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viernes, 12 de julio de 2013

LA CAMPIÑA CUBIERTA DE BREZOS / Capítulo 8º

A los tres días de haber dado a luz, Lola, Charles y la pequeña Rose, llegaron a su hogar.  Él las colmaba de mimos y arrumacos.  Estaba loco de satisfacción con la recién nacida y con la familia que había creado.  Lola, a ratos, y cuando él estaba distraído, observaba el rostro de su marido, buscando alguna señal que la indicara que lo manifestado por "esa mujer" era cierto.  Estaba dolida, y sabía que no era justa, porque en ningún momento Charles le había dado motivo de sospecha para dudar de su amor.  Acaba de dar el pecho a la chiquitina, y por fin tenían un rato para ellos



Habían puesto una música suave y dulce. Charles miraba a Lola, que tras su maternidad tenía una mirada más brillante y una cara plácida y bonita.  Pero a veces la veía triste y no sabía por qué.

- ¡ Eh, Dolores ! ¿ Qué te ocurre ?
- Charles no me pasa nada. Estoy algo agobiada con la niña,  supongo porque soy novata. Pero no tardaré en hacerme con la situación.
- Creo que te ocurre algo y no me lo quieres decir- de repente ella no pudo soportar la angustia y se echó a llorar en brazos de su marido
- Por Dios Lola, dime lo que te pasa.  No creo en absoluto que sea motivado por Rose.  Estás loca con ella. No hay más que veros cuando estáis juntas. Se te ilumina la cara. Dime cariño ¿ qué ocurre?

Lola no sabía cómo relatar a su marido la visita de Terry.  Estaba dolida y angustiada, pero no sabía por dónde empezar.  Charles la abrazaba y la besaba.  Sabía que muy posiblemente estuviera deprimida después del parto.  Se enfrentaba día a día a una situación totalmente desconocida para ella que no podía controlar, y eso le preocupaba. Sabía de casos que habían ido más allá de la cuarentena y el matrimonio había pasado por dificultades anímicas muy importantes.  En su cabeza no cabía, ni en sueños, el tener dificultades con ella.  Lola era el eje de su vida, y además ahora estaba la pequeña Rose, el lazo más fuerte entre los dos.

Esperó a que se calmara. La acariciaba el cabello, besaba su frente, la tomaba de las manos, y de esta forma, pacientemente consiguió que ella, por fin, se decidiera a explicar lo que la ocurría.

Lola relató punto por punto lo hablado con Terry.  Charles estaba tan indignado que se levantó del sofá en donde ambos estaban sentados, y comenzó a dar vueltas por la habitación para descargar la furia que sentía

- Y tú ¿ has creído eso? ¿ Es que acaso te he demostrado no quererte ya, no seguir enamorado de ti como el primer día ?  Por amor de Dios Dolores, ¿ de qué madera piensas que estoy hecho?  Lo que más me duele es que hayas guardado silencio hasta ahora, que no me lo hayas contado antes.
- Pero no me has contado nada referente a Londres ¿ es cierto que yo te corté las alas, que te impedí realizar lo que era tu sueño?- dijo Lola cada vez más llorosa
- Estás muy sensible.  Creo que será mejor dejarlo estar, por ahora.  Ya hablaré con ella-dijo Charles que a duras penas se podía contener
- No. Quiero que me contestes ahora-dijo Lola, entre asustada y expectante
- Naturalmente que no.  Al principio esos eran mis planes, e incluso después de conocerte seguía pensando en ello. En parte porque ella me metía esas ideas en la cabeza.  Pero ... empezamos a vernos y algo en mi interior cambió radicalmente.  Sabía que mi futuro no estaba en Londres, sino en donde tú estuvieras
- Pero mírame...-, le decía Lola señalando su cuerpo- No tengo cintura, todo son caderas. Hay días en que sólo puedo darme una ducha porque no me da tiempo a nada. Nuestra intimidad ha desaparecido... y... ella está ahí... preciosa, bien arreglada y dispuesta a todo. ¿ Cómo puedo luchar contra eso?
- Oye, oye...  No te cambiaria ni por la mujer más hermosa que existiera. Tu eres hermosa y me tienes loco. Tienes que tener paciencia... recuperaras tu cintura, tendrás más tiempo libre a medida que la niña se vaya acostumbrando a ti, porque ella también tiene que aclimatarse.  Hasta ahora ella dormía, comía , y daba patadas cada vez que quería, y sin embargo ahora tiene que comer, dormir, vomitar, y llorar a unas horas determinadas, caramba... Entiéndelo, eres enfermera.  Deberías saberlo...  En cuanto a nuestra intimidad, también llegará... cuando pase la cuarentena volveremos a ser como antes.  Me crees capaz de buscarme otra, para satisfacer mis necesidades? ¿ Es eso lo que crees?  Pues si eso piensas de mi, ni me conoces ni me quieres,  como crees


Salió de la habitación congestionado por el disgusto que acababan de tener.  Nunca lo hubiera imaginado.  Era su primera discusión seria, pero le dolía que su mujer desconfiara de él, y creyera a pies juntillas lo que la dijera una mujer que lo que buscaba era separarles.  

A pesar de que la tensión entre ellos se había relajado, Lola era observada constantemente por Charles y veía que poco había cambiado: la veía triste, no conseguía tener el carácter de antes.  Eso le preocupaba muchísimo y se decidió a  hablar con Spencer para tratar de averiguar lo que en realidad le ocurría a su mujer.

- Charles... Has de tener paciencia. La maternidad por habitual, creemos que es cosa de una semana, pero  sigue siendo importante en la mujer.  Sus cuerpos sufren una transformación total en su organismo, y han de volver a encajar de nuevo.  Eso no lo logran de un día para otro. Se recuperan pasado algún tiempo, a medida que van recuperando su línea y a su marido.  Porque también los hay muy brutos que no respetan ni siquiera la cuarentena, cuando su cuerpo aún está dolorido por el alumbramiento.  Todo esto las produce la consabida depresión post parto, y para que se les pase pronto, han de contar con la colaboración de sus maridos, y no siempre ocurre.  Ellas perciben que cuando van por la calle, ellos miran más a otras mujeres, y  se ven feas, gordas, y deprimidas... Eso es lo que la ocurre. Amigo mío paciencia... el tiempo pasa y en un par de meses notarás la mejoría.  Para que ella vuelva a su estado de antes, cuenta más o menos seis meses.  Pero no te asustes, antes habréis recuperado vuestra intimidad y todo será más llevadero.

Charles salió de la consulta con su compañero, algo más tranquilo. Esperaría todo el tiempo que fuese necesario. Él amaba a su mujer y a su hija cada día más. Cómo hacerla comprender que la estaría eternamente agradecido por  haberle amado de la forma que lo hace y haberle recompensado con esa bolita preciosa llamada Rose.

Sabía que a ella le hacía gracia que la llamara "huesines".  No sabía si ahora, con esta situación se lo tomaría a mal, pero tenía que intentarlo.  Tenía tres días libres después de haber hecho las guardias de veinticuatro horas seguidas, así que ideó un plan para tratar de mejorar la comunicación entre ellos.  Cuando llegó a su casa, le propuso lo que había pensado

- ¿ Sabes lo que he pensado, mi cielo?- la dijo cariñoso mientras la abrazaba
- No ¿ cómo voy a saberlo? Tú siempre estás pensando algo
- Dolores.... No me tientes porque voy hacerte cosquillas- y dicho y hecho.  Por primera vez en mucho tiempo, su mujer reía como lo hacía  tiempo atrás
- Ven aquí, dime ¿ qué tiempo tiene la niña?
- Ha cumplido dos mesecitos ¿ a que estás preciosa?
- ¡ Claro que está preciosa, igual que su mamá! ¿ Tienes que hacerla algo?
- No.  Está bañada, alimentada y comida
- Muy bien... Pues tenemos por delante  ¿ dos horas?
- Si más o menos- ¿ A qué viene tanto interés ?
- Sabes que tienes un marido que te adora... Tenemos dos horas para nosotros solos... Así que he pensado... que ya es hora de tener  nuestra intimidad.  Ya ha pasado el tiempo suficiente para poder tenerla ¿ no crees ?
- Charles... No sé...
- No sabes ¿ qué no sabes?
- Mi cuerpo no está como antes, todavía no.  Tengo miedo...
- ¿ De qué tienes miedo ? ¿ De que tu vientre aún no esté plano, de que tu cintura sea ancha? Eso ya lo sé, pero es cuestión de tiempo, y mi amor por ti es tan grande que no me importa que te quedaras así, huesines
- Pero a mi si me importa, Charles.
- Todavía tienes metida en la cabeza las ideas absurdas de Terry ¿ verdad? Es el colmo. Tenemos dos horas para nosotros después de mucho tiempo, y ahora me vienes con esas. Qué se supone que debo hacer ¿ eh ? dímelo. ¿ Cuánto tiempo he de esperar ¿ un año ?
- Por favor no te enfades...  es que no me encuentro bien
- ¿ No te encuentras bien ?, dime lo que te pasa, por favor. No podré ayudarte si no me lo dices
- Es que no lo sé.  Lloro por cualquier cosa.  Por un simple anuncio en la televisión, me emociono y lloro.  No sé lo que me ocurre
- Vale, vale, está bien.  Sentémonos aquí y cuéntamelo todo
- No sé qué puedo contarte.  Ni yo misma lo entiendo, pero me siento mal
- Vayamos al médico
- No, no es necesario
- ¡ Ya lo creo que lo es !  Ahora.  Arréglate si es que tienes que arreglarte, cojamos a Rose y vayamos al médico
- ¿ Te das cuenta?.,.. dices que me arregle ¡ Ya estoy arreglada !
- Muy bien, pues andando

 


Spencer reconoció a Lola, y mientras ella se vestía, confirmó a Charles el diagnóstico que le había dado en días atrás

- Deberíais tomaros unas vacaciones, los tres juntos.  Quizá el cambio de escenario la viniese bien- dijo Spencer a Charles.

Camino de casa, contó a Lola lo que el médico le había dicho y los planes que él tenía para que se recuperase

- Mi vida estás perfectamente, ya has oído a Spencer. Sólo hay que tener un poco de calma.  He pensado que pasemos unos días en El Refugio.  Allí fuimos felices, y lo volveremos a ser ¿ te gustaría ?
- Pero ¿ tu trabajo ?
- No te preocupes.  Pediré adelantar mis vacaciones.  Mañana mismo lo soluciono.

