rosafermu

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martes, 31 de julio de 2012

VOLVER A LOS DIECISIETE - Capítulo DECIMO



El tiempo había transcurrido y la situación en nada había cambiado. Ni sus hijas habían vuelto a tener comunicación con la madre y por consiguiente no  había vuelto a ver a sus nietos.  Esto la mortificaba; no entendía la actitud de Raquel y de  Alicia:  habían conseguido romper con su relación ¿ qué más querían ? Sin embargo Ramón y Luis la llamaban de vez en cuando y hasta iban a verla a escondidas de sus mujeres.  Les preocupaba Carmina. Había adelgazado considerablemente y se la veia apagada y triste. Manoli no les daba buenas noticias

--Se pasa en la cama la mayor parte del día. Sólo se levanta para comer y cenar; alguna tarde consigo que se quede en el salón conmigo, pero no habla.  Tiene la mirada perdida en no se sabe dónde...

Aquél día, mientras comian, Carmina le dijo a Manoli

-- Me voy a ir de viaje ¿ me acompañas?

--¿ Dónde te vas?

--No sé, a cualquier sitio lejos de aquí

-- Si, te acompaño. No tengo otra cosa que hacer

La verdad es que a Manoli la preocupaba dejarla sola por eso decidió que iriían juntas a donde fuera.
Quizás un cambio de aires las viniera bien a las dos, de cualquier forma nadie venia a visitarlas... Adolfo, en horas que comprendía poder hacerlo, llamaba a Manoli para saber cómo iban las cosas. Para tranquilizarle y no causar más alarma de la debida, le mentía y le confirmaba  que estaba bien  y más tranquila, cosa que estaba lejos de ser real. Irían por carretera. En su actual situación, Manoli creía que no era lo más acertado.  Carmina tenía la cabeza en otras cosas y el circular por carretera  conduciendo ella,  no le gustaba nada

-- Iremos despacio, no te preocupes. Si se nos hace de noche pararemos en cualquier sitio y seguiremos a la mañana siguiente.  Conduzco bien.  No nos va a pasar nada, miedica....- Fue la primera mueca de sonrisa que Carmina hacía en mucho tiempo.

A la hora de la salida del colegio de los niños, acudió a verles, a despedirse de ellos.  En la puerta estaban sus hijas, por las que fue saludada, sólo al cabo de unos instantes Alicia corrió hacia su madre y la abrazó, pero Raquel la miró con dureza sin dirigirle la palabra


--Mamá ¿estás bien?- le preguntó Alicia

-- Sí tesoro. He venido a ver a los niños. Nos vamos de viaje y quiero despedirme de ellos

-- ¡Ja...! se van de viaje...

-- No Raquel,  Manoli y yo nos vamos de viaje, nadie más...

Unos diablillos llegaron corriendo y gritando contentos de volver a ver a su abuela, a la que se abrazaron apretando sus caritas contra la de Carmina, que no pudo evitar emocionarse.  La comunicación duró el tiempo justo.  Raquel cortó el abrazo

-- Venga niños. Tenemos que irnos

-- ¡ Raquel !,- gritó Alicia.- Espera un poco. Déjales que estén con ella siquiera unos instantes. Estoy empezando a pensar que me equivoqué al darte mi apoyo.  Mira qué delgada se ha quedado; no es ni su sombra de la de hace unos pocos días.  Estamos siendo injustas con ella.  Yo desde luego la voy a llamar a menudo, lo siento, pero no estoy de acuerdo contigo.  Han roto su relación  ¿qué mas quieres ?



--¿ Que qué más quiero ?  El sólo hecho de haberla empezado ha sido humillante. ¿ Qué pensaría papá?

-- Dudo mucho que a él le importara lo más mínimo

--¡ La adoraba !

-- ¿ Estás segura de eso ?

-- ¿ Qué quieres decir ?

-- Nada, no quiero decir nada

La conversación quedó interrumpida al acercarse Carmina dando la mano a los niños

-- Bueno tengo que irme. Me he alegrado de veros.  Adiós

-- Espera mamá- le dijo Alicia-,   dame un abrazo

Ambas mujeres se fundieron en un abrazo y los niños rodearon las piernas de las mujeres con sus bracitos.  Mientras Raquel presenciaba la escena con gesto duro; le costaba dar su brazo a torcer y reconocer que no se estaba comportando correctamente.

El poder sentir el cariño de los pequeños lejos de consolarla, la entristeció aún más.  Se marchaba lejos, no sabía dónde, pero estaba segura de que tardaría en verles. Necesitaba salir de allí, tratar de olvidar en otro lugar que no le recordara tanto a Adolfo. Le echaba de menos, sus mimos, la dulzura de sus ojos cada vez que la miraba, el contacto de su piel....  Había renunciado a él por aquellos seres diminutos que ignoraban el sacrificio que hacía su abuela y que nunca lo conocerían.

 Cada mujer se metió en su vehículo y Carmina las vió partir con tristeza.  Hubiera dado cualquier cosa por una palabra amable de su hija mayor, pero Raquel era fria y dura como el acero y sabía que jamás la perdonaría lo que ella interpretaba una traición a su padre.

Carmina llegó a casa y se sentó en el sillón para descansar. Se sentía cansada, muy cansada y débil

-- ¡ Claro, apenas comes !  ¿ Por qué no nos vamos en tren?

-- ¡ Manoli ! no es cansancio físico, sino moral. No te preocupes.  No tenemos prisa y lo mismo nos da tardar dos o tres dias en llegar a nuestro destino

-- Y ese destino ¿ cuál será ? ¿ en qué dirección iremos ?

-- Luego extenderemos un mapa, cerraremos los ojos e iremos hacia donde algún dedo nos señale

-- ¡ Muy bien, muy bien ! ¡ Estupendo !

--¿Sabes que te estás volviendo muy gruñona ?

-- ¿ Siii ?, pues qué bien. ¡ Vaya par que nos juntamos !

-- No tengo ganas de hablar.  He visto a los niños y a mis hijas

-- ¡ Qué bien !¿ no ?

--Bien por Alicia y los niños que se abrazaron a mi. Pero mal, muy mal por Raquel.  Nunca me perdonará; no volverá a ser como antes. De nada servirá mi renuncia, estoy segura.

-- Pues si estás segura, vuelve con Adolfo.

-- No puedo, no puedo. He de esperar aún más

--¿ Esperar a que una lagartona se cruce en su camino y recoja sus pedazos rotos? Humm...

-- Lo sé, lo sé, pero he de esperar a ver qué sucede.  Quizás...  Raquel ...  Alicia, se que me ha perdonado y ella se ha mostrado entrañable como antes, pero Raquel....  es inflexible.  Sólo deseo que algún día no tenga que arrepentirse de su actitud y la pesadumbre la acompañe toda su vida.  Porque sé que algún día, tarde o temprano, la verdad saldrá a la luz y entonces...   Pero no seré yo quién le diga nada.  Ni tú tampoco ¿ me oyes ?,  ni tú tampoco

-- Sigo opinando que eres tonta, demasiado buena.  Y así te van las cosas.

-- Ya Manoli, ya por favor

-- Tienes razón. No hacemos más que mortificarte cuando eres la más inocente de todos. Dame un abrazo y perdóname

-- ¡ Ay, Manoli ! ¿ qué sería de mi si no te tuviera?

-- Pero me tienes. Eres como una hermana para mi y nunca,  nunca te dejaré sola. Este es mi hogar, y él está dónde tú estás.

--  Y ahora voy a preparar la cena.  ¿ Te sirvo un Jerez ?

-- No, gracias.  No me apetece

-- ¡ Ah ! y no vuelvas a pedir perdón a nadie ¿ me oyes ? Nadie, absolutamente nadie, y en ello incluyo a tus hijas, tienen nada que perdonarte. ¿ Me has entendido ?

-- A veces pienso que eres muy parcial por el cariño que me tienes

-- Naturalmentte que te quiero, pero además no soy ciega y veo las cosas

-- Anda, ve a la cocina.  Yo tomaré sólo unas galletas

-- Ni hablar, cenarás lo que te prepare.  Soy mayor que tú y debes obedecerme

-- ¿ Mayor que yo? ¡ Sólo dos meses !

-- Bueno,  pero soy mayor ¿ no?, pues eso...




Manoli se encaminó a preparar la cena y Carmina se quedó a solas con sus pensamientos.  Siempre era lo mismo:  su obsesión ¿ qué estaría haciendo Adolfo ?  Seguramente estaría cenando en algún restaurante acompañado de una espléndida mujer.  Los hombres tenían mayor capacidad para el olvido, y además su círculo vital era más amplio que el de ella.

Lo que Carmina ignoraba es que la vida de Adolfo ya no era la misma. . Sus únicas salidas eran de casa al trabajo y viceversa. Su único pensamiento se centraba en una sola mujer:  en ella.  No había vuelto a saber nada. llamaba, hablaba con Manoli lo justo para saber cómo estaban y colgaba.
En la última llamada, le comunicó que salían de viaje . Al no conocer el destino no le pudo decir dónde irían, de manera que le iba a ser difícil poder hablar con él.  Estarían todo el día juntas...

Sin prisas, despacio Carmina se levantó, se aseó y se vistió para emprender el viaje.  Dilataba al máximo su partida. Sabía que cada kilómetro que recorrieran las alejaría de Madrid, de Adolfo, a pesar de que ya estaban suficientemente distantes aún permaneciendo en la misma ciudad.  Manoli ya había preparado el desayuno y la esperaba algo impaciente.  Iban a estar casi todo el día en la carretera y el viajar la ponía nerviosa. ¡Si al menos supiera dónde iban...!

Desayunaron tranquilas y una vez recogido el servicio, Carmina extendió un mapa de carreteras sobre la mesa, y dijo a Manoli

-- Bueno, sé tú la primera.  Cierra los ojos y gira la mano alrededor .  Cuando te parezca te detienes  y señalas un lugar

--¿ Por qué no lo haces tú ?

--No, da igual. Hazlo tú

Manoli no quiso contrariarla. La notaba más triste que habitualmente. Sabía lo que la costaba emprender este viaje.  Iba a alejarse de lo que más quería: su familia, su amor, su casa...

