rosafermu

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sábado, 30 de marzo de 2013

AMOR EN LA RED - Capítulo 12º / Todo está como debiera



Por prescripción médica, Ingrid debía dar largos paseos. Tenían la inmensa suerte de vivir en un sitio bonito y con mar.  Los largos paseos por la playa eran sus preferidos.  Enlazados por la cintura algunas veces charlaban, otras guardaban silencio y cada uno se sumergía en sus pensamientos.   Hacía pocos días que  habían regresado de España, e Ingrid debía abordar la problemática en la carrera de Jack.  Bajo ningún criterio quería que abandonase la medicina por la  búsqueda de nuevos horizontes laborales. Mientras daban su paseo, ella reclinando su cabeza en el pecho de Jack,  le dijo

- Amor, tenemos que pensar en el futuro. ¿ Sigues decidido a dejar la medicina? - él de momento guardó silencio.
- Mira cielo, es un tema del que por ahora no quiero hablar
- Pero tenemos que hacerlo. Comprendo el motivo por el que pensaste en abandonar,pero es injusto. Eres muy valioso en tu campo y, te faltaba poco para cumplir tu sueño de ser cirujano.  Vuelve mi amor, por favor no abandones tu sueño
- Tengo miedo de enfrentarme a otra desgracia como aquella. Siempre tengo tu imagen en la cabeza y, no lo soporto. No podría vivir sin ti ¿ es tan difícil de entender?
- Yo te entiendo y comprendo que fué horrible, pero también hay niños que nacen ayudados por las expertas manos del médico, por manos como las tuyas.  No tienes que sentir miedo; yo estoy sana y fuerte. Estoy bien, y nuestro hijo nacerá sin problemas. Eres un excelente médico, pero si lo dejas por la investigación, serás un mediocre investigador, porque no es lo tuyo. Te arrepentirás si no continúas.  Hazme caso, vida. Pide la reincorporación a tu puesto, hazlo por mí.

Ingrid se alzó sobre las puntas de sus pies y cogiendo el rostro de su marido, le besó repetidamente, hasta arrancarle la promesa de que volvería al hospital.

Así lo hizo, con gran satisfacción de Philip, pues apreciaba mucho a su amigo. A él también le costó recuperarse de lo ocurrido con Lucille, pero era más veterano que Jack y al cabo de unos días había vuelto a la rutina de siempre, como si nada hubiera ocurrido.

El embarazo de Ingrid se desarrollaba normalmente. Iba a revisiones mensuales, y posteriormente, cuando la fecha se acercaba, cada semana.  Ella estaba nerviosa. Deseaba ardientemente tener a su hijo en brazos, pues sería varón, pero ni se la ocurría comentarlo con su marido, no creyera que lo que sentía era miedo por el momento que se acercaba; aunque un poquito de miedo sí sentía.  No por si la ocurría algo malo, sino miedo a lo desconocido: sabía que se pasaba mal, era la creencia que se transmitía de generación en generación. Era mimada por Jack, que desde su separación parecía amarla más intensamente y estaba siempre pendiente de ella.


Y Jack se incorporó a su trabajo, y lejos de lo que pensaba se sintió feliz por estar de nuevo ejerciendo. Llamaba a su mujer varias veces en el transcurso del día

- ¿ Estás bien ?
- Si, cariño, estoy bien. Aún no toca; no te preocupes tanto.  Te quiero muchísimo, pero me mimas en exceso y no va haber quién me aguante cuando todas las caricias se las lleve el pequeñín y te olvides de mi
- ¿ Olvidarme de ti ? Nunca, jamás,  mi cielo. Me llaman por el busca, más tarde te llamo
- Anda, corre, ve y no te preocupes.

Cada vez que le tocaba guardia de noche, lo pasaba inquieto, con preocupación por si su mujer le necesitaba y no estaba con ella.  Cuando más disfrutaban era,  al caer la tarde. Se sentaban en el pequeño jardín de la casa y contemplaban la puesta de sol abrazados  Lejos de distanciarles la separación les había unido aún más. Lo tenían todo, eran absolutamente felices, tan sólo les faltaba  el "bicho",  como cariñosamente llamaba Jack al niño, y  que en breve nacería.

Ni siquiera se habían planteado mudarse de domicilio a otra casa más cerca del hospital. Les gustaba aquel pueblecito pequeño, de gentes alegres y cariñosas. Se encontraban a gusto y cerca del mar. El lugar de trabajo de Jack no estaba muy lejos de Fowey, en apenas quince minutos llegaba a él, por tanto no era inconveniente.  Jack había hablado con Philip para que tuviera todo preparado, ya que  Philip es el que había llevado el embarazo de Ingrid a su regreso a Fowey.

- Tranquilízate, muchacho. Todo va bien, tu mujer es fuerte y está sana. No habrá problemas, tranquilo
-Si, pero si sales de fin de semana,  que yo pueda localizarte rápidamente
- Ja, ja ,ja. eres un cobardica. No pasará nada, confía en mi. Sois mis amigos ¿ crees que no voy atender bien a Ingrid?

Tenía los nervios a flor de piel y a medida que se acercaba el día, iban en aumento.  Se cuidaba mucho de que ella no se diera cuenta de la preocupación que sentía.

  Le  conocía bien y sabía que no estaría tranquilo hasta que naciera Albert, pues así habían decidido que se llamara, en homenaje al abuelo paterno, ya fallecido.

Aquella mañana, Ingrid se encontraba rara. El vientre lo tenía más bajo. Sus cara se había hinchado ligeramente y había empezado a sangrar débilmente, señal inequívoca de que la hora se acercaba; quizás ocurriera esa misma mañana.  Dudaba en advertir a Jack, aún era pronto y éste se preparaba para dar su paseo por la playa

- Cariño, no tengo ganas de andar. Hoy no me apetece salir
- ¿ Por qué, te encuentras mal ? Sabes que Philip te ha dicho que los paseos facilitan el parto. O es que...
- Creo que sí, mi vida.  Creo que Albert va a empezar su viaje de un momento a otro.
- Voy por el coche - Jack nervioso buscaba apresuradamente las llaves que no sabía dónde las había dejado
- ¡ Qué torpe soy, Dios mio.! ¿ Dónde las habré puesto ?
- Tranquilo, mi amor que hay tiempo. Mira allí están - dijo señalando el lugar en donde siempre las dejaba

Ingrid también estaba nerviosa y sentía temor por lo que se avecinaba, pero ni se la ocurría comentarlo.  Por fin estaban instalados en el coche, después de que Jack avisara a su amigo Philip

- ¿ Tiene contracciones?
- No, al menos no se queja
- Pues entonces venid tranquilos. Hay tiempo de sobra. El parto no ha empezado

Ya llegaban al hospital. La carretera se les hizo interminable, pero aún se puso más nervioso, cuando nada más sentarla en la silla de ruedas, Ingrid sintió que de su cuerpo salía como una fuente de líquido incontrolable:  había roto aguas

- Vamos rápido, rápido - decía el celador que empujaba la silla de Ingrid

Jack cogía su mano y corría a la par dirigiéndose al paritorio.  Philip ya estaba preparado.

- Jack estate a mi lado. Te necesito dentro, ayudándome - dijo a su marido con voz suplicante que se resistía a entrar en el paritorio.  Las contracciones habían comenzado
- No me pidas eso, por favor. No podré verte pasar el mal rato- replicó Jack
- Pero yo te necesito, ahora más que nunca. ¡ Ay Dios mio, qué terrible !

Miró a su mujer que tenía la cara contraida por el dolor, y no lo dudó más: tenía que estar a su lado, no sería un estorbo.  La secaría el sudor y la sostendría cuando empujase con la expulsión



- Prepárate Jack, vas a ayudarme. Ya casi está aquí. Viene rápido. Ni siquiera podemos anestesiarla - le dijo Philip - viene con prisas

Jack no replicó, no dijo nada.  Como un autómata actuaba eficientemente al lado de su amigo.  Ingrid le veía hacer satisfecha por su reacción: se había recuperado, había vuelto a ser médico y sería el primero que cogiera a su hijo al nacer.

Albert nació sano, fuerte y con carácter, y efectivamente Philip le dejó que tomará a su hijo por la cabecita y le ayudara a salir del claustro materno.  Lo depositó sobre el vientre de su madre que lloraba de emoción, y él muy serio y emocionado les contemplaba como si no fuera real lo que acababa de vivir.  Besó a su mujer y a su hijo, y fue entonces cuando se dio cuenta de que todo había terminado felizmente y abrazaba a su familia - " ¡no ha ocurrido nada !"- repetía mirando a su amigo.  Por fin aliviando la tensión rompieron a reír ambos médicos abrazándose

- ¡ Eh ! que a quién tienes que abrazar es a tu mujer.  Ha hecho un buen trabajo y te ha dado un hermoso hijo. Enhorabuena amigo. ¡ Por fin ya sois padres !
- Felicidades, mi amor, felicidades. Me has dado un hijo perfecto y precioso - decía besando a Ingrid
- ¿ Está bien, Jack ? ¿ es normal, está completo ?
- ¿ Que si está completo ? Completísimo mi amor. Ahora nos lo tenemos que llevar al pediatra para su examen.  Yo me quedo aquí contigo, aún no se ha terminado.  Todavía te queda pasar un mal rato, pero será breve. La expulsión de la placenta.
- No importa, rey mío. Si tú estás a mi lado, soportaré todo. Te quiero Jack, te quiero.

Albert


Ingrid agotada, dormitaba ya en la habitación cuando subieron al pequeño. Era una bolita de piel algo tostadita como la de su madre, pero una pelusilla entre rubio y pelirrojo hacía que su padre riera orgulloso

- Mira mi vida, si hasta tiene pequitas como yo- decía feliz a su mujer
- Si cariño, será un inglesote como tú. ¿ Puedo dormir un ratito ? - suplicó a Jack
- Un poquito más mi amor, mantente despierta un porquito más y después dormirás todo lo que quieras.  Sobretodo no separes las piernas en algunas horas
- ¿ Por qué tengo que permanecer así ?
- Por precaución mi amor.
- De acuerdo rey. Dame a mi "bicho", le quiero besar.

Al sentir el calor de la madre, el pequeñín tranquilo se quedó dormido, mientras Jack les miraba inmensamente feliz.  Dos días después salían los tres del hospital rumbo a su casa. Habían de comenzar una nueva experiencia con su hijo en el hogar, y no sería tarea fácil para Ingrid, dado que no tenía experiencia alguna como madre.