Dos días después, entraban nuevamente en El Refugio..  Y allí recobraron un poco de la paz que se había visto alterada por la visita de Terry.  Volvieron a jugar entre los brezos y tumbados entre ellos el capazo de la pequeña Rose, que se distraía viendo moverse las plantas al arrullo de la suave brisa.  Lola había experimentado una gran mejoría.  La sonrisa volvía a su rostro, la luz a sus ojos y el color a sus mejillas. Motivos más que suficientes para que Charles volviera a ser un hombre feliz y libre de preocupaciones.  Pero las vacaciones se terminaban


 
- Lola, cariño.  He pensado que os quedéis unos días más y así terminas de recuperarte.  Os llevaría a casa de mi padre y no estaríais aquí solas.  El abuelo se pondría loco de alegría de veros
- ¿ Y tú ?
- Yo vendría los fines de semana. Serán unos días solamente, y tanto a ti como a Rose os vendrá bien.
-No. No quiero que estés solo y verte los fines de semana. Nos volvemos contigo
- Dolores, Dolores...  Mira lo bien que te ha sentado este cambio ¿ Qué quieres volver otra vez para atrás? Sólo va a ser una semana como mucho ¿ eh ?
 
A regañadientes, Lola aceptó y por la tarde se desplazaron hasta la casa paterna.  Fueron recibidos con inmensa alegría, a pesar que mientras estuvieron allí estuvieron visitándoles casi a diario.  La separación fue dolorosa , nunca lo habían  hecho desde que estaban juntos. Para  Charles además, dejaba a su hija también.
 
Pero lo que iba a ser una semana se prolongó en el tiempo. Charles aprovechó la ausencia de Lola para acudir a  symposiums, conferencias, asambleas que le eran muy beneficiosos para las nuevas técnicas quirúrgicas que empleaba.  Lola se cogió un berrinche, cuando la anunció que ese fin de semana no iría a visitarles, y a regañadientes admitió que eso formaba parte de su trabajo.
 
- ¿ Cuándo podrás venir?- le decía quejumbrosa
- Pronto, enseguida.  Os echo muchísimo de menos y quiero daros un abrazo. Os quiero muchísimo mis fierecillas.
 
Aquella noche Lola durmió mal. A la mañana siguiente, tenía profundas ojeras y pocas ganas de hablar.  Su suegro había recobrado, con dificultad, la movilidad de sus piernas, y todos los días cogidos del brazo y Rose en un canguro portado por su madre, daban paseos por los jardines de la casa, charlando amigablemente.  Pero esa mañana Lola, no tenía muchas ganas de hablar, por lo que el suegro la dijo:
 
- Ven, sentémonos aquí, y me cuentas lo que te ocurre. Mira la pequeña se ha dormido
- Padre, creo que Charles ya no me quiere
- ¿ Por qué dices eso? Te adora.  Tu y la niña sois su razón de vivir.
- Hay una antigua novia que anda ronroneando.  El no se da cuenta, pero se está separando de mi.  Cada vez tiene menos paciencia conmigo.  Sé que no es culpa suya, que yo estoy muy pesada, pero... noto que le voy perdiendo- y se echó a llorar
- Vamos hija.  Ni siquiera lo pienses. Te come con la mirada y sigue tan enamorado como el primer día, es decir, te quiere más que el primer día. Le has dado una hija preciosa ¿ crees que eso no lo valoran los hombres?  Está preocupado por ti, nada más
- Le echo tanto de menos...No sé qué haría si dejara de quererme
- No seas tonta, eso no va a ocurrir.  Anda vámonos a casa que comienza a hacer frio.
 
 
Aquella noche Charles no la llamó.  Estuvo esperando hasta bien entrada la noche, más de las doce.  Ya todos se habían ido a dormir.  Ella subió lentamente las escaleras en dirección a su dormitorio. A un lado de la cama estaba la cunita de Rose, que ella sí dormía plácidamente.  Se despertó muy pronto, con las primeras luces del día. No sabía porqué algo la corroía dentro , y la  imagen de Terry, se le apareció deslumbrante como la última vez que se vieron.  No tenía apetito y por tanto no quiso desayunar, soportando la charla de la mujer de Bob que la regañaba como si fuera una niña.
 
- Hoy no tengo ganas de andar, Lola- la dijo su suegro
-¿ Te encuentras bien?
- Naturalmente que si, pero no he dormido muy bien y me siento cansado.  Sal ti con Rose para que la de un poquito el aire.  Anda ve
- Está bien, padre. Me acercaré al  Refugio
- Esta muy lejos y tu vas cargada con la niña. Llévate el coche
- Está bien. Voy a preparar a Rose ¿ De verdad estás bien?
- Pues claro mujer. Anda ve
 
 
 
En cuanto Lola  se perdió por el sendero de la carretera, Descolgó el teléfono y marcó el número de Charles.  Le contestó una voz adormilada
- ¿ Quién es?
- Charles ¿ eres tú?
- Papá ¿pasa  algo, Lola, la niña?
- No todos estamos bien... Pero quería hablar contigo aprovechando que ahora no está Lola.  ¿ Qué demonios os pasa? Ella está muy preocupada; anoche no la llamaste y estuvo esperando
- Lo siento papá.  Pero terminamos en la madrugada y no quise llamar para no asustaros.  No eran horas
- ¿ Y ahora ?
- Ahora me he dormido. Las cosas son así de simples papá
. Estuvimos hablando ayer, y me dijo que las cosas no van bien entre vosotros ¿ es eso cierto?
- Naturalmente que no. Yo la quiero más cada día, pero se le ha metido en la cabeza que ya no me gusta y que estoy dejando de quererla
- ¿ Qué es eso de una tal Terry?
- Nada, una bobada
- ¿ Te estás viendo con ella, Charles?
- Nooo. ¿ Cómo se te ocurre?  Nos encontramos el otro día, yo no tenía ganas de ir a casa tan pronto y la invité a cenar. Sólo a cenar, papá, sólo a cenar.
- No quiero mezclarme en tu matrimonio, pero no me gusta nada el derrotero que está tomando. Busca unos días libres y ven a buscar a tu mujer, que se está muriendo de nostalgia.  No juegues con esas cosas, Charles.  No pierdas la felicidad de la que ahora disfrutas, porque de lo contrario no la volverás a tener.
- Papá.  Entre esa mujer y yo no hay nada. Tuvimos un romance antes de salir con Lola pero lo corté al poco tiempo, porque ya me había enamorado de Dolores.  Se lo he dicho miles de veces, pero ella sigue desconfiando
-Quizá sea porque no has tenido la suficiente persuasión para que ella lo percibiese. Ven a buscarla cuanto antes y dile lo que la necesitas, ámala y verás como te cree.
- Papá ellas son todo para mi. Ellas son mi hogar, por ellas es que hago todo. Cada vez que llegó a casa, me emociono porque las echo de menos. Deseo abrazar a Lola y a mi pequeña gordi.  No sé cómo decírselo
- Pues como me lo estás diciendo a mi. Abrázala y díselo
- Está bien papá. Lo arreglaré hoy mismo en cuanto llegue al hospital.
Eso espero hijo, eso espero.
 
 
 
 
 
 
 

martes, 9 de julio de 2013

LA CAMPIÑA CUBIERTA DE BREZOS / Capítulo 7º

 Cuando Charles terminó su relato. gruesas gotas de sudor perlaban su frente. Había sido un momento muy intenso en el que había  vuelto a vivir, aquellos traumáticos días.  Abrazado a Lola, no sabía como calmar su ansiedad y la de ella.  Hundió su rostro en su cabello  y, lentamente, comenzó a llorar.  Su llanto no era convulso, pero se le clavaba en el alma a Lola.  Lamentaba profundamente haberle obligado a revivir aquellas escenas, pero también pensaba que por fin, se había liberado de aquellos dolorosos recuerdos.  Durante largo rato permanecieron allí abrazados.  Lola acariciaba su cabeza, tratando de calmarle, como hubiera hecho con un niño con rabietas.  No supieron el tiempo que había transcurrido, pero Charles rompió su silencio diciendo a Lola:

- Salgamos de aquí, amor mío.  No debes pisar este lugar sucio, tú no, tan limpia y transparente.  Gracias, nena
-¿ Por qué me das las gracias?  No sabes lo arrepentida que estoy de haberte obligado a venir hasta este horrible lugar.  De haberlo imaginado, nunca hubiéramos venido.
- Te doy las gracias, porque me has curado definitivamente.  Todos los fantasmas del pasado han huido de mí.  Por primera vez me siento liberado.

Sacó su móvil del bolsillo del pantalón y marcó el número de su casa

-¿ Bob, está mi hermano? Dile que se ponga, por favor
-¡ Charles ! ¿ todavía andáis por ahí, qué se te ofrece?
- Llama a Philip, el constructor y dile que derribe totalmente la caseta de los aperos. No quiero volverla a ver en mi vida
- ¿ Estás bien?
- Maravillosamente bien, hermano.   Maravillosamente bien
- Me alegro, Charles. Debías haberlo hecho hace tiempo
- Tienes razón, pero hoy me he liberado por fin de aquellos fantasmas. Ahora nos vamos. Nos queda un día de descanso y quiero dedicárselo en exclusiva a Lola
- Dale un beso enorme. Ha conseguido que seas feliz...  Para mi es mi hermana
- Adiós Sean, no tardaremos en volver. Un abrazo para papa. Hasta siempre

Emprendieron el regreso hasta el refugio.  Durante el viaje no hablaban, sin duda, cada uno inmerso en sus propios sentimientos.  Charles cogió una mano de Lola y la puso sobre su rodilla

- Déjala ahí, mi cielo.  Necesito sentir tu contacto
- Si, cariño, lo que tu me digas-, reclinó su cabeza sobre el hombro de Charles para no interrumpir su conducción
 - Mira, ya se ve el refugio. Ya estamos en casa

Por cena tomaron un vaso de leche caliente cada uno. No tenían apetito.  Sólo querían estar uno al lado del otro, en silencio. Se tumbaron en la alfombra de piel y juntaron sus cabezas mientras veían chisporrotear las llamas en la chimenea. 

- ¿ Estás relajada?- la preguntó Charles
- Si, ahora si lo estoy
- Aun he de preguntarte algo. Algo muy importante para mi
- ¿ Y qué es ello?- dijo Lola
- ¿ Qué has decidido?- guardó un largo silencio -.   Comprendería que tus sentimientos hacia mi hubieran cambiado. Ha sido un día de revelaciones, duras, necesarias, ahora lo comprendo.  Pero debes decidir si me aceptas con mi mochila de sensaciones
- ¿ De qué sensaciones hablas?  Yo sólo conozco una: la felicidad de estar contigo
- ¿ Aceptas pues ser mi mujer?
- Si, si, si...  - respondió ella besando el rostro de Charles

Cuando Lola despertó, comprobó que Charles no estaba a su lado. Se levantó y se puso la camisa que él había dejado en el baño

- Brrrr ¡ Qué frio hace ! Y eso que Charles ha encendido la chimenea.  Charles, Charles, ¿ dónde estás?- pero no obtuvo respuesta

Extrañada se vistió después de asearse, y salió de la casa buscándole.  En el horizonte no se divisaba su silueta, y dio la vuelta hacia la parte posterior.  Allí descubrió un maravilloso paisaje de brezos multicolores, que el día anterior no había visto.  Haciendo visera con la mano, buscaba a Charles y comenzaba a impacientarse.

