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lunes, 26 de septiembre de 2011

COSAS DE ABUELOS - Capítulo 3º - La vida sin ella

El día en que por primera vez la casa, que hasta hacia poco había sido un hogar feliz, quedó silenciosa, sin las risas de los niños,  a Antonio se le hundió el mundo. Antoñito partía hacia Madrid en un par de días, solamente quedaron Aurora , Alvaro y la recién nacida. ¿ Qué hacer con semejante panorama?  El debia trabajar pues era el único ingreso que entraba en ese pobre hogar.

Se estaba introduciendo en la política, en las agrupaciones socialistas, pero no le aportaba ningún ingreso puesto que era por idealismo.

El regresar a casa después del trabajo, se le hacía insostenible. Ya nunca más le abriría la puerta su mujer, que siempre llevaba algún niño en brazos, y esa visión le atenazaba el corazón. No podía soportar su ausencia y si no hubiera sido por sus pobres hijitos se hubiera vuelto loco, o cometido alguna locura.

El trabajo no le llenaba y su refugio fué  el que cada día asistiera a la agrupación para discutir la forma de ayudar a las gentes que no tenían trabajo y si mucha hambre.

Permaneció viudo durante seis años. Entonces entró en escena su cuñada María, la hermana confidente de Ines.  Vió la mejor solución para volver a agrupar a su familia desperdigada por todos lados. Habló con ella y le pidió matrimonio.  No estaba y nunca lo estuvo, enamorado de ella; la respetaba por ser una buena mujer y además hermana del amor de su vida.  María en parte , porque quizá ella estuvo enamorada de él, o porque le dolia que sus sobrinos estuvieran separados, aceptó,  y de esta forma se convirtió en la segunda esposa de Antonio.  La respetó y hasta le tuvo cariño, pero nunca la amó.

Corrían tiempos muy difíciles y ellos de nuevo volvieron a Madrid. Antonio ya empezaba a destacar en el partido Socialista. Tenía buena oratoria y poder de convicción. Azaña, Prieto, Saborit y él mismo empezaron a dar mítines por todo Madrid, e inclusive salían a provincias en donde el partido socialista se había hecho hueco en la convulsa España.

Un día María le anunció que estaba embarazada. Para cuando nació la niña ya estaban todos los hermanos reunidos de nuevo. Eran felices todos juntos, pero a su tía siempre la vieron como una madrastra,  y no  como a la persona que en parte se había sacrificado por ellos. La nueva niña se llamó Ines como la primera mujer y era hermosa como una flor. Nació gordita, a pesar de las penurias que había en su casa.

He de decir que en aquella época  no recibian ningún sueldo por parte del partido y cada vez el tiempo lo invertía en la política más que llevar el jornal a casa.  Había encontrado su camino o su refugio, porque Ines seguía presidiendo su pensamiento, a pesar de María.

Dos años después de nacer Inés, nació José un muchachote fuerte y bonachón. He de decir que a pesar de ser de madres distintas, ellos, todos, se quisieron enormemente y jamás hicieron distingos por ser hijos de una madre a la que nunca aceptaron, a pesar de que reconocían  que era muy buena con ellos, pero no era su madre.  La pérdida de la madre, dejó una huella imborrable en todos ellos que jamás perderían y que influyó grandemente en el carácter de todos.

Personajes de finales de 1890

Señoritas de la época

Familia de final de siglo XIX
Ya todos los niños habían crecido, eran adultos, a excepción del último niño nacido de  María.
Antonio ya estaba dedicado enteramente a la política y el hijo mayor, Antonio, Estaba cursando estudios de Bellas Artes en la  Escuela de San Fernando de Madrid, se había casado y estaba esperando su primer hijo.
Y llegó el 13 de Abril de 1931. Se celebraron elecciones y la Monarquía salió de España para instaurarse la 2ª República .



Congreso de los Diputados
Justo en ese día nació uno de sus nietos, el primer hijo de Antonio, y habían nacido hijos de Angeles y de Adela.
 Aurora, Alvaro y Elena Dionisia, permanecían solteros.   Inés era una bella jovencita de 18 años que estaba de enfermera en un hospital de Madrid.   José era aún un chiquillo y su única ocupación era estudiar y jugar.

Antonio padre salió elegido  diputado por el partido socialista. Llegó a ser concejal de obras del Ayuntamiento de Madrid y durante su concejalía se construyó la plaza de toros de Las Vents. Fué visitador de hospitales. Era teniente alcalde del Ayuntamiento de Madrid, cuando le sorprendió la guerra civil española. Durante una corta temporada y en plena guerra,  ocupó el cargo de alcalde, al ausentarse el titular Pedro Rico.

Durante los tres años de la guerra no se movió de Madrid, ni él ni ninguno de sus hijos, a excepción de la mujer de Antonio, mis padres,  María con su hijo José y de  Angeles, que fueron evacuados a Murcia por tener niños muy pequeños, aunque la mujer de Antonio con su hijito, mi madre y hermano,  regresaría a la capital un mes después.



Muerte de un miliciano de Robert Kappa
Antonio hijo, hacía carteles a favor de la República que hasta llegaron a Hispanoamérica. Alvaro combatió en el frente del Cuartel de La Montaña.
 Antonio, hijo, patrullaba por el barrio de Chamberí para evitar desmanes de los incontrolados.

Antonio padre, diputado, veía que la situación de la guerra iba a ser larga y cruenta. Su inteligencia y don para la política le hacía tener una visión real de lo que pasaba y veía que a pesar de todo, la perderían. Visión que compartían muy pocos y quiza fuese uno de los  motivos por los que en realidad se perdió: falta de previsión.

Y al cabo de tres largos años, Franco entró en Madrid. Las primeras medidas que tomaron fueron que todas las personas de ideas de izquierdas, había que eliminarlas a como diera lugar. Las venganzas, envidias o ansias de poder, hacía que la gente denunciase a sus vecinos, e incluso parientes; así ocurrió con el hijo mayor de Antonio.

Le detuvieron por llamarse Fernández Hernández Quer, hijo de un diputado socialista. Sin más motivo que ese.Estuvo en un campo de concentración durante siete meses.

Al diputado Antonio Fernández Quer, le detuvieron y le encarcelaron condenándole a la pena de muerte. ¿ Motivos? Ser diputado por el partido socialista.

Durante un año se mantuvo  la pena de muerte, sacandole,  día tras día,  al patio de ejecución y volviendole a llevar a la celda.  Antonio , hijo, revolvió Roma con Santiago para librar a su padre de la ejecución a fuerza de comprar a gentes desaprensivas.  Lo logró, pero no consiguió que saliera de la cárcel y durante años empezó una peregrinación por las cárceles franquistas.

Estuvo en la  de Alcalá de Henares y en la Isla de San Simón, en Vigo. En ésta última como era un hombre culto y con don de gentes, se granjeó la simpatía del director que le dió el encargo de instruir a presos y carceleros.

Su salud se quebrantó grandemente. En España no había comida, pero su hijo Antonio dió el encargo a  su hermana Aurora que acudiera al lugar en que destinaran a su padre y fuera la encargada de llevarle comida a diario, costara lo que costara, y así se hizo.

Salió de la cárcel muy delicado de salud y a los pocos años falleció, mientras su hijo mayor estaba en Argentina.

Mi abuela Inés fué enterrada en Alcalá de Henares en 1913 Mi abuelo  Antonio,  en el Cementerio de La Almudena de Madrid. Falleció en 1951.  Ambos fueron buenas personas que jamás hicieron daño a nadie y que vivieron unas circunstancias que les hicieron difíciles  la vida

Murió absolutamente pobre, al igual que lo eran sus hijos, pero les dejó una inmensa riqueza, y fue:

Sed siempre honestos y honrados
Cumplid siempre la palabra que prometáis aunque no haya papel por medio
Ayudad a la gente que lo necesite y hacer favores siempre que podáis
No mentir jamás bajo ningún concepto
Nunca tengáis en cuenta ni la raza, ni la religión ni las posiciones políticas. Pensad que no todo el mundo piensa como vosotros, aunque creais que tenéis razón
Respetad siempre al contrario y no hagáis daño a nadie a sabiendas
Y sobre todas las cosas, jamás robéis a nadie aunque os vieráis muy necesitados.