Ingrid se sentía desbordada por la situación.  Era novata y aún no conocía bien las costumbres que poco a poco iba imponiendo el chiquitín.  Era tragoncete y cada tres horas, exactas, reclama el pecho de su madre.

 Apenas le daba tiempo para hacer lo imprescindible ya que había que bañarle, vestirle, darle de mamar, y algunas veces volverle a limpiar de nuevo después de estar bañado, porque las necesidades fisiológicas no venían cuando la mamá quería, sino cuando su cuerpecito lo demandaba.  Algunas veces llegaba Jack del trabajo y la encontraba muy apurada, pues en toda la mañana no había dejado de llorar.

- Da unos gritos desgarradores - comentaba a su marido muy acongojada
- Vamos a ver, cielo.  Tendrá gases. Es la forma que tienen los bebés de hacerse notar cada vez que les ocurre algo.  Ten un poco de paciencia, ya le irás conociendo
- ¿ Y cómo lo sé? Soy una mala madre que no conoce a su hijo
- Ven aquí-decía con calma abrazando a su mujer- Es normal, eres primeriza, y habéis de acoplaros.  Dentro de unos días te habrás hecho con la situación; es pronto, ya lo verás. Mira 

Depositó al bebé sobre la cama y comenzó a masajear su tripita.  Advirtió a Ingrid

- Mira cuando llora tan fuerte, si ya ha comido,  y al tiempo encoge sus piernecitas, es debido a que tiene gases y le duele la tripita. Da unos masajes en el vientre, suavemente hasta que expulse el aire. Después de amamantarle ¿ le sacas los gases? Ponle sobre tu hombro dándole unas palmaditas en la espaldita y te asombrarás del erupto que suelta.  Mi amor son pequeños trucos que poco a poco irás aprendiendo.  No te entristezcas, eres la mejor madre del mundo.  Yo te ayudaré mi vida.  Sabrás distinguir el llanto cuando tiene hambre, del que  hace cuando tiene alguna molestia. Ten paciencia, cariño.

Ella se reclinó sobre el pecho de su marido rompiendo en sollozos apenada por lo inexperta que era.  Creía que no sabía cuidar a su hijo.




Comenzaba a sufrir la depresión post parto inevitable en casi todas las mujeres.  Desean ser perfectas en la protección de su bebé y nada les es suficiente para lograrlo, siempre piensan que lo hacen mal,  porque es tanto el amor que sienten que nunca es bastante en el cuidado de su hijo

Jack trataba de consolarla, pero le preocupaba la depresión que pudiera sufrir su mujer. Con motivo de su trabajo, pasaba mucho tiempo sola, y decidió contratar a una muchacha que la ayudase con el niño.  No había nada que Jack no hiciera por ella. Le preocupaba que siempre estuviera encerrada en casa, pendiente del niño. No salían  ni frecuentaban a sus amigos, desde que nació Albert.  Le daba la impresión de que estaba obsesionada; tenía miedo a quedarse sola con el niño, y no se movía de su lado por temor a que pudiera ocurrirle algo.  Algunas veces, arrodillada junto a su cuna le hablaba como si el niño pudiera entenderla

- ¿ Sabes, mi cielo ? yo era una chica estúpida que renunciaba a lo más valioso que tiene un ser humano: su familia.  Estuve a punto de perder a papá y por tanto de perderte a ti. Papá tuvo paciencia y supo conquistarme y ahora estoy orgullosa de vosotros.  Daría mi vida por ti y por él, no hay nada que se pueda comparar a la felicidad que siento al teneros a los dos.  Me da miedo no ser merecedora  de tanta dicha - y de repente, rompía a llorar sin saber muy bien porqué.

Pasaban los días y la depresión se acentuaba en ella. Físicamente se veía gorda. Había perdido su cintura con el embarazo y hasta el gusto por vestirse. " Cada dos por tres estoy con el pecho fuera, un pecho enorme..." - lloraba mirándose en un espejo. 

Jack consultó con un compañero de hospital sobre el problema que padecía Ingrid

- No te preocupes. Es algo muy común en las mujeres primerizas después de dar a luz. A medida que coja confianza en si misma, se la irá pasando. En cuanto recupere su forma física, ya no se encontrará tan horrorosa- comentó el psiquiatra

Pero a Jack le preocupaba, y mucho.  Al llegar a casa la encontraba malhumorada, despeinada y poco habladora. Había algo que no se le podía criticar y era el especial esmero que ponía en que el niño estuviese atendido al máximo.  Había controlado los entuertos del pequeño y cada día que pasaba era más experta.  No era ese el problema, entonces ¿ qué la ocurría ?  El anuncio que había puesto en el tablón de  del hospital solicitando a una mujer para que la ayudase en el cuidado de Albert, había dado sus frutos y Daphne, una mujer de mediana edad experta enfermera de muchos años, había concertado una entrevista con el matrimonio.  Todo era perfecto: Albert estaría atendido por las dos mujeres, pero Ingrid tendría más tiempo libre para cuidarse de ella.

Después de algún tiempo, decidió acudir a un gimnasio para recuperar su silueta.  Debía atender también a su marido, que hasta entonces le había dejado un poco de lado.  Aprovechaba cuando el niño dormía después de desayunar para hacer ejercicio. Y eso hizo que fuera recobrando poco a poco el carácter  afable y alegre de antes del parto.

Todo transcurría normal y el tiempo hacía su andadura.  Albert celebraba su primer aniversario y la casa se vió invadida  por los niños de los compañeros de Jack. Una barbacoa, piñata y la consabida tarta hicieron las delicias de todos los asistentes.  Recibió infinidad de regalos, peluches deliciosos . Hubo uno que llamaba  especial atención de todos por su gran tamaño: un oso panda enorme.   Parecía iba a ser el preferido del pequeño Albert , pero era anónimo.  Nadie conocía a quién había firmado la tarjeta, sólo Chr.  Jack, sin poderlo asegurar, se imaginaba de quién era: Christine.
Ocultó a su mujer la remitente, y argumentaba " será de algún paciente agradecido".  Pero Ingrid no se quedaba conforme, le parecía extraño su forma de actuar, máxime porque le notaba algo nervioso cada vez que hacían referencia al regalo.



Decidió hacerse el encontradizo con su antigua novia, y trataría de sonsacarla si ella había sido la protagonista del regalo.  No entendía el porqué lo había hecho; había quedado todo muy claro entre ellos y no estaba dispuesto a que hubiera interferencias en su matrimonio, ahora que, por fin, Ingrid estaba casi recuperada de su depresión.  No comentó nada con su mujer para no inquietarla.  Tras una llamada telefónica, Jack quedó citado con Christine.  Quería agradecerla el regalo a su hijo, pero también averiguar qué significaba aquello, ya que desde que se uniera a Ingrid no se habían visto.

La citó en la cafetería del hospital, toda vez que tenía guardia y no podía moverse de allí, y tampoco deseaba que el tiempo pasara sin saber lo que sucedía.  Algo en su interior le avisaba de algo que no podía concretar, pero que le hacía permanecer alerta.

- Christine ¿ cómo estás? - fue el saludo acompañado de dos ligeros besos en las mejillas de ella
- Bien Jack, estoy bien.  Me preguntaba si imaginarías quién había hecho el regalo al pequeñín. Ya veo que sí, que aún no me has olvidado
- Te tengo afecto.  Fuiste generosa conmigo, pero desearía que no lo tomes como una vuelta al pasado, porque eso no ocurrirá.  Amo enormemente a mi mujer y a mi hijo, y soy el hombre más feliz del mundo.  Por nada ni nadie perdería a mi familia, y si retomásemos una amistad ya extinguida seguro que pasaría.
- Nunca ha sido esa mi intención - replicó ella, ocultando la verdad-  Solamente deseaba conocer a Albert, te lo aseguro
- Me alegro que sea así. Solamente quería dejar las cosas claras entre nosotros.  Mereces ser feliz.  Y ahora discúlpame, pero debo volver.  Estoy de guardia
- Bien.  Ya he recogido el guante y no te preocupes no te volveré a molestar
- No. Te agradezco el regalo, pero te conozco lo suficiente como para saber que  tu intención es otra. Te ruego disculpes mi brusquedad, y el que te hable con tanta claridad.  No voy a dejar a mi mujer.  Nos queremos y somos felices. Nadie mejor que tú para saber lo que ocurrió entre ella y yo.  Todo está solventado y olvidado.
Christine



 
 


Jack se perdió en el interior de la cafetería para acudir a su trabajo.  Christine le vió irse con una sonrisa que podía expresar algo difícil de descifrar.

Cuando al día siguiente Jack volvió a casa, contó a Ingrid el encuentro del día anterior y ella torció el gesto, pues no veía claro la intención que le había movido a regalar al niño ese enorme osito, que ni siquiera podía manejar

- Quería hacerse notar - es lo que comentó a Jack
- Yo creo que no, sencillamente  deseaba obsequiar a Albert
- Eres un inocente, y no conoces a una mujer resentida.  No me gusta nada que mantengas amistad con ella.  No me fío.
- No seas tonta, mujer.  He dejado muy claro que no tiene nada que hacer
- Humm... No me gusta, no me gusta nada - y dando la espalda a su marido le dio las buenas noches dispuesta a dormir
- Yo también me acuesto.  Estoy cansado.  Tuvimos urgencias movidas. Espérame, voy contigo.

Ingrid se desveló con la confidencia que le había hecho Jack.  Algo en su interior la decía que estuviera sobre aviso.  No se fiaba de esa mujer, aunque en un principio al dejar la relación se quedara conforme.

- Anda, ven aquí. Estás muy segura de lo que te quiero. Buenas noches mi vida, duerme bien- dijo a su mujer al tiempo que la besaba.  No tardó mucho en quedarse profundamente dormido; estaba muy cansado

Ingrid por el contrario no podía dormir.  Se levantaba constantemente y acudía hasta la cuna de Albert que dormía tranquilito.  Pero la verdad es que algo la inquietaba.  Decidió que iría a buscar a su marido al hospital, siempre que no tuviera que hacer guardia.  Evitaría la oportunidad de que se vieran nuevamente.

Habían pasado dos meses desde este hecho, cuando Ingrid recibió una llamada desde España.  Era del marido de su madre y le anunciaba que iba a ser sometida a una intervención quirúrgica de gravedad.  Deseaba verles, especialmente al niño, por lo que pudiera ocurrir

- ¿ Pero de qué se trata ? - dijo angustiada a su padrastro
- Las pruebas  dicen que se trata de un tumor cerebral de difícil acceso, y no saben, hasta que no operen  si hay extensión.