-- No he podido despedirme de mis hijas, ni de los niños...  ¿ Por qué todo esto, por qué ?  Llamaré a Ramón y a Luis antes de salir...Anda elige ya

Manoli siguió las instrucciones que le diera Carmina y su dedo se detuvo en Asturias, en un pueblecito de pescadores.

-- Nos ha tocado Asturias.  Es un lugar de ensueño, pero en invierno,  y en una zona donde llueve a menudo, no sé si va a ser el mejor sitio para levantar el ánimo

-- Asturias es maravillosa.  Cualquier lugar es bueno, estaremos bien.  Voy a llamar a los chicos. Mientras ve quitando el gas, cortando el agua,...  La temporada va a ser larga...

Manoli se la quedó mirando  ¿ es que no pensaba volver?  Le extrañó que la elección no la diera ni frio ni calor.  Ella era amante del sol, no le gustaba la lluvia. La confundía la conformidad con el lugar.  Claro, no era una situación normal...

Instaladas en el coche partieron rumbo a Asturias.  Manoli, con la mirada, dio su adiós a la casa. Faltarían durante mucho tiempo y eso le apenaba.  Carmina no miró atrás, no hizo ningún comentario.  Los músculos de su rostro estaban tensos y sus manos se aferraban fuertemente al volante del coche.  Quería cerrar una etapa , otra más, en su vida.  De nuevo partiría de cero en un lugar nuevo, en una nueva casa, con nuevas gentes y lejos de sus seres queridos. Debía hacerlo aunque se le rompiera el alma en ello.






sábado, 28 de julio de 2012

VOLVER A LOS DICIESIETE -Capítulo NOVENO



Pasó la noche muy intranquila. Ni siquiera las pastillas que le había dado Manoli consiguieron proporcionarle un sueño reparador. Veía a los niños llorando, tendiéndoles los bracitos y ella no podía alcanzarles.  El rostro de Raquel aparecía riendo a carcajadas, mientras tiraba de los pequeños. Ella corría hacia ellos pero nunca llegaba a su lado y detrás de Carmina,  Adolfo con los brazos hacia ella sin poder abrazarla.  A lo largo de la noche se repetía una y otra vez.  Le dolía la cabeza horriblemente, le martilleaba el cerebro e interpretaba el sueño como que tenía que renunciar a uno de sus más grandes amores, por eso despierta en la cama pensó que debía tomar una decisión y tenía que ser cuanto antes, para no tener más dolor del ya existente.

Mirando al techo reflexionaba en lo que iba a ser la más difícil decisión de su vida, pero debía hacerlo.  Escondió la cara en la almohada para esconder su llanto, no quería que Manoli la oyera, pero Manoli entró en ese momento con el fin de comprobar que se encontraba bien.  Al verla en ese estado, corrió a su lado abrazándola, es lo que podía hacer.

-- Manoli, Manoli...  No voy a poder con ésto.  Otra vez no...
-- Calla, calla y descansa.  Tienes unas ojeras horribles. Voy a traerte el desayuno
-- No, no quiero comer nada. Sólo tráeme un vaso de leche y una aspirina. me va a estallar la cabeza.
-- Adolfo ha llamado para preguntar por ti
--  No quiero saber nada, no me cuentes nada
-- Pero ¡ Carmina ! ¿ qué dices ? Él no tiene culpa
-- Lo sé y por eso es más doloroso, porque he de decirle que no le voy a ver más
-- Espera un poco. Igual Raquel reflexiona y no es tan dura
--¿ Tú lo crees?  La conoces tan bien como yo y sabes que no dará marcha atrás
-- Y si le hablas de su padre...
--Jamás le diré nada que empañe su figura, que empañe el respeto que tiene hacia él. Haría un daño a mis hijas que nunca me perdonaría.  Nunca diré nada en su contra
-- Pero te tienes que defender. Es mucho lo que te juegas. Y no sólo eres tú, también está Adolfo...
-- Lo sé, pero así haré. Ahora no puedo hacerlo, pero esta tarde iré a su despacho y hablaré con él. Y esa será la última vez que nos veamos.
-- Por favor no lo hagas.  Vas a destruir tu felicidad. Habla de nuevo con tu hija. Quizás Ramón haya podido convencerla
-- No lo ha hecho, de lo contrario hubiera llamado y no lo ha hecho ¿verdad?
-- No,  no lo ha hecho.
--Ahora déjame sola. No voy a levantarme, no tengo ganas
--Pero es que no has tomado nada...
-- ¿ Crees que puedo tomar algo ?  Ni siquiera tengo ganas de v...
-- No pronuncies esa palabra. No lo pienses siquiera ¿ me oyes?
-- Déjame, por favor, déjame

Manoli salió de la habitación con lágrimas en los ojos.  parece mentira que apenas hacía dos días era la viva imagen de la felicidad. Una mujer llena de ilusiones y de proyectos de futuro y que ahora esté totalmente derrumbada y a punto de entrar en una depresión

Manoli todo lo que pudo hacer es abrazarla

-- ¡ Ay señor, señor ! Estuvo al borde de la depresión cuando se enteró de la faena de su marido, pero ésto es muy fuerte. No sé qué va a pasar. ¿ Debo hablar con Raquel, qué debo hacer para ayudarles ?

Pasado mediodía, Carmina se levantó  y lentamente se dirigió al salón.  Llamaría a Adolfo para quedar con él

-- Señorita por favor, ¿ me pone con don Adolfo?
-- ¿ De parte de quién ?, por favor
--De Carmina
-- Un momento
-- ¿Carmina?

Fué la voz de Adolfo al otro lado del teléfono

--¿ Cómo estás? mi amor
-- Bien, bien. Estoy bien.  No quiero interrumpirte más, pero te tengo que ver esta misma tarde a ser posible
-- Naturalmente que es posible. Para tí siempre es posible
-- Espera, espera.  No es para lo que te imaginas. Va a ser difícil
-- No lo hagas, Carmina, no lo hagas.  No renuncies a algo tan grande como lo que hemos creado entre los dos. Ten un poco de paciencia, verás que todo se arregla...
-- No conoces a Raquel, por eso debo, por el bien de todos , solucionarlo cuanto antes. ¿ Crees que yo quiero hacerlo?
-- Por favor no llores, eso no
--Voy a colgar ¿ A qué hora nos vemos  y dónde ?
-- Fíjalo tú y dónde quieras, sólo dímelo
--Iré a tu despacho a las ocho ¿ te parece?
-- Como quieras. Está bien.  Te quiero, te quiero. Vas romperme el corazón.  Nada,  me va hacer tanto daño como lo que me vas a proponer...  Por favor piénsalo bien...
-- Adiós Adolfo

La despedida fué escueta y cortante.  No tenía fuerzas para seguir escuchando su voz sin romper a llorar... Sería la última vez que le viera; iba a renunciar al amor de su vida, a sus ilusiones...

Con el semblante pálido y serio Carmina entró en el despacho de Adolfo. El rostro de él no se diferenciaba  mucho de el de ella. Se abrazaron y durante unos segundos permanecieron juntos sin pronunciar palabra.  Se miraron largamente a los ojos a sabiendas de que sería la última vez. Ninguno de los dos se atrevía a romper el silencio, y fué Adolfo el que dijo

--¿ Quieres tomar algo ?
-- No, gracias.. Yo no sé por dónde empezar...Todo es cruel e injusto.  Nadie debería jugar con los sentimientos de los demás, pero así son las cosas.  No podemos volver a vernos nunca más, no podemos seguir, debo renunciar a tí, porque no puedo renunciar a mi familia, sobretodo a los niños.  Ellos son parte de mi y sólo espero que lo comprendas.  Nunca me he visto en una situación tan difícil, a pesar de que mi vida ha sido algo complicada y fué muy dura la muerte de mi marido, y todo lo que siguió.  Pero han pasado muchos años y mi tiempo se acaba, mi tiempo para vivir lo que tú me has hecho vivir.  Te quiero más que a mi vida, pero es imposible.  Cuando pase el tiempo... quizás...
Pero no, no nos engañemos.  Tú debes seguir con tu vida y yo con la mia aunque sea demoledora.  Posiblemente me vaya de viaje; ahora no puedo ni hablar con mis hijas. Me han destrozado y no tienen ni idea del daño que han causado.  Pero, se ve que estoy condenada a vivir en soledad el resto de mi vida, porque ellas tiene su vida, sus maridos, sus hijos y yo no tengo nada, absolutamente nada. Tengo que conformarme con una visita semanal de ellos y los niños, pero el resto.. ¿ qué hare ? No, no te acerques a mi, por favor no digas nada  No hagas que todo sea aún más triste. Debes olvidame, como si hubiera sido un sueño. Seguir tu camino.
-- No me digas eso. ¿ Cómo va a ser todo un sueño ? Es imposible, te llevo marcada a fuego, eres lo mejor que me ha pasado y también a mi se me acaba el tiempo.  Por favor no te vayas. No te veré si no quieres, pero al menos sabré que estás aquí, que ves el mismo cielo, que respiras el mismo aire que yo. Por favor, por favor...

Carmina se levantó y le miró largamente .  Tenía los ojos llenos de lágrimas

-- Te lo dije el primer día:  que era imposible.  Abrázame por última vez

Y se abrazaron y juntos lloraron quedamente sintiendo un dolor inmenso en sus corazones.  Habían vivido algo hermoso, pero demasiado tarde para ellos.  Carmina salió apresuradamente sin mirar atrás seguida por la mirada de Adolfo.  No podía hacer nada por retenerla. Decidido sacó su móvil y marcó el número de Ramón. Tenían que verse esa misma noche y a poder ser en presencia de Raquel y  Alicia.





Quedaron citados en casa de Ramón, y él fué quién le franquó la entrada a su casa.  En el salón aguardaban las chicas y Luis. Los rostros eran graves y Adolfo venía dispuesto a defender su relación con Carmina con los argumentos más contundentes que con  su experiencia en los juzgados había adquirido.  Demudado, saludó cortesmente a todos los concurrentes, pero su mirada se posó en Raquel que le miraba con hostilidad. Alicia le parecía más indecisa y Luis les daba su total apoyo, al igual que Ramón.  La "batalla" iba a ser dura, puesto que Raquel no estaba dispuesta a ceder ni un ápice. No podía esgrimir el comportamiento del padre para su defensa, Carmina se lo había prohibido, entonces ¿qué quedaba ?