He de decir que todos estos lemas se mantienen  en mi familia y que fueron inculcados a sus hijos por todos los descendientes de aquellas personas que tuvieron un destino difícil, pero que reinó en sus vidas el amor más grande que se pudiera sentir.

Mi homenaje al abuelo del que no tuve ocasión de escuchar ningún cuento como hacen los abuelos a sus nietos ni recibir ninguna caricia.
He tenido la mala suerte de no conocer a ningún  abuelo, y Dios mio, ¡ cómo les he echado de menos!

A mi abuela Inés sólo la conozco por las coversaciones familiares, y a mi abuelo Antonio acabo de narrar su trayectoria, Ambos abuelos por parte de mi padre

Por parte de mi madre, tampoco. Mi abuelo murió siendo mi madre muy pequeña y mi abuela falleció cuando yo contaba dos años.

Quiza, haya cometido algún desfase en las fechas, que al ser de oidas posiblemente no sean exactas. Lo que es exacto es el relato que aquí os detallo.


Cementerio viejo de Alcalá de Henares

Entrada principal del Cementerio de La Almudena de Madrid

Recuerdo que cuando era adolescente y en un  vaje que realizamos mi padre y yo a Alcalá de Henares, visitamos la tumba de mi abuela, y todavía recuerdo la emoción de mi padre ante la sepultura de su madre, que jamas olvidó , recordándola  día a día.

La tumba de Antonio, mi abuelo,  la visito con frecuencia en La Almudena .  Está junto a su hermano Manuel, su hermana María y su segunda esposa,  María. También junto a su hijo Alvaro.

Descansa en paz, Antonio, ya todos estáis juntos de nuevo y seréis completamente felices. La última en reunirse, fué Inés la hija primera de su segundo matrimonio y lo hizo el día 26 de Diciembre de 2010.

domingo, 25 de septiembre de 2011

COSAS DE ABUELOS- Capítulo 2º - ¡ Que Dios me perdone !

Como cada domingo, Antonio acudía fiel a su cita, e Inés unas veces iba y otras no. El esperaba impaciente su posible encuentro con ella y poco a poco se iba acercando más,  y poco a poco ella se atrevía a mirarle sin tanto rubor. Pasaron meses, eternos meses, en lo que nada cambiaba,  hasta que llegó el invierno crudo y descarnado y ello hizo que Inesita faltara a su cita dominical, pues el frío que hacía,  calaba hasta los huesos, pero sí tenía que acudir a misa como buena cristiana. Circunstancia que aprovechaban para cambiar al menos una mirada.
Antonio no era creyente, pero respetaba lo que ella pensaba y,  ella era muy religiosa. Creía profundamente en Dios y aunque él no era amigo de curas, transigió porque era el único modo de poderla ver e intentar hablar con ella.






Altar Mayor de la catedral de Alcalá de Henares (imagenspain.info)

Se sentaba en el banco detrás de ella y tapaba su boca con ambas manos para que nadie pudiera sorprender el monólogo dedicado a la muchacha. Ella no decía nada, la sirvienta carabina estaba a su lado.
Tan sólo,  en algún momento,  ella giraba la cabeza y le sonreía dulcemente y sin emitir sonido, sólo con el movimiento de los labios le decía "te quiero".

El tiempo transcurría,  y Antonio se impacientaba pues no había progresión en sus relaciones. Un día decidido quiso hablar con el señor Hernández. Ya contaba de antemano con la negativa, pero tenía que hacer algo. No podían seguir de esta manera; al menos poder hablar normalmente sin subterfugios.

-Joven-  empezó diciendo el respetable señor Hernández. Sabe de sobra que mi hija Inesita está destinada a ser la esposa de un político de la capital y francamente, no es que yo tenga nada en contra de ese oficio, pero convendrá conmigo en que un albañil no es futuro para ella

-Pero señor, no voy a ser toda la vida albañil. Pienso irme a Madrid y ser comerciante. Su hija tendrá todo lo que quiera, mientras yo tenga dos manos y salud, le proporcionaré tal bienestar que no tendrá nada que envidiar al político ese de quién me habla.

El señor Hernández soltó una sonora carcajada que fue como un latigazo en la cara de mi abuelo.

-Creo que esta conversación ha durado demasiado. Lo primero,  ella es muy jóven,  y lo segundo usted no tiene ningún porvenir. Así que creo debe irse y olvidarse de mi hija.

Ines,  junto con su hermana María que era su confidente, escuchaban la entrevista detrás de la puerta, y tuvieron que salir corriendo para que no las sorprendieran .

En la forma en que salió Antonio, supieron inmediatamente que no había conseguido su propósito: el permiso para poder visitarla.

María miró a su hermana que desconsolada estaba a punto de llorar. Tiró de su mano y se la llevó hasta la habitación que ambas compartían.

-María-  gimió a modo de súplica- ¿qué voy hacer?  Yo le quiero, me gusta, pero nuestros padres nunca consentirán en esta relación

--La verdad Inesita, es que es un poco disparatada. Mira que tú también ¡irte a enamorar de un albañil.! Si por lo menos fuera comerciante, o pasante, trabajase en el banco, pero no, lo más difícil e imposible.

-María, calla, calla.

Antonio estaba desesperado no sabía lo qué hacer y decidió irse a Madrid a buscar un futuro que le permitiera unirse en matrimonio a la mujer que le había vuelto loco.Pasó el tiempo y él se aplicó en saber más: amplió los conocimientos que había  aprendido en el colegio. Tenía mucha facilidad de palabra, y entonces por recomendación de su hermano Manuel,  que le había precedido en la capital, estuvo trabajando junto a él en una tienda muy importante de toda clase de productos de importación. Creyó que eso iba a ser suficiente: ya era comerciante. Estuvo ahorrando todo lo que su pequeño jornal le permitía después de sobrevivir.

Aprovecho el viaje que un amigo hizo en un carro de mulas hacia Alcalá de Henares, para hacer una visita a su novia. Estaba contento. Se había comprado un traje usado en el Rastro y una corbata que le había prestado Manuel. Llevaba sus pobres ahorros en el bolsillo con la idea de abrir una cartilla de ahorros en el banco de Alcalá para poder casarse cuanto antes.  Su suegro no se opondría al ver lo que había prosperado.

A pesar de haber salido de Madrid a las cinco de la mañana, llegaron a Alcalá pasadas las doce del mediodía. Lo primero que hizo fue  ir a ver a su madre, que durante aquel invierno había estado enferma. La besó, la abrazó y hasta la levantó en vilo. Estaba muy contento, presentía que todo iba a ir bien.  Después se encaminó hacia la casa de los Hernández que estaba situada al lado del convento de Las Clarisas.

Muy formal, llamó a la perta y una sirvienta le preguntó por lo que quería y le indicó  el camino de la salita en donde habría de aguardar ser recibido.

La misma sirvienta volvió a entrar y le dijo que el señor no podía recibirle y que era inútil todo lo que tuviera que contarle, puesto que Inesita estaba ya apalabrada con el político.  De nuevo se abrió la puerta y una demudada Inesita entró en el interior de la habitación:

-Don Antoio, ¿cómo por aquí?

- Por Dios Inés, no me llames don Antonio, vengo  para casarme contigo. Tengo trabajo y una buena habitación en la que vivir en la Travesía del Conde Duque, en el mismo centro de Madrid, a espaldas del palacio del duque de Alba.

-No nos dejarán, no nos dejarán.

-Pues tu verás..., necesito saberlo. Si tu me quieres no ha de importarte nada. Esperaré el tiempo que sea necesario hasta conseguirlo y hasta que tu tengas una mayor edad.

Y esperaron, esperaron hasta cumplir los veinte años. Un día Ines se levantó enfadada. Estaba harta de que sus padres decidieran su futuro por ella, no quería al político que era bastante mayor , bajo y feo.
Estableció la comparación con Antonio y una oleada de ternura le dio fuerzas suficientes como para enfrentarse a su familia.

Decidida entró en el despacho de su padre y le dio un ultimatum: " o me caso con Antonio o me meto a monja de clausura. Si no voy a ser su mujer no lo seré de nadie."


Señor de la época

Convento de Las Clarisas de San Diego (Alcalá de H.)

Al señor Hernández estuvo a punto de darle un sofocón.   No  esperaba la reacción de su hija y le pilló totalmente desprevenido.

