rosafermu

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viernes, 28 de noviembre de 2014

Miranorte - Capítulo 11 / Charla de amigos

Al poco tiempo de entrar, una musiquilla suave, avisaba a los asistentes que iba a dar comienzo la presentación de la película.  Las luces se apagaron y acto seguido se vieron las primeras imágenes del film.  Alba no pestañeaba.  No tenía idea sobre lo que iba a ver. Paul giró la cabeza hacia atrás para tratar de localizarla, y al hacerlo sonrió complacido.  Ella permanecía inalterable, nerviosa y expectante  Solamente había visto dos o tres películas de él  Hasta el momento de haberle conocido, no gozaba de sus predilecciones como actor.

- Espero que no tenga que ver escenas  de besos y sobateos, porque eso me pondría muy, muy nerviosa- se dijo mentalmente.



La película resultaba ser divertida, una comedia de enredos, celos, y amor. Nada demasiado trascendente, por lo que respiró aliviada.  Era una de tantas comedias, pero la interpretación de los actores era buena, y los exteriores se desarrollaban en un pueblo pequeño de las cercanías de Londres, por lo que los productores decidieron hacer la presentación en la capital de Inglaterra.  Al término de la cinta, comenzaron a salir lentamente los espectadores.  Paul y Douglas, eran retenidos en sus asientos por las cámaras de los reporteros gráficos  que incluirían  en la rotativa de periódicos y revistas,  dando el bombo requerido y la importancia de que uno de los actores estuviera presente en la sala, junto con un  aclamado  director, aunque no fuera el de la película.

Alba salió lentamente y procurando no estorbar, se situó en un rincón, aguardando pacientemente que Paul pudiera, al fin, reunirse con ella.  Estaba incómoda, fuera de lugar, y si hubiera podido, se habría largado de allí inmediatamente,  Pero la cortesía y la buena educación la obligaban a esperar a que sus amigos regresaran.  Los nervios y una emoción ante el encuentro inesperado, la mantenían tensa.  No era normal en ella ese comportamiento, acostumbrada a tratar con la gente por su condición de profesora y, ahora, de camarera.  Era Paul, la que la tenía en ese estado.  Se sentía minúscula, pequeña ante él.  Era un sentimiento  para el que no estaba acostumbrada, y que tampoco había tenido tiempo de hacerse a la idea de volver a verle, y menos en las circunstancias en que se vieron.  Todo ello la tenía algo aturdida.  El tiempo pasaba y nadie salía de la sala, y al estar sola en un rincón, algunas miradas indiscretas no dejaban de fijarse en ella, con lo que aún aumentaba más su impaciencia.

Fue Douglas el que salió primero.  En esa noche no era el protagonista. El no era el director del film, pero por hacer un favor a su amigo,  que si había dirigido la película, pero por encontrarse rodando en Sudamérica no había podido asistir.  También por amistad hacia Paul, ya que fue Douglas quién primero le dirigió cuando debutó en el cine.  Desde ese momento les había unido una gran amistad, y trabajaron juntos en otras dos películas.  Una de ellas la rodada en Miranorte.

- ¡ Ah, estás aquí ! - dijo a Alba cuando la vió
- Señor Douglas, voy a marcharme. ¿ Le dirá a Pual que me he ido ?
- Y ¿ por qué te vas a ir?
- Estoy algo cohibida.  Todo el mundo me mira como diciendo ¿quién es esta chica?  No estoy vestida para la ocasión, y ustedes tienen que atender a toda esta gente.  Creo que debo irme. Y además mañana tengo que madrugar mucho.
- No te vayas aún. Después de que todos estos nos dejen tranquilos iremos a casa de un amigo a esperar las críticas y nos divertiremos un rato
- No señor Douglas.  Creo que es mejor que me vaya. Yo no pinto nada en este negocio.  Créame que es mejor así
- Bueno... como quieras.  No te preocupes, le diré a Paul el motivo de tu marcha.  Te acompañaré hasta la parada de taxis
- No es necesario que se moleste, por favor
- ¿ Crees que me molestas? Por favor...  soy todo un caballero. Algo viejo y panzudo, pero todavía me quedan buenos modales

Ambos rieron y el director tomándola por el codo, la condujo hacia la salida del cine y la acompañó para que tomara un taxi, que la llevaría a su casa.  Fue tan caballeroso, que abonó la carrera al chófer con una suculenta propina.

