya en casa del muchacho y sentados a la mesa ante la comida. Abraham decidió abordar el tema que le había llevado hasta allí. Como esperaba, encontró al hijo cambiado, más desaliñado con su barba, con algunas bolsas bajo sus ojos,  signo indudable de que trasnochaba en exceso, etc. Cuando hubieron terminado, durante la sobremesa y ante una taza de café, decidió abordar el tema



-¿ Sabes por qué he venido ?
-Me lo imagino
- ¿ Qué es lo que te pasa, por qué vives de esa manera? 
- ¿ De qué manera vivo ?  Es la misma que hacen los chicos y chicas de mi edad.  Siempre me habéis dicho que tuviera amigos, bien, pues ya los tengo. Salgo con ellos y con amigas, es cierto, pero eso no es malo ¿ no ?
- No, no es malo si las amistades son normales y me parece que en amistades femeninas andas un  poco descarriado. ¿ Sabes al menos dónde te metes?
-Naturalmente que lo sé. Tomo precauciones, ya soy mayorcito y sé lo que puede pasar. Tranquilo
- No no estamos tranquilos, ni tu madre,  que no sabe la mitad de las cosas, ni yo que las intuyo.  Cambias de trabajo constantemente
- Estoy un poco desorientado, es cierto. Pero ya me centraré
- ¿Aún no has superado lo de Ruth, o es por la chica española?  Desde que regresaste de Madrid, has experimentado un cambio que, francamente no entendemos.  ¿ Te enamoraste de ella?  Pues díselo . No eres el primero ni último a quién ocurre esto.  Es normal, eres joven y lo más natural del mundo es que te vuelvas a enamorar
-Calla papá, por favor. No deseo seguir hablando de este tema, no tienes ni idea de nada. Si es lo que te ha traído hasta aquí, puedes regresar tranquilo, estoy bien.  Créeme que estoy harto de que todo el mundo me diga lo que tengo que hacer, tú, mi hermana, los amigos, todos,  y ninguno sabe lo que me ocurre. No comprendéis que es muy difícil vivir con los demonios que uno mismo se crea.  Por favor, ya basta
- Siento que  lo tomes de ese modo. ¿ Qué tengo que decir a tu madre?, porque no me has aclarado nada
- Simplemente que estoy bien, feliz. Que tengo amigos, y es verdad, que salgo con frecuencia.  Referente al trabajo dila que no quiero irme a trabajar a las plantaciones de cítricos, que deseo quedarme en la ciudad.
- Está bien, hijo. Que sepas que no has disipado en absoluto mi preocupación, al contrario me voy aún más inquieto. Pero tienes razón ya eres mayorcito
- Mira, para que no te inquietes , esta noche te presentaré a mi pandilla y comprobarás que son gentes normales. Saldremos como dos colegas- dijo esto sonriendo dando una apariencia de normalidad que estaba muy lejos de sentir.


Salieron ya de noche, comieron una hamburguesa y se dirigieron a la reunión diaria con los amigos. Efectivamente, en eso tenía razón su hijo. Eran chicos y chicas normales y pudo comprobar que una , estaba especialmente cariñosa con él


Era una chica alemana que trabajaba en la embajada de su país. Una belleza rubia, que sin duda había encandilado al hijo. Bailaban muy juntos, mejilla con mejilla, y ella le dedicaba una mirada muy seductora, a la que sin duda el chico no podía resistir.

Algo más tranquilo,  al comprobar que tenía una relación normal con aquella chica, emprendió el viaje de regreso dos días después.  Pero algo notaba que no encajaba .  El no dedicaba los mismos arrumacos que ella,  normales en una pareja que empieza una relación, hasta a veces se mostraba distante y frio. No terminaba de entenderlo. " En fin, no puedo hacer más"- dijo mientras cerraba el equipaje.

Cuando llegó a Agadir le sometieron a un interrogatorio incesante tanto Judith como Sara. El trató por todos los medios de tranquilizarlas, aunque dudaba lo hubiera conseguido.

Aaron sintió ver marchar al padre, pero por otro lado deseaba volver a su vida normal que había sido un poco alterada con la estancia de Abraham. Aquella noche se sentía algo deprimido, por lo que llamó a Annetta .  Fueron a cenar y después subieron al apartamento de ella en donde pasó la noche.  La chica le gustaba, y a pesar de que sexualmente le satisfacía, sus citas se habían convertido en rutinarias a fuerza de ser frecuentes.  Las noches pasadas con ella no le dejaban ningún recuerdo especial. Consideraba a Anneta " una amiga especial, con derecho a roce ", y nada más. No dejaban huella ni en su vida ni en su corazón, que ya desde hace tiempo estaba ocupado por otra persona ¿ por Ruth, por Macarena ? ¿ por quién ?