-Si te casas con ese andrajoso, has de saber que quedarás desheradada de todos nuestros bienes, y si sales de esta casa no regresarás jamás a ella.

Inés le miró y dijo:

-Que así se cumpla si es tu decisión. Yo siempre os querré y siempre seréis bien recibidos en mi humilde hogar, pero es mi decisión. Prefiero vivir pobre con un marido que me quiera y al que yo quiera, antes que con un hombre mayor, que pudiera ser mi propio padre y al que me sería imposible amar, por mucho dinero que tuviera.  Hoy mismo escribiré a Antonio para que realice los trámites para casarnos.

Y así fue,  y así lo hicieron. Únicamente acudieron a su boda la familia de Antonio y la hermana de Ines,  María,  a escondidas de sus padres.

En una tartana llegaron   a Madrid a su humilde hogar convertidos en marido y mujer. El asistía a unas charlas que daba un tal Pablo Iglesias y se quedaba maravillado de la filosofía de aquel hombre humilde pero que tenía las ideas muy claras respecto a la clase obrera española,  que mal vivía sojuzgada por las clases pudientes.  Un día de los que acudía se encontró con un amigo de la niñez

-¡ Hombre Manolo! ¿ vienes a escuchar a Pablo?

-Todos venimos a escuchar a Pablo, aunque hay gentes que no le cae simpático, pero dice verdades como puños. Todo está en la educación. Nuestros niños no van al colegio,  no saben ni siquiera firmar, es una vergüenza.

Decidieron a la salida ir a tomar un café en Noviciado cerca de donde vivía Antonio y cerca del rumbo que había de tomar Manolo puesto que quería ir a ver a un familiar que vivía en la calle Ancha de San Bernardo, que se encontraba enfermo.


Pablo Iglesias

Una tarde al regresar a casa, Ines le dijo que no se encontraba bien, que durante todo el día había tenido muchas náuseas y mareos.

-Igual es el cocido de ayer que no te ha sentado bien. Iremos a ver al  médico de la  Casa de  Socorro a ver si te manda algo.

Fueron al día siguiente, y el médico ante la inexperiencia de los jóvenes esposos, no tuvo más remedio que sonreír

-No es nada grave, no asustaros. Simplemente estás embarazada.

Ines y Antonio se miraron y se abrazaron. Iban a ser padres en unos pocos meses. Paso a paso todos sus proyectos se iban cumpliendo.

Tuvieron a Antoñito, y a Aurora, y a Angelita, y a Adela, y a Elena Dionisia, y a Alvaro.. Para cuando la prole estaba completa, ellos habían  vuelto de nuevo a Alcalá de Henares y él había fundado en esa ciudad el partido Socialista Obrero Español. Allí se volvió a encontrar con su viejo y querido amigo Manolito, llamado a desempeñar un importante puesto en la vida española, aunque hasta la fecha nadie se lo ha reconocido.

Juntos empezaron haciendo mítines por los pueblos de alrededor, con la idea de que algún día las masas despertaran de su letargo y alcanzaran los derechos que les correspondían.

De nuevo Ines se quedó embarazada. El médico ya les había advertido que era muy peligroso para su delicada salud tanto embarazos y tan seguidos. No tenían medios como los hay ahora para evitar un nuevo embarazo, por lo que era muy difícil controlar los impulsos de dos jóvenes que se amaban profundamente.

Como ya he dicho,  estaban instalados de nuevo en Alcalá y allí fué en donde Inesita se puso de parto, un parto complicado, en casa,  y con la salud de la madre bastante quebrantada.  Dió a luz a una niña, pero apenas la criatura había nacido, algo falló en el corazón de la madre. Antonio corrió a llamar de nuevo al médico que aún no había abandonado el edificio. Por mucha prisa que se dieron en subir, Ines había fallecido,  dejando a su pobre hijita recién nacida y,  a unos niños pequeños, puesto que el mayor contaba 13 años de edad.
Ines Hernández,  falleció a los 33 años, dejando a un marido desolado a punto de volverse loco y a unos niños que adoraban a su madre, especialmente el mayor,  con quién tenía mucha afinidad y,  a una recién nacida privada de la leche materna. Ni qué decir tiene que no existían los biberones. Antonio muerto de dolor buscó por Alcalá un Ama de Cria, alguien que estuviera recién parida,  para poder alimentar a su pobre hijita.

En la soledad de su casa y cuando todos los niños estaban dormidos, él lloraba desconsoladamente mesándose los cabellos. No era nadie sin su Ines, no sabía lo que hacer con los niños. El mayor, Antonio, le escuchaba desde su cama  que compartía con Alvaro. No sabía qué decir a su padre y se daba cuenta, a pesar de que era un niño, de la tremenda situación creada.

Tomó una de las decisiones más amargas y difíciles de su vida: repartir a sus hijos entre los familiares.

-Antoñito, hijo- le dijo a su mayor sentándole frente a él-.   Tu ya tienes  trece años y tienes que ayudarme a enfrentar todo lo que se nos ha venido encima. Tienes que ayudarme...,  así que estate muy atento a lo que te voy a decir.  Mañana te sacaré un billete para Madrid, y allí el tío Manuel te ayudará a buscar trabajo. Deberás seguir estudiando y hacerte responsable. Yo no podré estar encima de todos vosotros y cuento con que seréis unos hijos buenos como vuestra santa madre quería.

No decía lo de santa por religiosidad, sino porque en verdad fue una buena, muy buena mujer que adoraba a todos los suyos y no le importó sacrificarse en todo,  con tal de que ellos fueran felices.

Por mediación de la hermana de Inés, María, los padres se llevaron a algunas de las niñas, las más pequeñas.
Ellos habían  perdido a su hija monja en un incendio tratando de salvar la Custodia, y al hijo organista,  que murió de tuberculosis.  El tiempo les había pasado factura y ya no eran los orgullosos señores Hernández.

Antonio, padre,  se quedó con Alvaro y Aurora, por ser la hermana mayor, y de esta forma poderle ayudar con la pequeñina.  La recién nacida vivió un año, un año lleno de dificultades para su crianza y que por ironías del destino es cuando mejor estaba, pero una gripe y su alimentación deficiente, hicieron que la niña no viviese.

COSAS DE ABUELOS - Capítulo 1º - Un niño como los demás...

Iglesia-Catedral de los Santos Niños (Justo y Pastor)

- Antoñito, Antoñito...

Seguramente ese sería el grito que mi bisabuela lanzara para que su hijo Antonio volviera a casa después de jugar en las cercanias de la iglesia de los Santos Niños,  a la salida del colegio. En los colegios de aquella época  había pocos chiquillos, ya que la mayoría,  por necesidades de sus hogares habían de ponerse a trabajar y llegaban  a mayores siendo analfabetos.
No era el caso.   Mi bisabuela se empeño en que sus hijos supieran al menos leer, escribir y las cuatro reglas.
Antoñito era un chico muy despabilado que capitaneaba a toda la pandilla de amigos; siempre era el que daba las órdenes, era también servicial y buen compañero, por eso todos le querían. Entre sus amigos de aquella época destacaron dos: Manuel Azaña y Andrés Saborit. Más jóvenes que Antoñito, pero igual de líderes.

Al escuchar la voz de su madre, Antoñito llegó a su casa dando grandes zancadas,  pues sabía que le esperaba una buena regañina...,  por entretenerse.

- A ver, ¿cómo ha ido la clase de hoy?-  le preguntaba la madre

-Bien, madre. Me lo he sabido todo

-Y el maestro ¿te ha tenido que llamar la atención por algo?

-No madre, al contrario,  me ha recompensado con una tiza por haber ayudado a Paquito con las cuentas.

La madre sonreia satisfecha. Nunca le defraudaba: era un chico de buenos sentimientos y solidario. Eso era lo que ella inculcaba a todos sus hijos. Desterrar la mentira, ser honrados, y ayudar al que lo necesitase..

La familia,  como tantas otras,  era pobre, muy pobre y,  en cuanto Antoñito terminó  de aprender lo que en aquella época se consideraba necesario, su padre le buscó trabajo en lo único que había en Alcalá de Henares por aquel entonces: la construcción.

Se hizo albañil.   Primero acarreaba los ladrillos y el cemento, pero como era muy inteligente poco a poco fue aprendiendo el oficio, oficio que no le agradaba: él aspiraba a algo más.

