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miércoles, 19 de junio de 2013

LA CARTA - Capítulo 13º / Si, quiero


Tanto Pablo como las niñas, desplegaban una intensa actividad. Partían para España al día siguiente y aún tenían que hacer el equipaje. Quería llevar todos los juguetes del bazar, todo se le hacía poco a María para regalar a su hermano




 
- Quiero que también sea americano, por tanto yo le llevaré la gorra de béisbol, el guante y el bate-, decía Lizzy entusiasmada
- Chicas, chicas... Vamos en avión y Angel es muy pequeño.  María el osito estará bien, y tú Lizzy, llévale la gorra, y si es que vienen a vivir aquí, ya le enseñaremos a jugar a béisbol. ¿ No os parece ?- ambas hermanas se miraron y comprendieron que su padre tenía razón
- Papá y ¿ para Azucena?
- Para Azucena, llevaremos unas alianzas y el anillo de pedida, todo junto.  La entregaréis un estuche cada una ¿ os parece?
- ¡ Siiii !-, dijeron entusiasmadas las chicas
- Pero .... Si accede  a vivir en América... las alianzas no las entregaréis, sólo se las enseñáis. En ese caso, nos casaremos aquí... y trairemos a los abuelos para que lo vivan con nosotros.  Porque Azucena tiene padres, aunque estén fuera de Madrid
- Traeríamos al abuelo?- dijo María
- ¡ Claro ! es mi padre y lo que siento es que no esté la abuela... Hubiera sido muy feliz

Azucena estaba de espaldas jugueteando con Angel que reclama el postre de su comida.  Ya tenía seis preciosos meses.  El pediatra  había aconsejado que le diera sólo una toma de pecho, como postre,  después de la comida, y quizá otra más después de la cena. Y así poco a poco retirarle el pecho materno.

Se establecía una comunicación única entre madre e hijo cuando mamaba. Ella le acariciaba la cabecita, besaba su manita, le hablaba, le sonreía, le cantaba y le estrechaba suavemente contra su regazo.  El bebé, como si comprendiera lo que su madre le decía, algunas veces, sin soltar el pezón, se detenía y  le dedicaba una amplia sonrisa.  En eso estaban,  cuando una alta figura y dos más pequeñas se posicionaron detrás de ella.  Giró la cabeza y al ver a los visitantes, no podía articular palabra.



- ¡ Pero ! ...  ¡ estáis aquí !

Pablo y Azucena se fundieron en un abrazo emocionado.  Pablo al tiempo que abrazaba a Azucena, acariciaba la cabecita de su hijo, del hijo que había tardado tanto tiempo en conocer.  En ese momento el bebé dejó de succionar el pecho de su madre y miraba extrañado a aquellas tres personas que nunca había visto.

- María, Lizzy, dadme un abrazo, por favor.  Vosotras habéis venido también- dijo sin poder contener las lágrimas de emoción

Las tres se abrazaron y las tres lloraban de alegría, y cómo no, extrañado por tanto alboroto, el niño también rompió a llorar.

- ¿ Le puedo coger ? - preguntó Pablo a Azucena
- ¿ Qué si le puedes coger? ¡ Eres su padre !...   Te hemos echado tanto de menos...

Azucena se volvió hacia las niñas, preguntándoles

- ¿ Queréis conocer a vuestro hermano?  Él ya sabe que sois sus hermanitas, yo le he hablado de todos vosotros.
- Azucena, yo... te dije cosas horribles... No sé cómo disculparme- María estaba nerviosa y no sabía cómo actuar
- No mi niña, no es necesario.  Estabas enfadada... pero ya pasó todo ¿ no es cierto ?
- Desde luego- se abalanzó sobre ella abrazándola
- Y tú Lizzy ¿ qué opinas ?
- Que es el bebé más hermoso que he visto nunca... ¡ Y... se parece a papá !
- Es cierto... Moreno, inquieto y simpático como vuestro padre.