-- Sé que mi presencia en vuestra casa no es del todo agradable, que me véis como un intruso y que no acabáis de entender nuestra relación, pero porque amo intensamente a vuestra madre, no veo otra salida que someterme a vuestro juicio y tratar de convenceros que nuestra relación es sincera, que nos compenetramos, que somos felices juntos y que queremos llegar a nuestra vejez unidos. Necesitamos la compañía el uno del otro.  Mi vida ha sido buena, muy buena diría yo.  Pero precisamente porque elegí ese modo de vida, ahora no me satisface y me encuentro solo. No me quejo porque la elegí yo, pero compruebo la vida de mis amigos y les veo felices con sus mujeres , y hasta alguno de ellos ya es abuelo.  Sin embargo yo no tengo nada.  El encontrar a vuestra madre, fué un regalo, la oportunidad que necesitaba.  No tendré hijos, solamente vosotros si me admitís, por fin, en vuestras vidas. Seré abuelo de esas deliciosas criaturas por las que vuestra madre está dispuesta a renunciar a todo.  No existe un amor que os haga la competencia; se que me ama profundamente, pero ha renunciado a mí antes que a vosotros.  ¿Necesitáis mayor prueba de amor?.  Sé que tú Raquel, adorabas a tu padre; fué un hombre afortunado.  Gozó del amor de una mujer excepcional y de unas hijas estupendas.  El partió, vosotras creásteis vuestra familia, tuvísteis hijos y gozáis del infinito amor de vuestros maridos, pero a ella  ¿qué la queda?: vuestra visita del fin de semana.
Tiene una capacidad infinita de dar amor, pero también necesita recibirlo y el vuestro ya no es suficiente.  Es una mujer aún jóven, viuda muy temprana, vital, con deseos de comerse la vida. Sus alas se las habéis, se las has cortado tú Raquel y ahora está desorientada y sin saber qué camino seguir, porque sabe que ya nada será igual entre vosotras.  Ella os adora, a todos,  y por vosotros daría hasta la vida.  ¿ Créeis que es justo que vosotros le neguéis la felicidad que podría alcanzar a mi lado?
No soy un "cazadotes", no lo necesito. Mi posición me proporciona pingües beneficios, además de mi fortuna personal, pero a vuestra madre  la necesito para vivir, ella es mi vida. La descubrí tarde, pero precisamente por eso la defiendo a capa y espada.  Os ruego penséis en todo lo que os he dicho. No os lo pido por mi, lo hago por ella que es muy vulnerable y ya pasó por una pérdida al morir  vuestro padre.
Simplemente haced una llamada de teléfono y decidla alguna palabra de cariño. Os aseguro que lo necesita porque se siente que ya no la queréis, que no os importa.  Y ahora pensad todo lo que os he dicho...





-- Ha sido todo muy bonito y romántico, pero repito: ningún hombre ocupará el lugar de mi padre -respondió altanera Raquel

--Ni lo pretendo. Sería absurdo, pero es otra etapa de la vida, distinta,  que atañe solamente a vuestra madre y a mi.  Vosotros estáis en otro plano, en el más preferente...No debes ser tan dura, Raquel. o el tiempo te pasará factura, creeme.

--Creo que nuestra conversación debe terminar en este punto, señor....

-- Adolfo....   Bien, compruebo que sigues pensando lo mismo. Lástima, creo que algún día lo sentirás. Me queda una cosa por pedirte. Nosotros ya no volveremos a vernos, pero por favor no dejéis de darle vuestro cariño, sería injusto si no  lo hiciérais.

Y despacio, sintiéndose fracasado en la misión más importante de su vida, salió a la calle. Era de noche y sin rumbo fijo,  encaminó sus pasos hacía no sabía dónde. Sin saber cómo,  se encontró frente a la casa de Carmina.  En la acera de enfrente miraba a sus balcones tratando de ver su silueta. Tan sólo en la habitación de ella había luz, que al cabo de un rato se apagó

-- Adiós mi vida. Nunca te olvidaré, nunca.



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jueves, 26 de julio de 2012

VOLVER A LOS DICISIETE - Capítulo SEPTIMO



Puntual a su cita, Carmina llegó al restaurante donde había quedado con Ramón.  Ël ya había llegado y la aguardaba tomando un Martini

-- Carmina-  alzó el brazo para llamar su atención

Carmina se dirigió hacia donde el maitre le había indicado que la aguardaban

--¡ Hola, Ramón ! ¿ cómo estás?

--Yo, bien. A tí no hace falta preguntarte. Te ves espléndida. ¿ Quieres tomar algo?

-- Si. Lo mismo que tú

Ramón llamó la aención del camarero y le pidió un Martini seco.  Mientras lo servían,  Carmina preguntó a Ramón




-- Y bien ¿ qué querías hablar conmigo ?

-- Que conste que estoy de tu lado y me alegro enormemente que retomes tu vida, pero... También me preocupas.  Te quiero mucho, ya lo sabes, y me da miedo que la vida te vuelva a maltratar

-- Sé que me quieres y por eso accedo a hablar de mi intimidad como si fueras un hijo, que es como yo te considero.  A tí si puedo contártelo, pero no a Raquel.  me da miedo su reacción, por eso lo voy demorando, aunque sé que tarde o temprano tendré que hablar con todos vosotros.

-- ¿ Quién es, Carmina ?

-- Es un prestigioso abogado, de mi misma edad. Con él he sabido lo que es tener ilusión de nuevo. Me alaga, me quiere y estamos a gusto juntos. Quiere casarse conmigo, pero le he rechazado porque sé que de hacerlo perdería a mi familia, y sois demasiado importantes para mi.  Mientras tanto, vivmos, simplemente. Vamos al cine, al teatro, hacemos algún que otro viaje y... si tenemos oportunidad,  nos acostamos juntos. Ya lo sabes todo.  El otro día nos vistes cuando salíamos de cenar; paseábamos simplemente.  Lo que queremos es estar juntos.  Yo dejé atrás mi juventud demasiado pronto y sabes de sobra las circunstancias últimas de mi matimonio... Ël me infundió las ganas de vivir, me valora. A su lado no soy una mujer florero, soy simplemente su compañera. He de decirte que es soltero y ha corrido muchas aventuras, pero a nuestra edad necesitamos cariño y sosiego. Yo gozo de vuestro cariño, pero necesito algo más... Si no fuera por Manoli hace tiempo me hubiera hundido en una depresión.  Mi vida de casada ha sido frustrante debido a la época que me tocó vivir. No culpo a nadie. Era la vida de entonces, pero ¿ te imaginas a los cuarenta años, cuando estás en plena ebullición sentirte abandonada por una chica que podía ser su hija?  No lo quise ver antes, pero el mazazo que recibí cuando me enteré  de la causa de su fallecimiento, fué demoledor.  Raquel no lo comprende; ella amaba mucho a su padre y si yo cambiara de forma de vivir, me consideraría... no sé, como a la esposa indigna que olvida a su marido, a pesar de los años de luto transcurridos y a pesar de que como marido dejaba mucho que desear.  Me negaba la intimidad del matrimonio. Siempre tenía una excusa, pero la verdad es que lo hacía porque encontraba la satisfacción en otra cama. ¿ Comprendes ahora el porqué de esta nueva ilusión? Porque he vuelto a la juventud, siento como cuando tenía los años en que perdí la ilusión. Y ha renacido a mis cincuenta y seis, pero me siento joven, viva, ilusionada.  Con él soy feliz en todos los sentidos... ¿ me entiendes ? aunque sé que no durará, que es imposible...  Raquel me dará a elegir, estoy segura...


--¡ Carmina ! no conocía tus pensamientos ni tus desengaños, y ahora te admiro aún más. Siempre estaré a tu lado y estoy seguro que Luis También. Manoli por descontado, así que ya somos tres contra dos... Pero, debes decírselo a las chicas...

-- Ya lo sé. Pero me da miedo...

-¿ Quieres que hable con Raquel?   Alicia es más dócil y compensiva...

--Si, pero ella apoyará a su hermana. Esoy segura.

Ramón trató de convencer a Carmina para ser su avanzadilla, pero ella insistió en que debería hablar directamente y para ello se decidió para el domingo de esa semana, se reunirían a comer y entonces a los postres hablaría con ellos.

Se despidieron y Ramón la abrazó con cariño y respeto. Más que nunca admiraba a esa mujer que no había sido feliz y que cuando llamó a su puerta tiene que luchar contra la incomprensión de una hija egoista e intolerante.  Si necesitaba su apoyo,  él se lo daría sin dudarlo.  Decidido se encaminoó hacia la calle Serrano, lugar en dónde Adolfo tenía su despacho.  Hablaría con él.

Entró en una cafetería para hacer tiempo hasta que llegase la hora  de entrada al bufete.  Subió a la planta del despacho y se presentó a la secretaria que le recibió

-- Dígale a D. Adolfo que soy Ramón, el yerno de Carmina

Fué recibido inmediatamente.  Ambos hombres se estrecharon las manos.

--¿ Quieres tomar algo ?

-- Un café, por favor. Acabamos de comer Carmina y yo

--Ya... ¿ Sabes lo nuestro, pues?