Cuando Jack llegó a su hogar, se encontró a Ingrid muy preocupada y llorando.  Era una noticia no esperada.

- Debes ir y llevarte a Albert.  Me reuniré con vosotros lo antes posible; he de programar las operaciones, pero debes acudir cuanto antes

Organizaron el viaje y partieron hacía España, dos días después.  Se reuniría con ellos lo antes posible.  Ingrid llegó antes de que ingresara en el hospital.  La operación estaba prevista  para una semana después, pero debían ingresarla para el pre-operatorio.  Jack llegó a tiempo y consultó con sus colegas el pronóstico que tenían, y que no era muy halagüeño.  Le dieron la oportunidad de estar en quirófano con ellos y sería el portador de las noticias, a medida que transcurriera la intervención.

Madre de Ingrid


La suerte estuvo de su lado y a pesar de ser complicada por la situación del tumor, no había metástasis y después de diez días de ingreso, la dieron el alta para seguir recuperándose en casa.

Jack  regresó a casa , pero Ingrid y el niño permanecerían junto a ellos hasta estar recuperada totalmente.  La madre de Ingrid era feliz con su nieto y con su hija, pero el tiempo pasaba y debían partir.

- Hija, yo desearía que permaneciérais aquí toda la vida, pero debes regresar a casa, junto a tu marido,  que te necesita.  Tiene un trabajo difícil y el que tu estés allí hace que pueda descargar la tensión acumulada.  Te necesita y te echará de menos.  No hay nada más que miraros para saber lo unidos que estáis.  Tu marido es muy guapo y debes estar cerca...
- ¿ Por qué lo dices, mamá?
- Yo cometí errores sin darme cuenta de que los hombres son muy vulnerables.  El resultado ya lo sabes. Tenemos una buena amistad, pero mucha culpa de lo que ocurrió la tuve yo, aunque no me diera cuenta de ello, entonces.  Por eso te advierto, no le dejes solo mucho tiempo.

Entonces vino de nuevo a su memoria el encuentro con Christine y su presentimiento de que había un doble sentido en ella.

Cinco días después un coche la dejaba frente a su casa. Volvía al hogar, junto a Jack, que seguramente estaría en el hospital.  Al entrar, notó demasiado orden en él. Jack no es que fuera muy ordenado, por eso la extrañó que todo estuviera en su sitio.  No le gustó nada aquello.  Dejó en el suelo a Albert, cuando oyó abrirse la puerta de la calle y unos tacones repiquetear en la entrada.  De buenas a primeras se encontró frente a frente a una mujer que no había visto nunca, pero que adivinaba se trataba de Christine

- ¿ Quién es usted? - preguntó malhumorada
- Seguro que eres Ingrid. Yo soy Christine, y he venido estos días a echar una mano a Jack.  Sabes que no es muy ordenado y deseaba que todo estuviera  en su lugar para cuando tú llegases
- Es muy amable de tu parte. No tenías que haberte molestado, ya lo hubiera hecho yo a mi llegada.  No obstante, te lo agradezco, pero ya no es necesario que te molestes
- ¿ Me estas diciendo que me vaya?
- Pues ... si.  Creo que si. Debes irte
- Francamente no esperaba algo así.  Lo he hecho con la mejor intención
- Y yo te lo agradezco, pero te repito, ya estoy aquí
- Muy bien.  Cuídale, le tienes algo descuidado
- ¿ Qué es lo que dices?  No sabes nada de nuestra vida. Atiendo perfectamente a mi familia, y no eres tú la indicada para decir nada al respecto
- El no es todo lo feliz que debiera. Te quiere demasiado, por eso calla, pero ...
- Hemos terminado esta conversación.  Por favor sal de mi casa

Christine abandonó la casa, pero había sembrado la cizaña de la desconfianza.  Ingrid estaba deseando que llegara Jack; tenía que aclarar muchas cosas con su marido.  La rabia y la desconfianza la torturaban y aún había de esperar para que Jack llegara.  Se alegraba de no haberle advertido de su regreso.  ¿ Deseaba pillarle in fraganti ?  No debía desconfiar de él; seguramente habría una explicación.

Ajeno a todo, Jack introdujo la llave en la cerradura y al notar que no estaba echada, abrió la puerta llamando a

- Christine, Christine ¿ dónde estás?

Una Ingrid con el rostro descompuesto salió a su encuentro.  Se confirmaba la semilla que había sembrado unas horas antes: su marido la engañaba con su antigua novia

- ¡ Cómo has podido hacerlo !
- ¡ Ingrid, mi amor ! ¿ Cuándo has llegado y por qué no me has avisado?
- ¿ Para qué, para que no te pillara?
- ¿ Qué dices? no te entiendo
- Llegué esta mañana y mi sorpresa ha sido grande cuando otra persona ha visitado esta casa para "atenderte". ¿ En qué te ha atendido, eh?
- Nadie me ha atendido. Christine se ofreció a arreglar la casa y hacerme la comida mientras estabas ausente, nada más ¿ que piensas, que me he acostado con ella? ¿ es eso ?
- Pues si, es eso.  Al menos es lo que me ha reprochado. ¿ Quién es ella para reprocharme nada? ¿ Qué le has contado de nuestra vida ?
- Nada. No la he contado nada... Se trata de nuestra vida y no voy hablando con nadie de lo que solamente nos incumbe a nosotros.  Nunca me he sentido desatendido, no tengo motivos para ello
- Jack, ¿ qué has hecho, qué has hecho?
- Nada, no he hecho nada.  Pero ¡si a penas nos hemos visto en todo este tiempo!  Es injusto lo que dices.  Sabes que sois mi vida

El niño con su llanto interrumpió la discusión.  Era una pelea muy fuerte, como nunca habían tenido.  Ingrid se sentía traicionada, y Jack no sabía cómo apaciguar a su mujer.  Era inocente de todo lo que le acusaba, pero comprendía que ante sus ojos le hiciera aparecer culpable.  No sabía cómo arreglar aquel brote de celos de Ingrid, aunque quizás no la faltara razón para suponer lo que no había ocurrido.  Recordó su encuentro que Christine después del cumpleaños de Albert y se dio cuenta de que era parte de un plan tramado por su antigua novia.  Pero no se saldría con la suya, no le robaría la felicidad que había alcanzado con Ingrid y,  con resolución la dijo

- Ven - levantando al niño del suelo que no cesaba en su llanto, le besó
- ¿ Dónde me llevas ?
- A que ratifique delante de mi lo que te ha hecho creer. No se puede quedar así

Llegaron frente a la casa de Christine, que salió a recibirles con extrañeza

- ¿ Qué ocurre Jack ?
- Eso dímelo tú ¿ Qué pretendes ? Te  dejé muy claro que amaba a mi mujer y a mi hijo y no perdería a mi familia
- ¿ A qué viene eso ahora? Ya lo sé...
- Tú insinuaste que teníais una relación - dijo Ingrid
- Debes haber perdido el juicio. Jamás te dije nada
- Además de falsa eres cobarde.  Te has visto pillada en tus propias mentiras.  Has sembrado malestar entre él y yo, pero ¿ sabes qué ?  No lo has conseguido.  Quiero a mi marido y él me quiere a mi.  Es mejor que te olvides de nosotros para siempre.





De nuevo en su hogar, y después de acostar a Albert, el matrimonio solucionaba sus problemas quedando claro que todo había sido una patraña.  Recordó los consejos de su madre y pensando en voz alta, repitió " nunca volveré a dejarte solo "
-Mi amor, nunca nadie ocupará tu lugar.  Eres el amor de mi vida, siempre lo has sido y deberías saberlo y no desconfiar
 de mi
-Ya lo sé, pero lo dijo tan segura... y hacía tantos días que no estábamos juntos... Perdóname Jack, no volverá a ocurrir
- Dicen que lo mejor de las peleas está en la reconciliación - dijo riendo al tiempo que la besaba




Nueve meses después llegó Sara.  Una preciosa muñeca que les colmó de alegría.  Christine salió del lugar al día siguiente del hecho y nunca más supieron de ella.

A día de hoy, Jack es jefe de equipo de cirugia, Ingrid trabaja en un despacho de abogados de Fowey.  Albert y Sara van a la guardería y en menos de tres meses vendrá  uno nuevo bebé  a la familia.

La madre de Ingrid junto a su marido les visita en Inglaterra y pasan con ellos el verano disfrutando de la compañía de sus nietos.  Piensan quedarse hasta que Ingrid dé a luz nuevamente.  Siguen amándose y son plenamente felices.

Chatean con sus amigas, que menos Carmita, que permanece soltera,  pero en pareja, se han casado y son madres de familia.  Marta va por el cuarto hijo y ahora viven en La Toscana y Guilio se encarga de una empresa vinícola que atiende junto a sus hermanos

De vez en cuando recuerdan la forma en qué se conocieron y ríen felices pensando en que Ingrid no quería saber nada de familia, y ya tienen tres hijos, de momento...







AMOR EN LA RED - Capítulo 10º / La distancia

Jack permaneció en cama durante toda la mañana y parte de la tarde.  De vez en cuando Ingrid, se asomaba lentamente a la habitación, para no despertarle.  Le extrañaba la conducta de su marido ¿ qué ocurrió esa noche en el quirófano para que estuviese tan afectado?  Por su profesión veia fallecimientos de todas clases, y aunque le entristecían, pasadas unas horas volvía a su vida normal.  No lo entendía. Si al menos la explicara algo...  Ya de noche, Jack se levantó. Tenía grandes ojeras y muy mal humor.  A penas hablaba, y ni siquiera miraba a Ingrid.



- Tienes que decirme lo que te ocurre ¿ no comprendes que estoy muy preocupada ?
- Pues no te preocupes - la decía con malos modos
- ¡ Cómo no voy a preocuparme ! Nunca me habías tratado así
- ¿ No puedes dejarme en paz ? ¿ No ves que no tengo ganas de hablar ?
- Está bien, te dejo. Yo no te he hecho nada para que te comportes así conmigo. Nunca, nunca lo habías hecho
- ¿ Me dejas tranquilo ? - interrumpió bruscamente a la acongojada Ingrid

Ella salió a punto de llorar. ¿ Qué había hecho para que Jack le hablase de esa forma ?

