rosafermu

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domingo, 29 de marzo de 2015

Miranorte - Capítulo 17º / Si te vas..., te vas.

Alba, estaba en estado de shock.  No asimilaba ni comprendía, todo lo que había visto. ¿ Qué representaba en realidad, en la vida de Paul? Era su esposa, si, pero ¿ por qué entonces hacía lo que acababa de ver? ¿ Fue en realidad Meredith el amor de su vida y estaba frustrado? ¿ Había sido cierto el relato que él había hecho de su relación con ella? ¿ O había sido Meredith la que dio por terminado su romance?

No sabía qué hacer.  Daba vueltas por la habitación retorciéndose las manos.  No podía seguir allí ni un minuto más, pero ¿ a dónde iría ?  No podía acudir a  casa de sus padres ni de su abuela. Estarían demasiado involucrados y no serían imparciales. ¡Si al menos tuviera a Mila cerca!


Regresar a España, era una idea que se colaba en su cabeza.  Allí contaba con amigos, con Mila... Y lo que más necesitaba en estos momentos, era un abrazo sincero que le infundiese el valor que la faltaba.  Estaba claro que Paul no la necesitaba y ella no soportaría ninguna caricia que viniese de él. No recibiría una caricia de sus manos, no después de saber lo que había descubierto.  No quería oir las voces que en su interior, la gritaban "escúchale, no tomes una decisión sin hablar con Paul".  Pero no tenía fuerzas para mantener una conversación de ese calibre de boca de su marido.

- Tengo que irme, tengo que irme- era su mantra, que repetía una y otra vez..

Tomó del maletero un bolsón, y comenzó a llenarlo con lo más imprescindible para un viaje a Madrid, en primer lugar.  Después ya vería si involucraba a Mila ó se  daba un tiempo para serenarse.
Escuchaba como muy lejanos, los golpes que Paul daba en la puerta para que le permitiera entrar en la habitación.  No quería verle. No quería, siquiera, oír su voz.    Su cabeza funcionaba a velocidad de vértigo.  Todo había sido inesperado y debía tomar una decisión sobre lo qué hacer.  Cualquier cosa, menos permanecer junto a él.  Dejó de escuchar su voz reclamándola que abriera la puerta.  Sigilosamente la abrió y comenzó a bajar las escaleras que la separaban de la planta baja en donde Paul, paseaba nervioso de un lado a otro de la estancia.  Cuando  la vio con el bolsón, imaginó inmediatamente lo que se proponía, y demudado acudió a su encuentro

- Pero ...  ¿ Qué vas hacer ?  No puedo creer lo que imagino.  Te dije que debíamos hablar, pero veo que tu ya has tomado una decisión-dijo exasperado
- Creo que está todo muy claro. ¿ Qué vas a decirme, que no es cierto lo que vi? ¿ Esa es tu disculpa?
- ¡ No, Santo Dios ! No tengo que disculparme.  No he hecho nada malo.  Te lo he repetido mil veces. Ha sido ella la que lo ha provocado.  Yo no he tenido nada que ver
- Tenías mucho interés en que viniese a comer con nosotros. Te recuerdo que íbamos a pasar el fin de semana nosotros solos. Pero fue suficiente que ella te llamara, para trastocarlo todo. ¿ Me quieres decir que fue también casualidad?  Creo que lo teníais planeado.  Lo que no entiendo por qué te casaste conmigo si la querías a ella.  Yo tenía asumido que eras un imposible para mi, que te querría desde la distancia.  Pero llegaste y me engatusaste con tus bonitas palabras, y ahora ...  me has roto el corazón. Tengo que irme.  El aire de esta casa se me hace irrespirable
-No la quiero a ella, te quiero a ti ¿ cómo no lo ves ?  Ella es una pariente.  Nada más.  No representa absolutamente nada en mi vida ¿ Por qué haces esto ? ¿ Qué más puedo decirte para hacerte comprender que te he sido fiel, que no ha existido nadie en mi vida desde que te conocí? No puedo creer lo que estás a punto de hacer por tu cabezonería y tozudez.  Te quiero con todas mis fuerzas, y te lo he repetido una y otra vez: ha sido una maniobra de ella, no mia.  Pero será la última vez que lo digo.  No voy a suplicarte más que te quedes, que no huyas de mi lado.   Por mucho que me destroce tu decisión,  si te vas, estaré siempre aquí, esperándote, pero no iré a buscarte. Habrás de ser tu la que regrese si alguna vez te convences de lo arbitraria que estás siendo.  No tengo que pedirte perdón de nada, Si te vas... te vas... que lo sepas.

Por unos instantes, Alba dudó.  Pero era orgullosa y se sentía  herida.  Le miró fijamente y sin pronunciar palabra, salió lentamente de su hogar, dejando atrás a un desconsolado y lívido Paul. Perdía al amor de su vida, pero no correría tras  ella.  Tendría que ser Alba la que se convenciera de que estaba cometiendo el error más grande que pudiera cometer, pero no le creería mientras no se diera cuenta de su equivocación.


Desesperado, incrédulo, vio como se cerraba la puerta y la querida figura de su mujer, desaparecía. ¿Cómo había terminado así aquel día que se prometía feliz?

Su primera intención era llamar a Meredith, abroncarla por lo que había provocado en su vida, pero en cuestión de segundos, cambiaba de opinión.  La angustia que sentía no le permitía pensar con claridad. Daba vueltas por la habitación.  No sabía qué hacer.  Si correr tras Alba y suplicarle nuevamente que volviera, si permanecer allí sin hacer nada, retorciéndose de preocupación, ir a casa de su abuela buscando consuelo, alivio y consejo.  Ella le conocía bien y sabía cómo apaciguar su ánimo.  Pero de repente pensaba que no podía hacer partícipe a nadie de su problema.  Por otra parte estaba tan angustiado, que  no le apetecía relatar a nadie, ni siquiera a su abuela, lo ocurrido.