Pablo se había separado del grupo de mujeres y en un lado de la habitación acunaba al niño entre sus brazos.  El bebe le observaba y le sonreía, algo que desarmaba por completo a un feliz y emocionado padre.

Consuelo preparó una comida especial y, estaba muy contenta por todos ellos.  Lo habían pasado mal, cada uno por un tema, pero ahora todos reunidos, por fin habían conseguido ser felices.

En la sobremesa, dijo Pablo:

- Bueno chicas, tenemos mucho de qué hablar así que creo debemos empezar.  ¡Vamos, traed los regalos !

Las chicas riendo salieron corriendo en busca de los obsequios que habían traído para el bebé y para Azucena, pero no olvidaron un detalle para Consuelo, que con tanto cariño había cuidado de Azucena y su hijo.

- Esperad un momento-dijo Pablo que levantándose de su sitio, fue hasta el de Azucena-  Sabes que te quiero más que a mi vida, que todos vosotros sois el motor de mi existencia.  No sé lo que haría si no os tuviera. Ya se han solucionado los problemillas que teníamos, así que ahora toca ser felices. ¿ Quieres casarte conmigo?

Por unos momentos se hizo un silencio expectante.  Todas las miradas se dirigieron a ella, que emocionada y al cabo de un instante, respondió:

- Si, quiero

Las chicas reían nerviosas palmoteando felices.  María que tenía en brazos a su hermano, tomó sus manecitas y también hizo que aplaudiera

- Venga, chicas, vamos...

Las chicas entendiendo la indicación de su padre, pusieron frente a Azucena dos estuches de joyería, y Pablo se dirigió a ella con todo el amor del mundo

- Mi vida, te pongo este anillo para que nunca dude nadie de que estás destinada  para hacerme feliz en la vida. Es imposible que represente el infinito amor que siento por ti, y que quedará sellado en cuanto seamos marido y mujer...  Y para eso está este otro estuche que te regalan mis hijas...





- Pablo, Pablo... Sólo puedo decir que te quiero, que quiero ser tu mujer, y que tus hijas serán también como hijas mías.  Ellas afortunadamente tienen una madre ejemplar, pero llevan tu sangre y es muy importante para mi- dirigiéndose a las muchachas, dijo-Seréis como mis hermanas pequeñas ¿ me aceptáis?
- Claro que te aceptamos y te queremos, y al niño...- dijo una emocionada Lizzy, apoyada por su hermana María, que no se separaba ni un instante de su hermano, que con su manecita acariciaba la mejilla de la chica.

Lizzy colocó a su hermano la gorra que había comprado para él, y María puso en sus bracitos el osito de peluche que le había traído.




El abuelo estaba emocionado con la llegada de su hijo y de sus nietas, y no pudo evitar el recordar a su mujer, que no olvidaba ni un solo instante.  Pablo le anunció su próxima boda con el amor de toda la vida.  El abuelo le dijo que sabía del nacimiento de Angel, porque Azucena había tenido la deferencia de llamarle y él la había visitado en su casa.

- El niño es una preciosidad y ella muy buena madre. Hijo, te quiere muchísimo, y lo ha pasado mal, pero...  ya todo está bien.  Chicas, os quedaréis aquí todo el tiempo que permanezcáis en España, al menos para dormir, porque comprendo que querréis estar con el niño ¿ Queréis ?
- Claro que queremos abuelo.  Dormiremos aquí, pero comeremos con ellos.  Se me ocurre una cosa- dijo María-, Te vendrás con nosotras y comeremos todos juntos, y luego volveremos aquí para dormir

La idea fue aceptada inmediatamente por todos. Tenían que aprovechar al máximo su estancia.  El plan comenzaba en ese mismo instante, y los cuatro volvieron a casa de  Azucena para comer todos juntos.  A media tarde, el abuelo y las chicas  decidieron que era hora de retirarse.  Irían paseando y charlando amigablemente.   Quería saber todo sobre sus nietas, que ya eran unas mujercitas preciosas.