--Si. Os vi la otra noche. Me alegro por ella. Se la ve más feliz desde que te conoce y eso me alegra. Merece ser feliz. Es muy buena y cariñosa. Es capaz de dar amor a manos llenas, pero también precisa recibirlo y no siempre ha sido asi.  Te vengo a hablar de mi mujer, Raquel. Es buena madre, amante esposa, pero demasiado rígida con su madre.  El "accidente" de su padre le rompió muchos esquemas, no lo entendía y culpó de todo, inconscientemente,  es verdad, a su madre... ¡ Pobre Carmina !, la más inocente de todos.  Aún no ha asimilado que su padre no volverá y que su madre merece ser feliz y que no por eso deja de respetar a su padre.  Quiero que sepas que nos ha emplazado para el domingo, y que contará a todos vuestra relación.  Deseo y confío que todo saldrá bien, pero... Raquel es muy testaruda...  Ella te pondrá al corriente sin duda.  Quiérela y protégela, porque si todo sale mal, mucho me temo que tomará una decisión que no os conviene

Se despidieron y Adolfo se quedó con la sensación de que estaban en el filo de una navaja y la más vulnerable, Carmina, se enfrentaba sola a su familia.


miércoles, 25 de julio de 2012

VOLVER A LOS DIECISIETE - Capítulo SEXTO

Nerviosa, pero segura del paso que iba a dar, esperó a que Adolfo teminase con los trámites pertinentes.  Efectivamente era totalmente anónimo.  Sin nombres, sólo un número, sin identificaciones, sin nada. Podrían entrar y salir cada vez que ellos quisieran que no verían a nadie.  Era una suite elegante, moderna y grande, que tenía anexo, además del cuarto de baño, un salón con televisión y un mini bar, con cafetera,.  Sobre una mesa, había depositada una bandeja con frutas y una botella de champán que descorcharían  en un momento..  Era a todo lujo.  Ni siquiera sabía que podía existir un sitio como éste.  Quizá su marido si lo supiera... Decidió borrar de su imaginación la figura de él.  Era su noche; estaba con alguien que la agradaba y por primera vez en mucho tiempo le iban a hacer el amor y ella lo iba a recibir.  Ya instalados, Carmina le dijo:

-- Un momento, tengo que llamar a casa  para que no me esperen a dormir -.  Cogió su teléfono móvil y marcó el número de su domicilio


-- Dígame
-- Manoli, soy Carmina. Mira esta noche no iré a dormir a casa
--¿Le ha ocurrido algo
-- No, estoy bien. Es que estamos fuera de Madrid y haremos noche aquí. Te aviso para que no estés intranquila
--¿Estamos?
--Si. Un amigo y yo
-- ¡ Vaya ! Ya era hora. Cuídese
-- ¡ Manoli !... , Bueno...,  hasta mañana. Cuídate tú también

Cuando colgó, Adolfo notó que se había puesto nerviosa. Comprendió que era un gran paso el que Carmina estaba dando. No se atrevía a mirarle y se ruborizaba como una colegiala
-- ¿ Qué te ocurre ? Si no quieres estar aquí, lo entiendo, nos vamos y no pasa nada
-- Si, si quiero estar aquí. Sólo que es una situación insólita para mi... nunca he vivido algo así. Te ruego me perdones, no es por ti...
-- Lo entiendo.  ,Mírame

Carmina temblorosa levantó la mirada hacia él. Adolfo con una dulce sonrisa acariciaba sus mejillas. Nunca como en ese instante parecía una jovencita asustada,  que iba a tener su primera experiencia amorosa. Suavemente la abrazó estrechándola contra su pecho. Dulcemente comenzó a besarla, a decirle palabras amorosas y tiernas.  Pequeños y dulces besos, jalonaban su garganta y sus labios.  Las caricias se sucedían y las palabras de amor también.  Ella entornaba los ojos y echaba la cabeza hacia atrás como queriendo absorber el momento.  Nunca antes había tenido un preludio como este.  Sin poder evitarlo, hizo comparaciones y se dio cuenta de que lo que estaba viviendo si era ternura y amor, lo otro era sexo para satisfacer a una sola persona, sin tener en cuenta las necesidades de la otra.


Lentamente comenzó a desabrocharla el vestido mientras acariciaba su espalda.  Tenía la piel tersa y suave, y Adolfo cada vez sentía que aquella mujer iba a tener la primera experiencia sexual de toda su vida.  No era vírgen, era cierto, pero no había dejado de serlo en lo referente a la necesidad imperiosa de la Naturaleza, y que su marido no supo o no quiso satisfacer como ella deseaba.  .Y así,  sin darse cuenta se dejó hacer y lentamente fueron despojándose de sus ropas.  Adolfo acariciaba su piel, mientras la besaba en las mejillas, en los ojos, en los labios, en el cuello.  Lentamente con sus besos iba recorriendo aquel cuerpo adulto, transformado de pronto en una jovencita.  No quería violentarla, por eso aunque se moría de ganas por contemplarla, , se contenía para que ella se relajase y dejase de temblar.  No quería fijar su mirada en alguna parte determinada de su anatomía, de momento no. Ya habría tiempo para recrearse en ella. Tenía un bonito cuerpo, cuidado y esbelto..  Deseaba  acariciar cada centímetro de piel.  De hacerla ver que todo eso era normal y permitido, que no cometía ningún delito si él la tocaba y ella hacía lo mismo con él. Iría despacio; tenía toda la noche para llevarla por el camino de la sexualidad.  Merecía ser feliz, tener el  placer que le habían negado, y él estaba allí para dárselo, sin reservas, sin obstáculos.  Tenía mucha experiencia en tratar con mujeres, pero nunca se había topado con una de cincuenta y pensamientos de diecisiete.  Era una rara avis en los tiempos que corrían, pero él había tenido la suerte de encontrarla y se prometió a si mismo, que aquella noche no la olvidaría nunca.  Finalmente sus bocas se juntaron y dulcemente, Adolfo la poseyó.  No era la primera vez, para ninguno de los dos, pero aquella era especial.  El,  de vuelta de muchas cosas, de los brazos de otras mujeres.  Y ella, era la primera vez que sentía la adoración, el placer  y el amor de otro hombre que no era su marido, y que éste había dejado en el camino hacía tiempo.Y tuvo realmente su primer orgasmo en mucho, mucho tiempo.  Ahora estaba segura que su matrimonio había sido un puro trámite , satisfacción carnal sólo para él.  Ahora conocía la sensación que todo lo inundaba, que la hacía retorcerse bajo Adolfo, y suspirar y gemir libremente sin tener que fingir sino dando rienda suelta a sus instintos,  a los que tenía derecho.  Arqueaba su cuerpo y él la atríia hacia el suyo. Gotas de sudor perlaban sus frentes, pero no importaba nada.  Se pertenecían el uno al otro. No importaba si cuando amaneciera tuvieran que separarse y no volvieran a verse más. Era el presente, ahora, y buscaba la boca de él con ansiedad renovada, recobrando de golpe la juventud y las energías adormecidas, y con el nombre de Adolfo en la boca, se desplomó sobre la cama y él sobre el cuerpo de ella.  Yacían uno encima del otro sin querer separarse.  Jadeantes, sudorosos, enlazaban sus manos y él miraba sus ojos, que ella tenía cerrados de puro placer y relajación.  Volvería a ser suya nuevamente, cuando las fuerzas volvieran a su cuerpo.  No había sentido un clímax más intenso nunca, y de ella no tenía ninguna duda:   nunca. Le pertenecía; aquella maravillosa mujer había sido suya totalmente, sin fingimientos, sin reservas total y absolutamente entregada al placer que él le proporcionaba con sus caricias, con sus besos, con su posesión.


Transcurridos unos momentos en que ambos se reponían, Carmina, poco a poco abandonó su vergüenza y reemplazo ese sentimiento por otro más visceral.  Quería recorrer el cuerpo de aquél hombre que era capaz de transportarla a las estrellas,  que le  había dado el placer  olvidado  hacía tiempo.  Retorcía las sábanas y suspiraba quedamente al compás de Adolfo,  que con sonidos guturales acompañaba su ritmo amoroso, y juntos alcanzaron de nuevo  el placer más absoluto, un placer nuevo y renovado para cada uno de ellos.

Ella acariciaba la espalda de él, sus muslos, sus nalgas, su pecho.. Él la dejaba hacer, y la besaba animándola a que fuera más audaz. juntaba su boca a la de ella, como sujetándola para que no huyese.  No quería soltarla.  Tenía la sensación que si lo hiciera, se le escaparía, y no quería perderla, ya no.  En esa unión se habían dado lo mejor de cada uno.  Un sentimiento puro y buscado, y al fin recuperado.  Deseaban que el reloj se detuviese, que sus cuerpos permaneciesen enlazados eternamente. .  No importaba lo que hubiera ocurrido antes de conocerse.  Su vida comenzaba allí, en aquel momento,  en el que se entregaron.. Pasado un rato, una vez recobrada la calma. Adolfo acariciaba el rostro de Carmina, con veneración.  No tenía que forzar las palabras, salían solas de su garganta, inspiradas por la dulzura e inocencia de aquella mujer necesitada de amor, un amor que ella entregó  a su marido sin condiciones y que se había visto defraudada en sus más íntimos sentimientos de mujer.

Todo había sido distinto con Adolfo.  Carmina no recordaba cuánta ternura, deseo y pasión había inspirado en sus relaciones sexuales con su marido.  No quería pensar en él. Ahora no.  Tenía derecho a ser feliz a sentir lo que todas las mujeres amadas sienten al tener relaciones con la pareja. Y él estaba allí, a su lado. Acariciando su cara , su cuerpo, sus turgencias dulcemente, con una sonrisa tierna en sus labios. La había amado y adorado con su cuerpo como nunca lo habían hecho antes.  . .  Era su momento y el de Adolfo.  No consentiría que se lo arrebatase un recuerdo ya pasado. Ni en sus mejores momentos de casada, había sentido tanto placer.  Un placer reposado, con caricias, besos y dulces palabras de amor mientras tomaba posesión de su cuerpo.

-Mi cielo... Eres la mujer más dulce que nunca he conocido. Me has hecho el hombre más feliz del mundo
- Adolfo yo...
- Schsss... Calla, no digas nada.  Solo quiero saber si te he hecho feliz.  Si te has sentido amada, porque eso es lo que te he querido transmitir.  Estoy enamorado de ti y nunca creí que volvería a tener ese sentimiento, que sólo tú  has sabido inspirar
- Nunca, óyelo bien, nunca... he sentido el éxtasis, el placer enorme de haber sido tuya. Nunca, con nadie.  No pienses que establezco comparaciones, porque no es cierto.  Ni siquiera he pensado ni en él,  ni en que estábamos haciendo algo deshonesto.  Ha sido sublime, y me he sentido amada, porque yo también te quiero.