Las horas pasaron, pero Paul permanecía en el mismo lugar que le dejara Alba, sin reaccionar.  Aún no asimilaba lo que en cuestión de minutos, había cambiado su vida.

Como ya era algo tarde, Alba dijo al taxista la llevara a un hotel cercano al aeropuerto. Llamaría a la compañía aérea para reservar un billete en el primer vuelo que saliera para España.  Iría primero a su casa, y después ya vería... ¿ Ir en busca de Mila?  Estaba indecisa. El problema era suyo. ¿ Cómo explicar lo sucedido? No tenía fuerzas.  Sólo lloraba. ¿ Cómo es posible que la vida le jugara esa mala partida?  De siempre había renunciado a su amor.  Era imposible que él se fijase en ella, y sin embargo estaba casada con él. ¿ Por qué, cómo, cuando... Paul se dio cuenta de que existía?

Reconocía que siempre había estado cerca, y en miles de ocasiones le había recordado que siempre la protegería.  Entonces... ¿ cómo había ocurrido aquello? ¿ Debería haber dejado que se explicara?  ¿Qué es lo que iba a justificar?  Era absurdo pensar que fuera Meredith la causante de todo.  Algo tendría que haber hecho Paul para llegar a ese final ¿ Cómo olvidar sus caricias de los últimos días, su sonrisa, su ternura ? ¿ Qué ternura ? Había sido capaz de besar a otra mujer en su propia casa, delante de ella.

- No..., es un sinvergüenza.  ¡ Oh Dios mio ! ¿ qué voy hacer ? No volveré sin antes me haya pedido persón.  No me rebajaré.  Yo, no.  No he sido yo la que ha hecho eso
"
Ni siquiera podía pronunciar esa palabra que definía lo que había visto. " Están liados"- se repetía -  ¡Cómo,  si no,  ella iba a hacer algo así.  Por muy fresca que fuera...!

Los sollozos sellaban su garganta.  Al fin y,  al cabo de un rato,  se decidió llamar para pedir el pasaje.  Partiría al día siguiente rumbo a Madrid.


Rendida por las emociones, se quedó dormida encima de la cama, sin desvestirse.  Sólo de madrugada, con el fresco que entraba por la ventana de su habitación, la hizo despabilarse. Desorientada mirada en rededor, sin terminar de ubicarse en el hotel, hasta que la consciencia volvió a su memoria.  Se tapó la cara con las manos como para olvidar la enormidad de lo acontecido en su vida.  Otra vez sola.  Pero cada vez que sufría un dolor, se derrumbaba de nuevo incapaz de creer que podría levantarse y seguir su camino.  La enormidad de la frustración por Paul hacía que se hundiera cada vez más.  La imagen de él diciéndola: " si te vas...  te vas ".

Era un hombre que cuando tomaba una decisión, no daba marcha atrás, por mucho que le costase, y ella sabía que lo dicho iba en serio, y que si volvía con él, habría de ser Alba la que diera el primer paso.  Pero ahora se sentía demasiado dolida para hacerlo, y no sólo eso, sino que estaba en posesión de la verdad, y esta vez no cedería.  No volvería a su casa con la cabeza baja, por algo que no había sido su culpa.  Ella no se había besado con nadie.

Y recordó el día que conoció a su marido al salir en su defensa pensando que estaba en peligro, por su discusión con  Alberto, el médico de Miranorte.  Recordó que estaba loco por ella, aunque Alba sólo le viera como un buen amigo.  Habían terminado su relación amistosa, de mala manera.  Tampoco podía recurrir a él. ¿ Qué la ocurría, sería gafe ? ¿ Por qué todo lo que emprendía le salía mal? ¿ Sería culpa de ella ?

Aterida de frio se tapó con la colcha de la cama.  Se hizo un ovillo, y trató de olvidar su recuerdo con el médico para no pensar,,  de rechazo,  en Paul..

Repetidas veces había llamado a su móvil, que permanecía desconectado.  Se moría de la inquietud  ¿dónde estaba ?  Era tarde, muy tarde y se arrepentía de haber sentenciado la partida de Alba: Se había justificado ante ella, ¿ pero era suficiente ?  Ella estaba nerviosa y no le creyó. "Es normal que así sea".  Se repetía arrepentido de su arrebato.  Pero ahora le preocupaba que anduviera sola por ahí, sabe Dios Donde. Llamó a casa de sus padres por comprobar si disimuladamente le daban alguna noticia, pero la conversación fue normal, sin dar a entender que Alba estuviera allí.  Y lo mismo ocurrió con su abuela, pero ésta intuyó algo y así se lo hizo notar.  Pero él desmintió todo.  Tan sólo dijo: " hemos discutido, nada más ".  Pero eso no calmó sus ánimos.  La imaginaba en cualquier hotel, pero también pudiera ser que haya tenido algún accidente...  No, desechó la idea: "de haber sido así, la policía se hubiera comunicado conmigo".  Estaba desesperado, y decidió salir a la calle, no sabía muy bien donde ir, pero necesitaba hacer algo.  No podía quedarse cruzado de brazos, mientras su mujer andaba perdida y desesperada.

- Seguro que se ha comunicado con Mila - pensó - ¡ Cómo no se me había ocurrido antes !

Pero por la diferencia horaria era de madrugada en España. Aguardaría que fuera una hora prudencial para llamarla.  Pero tampoco obtuvo respuesta satisfactoria, lo que le alteró aún más. Amanecía cuando volvió a su casa angustiado.  Llevaba horas andando por la calle, pensando en todas las rutas que Alba hubiera podido tomar, y sólo le quedaba una: el aeropuerto.  Casi con toda seguridad volvería a España.