De todos los hermanos que fueron,  solamente vivieron tres, además de él, que llegaron a la ancianidad. El resto hasta  once, fueron muriendo,  antes incluso de llegar a ser adultos.

Manuel, María y Amparo,  se llamaban esos hermanos. Las chicas en quella época ni siquiera iban al colegio ya que estaban destinadas al matrimonio, es decir a ser poco menos que esclavas. Gracias al tesón de la madre,  Maria y Amparo aprendieron al igual que Antoñito y Manolito, todo lo que el maestro podía enseñarles con los escasos medios que tenía. Y el tiempo pasó y Antoñito, ya era Antonio, y era un prometedor adolescente atractivo e inquieto.

Los domingos la única diversión que había era pasear por la Plaza de Cervantes y por los soportales de la Calle Mayor, cuyas columnas de piedra fueron colocadas por el tatarabuelo de Antoñito, que era cantero.
Se juntaban algunos amigos de la pandilla de cuando eran pequeños, otros junto con sus padres habían emigrado a la capital en busca de un mejor futuro. De todos ellos quedaron dos,  y con ellos y con su hermano Manuel, al que estaba muy unido, paseaban riéndose con las chicas y flirteando con ellas, al igual que cualquier joven,  de cualquier época.
Calle Mayor de Alcalá de Henares

Aquel sin duda no iba a ser un domingo como los demás. Ocurriría algo que cambiaria el rumbo de su vida.

-Manuel, mira qué preciosidad de niña

-¿Dónde? ¡ Ah ! es la hija de los Hernández

-¿De los Hernández? ¿de los ricos, de los que tienen una hija monja y otro organista?

-Si, hombre. Los que tienen la pastelería..

-¡ Dios mio !

-¿Qué te pasa?

-Me acabo de enamorar..

-Ja,ja,ja. Tú estás loco, ¿de ella? Es como si te hubieras enamorado  de una estrella. No podrás aspirar ni siquiera a que te mire. Antonio, baja de las nubes.

Se trataba de Inés Hernández, una de las hijas del matrimonio con ese apellido y que era uno de los mejor situados en Alcalá. Sus hijos hasta sabian tocar el piano y leer y escribir. Las niñas estaban destinadas a muy altas esferas. La monja era una sierva de Dios en Las Clarisas, el organista tocaba en la iglesia-catedral.   Inés tenía una educación exquisita, bordaba y tenía una preciosa voz, que lucía cada vez que sus padres daban una chocolatada a sus amistades.

Inés, sus amigas y su sirvienta, se cruzaron con los dos hermanos Fernández y ella que era muy tímida y pudorosa, cruzó una rápida mirada y una sonrisa con el mayor de los dos, con Antonio, que quedó hechizado por la dulzura de aquel rostro casi infantil pero de una enorme belleza. Sus grandes ojos negros cautivaron al joven albañil,  y ya no tuvo tranquilidad en toda la tarde. Contestaba a las bromas de sus acompañantes con monosílabos y de vez en cuando giraba la cabeza para ver de nuevo a aquella preciosidad que se había cruzado en su camino.

Ya por la noche al acostarse, preguntó a Manuel , que ambos dormían en la  misma habitación

-¿Cómo no la he visto antes?

-¿De qué hablas?

-De la chica de los Hernández. Nunca la había visto hasta hoy...

-Pues porque apenas sale de casa. Dicen que tiene poca salud...

Antonio no dijo más, apagó de un soplo la vela que les alumbraba y mirando al techo se quedó pensando en aquella criatura que le había causado tal impacto.

-Madre, ¿usted conoce a la chica de los Hernández?

-¿A Inesita?, pues claro. En una ocasión estuve lavando en su casa, cuando nació una de las hermanas, ya ni me acuerdo de quién era. Fué una niña preciosa, algo delicadilla , pero bonita como una rosa.¿Por qué me preguntas eso ahora?

-La vi ayer y,  madre....me voy a casar con ella.

-¿Queeé?  hijo mio tú estás majareta perdido. Confórmate si te puedes casar con una lavandera. ¡ Con ella! pero si ni siquiera vas a tener oportunidad de hablarla...

Antonio no dijo más, las palabras de su madre le habían vuelto a la realidad, pero en su cabeza empezó a tomar forma una estrategia para poder llegar hasta ella.



Mientras trabajaba en la obra no dejaba de pensar en la forma de poder hablarle, aunque fueran dos palabras, en el paseo del próximo domingo.

Antonio era un chico alto , para la altura que se llevaba entonces. Mediría 1'75 ,  de pelo negro, delgado, simpático y con un gran dominio de la palabra. Era educado y cortés; esperaba que con esos dones pudiera encandilar a Inesita y al menos que se fijara en él.

Al siguiente domingo Inesita no acudió al paseo. Según pudo enterarse unas fiebres de principio de invierno la retenían en cama. Se acercó a la sirvienta que se dirigía a la pastelería a por unos dulces precisamente para ella y,  por eso supo de su ligera enfermedad.

-Por lo menos he hablado con la sirvienta. Lo próximo será con ella.

Y así fué. La siguiente vez que coincidieron,  con la excusa de saber sobre su salud, se dirigió a ella directamente en el paseo.  Inesita ya se había fijado en aquel muchacho moreno que la miraba cuando paseaban, pero ni se atrevía  dárselo a entender.

-Señorita, espero no ser descortés y no me tome a mal si le pregunto por su salud

Inés no supo qué decir. Era tímida pues sus dieciséis años y la rígida educación no le permitía mirar frente a frente a aquel cortés muchacho que se interesaba por ella.

-Bien, estoy bien gracias-,  es todo lo que respondió con una tímida voz que a penas se escuchaba.

Y de esta manera se conocieron mis abuelos. Los inconvenientes, los disgustos y desprecios recibidos, serán ingredientes del próximo capítulo.

Fotografía de la época

sábado, 24 de septiembre de 2011

COSAS DE ABUELOS - PROLOGO

Corría la segunda mitad de los años de 1800, cuando en España la pobreza, el hambre y la miseria no nos era ajena.En la localidad  donde se desarrollan los hechos es una ciudad cercana a Madrid, hoy declarada Patrimonio de la Humanidad, pero que en aqella época, era un pueblo cargado de historia, pero mísero y atrasado como pocos.
Parece imposible creer que en esa villa atrasada y hambienta, hubiera nacido D. Miguel de Cervantes Saavedra, que el Cardenal Cisneros creara su Universidad y más avanzado el siglo el primer presidente de la segunda república española D. Manuel Azaña.
Pero para mí, además de estos insignes personajes, nació mi abuelo. Un abuelo al que no tuve oportunidad de oirle contar sus historias, como hacen todos, a pesar de que fueron muy intensas, pero se fué pronto, vencido por las adversidades de la vida y las circunstancias que en ello concurrieron.
Comenzaré mi relato por sus orígenes, celtas. Sus abuelos provenian de la provincia de Orense (Galicia), lugar celta por excelencia, a pesar de que él nació en La Villa de Kas (como a él gustaba decir), hoy día Vallecas. Hasta Madrid, llegó su familia en busca de horizonte para sus innumerables hijos, los cuales poco a poco iban desapareciendo sin llegar siquiera a ser mayores. Tanta era el hambre que pasaban.
Por tanto haré una ligera pasada por su niñez, ya que me faltan datos específicos para detallarla.

COSAS DE ABUELOS -

AUTHOR'S NOTE

The facts that I tell are real, happened in my family, both mine are totally original., Both in its location as the protagonists who lived through them.


NOTA DE LA AUTORA

Los hechos que voy a narrar son reales, acaecidos en el seno de mi familia. Por tanto totalmente originales mios, tanto en su localización como los protagonistas que los vivieron

R.F.M.


EL QUIJOTE Y SANCHO

Panorámica de la Plaza Cervantes

Plaza de Cervantes

Universidad

ERRORES - Capítulo 9º - EL REENCUENTRO

El juez dictaminó que como la criatura era muy pequeña debería estar con su madre, si bien al cumplir los tres años podría pasar un fin de semana cada dos con el padre.Tendría también el dere cho a verla cada vez que él dispusiera y la madre no podría oponerse, pero para ello tendría el padre que desplazarse hasta el hogar que en la actualidad sea morada de la niña.