Se amaron intensamente. No contaba la edad, eran jóvenes de nuevo dando rienda suelta a sus sentidos, al cariño que ambos sentían. Estaban en el paraíso, no existía nada más que su amor.  Pasaron todo el día y toda la noche juntos. Por la mañana salieron del hotel al igual que entraron, sin ser vistos. En sus rostros , en sus vidas había una luz distinta.

Cuando llegó a su casa, Manoli, recibió a Carmina sonriendo y,  abrazándola,  la saludó

-- Vaya, vaya.  ¡ Ya era hora ! ....
-- Manoli... vas a avergonzarme...
-- ¿ Por qué ? ... Es lo más natural del mundo entre un hombre y una mujer libres. Porque él es libre ¿verdad?
-- Si, lo es.  Ven Manoli, siéntate a mi lado. Tengo que hablarte.  No sé qué hacer, estoy muy confundida...

Narró desde el principio su encuentro con Adolfo y  confesó el amor que de nuevo había llamado a su puerta.

-- Pero sé que a pesar de todo, nuestra relación es imposible
-- ¿ Por qué ?Por lo que me ha dicho están  enamorados ¿ dónde está el imposible?
-- Está en Raquel y tú deberías saberlo
-- Pues enfréntese a ella. Defienda su relación.  Ha guardado luto durante diez años por alguien..., bueno me callo.  Ya es  mayorcita para regir su vida. Ella tiene la suya, y tiene derecho a ser feliz.  No renuncie a él si le quiere, o se arrepentirá toda la vida. - La conversación fue interrumpida por una llamada de teléfono


-¿Mamá?
-- Hola hija, ¿ estáis bien ?
-- Si, si , todos bien.  Te quería pedir un favor
-- Dime Raquel
--Ramón quiere que cenemos fuera de casa esta noche ¿ te puedes quedar con los niños ?
-- ¡ Claro ! Traédmelos
-- Gracias mamá.  Te quiero
-- Yo también a ti, hija - Al colgar el teléfono, Carmina se quedó pensativa
-- Qué,   los niños ¿ no ? ¿ se da cuenta ? Para eso mamá es estupenda
-- Calla Manoli. Son mis nietos, son mi familia
-- Tiene razón, mejor me callo. Pero es tonta, perdone que se lo diga

Los niños llegaron después del colegio.  Carmina les preparó la merienda y disfrutó con las ocurrencias de los chiquillos.  Ya por la noche recibió la llamada de Adolfo.  Se encerró en su habitación para disfrutar en la intimidad de la voz de su amado

-- ¡ Hola mi amor !
-- ¡ Hola, cariño !
-- ¿ Qué haces ?
-- Estoy con los niños.  Hoy dormirán en casa
-- ¡ Qué suerte !
-- ¡ Adolfo !
--¿ Qué ?  Hace un siglo que no te veo y te echo de menos
-- Me has visto esta mañana
-- Pues eso, un siglo ...
-- Ja, ja, ja.  Te quiero, te quiero mucho
-- Y yo, Yo también.  Muchísimo.  Eres lo mejor que me ha pasado en la vida.  Mañana tengo juicios, pero por la noche ¿ nos vemos ?
-- Claro. Estoy deseando verte y estar contigo
-- ¿ Pasamos  la noche juntos?
-- No lo sé...¡ Ojalá ! ¡Te echo tanto de menos ! ...
-- ¿ Quedamos a las ocho?  Ven a buscarme al despacho y ya decidiremos ¿ te parece ?
-- De acuerdo. Hasta mañana. Te quiero
-- Yo también. Cuídate

Entró en el edificio y buscó en el panel de información la planta del despacho de Adolfo. Preguntó en información a la señorita que lo atendía por el despacho de él.  La empleada consultó su reloj y señaló a Carmina

-- Perdón, señora,  pero es un poco tarde, y en la agenda de trabajo no figura su cita
-- Lo sé. Ha sido algo inesperado.  Le ruego anuncie mi visita.  Me espera. - La secretaria hizo lo indicado y el mismo Adolfo salió a su encuentro.
-- ¡ Ah !, Amelia puede irse a casa. En cuanto termine con la señora cerraré la oficina, y cuando salga dígale por favor al conserje que no pase ninguna llamada, que no deseo ser interrumpido por nada.  Lo que tenemos que tratar es urgente y delicado.  Hasta mañana
-- Hasta mañana don . Adolfo. Buenas tardes

Carmina entró en el despacho conteniendo la risa y extendiendo la mano a modo de saludo para no levantar sospechas en la secretaria

-- Señora,  encantado


Adolfo estrechó la mano para corresponder al saludo y sin soltársela le dio un ligero tirón hasta tenerla abrazada, después de que la secretaria cerrara la puerta del despacho.  Se abrazaron y se besaron como si verdaderamente hiciera siglos que no se veían. Mientras se acariciaban retrocedían hasta un sofá.  Allí Adolfo la echó y comenzaron a besarse de nuevo, e hicieron el amor.

-- Pensé que aquí era un buen lugar, solos tú y yo.  Si no quieres ir a oro sitio...
--  Adolfo ¡ hemos hecho el amor en un sofá ! ¡ Estamos locos !
-- Si mi amor, pero bendita locura.  Casémonos y no tendremos que andar a escondidas
-- Dame un tiempo.  Tengo que plantearlo en casa
-- De acuerdo, pero no tardes demasiado
-- Anda. Deja que me arregle un poco y llévame a cenar
-- ¿ Te ayudo ?
-- Nooo, No daldriamos de aquí si lo hicieras
-- ¿ Acaso no te agrada ?
-- Sabes que sí.  Anda déjame

Cogidos del brazo salieron a la calle para ir a cenar.  Carmina recostaba la cabeza en el hombro de Adolfo mientras aguardaban que el semáforo cambiase de color.  Un coche pasó junto a ellos, que paró unos metros más adelante.  Su conductor se apeó, pero el nombre de Carmina no llegó a pronunciarlo al ver que ella se besaba con un hombre que la miraba complacido.

-- Ramón, frótate los ojos- se dijo-  ¡Tu suegra tiene novio ! Bien

Era la una de la madrugada cuando Carmina llegó a Casa.  Después de cenar pasearon sin más objetivo que el de estar juntos.  Dejó las llaves en el mueble de la entrada y cogió una nota que Manoli le había dejado

--  Ramón ha llamado. Dijo que no era importante, Que volvería a llamar por la mañana - Sonrió y se fue a dormir.  Durmió como una niña relajada y feliz.

-- Buenos días-  dijo a  Manoli que sonrió al ver a Carmina.- Llegó tarde ¿ no ?
-- Como a la una...
-- ¿ Vió la nota ?
-- Si la vi. ¿ No dijo lo que quería ?
-- No. Sólo que volvería a llamar

Carmina estaba radiante.  Definitivamente, la tristeza había desaparecido de sus ojos.  El brillo de sus pupilas era evidente y la sonrisa permanente en su rostro indicaban que era plenamente feliz.  Manoli nunca la había visto tan bonita y tan sonriente.  Se alegraba por ella, quizá nadie sabía lo mal que  lo había pasado. Merecía esa felicidad.  "Bendito sea el tal Adolfo que la hace tan feliz ".  Pero... tiene una papeleta con sus hijas...-  A media mañana, Ramón llamó a su suegra

-- Carmina-  la saludó en tono jovial
--¡ Hola Ramón ! Me llamaste ayer ¿verdad? ¿ Está todo bien ?
-- Si, si... ¿ Comes hoy conmigo ?
-- ¿ Y eso ? ¿ Los niños están bien ?
--Si, si...  es algo personal
-- ¿ Tenéis algún problema  Raquel y tú ?
-- Desde luego que no.  No tenemos ningún tipo de problemas...,  en nada
-- Me tienes en ascuas
-- Verás, anoche te vi, con un señor, os besabais
-- Ya ... ¿ y ?
-- Que yo me alegro que tengas un ligue...Ya era hora; quiero hablar contigo, simplemente eso...
-- De acuerdo.  Dime hora y dónde
-- A las dos en el Donostiarra
-- A las dos. Allí estaré.  Y ... Ramón, no te preocupes.  Después te cuento. Todo va bien


viernes, 20 de julio de 2012

VOLVER A LOS DICISIETE - Capítulo QUINTO





Contemplaba la belleza de los árboles en esta estación, una de las mejores para disfrutar en Madrid. Llamó su atención el canto extraño de un pájaro y le buscaba entre las copas de los árboles. Detuvo su andar justo en medio de la calzada, por donde las bicicletas tenían via libre para su circulación. Extasiada con el canto del ave, no se dió cuenta de que una bici le hacía señales de que debía apartarse del carril. Ni siquiera lo escuchaba, así que el ciclista optó por echar un pié a tierra y llamar su atención con el vehículo parado, de lo conrario corría el riesgo de atropllarla.

-- Tenga cuidado. No puede ir por la vida tan despistada...

Entonces se dió cuenta. Ante ella estaba de nuevo Adolfo

-- ¡ Pero bueno, qué casualidad !
--Tu nombre es Carmina ¿verdad?

                                                   No se puede andar por la vida tan despistada...
Él se apeó de la bicicleta para acompasar su paso al de ella, y entablaron una conversación intrascendente.  Al cabo de un rato, Adolfo dijo

-- Se me ocurre una idea. Te invito a comer, y seguiremos nuestra charla ¿ vale ?
-- La verdad, no sé qué contestar, respondió Carmina
--Por ejemplo dí si

Ella lo pensó durante unos instantes. La resultaba violento aceptar la invitación, apenas se conocían. Sin embargo le agradaba aceptar y aceptó mirándole a los ojos y con la más feliz de las sonrisas.

-- Muy bien. Iré a casa, me cambiaré de ropa y enseguida volveré a buscarte. Vivo cerca. A no ser que quieras venir a mi casa....
-- No. Mejor te espero aquí
-- Vivo en la calle Goya. En media hora estoy de regreso.  No te marches, ni te muevas de aquí.

Él sonreia también. Sería el comienzo de una gran amistad.  Media hora es lo que tardó en regresar impecablemente trajeado.  Carmina le miraba, y pensaba : " es muy guapo y educado " ...  Adolfo pensaba: " tiene una sonrisa que quita el sentido.  Su marido debió ser un cretino si despreció a esta mujer, por otra más jóven.  En fin ..."