Preguntó en los mostradores en los que hubiera conexión con España, pero en ninguno quisieron darle alguna noticia. " las normas no nos lo permiten", fue toda la respuesta que obtuvo.  Las horas habían pasado.  Miraba a todos los pasajeros que se disponían a embarcar, pero entre ellos tampoco vio a su mujer.  Por momentos se desesperaba más, y decidió hablar con la productora.  No podía acudir al rodaje.  No estaba en condiciones ni físicas ni mentales

- Me importa un pito que me demandes.  Necesito viajar a España hoy mismo... ahora... si consigo un pasaje. Lo siento, ha ocurrido algo inesperado y es urgente que vaya-  le decía al director de la película

Gritaba a través del teléfono, porque el director estaba hecho una furia, y Paul no se daba cuenta de que no estaba en su casa, sino en un taxi en dirección a ella.  Haría un pequeño equipaje y saldría inmediatamente para  Madrid.

 
Miraba por la ventanilla al exterior, sin ver en realidad nada.  Hacía poco más de una hora que habían partido. Aún la quedaban muchas horas de vuelo hasta llegar a Madrid. inclinó hacia atrás el asiento y pidió a la azafata una almohada.  Trataría de dormir, aunque sabía muy bien que no lo conseguiría. Una vez más las lágrimas pugnaban por salir, pero las reprimía, ahogándolas en su garganta. En la televisión del avión, proyectaban Memorias de Africa.  Recordó cuando vio con sus amigas de Miranorte la película. ¡ Qué distinto era todo entonces! Tres jóvenes esperando todo de la vida, sin más preocupaciones que su día a día.  Ella había realizado el sueño de su vida, y sin embargo de nada había servido, porque la decepción sufrida anulaba todo lo demás.  Había dejado atrás al hombre de sus sueños, de su vida.  Ahora tenía un futuro incierto sin saber qué hacer y cómo recuperarse de todo lo ocurrido
 

viernes, 13 de marzo de 2015

Miranorte - Capítulo 16º - Tres son multitud

No conocía el camino que la llevaría hasta los Estudios en donde Paul rodaba.  Decidió tomar un taxi. Y así hizo parar a uno. Al bajarse del coche, se detuvo frente a la entrada, contemplando la portada.  Ni en sus mejores sueños  hubiera imaginado estar frente a   unos estudios cinematográficos. Se dirigió a la cabina del guarda y pidió permiso para poder acceder a su interior.  Como era de esperar, le fue denegado, y por mucho que dio datos de quién era, el hombre, impertérrito, no dio su autorización.


Apartado de ellos, un periodista contemplaba la escena, y sonreía al comprobar que Alba se ponía cada vez más nerviosa al no poder entrar .  Decidió salir en su defensa, pensando que si en verdad era la esposa de Paul Montgomery, alguna exclusiva podría sacar a cambio de conseguir que ella pudiera reunirse con su marido,  en el plató.

-¿ Es usted la esposa de Paul?- la preguntó
-Si, si... claro - respondió ella recelosa
- Su marido es bastante amigo mio. Déjeme hablar con Peter, a ver si consigo que la deje entrar. Debería haberlo avisado  su marido esta mañana, así no hubiera tenido inconvenientes
- Es que Paul no sabe que he venido. Era una sorpresa que quería darle
- Oh, bien. No se preocupe. Pasará conmigo.  Yo si tengo acreditación. A propósito, soy Walter Scotchman, del Gossip Daily
- Encantada, señor Scotchman.  Mi nombre el Alba Montgomery



Hechas las presentaciones, Walter se dirigió a la cabina para hablar con Peter, el guarda,  y convencerle que no era ninguna intrusa, sino la esposa del actor que quería darle una sorpresa. Después de una palmada en la espalda de parte del periodista, Peter autorizá la entrada de la chica.

- No sabe cómo se lo agradezco.  He venido en taxi y no se cómo podría regresar a casa- agradeció Alba
-No tiene importancia, suba - dijo indicándole su automóvil- La llevaré hasta el set.

Sólo fueron necesarios unos minutos hasta llegar al lugar, en donde Paul estaba rodando.


Walter Sotchman (periodista)

- Hum, hum.  Piloto rojo.  No se puede entrar.  Están rodando.  Habrá de esperar hasta un descanso.  Yo tengo que ausentarme un momento, pero regreso enseguida.  Tengo que entrevistar al director. Si en el intermedio sale alguien del interior, será señal que puede entrar.- informó el periodista
- No sabe cómo se lo agradezco. Muchas gracias señor  Scotchman.  Sin usted no lo hubiera conseguido
- Aún no lo ha hecho.  Su marido está ahí dentro, pero usted debe esperar.
- Tiene razón+ respondió ella sonriendo
- Bueno, enseguida vuelvo.

Se alejó con paso ligero , y Alba se puso a un lado esperando que no tardase mucho tiempo en abrirse esa puerta.  Pero esperó largo rato antes de que por fin ocurriera.  Salió un grupo de operarios, charlando amigablemente, y ella asomó la cabeza discretamente.  No quería interrumpir nada.  Una maquilladora, al verla se acercó a ella

- ¿ Es usted periodista?
-No, no.  Soy la esposa de Paul Montgomery. ¿ Puedo entrar a verle ?
- Paul está en su camerino.  Tendrá que ir hasta él
- Si me indica, por favor.  Es la primera vez que vengo y...
- ¡ Claro !  Vaya por esta calle, todo derecho, y al llegar a unos jardincitos, tuerza a la izquierda.  Verá la roulotte de Paul.  Tiene su nombre en la puerta, hay varias.  Fíjese en el nombre
- Muchas gracias.  ha sido muy amable.