De repente, Consuelo tenía "urgentemente" que visitar a una amiga que se puso enferma.  Pablo y Azucena se quedarían solos con el pequeño.  Después de atenderle, ya tranquilos,  y en el silencio de la noche, pudieron expresar todos los sentimientos encontrados que tenían.  Por primera vez en mucho tiempo, eran felices,   estaban juntos....

Pablo entró en el dormitorio, seguido por Azucena, pero ella se quedó sin palabras al verle actuar de esa forma tan extraña, sin saber a qué se debía.  Pablo se acercó a la cabecera de la cama y de un solo tirón echo la colcha y las sábanas hacia atrás...  Comenzó a desnudarse y tirar por el suelo la ropa.  Los zapatos fueron lanzados al aire y cayeron cada uno por un lado.  Ella no sabía qué decir, pensaba que se había vuelto loco.  Salió de su asombro cuando Pablo la abrazó y comenzó a susurrarle palabras de amor quedamente, besaba su cuello, sus ojos...  Ella seguía sin entender, aunque poco a poco se iba rindiendo a sus caricias.  El sabía que ella no entendía nada, por eso tuvo que decirla:

- Como la primera vez, mi amor...  Todo desordenado, la cama deshecha, todo igual.  Aquél día fue el principio, éste será la continuación


Ahora todo estaba claro, ahora comprendía su proceder, y a su memoria acudió aquél apartamento desordenado y sucio, aquella cama deshecha en que sintió que le pertenecía.  Y como aquel día volvieron a ser uno solo.

Pablo no sabía cómo abordar el tema de la residencia.  En un descanso de la pasión, mirándola a los ojos mientras la acariciaba, se decidió a abordar el tema

- ¿ Qué vamos hacer ?
- No te entiendo ¿ a qué te refieres?
- Estoy dispuesto a dejar el trabajo y venirme aquí...,  ó si a ti no te importa, vivir en América... Piénsalo... he tenido mucho tiempo para decidirme y lo tengo muy claro: siempre donde vosotros estéis
- Mi amor, mi hogar está dónde estemos todos juntos.  Creo que lo más conveniente para tu carrera, es que sigamos allí .  Allí viven las niñas ...  Ingrid... Debemos vivir allí, y en vacaciones podemos dar una vuelta por España y visitar al resto de la familia.  Esa es mi opinión

Tomando su cara con ambas manos, la dio un beso mientras decía:

- Tenía mis dudas, pero en el fondo pensaba que me dirías eso.  Gracias, cielo.  Adoro mi trabajo, pero vosotros erais lo más importante y estaba dispuesto a dejarlo todo.  De hecho Ingrid guarda la carta de mi dimisión en espera de lo que decidiéramos.  Cuando hable con ella, diré que la rompa.  Dame un beso, urgentemente, dame un beso

Y riendo volvieron a quererse y así se durmieron, aunque lo hicieron por poco tiempo, ya que Angel reclamaba el desayuno.  El amanecer les había sorprendido en vela.

Una semana más tarde, partían rumbo a Tejas.  Les acompañaban el padre de Pablo y la fiel y entrañable Consuelo.  Los padres de Azucena, llegarían dos días más tarde, ya que debían regresar de Paris, a dónde habían viajado.

Ingrid, su marido y su hijo, acudieron a recibirles al aeropuerto.  Las dos mujeres se abrazaron, e Ingrid reclamaba a Pablo la dejara al pequeñín, que miraba a todos con suma extrañeza

- ¡ Dios mío, es igual a Pablo!- dijo Ingrid tomándole en brazos.

La llegada fue todo un acontecimiento formaban una gran familia y en el jardín de la casa de Ingrid dispusieron la mesa para una barbacoa.  Angel era el juguete de todos los chicos, pero era María la que más se encargaba de su hermano pequeño, ante las protestas de Julito.