Una vez instalados en el coche de Adolfo, decidieron dónde ir y eligieron de nuevo Jockey.

-- Tengamos un mejor comienzo-  apostilló Adolfo
-- Bueno en definitiva no fué tan malo, pudimos conocernos...  Y ambos rieron.

El almuerzo fué agradable, relajado. Habían limado todas las asperezas y pasaron una tarde muy amena y divertida.  Al salir del restaurante pasearon y poco a poco su conversación derivó hacia sus vidas personales.  Ambos se sinceraron y cada uno de ellos contó al otro su transcurrir por la vida.  Adolfo escuchaba con atención el relato de Carmina. La esuchaba en silencio comprendiendo la frustración de ella durante la mitad de su vida.


                                             
Adolfo relató sus andanzas juveniles y la decisión que le llevó a permanecer soltero

-- Observé la vida de mis amigos, siempre con las mujeres y después con los niños...  siempre controlados por ellas. Pensé  que esa vida no era para mi.  Podía disfrutar  a mi antojo. Salir con cuantas mujeres quisiera sin comprometerme a nada, sin ataduras...Y de esta forma el tiempo fu pasando y llegué a los cincuenta.  De un día para otro mis salidas con chicas se espaciaron; me aburría esa vida, me cansaba.. Un día pensé que me había equivocado: mis amigos habían formado una familia, yo estaba solo. El silencio de mi casa me agobiaba, pero ya era tarde para pensar en una estabilidad familiar. Era demasiado mayor. Seguía saliendo con mujeres, pero ahora las que aceptaban mi compañía lo hacían por mi status y por mi dinero.   Eran bastantes más jóvenes que yo y no lo hacían por mi atractivo, sino para disfrutar de los elegantes lugares a los que les llevaba y porqué no decirlo,  mi abultada cartera.  Mis relaciones íntimas con ellas ya no tenían atractivo para mi, eran monótonas, cumplidoras , faltas de entusiasmo...

 El se detuvo en su relato y la miró

-- Es curioso. Ambos hemos " desnudado" nuestros más íntimos sentimientos sin apenas conocernos, pero nos comprendemos perfectamente.

- Eso es porque a nuestra edad, hemos andado la mayor parte del camino, y hemos dejado en él prejuicios que antes sentíamos.  Ahora lo vemos todo con otro prisma diferente. " La vida es la mejor escuela ", decía mi madre.  Y tenía razón. Si las cosas se supieran... Si la experiencia la tuviéramos nada más nacer... - comentaba Carmina

- Quizá no cometeríamos los mismos errores, pero haríamos otros.  Los seres humanos somos así: no escarmentamos- dijo Adolfo

El coche se paró delante del portal de Carmina. Se bajó del coche y solícito abrió la portezuela del lado de ella.  Se despidieron y quedaron en verse.   Se besaron en ambas mejillas como dos buenos amigos.  Al día siguiente se verían de nuevo, a las doce.  Tomarían el aperitivo, después almorzarían y por la tarde verían qué hacer.  Pasarían el día juntos.  Ambos gozaban de la compañía mutua; no les faltaban temas de conversación. 

De vez en cuando se miraban fijamente, como queriéndose decir con la mirada  lo  que sus labios ocultaban.  Sonreían con frecuencia, se sentían atraídos.  Ella sentía en su interior algo que había olvidado hace tiempo:  en su estómago sentía una sensación de nerviosismo e impaciencia.  Sentía lo que los poetas decían "revolotear de mariposas".  No podía haberse enamorado de nuevo, en tan corto espacio de tiempo y sin apenas conocerse, pero esa sensación le hacía regresar a su juventud.  Sentía el mismo entusiasmo como cuando empezó a salir con el que más tarde sería su marido. Conocía esa sensación por haberla vivido antes

--¡ Por Dios, a mi edad!-  pensó,  al tiempo que miraba de reojo a Adolfo

Con ser el mismo sentimiento, era distinto. Ahora más reposado, pero igual de intenso.  Pensó que se había quedado viuda demasiado joven y además estaba la frustración de su matrimonio. Su edad era de cincuenta y seis años, pero sin duda su biología se había quedado en los cuarenta.  Una edad plena para la mujer, joven, pero para ella....  sólo había tenido despego por parte de su marido.

-- ¿ Qué me ocurre con esta mujer ? , se preguntó Adolfo.

Había "corrido" lo suyo, sin embargo con ninguna mujer con las que había estado sentía tanta paz y serenidad como con Carmina.  La opinión sobre ella era excelente:  buena compañera de charla, educada, dulce y bonita.  La transparencia de su mirada le encantaba. Sus ojos revelaban lo que pensaba, no había maldad en ellos ,  podías leer sus pensamientos.  Su sonrisa era la más dulce que había visto nunca.  Con ella podía hablar de cualquier tema.  Había abierto su corazón confesandola sus andanzas de hombre soltero,  sin escandalizarla.  Quizá la edad de ambos y  las experiencias vividas,  les permitían hablar sinceramente, sin cortapisas.

Carmina no era una mujer de mundo, pero él podía transmitirla un mundo nuevo, de nuevas sensaciones ya olvidadas tiempo atrás, nuevas aventuras, una nueva vida sin monotonías ni rutinas.  Él nunca había sentido"aquello" que sentía por por ella.  Ansiaba que las horas corrieran para estar a su lado nuevamente, y pensaba " es ternura lo que me inspira, nada más ...¿ nada más que ternura? "

Una voz interior  le anunciaba que podía significar algo más profundo.  Quizás estuviese jugando con fuego; no le importaba sólo quería poder verla y estar a su lado y protegerla ¡ era tan vulnerable ! ...

Llamó por el portero automático a casa de Carmina y apareció ante sus ojos vestida elegantemente. Tenía lo que las mujeres definen como "clase".  Tenía un buen cuerpo, a pesar de la edad, y todo la  sentaba bien, porque además era elegante por naturaleza.    Una amplia sonrisa adornaba su rostro. Él la miraba con admiración.  Se dieron los buenos días y se saludaron con un beso en las mejillas, como hicieron la noche anterior.  Al percibir el roce de su piel en los labios, Adolfo sintió algo nuevo en su interior y de nuevo las mariposas revolotearon en el estómago de Carmina que pugnaban por "salir volando"

Cortés y educado como era, acompañó a Carmina hasta su asiento en el coche. Después dando un rodeo se sentó en el suyo, a su lado. Fue entonces cuando girando el cuerpo y mirando a Carmina, la preguntó



                                           
--¿ Dónde quiere ir mi bella dama?

Ella rió complacida y dijo

-- Donde mi caballero me lleve

En tono jocoso, él respondió

--Hacer a un hombre ese comentario, es muy peligroso...

-- ¿ Por qué ?  yo confío en mi caballero

 El la miró fijamente, y al cabo de unos instantes comentó

-- ... te pondré el cinturón.  Permíteme, se atasca un poco ...

Se aproximó a ella para  asegurar el cinturón.  Sus rostros se aproximaron y Adolfo no pudo evitar besarla en los labios.  Fue un beso suave, corto, fugaz, pero Carmina no se sorprendió, había deseado que lo hiciera.  Adolfo no sólo no se excusó, sino que repitió otra vez, pero ahora sería más intenso y Carmina le correspondió posando su mano en la mejilla de él, mientras éste la abrazaba.

Ambos deseaban que el mundo se parase allí mismo, en ese instante. Estaban enamorados aunque les costase reconocerlo.  Ella volvió a su adolescencia en cuestión de segundos y sintió la misma felicidad del primer beso a sus diecisiete años. Amaba a aquel hombre que había llegado a su vida de forma inesperada y que sabía despertar aquel sentimiento tan especial. Se sentía como la dueña del universo, la más guapa, la más amada,  cada vez que Adolfo posaba su mirada en ella o rozaba ligeramente su mano.

Él había tenido entre sus brazos a muchas mujeres pero los sentimientos que  Carmina había despertado en él,  nunca los  había experimentado. Sus tibios  y dulces labios junto con la caricia que le había dado en la mejilla mientras le besaba, le hacía pensar que era correspondido  de la misma forma.  No obstante, pensó que debía disculparse ante ella

-- Perdóname.  No sé cómo ha ocurrido.  Te ruego me perdones, yo no quería ...

-- ¿ No deseabas besarme ?

-- Si ... no sé...  Me provocas algo desconocido para mi, algo que nunca he sentido, a pesar de mis años.  He besado a otras mujeres, ya lo sabes, pero contigo ha sido diferente.  Como si pisará sobre una nube...  Lo siento no puedo describirlo...

--  Yo me siento atraída hacia ti. Te he contado mis más intimas experiencias, pero creo ... que me he enamorado de ti.  Estoy confusa. No sé cómo debo actuar.  Por un lado este sentimiento me hace vivir, aunque sé que es una utopía.  Has defendido tu independencia hasta ahora y sé que no la perderás, pero no me importa. Sé que pronto terminará todo, pero tengo más vida contigo, con alguna caricia tuya, que durante todos los años que permanecí casada.  Me basta una tarde a tu lado para sentirme viva.  Con mi marido me acostumbré a su indiferencia, creí que era la forma normal en que los esposos  tratan a sus mujeres: la costumbre. Me sentí una mujer florero, aunque entonces no me daba cuenta, hasta que te conocí. Contigo me siento una reina.  Pero no me importa. Cuando todo termine me quedará el recuerdo de lo que hemos vivido

-- Me desconciertas Carmina.  Dices estar bien conmigo y al mismo tiempo das por sentado que vamos a terminar, cuando apenas hemos empezado...

-- Porque sé que no estás enamorado de mi y al cabo de un tiempo seré un recuerdo en tu memoria, una muesca más en tu cinturón.  Adoras tu libertad, tu forma de vivir sin comprometerte con nada ni con nadie. Saboreas los placeres de la vida.  Yo soy una casualidad en ella, una novedad porque me has conocido de forma distinta, alguien con la que puedes hablar de cualquier tema, alguien que sabe escuchar.  Por si todo ésto fuera poco, está mi familia, mi hija Raquel sobretodo... Sé que no aceptará mi relación con cualquier hombre... Ella adoraba a su padre y piensa que debo llevar luto eterno por él, que mi deber es permanecer así con ellos y con mis nietos, sin nadie más en mi vida.  De vivir en la India antiguamente, me hubiera quemado en la pira al morir su padre.  Lo nuestro de llegar a algún sitio, está condenado de antemano.