Siguió las indicaciones de la maquilladora .  El lugar indicado, no estaba lejos y tardo muy poco tiempo en alcanzar los jardines y a continuación, buscó el nombre de su marido en la puerta. Estaba cerrada por dentro, por lo que hubo de llamar para que la abrieran.  Paul tardó unos segundos en hacerlo, y mostró su rostro de extrañeza, al comprobar que era su mujer

- Pero... ¿ qué haces aquí ?
-Pensé que esta mañana te habías marchado de malhumor, y quise darte una sorpresa.  Veo que te la he dado
- No te esperaba, pero estoy encantado.  Entra
- ¿ Por qué tienes cerrada la puerta?
- Estoy repasando el guión de la siguiente escena.  Si no lo hiciera, esta roulotte, sería un paseo de curiosos, de esta forma lo controlo todo, aunque no siempre
- Lamento haberte interrumpido.  Si lo hubiera sabido...
- ¿ No habrías venido ?
- Pues... quizá,...  no quiero molestar
- Alba, Alba...  Eres mi mujer.  Tú nunca me molestas.  Pero ven aquí y siéntate a mi lado. ¿ Quieres algo para tomar?
- No, no......Esto me impresiona mucho Nunca imaginé verme en un sitio como este.

Paul, rió acariciando la mejilla de su mujer.  El malhumor de la mañana, parecía haberse esfumado

-¿ Cómo has podido entrar ? No tienes acreditación
- Gracias a un periodista que estaba en la entrada y habló con el guarda.  De lo contrario hubiera tenido que darme la vuelta.  Y dime ¿ de qué trata la película ?
- Sabes que no puedo hablar de ella.  Te lo dije esta mañana
- Cierto, perdona.  No me acordaba. 
- Está bien

Paul se levantó despacio y volvió a echar la llave a su caravana

- Ya que estás  aquí... y tenemos tiempo... 
- Paul ¿ aquí ?
-Aquí
- Pero ¿ si llama alguien?
- Haremos como que no hay nadie
-Esto es muy excitante, pero no me parece bien

Paul selló sus labios con un beso y todos sus recelos quedaron relegados.



Era fin de semana y Paul estaba libre de trabajo.  Sería un fin de semana sólo para ellos, para hacer lo que quisieran, pero estando juntos.  El teléfono repiqueteó y fue Paul quién lo descolgó

- ¿ Halo ?- respondió
- Paul, soy Meredith. Hace mucho tiempo que no nos vemos, y se me había ocurrido que me invitaras a comer... Claro,  junto a tu mujer
- Se sobreentiende, Meredith, pero...  Hoy es el primer fin de semana que tenemos para nosotros solos y deseo pasarlo sólo con ella
- Vamos Paul.  Coon ella estás todos los días, y yo hace siglos que no te veo
- Está bien, ven para acá.- respondió Paul de mala gana
- ¿ Quién era ?- preguntó Alba, una vez hubo colgado
- Meredith.  Viene para acá para comer con nosotros
- ¡ Paul ! habíamos quedado en que sería solo para nosotros
- Ya lo se, y se lo he dicho.  Pero no tienes idea de lo persuasiva y pesada que es
- ¡ Vaya ! Podías haberla dicho que no íbamos a estar en casa
- No tengo porque mentir, Alba.  Se, que no te es muy simpática, pero en algo tiene razón:  hace mucho que no nos vemos, y yo, perdóname la tengo cariño.  Es de la familia.  No te preocupes, en cuanto comamos la diré que tenemos un compromiso
- Es igual, no te preocupes.  Si deseas verla, pues... que se queda más tiempo.  Acabas de decirme que no te gusta mentir, así que no lo hagas. Está bien. Iré a preparar el menú
- Nada especial. Algo de carne a la plancha, ensalada y algún postre.  Será más que suficiente. Ella no es de mucho comer.  Siempre está pendiente de no perder la línea, y la verdad es que tiene un cuerpo perfecto
- ¡ Vaya, parece que te has fijado en ello !
- Cielo, todos los hombres miramos los cuerpos de otras mujeres.  Pero el que más me gusta es el tuyo, ya lo sabes
- No estoy muy segura de ello
- ¡ Alba ! ¿ estás celosa ?
- Claro que no.  Si me ha extrañado tu respuesta, porque pienso que igual oportunidad tenemos las mujeres de fijarnos en otros hombres, y a mi nunca se me ocurriría hacerlo
- ¿ Estás de mal humor ?
- No lo estaba, pero...
-Compréndelo.  No he tenido más remedio que aceptar.  Me era violento decir que no
- Ya... No te preocupes, no pasa nada. Voy a la cocina
- Oye, oye.  No te enfades sé que no es santo de tu devoción
-Bien, dejemos esto.  Es tu familia e importante para ti
- Lo más importante para mi, eres tu.  Ya deberías saberlo. Y si, dejémoslo ya.  Ibamos a tener un día precioso, y mucho me temo que se nos acaba de estropear. Mientras estás en la cocina, aprovecharé para repasar el guión.

Dio media vuelta y se ausentó en dirección al estudio. Había deseado pasar con su mujer ese fin de semana, el primero en mucho tiempo en que no trabajaba, en que podía dedicárselo a ella, y mira por dónde  Meredith había dado al traste con sus planes, y lo que era peor, Alba se había puesto de mal humor.  No se soportaban mutuamente, y él estaba en el medio tratando de aplacar los exaltados ánimos de ambas mujeres, pero tenía muy claro por quién se decantaba.