-Bueno, niña, espero que volvamos a vernos. Salgo pasado mañana para Los Angeles.  No puedo demorar más mi regreso.  Estamos en post -producción de la película.  He de decirte que el tiempo que estuvimos en Miranorte fue una estancia muy agradable, y es un pueblo precioso.  Me gustaría que asistieras a la presentación.
-No sé señor Douglas. Ahora vivo aquí y Los Angeles está muy lejos.
- Bueno ya veremos- y dándola un beso en la frente se despidieron

Como cada día, Alba se levantó para acudir al trabajo.  No había dormido bien, y tardó mucho tiempo en hacerlo.  El haber visto a Paul, la había alterado.  Por lo inesperada de la situación, no sabía si arrepentirse de haberle vuelto a ver, aunque hubiera sido tan fugazmente como había ocurrido.

- ¡ Cielo santo, qué guapo está!...  y yo que loca soy. ¡ Qué ironía !, me vengo a Londres para tratar de olvidarle, y zás, me lo encuentro aquí.  Menos mal que se marchará  y no le veré.

Llegó pronto, como cada mañana.  Se puso el uniforme y se dispuso a incorporarse a su puesto de trabajo.  La mañana fue como otras tantas, con bastante trabajo a ratos, y otros no tanto.  La gente entraba por oleadas, y la mayoría eran turistas de visita por Londres.  Cumplido su horario de trabajo, entró en el vestuario para cambiarse de ropa.  Ya vestida salió para reunirse con su compañera, con la que hacía a diario parte del camino del regreso a casa. 

- Espérame un poco. Acaban de entrar unos chicos cuando ya iba a terminar el turno- la dijo su compañera
- No te preocupes. Mientras terminas me tomaré una Cocacola

Se sentó en un lateral del mostrador para no estorbar y aguardó pacientemente a que su amiga terminara.  En una mesa apartada, y en un rincón se encontraban unos chicos que charlaban amigablemente.  Uno de ellos permanecía oculto a la vista, ya que otro de los chicos era bastante alto y tapaba su visión.  Y éste último decidió que tenía que ir al servicio, cuando le vió



- ¡ Dios mio, está aquí !.  Esto es demasiado. ¿ Por qué el destino es tan juguetón?
-¿ Alba ?- una voz la sobresaltó al tiempo que Paul se levantaba y se dirigía hacia ella.
- ¡ Qué4 casualidad! - dijo extrañado
-Yo trabajo aquí.  La casualidad es que hayas venido tú- respondió ella
- También es verdad.  Pero ahora no trabajas. Ven a sentarte con nosotros.  Te presentaré a mis amigos
- Lo siento Paul.  Estoy esperando a mi compañera para irnos a casa. Termina su turno dentro de nada.
- ¿ Quieres cenar conmigo esta noche?
-No puedo, de verdad...  y tu tienes cosas que hacer, compromisos que atender
- ¿ No puedes o no quieres?- respondió él algo ofendido

Alba no supo que contestar, porque tenía razón:  no quería quedar con él.  La intimidaba la seguridad de él, la fama que le rodeaba y que seguramente les perseguiría a donde quiera que fuesen

- No se porqué, pero presiento que no deseas mi amistad. Me parece una excusa lo de tu compañera
- No, es cierto. Me encanta tu amistad, sólo que todo lo que te rodea me asusta un poco
- ¿ Por eso te fuiste anoche?
- Reconoce que yo allí no pintaba nada en absoluto, y todo el mundo me miraba extrañado de que yo estuviera allí, sin conocerme absolutamente nadie
- Eso no es cierto.  Te conoce Douglas y te conozco yo
- Pero vosotros no contabais. Estabais atendiendo a la prensa
- Mira me apetece mucho salir contigo y charlar tranquilamente. Si no es hoy, no vamos a tener otra oportunidad.  Regreso con Douglas a Los Angeles

Alba le miraba fijamente y escuchaba muy atenta lo que Paul la decía



" Como no salgas ahora, sabe Dios cuando volverás a verle"- decía su yo interior.  Y casi sin pensarlo, le respondió