-¡ No le he hecho nada.!..

Había pasado un buen rato desde su discusión.  Ella preparaba la cena en la cocina. Jack se acercó lentamente y la soltó de sopetón



- Nada de niños
- ¿ Cómo dices ?
- Lo que has oido, no tendremos niños. Ni ahora ni nunca
- Pero ¿ por qué ?
- Porque no quiero tener hijos ¿ Es suficiente ?
- Por favor, explícame lo ocurrido para que yo pueda saber a qué obedece todo este ... jaleo
- Muy bien, te lo explicaré - y lentamente relató a su mujer todo el triste suceso de Lucille

Ella le escuchaba con los ojos muy abiertos, atenta a las palabras de su marido.  Pero mentalmente iba repasando todo lo que sabía referente a Lucille, y de repente lo comprendió todo:  Jack seguía enamorado de esa desdichada mujer. Esa era la explicación

Derrumbada en un sillón, se tapaba la cara con las manos. De repente comprendió que toda su vida, desde que le conoció, había sido una farsa. ¿ Se había vengado de ella  por su rechazo a formalizar la relación?  Pero... en este tiempo que  llevaban juntos, él le había demostrado su amor,  ¿ Entonces?...  Su mente confundida pensaba y pensaba, sin apenas escuchar el final de la historia que le contaba Jack.  Ante el profundo silencio de ella, la dijo impaciente

- Y bien ahora ya sabes todo.  Conoces el porqué no quiero niños en nuestras vidas.  Lo que he vivido esta noche no lo olvidaré jamás.  No quiero ni pensar si a ti te ocurriera algo, no podría soportarlo.   Tengo grabado en la retina la escena del padre con su hijito en brazos, llorando la muerte de su esposa. He pensado dejar la medicina y dedicarme a la investigación



 Ingrid no prestaba atención a lo que él la decía. De no haber estado enfrascada en sus propias preocupaciones, se hubiera dado cuenta de que estaba equivocada respecto a Lucille, que había salido de la vida de Jack hacía tiempo Ella era el amor de su vida, no había otra persona en su mente sólo ella y su temor a que le ocurriera algo semejante a lo pasado en aquel quirófano.  Pero no reaccionaba, y él extrañado, la miraba fijamente ajeno a los pensamientos de Ingrid.  La agitó ligeramente por los hombros como para que volviera en si

- ¿Has escuchado lo que te he dicho ? Voy a dejar la medicina

Entonces ella reaccionó mirando desolada a Jack, haciéndole repetir su decisión

- ¿ Que vas a dejar la medicina ? ¿ por ella ? La sigues amando ¿ verdad ? El haber presenciado su inesperada muerte te ha hecho ver que la perdías definitivamente
- Pero ¿ de qué hablas? No has escuchado lo que te he dicho
- Te amo más que a nadie. Lo estás haciendo para castigarme, para que no insista más con lo de los niños.  Creo que nunca me has querido; quizás ha sido todo una novedad en tu vida, porque en realidad a la que seguías amando era a Lucille.  Yo renuncié a todo por tí, te he entregado no sólo mi amor, también he tratado por todos los medios amoldarme a tu trabajo, a pesar de que me agobia la soledad.  Pero tú eras feliz con lo que hacías.  Eso me bastaba, pero ahora resulta que no soy nada más que una  ¿circunstancia? en tu vida.  Lamento muchísimo su pérdida, lo lamento por ella, por su marido y sobretodo por su hijito, pero ha sido mala suerte. Hay cientos de mujeres a diario que dan a luz y no les pasa nada.  Pero lo que más te ha afectado es que se trata de Lucille, tu primer y único amor-  Tragó saliva y respiró hondo para poder seguir hablando-.  Creo que lo mejor será que cada uno de nosotros nos alejemos durante una temporada. Necesitamos aclarar las ideas, los dos, y estando juntos nos va a ser difícil
- Has debido volverte loca. Nada de lo que me estás diciendo es congruente. En ningún momento he dicho que lo ocurrido con Lucille me haya transtornado. Eres tú quién me preocupa, solamente tú.  No quiero que pases por lo que esta noche he visto. Tú no, mi mujer no.  No tengo que reflexionar nada, tengo las ideas muy claras y sé muy bien lo que quiero, y eres tú.
- ¿ Pretendes que me lo crea? Por amor de Dios eres médico, has visto cientos de veces morir a una persona y has continuado con tu trabajo, con más o menos sentimiento, pero has seguido. Qué casualidad que a raiz de lo de anoche, hasta piensas en dejar la medicina, ¡ por favor !
- Te digo que eres tú mi preocupación.

No sabía cómo convencerla. Ingrid era terca y estaba segura de que su amor por ella era una farsa. Se le acumulaba el estres, la rabia, la ansiedad, y la desesperación porque veia que perdía lo que más amaba en el mundo: su esposa.  Bruscamente la atrajo hacía sí.  La besaba con furia y ella trataba por todos los medios por desasirse de aquellas caricias, que siempre buscaba en él y que ahora rechazaba.  La llevó hasta la cama y la hizo el amor con rabia, bruscamente, a pesar de que ella lloraba pidiéndole que no siguiera. Estaba fuera de sí. No había caricias previas, ni palabras cariñosas, ni abrazos, ni complicidad entre ellos.  Era solamente sexo,  y no amor.

Ella lloraba quedamente, desconsolada. Se había roto lo más importante de su vida; le dió la espalda y una idea comenzó a tomar forma en su cabeza: regresaría a Madrid, no podía permanecer a su lado ni un minuto más.  Se levantó de la cama bajo la atenta mirada de su marido.  No estaba orgulloso de lo que había hecho. Nunca había tenido necesidad de imponerse por la fuerza ¿ por qué habia ocurrido ? La veia salir de la habitación, y la siguió tratando de reconducir su relación. Ella lloraba y Jack trató de abrazarla, pero ella dando un respingó, le frenó en seco

- No se te ocurra ponerme las manos encima.  Voy a dejarte

El trataba por todos los medios de que le escuchara, de convencerla de que estaba en un error, de que no había oido nada de  su relato y estaba confundida.  Pero no hubo forma de poderla convencer, y desesperado se encerró en su despacho, dándose cuenta de que la había perdido.  Ninguno de los dos durmió aquella noche.  Ingrid guardó su ropa en la maleta y en cuanto comprendió que era la hora, llamó a un taxi.  Iría hasta Londres y desde allí tomaría un avión de regreso a España.  No podía creérselo: abandonaba a Jack a pesar del inmenso amor que sentía, pero el recuerdo de la última noche era como un puñal clavado en su corazón. Nunca se hubiera imaginado un final así.



Cuando llegó a Barajas llamó a una Carmita, su mejor amiga.  No tenía a dónde ir. Se sentía como si solamente existiera ella en el mundo.  Se sentía huérfana " si al menos mi madre viviera en Madrid"... De repente se acordó de Jack y un nudo en la garganta le impedía hasta respirar.

- Carmita...  -un sollozo alarmó a la amiga que la escuchaba al otro lado del teléfono
- ¿ Qué te ocurre, qué te pasa?
- Por favor ven a buscarme.  Estoy en Barajas y no sé dónde ir
-Ahora mismo salgo para allá. ¿ En dónde te recojo ?
- En la salida de internacional. Ven pronto por favor

Ambas amigas se abrazaron emocionadas. Y a grandes rasgos Ingrid relató a su amiga la discusión tenida con Jack

- Pero vamos a ver, mujer. Seguro que no lo interpretaste bien.  No puedo creer que Jack estuviera guardando ese secreto toda su vida ¿ por qué ? no tiene objeto.  Si os viérais como yo lo he hecho cuando estáis juntos, no pensarías así. Tiene que haber una explicación, seguro.  Mira ahora vamos a casa, le llamo y hablo con él
- No, no quiero que le llames. No quiero saber nada de él, por favor, no le digas dónde estoy

La preparó una taza de tila bien concentrada.  No había forma de calmarla, de tranquilizarla y a duras penas consiguió que se acostara.  Al cabo de un rato rendida por las emociones, se durmió, con un sueño intranquilo, repleto de pesadillas. Carmita sentada en un silloncito en la misma habitación, velaba por su amiga.  No podía creerlo
" sin duda hay algo que lo explique. No me lo puedo creer, es imposible"

El teléfono sonaba a distintas horas del día, deduciendo que era Jack para saber de ella, pero no contestó a ninguna de sus llamadas.  Carmita, aprovechando que Ingrid había salido a dar una vuelta, le llamó.  Jack quería ir a buscarla y a duras penas pudo hacerle desistir de ello

- Jack, hazme caso. Es mejor que os serenéis, de lo contrario os haréis más daño. Quizás unos días separados os haga bien. Hazme caso no vengas. Lo siento,  pero me ha prohibido te llame. No obstante te llamaré en cuanto tenga una ocasión; no te preocupes por ella, no la dejaré sola, la cuidaré como si fuera mi hermana.



Y pasaron los días y la situación no cambiaba dado que Ingrid seguía pensando lo mismo.  Una mañana, Carmita entró en la habitación para despertarla y al ver su semblante se alarmó.  Unas grandes ojeras violáceas rodeaban sus ojos.  Había adelgazado y un profundo malestar le aquejaba desde hacía unos días.  A penas si retenía la comida en el estómago, la poca comída que ingería, pero por las mañanas las náuseas que sentía, hacía que saliera corriendo al servicio. Al tener el estómago vacio, nada vomitaba,  pero los esfuerzos hacían que pareciera que el estómago se le saliera por la boca

- Tenemos que ir al médico, no puedes pasar ni un día más de esta forma - anunció Carmita- Yo misma pediré cita ahora mismo.

Esa misma tarde acudieron a su médico de siempre. El dr. Hernández que  se acordaba perfectamente de Ingrid y aún conservaba su ficha clínica.  Después de un breve preámbulo conversando con las dos, indicó a Carmita que debía salir de la consulta

- Querida, sólo debe estar la paciente y su médico. Son confidencias entre ambos. Si ella quiere después contártelo, estupendo, pero ahora déjanos solos, por favor.