Meredith llegó  desplegando todas sus artes de seducción.  Con la mejor de las sonrisas, se acercó a Alba para darla de refilón un  ligerísimo beso en la mejilla, que a penas rozó.  Alba, guardando su malhumor en un armario, se propuso no amargar la existencia a su marido.  Se mostraría cariñosa y atenta con la prima de Paul, por mucho que le costara.  Debía hacer gala de su buena educación y trataría por todos los medios posibles, que su contrariedad no se trasluciera

Meredith
-No la voy a dar esa satisfacción.  Encima de que viene a incordiar, me tengo que mostrar sonriente. Lo haré por Paul, pero esa arpía...Viene a demostrarme que aún tiene influencia sobre él. Y Paul no se da cuenta de su juego. En fin, espero que su estancia no sea muy larga- mascullaba por lo bajo

 Pero si lo fue. A la comida siguió una larga sobremesa, después un café y la merienda.  No paraba de charlar. Alba percibía que dilataba a propósito su estancia en casa de ellos.

. No la soportaba, y hacía un tremendo esfuerzo para ser buena anfitriona.  Los primos se enzarzaron en una charla intrascendente, pero amena.  Se reían y recordaban los días de juventud .  Las anécdotas se sucedían, y mantenían al margen a Alba, que cada vez más incómoda, no sabía lo qué hacer.
- ¿ Es que no se dan cuenta que me están ignorando? - repetía para sus adentros

Preparo la merienda en la cocina, lo que l.a dio unos momentos de soledad y de respiro.  Se ponía nerviosa por momentos. Les observaba y notaba que ambos estaban a gusto, como dos viejos amigos que se conocieran bien.  Pero ella sabía que Meredith tenía un propósito y lo estaba consiguiendo: anular por completo su preesencia.  Estaba reivindicando que ella también cuenta en la vida de Paul, y se lo está demostrando.  Estaba furiosa con su marido  " ¿ por qué no se da cuenta de ello ?", se preguntaba.  Por fín cuando todo lo tuvo preparado se dispuso a salir de su refugio.  Con el carrito camarera, llegó hasta el salón en donde observó una imagen que la dejó petrificada.



Se quedó en el dintel de la puerta, incapaz de moverse.  Las piernas no la respondían, y no podía apartar la mirada de la escena que se desarrollaba ante ella:  Merdith abrazaba a Paul y él tenía las manos sobre los brazos de ella, respondiendo al beso, que apasionadamente ella le daba.

Haciendo un gran esfuerzo, giró sobre sus pies, y salió corriendo de allí muerta de la angustia.  Por eso no pudo escuchar, lo que Paul decía a Meredith

- ¿ Qué crees que estás haciendo? ¿ Cómo te atreves ?- la decía furioso
-Sabes muy bien lo que estoy haciendo. Tu me quieres.  Te he gustado siempre.  Lo que no entiendo cómo te has casado con esa estúpida muchacha
- Meredith, quiero que salgas de nuestra casa ahora mismo.  Debes estar loca, de lo contrario no dirías la cantidad de estupideces que estás diciendo.  Nunca te he querido mas que como una hermana.  El romance que tuvimos de jóvenes, duró un suspiro. Amo a mi mujer más que a nadie, y no voy a consentir que la faltes el respeto. ¡Encima en mi propia casa!. Márchate Meredith, te ruego que te vayas.



Paul salió apresuradamente de allí y subió las escaleras de dos en dos.  Imaginaba que su mujer había presenciado todo.  Efectivamente, Alba lloraba desconsoladamente enterrando su rostro entre la almohada de su cama

- Alba, por favor, cálmate- la dijo tratando de abrazarla
- Ni se te ocurra tocarme.  Lo he visto todo.  No creas que voy a creer lo que vayas a decirme.  No soy ninguna estúpida, aunque vosotros creáis lo contrario. Déjame por favor, no quiero que me hables
-Estás equivocada, no has visto absolutamente nada
- ¿ Qué no he visto nada ? Me tomas por tonta. ¡ Claro que lo he visto !  He visto cómo os besabais y os abrazabais- Sólo me ha faltado veros en la cama
- ¡ Qué de estupideces estás diciendo ! Yo no la besaba, no la abrazaba.  Era ella, la necia, la que lo estaba haciendo
- No quiero escuchar nada - decía tapándose  las orejas para no escuchar- No voy a pasar por esto. No te lo perdono, ¡y en nuestra casa!... Nunca, óyelo bien, nunca creí que serías tan ruin y despreciable.  No quiero ni pensar lo que habréis hecho cuando yo no os veía
- ¿ Quieres callarte de una vez?  Estamos nerviosos y alterados por todo esto. Calmémonos y hablemos con tranquilidad, como seres civilizados ¿ Cómo puedes pensar siquiera algo así ?
- Pues lo pienso.  Es lo que he visto
- No has visto nada...  Cuando te calmes hablamos.  Ahora es imposible razonar contigo.

Y dando media vuelta salió del dormitorio, dejándola hecha un mar de llanto.





á

domingo, 1 de marzo de 2015

Miranorte - Capítulo 15º / Vida de casados


Fué una noche para el recuerdo. Alba estaba nerviosa y Paul dulce, tierno, y excitado.  Se sucedían las caricias, las palabras tiernas de amor, los besos y al final la posesión del uno al otro.  Había sido  tal y como Alba había soñado.  Era noche de amor perfecto, de pertenencia para siempre  . Y siempre sería así.   Nada cambiaría .  Ella había experimentado el amor  más puro, durante tanto tiempo esperado.  El había sentido el placer infinito de poseer a la mujer amada y deseada desde hacía tiempo. Amaba la simplicidad de ella, su inocencia , su inexperiencia.  El la conduciría por el placer del amor.  Haría que se sintiera amada cada día, cada noche durante toda su vida.  Ella era especial, y la adoraba como nunca se había imaginado amar a una mujer. Nunca había sentido nada parecido, con ninguna de las mujeres con las que había estado. Lo que sentía era verdadera pasión, amor incondicional. Lo otro había sido sólo placer.  Notaba que la amaba más que unas horas atrás y ese amor había sido correspondido totalmente por ella. Aquello era el cielo en la tierra. 