- Esta bien, hablaré con mi compañera.  Pero ¿ vamos a ir todos?- dijo algo cortada
-No, ni hablar.  Con ellos haré el viaje. Yo quiero estar contigo, y que me cuentes cosas, de cómo te va todo, de tus proyectos..., en fin de todo.  Por cierto nunca me había imaginado que trabajaras aquí
- Soy emigrante ¿ recuerdas?  Llevo poco tiempo y no tengo muchas reservas económicas, por tanto tuve que aceptar el primer trabajo que me salió
- ¿ Por qué viniste a Londres? Para trabajar en esto, bien podías haberte quedado en tu país
- Tienes razón, pero...  vine buscando algo, y todo se ha truncado.  Marta, la chica que trabaja en la agencia...,  me ha ofrecido trabajo. . ., en Nueva York, pero aún no puedo irme
- ¿ Tu entiendes de ese negocio?  Recuerdo que me dijiste que eres profesora
- Si lo soy, y mi intención es el de encontrar un trabajo en la docencia, pero mientras tanto... Y no,  no se nada del trabajo del que se ocupa la agencia de Marta.  Me dijo que podía colocarme ne documentación, que no era muy difícil
- ¿ Y por qué no te vienes conmigo como mi asistente personal? Ya sabes como mi secretaria.  Te aseguro que no es difícil, sólo hay que controlar muy bien los trabajos a realizar y tenerlo todo muy en orden.  Claro que es bastante estresante y prácticamente estás de turno casi todo el día.  Pero sería estupendo ¿no crees?

Alba le miraba con los ojos muy abiertos ¡ asistente personal de él !. Le vería  a todas horas, iría con él a todas partes...  No sabía si sería capaz de resistir su presencia constante.

- Piénsatelo. Me encantaría que así fuera.  No se qué me pasa contigo, pero desde la regañina que me echaste... creaste,  sin saberlo,  un lazo muy fuerte. Quizá porque te veo tan indefensa, tan vacilante... que tengo deseos de protegerte,  de ayudarte, como lo haría un hermano mayor

" Dios mio, como si fuera mi hermano"- seguía repitiendo en su interior.  Poco a poco esa idea tomaba fuerza en su cabeza.- " Sería la única forma de verle y quién sabe, si con el tiempo..."



- Debes estar loco- le respondió riéndose- Yo no se nada de esas cosas
-Yo te enseñaría, no es tan difícil.  Inténtalo al menos. Has de saber que pago muy bien, y además si tenemos que viajar tendrás dietas.  Conocerás un mundo fascinante.  Un mundo que a las jovencitas os vuelve locas, aunque es algo artificial. ¿ Sabes ?  Por eso yo deseo rodearme con personas "normales", que no pertenezcan al mundillo del star- system, porque ellas me hacen tener los pies en el suelo.  Me hacen volver a la realidad si acaso se me olvida.  Creo que deberías pensarlo.

Alba habló con su compañera

- Oye, ¿ es ese chico que está en el mostrador?- le dijo su amiga señalando en dirección a Paul
- El mismo- respondió Alba
- Pero...  ¿ sabes quién es?
- Claro que lo se.  Le conocí en Miranorte cuando rodaban una película y nos hicimos amigos
- ¡ No puedo creérmelo ! ¿ Por qué nunca has hablado de ello?
- Verás..., es muy largo de contar.  En otro momento quizá. Ahora me está esperando
- Dile que me firme un autógrafo al menos
- Está bien. Dame un papel o algo

Alba regresó al lado de Paul y le comentó el deseo de su compañera

- Dila que venga.  No muerdo a nadie- respondió Paul riendo

Alba hizo una señal a su amiga para que se dirigiera hacia allí

- Señor Montgomery, no quería molestarle..., pero me haría mucha ilusión tener su autógrafo
- Claro mujer.  No hay problema. Dime tu nombre

Y al cabo de un momento salían del restaurante rumbo a no sabían muy bien dónde .  Paul preguntó a Alba