-- Pero no sabes lo que siento por ti.  También yo me he enamorado y haré lo que sea por defender lo nuestro.  Hablaré con tus hijas, les haré comprender que no es un juego. No a nuestra edad. Que es algo más importante de lo que se imaginan y que la vida no ha terminado para nosotros, sino que comienza ahora, en este instante.  No deseo  otras mujeres, te quiero a ti. Sólo quiero estar contigo, unir mi vida a la tuya. Me infundes ganas de vivir, me haces sentir más joven, más vital.  Siento no haberte conocido antes.  La gente piensa que cuando cumples cierta edad, se acaba la vida, las sensaciones, la sexualidad. ¡ Es falso ! sólo necesitas compartir tu vida con la persona adecuada. Te enamoras y la deseas como cuando eras  joven ¿ qué hay de malo en eso? ¡ Es vida, por amor de Dios ! vuelves a ser joven.  Te deseo con todas mis fuerzas, pero al mismo tiempo te respeto enormemente y no quiero molestarte ni lastimarte. Eso sería lo último, por nada del mundo quiero perderte

-- Pero no puede ser ¿ Dónde tendríamos relaciones, en  un coche, como cuando éramos unos  crios?

-- Ja, ja, ja.  ¡ Eres tan inocente !, sigues viviendo en los años sesenta...¿ No sabes que existen hoteles en los que puedes estar y nunca nadie te ve ni tu ves a nadie?  Entras directamente con el coche hasta la habitación que te destinen. Todo lo haces a través  de un interfono y pagas cuando te vas de igual forma.  En la discreción más absoluta. Además yo vivo solo con la señora que se encarga del mantenimiento de la casa....

-- Ni hablar, en tu casa ni hablar

-- ¿ Por qué ?

-- Me moriría de vergüenza si  tu sirvienta me encontrara en tu cama.  Vamos a ese hotel

--¿ Estás segura, deseas ir?

-- Si lo deseo,  aunque mañana esté arrepentida. Hoy no quiero pensar más

-- Muy bien, pues vamos.  Toma sujeta el cinturón ahora te lo abrocho

De nuevo se besaron como dos chiquillos. Iban a vivir la mayor aventura de sus vidas.

Mientras Adolfo procedía a asegurarla, al sentir tan cerca el rostro de él, pensaba

- ¡ Te has vuelto loca ! Vas a acostarte con un hombre al que has conocido hace nada. Igual ni te acuerdas cómo es hacer el amor. Estás a tiempo todavía . Di que no. Da media vuelta y di que no

- ¡ No ! - gritó

-¿ No ? ¿ No quieres hacerlo, es eso ? - respondió él extrañado

- Adolfo... no sé... Es todo muy extraño... Yo..., creo que mejor me dejas en casa

- No voy a forzarte, desde luego, pero  ¿ qué ha ocurrido para que en una fracción de segundo te hayas vuelto atrás ? ¿ Te has dado cuenta que no me deseas, a pesar de lo que acabas de decirme?

- No, no es eso. Es que... tengo la sensación de que ...

- Estás faltando a tu marido ¿ no es eso ? - la interrumpió Adolfo

Ella pensativa, le miró fijamente, y le respondió

- Si. Lo siento, además...  hace mucho tiempo que ...

- ¿ Crees que eso se olvida a pesar del tiempo transcurrido?  Abre tu mente. No tienes que dar explicaciones a nadie. Ya has pagado tu cuota y ahora debes vivir como tu desees. Igual pensabas que me querías  y te has dado cuenta de que no es así.  No te preocupes.  Olvidemos todo esto.  Te llevaré a casa

- Es que... deseo estar contigo.  Quiero volver a sentir que corre la sangre por mis venas.  Quiero sentir el placer nuevamente.  Quiero estar contigo, aunque mañana me avergüence de ello

- ¿ Por qué vas a avergonzarte ? Es lo más natural del mundo entre un hombre y una mujer que se aman. No es un delito querer ser feliz de nuevo. Eres libre,¡ por el amor de Dios !

- Cállate y llévame a ese hotel. Yo también lo deseo, y creo que debo darme la oportunidad de volver a sentir aquello que se me negó en su día.

 La besó nuevamente y giró el coche para tomar la dirección del hotel en donde nuevamente volverían a ser jóvenes.





VOLVER A LOS DIECISIETE - Capítulo CUARTO

Aterrizaron en Roma. Carmina coincidió con su vecino del pasillo en la cinta transportadora de equipaje. Él le dirigió una amable sonrisa, y le dijo

--Feliz estancia en Roma
-- Igualmente, caballero

Cada uno siguió su camino.  Pasada la media tarde el grupo se reunió en cafetería para hacer planes y disfrutar de la noche romana; Carmina no les aompañaría. Estaba cansada y al día siguiente tenían que madrugar para iniciar su periplo. Tomó con ellos una copa y luego se despidió deseándoles una grata velada. Ella se dirigió a su habitación. Bajaría a cenar al restaurante del hotel y posteriormente se acostaría.

El camarero la acomodó en una mesa de un solo comensal, Frente a ella estaba sentado observándola su vecino del  avión que con una sonrisa le brindó la copa que estaba tomando e indicó al camarero que sirviera a la señora lo que ella desease.  Pidió  lo mismo que él estaba tomando y le dió las gracias con el mismo gesto que él le hiciera anteriormente.  Cenaron por separado, pero al café, él se le acercó diciéndole

Adolfo levantó su copa a modo de brindis

Carmina correspondió al saludo


-- No me creerá, pero ya he descubierto en dónde nos vimos. Desde que estábamos en el avión, mi cabeza no ha dejado de pensar porqué me era conocida su cara, bien pues ya lo sé.  Usted es la dama que me echó una buena bronca en el restaurante Jockey de Madrid ¿ recuerda ?
--¡ Oh Dios mio !, cierto. Es verdad !. No sabe cuanto lo lamento debí callarme, en definitiva es un problema que no me incumbía. Lo siento muchísimo
--No, pero lo más gracioso es que se dirigió a mi, que soy soltero y sin ataduras, y mi amigo era el de la infidelidad. Ja, ja, ja
-- ¡ No me diga eso ! Sabe Dios lo que pensaría de mi...
-- Pues..., mejor no se lo digo, dijo riendo a carcajadas. Su risa contagió a Carmina que también rió con la metedura de pata.

-- He de decirle que tengo una justificación para reaccionar así, pero eso ya pertenece al pasado.
--¿ No sale con sus amigos a conocer la noche romana?
-- No,  estoy cansada y mañana empezamos la ruta. Yo ya conozco esta hermosa ciudad. Vine muchas veces con mi marido
-- ¿ Dónde está ? ¿ se han divorciado ?
-- No, no. Aunque quizás lo hubiésemos hecho, quién sabe. Soy viuda, pero si hubiese sabido lo que después averigüé creo que ahora no seguiría casada con él.  En fin, cosas que se dan cada día en la vida
-- ¡ Vaya ! lo lamento. He sido muy indiscreto
-- No tiene importancia. Ha pasado mucho tiempo. Sólo quiero quedarme con lo mejor, aunque a veces es difícil.  ¿ Y usted tampoco sale ?
-- Ni hablar. Tengo que trabajar. Tengo un caso difícil y poco tiempo. A propósito, soy abogado. me llamo Adolfo Mínguez
-- Yo me llamo Carmen, pero todos me llaman Carmina
-- ¡ Carmina !, me gusta.
--¿ Desea tomar alguna cosa, una copa, otro café ?
-- No muchas gracias. Voy a retirarme. Si me disculpa...  He tenido mucho gusto, Adolfo. Le deseo el mayor de los éxitos en su gestión
-- Gracias Carmina, descanse y feliz estancia en Italia.

El la vió irse en dirección al ascensor.  ¡ Vaya mujer atractiva !, es lo que pensó interiormente.
No volvieron a encontrarse y día tras día, se cumplieron los quince de las vacaciones de Carmina. El viaje se le había hecho corto; había disfrutado mucho, a pesar del ronroneo del viudo que no dejaba de mosconearle.  Ella se lo tomaba a broma, pero sin permitir que las cosas fueran a más.  Y por fín ya estaban de nuevo en Barajas. La inyección de autoestima había surtido efecto. Venía contenta y pletórica de satisfacción, cosa que alegró a su familia. Tenía un brillo especial en los ojos y al sonreir se iluminaba su cara. Hacía muchos años que no se sentía tan satisfecha.Manoli y Ramón fueron a recibirla al aeropuerto. A sus  hijas se lo imposibilitó el trabajo, pero también les acompañaban los tres pequeños diablillos deseosos de abrazar a su abuela..  Luis llegó sofocado al recibimiento pues fué sorprendido por un atasco, cómo no, en la autovía a Barajas

-- Casi no llego...
-- No te preocupes, le dijo Ramón. Aún no han recogido el equipaje

Las puertas se abrieron y ante ellos una desconocida Carmina les dejó boquiabiertos

-- Pero ¿ dónde está la decrépita suegra que marchó a Roma?
--¡ Ramón ! exclamó Carmina abrazándose a todos
-- ¡ Mis niños !

Los tres diablillos saltaron sobre ella para darle el abrazo más fuerte. Carmina estaba emocionada. Sabía que era muy querida por su familia, pero nunca imaginó que lo era tanto. Apenas habían pasado unos pocos días, pero el cambio en ella era notorio.  Cuando llegaron a casa, llamó a sus hijas y quedaron en que irían a comer todos juntos. Tenía que contarles las novedades del viaje y recoger los regalos que traia para todos ellos.  La sobremesa duró hasta bien pasada la tarde. Su hija menor la miraba muy complacida, pero Raquel no tanto. Sospechaba que algo había cambiado en la vida de su madre, y tenía miedo de que borrase su vida anterior.  No dijo nada, hasta que estuvo a solas con su marido, y aún así tuvo que ocultar parte de su pensamiento, pues sabía que Ramón estaba totalmente de parte de su madre.