Alba dormía plácidamente reclinada la cabeza sobre el pecho de él. Paul abrazaba su cintura y acariciaba suavemente su cabello.  Una sonrisa se dibujaba en su rostro.  Admiraba los dulces rasgos de la piel de su amada.  Recorría con la mirada sus ojos dormidos, su nariz, su boca...  No quería despertarla, pero debía hacerlo.  Era  la hora  para que acudiera al instituto.  De no haber sido así, tranquilamente se hubiera pasado el día con ella en la cama, disfrutando de su amor, contemplando su querido rostro.

Depositó un suave beso en sus labios, que hizo que ella se revolviese, abriendo lentamente los ojos

- Humm... buenos días amor- dijo acariciando la cara de Paul
- Buenos días, cielo.  Hora de levantarse No sé  porqué  demonios tienes que ir a trabajar
- Porque tengo que hacerlo.  Entiéndelo.  Igual que  cuando tu tienes que hacerlo.  No protestes y déjame ir, o llegaré tarde y ese no es un buen ejemplo para una profesora
- No lo se, no lo se. ¿ Qué voy hacer solo aquí?
- Duerme.  Esta noche no lo hemos hecho mucho
- ¿ Insinúas que no te he dejado dormir?
- No lo insinúo, lo afirmo.  ¿ O es que has estado en otro planeta?
- He estado en el cielo con la persona que más amo- respondió él mientras la besaba
- Para, por favor, para.  He de irme por mucho que me cueste

Se levantó de un salto, antes de que su seductor novio la envolviera en su magia e hiciera que no cumpliera con su puntualidad debida.  Mientras se duchaba sonreía.  Era feliz, total y absolutamente feliz.  Todas las dudas, las  preocupaciones, se habían  relegado.  No quería pensar demasiado en ello.  "No ahora", pensaba.  Soy demasiado feliz.  Para cuando salió arreglada, Paul tenía el desayuno preparado y puesto en la mesa



- Así da gusto levantarse- comentó Alba
- No se a qué te refieres.  Suelo hacer muy buen café ¿ es por eso que lo dices?
-Ya sabes porqué lo digo.  Y si, tu café es excelente.
- Yo te llevaré al instituto. Mientras desayunas,  me ducho y me visto.  Llegarás antes que yendo en el autobús

El día se le iba hacer interminable hasta que se reunieran nuevamente. Optó por ir a visitar a su abuela y hablar con ella.  ´La quería entrañablemente.  Siempre había estado de su parte y le había dado sabios consejos, que Paul, retenía en su memoria y aplicaba cada vez que era necesario.  Fue la única de toda su familia, que le apoyó cuando decidió dejar una carrera universitaria por el arte dramático.  Para poder hacerlo, su padre le impuso  no pagarle los estudios de arte, por lo que tendría que trabajar para costeárselos.  Aquella noche tuvieron una gran discusión, y el enfado le duró varias semanas, y como en otras ocasiones su abuela había intervenido para aplacar los ánimos.  Paul volvió a casa de sus padres, pero en lo que no cedió el señor Montgomery, fue en lo de costearle la carrera que había elegido.

Tuvo suerte y en cuanto terminó y se hizo actor profesional, enseguida empezó a trabajar.  En un papel pequeño, como era natural, pero lo hizo tan bien, que enseguida le contrataron para otro secundario.  Y así poco a poco se consolidó como actor, siendo el orgullo de su familia. 

Meredith vivía con ellos al quedarse huérfana de sus padres. Era hija de un primo hermano del padre de Paul muy querido por Alex, su padre,  y  se acostumbró a tenerla en casa.  Era otra hermana para él, aunque ella le miraba con otros ojos.  Durante algún tiempo, no muy largo, tontearon como dos adolescentes, pero Paul conoció a otra chica, y el tonteo con Meredith, se esfumó, pero ella nunca se lo perdonó

Sin darse cuenta,  había llegado al domicilio de la abuela que estaba entretenida, en el jardín, leyendo la prensa diaria.

- ¡ Paul ! ¿ cómo tu por aquí? . le preguntó extrañada la anciana
- Buenos días abuela.  Alba está en el instituto, y me pareció que era una buena ocasión para visitarte.
- ¡ Menos mal que alguien se acuerda de esta vieja !
- Abuela sabes que siempre me acuerdo de ti. Y vengo a verte cada vez que tengo tiempo libre
- Si, ya lo se. ¿ Como está Alba ?  Es una buena chica y te quiere de verdad. Cuídala
- Procuro hacerlo, abuela, porque yo también la quiero...  mucho

Siguieron charlando de los trabajos de él, de sus planes para con Alba, y de un montón de cosas de la vida cotidiana.  Sin darse cuenta la hora de recoger a su novia  se acercaba y Paul se despidió de su abuela, no sin antes prometer que volvería con ella  y pasarían el día juntos.

Rosalyn, la abuela
La vida seguía  y la hora de su matrimonio estaba próxima.  Alba estaba nerviosa. Además el curso estaba próximo a finalizar y los nervios se le instalaban en el estómago, o eso es lo que ella creía.  Pero terminó el instituto y seguía con la misma excitación de días atrás.  Y por fin  llegó el día de su enlace con Paul.  Desde España habían llegado Mila y su marido, sus amigas de Miranorte, y nadie más por parte de ella, ya que no tenía ni más amigos ni más familia.  Recordaba a su madre y el pesar hacía que un nudo se le agarrara a la garganta.  Durante la ceremonia, no pudo reprimir alguna lágrima, y sin embargo era feliz, muy feliz.  Pensaba en cómo había comenzado su historia con Paul, y a pesar de estar casándose, le parecía vivir un sueño, del que nunca querría despertarse.

