rosafermu

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viernes, 28 de junio de 2013

LA ULTIMA DANZA ( Basado en hechos reales )

DEDICATORIA:  Para aquellos,  cuyas ilusiones se vieron frustradas por un hecho fortuito.
 
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Nuestra protagonista, apenas tenía cinco años, cuando su madre la llevó a un cine de barrio en donde proyectaban" Las zapatillas rojas".  Fue una absoluta seducción la que experimentó al ver a Moira Shearer, con aquellas zapatillas, ejecutando primorosamente su danza. Quizá fuera el color poco usual en el ballet, o la danza en si, pero algo en su mente infantil se abría paso:  ser bailarina.
 
 
 
Desde muy pequeña, le bastaba escuchar una canción para comenzar a mover su pequeño cuerpo, y sonreír, jaleada por el rostro amable de su madre, que daba palmadas para  animar a su hija.  Simulaba delante de un espejo, las posturas que veía a los bailarines .  Alzaba sus bracitos y hacía girar sus manecitas para acompañar el ritmo flamenco que sonaba en la guitarra de algún "tocaor".    El que más la emocionaba era, Narciso Yepes en su interpretación a guitarra y orquesta, de su pieza favorita de Albéniz:  Asturias.
 
 
 
" Yo quiero ser bailarina", anunciaba a su padre, que la miraba y sonreía, sin hacerla demasiado caso, mientras él plasmaba algún paisaje sobre el bastidor que descansaba en el caballete.
 
El tiempo pasaba y se convirtió en una espigada jovencita , de brazos largos y cabeza adecuada para ser pareja de bailarin.  Su cuerpo delgado se cimbreaba al compás y,  ponía todo su sentimiento en ello.  Como premio  a ser buena estudiante, su padre la prometió inscribirla en el Real Conservatorio, pero no consiguió plaza.  Para no defraudarla, fue inscrita en una academia particular, en cuyas paredes había fotografías de los bailarines más afamados que habían pasado por sus aulas.  Pilar López, Rosario, Antonio, Mariemma, etc.
 
Pilar López
 
Pilar López
 
Mariemma
 
Mariemma
Rosario y Antonio
 
Antonio

 
 
 
Antes de comenzar su calentamiento, la gustaba contemplar aquellas imágenes sonrientes, que la incitaban a bailar, a bailar... Y hasta parecía la dijeran " no ceses en tu empeño, lucha hasta conseguir tus sueños"
 
Día tras día, durante años, estudió los bailes clásicos españoles: Albéniz, Falla, Granados...   En vista de su entusiasmo y después de algunas actuaciones en festivales en teatro, su padre siempre vigilante, hacía que tuviera los pies en el suelo:  " no te vas a dedicar a esto", la repetía.  Y es que en aquella época, estaba muy mal visto ser artista, máxime de cine o teatro.   En las restantes ramas del arte, no había problema, pero en los anteriormente citados, se cometían fechorías, sobretodo con los que empezaban,  y tenían ganas de triunfo.
 
 
 
 
Siempre tuvo esa espada de Damocles sobre su cabeza; conocía la firmeza de carácter de su padre y no terminaba de ver con buenos ojos que su hija anduviera  en la Farándula.
 
En un casting con Rosario, la aconsejó que aprendiera flamenco, y a ello se dedicó en alma y vida.  Seguía estudiando, sin fallos, pues sabía que si no aprobaba, sería de inmediato retirada de su gran pasión: la danza.
 
 
 
Obtuvo su carnet de profesional, examinándose en un teatro a los dieciséis años .  El día que la dieron ese aprobado, fue uno de los más felices de su vida. Pero, a pesar de que la salían algunos contratos, sus padres no lo veían claro, porque la principal cláusula  es  no pagar los gastos de desplazamiento de su acompañante:  tendría que viajar ella sola, corriendo el riesgo, harto frecuente en aquellos años en tourneé, dejar tirada a la compañía sin abonar el salario que habían firmado en contrato.   A sus  pocos años, sin experiencia, y sin haberse separado nunca de su familia, hacia que su padre rechazara la contratación, con la indudable decepción de la chiquilla que veía desvanecerse, una y otra vez sus sueños de siempre.
 
 
 
En vista de que el panorama en la forma de trabajar de los agentes teatrales, no era plenamente satisfactorio, el padre tomó la drástica determinación de suspender definitivamente su aprendizaje.  Fue un drama cuando la comunicaron que, " a partir de esa fecha cesaba automáticamente de acudir a la academia, y renunciara a su idea de ser bailarina". 
 
No podía creérselo.... En el fondo ella siempre creyó que podría doblegar la voluntad de sus padres, pero no fue así.  Al verla que había perdido todo su entusiasmo, cedieron a que continuara en la academia, pero sólo para " matar el gusanillo".  En su interior se avivó una pequeña luz de esperanza, pero el destino se alió con su familia, cerrando para siempre esa posibilidad
 
No tenía esperanzas de ser bailarina; conocía la firme decisión paterna, pero al menos podría seguir bailando, aunque fuese en la academia. 
 
Fue un día en que llegó temprano.  Así podría dedicar más tiempo para hacer barra, que normalmente era de una hora.  Estaba a punto de concluir su entrenamiento antes de empezar con las clases, cuando decidió hacer un destaque más alto que los acostumbrados.  Una posición del pié mal puesto, un chasquido en la rodilla que hizo que perdiera la visión durante unos segundos, y un fuerte dolor que la hizo caer sobre el tobillo que descansaba en el suelo.  Un fuerte dolor la hizo dar un grito, al que acudieron tanto la profesora como sus compañeras para ayudar a levantarla.  Ella no podía hacerlo.
 
 
 
Inmediatamente la profesora avisó a sus padres que fueron a recogerla y llevarla al médico.  El traumatólogo después de examinarla, fue contundente: " tiene una luxación en el tobillo, sin importancia, pero se ha roto el menisco"
 
En la actualidad es algo que carece de importancia y se soluciona con cirugía, entonces también, pero te imposibilitaba para desarrollar cualquier actividad que requiriese algo de esfuerzo.  Recuerda que la llamaban la enfermedad de los futbolistas, ya que esas lesiones eran frecuentes, y hacía que se retiraran del deporte.
 
Unos grandes lagrimones resbalaban por su cara, ante el anuncio del médico.  Sabía que su última ilusión se había desvanecido.  Ni siquiera podría ir a la academia. 
 
Con la rehabilitación durante largo tiempo, con las cremas recetadas para ello, se recobró a la perfección.  Incluso el médico se asombró de que con esa lesión, aún pudiera bailar, pero...  Fue lo último que sus padres necesitaban para quitarla de la cabeza, definitivamente , su sueño tan largamente acariciado.
 
Al regresar a casa, después de la última consulta médica, sentada en el sofá entre su padre y su madre, la hablaron con toda claridad. " sabemos que habías depositado todas tus ilusiones en ello, pero no puede ser y has de abandonar toda esperanza de volver a bailar.  Deberás centrarte en tus estudios, elegir lo que quieras ser, excepto artista, claro, y siempre contarás con nuestro apoyo"
 
- Disculpadme - dijo a sus padres, saliendo de la habitación rota en llanto
 
Después de pasar esa noche en vela, había tomado una decisión de la que nunca se volvería atrás: " si no quieren que baile, no lo volveré hacer,  jamás"
 
Y cumplió su promesa.  Por mucho que la insistieran en las fiestas familiares, prefería pasar por engreída o antipática, antes de bailar para hacer las delicias de los asistentes.
 
Llena de pena compró una gran caja de cartón y lentamente, como despidiéndose de ellos, procedió a embalar sus trajes de baile, sus zapatos, unas maravillosas zapatillas de media punta de color rojo, las partituras de su repertorio, las castañuelas, los crótalos, el abanico, el mantón, las peinetas, y hasta unas flores artificiales que se ponía en el pelo para bailar...  Lo hacía despacio, besando cada uno de esos objetos que habían constituido su ilusión.
 