Se retiraron pronto a fin de poder organizar su casa y descansar del viaje que había sido largo.  Angel se durmió en brazos de su padre, después de tomar el "postre" que le suministraba su madre.  Costumbre que hacía sonreir a Pablo. 

Ya estaba toda la familia en América.  Engalanados para la ocasión ocupaban su lugar en el jardín del hogar de Ingrid.  Por expreso deseo de ella, quería que se casaran allí y adornó la casa, el jardín y dispuso una carpa para que los invitados degustasen el ágape que habían dispuesto.

 El juez estaba finalizando la ceremonia, era el momento supremo ...

-Pablo Olmedo,¿ quieres a Azucena Suárez por tu legítima esposa?.....
- Si, quiero
- Azucena Suárez ¿ quieres a Pablo Olmedo, como legítimo esposo?
- Si, quiero
- Pues yo os declaro marido y mujer



 
Ya eran marido y mujer ante todos.  Pablo después de besarla la abrazó tan fuerte que casi le corta la respiración.  De viaje de novios irían a la cabaña que el jefe de Pablo les prestó en un lugar de ensueño.  Se llevarían a Angel dada la corta edad.  Habían planeado, cuando éste fuera algo mayor, hacer un viaje ellos solos, pero debían aguardar.  No les importaba, estarían juntos, era lo importante.  Tardaron mucho tiempo en hacer ese viaje. 

Consuelo y el padre de Pablo, regresaron juntos a Madrid. Consuelo seguiría viviendo en el apartamento de Azucena, como si fuera su propia casa.  El abuelo esperaría impaciente las vacaciones para disfrutar de sus nietas.

Formaban todos juntos una gran familia, con enfados, reconciliaciones, alegrías, etc. como en todas las familias, con los problemas consabidos de los adolescentes, pero nada preocupante,  todo normal.

Cuando Angel tenía dos años, Azucena  informó a su marido que estaba esperando otro niño.  Cualquier  buena noticia, era celebrada por todos a lo grande, y ésta era una buena y hermosa noticia. Tuvieron su celebración.  El nuevo bebé fue niña y Pablo dijo a su mujer que por nombre llevara Luisa, en recuerdo de su primer marido.

Matemáticamente cada dos años, Azucena se quedaba embarazada.  Después de Luisa llegó Pablo y María Isabel: los nombres de sus dos hermanas mayores.







Pablo



María Isabel



Luisa

 


El tiempo seguía con su marcha inexorable Lizzy y María irían a la universidad en el siguiente curso.  Los pequeños unos iban a la escuela infantil y la última en llegar, a la guardería.  Las chicas  mayores  pasaban las vacaciones de verano en España.


Y allí, María había conocido a un amigo de uno de sus primos: Alejandro, que cursaba la carrera de medicina en la Autónoma de Madrid.  Ambos sufrieron un flechazo en cuanto se conocieron, aunque mantuvieron su amor en secreto.  Nadie salvo ellos lo conocía.  Por eso cuando las chicas regresaron a Tejas, notaron que María volvía distinta, menos espontánea, incluso algo triste.




María
Alejandro


Azucena estaba preocupada y una tarde entró en la habitación de María, tratando de averiguar el problema.  Tenía la misma edad en que ella y Pablo comenzaron su breve noviazgo.  Imaginaba que algo semejante podía sucederle.  Pero fue María la que sacó la conversación:

-Azucena ¿ puedo hablar contigo?
- Claro que sí. Dime cariño
- No sé cómo empezar...  Me da apuro...
- María... no te apures... Dime lo que te preocupa
- En Madrid, he conocido a Alejandro, un amigo de mi primo Enrique. En cuanto le vi me quedé sin habla.  Nunca había visto a un hombre tan guapo y educado.  El debió sentir algo parecido, porque un día me invitó a comer y... se me declaró.  Me dijo que quería casarse conmigo, que quería ser mi novio, pero que nuestro noviazgo sería largo, porque antes había de terminar la carrera y le faltaban cuatro años-, María rompió a llorar, lo que alarmó a Azucena, pero dejó que siguiera su relato
- Antes de regresar a casa... una tarde... me llevó a un hotel y allí ...
- María, María, dime ¿ estás embarazada ?
- No...  Me acordé de ti y tomamos precauciones.  Azucena, fue increíble. Nos amamos, pero tenemos que estar separados y no sé si podré soportarlo
- Claro que lo soportarás.  El amor en la distancia, te hace sufrir, pero no hay nada más maravilloso en el mundo, saber que la otra persona te ama de la misma forma que tu.  Debes cursar los estudios que habéis elegido, y él,  terminar su carrera.  Sois muy jóvenes...
- Yo había pensado... irme a vivir con el abuelo y cursar en Madrid una carrera, corta, porque no me gusta mucho estudiar.  Había pensado hacer enfermería, así cuando él monte la consulta yo seré su ayudante
- Veo que lo tienes todo pensado... ¡ Ay María, mi niña ! Hace nada eras una deliciosa y cabezota adolescente, y ahora, estás enamorada y ya eres adulta... Tendrás que hablar con papá y mamá, a ver ellos que opinan
- Tú ¿ qué harías?
- No debes preguntarme a mi, no puedo decidir tu futuro
- Pero...¿ qué hubieras hecho tu ?
- Me arrepentí muchas veces a lo largo de mi vida, de aquella bronca que tuve con papá...,  de no haberle seguido,   aunque hubiera sido al fin del mundo.  De hecho, no dude ni un segundo el volverle amar, en quedarme embarazada de él, sin saber siquiera lo que iba a ser de nosotros.  ¡ Oye ! con esto no te estoy diciendo que la próxima vez que os veáis busquéis el bebe...
- Ya lo sé, y no te preocupes, tendremos cuidado, pero... pienso en la distancia, no en lo que falta para terminar la carrera, y no puedo soportarlo.  Le quiero Azucena, le conozco desde hace tiempo y creo que me enamoré de él en el mismo instante en que una tarde vino a casa del abuelo a buscar a mi primo.  Cruzamos la mirada y no pude quitármelo de la cabeza.  Cuando me llevó al hotel estaba muy asustada y nerviosa, pero él me trato con infinita dulzura...  Te pido por favor que hables con papá, adelántale algo para que no le pille tan de sorpresa.   Por favor, por favor- pidió a Azucena tomándola de las manos.
- Sabes que siempre has sido mi debilidad, a pesar de que no tenías mucho feeling conmigo, al principio.  Está bien, haré lo que pueda y trataré de aplacarle si se sube a la parra, pero no te doy palabra de que me escuche.
- Seguro que si.  Gracias, gracias, eres un cielo.  Te quiero
- Yo también, cielo, yo también.





Azucena

Azucena no sabía cómo podría decirle a Pablo que su hija se había enamorado y se había convertido en toda una mujer. María ya tenía dieciocho años, era mayor de edad, pero él siempre veía a sus hijos como si fueran bebés.  No sabía como plantearle, que no sólo se había acostado con su novio, sino que había decidido vivir en Madrid, con el abuelo.  No sabía en qué momento plantear la cuestión...

Pablo llegó pronto ese día, y lo hizo como era habitual: contento y jugueteando con su mujer.  Le hacía cosquillas, la besaba, la abrazaba y le dedicaba las más cariñosas palabras.  Siempre le traía algún regalo; flores, bombones, algún pañuelo para el cuello, perfume, etc.  No sabía cómo hacer notar a su mujer que la quería y que siempre la tenía en su pensamiento.