Tendrían una luna de miel corta, de a penas una semana, ya que él comenzaba un rodaje en poco menos de quince días.  Tendría que acostumbrarse a sus ausencias.  Pero por fortuna éste se rodaba en estudio, y no habría desplazamientos a exteriores, hasta bien avanzado la filmación  en que tendrían que viajar a Nueva York.  A pesar de ser sólo una semana, Paul quería que le acompañara y ella encantada accedió, aún a sabiendas de que estaría metida en un hotel. Volvería a esa ciudad y visitaría nuevamente lo que no hacía tanto tiempo visitó.  ¡ Cómo había cambiado su vida desde entonces !.  Viajó a Nueva York, huyendo de él, para no encontrársele  a su regreso de las vacaciones de Navidad, y sin embargo ahora, se había convertido en su esposa, y la quería, y ella adoraba a Paul y todo estaba bien, aunque las relaciones con la familia eran algo tensas.  Al menos la madre la trataba con deferencia, la abuela si,  la quería, pero Meredith,...  era otra cuestión.

Meredith
Notaba que no le era simpática ¿ por qué, si casi no la conocía ? ¿Habría algo más que ella ignoraba?.  Normalmente caía bien a la gente cuando la conocían.   Pero desde un principio, Meredith la mostró su rechazo, hasta convertirse en algo que ambas sintieron.  Alba evitaba lo más que podía acercarse a la prima, y Meredith nunca se quedaba a solas con ella.  La antipatía era manifiesta.

Una noche, mientras se preparaban para dormir, después de pasar el día en familia, Alba se decidió a preguntar a Paul, algo que llevaba  mascullando desde hacía tiempo

- ¿ Puedo preguntarte una cosa ?- dijo a su marido
- Por Dios, ¡ Claro que si ! Soy tu marido.  Debes saber todo de mi, ail igual que yo de ti se todo
- Es que ..., me es un poco violento... Bah, no importa
- Si, si importa.  Si tienes alguna duda, debes decírmelo
- Es que me es violento, porque creo pertenece a tu vida anterior a mi, y eso es algo que no me compete
- ¡ Claro que te compete ! Debemos tener confianza mutua.  Así evitaremos malos rollos entre nosotros. A ver, dime ¿ qué ocurre ?
- Es Meredith. Me tiene una antipatía atroz, y pienso que tiene algo que ver contigo
- ¿ Meredith ?  Siempre ha sido algo rara...  rencorosa..., pero no creo que yo tenga nada que ver con ella
- Entonces ¿ por qué me tiene tanta manía ?  Nos hemos conocido hace poco tiempo.  No hemos tenido ningún roce, pero tampoco ni siquiera hemos cruzado más que un par de frases.  Normalmente caigo bien a la gente, pero lo de ella...
- Ven aquí cielo - la dijo Paul, acomodándose a su lado
-Cuando éramos adolescentes,  ella vino  a vivir con nosotros, tuvimos una especie de romance.  No te alarmes, no fue nada serio.  Salimos a cenar alguna noche, al cine otras, a la discoteca..., en fin hicimos lo que todos los jóvenes hacen.  La besé un par de veces y eso fue todo.  Me desengañé enseguida, porque conocí a otra chica de mi clase.  Decidimos dejar la relación, no sin antes tener una bronca monumental, ya que ella se había hecho ilusiones respecto a mi.  Teníamos diecisiete años, y al siguiente curso yo iría a la universidad.  Pero Meredith, parece ser que tenía otros planes.  Por lo que fuera, esa relación fracasó.  Yo seguí mi camino y ella el suyo, sin más problemas.  Por eso es que creo que no sea la razón que me dices.



- Yo creo que si.  Las mujeres  nos conocemos mejor, y sabemos las reacciones que vamos a tener.  Creo que ella se  enamoró de ti y aún lo sigue estando. Además eres famoso...
- No, seguro que no. Nunca me insinuó nada al respecto, ni yo tampoco noté nada en especial en nuestro trato.  Yo viví en el Campus y posteriormente, al abandonar los estudios... viví con la abuela.  No nos veíamos muy a menudo
- Verás.  No quería decirte nada, pero... cuando llegamos de Londres para establecenos aquí, sorprendí una conversación con tu madre y con la abuela.  Meredith me estaba despellejando, literalmente, ante ellas.  Dijo que posiblemente iba buscando la notoriedad que tu trabajo me daría, y no sabía con qué fin.  Que debían estar alertas, porque  yo sería una trepa de las que buscan atraparte y después dejar me hagas un hijo, para posteriormente divorciarme y exigirte  una compensación cuantiosa.  Al escuchar aquello me quedé helada, no sabía qué hacer si quedarme o desaparecer de allí.  Luego tu  estuviste frio y distante durante unos días y pensé que tú...
- Que pensaba lo mismo ¿no ? ¿ Me crees tan tonto como para casarme contigo sabiendo eso?   Si estuve distante, fue porque tuve una discusión con mi familia, pero nada tiene que ver contigo, eran cosas de tiempos anteriores, pero creo que Meredith puso su granito de arena, para encizañar lo suyo.  Bueno ahora, olvida todo.  Hablaré con ella
- No por favor, no lo hagas
- Si.  Si que lo haré.  No voy a consentir que se interponga entre nosotros, ni con mi familia.  A pesar de todos nuestros encontronazos, yo quiero a mi familia.  Les doy tiempo para que te conozcan y verás como todo es más sencillo
- Seguro que si- respondió Alba
- No lo dices muy convencida- replicó Paul
- Si, si, cariño. Eso espero, al menos.
- Bien.  Pues ahora ...
- ¡ Paul !

Se amaban.  No importaba nada ni nadie.  Sólo contaban ellos, ese momento, todos los momentos que vivian juntos como el de aquella noche, como el de todas las noches que vivirían.