Carmita sonrió comprendiendo que el secreto profesional era lo que primaba en aquel amable galeno tan fiel a sus principios médicos.  Tras una exploración, el doctor sonrió y preguntó a Ingrid

- ¿ Te casaste verdad?
- Si, hace casi dos años
- Bien. Hija mía, no tienes nada, estás perfectamente, salvo...
- ¿ Qué, qué ocurre ? - preguntó impaciente
- Pues lo normal: estás embarazada.  De poquito tiempo, pero lo estás.  Así que cuídate, aliméntate bien, que te encuentro algo delgada, y acude a tu ginecólogo para que te haga el seguimiento. ¡ Ah, y enhorabuena ! Seguro que tu marido se pondrá loco de contento
- Pero , no puede ser... estamos separados
- ¿ Desde cuándo?
- Pues ...- dijo dudosa - hace poco...
- ¿ Hay otra persona en tu vida ?
- Noo, nadie más que él
- Pues entonces haríais el amor antes de separaros.  La cosa está clara



"La noche aquella - pensó -¡ me quedé embarazada aquella noche !  Ay Dios mio, ay Dios mio !" - se despidió del médico que sonriente estrechó su mano como despedida

 Una intrigada Carmita, le aguardaba impaciente

- ¿Qué, qué te ha dicho ? ¿ es algo de estómago, de nervios ?
- ¡ Estoy embarazada !
- ¡ Dios mio ! , en definitiva es lo que tú querías
- Pero no así, en esta situación. ¿ Qué haré ?
- Pues llamarle ahora mismo y decírselo
-¡ Estás loca !  Todo fué porque él no quiere niños ¿ cómo voy a decirle que estoy encinta?
- Pues mira, coges el teléfono, marcas su número y cuando te conteste le dices: Jack vamos a tener un  niño. Ven a buscarme
- No, no puedo hacerlo. No le llamaré, ni tú tampoco. ¿ No te das cuenta de que no sería una alegría para él, sino todo lo contrario ?  Daré tiempo a hacerme a la idea y después resolveré.

Pero no resolvía, y Carmita tampoco podía hacer nada. Le había tenido que jurar que nunca le llamaría. No sabía qué hacer; más de una vez comenzó una carta, que posteriormente rompió, ante la inseguridad,  al pensar que quizás fuese peor que ella precisamente,   le diese la noticia.  Decidió que de momento dejaría las cosas así, tratando de convencer a Ingrid avisara a su marido.

Las náuseas pasaron a los tres meses, pero había perdido el apetito y estaba desmejorada.  El médico en sus chequeos comprobaba que todo estaba en órden, pero la regañaba para que se cuidase.  Comenzaba a perder la línea de su cintura, sentía repugnancia por alimentos que anteriormente la volvían loca. Sus pechos comenzaron a redondearse y a crecer, y  se dió cuenta de que había de tener cuidado pues sus tobillos también engordaban por la retención de líquido. Se cansaba más y los riñones a veces parecía que tuviesen fuego y a veces no soportaba el dolor de espalda.  Pero a pesar de todos estos síntomas, seguía sin anunciar a su marido la llegada del bebé.





jueves, 28 de marzo de 2013

AMOR EN LA RED - Capítulo 8º / Las bodas

Se casarían a mediados de Agosto.  Ingrid deseaba contar con la presencia de sus amigas, y para ello las llamó inmediatamente que supieron la fecha

- Carmita ¿ por dónde andáis?
- Ingrid  ¿ ocurre algo ?
- Si, nos casamos dentro de una semana
- ¡ Dios mio !- dijo Carmita
- ¿ Qué pasa, qué pasa ? - apremiaba Susana preocupada
- Deseo vengáis a nuestra boda - pidió Ingrid
- No faltaremos. Daremos la vuelta

Y así lo hicieron.  Encontraron a su amiga exultante de felicidad y a un Jack totalmente desconocido: amable, cariñoso, solícito...  También conocieron a Thomas y a Sarah, en fin, comprobaron que el entorno de  la pareja era tan armónico como feliz

Después de la boda, se reunieron todos en un restaurante a las afueras de Fowey. Eran pocos los acompañantes entre los que reinaba la alegria.  Jack e Ingrid se retiraon pronto. Querían estar a solas y comenzar su luna de miel.  La tenían programada para la primera hora del día siguiente.

  Irían a Londres y después cruzarían al continente, a Paris.  Disponían de pocos días, ya que Jack debían incorporarse a su nuevo trabajo el día 1 de Septiembre, pero serían unos días intensos de felicidad.

Ya estaban instalados en su hogar, Jack había comenzado su trabajo en el hospital como residente, pero debido a su experiencia su destino fué en urgencias.  Estaba contento, era feliz a pesar de que no pasaban juntos el tiempo que deseaban.  Ella le esperaba ansiosa por estar con él, y disgustada, aunque no lo diera a conocer, cuando le tocaba guardia. Era de 24 horas seguidas, pero se trataba del futuro y de lo que Jack amaba: curar a las personas que acudieran a urgencias.  Amaba su profesión y además estaba satisfecho, porque tendría oportunidad de intervenir en alguna operación, lo que le serviría para la experiencia que habría de tener cuando terminase la residencia y por fin fuera cirujano titulado.



Ingrid canturreaba contenta preparando una cena muy del gusto de Jack, ese día terminaba su turno a las 10 de la noche, y a pesar de que él no estaba acostumbrado a cenar a esas horas, haría una excepción.  Era inmensamente feliz, amaba a su esposo y él la amaba, nada se interponía en su felicidad. 

Sonó su móvil y una voz sumamente familiar la respondió al otro lado

- Ingrid, chica ¿ cómo te va ?
- ¡ Marta, Marta ! ¡ qué gusto volver a oirte ! ¿ cómo estáis ?
- ¿ Que cómo estamos ? Felices, amiga, muy felices.  Nos casamos la próxima semana y quiero que vengáis
-Marta, no sé si Jack podrá acompañarme.  Acaba de incorporarse a su nuevo trabajo y no creo que le den permiso, pero yo acudiré, seguro.  No me lo perdería por nada del mundo.
- Intentad venir los dos.  Nos haría muchísima ilusión

Continuaron hablando un buen rato más.  La charla era alegre y amena, puesto que las dos amigas estaban pletóricas de felicidad. Al colgar, Ingrid sonrió pensando en lo extraña que es la vida y lo jugueton que es el destino de las personas.

Cuando llegó Jack, le contó las noticias de Marta y el deseo expresado de que asistieran a su enlace

- Bien que me gustaría, mi amor, pero acabo de empezar, tú lo sabes.  No creo que pueda hacerlo; necesitaría al menos cinco días.  Si hubiera sido antes de mudar de trabajo, no habría problema, pero en éste. . .
- Lo comprendo rey. Ya se lo he dicho. No te preocupes, pero a mí me gustaría asistir
- Desde luego. Ve tú en representación de los dos. Ella ha sido muy importante en nuestras vidas.

Acurrucada entre los brazos de su marido, le decía mimosa

- Uy, te voy a echar mucho de menos
- Y yo ¿ qué ?¡ Acostarme en una cama fria, sin nadie que me dé calor ! . . .- bromeó Jack - Quizás tenga que buscarme a alguien que me acompañe - dijo riendo
- Ni se te ocurra. Ese sitio es mio y de nadie más - dijo Ingrid abrazando a su marido.

Se casaron en Milán, en donde fijarían su residencia. Marta estaba preciosa y Giulio no cabía en sí de contento.  Su familia era en extremo cariñosa y afable.  Se deshicieron en atenciones con las amigas de Marta.  Los recién casados recorrerían la costa italiana y pasarían unos días en Capri como viaje de novios.  En un aparte con Ingrid, Marta confesó a su amiga



- No iremos solos en el viaje. Seremos tres
- ¿ Cómo tres, lleváis carabina ?
- Ja, ja, ja.  Nooo. Estoy embarazada.  No lo sabe nadie de su familia; ahora lo sabes tú también
- Marta ¡ qué alegría !- Ingrid abrazó a su amiga- Nosotros esperaremos más, como un año. Queremos disfrutar del matrimonio y, a que Jack se estabilice en el hospital.  Aunque parezca imposible, deseo ser madre.
- Amiga- le dijo Marta - ¡ No te conozco ! ¡ Tú queriendo ser madre, pero si ni siquiera querías tener novio ! Verdaderamente, Jack es un campeón

 Ambas amigas se abrazaron riendo.

Los novios después de despedirse, emprendieron su viaje de luna de miel. Las amigas tomaron el avión que las llevaría a  su destino,  a cada una.  Ingrid regresó al lado de Jack que la esperaba ansioso por verla.  Después de ponerle al corriente de todo lo acontecido en la boda, Ingrid insinuó que la gustaría dentro de unos meses aumentar la familia, a lo que Jack asintió encantado.

- De acuerdo mi amor. Iremos en busca del niño. Buenas noches, cielo, descansa que el viaje ha sido largo.



Los días transcurrían apaciblemente, no obstante Ingrid planteó a Jack que estaría bien comenzase a trabajar.  Había días, cuando él estaba de guardia, que se sentía bastante sola

- Si es ese el motivo ¿ por qué no buscas amigas? Hazte socia de algún club, de algún gimnasio.  En ellos siempre tienes a alguien con quién hablar
- ¿ Y cómo ? apenas hablo inglés. Si, si, ya me lo avisaste. Mañana mismo buscaré en los anuncios del periódico a ver si encuentro algo.  Quizás en algún despacho de abogados. . - dijo Ingrid bostezando- Buenas noches cariño. Hasta mañana- Dió un beso a su marido y abrazados se durmieron.

A la mañana siguiente en cuanto Jack se hubo marchado, se dirigió al pueblo en busca del periódico.  Entró en un pub y ante una taza de café, comenzó a desgranar uno por uno los anuncios que venían.  Encontró una solicitud en un despacho ó gestoría. Tomó nota del número de teléfono y procedió a contactar con el mismo.  Quedaron para una entrevista al día siguiente.  Y al día siguiente Ingrid acudió a su cita para la entrevista. Advirtió que su inglés era muy primario, pero no le dió demasiada importancia el que sería su jefe. Y la plaza que ofertaban quedó concedida a Ingrid, que contenta aguardó con impaciencia a que llegara Jack para comunicárselo.

Debido a su experiencia en el despacho de Madrid, y a sus tres años de estudios en Derecho, se convirtió en la mano derecha de su jefe. Había avanzado en la lengua inglesa y ya no la daba miedo el mantener una conversación.  Su jefe era un señor de mediana edad,  establecido en el lugar hacía muchos años, recién terminada su licenciatura en derecho.  Los clientes tampoco daban problemas; eran trabajos rutinarios, sin complicaciones.  Ingrid estaba a gusto. Había estsablecido amistad con la otra secretaria y en alguna ocasión, cuando Jack estaba de guardia, comían fuera de casa o por la tarde acudían al cine.