- ¿ Quieres ir a algún sitio en especial?
-No.  La verdad es que no conozco nada
- ¿ Cuánto tiempo llevas aquí?
- Casi un año
- ¿ Y aún no conoces la ciudad?
- Bueno... Los días que no trabajo me dedico a recorrerla, pero aparte de algún pub o pizzería, no conozco nada más
- Bien en ese caso, elijo yo ¿ te parece?
- Bien, me parece muy bien- respondió Alba algo cortada
- Perdona, ¿ puedo hacerte una pregunta?- la dijo Paul
- ¡ Claro ! dime
- Te noto..., no se... incómoda...  como si estuvieras a la fuerza conmigo
- Créeme, no estaría aquí si no quisiera.  Lo que ocurre es que me sobrepasas
- ¿ Te sobrepaso, en qué ?
- Todo tú. Todo lo que llevas contigo.  Ya sabes la fama, la popularidad.  Te desenvuelves con normalidad, pero yo no estoy acostumbrada y me violenta un poco
- Pero no me ha reconocido nadie, hasta ahora, y ningún reportero se ha acercado a nosotros. No debes violentarte. Soy una persona normal que me gusta divertirme como cualquier otro chico. Si vienes a trabajar conmigo, te acostumbrarás
- No creo que eso sea buena idea, Paul.  Lo mio es la enseñanza, y además quiero cumplir con el sueño de mi madre.  Si no lo hago pensaré que la he traicionado.  Ella perdió su salud por trabajar para que yo pudiera estudiar y tener esa carrera. No, no me parece justo echarlo todo por la borda. Lo siento Paul, no lo haré
- Eres buena persona, Alba y muy sensible, pero creo que no estás haciendo en este momento lo que debías.  Regresa a España y conviértete en profesora, como deseas, pero no te encierres en un pueblo pequeño.  No entierres tu vida, vívela, tienes derecho a ello.  No la consagres a un recuerdo, porque tu madre no lo querría.

Ella guardó silencio y bajó su cabeza para ocultar que los ojos se la llenaban de lágrimas.  Paul no tenía ni idea del sacrificio que estaba haciendo al renunciar a ese puesto de trabajo que tan generosamente él la ofrecía.  Era el amor de su vida, y era la única forma de estar a su lado, pero también sabía que él no la quería de la misma forma.  Para Paul, era una buena amiga nada más, y no se veía con fuerzas de presenciar los devaneos amorosos que él pudiera tener.  Eso sería más doloroso.  Prefería renunciar a él ahora, en ese instante y no ir más allá.

Ya era tarde cuando en un taxi, paraban frente a la pensión de Alba

- Bueno... ya hemos llegado- suspiró Alba
- Bien...  Alba...  no quiero perder el contacto contigo.  Hablaremos por teléfono de vez en cuando  ¿te parece ?
- Desde luego.  Siempre que quieras, o mejor, siempre que te lo permitan tus trabajos.  Tienes una vida complicada...  comparada con la mia, claro.
- Piensa lo de trabajar conmigo.  Piensa muy bien lo que vas hacer. 
- Así lo haré Paul, te lo prometo.  Te deseo el mayor de los éxitos y que todo te vaya muy bien
- ¡ Oh Alba !

Antes de que se diera cuenta, Paul la abrazaba y la besaba tiernamente.  El no se dio cuenta de que el rostro de ella cambiaba de color y que al sentirse entre sus brazos, cerró los ojos, como saboreando el momento, ese momento que difícilmente volvería a repetirse.









 

jueves, 13 de noviembre de 2014

Miranorte - Capítulo 10º -Noche de estreno

Nerviosa se agarró al asiento cuando el avión se deslizaba por la pista elevándose hasta alcanzar la altura requerida.  Abandonaba Madrid, y fue entonces cuando fue consciente de que todo lo que había planeado comenzaba a ser realidad.  Un nudo en el estómago, no de miedo al despegue, sino nervios ante la incertidumbre que ´sentía. ¿ Qué la aguardaba a su llegada a Londres?  ¿ Por dónde debía empezar?  Era toda una aventura emprenderla sin conocer a nadie ni tener perspectiva de trabajo.  Estaría sola, para bien y para mal.  Tendría que desenvolverse ella sola, valerse por si misma.  No tenía el cobijo de sus amigos.  Estaría en una ciudad inmensa, con distinto idioma, con costumbres distintas, muy diferentes a las nuestras.  Cuando el timbre anunció que ya podían quitarse el cinturón, y las azafatas comenzaron a repartir bebidas y revistas, entornó los ojos y echó el asiento hacia atrás buscando dormir, aunque sólo fuera para no pensar más en nada,  ni en nadie.