 
 
 
 
 
 
 
Andando el tiempo, se hizo mayor, se enamoró, se casó, fue madre... pero nunca volvió a bailar, por mucho que su marido insistiera para que lo hiciera alguna vez para él.
 
Tuvo dos hijas a las que no enseñó a bailar.  Ya es abuela, y alguna vez da unos pasos junto a sus nietas, que la miran cuando lo hace sonrientes, como si no creyeran que puede dar unos pasos de baile..
 
Sus dos nietas  adoran bailar, aunque no es el mismo que ella aprendió, pero lo hacen bien, e incluso el chico tiene muy buen sentido del ritmo.  Las chicas van a una academia, cuyo examen final tuvo lugar la semana pasada, con nota de sobresaliente.  A pesar de que les guste, tienen muy claro,  porque sus padres así si lo han dicho, que no serán bailarinas si antes no terminan los estudios que ellas elijan, pero primero estudiar.
 
En la actualidad ha vuelto a una academia de baile,  aunque sólo va por distraerse junto a sus amigas.  Al principio de acudir a sus clases, fue muy frustrante para ella.  En su memoria lo tenía todo grabado, pero sus pies iban  por otro lado.   Se le habían olvidado muchos pasos.   No la importa, tan solo aspira a pasárselo bien y disfrutar con ello.  Pero aún recuerda aquellos años infantiles en que bailar constituía todo su mundo.
 
 
 
Cómo influye en nosotros algún hecho vivido en la niñez, y la repercusión  en el futuro de nuestras vidas.

jueves, 20 de junio de 2013

LA CARTA - Capítulo 14º / Sólos tú y yo

Guardaban silencio.  Azucena, por primera vez, estaba enfadada con Pablo.  Le dolía saber que para él había sido un "subidón", una chica más que había pasado por su cama. Ella le había querido siempre y había sido muy importante para ella, aquella tarde.



Pablo, se quedó viendo la televisión.  Estaba enfadado, dolido, triste... todo ello.  El anuncio de sus hijas de emprender una vida fuera del hogar le había caído como una bomba.  No se hacía a la idea de perderlas, porque " si por lo menos se quedaran aquí"....  Pero habían elegido caminos distintos, y María especialmente, se había convertido en toda una mujer.  Había entregado su corazón a un desconocido

- ¿ Cómo es posible que le prefiera a él, antes que vivir con sus padres?- pensaba egoístamente.  No admitía que él hizo lo mismo

Después de ducharse, Azucena se puso el camisón y se metió en la cama.  No había dado, ni tan siquiera, las buenas noches a Pablo.  Estaba furiosa con él, y no le dirigiría la palabra mientras él no la aclarase lo que había dicho.  Pero no se durmió, por mucho que lo intentó.  Se sentía incómoda, era la primera vez que esto sucedía y no la gustaba. Nunca se había dormido sin haber hecho las paces, pero en ésta ocasión Pablo permanecía en el salón y ella en la cama.

Era muy tarde cuando, apagó las luces y se dirigió al dormitorio.  Azucena parecía dormir.  Algo por dentro le decía que ella estaba enfadada y conocía el motivo.  No tenía razón en lo que le había dicho, sin duda estaba dolida y debía hacer algo.  Por primera vez, dormirían dándose la espalda.  Estaba enfadado con su mujer por haber salido en defensa de las chicas : " claro como no son sus hijas ..."- pensaba

Pero no tenía razón en pensar así;  ella quería a las chicas.  Tan sólo le había hecho ver que ellos hicieron lo mismo, que él hizo lo mismo, y que hasta su padre dejó de hablarle cuando dejó embarazada a Ingrid y tuvo que casarse aprisa y corriendo.

Su cabeza no paraba de pensar lo deprisa que había pasado el tiempo.  Giró la cabeza en dirección a Azucena que de espaldas a él, esperaba con impaciencia un gesto que le avisara de una reconciliación.  La abrazó besando sus hombros y bajando las hombreras del camisón

- Ven aquí... Sabes que daría mi vida por ti, que te he querido siempre.  Que ha sido una tontería lo que dije esta tarde.  Nunca fuiste un calentón ni una chica más.  Eras mi chica, la que me enamoró al primer instante de verte y  sigo enamorado de ti. Sólo... me pillaste desprevenido, no me di cuenta de que ya eran unas mujercitas, y que los pequeños, dentro de nada querrán volar solos, y que otra vez me enfadaré porque nos dejan .  Sé que tiene que ser así, pero me duele saber que pasamos a un segundo lugar
 
- Pero eso es la vida.  Desde que el hombre es hombre, ha dejado a sus padres y ha formado su propia familia.  No puedes evitar que se enamoren, son muy bonitas, y es normal que tengan "moscones" que las persigan.  Tienes que aceptarlo y cuanto antes lo hagas será más fácil también para ellas..
 
- ¿ Me perdonas por lo que te dije ? ¿ Ya no estás enfadada ?
- Depende...
- Depende ¿ de qué ? Ya te he pedido perdón y te he confesado la verdadera razón de aquella tarde, de nuestra primera tarde, de nuestra especial tarde.  Te envié una carta y en ella expresaba todo lo que sentía ¿ crees que alguien que tiene un calentón, escribe lo que yo te dije?

Azucena se giró hacia su marido y le sonrió,  acariciando su rostro.  Durmieron abrazados como hacían cada noche desde que se conocían.  Ella recordó aquella carta que aún conservaba junto con la que le envió años después, en una cajita junto a las cosas más preciadas para ella.




EPILOGO:


Pablo tomó parte de sus vacaciones para acompañar a sus hijas mayores hasta el destino que a partir de entonces, sería su nueva vida.  Lizzy quería pasar unos días con su abuelo, por tanto su primera parada sería Madrid para dejar a María.  Posteriormente viajarían a Paris.  Pablo quiso hacerlo así, para "quedarse más tranquilo"

María era feliz.  Prometió estudiar mucho y no suspender nunca, por mucho que le costase.  Tomaba sus clases por la mañana en la Facultad de Medicina, y por las tardes en la escuela de enfermería del hospital de La Paz.  Y terminó su carrera de cuatro años de enfermería, al mismo tiempo que Alejandro conseguía el MIR, tras terminar su carrera de medicina.  Algunas tardes coincidían en el parque cercano y pasaban un rato hasta que él tenía que reintegrarse a su trabajo y ella regresar a casa.  Seguían adelante con su amor y pensaron en vivir juntos, puesto que él comenzó a ganar un modesto sueldo y ella consiguió un puesto en un consultorio médico.  Se lo comunicó a sus padres por teléfono, pero Pablo ya se había hecho a la idea de que su hija volaba sola.

Lizzy, estudió Bellas Artes y conoció a un pintor que exponía sus obras en  Montmartre. No era conocido, pero si muy bueno.  Un día él la pidió que posara como modelo y Lizzy aceptó.  Era inevitable que se enamoraran.  Pierre, que así se llamaba el pintor, llevó el cuadro,  para el que Lizzy había posado,  a una galería y allí se lo colgaron junto con otras obras que tenía en el estudio.  El éxito que obtuvo fue grande, y su nombre comenzó a oírse en los círculos de las galerías y los marchantes.  Alquilaron un apartamento en la orilla izquierda y allí comenzaron su vida en común.  De momento no se casarían...

Todas estas noticias Pablo las recibía con normalidad, gracias a que Azucena le hacía ver que la vida consiste en eso y que nada podemos hacer por evitarlo.

Los hijos habidos en el matrimonio de Azucena y Pablo, crecieron, estudiaron y también se marcharon.  Angel siguió los pasos de su padre, pero en una gran compañía aérea.  Luisa, se hizo fotógrafa y recorría el mundo haciendo reportajes para una acreditada revista de medioambiente.  Pablo, se hizo astrofísico y trabajaba en el observatorio de Tenerife, en las Islas Canarias, teniendo su residencia en Santa Cruz.
Y María Isabel se enamoró de un pediatra y se quedó en Tejas.

María y Alejandro, se casaron al finalizar el MIR, pero ya habían sido padres de mellizos: un niño y una niña.  Residían en Madrid y recibían con frecuencia la visita de sus padres.