  Paul retomó su trabajo, y Alba al terminar el curso, permanecía sola en casa hasta que su marido regresaba de los estudios, algunas veces bien entrada la noche.  Comenzó a frecuentar la casa de la abuela, y una vez a la semana se reunía con sus suegros para comer.  Ese si había sido un gran cambio en ellos.  Sin duda Paul tuvo la conversación anunciada, y las cosas se suavizaron.  Meredith procuraba no encontrarse con ella y a Alba dejó de importarle la opinión de la prima.

Parecía que todo comenzaba a arreglarse en la familia. La madre de Paul, se mostraba más abierta y una vez a la semana iban juntas a la peluquería y a comer en un restaurante.  Esas actitudes alegraban a Alba y reconoció que la familia de Paul, no era tan estirada como parecía y comenzaban a confiar los unos en los otros.

Patricia, la madre de Paul

Una noche, Paul, llegó bastante enfadado.  El rodaje había sido complicado, largo y pesado, y lo que era peor, todo lo realizado en ese día, volverían a repetirlo a la siguiente mañana. 

Cuando entró en su casa, beso a su mujer en la frente, algo que no era habitual en él que siempre se mostraba arrebatador.  A penas hablaron durante la cena y por más que Alba insistió en saber lo que le ocurría, no hubo forma de que se lo contara.  A veces, Paul era obstinado, y en su defensa decía que no quería los problemas del trabajo, llevárselos a casa, pero lo cierto fue que ese día si se los llevó. Y en los días sucesivos, también

Alba no sabía lo qué hacer.  Comprendía que podría tener dificultades en el set, pero tantos días, no era normal que ocurriera.  Debía haber algo que no quería contarla.  Esa mañana, después de que Paul saliera, cuando a penas había amanecido, decidió que iría a charlar con la abuela.  Con ella tenía más confianza que con su suegra.  La transmitía serenidad, paz y cariño.  Con ella podía hablar sin ambigüedades y siempre encontraba una palabra de comprensión y algún consejo para darle.  Reconocía que su inexperiencia jugaba en su contra.  Paul había sido su único novio, la relación había sido extraña  y no tenía mucha experiencia con los hombres, es decir no tenía ninguna.  Por eso la costaba tanto entender a Paul, pero la abuela le conocía bien, y siempre sabía cómo orientarla.  No en vano vivieron, los abuelos, muchos años felices, hasta que se rompió la pareja por fallecimiento del abuelo.  "Algo sabría Rosalyn sobre la vida en pareja", se dijo.

Reconfortada por la visita, se dispuso a recibir a Paul de una forma, más amable, más sugerente, más femenina.  Seguro que en ese terreno él no fallaría.  Y tal y como lo había planeado, ocurrió.  Paul se sorprendió ante ese hecho y el cambio de actitud de ella, que desde que comenzara su mal humor, se había mostrado callada, interpretando que eso es lo que él necesitaba.

Y Paul acudió a su requerimiento con pasión inusitada, que hasta sorprendió a Alba.  Siempre se había mostrado altamente cariñoso en los momentos álgidos de su relación, pero aquella noche se superaron todas las expectativas.  Ella estaba asombrada de la respuesta de su marido, y aunque estaba encantada, por otro lado, hacía que se preocupara, porque nunca había estado tan amoroso.



Al sonar la alarma del despertador, Paul saltó de la cama como un resorte.  Apenas había dormido un par de horas.  Se sentía contento, pero al mismo tiempo estaba bastante cansado.  Alba se levantó también para prepararle el desayuno.  Era la única comida que harían juntos, ya que últimamente, hasta cenaba en el estudio.

- No, no te molestes.  No puedo entretenerme.  Hoy tengo sesión de maquillaje bastante pesada, así que he de irme enseguida.- dijo Paul
- Nunca me cuentas nada de tu trabajo.  No comentamos nada...- reprochó ella
- No puedo.  Está firmado en el contrato que no podemos comentar nada, ni siquiera con la familia.  Mejor así.  Eso es trabajo y lo nuestro es nuestra vida.  No deben cruzarse
- Pero tampoco me has contado porqué has estado tan malhumorado durante estos días pasados
- Lo sé, pero déjalo estar. Ya ha pasado y no quiero ponerme de malhumor recordándolo nuevamente.  Lo de noche ha sido maravilloso, y no quiero que se enturbie con nada
- Pero...
- Déjalo ya... te lo he repetido...  No puedo hablar de ello
- Está bien, no te enfades. No quiero que vuelvas a las andadas
- ¿ Volver a las andadas? No se a qué demonios te refieres.  Siempre estás buscando los tres pies al gato, y eso es francamente pesado
- ¿ Yo ? ¿ Que busco los tres pies al gato ? ¿ Cuándo, di,  cuándo?
- Déjalo ya, caramba. Me voy. Hasta la noche

Y salió dando un portazo, y dejando a su mujer perpleja, sin entender qué es lo que había hecho mal, y por qué nuevamente él se había puesto fuera de si como en días anteriores.  Algo iba mal y no alcanzaba a comprender lo que era.  No había motivos para ponerse como él se había puesto.  Se había marchado sin siquiera darla un beso de despedida, cosa que no era habitual en él.  ¿ Era una discusión de recién casados, o algo más que ella ignoraba ?



No se sentía con fuerzas para confiárselo a nadie.  No le apetecía salir de casa y era el día acostumbrado para  ir con su suegra a la peluquería.  La llamaría con cualquier excusa y no acudiría a la cita de esa semana.  Las lágrimas atenazaban su garganta. ¿ Qué ocurría, que estaba pasando ? Y tomó una decisión.  Iría al estudio a la hora de la comida.  Trataría por todos los medios de aclarar lo que pasaba.  Si eso haría.  Como era temprano tenía tiempo suficiente para ello.  Se arregló con esmero, pero informal , y cuando comprendió que tenía tiempo suficiente para llegar al plató tomó rumbo al encuentro con su marido.