-Charles, Charles- comenzó a gritar

Al oir su voz Charles se incorporó.  Estaba a una distancia de unos veinte metros

- ¡ Vaya susto me has dado ! No te encontraba por ninguna parte
- Estabas tan dormida, que me dio pena despertarte. ¿ Sabes ? Me encanta venir a este lugar, aquí precisamente. Es hermoso. Siempre que vengo me tumbo en los brezos, entorno los ojos, y escucho el suave rumor de las plantas movidas por el viento.  Ven aquí,  túmbate a mi lado, y escucha-.  Lola obediente hizo lo que la pedía, se tumbó a su lado, reclinando su cabeza sobre el pecho de él




- Dolores....  Dolores....  Estás pisando terreno peligroso- la dijo en tono de broma
- ¿ Qué he hecho ahora ?
-Tumbarte a mi lado, acariciar mi cara, quererme ¿ te parece poco?
-¿ Te molesto?
- ¿ Molestarme?  Estoy encantado de la vida. Ven aquí

Hizo que se tumbara sobre él, con sus caras muy juntas.  Acariciaba su espalda y sus cabellos.  Estaba con la mujer que amaba,  había aceptado unirse a él para siempre ¿Podía existir mayor felicidad ?

-Tenemos que hablar de nuestra boda. De que lleguemos a Plymouth, hablaré con el juez para que nos case lo antes posible. Seguramente necesitaremos algún trámite de España, pero no quiero demorarlo.  Entre tanto ¿ qué vamos hacer?
- ¿ A qué te refieres?-preguntó extrañada Lola
- Deseo que vivamos juntos. En tu casa o en la mía, me da igual, pero no quiero separarme de ti por nada del mundo.
- Estoy de acuerdo....     ¡¡ Charles.   No sé dónde vives !!
- Ja, ja, ja,  Ha sido todo tan ... ¿extraño?... Tienes razón nunca te dije donde vivía. Tengo un apartamento en el centro de la ciudad, bastante bonito.  No muy grande, porque para mí solo, me sobraba casa.  Tiene un amplio dormitorio , con cama de matrimonio - tenía que ser previsor, ya sabes... piso de soltero-. Un salón, baño y cocina.  Eso es todo
- ¿ Pretendes darme celos ? Pues lo vas a conseguir... ¿No querrás  que me acueste en una cama por la que habrán pasado cientos de chicas ¿ verdad ?
-Ja, ja, ja... No cielo, ni en esa cama ni en ese apartamento.  Viviremos en otro que elijamos entre los dos ¿ Te parece?
-¡ Ay, Charles ! Tú si que me entiendes
- ¿ No te apetece jugar un ratito entre los brezos?
- No sé.  Tendrías que alcanzarme primero-, y dicho esto, se levantó de un salto y emprendió una carrera entre los brezos, perseguida por un feliz y risueño Charles.

Se tumbó en el campo, agitada por la carrera. Charles lo hizo a su lado.  Miraba el relajado y feliz rostro de su amada.  Quería tener esa imagen en la pupila para siempre. Nunca hubiera imaginado poder ser tan feliz y amar tanto a una persona. Y la besó, y la abrazo y se amaron entre los brezos, hasta que el mediodía con su sol, les hizo volver a la realidad.

- Amor-dijo a Charles mientras jugueteaba con  sus cabellos
- Dime, ¿ qué quieres ahora?  Cada vez que te pones así, me echo a temblar.  Sé que algo quieres
- Casémonos en tu casa.  Es preciosa y así tu padre estaría presente sin que le molestemos con el traslado
-¿ Te gustaría?
Mucho..., me gustaría mucho- dijo dándole un beso en la mejilla
- ¡ Ay Dolores ! ¿ cómo no complacerte si me lo pides de esa forma?

Hasta allí llegaron sus padres y Charo con su novio ingles. Formaban una buena pareja, muy enamorados.  Todo lo habían organizado Sean y su prometida.  El padre , parecía haberse recuperado mucho, y todo estaba dispuesto para el enlace de Charles y Lola.

Fue una boda preciosa y su festejo duró hasta altas horas de la madrugada.  Ellos tenían una semana libre por luna de miel, pero por expreso deseo de Lola, no irían a ningún sitio.  La pasarían en el refugio. No encontraron un lugar mejor para  expresar el profundo amor que les unía.



Una mañana al despertar, Charles no estaba. " Estará en los brezos"- pensó.  Fue a buscarle a su rincón preferido, pero allí no estaba.  Inquieta comenzó a llamarle a voces y a dar vueltas por el entorno buscándole.  Pasaba el tiempo y  él no volvía.  Tampoco estaba el coche, y una inquietud, cada vez mayor, se apoderaba de ella.

- ¿ Le habrá pasado algo?- le llamaba al móvil insistentemente, pero no obtenía respuesta. Averiguó que se lo había dejado en casa.

Llamó a Sean.  No quería alarmarle, pero estaba muy preocupada.

- Ahora mismo salgo para allá. No te preocupes, estará en el pueblo. Tranquilízate. Ya salgo

Y efectivamente, enseguida oyó la llegada  de un coche.  Corrió hasta la ventana pidiendo mentalmente que fuera Charles, pero era Sean que llegaba para tranquilizarla.

- No te preocupes, tranquila.  Si le hubiese pasado algo, la policía nos hubiera llamado inmediatamente. No te pongas nerviosa, por favor- la decía Sean que no sabía cómo calmar sus nervios.

Ya era media mañana cuando Charles aparcó el coche frente a la entrada de la casa. Extrañado vio el coche de su hermano y creyendo había ocurrido algo malo, entró precipitadamente en su casa

- ¡ Oh, Charles ! no vuelvas hacer esto, no lo vuelvas hacer- decía Lola mientras le golpeaba el pecho llorando desconsoladamente
- ¿ Pero qué ocurre?
- Hermanito, te has cubierto de gloria.  Lleva toda la mañana buscándote.  Nos has dado un susto de muerte.  Creíamos te había pasado algo
- Lo siento, lo siento.  Creí venir enseguida, por eso no dejé una nota.  Y he perdido el móvil
- Te lo has dejado aquí- decía una llorosa, pero aliviada Lola
- Perdona cariño. Estabas dormida cuando me fui... pensé que estaría de vuelta y aún seguirías durmiendo.  Pero veo que os he dado un buen susto.  Lo siento, lo siento muchísimo
- Bueno asunto terminado.  Yo me voy que tengo pariendo a una potra- dijo Sean
- Gracias hermano por no dejar sola a Lola
- No vuelvas a darme las gracias por nada.  Tú no ¿entendido?- respondió Sean- Y ahora me voy, resolver a solas vuestro enfado. Ja, ja, ja.

Una vez Sean Hubo salido, Lola se agarró fuertemente al cuello de su marido y comenzó a llorar de nuevo.  El acariciaba su cabello, besaba sus mejillas empapadas por las abundantes lágrimas. Su corazón aún palpitaba fuertemente pensando que hubiera tenido algún accidente. No podía ni imaginar su vida sin él.

- Ven aquí, ven aquí . Lo siento cielo. Fuí imprudente, perdóname

Lola le besó en los labios intensamente. Estaba allí sano y salvo, era lo que importaba. Charles la cogió en brazos, y sonriente la decía

- Dolores... estamos en nuestra luna de miel... No perdamos el tiempo con discusiones . Tenemos cosas más importantes que hacer ¿ no crees?- le dijo con una pícara sonrisa



A la caída de la tarde, la cogió de una mano y la introdujo en el coche

-¿ Dónde me llevas?-, le preguntó Lola extrañada
- Ya lo verás, ya lo verás.  No seas impaciente, huesines
- ¿ Todavía me llamas huesines? ¿ Crees de verdad que soy una huesines?  Porque yo no tengo esa impresión...
- Estás perfecta, reina mía, estás perfecta.

No anduvieron mucho trayecto, enseguida llegaron a una explanada totalmente cubierta de brezos.  Se apearon del coche.  Lola no comprendía nada, pero él la tomó de la cintura y la dijo

- He aquí el motivo de mi tardanza.  Me entretuve con el jardinero.  Quería que todo esto estuviera listo antes de marcharnos.  Me entretuve y... bueno ya lo sabes
- ¡ Es precioso, amor !  Este terreno ¿ es vuestro ?
- Si cariño, es nuestro ¿ no lo recuerdas?
- No sé.  La verdad es que no
- Mira en aquel pequeño montículo había una caseta...
- ¡ Dios, Charles ! ¿ Es el.....?
- Si cielo, ese es.,. Al destruirlo, pensé que lo mejor sería llenarlo de belleza. Tener la campiña cubierta de brezos, para ti, para mí, para nuestros hijos.  Borrar con belleza lo que fue un infierno
- ¡ Oh Charles ! no podías haber hecho mejor cosa. Te quiero cielo, te quiero muchísimo.



Pasada la semana de luna de miel, volvieron a su trabajo. Antes de su casamiento ya vivían en un piso que Charles había comprado, para que ninguna sombra de su vida de soltero se interpusiera entre ellos. Compaginaban sus turnos de trabajos, de manera que aunque estuviesen  con trabajo a tope, el sólo hecho de encontrarse para beber un vaso de agua, les compensara.  Sólo les bastaba un segundo para verse y darse un beso.  Se amaban profundamente y eran plenamente felices.

Una mañana al salir del hospital, Lola se encontró repentinamente enferma. Iban a coger el coche para irse a casa, cuando se puso lívida.  Todo empezó a darle vueltas y a penas le dio tiempo a Charles a sujetarla para que no cayera desmayada.

- Lola, Lola.  Por Dios que te ocurre. Háblame



La tomó en brazos y volvió a entrar en el hospital. Al verle entrar con ella en los brazos, acudieron celadores y médicos a ver lo ocurrido. -¡ Acaban de salir !- comentaban los celadores.  La llevaron a un box, e inmediatamente procedieron a reconocerla.

- Charles, sal de aquí- dijo un médico
- No ni hablar no me voy.  Se trata de mi mujer
- Ya lo se, pero debes salir.  Te informaremos inmediatamente, pero ahora tienes que salir.

Le hicieron toda clase de pruebas, Charles estaba desencajado y muy preocupado.  Lo ocurrido con su madre le vino a la memoria, al igual que lo sucedido con Lola hace unos meses.  El corazón le golpeaba fuertemente en el pecho. 

- Spencer ¿ qué haces aquí?
- Me han llamado.

Sus temores se iban a confirmar.  No era posible que la historia se repitiese.  Ella no, no era posible.  Quería convencerse de que  podía ser cansancio, agotamiento por las largas noches en urgencias. " No Dios mío, ella no ".



Más de una hora hacía que Spencer había entrado  en la sala en dónde Lola estaba siendo atendida.

- ¿ Por qué demonios nadie sale a informarme? ¿ Qué ocurre ?