Un día Pablo, al llegar a casa, sentó a Azucena en sus rodillas, y la dijo:

- ¿ Sabes, cariño? he pensado jubilarme.  Tenemos un dinero ahorrado y con la pensión que me quede podemos vivir muy holgadamente.  Echo de menos a los chicos.  Todos están repartidos por el mundo y los que más cerca tenemos son María y Pablo, así que he pensado en que nos vayamos a vivir a Madrid.  Por lo menos tenemos cerca a María, podemos viajar a Canarias y ver a Pablo, y acercarnos a Paris y estar con Lizzy
¿ Qué opinas?
- ¡ Estupendo ! todo me parece bien si a ti te lo parece
- De acuerdo, entonces empezaremos las gestiones. Estaremos cerca de nuestros nietos¡ Dios mio ! ya somos abuelos.  ¡ Pero si hace nada cuando me peleaba con ella por lo terca que era !.  Te lo dije en una ocasión cuando trataba de convencerte de que no te marcharas porque las chicas te rechazaban : " ellos se irán y nosotros estaremos solos".  Al fin ese momento ha llegado, solos tú y yo.
- Hasta el fin de nuestros días, cariño.  Nos tenemos el uno al otro.  Ellos han elegido su destino y son felices.  Les echamos de menos, pero debe alegrarnos que sean felices y se quieran, los que tengan pareja, claro.

Y se instalaron en Madrid, en la antigua casa de Azucena, que hacía años había abandonado Consuelo para vivir en una residencia en Alicante, donde falleció de anciana.  A su sepelio acudieron Pablo y Azucena . 
 
 Llevaron a vivir con ellos al  padre de Pablo, que muy anciano padecía demencia senil.  Apenas hablaba, sólo para nombrar a su esposa fallecida hacía tiempo.  No pudieron disfrutar de su compañía por mucho tiempo. Un año después de instalarse en Madrid, falleció mientras dormía.  Seguirían solos su andadura por la vida, siempre juntos.

Ingrid y Julio, pasaban sus vacaciones con ellos en España. Julito vivía en Nueva York y era músico.  Vivia con su novia y eran felices.
 
Braulio, el hermano del primer marido de Azucena, Luis, les frecuentaba y alguna noche salian los dos matrimonios a cenar o al cine. La relación era excelente.
 
Aún eran jóvenes para disfrutar de los placeres de la vida.  Siempre estaban viajando, visitando a algún hijo desperdigado por esos mundos de Dios.  Y realizaron ese viaje de ensueño que no pudieron hacer al casarse por recibir a la cigüeña con tanta frecuencia.  Durante ese viaje volvieron a recobrar las energías de la juventud, y volvieron a amarse noche tras noche, sin reservas, con el inmenso amor que sentían el uno por el otro.   Y así sería hasta el fin de sus días.



NOTA DE LA AUTORA:

Alguien me preguntó en cierta ocasión el porqué mis relatos casi siempre terminan "bien".  Yo,  después de pensar la respuesta durante breves instantes, dije: " la realidad  supera a la ficción, en lo bueno y en lo malo.  A lo largo de nuestra existencia vivimos momentos amargos, muy dolorosos, como son las pérdidas de nuestros seres queridos.  También tenemos momentos de felicidad. 

 Pensé escribir un final feliz, porque la vida es sobradamente dura y difícil.  Al menos en la ficción, podemos hacerlo según nuestros deseos , y ese es el motivo de que mis historias, siempre "acaben" bien, ya que en mi realidad, no siempre ha sido asi". 

                                                 1996celta

                                                    
 


miércoles, 19 de junio de 2013

LA CARTA - Capítulo 13º / Si, quiero


Tanto Pablo como las niñas, desplegaban una intensa actividad. Partían para España al día siguiente y aún tenían que hacer el equipaje. Quería llevar todos los juguetes del bazar, todo se le hacía poco a María para regalar a su hermano




 
- Quiero que también sea americano, por tanto yo le llevaré la gorra de béisbol, el guante y el bate-, decía Lizzy entusiasmada
- Chicas, chicas... Vamos en avión y Angel es muy pequeño.  María el osito estará bien, y tú Lizzy, llévale la gorra, y si es que vienen a vivir aquí, ya le enseñaremos a jugar a béisbol. ¿ No os parece ?- ambas hermanas se miraron y comprendieron que su padre tenía razón
- Papá y ¿ para Azucena?
- Para Azucena, llevaremos unas alianzas y el anillo de pedida, todo junto.  La entregaréis un estuche cada una ¿ os parece?
- ¡ Siiii !-, dijeron entusiasmadas las chicas
- Pero .... Si accede  a vivir en América... las alianzas no las entregaréis, sólo se las enseñáis. En ese caso, nos casaremos aquí... y trairemos a los abuelos para que lo vivan con nosotros.  Porque Azucena tiene padres, aunque estén fuera de Madrid
- Traeríamos al abuelo?- dijo María
- ¡ Claro ! es mi padre y lo que siento es que no esté la abuela... Hubiera sido muy feliz

Azucena estaba de espaldas jugueteando con Angel que reclama el postre de su comida.  Ya tenía seis preciosos meses.  El pediatra  había aconsejado que le diera sólo una toma de pecho, como postre,  después de la comida, y quizá otra más después de la cena. Y así poco a poco retirarle el pecho materno.

Se establecía una comunicación única entre madre e hijo cuando mamaba. Ella le acariciaba la cabecita, besaba su manita, le hablaba, le sonreía, le cantaba y le estrechaba suavemente contra su regazo.  El bebé, como si comprendiera lo que su madre le decía, algunas veces, sin soltar el pezón, se detenía y  le dedicaba una amplia sonrisa.  En eso estaban,  cuando una alta figura y dos más pequeñas se posicionaron detrás de ella.  Giró la cabeza y al ver a los visitantes, no podía articular palabra.



- ¡ Pero ! ...  ¡ estáis aquí !

Pablo y Azucena se fundieron en un abrazo emocionado.  Pablo al tiempo que abrazaba a Azucena, acariciaba la cabecita de su hijo, del hijo que había tardado tanto tiempo en conocer.  En ese momento el bebé dejó de succionar el pecho de su madre y miraba extrañado a aquellas tres personas que nunca había visto.

- María, Lizzy, dadme un abrazo, por favor.  Vosotras habéis venido también- dijo sin poder contener las lágrimas de emoción

Las tres se abrazaron y las tres lloraban de alegría, y cómo no, extrañado por tanto alboroto, el niño también rompió a llorar.

- ¿ Le puedo coger ? - preguntó Pablo a Azucena
- ¿ Qué si le puedes coger? ¡ Eres su padre !...   Te hemos echado tanto de menos...

Azucena se volvió hacia las niñas, preguntándoles

- ¿ Queréis conocer a vuestro hermano?  Él ya sabe que sois sus hermanitas, yo le he hablado de todos vosotros.
- Azucena, yo... te dije cosas horribles... No sé cómo disculparme- María estaba nerviosa y no sabía cómo actuar
- No mi niña, no es necesario.  Estabas enfadada... pero ya pasó todo ¿ no es cierto ?
- Desde luego- se abalanzó sobre ella abrazándola
- Y tú Lizzy ¿ qué opinas ?
- Que es el bebé más hermoso que he visto nunca... ¡ Y... se parece a papá !
- Es cierto... Moreno, inquieto y simpático como vuestro padre.

Pablo se había separado del grupo de mujeres y en un lado de la habitación acunaba al niño entre sus brazos.  El bebe le observaba y le sonreía, algo que desarmaba por completo a un feliz y emocionado padre.

Consuelo preparó una comida especial y, estaba muy contenta por todos ellos.  Lo habían pasado mal, cada uno por un tema, pero ahora todos reunidos, por fin habían conseguido ser felices.

En la sobremesa, dijo Pablo:

- Bueno chicas, tenemos mucho de qué hablar así que creo debemos empezar.  ¡Vamos, traed los regalos !