Estaban presentes ambos padres, pero ni siquiera se miraban aunque ambos lo deseasen con todas sus fuerzas. Maggie se quedó fuera de la audiencia con la pequeña Rosalyn que crecía ajena a todo cuanto sus padres litigaban.

Al salir James se acercó a Maggie que tenía en brazos a Rosalyn tratando de distraerla. Emma a propósito se había quedado rezagada para facilitar el encuentro del padre con la niña.  El bebe le extrañaba y rompió a llorar extendiendo los bracitos hacia su madre que se encontraba cerca.

El desaliento se reflejaba en el rostro de James. A  Emma le dió pena ver la manera con que miraba a su hija y el rechazo que ésta sentía inconscientemente, por el padre.

--Tendrá que acostumbrarse, le dijo.  Es muy pequeña y no te ha visto nunca. Tienes que tener paciencia y verla con frecuencia para que ella te vaya asociando a su vida. Yo no me opondré, si eso es lo que te mortifica. Comprendo el deseo que sientes por tenerla, pero yo no puedo hacer nada, eres tu , y tu calma el que tiene que labrar el terreno...

--Lo sé, lo sé. Te prometo que tendré toda la paciencia del mundo y que conseguiré que me quiera.

Se pusieron de acuerdo en que para limar tensiones, cada vez que quisiera visitar a la niña, le avisase y se encontraran  en un sitio neutral, por ejemplo en casa de Maggie. De esta manera no tendrían ocasión de verse ni de intercambiar reproches, ni de regañar nuevamente.  James aceptó y quedaron en el día y la hora en que sería la próxima visita.

Emma cedió en que para pasar más tiempo con la niña aquella tarde, fuesen a tomar un cafe. James cambió el semblante y de pronto se  iluminó: pasaría un rato más con ellas, con las dos... Tomó a la niña en sus b razos después de pedir permiso a Emma y aunque un poco retrasada de James, se encaminaron los tres hacia una cafetería cercana.

--¿Te vas esta misma noche?, le preguntó James a Emma una vez estuvieron acomodados en el bar

--No, Maggie se quedará conmigo en un hotel y mañana temprano partiremos.

No hablarón más. Se miraban de soslayo. James dialogaba con su hija en el idioma de los niños, con sonidos guturales que solamente ellos entienden.  Era ya de noche; las horas habían pasado rápidas y Rosalyn tenía que tomar su baño, su cena y después dormir.  Emma rescató a la pequeña de los brazos de su padre y se despidió de James

--¿En que hotel estáis? os acompaño hasta él

Sin darse cuenta, James le había tomado por un brazo protegiéndola de los empujones de la gente que ajena a todo transitaba, pues era la salida de oficinas y comercios.  Era como si el tiempo hubiera retrocedido y a Emma el corazón le daba saltos al sentir la mano del hombre sobre su brazo.

--¿Te pesa la niña, quieres que la lleve yo?

Emma sonrió al darse cuenta que era una excusa para tener un rato más a la  pequeña en los brazos.




James entró hasta el vestíbulo del hotel y allí frente a ella devolvió a su madre a Rosalyn que por fin se había abrazado al cuello de su padre.

--Pese a todo, dijo James, ha sido uno de los días más felices de mi vida.

Dió un beso en la cabecita a la niña y en la frente a la madre, que quedó sorprendida por la repentina  muestra de cariño. Ella solamente le miraba, le miraba y notaba que todo su rencor había desaparecido quedando únicamete el inmenso amor que siempre le había tenido.  Pero ya era tarde, y pensó" lo que puede cambiar tu vida al tomar una mala decisión."  Fueron unos segundos lo que duró la intensa mirada que ambos se dirigieron; en ella se dijeron todo lo que sentían y que habían callado durante tanto tiempo. Ahora ya no había lugar, pero no podían evitar el seguir queriéndose.



No hubo ninguna comuicación entre ambos durante mucho tiempo. El veia a la niña todas las semanas, pero ella no estaba nunca presente.
No hubo ninguna llamada de teléfono que perturbara la vida de Lissa y de James. No se mezcló nunca en su unión, pero no hizo falta, estaba permanentemente presente en sus vidas.
El volverla a ver, había avivado de nuevo el amor que siempre sintió James por su mujer y aunque nunca lo mencionase, la sensibilidad de Lissa le avisaba de que ya nada sería igual, que nunca había estado enamorado de ella. Le había respetado cortesmente, es muy posible que le hubiera tomado cariño, pero por las noches él soñaba con su mujer y la nombraba, y se desesperaba tratando de alcanzarla. Estaba  desvelado casi siempre y ella fingía dormir cuando él se levantaba de la cama y se ponía a ver el paisaje a través el ventanal de la habitación, pensando en sabe Dios qué cosas.

Lissa quería profundamente a James, le había visto sufrir cada vez que Emma aparecía en sus vidas, pero debía  reconocer que nunca interfirió en su relación nada más que con los carteles de publicidad y de eso ella no tenía la culpa.

Veía que James estaba cada vez más triste, no se comunicaba y un rictus amargo comenzaba a marcar la comisura de su boca. Le dolia tener que tomar la decisión  de plantearle dejar su relación. Por nada del mundo lo deseaba, pero precisamente porque le quería, era necesario que hablaran de su futuro.



Aquella noche James llegó especialmente cansado, no por el trabajo sino porque poc o a poco el desánimo iba ganando terreno. No sabía cómo enfocar la situación; le costaba muchísimo aparentar ante Lissa  unos ánimos que estaba muy lejos de sentir. Al entrar en el saloncito en dónde solian esperar la hora de la cena  tomando un aperitivo, se dejó caer en un sillón. Lissa le observó y supo que el mometo había llegado, era  propicio.

Con toda la calma del mundo, que estaba muy lejos de sentir, le contó que ya  era hora de que de nuevo él, la niña y Emma volvieran a ser una familia. Por el bien de Rosalyn.

--Yo se, que nunca has dejado de amarla y ha sido una tortura para ti el no poder verla. He de agradecerte que me has respetado y cuando hemos estado juntos me has hecho la mujer más feliz del mundo, pero tu no lo has sido, y es necesario que recuperes  de nuevo la alegria de vivir junto a tu mujer y tu hija. Habéis estado divorciados porque un papel así lo asegura, pero anímicamente habéis permanecido unidos siempre.  Yo iré a un crucero largo, de meses y a buen seguro que encuentro a otro hombre que alivie mis horas de soledad. Creo que mañana mismo debes solucionarlo.  He leido que la agencia en la que trabaja ha conseguido el premio a la mejor campaña publicitaria y justo mañana se lo entregan al director. Averigua con tu informante si ella estará aquí mañana . Ve a verla y hablale de cuánto la necesitas, de cuánto la quieres y que fué un tremendo error por parte de ambos el separaros, porque no podéis vivir el uno sin el otro. Sin reproches, sin acusaciones, eso ya ha pasado y no se puede dar marcha atrás. Pasad página, empezad de nuevo con vuestra hijita y quereros , quereros mucho por vosotros y por todos los que hemos estado a vuestro alrededor presenciando vuestro sufrimiento por no estar juntos.

James no podía articular palabra. Solamente la abrazó fuertemente, la beso y con un" gracias" se alejó definitivamente de allí

 

El hotel estaba en todo su esplendor. El ir y venir de grandes limusinas, coches de alta gama, mujeres resplandecientes y señores muy satisfechos. Crowford salió de uno de los coches tendiendo la mano a Emma que lucía muy bella. La niña había quedado en el hotel al cuidado de Maggie.

James tocó a la puerta y una sonriente Maggie le franqueó la entrada

--¿Está dormida?

--No aún no. La estoy dando el biberón. Pasa. Emma ya ha salido para el hotel Lo siento.

--No lo sientas quería hablar contigo primero y claro ver a mi niña que cada día está más preciosa.


 --Bien, pues tu dirás. Si no te importa mientras charlamos termino de vestir a la niña

--Por supuesto, yo te ayudo

James relató a Maggie todo lo sucedido con Lissa y le explicó los planes que tenía para con Emma y Rosalyn

--¡ Claro que me parece bien!  Habéis tardado mucho tiempo. Te diré que Emma bebe los vientos por ti, y no es que no haya tenido ocasión de volver a casarse. Sin ir más lejos Crowford se lo propuso, pero ella no tenía pensamientos nada más que para tí. Así que anda, ve al hotel y en la primera oportunidad que tengas, cógela, abrázala y todo vendrá por si solo.