Como si le escucharan, la puerta se abrió y Spencer salió acompañado de un cardiólogo

- Enhorabuena, Charles, vas a ser papá-dijo Spencer con cara de satisfacción
- ¿ Qué dices, que la pasa?
- Es una mujer gestante. La noche ha sido larga y no ha tomado casi alimentos. Eso la produjo el desmayo, una bajada de azúcar.  Tienes que controlarla, sobretodo los primeros meses.  No tiene nada de corazón, ni nada más que una criatura se está formando en su vientre- el cardiólogo asentía con la cabeza a las palabras de Spencer

Charles se tuvo que recostar en la pared, la tensión acumulada, la incertidumbre, casi hacían que se desmayara.  De pronto es como si se diera cuenta de lo que le estaban diciendo, y una risa nerviosa acompañada de un conato de llanto hizo que  abrazara a  sus compañeros.  No podía ni siquiera darles las gracias

- ¿ Puedo verla ?
- Naturalmente.  Entra y dala un beso.  te está esperando

Charles esperó unos segundos hasta haberse calmado. Empujando la puerta,  entró hasta donde le aguardaba Lola.   Su cara había recuperado el color.  Aún tenía una vía con el suero puesto, pero volvía a ser ella

- Dolores ¡ qué susto me has dado !  Como no me habías dicho nada de lo que ocurría
- Quería que me llevaras este fin de semana al refugio y allí tumbados en los brezos decírtelo.  He sido muy inoportuna, perdóname
- ¿ Perdonarte, Dolores? Te quiero muchísimo y vas a darme un hijo ¿ qué he de perdonarte? ¡ Cielo Santo, soy médico ! ¿ Cómo no me he dado cuenta ?
- Tranquilízate vida.  Esto es normal, no es ninguna enfermedad.  Dentro de ocho meses, más o menos, habrá pasado todo.




Charles la obligó a dejar su trabajo, no quería que el estrés de urgencias la perjudicara a ella o al bebé.  Le costó una buena bronca con Lola, pero la conocía bien, y supo jugar su baza:

- ¿ Es que no quieres este niño?  No he conocido una mujer más terca e insensata.  ¿Cómo vas a seguir trabajando? No, ni hablar.  No lo permitiré. Además cada vez estarás más barrigona y torpe.  Y yo más preocupado por vosotros ¿Cómo crees que pueda operar estando tan preocupado por ti?
- Pero si no me pasa nada...
- He dicho que no y es que no. No hay discusión posible.  Esta misma noche renuncias. No hay más que hablar.

Y esa noche tuvo que renunciar.

Todo transcurría normalmente, su embarazo también.  Una mañana acudió al hospital para su reconocimiento mensual, y decidió dar una sorpresa a su marido y desayunar juntos.  Se encaminó hasta la sala de médicos y al no encontrarle allí, fue hasta su despacho.  Tocó la puerta pidiendo permiso y al no obtener respuesta, decidió entrar y dejarle una nota sobre su escritorio.  Abrió y su sorpresa fue mayúscula cuando sorprendió a Charles con una mujer rubia, enfrascados en una discusión que había sido interrumpida por los toquecitos a la puerta que Lola había dado.  Sorprendida miraba a una y a otro.  Charles estaba muy sofocado y la rubia se volvió de espaldas rápidamente.

- Siento interrumpir.  Creí que estaba vacío el despacho.  Te iba a dejar una nota- dijo Lola muy cortada por la situación-. Bueno me voy


Terry


Dio media vuelta no sin antes reparar en la mujer rubia que discutía , se trataba de Terry, aquella novia que iba a buscarle al hospital.

- ¿ Qué querrá, no sabe acaso que es un hombre casado?- Oyó unos pasos acelerados que iban detrás de ella llamándola

- Lola, Lola, espera, espera
- ¿ Qué quieres?- contestó agriamente
- Deja que te explique.  No es lo que piensas
- ¿ Y qué es lo que pienso? ¿ Cómo lo sabes?

Charles la tenía cogida por el brazo para que frenara  sus pasos y atendiera lo que tenía que decirle

- Suéltame, por favor.  Estamos en el hospital.  No quiero pasar más vergüenza que la que acabo de pasar.
- Vamos a la cafetería o algún sitio donde podamos hablar. No es lo que imaginas
- Hablaremos en casa cuando vuelvas.  Claro, si es que vuelves
- ¿ Qué tonterías dices, a qué viene eso ahora?
- Viene a que te has vuelto a ver con esa mujer, a que yo estoy gorda y fea. Y que ella es una preciosa muñeca rubia, y yo ....
- No, no llores ¿ crees acaso que esa mujer gorda y fea, ya no me gusta? Santo Cielo, Dolores, estás gorda y g u a p a, porque vamos a tener un niño. Porque estoy loco por ti, y porque sólo a ti te quiero. Ven aquí dame un abrazo y cálmate.  Estamos llamando la atención.

A duras penas consiguió calmarla, pero hicieron juntos el regreso a casa. Acostados, cada uno fingía dormir, pero pensaban en lo vivido por la mañana en el hospital.  Charles no entendía la actitud de Terry, sabía que amaba a su mujer, que iban a tener un hijo y que no dejaría su hogar por nada del mundo, ni por ella ni por nadie.  Pertenecía a Lola y a nadie más.  Ella fue un pasatiempo que duró algo más que otros, pero simplemente fue eso, y duró lo que duró.  Lola, a pesar de que no deseaba pensar en ello, no se la iba de la cabeza la escena vivida, y unos horribles celos mordían su corazón



Al despertarse,  su amor y deseo selló todo resquemor entre los esposos.  Ya no había ni rastro de duda en Lola ni de incertidumbre en Charles.  Amaba a esa mujer con todas sus fuerzas y no permitiría que nada ni nadie la perturbase.  Les había costado mucho llegar a entenderse como para ahora echarlo todo a rodar por un viejo romance sin importancia.  Protegería a su mujer y a su hijo con uñas y dientes.

Ya habían olvidado el incidente y Lola estaba a punto de dar a luz, cuando un coche de lujo se paró frente a su casa.  Del coche descendió una mujer preciosa, bien vestida y muy llamativa.  Lola se encontraba en la habitación destinada al bebe, preparando la maleta que había de llevar al hospital, pues había salido de cuentas y el momento se acercaba.  Al asomarse a la ventana, vio llegar ese coche y un instante después sonar el timbre de su casa.  Bajó despacio el tramo de escalera que la separaba de la planta baja y abrió la puerta sin imaginar quién podía ser su visitante.  Se quedó boquiabierta al comprobar que era Terry, y en su gesto pudo adivinar que veía en plan de guerra

- Buenos días ¿ qué desea?- dijo escuetamente
- Supongo que eres la esposa de Charles. Si claro, te vi un día en el hospital cuando fui a recogerle
- Bueno, pues ya estamos presentadas. Y ahora dígame ¿ qué es lo que quiere?- en ese momento se le vino a la cabeza la imagen que presenció en el despacho de Charles
-¿ Puedo pasar ? lo que tengo que hablar con usted es un poco incómodo hacerlo aquí, en la puerta
- Le ruego que sea breve. Tengo que irme al hospital

La introdujo en una salita, y ni siquiera la ofreció algo de beber. No deseaba tenerla allí y quería que se marchara pronto.  En su interior, algo la decía que no era bueno lo que iba a contarle

- Verá- comenzó Terry- Hace no mucho me encontré con su marido por casualidad.  Estuvimos charlando, y entre otras cosas me contó que no es feliz con usted. Que se siente agobiado y presionado.  Que es una mujer muy testaruda y que a veces le pone en situaciones difíciles.  Que con este embarazo, le ha cortado las alas de su porvenir, ya que él pretendía salir de Plymouth y establecerse, quizá en Londres, pero que usted no quería salir de allí , y luego se quedó embarazada, posiblemente para evitar su marcha.  Yo siempre he querido a Charles, y él a mi también.  Me lo reconoció una vez que los dos descargamos nuestra conciencia. Él ya no está enamorado de usted, y es comprensible. No tiene más que echar un vistazo cómo es usted y cómo soy yo-dijo refiriéndose a su deformado cuerpo 
- No la creo. Se que me quiere, quiere este hijo que voy a darle. Es cierto,  es hermosa, pero se enamoró de mi y no de usted. Pero de todas maneras no es quién me lo tiene que decir.  La ruego que salga de mi casa. Yo arreglaré con mi marido lo que tenga que arreglar, pero desde luego usted no entra en nuestros planes.  Resígnese  señora, ha llegado tarde. El ya ha elegido.  .  Y ahora, por favor salga de mi casa, tengo que parir un hijo de Charles

Terry, salió de allí deprisa, pues la seguridad y rotundidad de Lola no dejaba lugar a dudas.  Se sentó una vez que esa mujer abandonó su casa, y comenzó a llorar desconsoladamente.  Se miraba ella y comparaba su vestimenta con la de Terry, y hasta comprendía que Charles hubiera dejado de amarla.  Su vientre caído y descomunal, sus piernas hinchadas, al igual que su cara desencajada, y torpe andar,  justificaba que Charles ya no estuviera enamorado de ella.  Sintió un dolor punzante en su vientre y otros más seguidos.  Nerviosa y asustada, pulsó el número de Charles en su móvil.  Nadie la contestó.  Llamó al doctor Spencer y le contó los síntomas que tenía

- Lola tranquila.  Inmediatamente salimos para allá
-. Por favor, avisa a Charles.  No contesta al teléfono
- Está en quirófano, pero descuida en cuanto termine se lo digo.  Estate tranquila, en cinco minutos estamos allí.  Hay tiempo no te preocupes.

La hija de Lola y Charles venía con prisas e inmediatamente fue pasada a la sala de partos.  Se sentía muy asustada. Había visto parir a muchas mujeres, pero nunca había  sentido lo que se vivía en esos instantes tan intensos.  En muchas ocasiones, ella había ayudado a las parturientas, secándolas el sudor, o simplemente a no sentirse solas entre toda la gente que rodean a una mujer que da a luz. ¿ Dónde estaba Charles, por qué no estaba allí con ella?

- El doctor McKenzie lleva toda la mañana en quirófano, es una operación delicada. Pero le vamos a informar
- No, no le digan nada hasta que finalice la operación. Se pondría nervioso y yo estoy bien
- Pero él querrá saber cómo va todo
- He dicho que no- dijo con toda la energía que aún la quedaba.

Después de unas angustiosas horas, la pequeña McKenzie sintió a su madre por primera vez, sintió por primera vez la ternura de sus caricias.  Era una niña preciosa sana y fuerte.  Charles aún no sabía que había nacido su hija.  Cuando salió de operar, estaba agotado.  Miró su móvil y comprobó que tenía llamadas perdidas.  Una enfermera se acercó a él y le dijo

_ Doctor McKenzie, enhorabuena.   Tiene una hija preciosa
- ¿ Como, que mi hija ya ha nacido? ¿ Cómo demonios no me han avisado ?


La enfermera ajena a la orden dada por Lola, se quedó petrificada ante la reacción de Charles

- ¿ Pueden decirme al menos en dónde está?