Las chicas riendo salieron corriendo en busca de los obsequios que habían traído para el bebé y para Azucena, pero no olvidaron un detalle para Consuelo, que con tanto cariño había cuidado de Azucena y su hijo.

- Esperad un momento-dijo Pablo que levantándose de su sitio, fue hasta el de Azucena-  Sabes que te quiero más que a mi vida, que todos vosotros sois el motor de mi existencia.  No sé lo que haría si no os tuviera. Ya se han solucionado los problemillas que teníamos, así que ahora toca ser felices. ¿ Quieres casarte conmigo?

Por unos momentos se hizo un silencio expectante.  Todas las miradas se dirigieron a ella, que emocionada y al cabo de un instante, respondió:

- Si, quiero

Las chicas reían nerviosas palmoteando felices.  María que tenía en brazos a su hermano, tomó sus manecitas y también hizo que aplaudiera

- Venga, chicas, vamos...

Las chicas entendiendo la indicación de su padre, pusieron frente a Azucena dos estuches de joyería, y Pablo se dirigió a ella con todo el amor del mundo

- Mi vida, te pongo este anillo para que nunca dude nadie de que estás destinada  para hacerme feliz en la vida. Es imposible que represente el infinito amor que siento por ti, y que quedará sellado en cuanto seamos marido y mujer...  Y para eso está este otro estuche que te regalan mis hijas...





- Pablo, Pablo... Sólo puedo decir que te quiero, que quiero ser tu mujer, y que tus hijas serán también como hijas mías.  Ellas afortunadamente tienen una madre ejemplar, pero llevan tu sangre y es muy importante para mi- dirigiéndose a las muchachas, dijo-Seréis como mis hermanas pequeñas ¿ me aceptáis?
- Claro que te aceptamos y te queremos, y al niño...- dijo una emocionada Lizzy, apoyada por su hermana María, que no se separaba ni un instante de su hermano, que con su manecita acariciaba la mejilla de la chica.

Lizzy colocó a su hermano la gorra que había comprado para él, y María puso en sus bracitos el osito de peluche que le había traído.




El abuelo estaba emocionado con la llegada de su hijo y de sus nietas, y no pudo evitar el recordar a su mujer, que no olvidaba ni un solo instante.  Pablo le anunció su próxima boda con el amor de toda la vida.  El abuelo le dijo que sabía del nacimiento de Angel, porque Azucena había tenido la deferencia de llamarle y él la había visitado en su casa.

- El niño es una preciosidad y ella muy buena madre. Hijo, te quiere muchísimo, y lo ha pasado mal, pero...  ya todo está bien.  Chicas, os quedaréis aquí todo el tiempo que permanezcáis en España, al menos para dormir, porque comprendo que querréis estar con el niño ¿ Queréis ?
- Claro que queremos abuelo.  Dormiremos aquí, pero comeremos con ellos.  Se me ocurre una cosa- dijo María-, Te vendrás con nosotras y comeremos todos juntos, y luego volveremos aquí para dormir

La idea fue aceptada inmediatamente por todos. Tenían que aprovechar al máximo su estancia.  El plan comenzaba en ese mismo instante, y los cuatro volvieron a casa de  Azucena para comer todos juntos.  A media tarde, el abuelo y las chicas  decidieron que era hora de retirarse.  Irían paseando y charlando amigablemente.   Quería saber todo sobre sus nietas, que ya eran unas mujercitas preciosas.

De repente, Consuelo tenía "urgentemente" que visitar a una amiga que se puso enferma.  Pablo y Azucena se quedarían solos con el pequeño.  Después de atenderle, ya tranquilos,  y en el silencio de la noche, pudieron expresar todos los sentimientos encontrados que tenían.  Por primera vez en mucho tiempo, eran felices,   estaban juntos....

Pablo entró en el dormitorio, seguido por Azucena, pero ella se quedó sin palabras al verle actuar de esa forma tan extraña, sin saber a qué se debía.  Pablo se acercó a la cabecera de la cama y de un solo tirón echo la colcha y las sábanas hacia atrás...  Comenzó a desnudarse y tirar por el suelo la ropa.  Los zapatos fueron lanzados al aire y cayeron cada uno por un lado.  Ella no sabía qué decir, pensaba que se había vuelto loco.  Salió de su asombro cuando Pablo la abrazó y comenzó a susurrarle palabras de amor quedamente, besaba su cuello, sus ojos...  Ella seguía sin entender, aunque poco a poco se iba rindiendo a sus caricias.  El sabía que ella no entendía nada, por eso tuvo que decirla:

- Como la primera vez, mi amor...  Todo desordenado, la cama deshecha, todo igual.  Aquél día fue el principio, éste será la continuación


Ahora todo estaba claro, ahora comprendía su proceder, y a su memoria acudió aquél apartamento desordenado y sucio, aquella cama deshecha en que sintió que le pertenecía.  Y como aquel día volvieron a ser uno solo.

Pablo no sabía cómo abordar el tema de la residencia.  En un descanso de la pasión, mirándola a los ojos mientras la acariciaba, se decidió a abordar el tema

- ¿ Qué vamos hacer ?
- No te entiendo ¿ a qué te refieres?
- Estoy dispuesto a dejar el trabajo y venirme aquí...,  ó si a ti no te importa, vivir en América... Piénsalo... he tenido mucho tiempo para decidirme y lo tengo muy claro: siempre donde vosotros estéis
- Mi amor, mi hogar está dónde estemos todos juntos.  Creo que lo más conveniente para tu carrera, es que sigamos allí .  Allí viven las niñas ...  Ingrid... Debemos vivir allí, y en vacaciones podemos dar una vuelta por España y visitar al resto de la familia.  Esa es mi opinión

Tomando su cara con ambas manos, la dio un beso mientras decía:

- Tenía mis dudas, pero en el fondo pensaba que me dirías eso.  Gracias, cielo.  Adoro mi trabajo, pero vosotros erais lo más importante y estaba dispuesto a dejarlo todo.  De hecho Ingrid guarda la carta de mi dimisión en espera de lo que decidiéramos.  Cuando hable con ella, diré que la rompa.  Dame un beso, urgentemente, dame un beso

Y riendo volvieron a quererse y así se durmieron, aunque lo hicieron por poco tiempo, ya que Angel reclamaba el desayuno.  El amanecer les había sorprendido en vela.

Una semana más tarde, partían rumbo a Tejas.  Les acompañaban el padre de Pablo y la fiel y entrañable Consuelo.  Los padres de Azucena, llegarían dos días más tarde, ya que debían regresar de Paris, a dónde habían viajado.

Ingrid, su marido y su hijo, acudieron a recibirles al aeropuerto.  Las dos mujeres se abrazaron, e Ingrid reclamaba a Pablo la dejara al pequeñín, que miraba a todos con suma extrañeza

- ¡ Dios mío, es igual a Pablo!- dijo Ingrid tomándole en brazos.

La llegada fue todo un acontecimiento formaban una gran familia y en el jardín de la casa de Ingrid dispusieron la mesa para una barbacoa.  Angel era el juguete de todos los chicos, pero era María la que más se encargaba de su hermano pequeño, ante las protestas de Julito.

Se retiraron pronto a fin de poder organizar su casa y descansar del viaje que había sido largo.  Angel se durmió en brazos de su padre, después de tomar el "postre" que le suministraba su madre.  Costumbre que hacía sonreir a Pablo. 

Ya estaba toda la familia en América.  Engalanados para la ocasión ocupaban su lugar en el jardín del hogar de Ingrid.  Por expreso deseo de ella, quería que se casaran allí y adornó la casa, el jardín y dispuso una carpa para que los invitados degustasen el ágape que habían dispuesto.

 El juez estaba finalizando la ceremonia, era el momento supremo ...