Aproximadamente tres horas, son las que habían transcurrido desde su partida de Madrid, hasta su llegada a Londres.  Una vez recogido el equipaje, miró en rededor buscando una oficina de turismo. Una vez localizada fue hacia el mostrador.  Tenía que encontrar un sitio en donde hospedarse, y esa fue la pregunta que realizó a la señorita que la atendió con amabilidad..  La facilitaron dos o tres tarjetas de pensiones económicas y no distantes del centro de Londres.  Como desconocía totalmente la ciudad, decidió cerrar los ojos y tras barajarlas, eligió una al azar.


Tomó un taxi y le dio la dirección de la tarjeta elegida.  Estaba en un barrio agradable con muchas tiendas de todo tipo, e inclusive algo bohemio.  Fotógrafos, artistas plásticos, se habían establecido en aquel barrio al norte de la ciudad. 

La pensión estaba regentada por un matrimonio de mediana edad.  La mujer de origen hindú, y su marido un clásico escocés.  Era la representación perfecta de la fusión existente en esa gran ciudad. No importan las razas ni las religiones, y todos conviven perfectamente.

Amablemente , el señor McGregor la condujo hasta su habitación, situada en el primer piso.  Era una pensión media, más bien pequeña, de pocas habitaciones, pero según la comentaron, de personas  educadas y responsables.  Nunca se daban escándalos ni alborotos.  Quizá porque todos eran de edad más que media, y sus oficios solían ser de representación de diversos productos.  La informaron los horarios de los desayunos, comidas y cenas.  Alba en principio comentó que de momento sólo desayunaría, puesto que debía buscarse un trabajo y para ello se trasladaría por toda la ciudad, y quizá no la coincidiera con el horario del almuerzo.  El señor Mc Gregor asintió con la cabeza y sonrió amablemente.

Una vez instalada en la habitación, recreó la vista por el entorno, abrió la ventana y se asomó al exterior para conocer el lugar.  A simple vista la gustó.  Se sentó en la cama y mirando al frente, sin ver, comenzó  a planificar el siguiente paso.  Ese día comería allí, después saldría a dar una vuelta para conocer el vecindario.

El día era frio, gris y hasta lluvioso. No faltaba de nata.  Plano en mano comenzó a andar, no distanciándose de la pensión.  No quería perderse el primer día. Debía ser una de las calles principales del barrio, porque estaba compuesta de comercios de las más diversas mercancías. Había bastante trasiego de gentes.  Se paró delante de los escaparates, y comprobó que eran comercios  agradables, pero no de lujo.  Cansada de dar vueltas, decidió regresar a la pensión, y hacer algunas llamadas a Mila, a sus amigas, y a Marta que no se había despedido de ella porque estaba en Los Angeles.  Esos trámites la ocuparían casi toda la tarde.  Se tumbó en la cama , y una tras otra realizó las llamadas.  La última sería Marta.  comprobó la hora y teniendo en cuenta la diferencia, pensó que estaba bien para llamarla, aunque estuviera trabajando.