Se sentaron en la salita comentando las incidencias del día que había transcurrido con toda normalidad.  Azucena creyó que era el momento oportuno, antes de que llegaran los chiquillos, para adelantar a Pablo lo que María le había confiado:

- María ha estado esta mañana y me ha contado los planes que tiene para cuando vaya a la universidad
- ¿ ´Sí ? Me alegra que tenga esa confianza contigo. ¿ Qué te ha contado ?
- Quiere estudiar en Madrid y vivir con tu padre
-¿ Irse ? No ni hablar
- Pablo, es mayor. Debe tomar sus propias decisiones
-No es mayor, no tanto como para irse de casa
- ¿ A qué edad lo hiciste tú?
- Era diferente, yo tenía un motivo...
- No. Tú tuviste un motivo para adelantar el viaje, porque de todas formas te ibas de casa
- Bueno, pero ella... es mi hija.  Que no, que no lo permitiré
- Sé que te lo contará ella, pero...  se ha enamorado de un amigo de tu sobrino Enrique. Se quieren y hablan de futuro en cuanto él termine la carrera
- Pero... ¿ os habéis vuelto locos?  Con mayor motivo. No se moverá de aquí
- Pero es mayor de edad y está enamorada. ¿ Tú no te acuerdas de que éramos exactamente de la misma edad cuando empezamos nuestro noviazgo?
- Era diferente, otra época
- No, era lo mismo.  Dos enamorados que se aman...
- No sé porqué, pero creo que hay algo más
- Los hombres y mujeres hacen lo mismo siempre, en cualquier época,  en todo el mundo. Es la ley de la naturaleza
- ¿ Acaso me estás diciendo que se ha acostado con ese chico?- Azucena guardó silencio
- ¿ Es eso lo que me estás diciendo?
- Yo tenía su misma edad cuando me llevaste a tu casa por primera vez ¿ no lo recuerdas?
- Pero yo te quería...
- Y ellos también se quieren
- No quiero ni oír hablar más de ese tema. No lo voy a consentir. Ella es muy joven aún
- Yo también era muy joven e inexperta.  Al hablar así pienso que no me respetaste en lo más mínimo. ¿ Qué fue un "calentón"  Contéstame,  ¿qué fue?
- He dicho que no quiero seguir hablando de esto, además no debes inmiscuirte en ello. Nos compete a su madre y a mi únicamente
- ¡ Ah, ya ! ¡ Claro yo no soy su madre !   Disculpa, nunca quise ocupar el lugar de Ingrid.  Ellas son muy especiales para mi, pero no debo traspasar barreras. Lo tendré presente.  Discúlpame, tengo que preparar la cena



Azucena salió de la salita.  Habían terminado por discutir, cosa extraña en ellos, pero él había sido duro y le había dado a entender que su primera vez, simplemente era una subida de hormonas, pero no lo fué para ella.

Cuando llegaron con los niños, el silencio en la casa se podía cortar.  No estaba puesta la televisión, ni la música, ni se oían risas,   como era habitual.  Muy al contrario,  Pablo estaba en el salón fingiendo leer, y Azucena en la cocina trasteando con los utensilios sin mucho sentido.  María se percató inmediatamente que se habían peleado, y la razón debía ser la confidencia de la mañana.

- María, tengo que hablar contigo- dijo Pablo a su hija secamente
- Yo también, papa.  Cuando quieras
- Pues para luego es tarde.  Siéntate

Azucena entró en la estancia en busca de los chicos buscando un pretexto para dejarles a solas y hablar con toda libertad, sin testigos.