-Pablo Olmedo,¿ quieres a Azucena Suárez por tu legítima esposa?.....
- Si, quiero
- Azucena Suárez ¿ quieres a Pablo Olmedo, como legítimo esposo?
- Si, quiero
- Pues yo os declaro marido y mujer



 
Ya eran marido y mujer ante todos.  Pablo después de besarla la abrazó tan fuerte que casi le corta la respiración.  De viaje de novios irían a la cabaña que el jefe de Pablo les prestó en un lugar de ensueño.  Se llevarían a Angel dada la corta edad.  Habían planeado, cuando éste fuera algo mayor, hacer un viaje ellos solos, pero debían aguardar.  No les importaba, estarían juntos, era lo importante.  Tardaron mucho tiempo en hacer ese viaje. 

Consuelo y el padre de Pablo, regresaron juntos a Madrid. Consuelo seguiría viviendo en el apartamento de Azucena, como si fuera su propia casa.  El abuelo esperaría impaciente las vacaciones para disfrutar de sus nietas.

Formaban todos juntos una gran familia, con enfados, reconciliaciones, alegrías, etc. como en todas las familias, con los problemas consabidos de los adolescentes, pero nada preocupante,  todo normal.

Cuando Angel tenía dos años, Azucena  informó a su marido que estaba esperando otro niño.  Cualquier  buena noticia, era celebrada por todos a lo grande, y ésta era una buena y hermosa noticia. Tuvieron su celebración.  El nuevo bebé fue niña y Pablo dijo a su mujer que por nombre llevara Luisa, en recuerdo de su primer marido.

Matemáticamente cada dos años, Azucena se quedaba embarazada.  Después de Luisa llegó Pablo y María Isabel: los nombres de sus dos hermanas mayores.







Pablo



María Isabel



Luisa

 


El tiempo seguía con su marcha inexorable Lizzy y María irían a la universidad en el siguiente curso.  Los pequeños unos iban a la escuela infantil y la última en llegar, a la guardería.  Las chicas  mayores  pasaban las vacaciones de verano en España.


Y allí, María había conocido a un amigo de uno de sus primos: Alejandro, que cursaba la carrera de medicina en la Autónoma de Madrid.  Ambos sufrieron un flechazo en cuanto se conocieron, aunque mantuvieron su amor en secreto.  Nadie salvo ellos lo conocía.  Por eso cuando las chicas regresaron a Tejas, notaron que María volvía distinta, menos espontánea, incluso algo triste.




María
Alejandro


Azucena estaba preocupada y una tarde entró en la habitación de María, tratando de averiguar el problema.  Tenía la misma edad en que ella y Pablo comenzaron su breve noviazgo.  Imaginaba que algo semejante podía sucederle.  Pero fue María la que sacó la conversación:

-Azucena ¿ puedo hablar contigo?
- Claro que sí. Dime cariño
- No sé cómo empezar...  Me da apuro...
- María... no te apures... Dime lo que te preocupa
- En Madrid, he conocido a Alejandro, un amigo de mi primo Enrique. En cuanto le vi me quedé sin habla.  Nunca había visto a un hombre tan guapo y educado.  El debió sentir algo parecido, porque un día me invitó a comer y... se me declaró.  Me dijo que quería casarse conmigo, que quería ser mi novio, pero que nuestro noviazgo sería largo, porque antes había de terminar la carrera y le faltaban cuatro años-, María rompió a llorar, lo que alarmó a Azucena, pero dejó que siguiera su relato
- Antes de regresar a casa... una tarde... me llevó a un hotel y allí ...
- María, María, dime ¿ estás embarazada ?
- No...  Me acordé de ti y tomamos precauciones.  Azucena, fue increíble. Nos amamos, pero tenemos que estar separados y no sé si podré soportarlo
- Claro que lo soportarás.  El amor en la distancia, te hace sufrir, pero no hay nada más maravilloso en el mundo, saber que la otra persona te ama de la misma forma que tu.  Debes cursar los estudios que habéis elegido, y él,  terminar su carrera.  Sois muy jóvenes...
- Yo había pensado... irme a vivir con el abuelo y cursar en Madrid una carrera, corta, porque no me gusta mucho estudiar.  Había pensado hacer enfermería, así cuando él monte la consulta yo seré su ayudante
- Veo que lo tienes todo pensado... ¡ Ay María, mi niña ! Hace nada eras una deliciosa y cabezota adolescente, y ahora, estás enamorada y ya eres adulta... Tendrás que hablar con papá y mamá, a ver ellos que opinan
- Tú ¿ qué harías?
- No debes preguntarme a mi, no puedo decidir tu futuro
- Pero...¿ qué hubieras hecho tu ?
- Me arrepentí muchas veces a lo largo de mi vida, de aquella bronca que tuve con papá...,  de no haberle seguido,   aunque hubiera sido al fin del mundo.  De hecho, no dude ni un segundo el volverle amar, en quedarme embarazada de él, sin saber siquiera lo que iba a ser de nosotros.  ¡ Oye ! con esto no te estoy diciendo que la próxima vez que os veáis busquéis el bebe...
- Ya lo sé, y no te preocupes, tendremos cuidado, pero... pienso en la distancia, no en lo que falta para terminar la carrera, y no puedo soportarlo.  Le quiero Azucena, le conozco desde hace tiempo y creo que me enamoré de él en el mismo instante en que una tarde vino a casa del abuelo a buscar a mi primo.  Cruzamos la mirada y no pude quitármelo de la cabeza.  Cuando me llevó al hotel estaba muy asustada y nerviosa, pero él me trato con infinita dulzura...  Te pido por favor que hables con papá, adelántale algo para que no le pille tan de sorpresa.   Por favor, por favor- pidió a Azucena tomándola de las manos.
- Sabes que siempre has sido mi debilidad, a pesar de que no tenías mucho feeling conmigo, al principio.  Está bien, haré lo que pueda y trataré de aplacarle si se sube a la parra, pero no te doy palabra de que me escuche.
- Seguro que si.  Gracias, gracias, eres un cielo.  Te quiero
- Yo también, cielo, yo también.





Azucena

Azucena no sabía cómo podría decirle a Pablo que su hija se había enamorado y se había convertido en toda una mujer. María ya tenía dieciocho años, era mayor de edad, pero él siempre veía a sus hijos como si fueran bebés.  No sabía como plantearle, que no sólo se había acostado con su novio, sino que había decidido vivir en Madrid, con el abuelo.  No sabía en qué momento plantear la cuestión...

Pablo llegó pronto ese día, y lo hizo como era habitual: contento y jugueteando con su mujer.  Le hacía cosquillas, la besaba, la abrazaba y le dedicaba las más cariñosas palabras.  Siempre le traía algún regalo; flores, bombones, algún pañuelo para el cuello, perfume, etc.  No sabía cómo hacer notar a su mujer que la quería y que siempre la tenía en su pensamiento.

Se sentaron en la salita comentando las incidencias del día que había transcurrido con toda normalidad.  Azucena creyó que era el momento oportuno, antes de que llegaran los chiquillos, para adelantar a Pablo lo que María le había confiado:

- María ha estado esta mañana y me ha contado los planes que tiene para cuando vaya a la universidad
- ¿ ´Sí ? Me alegra que tenga esa confianza contigo. ¿ Qué te ha contado ?
- Quiere estudiar en Madrid y vivir con tu padre
-¿ Irse ? No ni hablar
- Pablo, es mayor. Debe tomar sus propias decisiones
-No es mayor, no tanto como para irse de casa
- ¿ A qué edad lo hiciste tú?
- Era diferente, yo tenía un motivo...
- No. Tú tuviste un motivo para adelantar el viaje, porque de todas formas te ibas de casa
- Bueno, pero ella... es mi hija.  Que no, que no lo permitiré
- Sé que te lo contará ella, pero...  se ha enamorado de un amigo de tu sobrino Enrique. Se quieren y hablan de futuro en cuanto él termine la carrera
- Pero... ¿ os habéis vuelto locos?  Con mayor motivo. No se moverá de aquí
- Pero es mayor de edad y está enamorada. ¿ Tú no te acuerdas de que éramos exactamente de la misma edad cuando empezamos nuestro noviazgo?
- Era diferente, otra época
- No, era lo mismo.  Dos enamorados que se aman...
- No sé porqué, pero creo que hay algo más
- Los hombres y mujeres hacen lo mismo siempre, en cualquier época,  en todo el mundo. Es la ley de la naturaleza
- ¿ Acaso me estás diciendo que se ha acostado con ese chico?- Azucena guardó silencio
- ¿ Es eso lo que me estás diciendo?
- Yo tenía su misma edad cuando me llevaste a tu casa por primera vez ¿ no lo recuerdas?
- Pero yo te quería...
- Y ellos también se quieren
- No quiero ni oír hablar más de ese tema. No lo voy a consentir. Ella es muy joven aún
- Yo también era muy joven e inexperta.  Al hablar así pienso que no me respetaste en lo más mínimo. ¿ Qué fue un "calentón"  Contéstame,  ¿qué fue?
- He dicho que no quiero seguir hablando de esto, además no debes inmiscuirte en ello. Nos compete a su madre y a mi únicamente
- ¡ Ah, ya ! ¡ Claro yo no soy su madre !   Disculpa, nunca quise ocupar el lugar de Ingrid.  Ellas son muy especiales para mi, pero no debo traspasar barreras. Lo tendré presente.  Discúlpame, tengo que preparar la cena