 La ceremonia ya había comenzado. En una mesa todos los integrantes de la Cñía Crowford estaban sentados, incluido Lewis, que estaba irreconocible con smoking. De espaldas a James se encontraba Emma.
Estaba radiante, totalmente transformada aunque con un brillo de melancolía en su mirada.

El maestro de ceremonias leyó los premios concedidos y el nombre de la empresa ganadora. Al nombrar a Crowford, un a explosión de aplausos resonó en la estancia y el Jefe salió a recoger el premio.

--Agradezco enormemente este reconocimiento a nuestra labor, pero no sería justo si en él no admitiese que un porcentaje muy alto de éxito, se lo debemos a la modelo que lo inspiró a la señora Emma Bogarde, sin su rostro y colaboración seguro no habríamos ganado.

Emma nerviosa se puso de pie y entonces le vió, allí parado en un rincón de la estancia, sin querer interrumpir. Era su gran noche, algo por lo que había luchado tanto.  Vió que James le aplaudía también y que una amplia sonrisa iluminaba su cara, como las de antes, y sin más no se lo pensó dos veces. Se dirigió hasta donde estaba su marido y cogiendo su cara con ambas manos le dió un beso largo, largo que hizo las complacencias y vítores de todos los allí presentes. 

--Por una vez, que me perdone Lissa. Voy a ser yo quién falte a mi palabra  por unos instantes .

James en un casi susurro, emocionado, le dijo:

--Tengo que hablarte. En cuanto puedas nos vamos, es importante.

Ella supo que algo iba a cambiar en su vida aquella noche mágica.  En cuanto le fué posible y nada más empezar el baile se reunió con James que la aguardaba impaciente.


--Ah, ya estás aquí.¿No quieres bailar?

--No, quiero saber lo que tienes que decirme.

--Pero para eso tendremos que irnos a un lugar tranquilo en donde charlar sin tanto alboroto. Así que despídete de todos y vámonos.

Emma dió un abrazo a sus compañeros y buscando una excusa se marchó en busca de  James. Iban callados, no se atrevían a hablar se miraban y sonreian de vez en cuando.

-- Debemos regresar al hotel Rosalyn estará ya dormida, pero no quiero abusar de Maggie, ella también tiene a su novio premiado y querrá disfrutar con él.

--Es cierto, no me había dado cuenta, entonces cuando ella se marche hablaremos. Tenemos que hacerlo largo y tendido.

Entraron en la habitación  y se encontraron a Maggie dándo los ú.ltimos toques a su vestimenta

--La niña está dormida y si no hacéis ruido y no se despierta, podréis hablar todo cuato queráis.

--Bueno, bueno vete ya,  sino se acabará la fiesta y Lewis me matará. Le dijo Emma empujando a su amiga hasta la salida.

--Y bien, ¿ qué es lo que tan urgentemente tenías que decirme?...

Es todo lo que pudo decir. James le contó todo lo ocurrido, sus planes y ella le escuchaba cada vez con una sonrisa más amplia aceptando todo lo que le decía.  No hubo reporches ni dudas, era como si nunca hubieran existido los errores que ambos cometieron. Fueron  hasta donde su hija dormia la contemplaron durante unos minutos y el resto de la noche fué exclusivamente para ellos.

A la mañana siguiente cuando se despertaron, la felicidad reinaba en sus caras se abrazaron deseándose buenos días como en los viejos tiempos. Unos sonidos guturales provenientes de la habitación contigua les hizo ver que la pequeña estaba despierta y reclamaba su desayuno. Saltaron ambos rápidos de la cama y Emma indicó a James

--Cógela mientas  preparo el biberón

Vistieron a la niña, se vistieron ellos y como dos novios cogidos de la mano salieron del hotel en dirección al coche de James. Este llevaba en brazos a la niña y Emma de vez en cuando reclinaba su cabeza en el hombro de él.

--¿Dónde vamos, a dónde nos llevas?

--Te voy a enseñar, o mejor a hacerte entrega de algo que tenía reservado para tí desde hace tiempo, esperando este momento.

Enfilaron la calle y entraron en una urbanización alegre, llena de árboles y flores y James paró el coche frente a una casa

--La diseñé hace tiempo pensando en nosotros, y la construí para que fuera nuestro hogar. Luego las cosas se torcieron, y bueno.. Yo sabía que llegaría el momento,  y ha llegado. Esta es nuestra casa la que pensé cuando aún era estudiante, la que idealicé para ti: nuestro nuevo hogar.




Rosalyn creció sana y feliz en aquella casa acompañada de dos hermanos más uno rubio como ella y otro de pelo castaño y con pecas como su padre.  Se juraron nunca más tener reservas y hablar mucho para no volver a cometer los errores del pasado. Nunca más.  Y fueron felices. Emma siguió haciendo su trabajo desde casa y James siguió construyendo las casas que siempre había imaginado: baratas para que la gente pudiera poseerlas. De vez en cuando para compensar los beneficios construia alguno a gran escala que le permitía conservar su estudio holgadamente. Vivian bien, cómodamente, sin agobios, pero inmensamente felices. Se tenían el uno al otro; habían recibido una lección difícil de olvidar.  De Lissa supieron por los ecos de sociedad que se había casado con un viudo mayor que ella y vivian en Bahamas.  Al  leer la noticia ambos rieron , al tiempo que Rosalyn entraba en la habitación peleándose con el pequeño James y un bebe con pequitas, David, jugaba en su corralito bajo la mirada de sus padres que sonreian.

                                                        F   I   N   A  L





ERRORES- Capítulo 8º - BELESFIELD


 

Fiel a sus compromisos, James celebró la rueda de prensa en uno de los salones del  mismo hotel. Durante más de una hora departió con los periodistas, atendió a sus preguntas y se mostró simpático y cordial. No trascendió en absoluto el desánimo e impaciencia que tenía. Deseaba concluir cuanto antes y al mismo tiempo temía el encuentro.

Subió a la habitación y despabiló a Lissa para explicarle que tenía la necesidad urgente de ir de viaje, le explicó lo mejor que pudo y muy por encima las cofesiones que Maggie le había hecho el día anterior.  Lissa perpleja le escuchaba  y no daba crédito a lo que estaba oyendo, pero le aconsejó que hiciera el viaje cuanto antes.

Se dirigió al aeropuerto y tomó rumbo a Nueva York.  Cuando llegó eran altas horas de la noche y se dirigió a su casa a pesar de saber  que no podría dormir. La localidad en donde vivia Emma no estaba a excesiva distancia, con lo que pensó que mejor al día siguiente ya que no era cuestión de llegar de madrugada y encontrar a todos durmiendo, incluida la niña.

Era muy temprano cuando con el mapa en la mano y apoyado en el capó del coche buscaba impaciente el pueblecito refugio de la que fuera su esposa

--¡ Pero ni siquiera viene en el mapa...

Al fin se dispuso a partir, preguntaría en una gasolinera. De esta forma tomó el camino de Belesfield.  Llegó al pueblo a media mañana y se dirigió derecho a la dirección que Maggie le había apuntado.  El corazón le latía apresuradamente en el pecho y los nervios estaban a punto de estallar.



 

--Maggie ¿ puedes abrir ? creo que han llamado y yo estoy bañando a la niña, hazme el favor y ve a ver quién es

--Ya voy, un momento

Al abrir la puerta se encontró frente a frente con James

--No creí que viniera tan pronto

--¿Cree que podía esperar? ¿Dónde está?

--Está con la niña en el baño. Venga le diré dónde es.

James abrió la puerta de par en par que se encontraba entornada. Nunca imaginó una imagen como aquella. Emma inclinada sobre un bebe precioso que daba sus primeras carcajadas y la madre haciéndole cosquillas en el pechito al tiempo que le hablaba en su lengua y le besaba repetidamente en las mejillas, en la frente y en la tripita.  Al fín la tomó en sus brazos apretándola contra su pecho, y fué entonces cuando al girarse vió a James. Se quedó quieta, seria y sin articular palabra. Ambos se miraron fijamente y ninguno de los dos habló

Fué Emma la que se repuso y la primera en darle un saludo frio

--¿Qué haces aqui?