- Vamos chicos, tengo que comprar algo en el supermercado,  que necesito. Vayamos en un momento

Lyzzy tomó de la mano a los más pequeños y,  Azucena a Angel y Luisa

- ¿ Qué ha pasado? Os veo muy serios.  Y has querido dejar solos a papá y María.  ¿ Es por su viaje a Madrid?
- Si, ese es el motivo.  Me dijo María que le hablara y ..., ya ves. Se negó en redondo
- ¡ Madre mía !, pues no sabe todo
- ¿ Que , no me digas que tú....?-dijo dirigiéndose a Lizzy
- Azucena yo quiero estudiar en Paris.... bellas artes
- ¡ Nos va a matar !-dijo Azucena riendo
- ¿ Por qué te ríes ?
-Te echará una bronca descomunal, dirá que le dejáis solo, aunque está acompañado por un tropel de niños, pero ... yo lo entiendo... de golpe se ha dado cuenta de que ya sois unas mujeres y le cuesta hacerse a la idea.  ¿ Tú también tienes novio?
- No,  yo no. Pero quiero estudiar en la Sorbona.  Me gusta Europa, me gusta Paris, quiero viajar, conocer otras cosas, otras culturas.  ¿ Crees que me escuchará?
- Posiblemente se pondrá hecho una fiera, pero se le pasará enseguida. Os adora, no tengas duda, y le cuesta dejaros soltar amarras.  Debéis hablar con vuestros padres, sin tapujos, con honestidad.  Ellos os entenderán, porque también tuvieron dieciocho años y hemos pasado por lo mismo que vosotras ahora- Azucena se acercó a Lizzy y abrazándola le dijo-  Bueno, vámonos a comprar algo... lo que sea


Lizzy


Juntas rieron, tenían complicidad y se entendían perfectamente.

La conversación entre María y Pablo, fue tensa. La muchacha, habló con su padre sin reservas, sinceramente.  Comprendió que era la única forma en que la entendiese.  Mientras María le contaba cómo conoció a Alejandro, sus proyectos y sus deseos de estudiar en Madrid, Pablo recordó lo que le había dicho su mujer momentos antes.  Recordó la tarde de  euforia un final de curso, la reunión con los compañeros en el campo y el momento en que por primera vez tuvo a su mujer entre los brazos y la hizo suya. Era la misma situación que acababa de vivir su hija.  Ya era una mujer, pero para él seguía siendo esa chica rebelde y contestona de hacía poco tiempo. ¡ Los sacrificios que tuvo que hacer porque no aceptaba a Azucena!... Reconocía que había llegado el momento de que empezasen a volar por si solos, pero... era tan triste que comenzasen a irse...

Cuando María terminó el relato, estaba conmovido por ella.  Su joven corazón empezaba a sentir los sinsabores del amor, pero tenía razón Azucena: " a nosotros nos pasó lo mismo"... peor,  porque ellos tuvieron que separarse por años.  No deseaba que su hija sufriera tanto como ellos, por eso rendido ante la evidencia, la dijo:

- Ven aquí, ven aquí.  Siempre serás mi niña , siempre te veré así.  Es el refugio que tenemos los padres porque nos resistimos a que crezcáis.  No nos damos cuenta de que otra persona ocupará vuestro corazón y formaréis vuestra propia familia, pero... nos resistimos a ver cómo pasa el tiempo.  Estas mismas reflexiones que yo estoy haciendo, se las hacía a Azucena no hace mucho, cuando ella se volvió a España al ser rechazada por vosotros.  Sólo te pido que termines los estudios y que tengáis sentido común.  Yo iré contigo cuando te vayas.  Deseo conocer a ese villano que me ha robado a mi hija.
- No papá.  Cada uno tiene un lugar y el tuyo es y será para siempre.

Habían transcurrido un par de horas, cuando Lizzy, Azucena y los niños hicieron acto de presencia en la escena

- Lo siento, lo siento si os interrumpimos, pero es que Pablo y Mª Isabel se están durmiendo y aún tienen que cenar- dijo Azucena
- No importa, hemos terminado-contestó Pablo
- Pero ahora soy yo la que tengo que hablar contigo- Lizzy resolvió que era el momento oportuno para plantear su viaje a Paris.





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