Cuando la enfermera le informó de todo, salió corriendo para encontrarse con su mujer y su hija. Ambas ya estaban en la habitación, solas, aunque de vez en cuando entraba alguna enfermera.

- ¡ Dios mío !-, exclamó al ver a Lola y a ese montoncito de carne sonrosada que dormitaba en brazos de su madre- Mi amor, no lo he sabido hasta ahora.  Acabo de salir de una operación grave y complicada
- Lo sé. Fui yo quién dio orden para que no te lo dijeran hasta que terminaras de operar

La besó y abrazó y tomó entre sus brazos  a la pequeñina. Emocionado tenía los ojos llenos de lágrimas.  No dejaba de besar a su mujer agradeciéndola el regalo más grande del mundo:  una hija.  Le extrañaba que estuviera tan fría y poco comunicativa, pero tampoco le extrañó:  estaba recién parida, agotada y con ganas de dormir.




Lola no le menciono  la visita que había tenido antes de salir para el hospital. Eso era algo que tenía que aclarar cuando estuvieran en casa.









lunes, 8 de julio de 2013

LA CAMPIÑA CUBIERTA DE BREZOS / Capítulo 6º

Los primeros rayos del sol les daba de pleno en los ojos. La chimenea se había apagado y el frio de la habitación, hizo que Lola buscase refugio en los brazos de Charles para que la diera calor.  Él llevaba despierto desde hacía tiempo, pero no se atrevía a moverse por no despertarla.  Habían dormido toda la noche.  Las emociones vividas y el duro trabajo que habían soportado en ese día, habían agotado su organismo.  Charles la miraba con infinito amor.  Aún no se creía todo lo ocurrido, le parecía extraño que sus cuerpos se hubieran unido de la manera más natural, sin presiones, ni broncas, ni súplicas... sino simplemente con amor.  Ella era así, natural, transparente, pero por eso debía protegerla para que nada ni nadie dañase esa exquisita forma de ser.  Ya era su mujer, y lo sería para siempre, aunque no se unieran ante la ley, ellos estaban ligados de por vida, pasase lo que pasase. 

Retiró de su frente un ricito que se había escapado de su coleta.  Estaba bonita, relajada, y hasta sonreía en sueños ¿ Cuáles serían en ese momento?  Se rebulló a su lado apretándose más contra el cuerpo de Charles y ocultando su cara bajo la manta que les cubría.  Debía sentir frio.  La abrazó acercándola más a su cuerpo igual que si fuera una niña pequeña.  Quería infundirla su calor.  Lola abrió los ojos y acarició el pecho desnudo de él con una mueca de plena satisfacción


- Buenos días, guaperas. ¿ Has descansado?
- Buenos días amor ¿ Y tú?
- ¡ Dios mio ! he dormido como cuando era un bebé
- Me alegro, vida. Tenemos que levantarnos. Tenemos que viajar un poquito
- ¿ Viajar de nuevo, pero no habíamos llegado a destino?
- No cariño.  Te dije que este era nuestro refugio.  A donde vamos, es mi infierno
- No vayamos, no quiero que vayamos. No me importa tu vida anterior, de veras que no me importa.  Ahora no.  No quiero que sufras, y presiento que el lugar que sea  te ha causado dolor.  Ya basta. Me siento culpable por haberte arrastrado hasta aquí
- No mi vida, me has compensado con creces. Deseo, quiero,  acabar con esto. Será mi liberación definitiva.  De lo contrario sería algo que se interpondría entre los dos. Pero no creas, no te va a salir gratis
- ¿ Qué quieres decir?
- ¿ De verdad no lo sabes ? Necesito ese bálsamo para tener fuerzas.  Es muy difícil renunciar a él, después de haberlo probado
- ¡ Charles !
- ¿ Te avergüenzas?
- Pues un poco, la verdad.  No tienes nada de pudor
- ¿ Quieres que tenga pudor contigo? Muy bien
- ¿ Dónde vas ahora, qué haces?
- Corro las cortinas y echo las persianas.  Tendremos la más absoluta oscuridad. Yo me guio  por el tacto ¿ y tú?
- Guaperas, ja, ja, ja. Anda, anda.... que entre la luz
- No sientas tanto pudor conmigo, cielo. Soy tu marido

Habían transcurrido dos horas, cuando de nuevo estaban en la carretera.  No irían muy lejos.  En algo más de media hora se encontraron frente a una mansión típicamente inglesa.  Antes de llegar, Charles detuvo el coche y observaba la fachada. Durante largo rato permaneció  sin hablar.  Lola tampoco lo hacía.  No quería cortar los pensamientos que pudiera tener en esos momentos

- Vamos. Conocerás a mi padre y quizás a mi hermano también- dijo Charles
- ¿ Vive aquí tu padre? ¿ Tienes un hermano ?
- Si. Estás empezando a conocer mi gran secreto, Dolores. Antes de entrar, dame un beso... necesito fuerzas
- Cariño, demos media vuelta.  Me siento culpable por haberte obligado a que me dijeras todo. Ahora me arrepiento. No es necesario. Yo confío en ti
- No cielo. Me ha costado mucho tomar esta decisión y la voy a llevar hasta el final. Venga entremos

Toco el antiguo timbre, y un mayordomo de bastante edad, apareció ante ellos

- ¡ Señorito Charles, qué alegría verle por aquí!
- ¿ Qué tal Bob, cómo va todo?.  Esta señorita será mi mujer en breve tiempo. Dolores, te presento a Bob, mi  fiel y entrañable Bob
- Encantada de conocerle ¿ cómo está?
- Muy bien señorita... y muy contento de verles tan felices
- Lo somos Bob, lo somos. Y ahora ¿dime dónde está mi padre?,  y Sean  ¿ está en casa ?
- Su padre en la biblioteca, como siempre y el señorito Sean ha salido a montar. Pero no vendrá muy tarde

-Mi hermano se dedica a la cría de caballos pura sangre. Le gustarás cuando te conozca
- ¿ Cómo es que elegiste la medicina?  Esto es un paraíso
- Entonces no lo era, no lo era en absoluto.  Ya lo comprenderás cuando conozcas todo

La tomó de la mano y juntos se dirigieron hasta una puerta grande, de maderas nobles, muy del estilo de la casa. Lola había echado una ojeada mientras Charles saludaba a Bob, y estaba atónita de lo que veía.  Miró su atuendo y de repente quería desaparecer,. No encajaba en aquel ambiente, en absoluto

- Que no te asuste lo que veas, sólo es fachada. No estés preocupada, no desentonas en absoluto
- ¿ Cómo puedes saber lo que pienso?
- Porque te conozco. Porque eres transparente, ya te lo he dicho.  Anda entremos

Delante de un enorme ventanal, estaba un hombre mayor, pero no en exceso, aunque se le veía enfermizo, sentado en una silla de ruedas.  A sus pies un hermoso perro le hacía compañía.  Todo muy inglés.



Charles, se acercó a él lentamente. Lola se quedó rezagada, quería que ellos tuvieran su intimidad

- Papá- dijo Charles
 El hombre giró la cabeza y su inexpresiva cara tuvo por un momento un rastro de alegría.  Charles se agachó hasta llegar a su altura y le abrazó emocionado.  El anciano temblaba y de sus ojos se escapaban algunas lágrimas. También Charles tenía los ojos brillantes

- Papá, voy a presentarte a la mujer que va a ser mi esposa.  Se llama Dolores, aunque ella prefiere que la llamemos Lola, y es española

Lola se acercó solícita, emocionada. Adelantó una mano para saludarle, pero el anciano extendió sus dos brazos.  Quería abrazarla.  Ese gesto desarmó por completo a Lola, que de rodillas al lado de él le abrazó emocionada.  El hombre con gran esfuerzo pronunció unas palabras " es muy bonita. Gracias hijo por haberla traído"

El perro a los pies del anciano, sin levantar su cabeza movía la cola en señal de complacencia. Sólo cuando la voz de Charles se dirigió a él se incorporó de su postura , acercándose

- ¿ Qué hay Rick, ya no te acuerdas de mi?- Charles acarició su cabeza y en su mano recibió el lametazo del can- Es muy viejecito.  Lleva con nosotros más de quince años. Lo encontramos cuando aún mamaba de la madre. Tuvimos que criarle a biberón. Ha sido fiel en extremo.

- Señorita...  Charles, ¿ desean tomar algo?- dijo Bob
- Cariño ¿ te apetece té, café o algo de comer?- dijo Charles dirigiéndose a Lola
- Por favor, un café con leche- solicitó ella
- Para mi nada. Gracias Bob

A Charles se le notaba nervioso. Sin duda el volver a su casa y ver a su padre, le producían recuerdos.  El padre hablaba poco, casi nada. La conversación era llevada por Charles, que por momentos se impacientaba.  Lola  apenas hablaba, no sabía qué decir. Se sentía extraña en aquel ambiente, tan triste, solitario y silencioso lugar.

- ¿ Dónde está mi hermano, dónde está mi hermano?- un hombre algo más joven que Charles, entró en la habitación como un huracán.  Se parecían muchísimo.  Sus caras eran casi iguales: la misma expresividad.  Más sonriente y alegre, parecía Sean.

Ambos hermanos se fundieron en un abrazo emocionado. 

- Hacía tiempo que no venías por aquí- reprochó Sean a Charles
- Es que he tenido mucho trabajo. Pero ya estoy aquí- dijo Charles
- Y esta preciosidad ¿ quién es ?

Una balbuceante voz, se alzó para dar respuesta a su hijo

- Se van a casar

- ¿ Que te vas a casar, con ella ?- un Sean extrañado a penas dominaba la curiosidad que Lola le inspiraba
- Así que vamos a ser cuñados.  Estupendo

Se fueron después de comer, con la promesa de que volverían antes de contraer matrimonio.  De nuevo emprendió una nueva dirección

- Y ahora ¿ dónde me llevas?
- Ya lo verás. Enseguida llegamos. Está dentro de la finca.

Aparcó el coche en el arcén y ayudo a Lola a salir del vehículo.  tenían que atravesar un extenso campo de brezos hasta llegar a una especie de casucha medio derruida.



Parado frente a su puerta no soltaba de la mano a Lola, una mano que la presionaba hasta cortar su circulación.  Ella presentía  que los recuerdos se agolpaban en su cabeza.  No hablaba, sólo miraba la cara de Charles. Se agarro fuertemente a su brazo con el que la quedaba libre. Quería que sintiera que estaba a su lado, y que lo que fuera lo ocurrido allí, siempre la tendría cogida de su brazo para caminar juntos.  Le quiso más que  nunca. Debía de amarla en extremo para pasar por aquello que tanto daño le hacía.  La condujo hasta la casa y entraron juntos. La soltó de la mano y la tomó por la cintura.  Necesitaba sentirla a su lado, que su cuerpo estuviera lo más cerca posible del suyo.