Azucena salió de la salita.  Habían terminado por discutir, cosa extraña en ellos, pero él había sido duro y le había dado a entender que su primera vez, simplemente era una subida de hormonas, pero no lo fué para ella.

Cuando llegaron con los niños, el silencio en la casa se podía cortar.  No estaba puesta la televisión, ni la música, ni se oían risas,   como era habitual.  Muy al contrario,  Pablo estaba en el salón fingiendo leer, y Azucena en la cocina trasteando con los utensilios sin mucho sentido.  María se percató inmediatamente que se habían peleado, y la razón debía ser la confidencia de la mañana.

- María, tengo que hablar contigo- dijo Pablo a su hija secamente
- Yo también, papa.  Cuando quieras
- Pues para luego es tarde.  Siéntate

Azucena entró en la estancia en busca de los chicos buscando un pretexto para dejarles a solas y hablar con toda libertad, sin testigos.

- Vamos chicos, tengo que comprar algo en el supermercado,  que necesito. Vayamos en un momento

Lyzzy tomó de la mano a los más pequeños y,  Azucena a Angel y Luisa

- ¿ Qué ha pasado? Os veo muy serios.  Y has querido dejar solos a papá y María.  ¿ Es por su viaje a Madrid?
- Si, ese es el motivo.  Me dijo María que le hablara y ..., ya ves. Se negó en redondo
- ¡ Madre mía !, pues no sabe todo
- ¿ Que , no me digas que tú....?-dijo dirigiéndose a Lizzy
- Azucena yo quiero estudiar en Paris.... bellas artes
- ¡ Nos va a matar !-dijo Azucena riendo
- ¿ Por qué te ríes ?
-Te echará una bronca descomunal, dirá que le dejáis solo, aunque está acompañado por un tropel de niños, pero ... yo lo entiendo... de golpe se ha dado cuenta de que ya sois unas mujeres y le cuesta hacerse a la idea.  ¿ Tú también tienes novio?
- No,  yo no. Pero quiero estudiar en la Sorbona.  Me gusta Europa, me gusta Paris, quiero viajar, conocer otras cosas, otras culturas.  ¿ Crees que me escuchará?
- Posiblemente se pondrá hecho una fiera, pero se le pasará enseguida. Os adora, no tengas duda, y le cuesta dejaros soltar amarras.  Debéis hablar con vuestros padres, sin tapujos, con honestidad.  Ellos os entenderán, porque también tuvieron dieciocho años y hemos pasado por lo mismo que vosotras ahora- Azucena se acercó a Lizzy y abrazándola le dijo-  Bueno, vámonos a comprar algo... lo que sea


Lizzy


Juntas rieron, tenían complicidad y se entendían perfectamente.

La conversación entre María y Pablo, fue tensa. La muchacha, habló con su padre sin reservas, sinceramente.  Comprendió que era la única forma en que la entendiese.  Mientras María le contaba cómo conoció a Alejandro, sus proyectos y sus deseos de estudiar en Madrid, Pablo recordó lo que le había dicho su mujer momentos antes.  Recordó la tarde de  euforia un final de curso, la reunión con los compañeros en el campo y el momento en que por primera vez tuvo a su mujer entre los brazos y la hizo suya. Era la misma situación que acababa de vivir su hija.  Ya era una mujer, pero para él seguía siendo esa chica rebelde y contestona de hacía poco tiempo. ¡ Los sacrificios que tuvo que hacer porque no aceptaba a Azucena!... Reconocía que había llegado el momento de que empezasen a volar por si solos, pero... era tan triste que comenzasen a irse...

Cuando María terminó el relato, estaba conmovido por ella.  Su joven corazón empezaba a sentir los sinsabores del amor, pero tenía razón Azucena: " a nosotros nos pasó lo mismo"... peor,  porque ellos tuvieron que separarse por años.  No deseaba que su hija sufriera tanto como ellos, por eso rendido ante la evidencia, la dijo:

- Ven aquí, ven aquí.  Siempre serás mi niña , siempre te veré así.  Es el refugio que tenemos los padres porque nos resistimos a que crezcáis.  No nos damos cuenta de que otra persona ocupará vuestro corazón y formaréis vuestra propia familia, pero... nos resistimos a ver cómo pasa el tiempo.  Estas mismas reflexiones que yo estoy haciendo, se las hacía a Azucena no hace mucho, cuando ella se volvió a España al ser rechazada por vosotros.  Sólo te pido que termines los estudios y que tengáis sentido común.  Yo iré contigo cuando te vayas.  Deseo conocer a ese villano que me ha robado a mi hija.
- No papá.  Cada uno tiene un lugar y el tuyo es y será para siempre.

Habían transcurrido un par de horas, cuando Lizzy, Azucena y los niños hicieron acto de presencia en la escena

- Lo siento, lo siento si os interrumpimos, pero es que Pablo y Mª Isabel se están durmiendo y aún tienen que cenar- dijo Azucena
- No importa, hemos terminado-contestó Pablo
- Pero ahora soy yo la que tengo que hablar contigo- Lizzy resolvió que era el momento oportuno para plantear su viaje a Paris.





viernes, 14 de junio de 2013

LA CARTA - Capítulo 11º / Romper barreras

Azucena no soltaba la mano de Pablo. Tenía miedo a la posible hostilidad que encontrase, estaba nerviosa, y necesitaba sentir el contacto de él para tener seguridad.  El sabía las incertidumbres  que tenía. Acariciaba su mano y la sonreía infundiéndola ánimo.  El trayecto desde donde habían dejado el coche hasta la puerta de Ingrid, era pequeño, pero para Azucena la distancia era enorme.
 

 

Fue la propia Ingrid quién abrió la puerta al pulsar el timbre.  La recibió sonriente y muy cariñosa, abrazándola, la decía:

- Bienvenida, querida. Estás en casa
- Gracias Ingrid. Tenía muchas ganas de conocerte y he de decir que se quedó corto en los elogios.  Eres muy amable
- Pasad, todos os esperan

Al entrar en la sala, todos aplaudían contentos. Todos, excepto María.  La mirada de Azucena fue directamente a ella y al ver que la chica estaba tan seria, se borró su sonrisa, gesto que no pasó desapercibido para Pablo.  Ahora ya tenía la confirmación del problema: María no la aceptaba.

Le habían preparado una gran recepción.  Una mesa exquisitamente puesta. Se notaba que era un día especial.  Después de tomar un aperitivo, todos se sentaron para deleitarse con la comida que con tanto empeño había preparado Ingrid.
 
 

La sobremesa se prolongó hasta media tarde, en que Pablo consiguió rescatar a Azucena de la familia, que la preguntaban de todo y por todo.  No había duda de que les había caído bien y ella se había volcado con el pequeñín de la casa.  Sentía especial inclinación por el niño, pero nadie ´conocía el motivo.
 