Habían cumplido su primer aniversario de boda. Jack intervenía con más fecuencia en las operaciones y todo les marchaba divinamente, a pesar de que Ingrid echaba de menos a sus amigas con las que por las noches, durante las ausencias de Jack, charlaban mediante el ordenador.  Habían comprado una webcam y de este modo podían verse.  Cada vez con más frecuencia, la asaltaba la idea del bebé, y cada vez lo iban dilatando.  Los dos estaban enfrascados en sus trqabajos repectivos, y el tiempo corría veloz.  Jack había hecho amistad con el ginecólogo de urgencias. De unos cuarenta y pico años, se complementaban perfectamente, e incluso le ayudaba en alguna pequeña intervención, como aplicar puntos en algún desgarro vaginal, o en alguna cesárea, por ejemplo a alcanzarle el instrumental requerido.  Estaba feliz, y cada noche al llegar a su hogar, los esposos se contaban las incidencias de sus respectivos trabajos.  Algún que otro fin de semana salían junto con el ginecólogo, por nombre Philip y su esposa Hellen, Thomas, Sarah y ellos dos.  Las mujeres se llevaban muy bien , haciéndose buenas amigas.


domingo, 24 de marzo de 2013

AMOR EN LA RED - Capítulo 7º / Los proyectos



- Despierta, mi amor, despierta - decía Jack al oido de Ingrid que dormía plácidamente
- ¿ Qué ocurre ? - le respondió ella adormilada
- Tenemos miles de cosas que hacer, así que anda,  levántate

Ingrid extendió la mano hasta su rostro, y con la mejor de sus sonrisas, acarició la mejilla de Jack

- Buenos días amor
- Buenos días, sweet. Voy preparando el desayuno mientras te duchas
- Pero ¿ qué hora es?, apenas es de día - protestó ella
- No, son las siete. Aquí no tenemos el sol radiante de España y parece que es más temprano
- ¿ Por qué tanta prisa ?, estamos de vacaciones

Jack sentándose en el borde de la cama, dió un beso a Ingrid y comenzó a detallar todo lo que debían hacer a primera hora. Lo primero de todo.

Vida, tengo que ir a solucionar algo y después a trabajar. Tú estás de vacaciones, pero yo todavía no.  Y tú, creo, debes dar unas explicaciones a tus amigas ¿ cierto?
- ¡ Oh Dios mio, se me había olvidado !
- ¿ Qué se te había olvidado ? ¿ Lo nuestro ?
- No, no.  Lo nuestro ha sido mágico, imposible de olvidar.  Mis amigas . .  se me habían olvidado.  Y es que me vuelves loca, no me dejas ni pensar, ja, ja, ja. Pero tienes razón ya mismo me levanto. Date la vuelta
- ¿ Que ? ¿ Cómo que me de la vuelta ?
- Si, me es violento levantarme delante de ti
- ¡Pero si hemos dormido juntos ! - protestó Jack
- Ya lo sé, pero ha ocurrido todo tan rápido,que no me da tiempo a procesarlo. Dame tiempo, por favor
- Todo lo del mundo, pero me voy a tener que ir ya
- Dame un beso antes de irte
- Miles, miles, miles - y Jack  feliz comenzó a besarla en las mejillas, en los ojos, en los labios, etc.
Jack pensaba cómo debía enfocar el tema para no herir a Christine, porque a pesar de que sabía que en cualquier momento romperían, ella se había portado bien con él, y no merecía dar la callada por respuesta.  Por eso cuando llamó a la puerta, la muchacha sabía que se avecinaba un problema.  La noche anterior no la había llamado, ni tampoco había acudido a su casa a pasar la noche como ocurriera en otras ocasiones.  Los rumores habían corrido rápido:  tres extranjeras estaban en el pueblo preguntando por Jack.  En las localidades pequeñas, cualquier cosa que rompa la monotonía diaria, corre veloz entre los vecinos, y ese rumor la había llegado en cuanto salieron del consultorio.  Quizás alguien que estaba aguardando en la consulta, fuera la que lo extendiera.

Christine



Pero fué el gesto serio de él, lo que la hizo comprender que una de esas extranjeras era el amor de Jack, pero ¿ a qué había venido ?  Según  ella conocía, no estaba interesada en Jack, ¿ entonces?  Una luz de esperanza se abrió paso en su pensamiento, pero se desvaneció rápidamente, en cuanto él comenzó hablar

- Verás Christine, ha ocurrido algo inesperado.  Tú estás al corriente de toda mi vida, y aunque cuando comenzamos nuestra relación te dije que me era imposible olvidarla, sabes que traté por todos los medios de hacerlo, y hasta creí conseguirlo, porque a tu lado he sido feliz.  Tuve el cariño que me faltó en ella, tu comprensión y paciencia, pero ...  No la olvidé y hoy, cuando la he visto, he retrocedido en el tiempo y . . .
- Y habéis iniciado vuestra relación ¿ no es eso ? - dijo Christine
- Si. Ella vino en mi busca porque me echaba de menos, pero cuando de nuevo estuvimos frente a frente supimos que no podíamos acabar,  porque ella había comprendido que lo pensado en un principio había dejado de tenerlo en cuenta al comprobar  que se había enamorado de mi, una vez que dejamos de estar en contacto. Entonces lo comprendió, y vino a ver si aún era posible comenzar de nuevo.
- No es necesario que sigas. Sabía que tarde o temprano ella se daría cuenta de lo que iba a perder si te rechazaba
- Vamos a casarnos lo más pronto posible. Aunque seguiremos viviendo aquí de momento.  En septiembre, cuando me incorpore a mi nuevo trabajo, ya veremos.  Quería que lo supieras lo más pronto posible,  por mi, y no por otra persona.

Jack la besó y dando media vuelta, salió de su casa y de su vida. Christine se quedó mirando a la puerta como si no fuera posible lo que acababa de escuchar: había perdido al hombre de su vida-" ojalá ella te sepa apreciar en lo que vales, Jack ".

Unos golpecitos suaves resonaron en la habitación de Ingrid. Abrió y ante ella sus amigas estaban listas para emprender nuevamente su marcha. En sus rostros se reflejaba la preocupación que sentían por su amiga, pero las desconcertaba su expresión risueña y el brillo que reflejaban sus ojos

- ¿ Qué te pasa ? - la preguntaron, al no entender nada de lo que sucedía
- Pasad, he de hablar con vosotras largo y tendido

Sentadas en la cama de Ingrid, las chicas escuchaban atentamente el relato de lo ocurrido la noche anterior, y estallaron de alegría, cuando una Ingrid plena de felicidad, les anunció

- Y vamos a casarnos lo más pronto posible.  Regresaré a Madrid para despedirme del despacho y recoger mis cosas, pero inmediatamente me vuelvo. No quiero volver a dejarle ni un minuto más de lo necesario. 

Las tres abrazadas, daban grititos de alegría mientras hacían una rueda riendo nerviosas
A los ojos de Carmita asomaron unas lagrimillas de emoción. Sabía lo que había supuesto para su amiga la incertidumbre de ese viaje, y  que fuera posible se encontrase con la negativa de él.  Por eso al haber ocurrido todo lo contrario, estaba muy contenta por ella.  La llamada de teléfono de Jack, las hizo calmarse

- Sweet, ya está todo arreglado. Mañana iré al juzgado para ultimar nuestra boda.
- Jack mis amigas están aquí, te están esperando
- Despídeme de ellas, amor. No puedo ir, tengo que entrar a trabajar en este momento, tengo una urgencia.  Esta noche cuando llegue a casa, tenemos que hablar extensamente. Te quiero,  mi amor.
- Yo también ¿ vendrás pronto?
- Salgo a las tres, y en  cinco minutos,  estoy en casa. Pero . . . no te he dado la llave. Acércate al consultorio y te la daré. En cuanto pueda, haré un duplicado. Ahora seremos dos - dijo riendo
- Iré en cuanto las chicas se marchen . Por primera vez te prepararé la comida
- Pues sólo tengo latas y alguna pizza en el congelador
- ¡ Jack ! ¿qué clase de  médico eres que no cuidas tu comida?
-Pronto tendré a mi mujercita que me cuidará. Oye, lo siento, tengo que colgar
- Chao mi amor. Hasta luego

No se podía ser más feliz, ni estar más contenta, ni querer más a una persona.  Las chicas, una vez recogido su equipaje, volvieron para despedirse de ella

- ¿ Te vas a cuidar ? - gimoteó Carmita
- Me alegro tanto por ti- repitió Susana



Las vió partir y pensó lo distinto que había sido todo, con tan sólo unas horas de diferencia.  Cuando el día anterior pensaba que había perdido a Jack Todo había tomado un giro repentino,  inesperado.    Se arregló un poco y partió andando en dirección al ambulatorio. Iba pensando en cómo haría para entenderse con la enfermera, pero eso no la importaba, ya no. Era demasiado importante lo que ocurría en su vida, que eso la causó risa.
 Delante del mostrador del control, tomaba notas otro doctor, rubio como Jack, que levantó la mirada del papel que estaba escribiendo, para fijarla en ella

- Señorita ¿ se acuerda de mi ? Estuve ayer con dos amigas. Lo siento no hablo inglés. Pregunto por el doctor Howell, Jack Howell
- Oh, si. Está con una paciente, pero me dejó este sobre
- Perdón no la entiendo

La enfermera la tendió el sobre que al recogerlo se dió cuenta que era la llave

-- ¿ Es usted Ingrid ? - la preguntó el doctor que estaba en el control
- Si
-Yo soy Thomas, amigo y compañero de Jack


Thomas

- Ah, doctor Thomas. Le conozco aunque sólo de oidas. ¿ Cómo está ? - dijo extendiendo su mano que fué recogida por el médico
- De momento no tengo pacientes, y me encantaría charlar un momento con,usted
- Claro, con mucho gusto
- Venga por aquí, por favor.  Julie avíseme si llega alguien - dijo dirigiéndose a la auxiliar