Debía de haber sido una caseta de aperos.  Todavía quedaban restos de utensilios oxidados por el paso del tiempo.  En un rincón de la caseta, en el suelo, había un colchón, viejo, sucio.  Lola pensó que sería de algún vagabundo que se resguardaba del frio en aquel lugar. En ese preciso momento, Charles dirigió su mirada al mismo colchón, que hasta entonces había ignorado. Sus palabras resonaron en principio huecas, como sin alma.  Después poco a poco, la emoción le iba ganando, y en algunos párrafos tenía que interrumpir su relato para tragar saliva y poder continuar

-" Sean tenía catorce años y yo dieciséis, cuando mi madre murió.  Cuando dio a luz de mi hermano, le quedaron algunas secuelas, diabetes, quizá, de las que nunca se curó. . A medida que los años pasaban, su salud se quebrantaba más. Mi padre la llevó a los mejores especialistas, pero nunca supieron, al menos es lo que nos dijo mi padre a Sean y a mi, cuando murió.  Mi padre la adoraba y se volvió medio loco cuando ella se fue.  Nos metió en un colegio internos, pues él se veía incapaz  de podernos criar. Estuvimos en el colegio tres años.  Durante ese tiempo conoció a una mujer, Gladys, que le engatusó para mitigar su soledad.  Tanto le engatusó, que se casó con ella.  Nosotros lamentamos que tan pronto hubiese olvidado a mi madre, pero él nos decía ; "nunca podré olvidar a vuestra madre, pero tengo que ocuparme de vosotros.  Os necesito a mi lado y no en un colegio en el que sólo os veo unas horas a la semana. Gladys es una buena mujer, y también está sola.  Hemos decidido unir nuestras vidas y volver a ser una familia como lo éramos antes".  Y se casaron y volvimos a vivir en nuestra casa.


Gladys

Conocimos a Gladys el día que llegamos de regreso.  A ninguno de nosotros nos gustó. Era una rubia de bote, más joven que mi padre y con ansias de dinero.  Claro que eso lo supimos después.  Desde el primer día sentía una inclinación especial por Sean. Era un crio alegre, simpático y guapo.  Yo no terminaba de fiarme de ella y estaba siempre alerta a cualquier movimiento que hiciese.  Durante el primer año, todo fue dijéramos que bien... Fue a partir de la Navidad del primer año de casados , cuando una noche, una gélida noche, Sean se levantó
-¿ Dónde vas ? hace frio-le dije
-Calla, sigue durmiendo. Voy a la cocina a beber agua
- Ahí tienes una jarra, bebe de ella
- Esta caliente por la temperatura de la habitación. La quiero fría
- Ponte una bata, no te resfríes"

"Enseguida me quedé dormido, pero entre sueños oía en el jardín algunos ruidos extraños, que al estar adormilado, no supe identificar.  Al despertarme a la mañana siguiente, vi que la cama de Sean estaba vacía.  Me vestí y bajé a desayunar.  Pregunté a Bob en dónde estaba, y él no supo contestarme.  No fue la única vez que durmió fuera de su cama.  Sospechaba lo que hacía.  Pensé que se había enredado con alguna chica  del servicio, y le sermoneé por ello. Apenas tenía diecisiete años recién cumplidos y no creía que debía empezar con juegos sexuales tan pronto y en la misma casa.  Desde que mi madre murió, me sentí responsable de él.  Mi padre viajaba constantemente, y a nosotros la soledad nos pesaba.  Nos apoyábamos el uno al otro."

"Estaba preocupado seriamente y una mañana a su regreso de su escapada nocturna, le pedí me confesara la verdad de lo que hacía.  No había manera de que hablara. Me parecía muy caballeroso por su parte me ocultara la identidad de la chica, pero nuestra discusión subía de tono por momentos y ante el temor de que mi padre se enterará, capituló.  No podía creer lo que me estaba contando"

- Se trata de Gladys, pero por favor que nadie se entere
- Pero ¿ te has vuelto loco ? es la mujer de papa´¿ Desde cuando estáis enredados?
-¿ Te acuerdas de la primera Navidad del año que se casaron?
-¿Esa noche...,  esa?
-Si...  Llevaba detrás de mi hacía meses. Me besaba, me toqueteaba la cabeza con la excusa de que tenía un cabello precioso.  Un día me llevó hasta la cabaña y allí...
- Cállate por favor. No sigas que voy a vomitar. ¿ En qué pensabas ? eras casi un crio y ella un vejestorio, y además la mujer de nuestro padre. Sal de mi vista o te daré una paliza.  ¿ Usaste al menos protección?
- No, no quería que me lo pusiera. Me besaba repetidamente, una y otra vez, y yo no sabía como evitarlo.  Era algo nuevo para mi, algo agradable que nunca había sentido.
- Tienes que cortarlo, pero ya mismo. Hoy, ahora. Hablaré con ella
- No por favor, no lo hagas, me moriría de vergüenza.  Me amenaza con decírselo a papa
- Descuida, no se lo dirá
- Dice que si se entera, le convencerá para que crea que la he violado
-¿ Qué tu la has violado? ¡ Qué poca vergüenza, con un menor y además hijastro. ¿ En qué manos ha caído nuestro padre?

"No sé cómo lo harían, Sean no volvió a faltar en su cama, pero yo sospechaba que seguían sus relaciones. Ella era una cualquiera y mi hermano era un inocente pardillo que había caído en sus redes.  Un tarde, observé que Sean salió a caballo en dirección a la cabaña.  Le seguí, y efectivamente allí estaban, revolcándose en ese mugriento colchón.  Al entrar yo, se quedaron sorprendidos.  Yo estaba lleno de furia, y sin pensarlo más, comencé a desnudarme hasta quedar en cueros totalmente.  Los ojos de Gladys brillaban de deseo y los de Sean estaban aterrorizados."

Charles se pasó la mano por la cabeza como para borrar aquellos recuerdos que le asqueaban.  Lola le escuchaba sobrecogida, pero ni siquiera pestañeaba para no romper el clima que se había creado

" Me lancé sobre el cuerpo desnudo de Gladys. Sus carnes blanquecinas y fofas me daban náuseas, pero estaba dispuesto hacer lo que fuera por salvar a mi hermano. Ella suspiraba, gemía de placer mientras clavaba sus uñas en mi espalda. Cuando terminamos, quiso repetir. Y yo con ganas de vomitar cumplí sus deseos. Creía que así dejaría en paz a mi hermano y se engancharía conmigo.  Yo tenía más control sobre mi cuerpo, y además me repugnaba.  Cuando llegamos a casa, estuve casi una hora restregándome el cuerpo en la ducha  para quitarme el olor de ella,  a perfume .  barato.  Ella no había sido la violada, era yo el agredido.  Estaba dispuesto a seguir con el juego hasta que Sean se desenganchara de esa mujer, durara lo que durara.
Las relaciones íntimas con mi padre no debían ser buenas, y algo debió sospechar, porque una noche que estábamos haciéndolo.  Se abrió de golpe la puerta y en el umbral a  contraluz, se dibujó la silueta  de mi padre con una fusta en la mano."




Al llegar a este punto, Charles echó la cabeza hacia atrás y tragó saliva

" Sin esperar a más, sobre mi cuerpo desnudo, descargó toda la rabia y repugnancia que le producía aquella escena. Una y otra vez recibía los golpes en la espalda , en las nalgas, en donde me pillara.  Yo no me movía, no me quejaba, a pesar de que sufría un dolor insoportable.  Debajo de mi, ella permanecía asustada, sin pronunciar palabra.  Mi hermano llegó cuando me estaba azotando, y fue él quién detuvo su brazo para que no descargara sobre mí,  tantos golpes.  Lloraba a pesar de sus diecisiete años " no le pegues más, no le pegues más. Es inocente, lo ha hecho por mi", repetía una y otra vez, pero mi padre no escuchaba.  Tenía los ojos inyectados en sangre. A patadas y empujones quitó mi cuerpo ensangrentado y dolorido de encima de su mujer.  Entonces antes de perder el conocimiento, la escuché decir : soy inocente, ha sido él, me ha violado.  Mentira, mentira, gritaba mi hermano, pero mi padre no escuchaba cogió la ropa de ella y secamente la ordenó: vístete y vámonos de aquí.  Prenderé fuego a esta  ponzoña.  Y tú, me dijo, no vuelvas más por casa. No me importa dónde vayas, pero no te quiero ver más nunca."

" Yo perdí el conocimiento y no sé el tiempo que permanecí en aquel lugar, en el suelo, desnudo y mal herido.  El frio de la noche debió despabilarme, cuando de nuevo se abrió la puerta y un aterrorizado Bob, entró portando gasas, algodones, ungüentos, qué se yo.  Echó agua en una palangana y despacio, muy despacio, comenzó a lavar mis heridas con la sangre coagulada.  Apenas si tenía fuerzas para quejarme. Me dolía, me escocía cada vez que pasaba la gasa por encima de mi piel.  Puso unas sábanas encima del colchón mugriento, me dio agua y me dejó tumbado boca abajo, tapándome con una ligera manta.  Me había dado un fuerte calmante y poco a poco, volví a quedar dormido o inconsciente, no lo sé exactamente."

"No sé los días que permanecí allí.  Bob y mi hermano me llevaban la comida, y en cuanto estuve mejor, recogí mi ropa. Bob me había llevado algo de dinero.  A partir de ese momento debía buscarme la vida como mejor supiera."

" Tomé la carretera adelante.  Cuando me cansaba me sentaba en la cuneta esperando que algún coche pasara y me acercara hasta... no sabía dónde.  Me daba igual.  Algunos días sentía que la fiebre me atacaba, pero no tenía ni una triste aspirina que tomar.  Cuando recuperé las fuerzas, me ofrecía para trabajar en las granjas haciendo lo que fuera por un plato de comida ó unos chelines. Lo suficiente como para comer aunque fuera un bocadillo  No sé el tiempo que me tomó llegar hasta Londres y allí conseguí   trabajo en una barcaza transportando basura por el rio . Notaba que me daba fiebre casi todos los días y eso ya no era normal.  Acudí a un ambulatorio, y allí una enfermera al quitarme la camisa, se quedó de piedra al ver las escabechina que tenía en la espalda.  Uno de los fustazos, o dos, no sé, se habían infectado.  Me curaron y durante dos días me dejaron ingresado.  La enfermera que me atendió, parecida a Regina, me trató con tal cariño que me emocionaba.  Durante esos días me acordaba de mi madre y lloraba por las noches como una criatura pequeña."
" Al sentir el cariño, la paciencia, con que aquella mujer trataba a los enfermos, fue lo que me hizo pensar en estudiar medicina.  Pero no sería un médico sin más, sería el mejor cirujano.  Trabajé de albañil, de basurero, de todo lo que me saliera... De ese modo pude estudiar, primero nocturno y después conseguir una beca para una universidad estatal."
" Escribía a mi hermano para saber cómo estaban las cosas.  Me dolía mi padre, no por el castigo, sino por la arpía que había convertido en su mujer.  Por Sean supe que la repudió y pidió el divorcio, concedido por una fuerte suma de dinero.  Desapareció para siempre de nuestras vidas, nunca volvimos a saber de ella.  Un día llamé por teléfono a casa y Sean me dijo que papá estaba muy enfermo.  Había sufrido un ictus, y no se recuperaba.  Pedí a Sean que me mandara algo de dinero, ya que a mi no me llegaba nada más que para pagar la habitación que tenía alquilada y comer algún bocadillo.  Me lo envió al apartado de correos que le indiqué y volví a casa para ver a mi padre pensando que iba a morir.  Sean me recibió abrazándome y llorando a un tiempo. Al verme Bob se emocionó, contento al verme recuperado.  Mi padre permanecía en cama y un fisio iba todos los días a tratar de recuperar el movimiento de la parte de su cuerpo que se había visto afectada por el ictus.  Entré despacio en la habitación, pero él me oyó entrar  y giró la cabeza.  Al verme rompió a llorar como un niño pidiéndome perdón repetidas veces.  Me sentía emocionado, abrumado y aliviado al comprobar que no había perdido mi familia.  Permanecí en casa un par de días. Debía estudiar ya que tenía los exámenes cerca."
- ¿ Qué estudias ?- me preguntó con su voz vacilante y entrecortada.
- Quiero ser médico. Cirujano, papá, seré cirujano. Haré que te sientas orgulloso de mi
- Hijo mío, ya lo estoy, ya lo estoy. Sean me contó la verdad, pero no sabíamos dónde estabas y el no poder pedirte perdón me consumía.  ¿ Cómo te las arreglas?
- Bueno trabajo aquí y allá.  Estudio por las noches en una universidad a distancia. Tardaré más en sacar la carrera, pero la sacaré"