--Dímelo tú. Creo que hay pendiente una cosa importante que tendrías que comunicarme

Miró a la niña y entonces una sonrisa tierna y amable iluminó su rostro. 

--¿Puedo cogerla?

--¡ Claro !

Tomó al bebe con sumo cuidado entre sus brazos y la niña rozaba con su manita la mejilla de su padre a modo de caricia.  Emma contemplaba la escena y enseguida cayó en la cuenta de que aquella presencia se la debía a Maggie

--¿Te puedo preguntar una cosa?, dijo James

--¿Cómo demonios has venido a parar aqui?  Es un pueblo horrible, sin gente. ¿Aquí querías criar a nuestra hija?

--¿Tú que sabes?  No te atrevas a juzgarme, no tienes ningún derecho

--¿Que no tengo derecho?... Me he tenido que enterar por otra persona que tengo una hija, y tú más que nadie sabes que eso era lo que más deseaba en el mundo. He tenido que saber de tu existencia por vallas publicitarias, pero lo que menos podía esperar  es que tuviéramos una hija y yo lo ignorara. ¿Te imaginas el lío de vida que has originado con tu actitud?

--¿Yo?  te recuerdo que no soy yo la que me he casado, que yo precisamente por ello no quería decirte nada; que siguieras tu camino de triunfos con la mujer que elegistes para compartir tu vida. Yo ya no quepo en ella y creo que tu hija tampoco

James se iba poniendo furioso por momentos. No podía creer lo que estaba escuchando: de manera que el culpable de ignorar lo ocurrido la tenía él...Era inaudito.

--¿Crees que a tu mujer le va a gustar hacerse cargo de un bebe que no es suyo?¿Te lo has planteado?
Pensé que era mejor que todo siguiera igual y que quizás algún día...

--Eres increible. Primero destrozas mi vida, y ahora me culpas de todo ello. Te advierto que no me voy a conformar. Aunque ya no formes parte de mi vida, la niña si. Voy a pelear por ella, al menos tendré derecho a verla de vez en cuando y me importa un comino si a Lissa le gusta o no. Es mi hija y la voy a defender de todos y eso te incluye a ti.

--Quiero que sepas que nunca te negaré el que puedas verla, pero tendrás que desplazarte hasta aquí, porque yo no voy a volver a Nueva York

--¿Tienes a alguien en tu vida, por qué no quieres irte de este horrendo lugar? ¡No hay nada!

--Te equivocas, tengo a una amiga que para mi ha sido como mi madre. Me vi sola, embarazada, inexperta y en un pueblo en el que yo era la protagonista en todas las tertulias ¿quién será, de dónde vendrá, de quién es el hijo que lleva dentro?  Todo lo soporté, pero no fué agradable. No culpo de ello a nadie, ni siquiera a ti porque me ofrecistes ayuda y yo la rechacé, pero ahora todos me quieren y estoy a gusto. Lo que hagas con tu matrimonio es tu problema, yo no voy a interferir ni a pedir nada. Por mi,  puedes estar tranquilo, ya no formas parte de mi vida.

Estas últimas palabras dolieron especialmente a James, porque ella sí formaba parte de la vida de él, pero no dijo nada. Siguieron con reproches  agrios más por la ansiedad que sentían que por sentimientos. Después de dos horas largas de reproches y resentimientos cortaron la conversación sin siquiera aproximarse. De repente eran dos extraños llenos de rencor. Cada uno echaba la culpa al otro, y ninguno de los dos conseguía sosegarse.  James optó por irse. Besó en la cabecita a la niña y a Emma le lanzó una furibunda mirada en la que expresaba todo su dolor. Dió un portazo a la puerta y antes de arrancar el coche, le lanzó como un latigazo esta sentencia

--Tendrás noticias mias en breve. No creas que esto se queda así.


Maggie salió de la habitación en donde estaba refugiada lejos de la pareja que acababa de separarse de mala manera.

--No digas nada, le dijo Emma que dándole a la niña salió apresurada de la habitación.

James llegó en la mitad de tiempo previsto. Iba por la carretera a mucha velocidad. Estaba furioso, enfadado. El volver a ver a Emma y a la niña le había descompuesto el rostro. Había tratado de controlarse pero al final había contenido por tanto tiempo el dolor que no lo pudo aguantar.  Encontró a Emma distinta, sin duda había sido una experiencia que le había hecho madurar.Tenía las mismas bonitas facciones pero no eran tan infantiles, no había sonreido ni una sola vez y sus ojos estaban brillantes como esperando algo para romper a llorar. Sin embargo no lo hizo al menos delante de él.

Emma encontró a James con las facciones crispadas. En sus ojos ya no quedaba ni rastro de ternura, no la miraba con cariño como antes lo hacía, sino con un enorme rencor y algunos hilillos blancos empezaba n a asomar por sus sienes. Sin embargo era demasiado jóven como para  tener canas.

Lissa le esperaba impaciente y alarmada. Sabía que no iba a ser una entrevista fácil y estaba preparada para lo que  él dispusiera. Se había convertido en toda su vida desde que empezaron a convivir; para ella James era el marido que siempre había querido tener y que cuando lo había conseguido iba a ser cuando  lo perdiera, pero oficialmente no eran nada, solamente les unía a ella el amor y a él su refugio para olvidar a aquella mujer que no había dejado de atormentarle ni un sólo día.

James entró hecho una furia y emprendió escaleras arriba en dirección a su habitación. Ella le aguardaba en la biblioteca y a pesar de que salió a su encuetro, no se atrevió a preguntar absolutamente nada. Bastaba con verle el restro para saber que no había ido nada bien.


De nuevo se verían delante de un juez, pero esta vez él no iba a ceder. Se trataba de Rosalyn y tenia derecho a disfrutar de su hija. Pensó que quizás ella argumentara el por qué de que esa niña estuviera en el mundo, pero al tiempo sabía que no  se opondría a que la viera. Pero quería recuperar el tiempo que le había robado: el embarazo y los seis meses de vida de la chiquitina. Para ello pedía a través de su abogado pasar por lo menos la mitad de ese tiempo ininterrumpidamente junto a su hija.
También le preocupaba Lissa, ya no tenía edad para ocuparse de un bebe que, además, no era suyo. No estaba acostumbrada y por otro lado le dolía enormemente separar a la niña de su madre a tan corta edad.

Sus pensamientos fueron interrumpidos por la entrada del juez en la estancia.  Le relató con todo detalle lo ocurrido en los últimos tiempos entre Emma y él, sin omitir nada. El juez una vez le hubo escuchado, les citó para el día siguiente; quería meditar con sumo cuidado todo lo que había  le había relatado y sopesar imparcialmente los detalles. El estaba a favor de la madre, pero el padre había sido víctima de su propio error y estaba arrepentido de ello y dispuesto a luchar por recuperar el tiempo perdido.

viernes, 23 de septiembre de 2011

ERRORES - Capítulo 7º - SAN FRANCISCO

Emma pudo convenir con Crowford que hiciera su trabajo desde casa a través de ordenador, con lo cual podía atender a la pequeña Rosalyn y su trabajo. Los ahorros se le acababan pero con lo ganado en la publicidad podía resistir durante una larga temporada sin preocupaciones.

Maggie le sermoneaba constantemente por no haber aceptado la ayuda que su marido le ofreció con el divorcio, pero se había acostumbrado a sus regañinas y además sabia que lo hacía por cariño.

Era media mañana y estaba dando el pecho a la niña, cuando una alterada Maggie se presentó en su casa dando risotadas

--¿Quién dirás que me ha llamado y me ha pedido una cita?

--No tengo ni idea, pero me vas a sacar de dudas ahora mismo ¿verdad?

--Lewis, dijo Maggie

--Lewis, ¿y quién es?

--Hija , pues el ayudante de cámara

--¡¡¡Ah!!! no me acordaba, rió Emma

--Está en San Francisco y me ha pedido que vaya. Estará por una semana por no sé qué evento que tiene que filmar, creo que es un premio o algo así.  Le he dicho que si

--¿Cuándo te vas?

--No, cuando nos vamos...