Marta

Alba
-¿ Eres Marta?- preguntó tímidamente
- Si ¿ Quién me llama ?
- Soy Alba ¿ Te acuerdas de mi?- respondió casi con temor a ser inoportuna
- ¿ Alba ? ¡ Vaya !  Claro que me acuerdo ¿ Por dónde andas?
- Estoy en Londres
- Y ¿ qué haces allí?
-He venido buscando trabajo
- Pero ...  No entiendo nada
- Es muy fácil...  A mi regreso de Nueva York, comprendí que teníais razón.  Miranorte es un pueblo precioso, pero después de haber pasado unos días en la ciudad, creo que en mi cabeza se abrió paso la idea de un cambio. Y me decidi por Londres.  He llegado hoy, esta mañana
- Imagino que aún no tendrás nada... ¿ O has ido con trabajo ya?
- No, nada de eso.  Mañana muy temprano compraré el periódico y veré si encuentro algo.  De momento tendré que trabajar en lo que me salga.  Mis ahorros son escasos y no puedo permitirme el lujo de vivir de las rentas por mucho tiempo.
-Yo salgo mañana para España. Volvemos al trabajo.  Aún estaremos por allí bastante tiempo.  Podías haber esperado a que yo llegase. ¿ Te interesaría trabajar aquí?
- Aquí ¿ dónde, en los Angeles ?
- O en Nueva York.  Mi productora tiene oficina en ambas ciudades.  No tenemos más remedio que tenerlas.  Las celebrities viven a caballo entre ambos lugares.  Creo que te podría encontrar un hueco en algo
- Pero yo no se nada de tu trabajo
- Pero podrías estar en documentación.  Eso es más fácil y enseguida conocerías el sistema.  Te advierto que pagamos bien, y podrás conocer a bastante gente del cine
- ¡ Oh ! es muy tentador, pero ...  no sé...  me quería distanciar un poco de ...
- ¿ De qué ?
- De nada, no me hagas caso.  Estoy algo confusa.  Demasiados viajes en poco tiempo.
- Oye, tengo que colgar.  Mi jefe me mira con mala cara
- Dime a qué hora es buena para localizarte
- Por la noche.  Salgo a las seis, si no surge algo urgente,. claro.  Cuando llegue a España te llamaré.  ¿Sigues teniendo el mismo número?
- Si, si.  Nos será más fácil.  Con Londres, España sólo tiene una hora de diferencia. No te entretengo más.  Un abrazo
- Un abrazo Alba. Te llamaré, no te preocupes.

Y colgaron ambas amigas.  En el rostro de Alba se dibujó una sonrisa que al poco tiempo desapareció de su cara, como si algún recuerdo hubiera vuelto a su memoria

- ¿ Cómo me voy a ir a Estados Unidos? Además no tengo dinero para el pasaje y por otro lado  ¿Estará Paul cerca? Dios mio ¿qué debo hacer?  Por un lado me encantaría, pero por otro...

Pasaron más de quince días hasta que Alba consiguió un trabajo de camarera en un pequeño restaurante no lejos de la pensión.  Marta había vuelto a llamarla y habían charlado largamente. Habían reanudado el rodaje y tenían bastante trabajo porque por dos ´días habían tenido que suspenderlo por una fuerte nevada caída en Miranorte.  Alba no había hecho alusión a Paul, ni Marta le había mencionado.

- ¿ Has pensado ya lo de venirte?- preguntó Marta
-Aún no..., lo estoy pensando, pero ahora no puedo ir.  No tengo dinero suficiente. He encontrado un trabajo y ahorrando...  quizá..., pero tardaré un tiempo.  La verdad es que debería  volver a mi país. Aquí no creo que pueda trabajar en algún instituto, y aunque no me importa trabajar en lo que sea, creo que camarera no es lo mio. Tengo un horario descabellado y además tengo que aguantar las bromas de algún patoso, que cree que no le entiendo.  endrías que oir las burradas que me dicen.
- Alba, lo siento, pero creo que deberías plantearte en serio lo de venir, Aquí tendrás más oportunidades, pero claro...  tienes que ser tu quién lo decida.  Te volveré a llamar otro día porque ahora con la interrupción de las vacaciones y de la climatología andamos bastante retrasados. Cuídate amiga. Un beso
- Un beso Marta. Cuídate tu también.

Al despedirse Alba se quedó pensativa.  Necesitaba el consejo de alguien, y nadie mejor que Mila, pero ella aún estaba de luna de miel.

- ¿ Por dónde andarán?  Hace tiempo que no me llama. ¡ Ay, si pudiera darme su opinión !.  En fin, voy a acostarme.  Estoy molida.  - Y tras un bostezo, se acurrucó en la cama y se quedó dormida.  Soñó con pizzas, con aviones y con Miranorte. 