" Mi padre me obligó a dejar Londres, a vivir nuevamente en casa y me pagó la mejor universidad de Inglaterra.  Yo me esforzaba al máximo y saqué la carrera, y fui cirujano... el resto ya lo sabes. En vacaciones viajaba a España y bueno, echaba mis canitas al aire. Era joven, estaba sano y me gustaban las mujeres, el resto puedes suponerlo.  Pero me hice una promesa: jamás me comprometería con ninguna de ellas. Saldríamos, cenaríamos, dormiríamos juntos y al día siguiente las enviaría un ramo de rosas... Asunto terminado.  Terry fue la que más me duró, pero cuando ella llegó a mi vida, ya había otra carita en ella: tú.  Y todos los esquemas que me había forjado, se borraron de golpe y entonces comencé a proyectar mi futuro contigo.  Pero tú me rechazabas, y cuanto más lo hacías, más me interesaba por ti. Y eso es todo, mi vida. Ya me he confesado contigo, ya sabes absolutamente toda mi vida, que no ha sido todo lo fácil que creías."

- ¡ Oh mi vida!, te quiero, te quiero- dijo Lola al tiempo que rompía a llorar
- Eh, eh. Ya está, ya ha pasado todo. Y sabes ¿ qué ?, es como si me hubiera quitado una enorme losa de encima.  Por suerte,  a Sean no le causó ningún trauma, sólo que se hizo hombre antes de tiempo y de un modo irregular.  Ahora tiene novia y están a punto  de casarse.  Vivirán aquí con papa, y ella es un encanto de criatura. Es como una hermana para mi. Serán felices, Sean es muy buena persona.  Otra cosa que quería decirte

- ¿ Más ? mi corazón va a estallar de tantas emociones- dijo Lola
- No mi cielo. ¿ Sabes por qué tenía tanto interés en que fueras a la sexta?  Me asusté mucho cuando os oí hablar.  Mi madre empezó de ese modo, y aunque no supimos la verdad, creo que fue un tumor el que se la llevó
- No temas cariño, todos los años me hago una revisión, y acababa de hacérmela. Todo está bien, en perfectas condiciones.  Y ahora dame un abrazo y apriétame contra tu pecho hasta perder la respiración.  Pasemos página de una vez y tratemos de ser una familia feliz.




 

domingo, 7 de julio de 2013

LA CAMPIÑA CUBIERTA DE BREZOS / Capítulo 5º


Le vio salir corriendo, con una nueva energía.  Era un hombre que pocas veces sonreía, sin embargo era cercano.  Iba corriendo por el pasillo, cosa harto difícil en él, e iba sonriendo.  Lo vivido en el cuarto de lencería le había infundido nuevas energías.  Había sido un abrazo y un beso, pero después de unos días de inquietud e incertidumbre,  era la maravilla del universo el haberla tenido entre sus brazos y haber sido correspondido por ella.  Su cabeza pensaba a mil por hora.  Todavía no estaba todo solucionado.  Le hablaría con sinceridad, la contaría su verdad

- Si, si. Ya voy, ya voy
- Doctor McKenzie, es urgente
- He venido en cuanto me habéis llamado. Venga, vamos allá. Hay que salvar una
vida-, siempre decía esta frase antes de entrar a operar. Era como un talismán para él

Lola metida en el cuarto de lencería procesaba todo lo vivido, todo lo sentido en ese abrazo.  Duró apenas un minuto, pero fue intenso, en el que ambos volcaron la intensidad de sus sentimientos



- Reacciona, reacciona-, se repetía una y otra vez- Esto no es suficiente. Le quieres, es cierto, pero ¿ a quién amas?  Es un total desconocido.  No sabes nada de él, no conoces a su familia, si es que la tiene.  No conoces su pasado, ignoras el futuro.  Lo ignoras todo... No. No puedo comprometerme a nada sin antes saber qué ha sido de Terry, de las muchas Terrys que habrá tenido en su vida. ¿ Y si fuera un sádico, un asesino?... Por Dios, no pienses eso siquiera.. Pero he entregado mi corazón a un hombre, que excepto ahora, cada vez que nos vemos,  salimos regañando. ¿Seremos incompatibles? Hablaré con él muy seriamente.  No podemos seguir así. Necesito saber qué piensa hacer con esta relación.

Se atusó el cabello y salió de allí con un par de toallas en la mano . 

Como casi siempre en urgencias, la noche fue muy movida, sin un minuto de descanso.  Todos los quirófanos funcionaban a tope.  No habían tenido ni un minuto de descanso ni para tomar un café. Charles tenía una operación que se había complicado y le ocupó toda la noche hasta las cinco de la mañana.  Lola seguía trabajando a pleno rendimiento.  No fue hasta las ocho, con el cambio de turno, cuando al fin pudieron descansar. 

Charles la buscó en la cafetería, sin hallarla.  Preguntó a sus compañeras, y por fin una le dijo que estaba fuera,  en la calle,  tomando un café.  Hacia allí se encaminó.,  La vio sentada en un murito, como siempre.  Aún conservaba el pijama del quirófano.  Estaba despeinada y en su cara se reflejaba el cansancio.  Tenia la mirada perdida, sin mirar a nada en concreto, sumida en sus pensamientos

- Daría cualquier cosa por saber  lo que piensas-la dijo al acercarse
- Buenos días Charles
-¡ Charles ! ¿ qué modo es ese de recibir a tu novio ?
- No eres mi novio, y ¿ cómo quieres que te llame?
- Por ejemplo... cariño, amor, vida, tesoro ... doctor belleza - dijo riéndose al ver la perplejidad de ella
- Tienes muy buen humor para ser tan temprano y haber pasado la noche que hemos pasado-, comentó ella
- Si. La noche ha sido dura, pero el preludio fue fantástico.  Me inundó de energía para soportarlo
- No te entiendo, nunca te entiendo.  No sé cuando hablas en serio o en broma
- Pues ya deberías saberlo
- ¿ Cómo ? No te conozco, no sé nada de ti
- Yo tampoco conozco tu vida. Pero ¿ sabes ? no necesito saber lo que hacías antes de conocerte. Me importa a partir de ahí, de nuestro primer encuentro. Lo pasado, pasado está, sea bueno o malo. Ahora me perteneces... al menos en mi pensamiento. No me refiero a otra cosa.  Contigo hay que andar con pies de plomo, te lo tomas todo a la tremenda
- ¿ Ves, te das cuenta ?  Somos como la noche y el día. Tú reservado, misterioso, yo diáfana como una pared desnuda.  No. Somos de muy distinta manera.
-Oye ¿ por qué no nos vestimos y desayunamos en la ciudad, con tranquilidad y hablamos de ello?
-Vale, iremos a desayunar, pero después me iré a dormir.  Estoy muerta. Deseo que hablemos, pero es demasiado importante para hacerlo mientras mordisqueamos una tostada.
- Eres increíble, siempre tan cáustica, tan... al grano, como decís vosotros.
- ¿ Ves ? eso es otra cosa que quiero saber: tus andanzas por Ibiza.  Es que no sé nada de nada. Y no es posible tener una relación seria sin conocernos.  Al menos yo, no la tendré
- ¿ No quieres ser mi novia?
- No si no se nada de tu vida.  No funcionaría y yo me tomo las cosas muy en serio. Las cosas que me importan, y tú me importas... pero necesito conocerte, cuales son tus gustos, tus preferencias por algo.  Saber si tienes padres, hermanos, o incluso algún hijo... por ahí,  que tampoco me extrañaría tanto

-Parece que eso es importante para ti... Muy bien. Tenemos por delante casi tres días, hasta incorporarnos de nuevo al trabajo. Hablaremos en ese tiempo.  Te contaré todo, mi vida entera, toda,  tal cual. Pero a cambio deseo hacerlo en un sitio especial, de especial significado para mi.  Forma parte de lo que quieres saber. Está lejos,  por lo que tendríamos que hacer noche en el lugar.  No temas, no haremos nada que tú no quieras hacer. No te haré daño, no tengas miedo. No soy ningún sádico, ningún maltratador. Conmigo estás tan segura como lo puedas estar con tu madre



- ¿ Por qué no podemos hablar aquí?
-¿ Me tienes miedo, Dolores?
- No, no te tengo miedo.  Sé que no me harías nada para perjudicarme.  Sólo que no entiendo el porqué hemos de viajar para poder hablar
- Te he dicho que es importante. Es escenario de mi vida. ¿ Sabes huesines ? te quiero demasiado como para perderte. Vas a saber algo que ni mis más íntimos conocen. Voy a contártelo todo, sin dejar nada.  No quiero que tengas dudas de nada.  Cuando conozcas mi vida, tendrás la opción de estar conmigo o cortar la relación.  No te voy a ocultar que si sales de mi vida, me harás un daño increíble, pero será tu decisión, y por el cariño que te tengo, la respetaré sea cual sea.
- De acuerdo.  Dime cuando, dónde y,  a que hora debo estar lista. Iremos a donde quieras llevarme
-¿ Cuándo? dentro de un rato. Pasaré a recogerte en una hora. Llévate ropa de abrigo
- ¿ Por qué tan rápido? Necesito dormir algo, si no corres el riesgo de que me quede dormida mientras me hablas.
-Dormirás en el camino, serán unas tres horas en coche ¿ tendrás suficiente, Dolores?