- Creí que no la conocería nunca. Jack me ha hablado tanto de usted, que estaba intrigado por comprobar si era tan bonita como decía. No me ha mentido, es usted muy bonita y no me extraña que perdiera la cabeza
- No sé qué decirle, estoy abrumada
- Verá. Jack es para mi como un hermano.  Le conozco hace muchos años; juntos estudiamos la carrera, juntos tuvimos nuestros primeros amores, juntos nuestra primeras fechorías en Ibiza. . . etcétera, etcétera  Por eso cuando desde hace un tiempo le veia tan decaido, triste y con mal carácter, me preocupó mucho porque él no es así.  Después de mucho ragarle me confesó que se había enamorado de una chica, pero ella no quería saber nada de amoríos.  Esta mañana me dice que usted vino ayer en su busca.  Cuando le ví entrar, casi no le reconocía: volvía a ser el Jack de toda la vida, el alegre, el cariñoso, el profesional.  Por eso. . .No quiero meterme en sus asuntos, es cosa vuestra, pero no quisiera volver a verle en el estado  de depresión que le he visto.  Si no le quieres  lo suficiente como para compartir su vida, déjale, ahora. No le hagas concebir falsas esperanzas, no se lo merece
- Es cierto, Jack es buena persona, amable y cariñosa y no se merece que nadie le haga sufrir.  Pero te equivocas al juzgarme tan a la ligera. Tontos pretextos los que yo ponía para no comprometerme ni con él ni  con nadie.  Lo que no sabía, de lo que no me daba cuenta,  es de que necesitaba a Jack, más que cualquier otra cosa .  Le necesitaba hasta para respirar, pero me dí cuenta demasiado tarde.  Este viaje lo he realizado pensando en que no tendría otra oportunidad, que él, quizás, hubiera organizado su vida, ya que desde hace tiempo no habíamos estado conectados. El mismo me dijo que tenía novia, y entonces con un dolor inmenso en el corazón dí marcha atrás y me ausenté.  El llamó a mi puerta anoche y todo cambió.  Quizás no haya sabido expresarle lo importante que es para mi, que ya nada ni nadie podría separarme de él, y que estoy dispuesta a unir mi vida y formar una familia con Jack.  Sé que obré mal, pero se lo dije desde un principio sin darle falsas esperanzas, sin saber, tonta de mi, que era lo más importante que me había ocurrido nunca. El conocerle me ha dado la vida, una vida a la que yo voluntariamente renuncié.  Lamento profundamente haber causado daño a otra persona inocente de mis insensateces, lo siento de verdad, pero él me lo ha  pedido y,  seré su mujer. No me importa el matrimonio, no quiero un papel firmado en el que diga que soy su esposa. Yo me considero ya su mujer.  Quiero estar a su lado legal o ilegalmente.  Créeme es lo que más me importa.
- Bien Ingrid, si es así como dices, sé bienvenida. Esta noche os espero a cenar en casa, Sarah se alegrará enormemente de conocerte
- ¿ Puedo pedirte un favor?- pidió Ingrid
- Desde luego
- Deja la invitación para mañana. Tenemos miles de cosas de las que hablar sobre nuestro futuro, miles de cosas para organizar  la boda, y sobretodo quiero estar a solas con él

Thomas la miró sonriente y dijo

- Eso está hecho, te comprendo.  Yo también cuando éramos novios, buscábamos estar solos. Además vosotros lo necesitáis. Tenéis que organizar una vida, ja, ja, ja

Ingrid le dió un beso en la mejilla al despedirse

- Gracias por ser tan buen amigo de Jack. Espero convencerte y que lo seas también mio.  Saluda a Sarah, aunque no me conozca
- Te conoce, ¡ya lo creo que te conoce!. Adiós, ¿ quedamos entonces para mañana por la noche?
- De acuerdo, mañana cenaremos en tu casa.  Adiós Thomas, y gracias por todo.

- Prueba superada - dijo cuando a solas se encaminaba hacia la casa de Jack una vez fuera del consultorio.

Jack llegó pronto después de salir del consultorio.  Lo hizo deprisa y subió el terreno que le separaba de la entrada, dando grandes zancadas. Estaba ansioso por estrechar entre sus brazos a la mujercita que le aguardaba, y que durante tanto tiempo había deseado verla en su hogar.  Después de abrazarse, besarse y decirse cosas bonitas, él la tomó de ambas manos y la condujo hasta el salón, la hizo sentarse a su lado y comenzó a explicarle su charla con Christine



- Me resultó violento, a pesar de que ambos sabíamos que ese momento llegaría, pero no me gusta dañar a nadie - permaneció en silencio un momento, y prosiguió - Pero ahora ya está todo claro, ya nadie se interpondrá entre nosotros.  Mañana tengo guardia, pero pasado mañana en cuanto salga del consultorio, iré al juzgado.
- Jack, había quedado con Thomas para ir mañana por la noche a cenar a su casa y conocer a Sarah
-¡Oh no!.  Mi amor, lo siento, pero tendrás que ir tú sola. Has de acostumbrarte a ésto.  Los médicos difícilmente podemos hacer planes. Están las urgencias y, prepárate, porque habrá veces que nos llamen cuando estemos durmiendo, o comiendo, o  en otros menesteres
- No te preocupes, rey. Me acostumbraré, sólo dame tiempo.  Tengo la cabeza como una olla exprés no puedo pensar más aprisa  en  tantas cosas .


Charlaron de miles de cosas, huecos vacíos en sus vidas mientras estuvieron separados.  Él la contaba su estancia, su triste estancia, en Fowey a su regreso de España.  Ella le escuchaba reclinada su cabeza en el hombro de él, cogida a su mano, besándosela de vez en cuando.  Permanecieron así durante largo rato; estaban juntos, se amaban y eran felices.  No necesitaban nada más.



sábado, 23 de marzo de 2013

AMOR EN LA RED - Capítulo 6º / Verde campiña inglesa

Lentos, iban pasando los meses, y por fín llegó Julio, el destinado para las vacaciones de las chicas.  Carmita y Susana contentas para disfrutar de su nueva aventura, Ingrid,  al contrario, expectante y nerviosa por lo que encontraría en Inglaterra. Sentía miedo de haber perdido definitivamente a Jack.  Nadie más que ella tendría la culpa si así era. Hacía más de dos meses que no sabía nada de él.  Iría a ciegas en ese viaje, pero tenía que hacerlo y aceptar lo que se encontrase en Fowey.






El último día de Junio, decidieron ir a cenar y tomar alguna copa con varios de sus compañeros de trabajo como despedida de vacaciones.  Ingrid no tenía ningún interés en ello, pero Carmita estaba contenta y lo quería celebrar.  Eran en todal cinco personas las que formarían la pequeña reunión.  Por fín dieron por finalizada la despedida y cada una se fué a su casa.  Ingrid estaba triste, no sabía muy bien  porqué. En vez de estar deseosa que llegará el día siguiente, quería que la noche fuese larga, muy larga y que el amanecer del día 1 de Julio, no llegase nunca. ¿ Qué encontraría en Fowey ?

Ya estaban acomodadas dentro del avión que en poco más de dos horas y media las dejaría en Londres. Allí mismo, en las oficinas de Iberia, realizarían las gestiones referente al alquiler del coche contratado desde Madrid.



Con todo en órden decidieron emprender la marcha hacia la ciudad.  Allí comerían algo antes de ir al hotel reservado. Carmita y Susana no paraban de hablar exultantes por el comienzo de las vacaciones, y contrariamente a lo imaginado, hacia un sol espléndido, lo que les alegraba aún más  Muy al contrario Ingrid iba callada. Sólo de vez en cuando hacía algún comentario.  Sabedoras sus amigas de lo que podía estar pasando por su cabeza, se hacían las desentendidas, como si no se dieran cuenta de la zozobra de Ingrid.

Después de tomar un frugal almuerzo, consultaron el plano y buscaron la situación del hotel. Una vez localizado se dirigieron hacia él.  Todavía les daría tiempo, después de instalarse, de disfrutar de la noche londinense.  El hotel tenía la fachada típica de una construcción  clásica de Londres, muy agradable, y su interior, sin ser excesivamente lujoso, era cómodo y confortable.  Estarían las tres juntas en la misma habitación, lo que significaba charla hasta altas horas de la madrugada.  Dieron órden en recepción de que les avisasen a las siete de la mañana.  No conocían lo que podrían tardar en llegar a su destino, por tanto irían despacio.  Además al no estar acostumbradas a conducir como se hacía en el Reino Unido, debían tener mucho ciudado en no tener un tropiezo.





Sonó el teléfono de la habitación avisándolas de que era la hora solicitada.  Se vistieron recogieron todo y salieron a la calle.  Mientras desayunaban en la cafetería del hotel consultaron nuevamente el plano y trazaron una raya con un rotulador desde Londres hasta la localidad en donde vivía Jack

Las amigas disfrutaban del maravilloso paisaje verde de la campiña inglesa. No paraban de hacer comentarios, pero Ingrid se incorporaba a la conversación con desgana, argumentando que la dolía la cabeza - " intentaré dormir algo" - justificó para entornando los ojos, sumergirse en sus pensamientos.  Deseaba y temía llegar



- Quiero llegar cuánto antes. Deseo terminar con esta zozobra de una vez- pensó para sus adentros.

Al volver un recodo Fowey apareció ante sus ojos

- ¡ Vaya, es precioso ! - comentó Susana
- Parece la Costa Brava- dijo Carmita
- Bueno, tanto como la Costa Brava . . . pues la verdad, no.  Todos los pueblecitos de pescadores se parecen algo - replicó Susana-De todas formas es una maravilla. ¿ Te gusta Infrid?
- Desde luego es muy bonito
- Pues no parece que sientas mucho entusiasmo - dijo Susana
- Déjala. ¿ No ves que está preocupada ? - argumentó Carmita.



Pararon en una de las calles del lugar para preguntar por el consultorio en el que trabajaba Jack, que por otra parte era conocido de los vecinos

- No está muy lejos de aquí - dijo uno de ellos, indicándolas el camino

Carmita dominaba perfectamente el inglés, por tanto no tenían dificultad alguna para hacerse entender. Muy al conrario ocurría con Susana e Ingrid, que hablaban un inglés muy elemental.  Al llegar al consultorio, fueron informadas en  el control por la enfermera que atendía el mismo, que Jack ese día libraba y por tanto no iría a trabajar.

Consultorio de Jack

- Puedo indicarles la dirección de su casa. Quizás esté allí, porque como dentro de nada toma sus vacaciones, anda preparándolo todo.
- Muchas gracias, señorita. Si es tan amable... porque la dirección que tenemos nosotras, no estamos seguras de que sea la correcta - y dicho ésto, Ingrid sacó su agenda mostrando los datos que ella tenía, y sí , coincidían con los de la enfermera.