El despertador sonó a las seis de la mañana. Tenía un largo día por delante, otro más.  Estaba contenta por haber encontrado el trabajo, aunque no fuera su ideal.  Tenía unos compañeros agradables y su jefe no parecía muy severo, aunque no le conocía aún.  Ella se esforzaba por cumplir con su trabajo y hasta creía que lo estaba consiguiendo.  La recordó otros días y otro lugar de cuando fue camarera en el bar de Juan.  Lo de ahora no era muy diferente a aquello.  Sonrió nostálgica, e inevitablemente su memoria registraba un rostro.  Una cara por la que había dejado todo tratando de olvidar, pero estaba claro que no lo conseguía.  Pensó en la proposición de Marta

- A fin de cuentas...  tanto me da recordarle aquí como en Nueva York o en cualquier otro lugar.  Difícilmente vuelva a verle, como no sea en un cine, en alguna de sus películas.

Instintivamente abrió un bote de té a modo de hucha que tenía guardada en el armario, y contó los ahorros que había obtenido en su trabajo

- Humm, no está nada mal.  Las propinas han sido buenas. Con lo que gano me da para pagar la pensión y la locomoción.  Me ahorro la comida, puesto que como en el restaurante...  la cena basta con cualquier sandwitch o unas galletas con leche.  Puedo ahorrar un poco del sueldo más las propinas.  Pero tardaré una eternidad hasta que tenga el suficiente dinero para el pasaje y vivir durante algún tiempo. Dios mio esto es una locura.

Una vez arreglada, miró el reloj y comprobó que iba con retraso.  Bajó corriendo al comedor, y sin siquiera sentarse, tras dar los buenos días a los huéspedes que desayunaban, tomó un vaso de leche caliente y cogió unas galletas que comería por el camino

- Señorita, debería desayunar con calma - la dijo Monsieur Pierre, un representante francés que cada semana cruzaba el Canal y pasaba un par  de días en Londres
- Monsieur Pierre, lo sé...  pero hoy voy tarde. Que tengan todos un buen día- y salió como una tromba en dirección al underground.


Y el tiempo pasaba lentamente para Alba, para la realización de sus proyectos.  Al cabo de unos meses, había cambiado de trabajo. Ahora lo hacía en el centro de Londres, cerca de Picadilly Circus, en una pizzería.  No había perdido el contacto con Marta, y por ella sabía que terminado el rodaje de la película, todos habían regresado a Estados Unidos.  Ella seguía en Los Angeles.  Todo volvía a la normalidad.  La película que les había llevado a Miranorte, estaba en post-producción y aún tardaría casi un año para su estreno.  Nunca la mencionaba al actor, a pesar que sabía que ocupaba el pensamiento de Alba, pero precisamente por ello, no le nombraba.

Por estar tan céntrica la pizzería tenía siempre bastantes clientes, lo que hacía que la jornada transcurriera veloz.  Tenía poco tiempo para dedicárselo a ella misma.  Llegaba tarde y cansada a la pensión.  El día libre lo dedicaba a dormir, se levantaba tarde, y a pasear. 

Uno de esos días pasaba cerca de un cine, que estaba acordonado y había muchas jovencitas gritando desaforadas tras las vallas metálicas que las separaba de los que iban a desfilar por una alfombra puesta a tal efecto, y por la que pasarían algunas celebrities.  Era el estreno mundial de una película.  No tenía tiempo de ir al cine, por lo que no estaba muy puesta en los estrenos cinematográficos. 

Curiosa se puso detrás de unas jovencitas que nerviosas gritaban y agitaban sus blocs tratando de llamar la atención de los que pasaban a paso ligero y,  que los guardaespaldas impedían se acercaran a las fans que emocionadas les reclamaban.  Alba sonreía al verlas tan exaltadas

- ¿ Quién vendrá que las tiene tan locas?- se preguntaba así misma

No tuvo que esperar mucho tiempo para averiguarlo. Giró su cabeza en una determinada dirección cuando los gritos y los llantos de las jovencitas, arreciaron  El color de su cara desapareció, cuando comprobó de  quién se trataba

- ¡ Paul ! - sólo pudo pronunciar su nombre.