Ya a solas en casa de Pablo, pudieron expresar libremente  el cariño que sentían. El le hacia miles de preguntas, y la tranquilizaba.  Ella, aunque menos, aún seguía intranquila.  Aún debía comunicarle su embarazo.  No veía el momento de hacerlo.  Pablo la miraba, la acariciaba, la besaba, como para convencerse que estaba allí a su lado.  Tumbados uno junto al otro, con sus manos enlazadas, y después de haber expresado su amor, Azucena se decidió a decírselo
 

 

- Pablo, tengo algo que decirte
- Pues dímelo, bien mio

Ella le miraba con preocupación y guardaba silencio

- ¡ Vanos, dime lo que sea ! ¿ Qué te pasa?
- Quiero que sepas, que lo que voy a decirte no te obliga a nada...  Estoy embarazada
- ¿ Qué ?
- Lo siento, lo siento...- Ella interpretó que esa pregunta no era de incredulidad, sino de rechazo
- ¿ Que lo sientes, qué es lo que sientes?  Es el mejor regalo que podías hacerme ¿ no te alegras de tener un hijo mio?
- ¡ Claro que me alegro !, pero no sabía si entraba en tus cálculos el tenerlo.  Ya tienes dos hijas, y posiblemente no lo acepten.  No deseo crearte problemas.  De cualquier forma lo voy a tener
- Naturalmente que lo vamos a tener.  Nos casaremos y formaremos nuestro hogar.  Me dolería mucho que las niñas no lo aceptasen, pero el bebe que viene, también es hijo mío...  Hablaré con ellas, y estoy seguro de que no habrá problemas.  Quizá al principio  les cueste un poco, pero seguro que después estarán encantadas.
- ¿ No crees que debería ser yo quién hablara con ellas?
- Posiblemente, pero después de que yo les explique que vamos a casarnos.  A ti te dejo el anuncio del bebe. Y dime cariño ¿ para cuando...,   de cuánto estas?
- He pasado los tres meses. No pude venir antes porque el médico no me lo recomendó
- ¿ Por qué no me lo dijiste en cuanto lo supiste?
- Quería estar segura,  esta vez,  y por otro lado no sabía tu reacción
- ¿ No lo sabías ?... Pero si estoy loco por ti, cómo no iba a querer ese niño.

Se abrazaron emocionados.  En parte se había solucionado un problema, pero faltaba aún la parte más difícil: decírselo a Lizzy y María.
 
 

Hacía tres días que Pablo no veía a sus hijas.  Aunque no dijo nada, Azucena sabía que el motivo era ella.  Ponía su mayor esmero en que la casa estuviera atendida, prepararle alguna comida que le gustara...  No le faltaba su cariño ni una  sonrisa al recibirle a su vuelta a casa del trabajo, pero le dolía el desaire de las chicas hacia su padre,  que no comprendía. 

Aprovechó  que Pablo llegaría más tarde,  resuelta se dirigió a casa de Ingrid. Hablaría con la madre de las niñas y después con ellas

- ¡ Hola, qué alegría verte por aquí !-  fue el recibimiento de Ingrid a Azucena-  ¿ Te encuentras bien, te pasa algo?
- No, todo va bien, pero quería hablar contigo
- Claro, ven aquí.  Estamos solas; las niñas han ido a casa de una amiga y mi marido vendrá más tarde.  Espérame un segundo que acueste al niño y,  soy toda tuya.

Ingrid preparó un té y ambas mujeres se acomodaron.  Azucena fue la primera en entablar la conversación

- Ingrid, ignoro si Pablo te ha contado algo acerca de nuestra relación.  Nos conocimos en el instituto, muy jóvenes.  Inmediatamente conectamos, él era ... ¡ tan seductor ! Me enamoró inmediatamente, y el último día de curso fuimos a su apartamento... Pablo fue el primer amor en mi vida, el primer chico que me besó, el primero que me enamoró y el primero al que me entregué.  No fui seducida, era consciente de lo que hacía, pero quise hacerlo.  Le quería,  nunca había sentido algo parecido, y él me correspondía.  Sólo deseábamos, necesitábamos,  estar juntos y hacíamos planes de futuro.    Sufrí un retraso, e inmediatamente pensé que me había quedado embarazada.  En aquella época él era un desastre:  desordenado, tenía la casa hecha una pocilga, en fin... Esa fue la excusa para entablar una discusión tremenda.  Le reproché que me dejara embarazada, que no hubiera tomado precauciones, y no sé cuántas cosas más... Le dije que no quería saber nada de él...  Unos días después supe que todo había sido una falsa alarma...,  pero ya no pude localizarle.  Me escribió una carta, que aún conservo, en la que me anunciaba que adelantaba su viaje a América, que me casase con un amigo que andaba tras de mí, etc. etc.  Pasó el  tiempo, y  me casé con Luis.  Fuimos felices; él sabía que yo no estaba enamorada , que mi amor era Pablo, pero llegué a quererle y respetarle.  Fue bueno y paciente conmigo, pero nuestra felicidad no llegó a tres años. Un cáncer de vejiga se lo llevó rápidamente.  En repetidas ocasiones él me había pedido que le diera un hijo, y yo siempre lo demoraba...,   no me dio tiempo a complacerle.  Aquí tengo la carta de Pablo.  Quiero que la leas.  Léela, por favor

Ingrid, estaba sobrecogida por el relato de Azucena y que ella desconocía.  Pensaba que su relación era reciente, originada en el crucero.  Pablo siempre había sido muy reservado con su vida anterior a ella.  Por fin la conocía de boca de la otra protagonista.
Lentamente leyó la carta y al finalizarla, tenía los ojos vidriosos y Azucena lloraba pausadamente.  Sin duda le había vencido la emoción
 
 

- Querida, yo no tenía ni idea de todo esto.  Ahora me encajan muchas piezas del puzzle.  Deja que te abrace
- Gracias, Ingrid. ¿ Quieres ser mi amiga? Aquí no tengo a nadie, y tengo un frente abierto muy complicado
- ¿ A qué te refieres?
- A las niñas.  No me aceptan.  Ellas no admiten que su padre esté enamorado...  Pero hay algo más...
- ¿ Algo más ? Dímelo...   puedes contar conmigo
- Verás...  Como imaginarás, cada vez que nos hemos visto, hemos tenido relaciones sexuales, y yo .... voy a tener un hijo suyo.  Y lo voy a tener, deseo tenerlo. Aunque se oponga el mundo entero,  lo tendré
- Pues claro que si ¿ por qué no iba a ser así ?
- Se lo dije a Pablo la noche de mi llegada y ahora lo sabes tú, nadie más.  Creí debía explicarte todo lo que te he contado.  Como parte interesada tenias que saberlo
- Me alegro que hayas tenido conmigo esa confianza, pero se trata de vuestra vida.  Yo tomé mi decisión y no me arrepiento en absoluto.  Julio es un buen marido, estamos enamorados y tengo un hijo precioso.  Con las niñas se comporta muy bien, y nos llevamos bien Pablo y yo, incluso mejor que antes.  No tengas miedo.  Yo os apoyaré.
María es buena, pero tiene ese puntito de sangre latina que le hace muy impulsiva y a veces grosera.  Lizzy, hace lo que dice su hermana, pero puedo asegurarte que no son malas chicas.  Creo debes hablar con ellas a solas,  las tres, y  explicarles todo claramente como lo has hecho conmigo, sin tapujos.  Ellas son mayores y saben que los niños no vienen de Paris. Después los cuatro juntos exponer   los reproches que tengáis cada uno... en fin, debéis sacar fuera todo lo que os duela, y dar por finalizadas las hostilidades...  Ese es mi consejo y sabed que contáis con mi ayuda para todo.

Antes de marcharse de la casa de Ingrid, llegaron las chicas como un ciclón, pero al comprobar que estaba Azucena, cambiaron de actitud radicalmente.  Ingrid se dio cuenta de  ello, y llamando a sus hijas les anunció:

- Chicas, Azucena tiene algo que contaros.  Así que sentaros aquí y escuchadla mientras yo preparo algo de merienda.  Vamos, sentaos...
 