--¿Qué dices?  No, ve tu sola. La niña no puede hacer ese viaje tan largo y además, ¿qué voy hacer yo con una niña tan pequeña en San Francisco? Tu debes ir sin mi. Sé que ese hombre te gusta, así que aprovecha la oportunidad

--Pero, es que yo quiero que vengas conmigo

--No seas absurda ¿cómo voy a ir contigo si lo que él quiere es estar a solas los dos juntos? Quizás sea el hombre de tu vida, aprovéchalo. Además estoy en pleno trabajo para la próxima campaña.
¿Cuando te marchas?

--Pues pasado mañana. Estoy contenta ¿sabes? Congeniamos muy bien y es muy atractivo ¿no te parece?

--Si, si lo es. Por lo que yo le conozco también es buena persona. Haréis buena pareja, y ahora vete y déjame . Mira la niña se ha dormido y no ha terminado de comer.

--Deberías retirarle el pecho, poco a poco y empezar con los purés. Tendrías más tiempo libre.


(imagen pasaporteblog.com)

Al aeropuerto fué a recibirle Lewis, estaba nervioso. Aquella mujer le había impresionado cuando le conoció en la barbacoa. Era decidida, extrovertida y tenía la edad justa para él. Ya no eran jovencitos, pero todavía tenían mucha vida por delante.

Se hospedó en un lujoso hotel, en donde él también lo estaba. En ese hotel se iba a celebrar el evento en el que tenía que trabajar. Era la entrega del premio al mejor arquitecto, el Premio  Pritzker, y se lo habían concedido a uno de Nueva York.

Cuando Maggie supo la noticia, le dió un vuelco el corazón

--No puede ser. Sería mucha casualidad que se tratase de la misma persona, imposible, ¡ con lo grande que es el mundo !

Lewis interrumpió sus reflexiones, pero algo le decía que no estaba muy descaminada. El evento se celebraría dos días después, así que tendrían tiempo de divertirse antes de tener que asistir a ello.

Salieron como dos jovencitos cogidos de la mano a conocer la gran ciudad y a divertirse todo lo que pudieran.


(imagen stockphotos.mx)
El gran vestíbulo del hotel estaba lleno de gente ataviada para las grandes ocasiones. Las damas con traje largo de noche y ellos con  smoking. En un lado del mismo había un corrillo de gente en torno a un hombre alto, guapo y que parecía ser el merecedor de tanta expectación. Le acompañaba una mujer de edad mediana muy atractiva que se encargaba de presentarle a todas las personalidades asistentes a la reunión.

De frente al grupo, Maggie observaba a las  personalidades. Lewis no podía acompañarla puesto que era el encargado de filmar el video del acto, pero ella con traje largo , también pensaba a sistir a la entrega con la mayor curiosidad. No se equivocaba, aquel rostro lo había visto antes en casa de Emma: se trataba de James.

Se dirigió a recepción y pidió le facilitaran el número de habitación, cosa que no hicieron. Entonces ella se dirigió a las cabinas de teléfono y solictó  avisaran al arquitecto galardonado, por nombre James...

Un botones voceó el nombre al que respondió el interesado y se dirigió al teléfono que tenían en recepción

--Si, dígame

--Usted no me conoce, pero me urge hablar con usted

--Lo siento, si es una periodista hablaré con todos ustedes en la conferencia de prensa de mañana
 --Siento me interprete mal , pero no puedo atenderle ahora. Como puede comprender tengo que atender a todas las personas que han venido, y me parecería una descortesía ausentarme

--Le aseguro que se trata de algo que le interesa mucho

--Por favor no insista. Mi mujer me está llamando; va a comenzar el acto, perdóneme

--Emma, ¿ le suena de algo?

--¿ Cómo dice? repita ese nombre

--Creo que será mejor que hablemos personalmente. Estoy en la 510. Creo que deberá hablar conmigo lo antes posible. De verdad que le interesa.






Maggie

James terminó la recepción feliz por el reconocimiento demostrado.Lissa estaba radiante de felicidad y de orgullo. No le había defraudado, toda la confianza depositada en James la había sobrepasado. Había alcanzado el máximo galardón en su profesión. Ellos estaban felices, a pesar de la cara melancólica que durante toda la noche había podido observar en el rostro de James

--Deben ser los nervios y la emoción, pensó

Nuca imaginó el motivo real de esa impaciencia. Se acostaron muy tarde, pero a pesar de ello James no pudo conciliar el sueño. Deseaba con todas sus fuerzas que amaneciera pronto para poder hablar con aquella misteriosa y desconocida mujer que le hablaría de Emma, ¿de qué?  Hacía mucho tiempo que ni siquiera habían cruzado una palabra, no se habían visto desde que salieran del despacho del juez y por ello no podía imaginar lo que le diría.

Despés de desayunar James se excusó con Lissa argumentando que querían hacerle una entrevista

--Pero tan pronto...

--Vuelve a dormir, espero terminar rápido

Le besó en  la rente y ella volvió a quedarse dormida. James se dirigió a recepción y solicitó la comunicación con la habitación 510.  No tuvo necesidad, Maggie se aproximó a él presentándose.

--Creo que debemos ir a un rincón tranquilo en donde podamos hablar sosegadamente. Es muy importante lo que tengo que decirle

--Como quiera, me tiene en ascuas¿Le ha pasado algo?

--Quiero advertirle que ella no sabe ni que usted está aquí, ni que voy a contarle algo que ella  me ha autorizado, pero creo que estoy obrando correctamente

--Si no le importa no ande con tantos preámbulos, por favor. Como puede comprender estoy impaciente.

Primero, para llegar al día de hoy, tenga paciencia y le explicaré cómo llegué a conocer a Emma.

Maggie hizo un relato pormenorizado de cómo llegó hasta el pueblo que ahora era su hogar. Por fin llegó al momento en que ambas mujeres establecieron su entrable amistad:

--Emma llegó al pueblo embarazada y quiso tener a su hijo en un lugar en donde nadie pudiera localizarle, no por vergüenza porque ella no había tenido la culpa de que usted  en determinado momento ejerciera violencia contra ella.  Se enteró del embarazo después de que se divorciaran, y a pesar de que le insistimos para que se lo comunicara ella no cedió. Una vez le llamó por teléfono delante de mi a instancias mias, fué justo el día que salió de la clínica después de dar a luz. La persona que cogió el teléfono le anuncio "que los señores" habían salido de viaje, por lo que ella interpretó que se había casado, y no quiso mezclarse en su matrimonio.
Tiene una hija preciosa de nombre Rosalyn y se parece a su madre. 

La palidez del rostro de James era alarmante. No podía ser verdad lo que quella mujer le estaba contando. No podía ser verdad que la crueldad de Emma hubiera llegado al extremo de ocultarle que era padre, sabiendo que era lo que más ambicionaba, no podía ser verdad.

Estalló en una cólera contenida y sujetando fuertemente el brazo de Maggie, le suplico:

--No me mienta, no puede ser verdad. Ella sabe que todo empezó precisamente...

--Si, porque ella quería que esperasen para ser padres. Si también lo sé. También le he dicho que cometió el error más grande de su vida y que había perdido al hombre que amaba, pero ella no quería destruir su vida con esa confesión. Piense que cree que usted la ha rehecho  y está felizmente casado.

--Dígame cómo se llama ese lugar, por favor. Tego que ir a verla, tengo que ver a mi hija. Pero no puedo perdonarla que me lo haya ocultado, no debió hacerlo aunque estuviese casado. ¿Lleva alguna foto de la niña?

--Si, desde luego. Tómela

--¿Qué tiempo tiene?

--Seis meses, le dijo Maggie mientras sacaba el pequeño álbum que llevaba en el bolsillo.

Ante él estaba aquella carita igual a la de su madre, con sus mismos ojos, su mismo cabello. Era un bebé precioso y era su hija.



Dos lágrimas resabalaban por sus mejillas. La emoción más grande le embargaba y no podía articular palabra.

--Apúnteme por favor la dirección. Iré a verla lo ates posible. ¿Debo decirle que usted me ha informado?

--Haga lo que crea oportuno, de todas maneras ella va a saber que he sido yo la pesona que le ha contado todo. Nadie más que yo sabe lo ocurrido, ni siquiera Crowford, que goza de toda su confianza.

Se despidió de Maggie agradeciéndole la noticia. Maggie al ver alejarse a James exhaló un suspiro profundo de alivio. Sabía que había obrado como debía, aunque le costase un disgusto con Emma.