No podía moverse de allí, estaba totalmente rodeada de gente que la apretujaba para poder estar más cerca de su admirado actor, que cada vez se acercaba más al lugar firmando sonriente las fotografías y hojas de papel que le tendían.  Sonreía, pero a penas levantaba la vista de lo que le ponían delante para estampar una firma apresurada.  Y llegó hasta donde estaba Alba.  Trataba de encogerse para que no la viera, pero todo fue inútil. Quizá fue un grito  que sobresalió entre los demás, o algún movimiento extraño, o quizá la casualidad, él levantó la vista y se encontró de frente a los ojos oscuros de la chica del "hamon".



En un principio él  se quedó mirándola.  Su rostro le resultaba conocido.  Fue cuestión de un segundo, e inmediatamente pronunció su nombre

- ¡ Alba ! ¿ Qué haces aquí?

Alba no atinaba a pronunciar palabra.  Seguía lívida, sin hablar...., no podía hacerlo

- ¡ Eh ! ¿ qué te ocurre, no te acuerdas de mi ?

Alba abrió más sus ojos ante la pregunta de él

- Yo... si, si... ¡ claro que me acuerdo! Miranorte
- Exacto ¿ Qué haces en Londres, estás de visita?
- Señor, por favor, tiene que continuar...
- Un segundo por favor- respondió Paul malhumorado ante el requerimiento del guardaespaldas- Tráigame a esa señorita.  Alba ven conmigo
- Pero yo...- Alba no sabía qué decir, pero sintió que un brazo se extendía frente a ella apartando ligeramente la valla y tirando de su mano la hizo pasar cerca de Paul.

El seguía firmando,  sonriendo.  El guardaespaldas la condujo al interior de la sala y la dijo



- Por favor aguarde aquí.  El señor vendrá enseguida. Yo tengo que ir con él
- Claro, claro. No se preocupe, yo esperaré aquí

Pasaron unos instantes que a ella le parecieron eternos, pero por fin le tuvo frente a ella,  y recibió dos besos en ambas mejillas, por lo que sería odiada y envidiada por todas aquellas fans que seguían gritando para tratar de llamar la atención del actor.

Paul la tomó del brazo y se acercó a otra chica que tomaba nota en una agenda.

-Helen, necesito entrar con esta señorita. Es una amiga y no tiene  pase Colócala a mi lado
- Paul, no puedo. Los asientos están ya distribuidos y a tu lado está el director
- Bueno, pues búscala un sitio cerca. Haz lo que sea, pero la quiero cerca
- Está bien.  Veré qué puedo hacer

Revisó nuevamente la lista y encontró un cambio dos filas más atrás, con alguien que aún no había llegado.  Indicó el lugar a Paul y a Alba, que sonrojada asistía a la conversación entre ambos sin apenas poder decir nada

- Paul, de verdad no es necesario...  Yo puedo esperar fuera hasta que termines
- Ni hablar. Está todo arreglado.  No estarás sentada a mi lado, pero antes de salir, espérame en el vestíbulo.  Allí me reuniré contigo en cuanto pueda y nos iremos a cualquier lugar donde podamos hablar.
- Está bien.  Ahora ve a cumplir con todo este protocolo. No te preocupes por mi. Estaré bien

Paul tuvo que ausentarse reclamado por la prensa y Alba se situó en un rincón.  Se sentía fuera de lugar. No conocía a nadie ni tampoco iba vestida para la ocasión, en donde las damas lucían lujosos vestidos, mientras que ella llevaba su sencillo traje de chaqueta.

- ¡ Alba !-  una voz pronunció su nombre sobresaltándola- ¿ Qué haces aquí...  y sola?
- Oh señor  Douglas- respondió ella aliviada, al menos conocía a alguien-  Es una larga historia
- Espero conocerla, pero ahora no puedo ¿ Has visto a Paul?
- Si, si... por eso estoy aquí.  Me reuniré con él luego, a la salida.
- Pues luego nos veremos. Diviértete muchacha
- Eso espero, señor

Y lentamente fueron entrando todos a ocupar sus asientos.  Helen se acercó hasta ella y amablemente la condujo hasta el asiento que debía ocupar.  Al llegar vio que Paul ya se encontraba en su entrada y de pie, miraba para poder localizarla.  Al hacerlo sonrió y la saludó con la mano, y ella correspondió antes de sentarse en la butaca.