La dieron las gracias y después de indicarlas por dónde debían ir, emprendieron de nuevo el viaje, pero ésta vez para Ingrid fué el tramo más difícil.  Al llegar frente a la casa,  les dijo

- Esperad, por favor. Sólo un segundo

Las chicas la miraron comprendiendo por lo que estaba sucediendo en su interior, y aguardaron pacientes a que su amiga se repusiera y sosegara su ansiedad.  Tomó aire, y a renglón seguido dijo

- Vamos allá. Lo que sea sonará; no tiene objero retrasarlo más

Domiciliode Jack

Al llegar a la puerta, las chicas dieron un paso atrás, dejando en primer término a Ingrid, que pulsó el timbre decidida.

- Voy enseguida. Un momento por favor - una voz masculina muy conocida por ella fué la respuesta a su llamada

De repente la puerta se abrió sacando de su ensemismamiento a Ingrid, que con la vista al frente se encontró cara a cara con Jack, que con ojos de asombro no podía creer a quién tenía delante

- Hola Jack, ¿ cómo estás ?
- ¡ Ingrid !, no podía imaginar que cumplieras la petición que te hice hace meses.  Hola chicas - dijo dirigiéndose a las amigas de Ingrid que conociera en la terraza de la Gran Vía en Madrid

Los pésimos augurios de Ingrid se habían cumplido.  La frialdad con que la recibió, no se parecía en nada a su despedida en Madrid.  Por eso y porque ya contaba con ello, reaccionó inmediatamente y tomó la iniciativa de la situación.

- Estamos de vacaciones recorriendo vuestra campiña y la costa, y hemos pensado ¿ por qué no acercarnos a saludar a Jack?, y aquí estamos
- Bueno pasad.  Tengo algo de desorden en casa.  Estoy preparando un viaje para dentro de unos días y estoy organizándolo todo
- No te preocupes, nos vamos enseguida. Sólo ha sido un momento en nuestro camino; nos desviamos para saludarte, pero no queremos retrasarnos mucho, para no viajar de noche.  No estamos acostumbradas a conducir por el lado contrario - dijo riendo, aunque estaba destrozada por dentro.
- Bueno siquiera tomad un té y luego marcharos si así lo creéis oportuno
- De acuerdo-, dijo Carmita que era la más decidida.

Jack preparó el té.  Sus manos temblaban Ni en mil años hubiera imaginado aquella visita.

- ¡ Dios mio ! - dijo mientras volcaba el agua en la tetera

Al reunirse con ellas las dijo

- Pienso que podíais quedaros esta noche y de este modo podríamos organizar una cena por el reencuentro y así conoceríais a mi novia

Aquellas palabras fueron una bomba en los oidos de Ingrid.  Las amigas la miraron al escuchar aquello sabedores de sus espectativas

- Nos gustaría mucho Jack, de veras que sí, pero ocurre que debemos entrar en el hotel a la hora fijada, de lo contrario perderíamos las habitaciones-, dijo Ingrid - Nos tomamos el té y nos marchamos.  Quizás en otra ocasión. ¿ Conseguiste la plaza en el hospital ?
- Si, me incorporo en septiembre. Así podré practicar y dentro de  unos dos años, ejerceré como residente
- Eso es estupendo. Me alegro muchísimo. Sabía que lo conseguirías. Y ahora chicas, vámonos se nos hace tarde

Las tres se levantaron y extendieron sus manos hasta Jack a modo de saludo, encaminándose hacia la salida .  Por unos breves instantes la pareja quedó a solas. Jack la miraba queriéndola decir miles de cosas que no salían de su garganta.  Ella se le adelantó y dándole un beso en la mejilla, dijo
- Adiós Jack.  Deseo que te vaya todo muy bien y seas feliz, te lo mereces. Adiós

Ingrid no dijo " hasta pronto".  Sabía perfectamente que todo había concluido y no se volverían a ver más.  Se reunió con sus amigas, que poniendo el coche en marcha arrancaron para salir de allí cuanto antes.  Ninguna de las tres habló.  La decepción que debía sentir su amiga, les acongojaba y lo sentían por ella, por las ilusiones que hubiera podido hacerse, pero también pensaban  que sólo ella era la responsable de aquel fracaso y nadie más.

- No tengo ganas de viajar, chicas -, las dijo - Busquemos un motel y hagamos noche aquí
- Me parece bien ¿ y a tí Susana ?
- A mi también. La verdad no me apetece meterme ahora en carretera. No disfrutaría de nada
- Cuando veníamos hacia aquí, vi un motel antes de entrar, podíamos quedarnos allí y descansar-comento ´Carmita- ¿ quieres Ingrid ?
- ¿ Cómo dices ? , si, si. Haced lo que creáis oportuno
- Decidido, volvamos atrás - dijo Carmita

Alquilaron las tres habitaciones correlativas.  Dejarían la de el medio para Ingrid.  Así lo decidieron.  Solicitaron unos bocadillos y una vez lo hubieron comido, cada una se dirigió a su aposento, notificando en recepción el nombre de a quién corrrespondía cada habitación.

Por fin Ingrid, a solas, pudo desahogarse de toda la angustia acumulada por el día.  Ya había acabado todo, ya había salido de dudas. Ahora otra mujer había recogido lo que ella tuvo en sus manos y lo despreció.  Nadie tenía la culpa, ya se lo avisaron.  Se dió un baño en lugar de una ducha.  Permaneció dentro del agua caliente, durante largo rato.  Debía relajarse, debía seguir el camino ocultando sus sentimientos a las amigas que dieron su aprobación por acompañarla.  No podía permitir amargarlas el viaje.  Decidió que al día siguiente estaría como si tal cosa y continuarían su camino, sin ningún interés por parte de ella.

Se metió en la cama. No tenía ganas de leer. Estaba cansada, pero no tenía sueño y dejó la luz encendida; miraba al techo repasando todo lo vivido en ese día y tratando por todos los medios que el sueño acudiese en su ayuda.  No quería, no debía pensar más. No deseaba sentir esa angustia que le atenazaba la garganta. No más.

Después de recuperarse de la sorpresa por la presencia de Ingrid en su casa, Jack se dirigió a su coche para ir en busca de Christine, la novia con la que andaba enredado. Pero la impresión de volver a verla , le indicaba que no había conseguido olvidarla, a pesar de sus propósitos y de tener un romance con aquella forastera que se cruzara en su camino algún tiempo atrás.  Desde un principio había sido muy claro con ella, y no la prometió nada más que la esperanza de que algún día olvidase definitivamente a Ingrid. Ella lo había aceptado así, creyendo que era altamente improbable  que se volvieran a juntar los caminos que la distancia y la intolerancia de ella había alejado.

Aún no era de noche y había la suficiente claridad como para ver que al pasar frente al motel de las afueras, viera el coche de las muchachas, aparcado frente a una puerta.
Anduvo unos metros, pero de repente giró en un recodo y retrocedió hasta llegar a la recepción del motel. Se bajó e inquirió el número de la habitación de Ingrid

- Ah, si, las extranjeras.  Es la número 6 la del centro
- Gracias, muchas gracias



Unos golpes en la puerta, sacaron a Ingrid de sus pensamientos.Creyendo que era alguna de sus amigas, ni siquiera se puso una bata encima del pijama, sino que abrió la puerta, viendo frente a sí el rostro serio de Jack

- ¿ Qué haces aquí ?- preguntó
- Iba camino del pueblo y al pasar vi vuestro coche.  Pensé que debía hablar contigo.  Lo de esta tarde ha sido todo tan rápido. . .
- Si lo ha sido por lo inesperado. Ni te imaginabas quién iba a visitarte - dijo riendo para ocultar su congoja

Jack la miraba no sabiendo por dónde empezar la conversación. Como si un sexto sentido le avisara, avanzó hacia ella y tomándola en sus brazos, la besó intensamente, no como en el aeropuerto, sino con toda la angustia, el amor y el deseo que sentía por aquella alocada muchacha que le había robado el corazón.  Ella correspondió a su abrazo, mientras  le susurraba al oido

- Dios mio Jack, te quiero, te quiero. Sé que es demasiado tarde, sé que no debo decirlo ahora cuando es demasiado tarde, pero... Márchate, por favor
- Ingrid ¿ por qué has tardado tanto ?
- Has sido tú el que has roto. Reconozco que tienes razones para ello, que fuí una estúpida engreida que me sabía a salvo de lo que sienten millones de personas en el mundo y yo creí poder luchar para no caer en las redes de un amor que te mortifica y que no te deja vivir en paz el resto de tu vida
- Calla, calla. No pensemos en ello ahora. Sea el que sea que haya tenido la culpa, olvidémoslo ahora y vivamos el momento
- Pero tú tienes otra chica en tu vida, y no es justo que ella tenga que pagar mis errores
- Calla, calla.  No deseo hacer sufrir a nadie. Ella ha sido paciente conmigo, pero también es sabedora de lo que ocurría, de lo que está a punto de ocurrir, ahora. Nunca la he engañado, he sido muy claro . Sabía desde el primer día que el amor de mi vida eres tú
- Entonces ¿ por qué dejaste de llamarme, de escribirme ? Esperaba como agua de mayo tus charlas, pero cuando te fuiste distanciando, supe que todo había cambiado, que había ocurrido lo normal, lo que yo no quise aprovechar.  Por lo tanto la culpa ha sido mia y lo asumo.  Lo nuestro ya no es posible
- Ni siquiera lo pienses. He trabajado duro, me he sacrificado mucho, y todo por ofrecerte algo más de lo que tenía. Nunca perdí la esperanza de enamorarte, y ahora estás aquí.  Ya no te dejaré escapar. Casémonos
- ¿ Qué dices ?
- Que seas mi mujer, Que formemos una familia y que no pienses siquiera que va a fracasar. Envejeceremos juntos y nunca, óyelo bien, nunca, aunque tengamos nuestros altercados van a desembocar en separación.  Porque eres toda mi vida, eres el motor que me impulsa a seguir adelante. Te he querido siempre, desde que te vi y nada ni nadie me hará renunciar a ti

Ingrid refugiada en su pecho, lloraba no sabía si de alegría,  angustia contenida, deseo, amor, ó por todo junto.  Y fué de él. Se amaron tan intensamente como si quisieran recuperar todo el tiempo perdido.  Al día siguiente pensarían en como solucionar los frentes que se habían abierto esa noche, pero  lo que tenían muy claro es que no renunciarían a estar juntos nunca más