Lola se le quedó mirando. En su rostro había signos de cansancio, pero el brillo de sus ojos le daban una renovada energía.  La miraba con tanta ternura, que no tuvo por menos de acariciarle y darle un ligero beso en los labios

- Yo te quiero, doctor belleza, más de lo que imaginas. Deseo con toda mi alma que lo nuestro funcione. Pero no lo hará si guardamos cosas en el tintero. Por escabrosa que haya sido tu vida,  quiero conocerla. No creo sea difícil de entender.  Pareces huraño, pero te veo operar firme, seguro por salvar una vida  .  Te he observado cuando hablas con los familiares de la persona que tienes en la mesa de operaciones y su dolor es tu dolor.  En esos momentos eres el más humano entre los humanos.  No puedes ser mala persona con esos sentimientos. Confío en ti, guaperas. Se qué voy protegida a tu lado, no temo a que cuando esté dormida te salgan unos enormes colmillos que hincarás en mi cuello y  chupes mi sangre.
- Eres tremenda, Dolores. Pero tienes razón, te protegería  con mi vida.  A nadie he querido nunca como a ti.  Anda, pongámonos en movimiento. Tenemos un tiempo precioso que no podemos perder-, dicho esto la abrazó y la besó
- ¡ Oye, que nos van a ver todos !
-¿ Qué importa ?, así sabrán  que el doctor belleza está loco por esta huesines



Unieron sus risas en una sola voz.

Bajo la ducha, Charles dejaba correr el agua sobre su nuca.  Necesitaba despejarse. Sabía que sería dolorosa la narración que tenía que hacer, pero era necesaria.  Era importante para Dolores, y eso era de suma importancia para él.  Si el no narra su vida seria motivo de rompimiento con ella. . Todo antes que perderla.  Dolores era un alma transparente, noble y sincera. Era el contrapunto perfecto para lo que él necesitaba.  Al cabo de un rato, corto el agua.  Dentro de unos minutos estarían juntos de nuevo. Sólo esperaba que ella le diera su comprensión y cariño.  Se vistió rápidamente. En un maletín de mano, puso alguna muda, un jersey y poco más.  Allí tenía de todo lo que pudiera necesitar.

Tocaba la bocina, fuerte, con energía, para avisar a Lola que ya estaba esperándola.  Ella se asomó a una ventana y con la mano le hizo una seña de que salía inmediatamente.  La vió venir hacia él sonriente. Llevaba unos vaqueros, una ligera camiseta de manga larga y una coleta, retirando de su cara el pelo que siempre se le escapaba.  Nunca había visto a una mujer menos arreglada y que resultara tan bella

- No me ha dado tiempo a arreglarme más. Perdona- fue lo que le dijo, besando su mejilla
- ¿ Qué tengo que perdonar? Estas muy guapa huesines. No te cambiaria por la mujer mejor vestida del mundo.  Esos vaqueros son muy provocativos, marcan perfectamente tus curvas que no son tan huesudas como creía
-¡ Charles ! vas a sonrojarme.  Creia que no te fijabas en esas cosas
- ¿ En esas cosas ? Esas cosas son bonitas y, claro que me fijo ¿ cómo crees que me enamoré de ti, mirándote sólo a los ojos?
- Ya, ya... Me cortas, me intimidas...
- Bueno no te preocupes. ¿ Nos vamos?
- Si... En marcha- lo dijo en tono jovial, pero ambos sentían inquietud. Uno por lo que había de contar y la otra por conocer de una vez algo sobre su vida, que a tenor  del secretismo, presentía no era muy agradable.

Dio al contacto del coche, lo puso en marcha y dijo a Lola

- Comeremos en carretera ¿ te parece?
  Ella apoyó su cabeza en el hombro de él y contestó:

- Lo que tú digas, rey-, Charles la miró feliz, por fin las cosas comenzaban a ser normales.

Pararon a comer en una cafetería junto a una gasolinera.  Ninguno de los dos tenía apetito, por lo que pronto dieron por finalizado el almuerzo.

- Ya queda poco, cielo, en una hora más o menos, habremos llegado
- No importa lo que tardemos. Estamos juntos-, le respondió Lola

Pusieron música y hacían intervalos de silencio en los que cada uno repasaba mentalmente, lo trascendente de aquel viaje.  Ella también tenía su esqueleto en el armario.  Debía hacer también su confesión, cosa que la azoraba en extremo.  Nunca se había sincerado tanto con alguien al que a penas conocía.

Pasaron la última curva, y frente a ellos estaba la casa en la que deberían pasar ese fin de semana tan crucial

  Un maravilloso refugio rodeado de un maravilloso paisaje de la campiña inglesa, con extensos terrenos cubiertos de brezos color violeta, rosados, blancos...   Amalgama de colores que ni la mejor paleta de un pintor podría igualar

- Oh, amor, es una maravilla. ¿ Es un hotel ?
- No, Dolores es mi refugio...  nuestro refugio si tu lo quieres- la contestó



¿ Qué le ocurría que estaba tan melancólico? Casi estaba pesarosa de haberle obligado a venir. " Si le produce tanto dolor, no es bueno. Debe sacarlo fuera", pensó avanzando unos pasos para disfrutar del panorama.  Mientras él sacaba el pequeño equipaje y abria la puerta de la casa.

- Huesines, ven aquí
- Ya voy- y lo hizo corriendo hasta entrar en el interior de la casa.
-Quiero enseñarte todo esto
- ¿ Qué te ocurre? ¿Estás cansado del viaje? Si es así acuéstate un rato.  Yo mientras iré a dar una vuelta.  Es un lugar precioso
- No me pasa nada, cielo. Éste va a ser un día intenso, también, sólo eso.  Estoy procesando en mi memoria todo lo que he de contarte, en qué órden, por dónde empiezo, en fin, eso es lo que me ocurre.
- Mi vida, empieza por el principio, tranquilo.  Quién va a escuchar tu secreto soy yo. Estás a salvo conmigo
- ¿ Crees, acaso, que estoy en peligro?
- No, no lo creo. Pero pienso que va a remover en tu interior cosas que querrías borrar de tu vida, y eso es,  porque no estás muy conforme con ello.
- Exacto, siempre tan observadora, siempre tan perspicaz
- Si se te hace doloroso, puedo empezar yo
- Te he dicho que no me importa lo que hicieras antes de conocernos
- Pues esa es la cosa, que no hice nada
- No te entiendo
- Pues ahora lo comprenderás:  me independicé de mis padres a los dieciocho años. Trabajaba y estudiaba, fue difícil compaginarlo, pero no sin esfuerzo lo conseguí. Hice mis prácticas, me hice amigas, pero amigos  pocos. Salí con alguno, pero siempre a las primeras de cambio querían acostarse conmigo.  Quizá lo hubiera hecho si alguno de ellos hubiera llegado a gustarme, pero no fue así. Cuando esto ocurría, cortaba la relación inmediatamente.  Nunca me acostaría con alguien si no estuviera enamorada de esa persona,  al menos que me gustase, y eso no ocurría.  Por lo que opté por las amistades femeninas.  Al menos con ellas no corría riesgos.  Esos mismos chicos que pretendían hacerme el amor, al ser rechazados, difundían entre sus amigos que no me gustaban los hombres, sólo las mujeres.  Fueron años difíciles, pero se acabaron. Por si lo dudas, no soy lesbiana, me gustan los hombres, en especial uno del que estoy profundamente enamorada y, con el, quién sabe, si algún día tenga un temita.
- Me estás diciendo que...
- Eso mismo...
- Y yo que creí que esas chicas ya no existían, que eran una especie en peligro de extinción...  Oh, mi amor.  Te quiero. ¿ Ese es tu secreto ? Pues vaya birria de secreto
- No te rias, no todos sois tan comprensivos.  La mayoría de vosotros os reis al enteraros. Ya no está de moda.  Claro que tampoco lo busqué a propósito, sino simplemente surgió.
- ¿ Fue ese el motivo de tu rechazo y lo que ocasionó el disgusto?
- No creo.  Me gustabas, pero no creía estar enamorada de ti.  Me pilló por sorpresa y no me apetecía contar mi secreto a un desconocido.  Te hubieras reído y dado la gran espantada
- ¿ Estás segura de que hubiera hecho eso? Yo ya me había enamorado de ti, y ni mucho menos me hubiera reído, ni te hubiera dejado.  Tu secreto no tiene mayor importancia y, además tiene arreglo.  Un arreglo fabuloso a poner en práctica en cuanto tú lo desees
- ¿ Tú no lo deseas ?
-  Humm, Dolores.  Me quieres matar...



Se abrazó a Charles besándole por la cara.  El la estrechaba entre sus brazos cada vez con más frenesí.  En esta ocasión, Lola no opuso resistencia. La cogió en brazos, la introdujo en el dormitorio, y cerró la puerta de una patada.  Sólo ellos saben lo que ocurrió en su interior.  Cuando salieron de allí, ya era de noche, pero en sus caras se reflejaba la felicidad.

- Ahora es el momento en que el conde Drácula, clava sus colmillos en el cuello de la amada ....- dijo Lola mirándole fijamente con expresión de ternura en su cara
- Muy bien, te convertiré en vampira, mi vampira

Comenzó nuevamente a besarla en el cuello, simulando un mordisco

- No me dejes chupetones, sino seré el hazme reír de todo el mundo
- No importa,. Ahora eres mía y, no solo en mi pensamiento. Pero no me provoques, ya no tienes escapatoria. Te tengo en mis redes. ¿ Quieres saber una cosa?
- ¡ Claro !
- Pues de huesines nada de nada. Eres una preciosidad.

Ja, ja, ja.  Por primera vez en mucho tiempo eran plenamente felices. Ahora sabía Charles, que su confesión dejaría de torturarle para siempre   Lola preparaba algo rápido para cenar, mientras Charles encendía la chimenea.  En una bandeja pusieron algo de queso y abrieron una botella de vino.  Delante de la chimenea había una alfombra de piel en la se perdían los pies al pisarla, apartaron la bandeja y se recostaron en unos grandes cojines que normalmente estaban en el sofá.  Charles contemplaba satisfecho el rostro de Lola, que no denotaba el más mínimo signo de cansancio.  En su rostro se podía ver la felicidad. Sus ojos eran dos chispitas de luces que miraban con ternura al hombre que a su lado acariciaba su cara y su cabello

- Dolores, no tienes ni idea de cómo te quiero, de lo que soy capaz de hacer por ti, y del regalo que me has hecho esta tarde
- Por favor mi amor, no me lo recuerdes.  Me muero de vergüenza
- ¿ Por qué ? Estás conmigo, y si Dios lo permite, estarás con tu marido dentro de poco. Ya soy tu marido, aunque no lo hayamos hecho delante de un juez, o de un cura. Hemos sido nosotros mismos quienes nos hemos casado.  No necesitamos a nadie más.

Se inclinó sobre ella besándola y abrazando su cuerpo. Lola se acurrucaba en su pecho. Se quisieron nuevamente, y lentamente ambos abrazados, se durmieron dulcemente.