 
 

María
 
Lizzy
 

Azucena no sabia cómo empezar y por ello comenzó tratando de averiguar el motivo por el que estaban tan hostiles con ella.  A las chicas les costó empezar a  hablar.  Las escuchó atentamente y cuando ellas expusieron sus quejas, Azucena les dijo:

-Yo amo a vuestro padre y él me corresponde.  Lo nuestro comenzó hace mucho tiempo, cuando éramos algo mayores que vosotras sois ahora.  No empezó en el crucero... A pesar de que daría mi vida por él, si eso supone que le neguéis el saludo, yo me retiraré y daré por terminada nuestra relación.  Estos días en que ni siquiera le habéis llamado, ha sufrido, porque os adora, y no hay nada ni nadie que le haga dejar de quereros.  Os voy a contar todo... absolutamente todo tal y como ocurrió en nuestras vidas, y lo que va a ocurrir en un tiempo ...  Si después de haberme escuchado seguís pensando lo mismo, volveré a mi país, y jamás volveréis a saber de mi.

Azucena, al igual que hiciera con Ingrid, empezó a relatarles la elación que uniera a su padre y a ella, hace mucho tiempo.  Al terminar el relato, se hizo un silencio tenso.  Lizzy la miraba con especial atención, sin embargo María, había reforzado aun más su rechazo, y la dejó helada cuando dijo

- ¡ Qué vas a tener un hijo ! ¿ de mi padre ?  No ni hablar.  Mi hermano es Julito, tu hijo no tendrá nada que ver ni conmigo ni con mi familia.  No lo miraré siquiera, aunque él no tenga la culpa de nada, pero no le querré nunca- dando media vuelta, salió de la estancia, dejando a Azucena y a su hermana sin palabras.

Al sentir el portazo de María, Ingrid acudió a la salita.  No le hizo falta preguntar. La desolación más absoluta se reflejaba en el rostro de Azucena y la incredulidad en el de Lizzy.

- Me voy, Ingrid. Se ha hecho muy tarde.  Gracias por todo, de verdad me has ayudado mucho
- No te disgustes.  Conozco a mi hija y sé que se le pasará.  Hablaré con ella ...
- No, déjalo estar.  Ha expresado su pensamiento. Sólo te pido que Pablo no se entere  de lo ocurrido.  No es necesario que sufra más de lo preciso.  Estaré unos días más y regresaré a Madrid
- No, no debes hacer eso...
- No puedo interponerme entre ellos. A la larga sería un problema entre nosotros y nadie sería feliz.  Al fin y al cabo son padre e hija, y todo lo olvidarán pasado un tiempo.  Pero si me rechaza, nunca tendremos un acercamiento.  No aceptará a su hermano, nunca.  Créeme, es mejor que me vaya.

Y dándose un abrazo, Azucena salió de la casa de Ingrid.  Cuando llegó Pablo, la encontró muy extraña
 
 
 
- ¿ Qué te ocurre ?
- Hoy no me encuentro bien.  Me está dando algo de guerra-dijo sonriendo.  No comentó nada del encuentro con sus hijas
- Anda acuéstate y descansa.  Supongo que tendrás muchos días así
- A propósito, Pablo.   He de regresar a España
- ¿Cómo que debes regresar?
- Si mi amor, me toca el control, y además... no puedo hacer un viaje tan largo en estado,  avanzado, así que me iré en unos días
- El control lo puedes hacer aquí, inclusive puedas dar a luz aquí también
- Pero yo quiero que sea español, de Madrid, y no debo demorar el regreso.  Espero que lo comprendas, mi vida
- Pues no, no lo comprendo...  así de repente... te entran estas prisas.  ¿ Ha pasado algo que no me quieres decir ?
- No ¿ qué va a pasar ?  Lo que ocurre es que hoy he estado pensando que el tiempo va muy deprisa y dentro de nada no podré viajar.  Allí tengo cosas que hacer, que disponer antes de dar a luz, en fin: la canastilla, las revisiones que serán más frecuentes a medida que se acerca la hora ...
- Pero aún falta mucho para eso.  Te dará tiempo de sobra.  No te vayas por favor.  No puedes irte ahora, yo te necesito aquí, a mi lado.  Sabes que no puedo ir con la frecuencia que quisiera. ¡ Ojalá pudiese viajar todos los fines de semana !, pero el proyecto que tengo entre manos requiere mi presencia y mi atención
- Lo sé, lo sé.  Pero es necesario que me vaya. No lo hagas más difícil ¿ Crees que yo no quiero estar a tu lado?
- Pero es que no lo comprendo. ¿ Tienen algo que ver mis hijas?
- ¡ Claro que no ! Hace días que no las veo.  Creo que están con exámenes
- ¿ En estas fechas? Me estás mintiendo. Algo ha pasado en el transcurso del día y no me lo quieres decir. Voy a ir hablar con ellas
- Es muy tarde.... déjalo para otro día.  Son adolescentes, y ya sabes  lo que ocurre en esa edad. Nosotros también pasamos por ello
- No, no me convences...- cogiendo su chaqueta dijo-  Ahora vengo
 
Dio un portazo y salió en dirección a casa de su ex mujer.  Tenía que aclararlo todo.  Sabía que Azucena no tomaría una determinación así, si no existía un motivo.

Pablo no lo comprendía.  No había mencionado su deseo de regresar. Se la veía feliz.  Sospechaba que algo había ocurrido, y lo averiguaría aunque Azucena no le dijese nada.  Pero Azucena siguió adelante con sus planes y preparó el regreso para la semana siguiente.  Habían pasado más de los cuatro meses y su cuerpo comenzaba a acusar su estado.  Sus caderas se estaban redondeando; ya no tenía náuseas, pero en su rostro había señales de que estaba encinta.  Lloraba por cualquier insignificancia, y Pablo conocía esos síntomas y no le extrañaron, lo que no sabía era el motivo que motivaba esa tristeza.  Ella seguía sin comentar nada, ni Ingrid tampoco. Azucena le había hecho prometer que guardaría silencio.
 
El encuentro entre padre e hijas, fue muy tenso. Le reprocharon se hubiera vuelto a enamorar, pensara en casarse, y lo peor engendrar un  hijo
 
- Sois crueles y egoístas.  Siempre me veíais aquí, pero nunca os preguntasteis si era feliz. Lo de Azucena y mío, no es una cosa pasajera. La he querido toda mi vida, y es la mujer que deseo me acompañe hasta el final de mis días. Y quiero y deseo ese hijo, y otros más que vendrán.  Vosotras en algún momento os iréis de casa, y entonces ¿ qué haré yo, qué hará ella? Nuestras vidas no han sido fáciles, por distintos motivos, y tenemos derecho a ser felices.  Yo lo sería inmensamente si la aceptarais. Ella es buena y dulce, y cuando os conozcáis más, os llevaréis mejor.  No os estoy diciendo que la consideréis vuestra madre, porque ya tenéis una, y es buena, y está siempre a vuestro lado.  Pero será mi mujer queráis o no.  Y si es necesario volveré a España y allí me quedaré, aunque me rompáis el corazón.  Pero el hijo que viene en camino, lleva mi sangre igual que vosotras y le quiero, y le querré como os quiero a vosotras, porque ha sido engendrado con un amor sincero y puro, aunque vosotras penséis que es una indecencia.  Pudimos hacerlo hace tiempo, pero la misma insensatez que ahora demostráis vosotras, se interpuso en nuestro camino y, creedme, pagamos un precio muy alto.  Cometimos un error y no estoy dispuesto a repetirlo.  Azucena se marcha dentro de unos días, y yo en cuanto termine el proyecto que tengo en manos, me reuniré con ella.  Quizá ni siquiera vea nacer a mi hijo porque no me de tiempo, pero no la dejaré. Tenedlo muy claro... y ahora creo que no tengo más que deciros.
 
Cuando llegó a su casa Azucena se había acostado.  Le aguardaba impaciente, pero sabía por las marcas de su rostro, que no había servido de nada la charla mantenida.