Annetta


Sarah anunció a sus padres que Ari y ella contraerían matrimonio próximamente, a poco más de un mes.  La petición de mano la celebraron en la intimidad, sólo los padres de él y los de Sarah.  La muchacha no era amiga de convencionalismos, los encontraba ridículos después de estar conviviendo juntos desde hace tiempo, pero a los padres de ambos les ilusionaba, y por ellos completaron la ceremonia. Aaron asistió a la boda, pero sólo permaneció con sus padres un par de días.  Mientras su padre le recogía en el aeropuerto, al comprobar que llegaba él solo, le preguntó:

- ¿ No viene Annetta contigo?
- ¿ Por qué iba a venir conmigo?
- No sé, pensé... cómo os vi tan acaramelados, creí que era tu novia
- No papá, ella es una amiga especial, pero nada más que una amiga.
-  Pues si es sólo eso, debes hablar claro con ella, no vaya a ser que se cree falsas expectativas, y luego...
- No te preocupes, fui claro desde el primer minuto. Ella estuvo conforme durase lo que durase, y aquí estamos.  Pero no debemos mezclar el placer con la familia ¿ no te parece?

  Contrajeron matrimonio en la fecha  prevista, después de la celebración, cuando ya se iban a retirar, Sarah llamó aparte a su madre y la comunicó que harían un alto
 en  Madrid, camino de Praga, que sería su destino de luna de miel. 

- Trataré de ver a Macarena, mamá, te lo prometo y veré qué puedo hacer.
- Gracias hija, me dejas más tranquila.  Lo que nos dijo tu padre no me ha tranquilizado en absoluto. Pienso que tu hermano está loco por ella, y Macarena no le corresponde.  Pienso que es lo que le tiene desquiciado.
- No te prometo nada, mamá. Hay que tener en cuenta los sentimientos de ella, quizás tenga otra pareja... - Sarah oculto a su madre la verdadera razón de todo.




La Semana Santa caía ese año en la mitad del mes de Abril. Don Damián, llamó a su despacho a Macarena

- ¿ Puedo pasar? - preguntó a su jefe
- Pasa, pasa
- Bien pues dígame lo que quiera
- Tengo una oportunidad que ni pintada para ti
- ¿ Cómo dice?
- Tienes que viajar con un grupo de españoles que quieren ir a Jerusalén en Semana Santa, y he dispuesto que les acompañes.  Estaréis diez días, porque también quieren recorrer, aunque sea de pasada los lugares que nos enseñaron de pequeños sobre Jesucristo
- ¡ Don Damián ! - dijo contrariada
- Hija cualquiera diría que te he dado un disgusto en lugar de una alegría
- No, no es eso. En otra ocasión me hubiera vuelto loca de alegría, pero ahora...
- ¿ Qué te pasa ahora ?
- Es que ... mi salud no es óptima. No sé qué me ocurre, pero no me encuentro bien desde hace tiempo
- ¿ Has ido al médico ?
- Si, claro... Me estoy haciendo pruebas
- Bueno, pero aún quedan días. Quizás para esa fecha esté todo resuelto y puedas ir
- En cuanto sepa algo se lo comunicaré
- De acuerdo, anda vete y cuídate

Macarena sabía desde hacía dos meses lo que la pasaba, pero no quería decir nada y confiaba en que pudiera seguir trabajando sin necesidad de divulgar lo que la estaba ocurriendo.  Ahora todo se había ido al traste y no sabía qué hacer.  Su embarazo era ya de tres meses y dentro de poco más no lo podría ocultar.  Pero tampoco podía desempeñar el mismo trabajo por lo pesado y duro que sería en sus circunstancias.  Por si tuviera pocos problemas, se agregaba otro más.

Al terminar su turno de trabajo, se dirigió a casa de su amiga y confidente Lucía. Tenía que contárselo a alguien, que alguien le aconsejara sobre lo qué hacer.  Se sentía desamparada y asustada  por lo que se le venía encima. Estaba sola, inexperta y nerviosa.  Lo que menos podía esperar era el anuncio de maternidad. Le parecía imposible que todo eso la estuviese pasando a ella.

- ¡ Hola, reina ! ¿ cómo estás ?, por cierto tienes muy mala cara ¿ estás mareada?
- No, sólo que ...

No pudiendo contener más su congoja, rompió a llorar en brazos de su amiga

- Eh, ¿ que ocurre, te encuentras bien ?
- No, no estoy bien, nada bien. Tengo azúcar gestacional, náuseas, insomnio, y muchas preocupaciones, muchísimas.  Y por si todo fuera poco don Damián ha contratado un grupo que quieren ir a Tierra Santa y recorrer los Santos Lugares. ¿ Cómo voy a ir en mi estado? ¿ Cómo le digo que estoy embarazada?
- Cálmate, cálmate. Ahora no puedes alterarte de ese modo. Vayamos por partes. ¿ El azúcar lo tienes controlado, te haces la analítica a las horas precisas, te alimentas como te indicó el ginecólogo? Los análisis que te hicieron hace unos días daba todo bien y la ecografía también; no debes preocuparte por eso. Por la ruta tampoco debes apurarte mucho. Hay colas enormes de gentes que visitan los mismos lugares a las mismas horas.  Puedes quedar con ellos en una cafetería y de eso modo tú no estarías de pié ni te cansarías. El viaje en avión, eso sí tendrás que consultarlo con el médico a ver si te lo autoriza.  Pero, dime la verdad, lo que realmente te preocupa es Jerusalén, es decir encontrarte con él ¿ no es cierto ?  Pues mi niña, tampoco te preocupes por eso. Hay una probabilidad entre mil que eso ocurra. No te imaginas la cantidad de peregrinos que acuden en esos días a los mismos sitios.  La gente normal no se mezcla con ellos huyendo del tumulto. Además él vive en Tel Aviv ¿ no es eso?, entonces no le verás.
Tranquilízate, mujer. Todo irá bien. Te traeré algo de fruta para que comas. Ahora vuelvo.

Lucía la había tranquilizado, poco, pero se había calmado.  Por eso siempre recurría a ella en caso de necesidad. Le aconsejaba como si fuera su hermana y lograba que viera las cosas desde otra perspectiva. Con un plato de fruta variada  regreso al salón en donde le aguardaba Macarena


Lucía
- A propósito del tema ¿ no vas a decirle que vas a tener un hijo suyo?
- No ¿ Cómo voy a decírselo si ni siquiera sé la dirección en donde vive, ni su teléfono, ni nada?
- No es por criticarte, pero hija, fuisteis demasiado rápidos. ¿ No le dio tiempo siquiera a darte el teléfono?
- No, la discusión fue inesperada... Salí corriendo... Lo que menos podía pensar es que...
- ¿ No sabes algo de sus padres o hermana, la dirección, el teléfono?
- No, no sé nada. ¡ Dios mío ! ¡ Cómo pude cegarme tanto !
- Porque te enamoraste de él, así de sencillo y así de complicado. Pues hija, no sé, no sé qué decirte ni cómo ayudarte.  Bueno no pensemos en más cosas. Averigua con el médico si puedes ir en avión, es lo importante. De lo otro olvídate, no le verás.

Pero esa noche Macarena no pudo conciliar el sueño.  Estaba inquieta, se levantaba de vez en cuando, volvía a acostarse, tornaba de nuevo a levantarse...  Y de esta manera vio amanecer el nuevo día sin que pudiera calmar la zozobra.  A la hora de la consulta del médico, llamó por teléfono y le consultó lo del viaje

- Macarena, aguarde un momento que busco su ficha para ver cómo andaba la analítica y la ecografía, un momento por favor.

Al cabo de unos instantes se puso de nuevo

- ¿ Macarena ? Bien, el embarazo está normal, todo bien, no creo que haya inconveniente en que viaje.  Pero le voy a dar ciertos consejos para su comodidad. Calce siempre zapato plano, holgado. Lleve una botellita de agua y beba de vez en cuando, no esté mucho tiempo de pié para que no se canse. Si puede lleve una manzana en el bolso y se le sobreviene alguna náusea cómala. En el avión pasee cada veinte minutos más o menos para que no se hinchen las piernas y la sangre circule normalmente, y sobretodo no olvide su aparatito para la glucosa. En eso tiene que ser muy estricta y controlarlo. Anote  todas las mediciones que a su regreso me tendrá que dar en la consulta. Aunque no tenga hora,  acérquese a verme. Yo avisaré a la enfermera para que no tenga impedimentos.  Y disfrute del viaje, relájese que todo irá bien.

Con la información detallada que le había dado el doctor, acudió esa mañana al trabajo y notificó a don Damián que haría el viaje a Tierra Santa.