Con el Otoño, llegó la época de ópera en El Real y aquel día representaban Madame Butterfly, su ópera preferida . En las taquillas del teatro sacó su entrada y a continuación decidió tomar un aperitivo en el Rincón del Alabardero, en la Plaza de Oriente.  Tenía que repasar su armario ¿ tenía el vestido adecuado para ir a la ópera?  Repasó mentalmente  su vestuario y encontró uno negro, algo descotado muy favorecedor. Con un ligero abrigo de entretiempo estaría perfecta.

Se vistió cuidadosamene, acentuó algo su maquillaje y dió media vuelta delante del espejo,  preguntando a Manoli

-- ¿ Qué tal estoy ?
-- Si esta noche no le sale novio, es que los hombres se han quedado ciegos en Madrid
-- ¡ Manoli !, como te oiga Raquel te fulmina...ja,ja,ja
-- Yo sé lo que me digo. Está guapísima y parece que ha rejuvenecido diez años
--¡ Ojalá !, aunque me siento como si los tuviera. Estoy llena de energía y de ganas de hacer cosas. Hasta he pensado en apuntarme a una ONG y marchar a Africa o a Suramérica...
-- No lo dirá en serio
-- La verdad es que es una broma. No podría vivir sin mi familia, sin mis niños...

Se puso el abrigo, cogió el bolso y salió rumbo al Teatro Real.  Acomodada en su asiento, paseaba la mirada por las butacas cercanas. No tenía otra cosa qué hacer. El programa lo había leido y releido. Observó a una pareja que elegantemente vestidos se acomodarón dos filas delante de ella

-- ¡ Vaya ! es Adolfo con una dama..., sonrió. No imaginaba que aquél atractivo otoñal saliera con una mujer algo más jóven que él. 
-- Y por qué no. Es un hombre apuesto y libre. A pesar de que no quería ataduras....  En el fondo todos los hombres son iguales: les pierde lo que les pierde.

Sumida en sus pensamientos no se dió cuenta que el tal Adolfo había girado la cabeza para ver si a su alrededor hubiera alguien a quién conociese. Allí estaba ella, elegantemente vestida y muy guapa. Por un momento se quedó parado al darse cuenta que ella le miraba pero  " no le veía ". Agitó ligeramente una mano para saludarle y fué en ese momento cuando Carmina inclinó su cabeza para corresponderle.

En el intermedio de la obra él salió al vestíbulo con el fin de saludar más formalmente a Carmina. Su acompañante no había querido abandonar su asiento.  Y allí estaba ella en la barra del bar pidiendo un zumo de piña

-- ¡ Hola, cómo está !
-- ¡ Hola Adolfo ! muy bien y tú

Le había tuteado, era la primera vez y no le disgustaba. Las formalidades de protocolo, las justas, y ya eran "antiguos" conocidos.


Pedía un zumo de piña...

Carmina no le tuteaba, y le agradó


-- ¿ Te gusta la ópera ?
-- La verdad es que me gustan ciertas óperas, como por ejemplo ésta. Es mi favorita, a pesar de que siempre que la veo me toca llorar
-- ¿ Lloras ? ja,ja,ja
-- Si, me da mucha pena Butterfly
--Bueno ¿ qué tal te va, qué tal Roma ?
-- Maravillosamente bien. Lástima que pasó tan pronto

En ese moimento sonaron los timbres que avisaban que de nuevo comenzaba la representación.

-- Podemos darnos los teléfonos y quedar un dia ¿ te parece ?, solicitó Adolfo

Deprisa y corriendo, en una servilleta intercambiaron los números, pero ninguno de los dos hizo uso de ellos, hasta que una mañana, por casualidad...

Eran los últimos días de Octubre, de un mes suave y precioso del otoño madrileño. Con un libro bajo el brazo, Carmina se encaminó al parque de El Retiro.  En esa época es una maravilla contemplarlo  que luce maravilloso. Tomó un café en un kiosco, junto al estanque, mientras leia el últmo capítulo de la novela que le habían recomendado. Era una historia preciosa, de amor con final feliz, como a ella le gustaban " para desgracias, ya tenemos la vida real", comentaba. Las películas le gustaban con los mismos temas; quizás ella deseaba en el fondo que la vida fuera igual, aunque no era asi.

Le daba el sol en el rostro y protegía sus ojos con unas gafas que había comprado en Roma. Al cabo del rato decidió que iría hasta el Paseo de Coches. ¿ Por qué eligió esa ruta ?, no sabría explicarlo, simplemente la eligió.


Nunca podría explicar porqué eligió aquel paseo


jueves, 19 de julio de 2012

VOLVER A LOS DIECISIETE - Capítulo TERCERO

¿Qué reglas rigen la vida de las personas y hacen que en algunas ocasiones se encuentre un hombre y una mujer en situaciones insólitas que jamás creyeron podrían vivir ?¿ Qué circunstancias ocurren para que esas personas, tan dispares, tan opuestas en pensamientos y obras, se crucen sus destinos... ? ¿ Quién maneja los hilos que propicia que sus vidas  confluyan ...?




                  
Terminó su postre, su café y abonó la cuenta.  Estaba furiosa contra aquel desconocido que había conseguido sacarla de quicio con su conversación.  Despacio, con calma contenida, se levantó de la mesa y con la mejor de sus sonrisas y muy educadamente, se plantó delante de uno de aquellos hombres.  Le espetó, sin que él pudiera responder

-- Perdón. Sin querer he escuchado la convesación que tenían y he de decirle que debe escuchar a su amigo.  La jovencita le hará feliz, sin duda, hasta que un día en plena "función" le provoque un infarto y tengan que asistirle en la calle a punto de morir. Piénselo bien antes de dejar a su esposa.  La jovencita sólo busca su posición y dinero.   Y ahora...., les ruego perdonen mi intromisión.  Buenas tardes.

El hombre al que se había dirigido Carmina, se quedó mudo de asombro. Sólo pudo comentar con su amigo

-- Pero ... ésta ¿ de qué va ? ¿ de qué demonios me hablaba ? A mi... que me quedé soltero para no tener problemas ni ataduras.... !!!
-- Ja, ja, ja,... ¡¡¡ Ha creido que el del ligue eras tú !!!, Ja, ja , ja
-- Pues no me ha hecho ni pizca de gracia. Una metementodo, eso es lo que es. ¡ Qué narices le importaba a ella de lo que hablábamos ! Es una cotilla, eso es lo que pienso...  Haciendo una seña con la mano, solicitó la presencia del camarero
-- Perdón señor, ¿ desea algo ?
--  La mujer que acaba de salir ¿ es habitual de la casa ?
-- Estuvo en un par de ocasiones con su marido, y otras veces con sus amigas.  Hoy es la primera vez que viene sola.  Es la esposa de un destacado médico, que creo falleció de un infarto en plena calle... ¡ y eso que era cardiólogo !  Es una señora muy educada y amable....

 Adolfó, entonces  llegó a comprender el porqué de la intromisión de Carmina

-- ¡ Con razón estaba tan enfadada ! Debió reflejarse en tu espejo, solo que se confundió de personaje...


Decidió ir dando un paseo hasta su domicilio, que no andaba muy lejos. A la salida del restaurante llegó a la glorieta de Alonso Martínez, y por Santa Engracia, llegó hasta la esquina de Luchana.  Vivía en un edificio señorial construido a principios de los años cincuenta, justo enfrente de la Plaza de Los Chisperos. El piso para ella y Manuela, le resultaba grande, pero tenía cariño a sus paredes por las que habían pasado la mayor parte de los pasajes de su vida.  Se mudaron a él, cuano su esposo fué nombrado director del hospital; necesitaban para su relieve un mayor status y ese edificio les pareció ideal para ello.




Se había sentido bien una vez se hubo desahogado con aquel conquistador de pacotilla, al que abordó en el restaurante. Estaba muy dolida por todo lo que le había ocurrido, era humillante

Cuando llegó a su casa, le dijo a Manuela

-- Desde hoy te llamaré Manoli ¿ te parece ?

-- ¿ Qué le ha ocurrido ?  Viene distinta...

-- Siéntate conmigo. Saca la botella de Jerez y un par de copas. Charlaremos como dos buenas amigas, que es lo que eres para mi


-- ¡ Vaya !- exclamó Manoli- ¡ Me gusta !

Rieron las dos mujeres y Carmina le relató lo ocurrido en Jockey

-- Me quedé muy a gusto. Lo siento porque no suelo inmiscuirme en la vida de nadie. Pero esos comentarios me "tocaron" muy de cerca, y aún las heridas no han cicatrizado del todo.

Se habían bebido media botella de licor, y dado que ninguna de las dos estaban acostumbradas , los vapores del alcohol hicieron presa en sus cabezas.  Perdieron la noción del tiempo hablando de sus cosas.  Ya anochecía, cuando Manoli dijo

-- ¡ Dios mio ! ¡ cómo se ha ido la tarde ! Voy a preparar la cena...

-- No, no prepares nada. Voy a pedir chino

-- ¡ Pero si no le gusta ! ...

-- Bueno... Siempre hay una primera vez, y hoy es el principio de algo.  No sé de qué, pero esoy decidida a poner punto final a muchas costumbres establecidas desde hace tiempo. Tenemos que hacer cambios en nuestras vidas, pasar página definitivamente.

-- ¿ Lo dice en serio ? Hace tiempo que se lo vengo aconsejando y nunca me ha hecho caso

-- Pero esta vez es diferente. Llevo en mi cuerpo una dosis alta de Jerez y me atrevo con todo !!! Ja, ja, ja

--¿ Esta borracha ?

-- Noooo, sólo contenta. Manoli por primera vez en mucho tiempo, estoy contenta y segura de mi misma.

-- Pues me alegro infinito. Ya era hora. Eso merece un brindis

-- ¿ Otro ?... llevamos brindando durante toda la tarde... Pero venga: arriba, abajo, al centro y adentro...

Y rieron alegres y felices, contentas de ser amigas, y contentas por el Jerez que les había soltado la lengua

Era una mañana de principios de verano.  Se detuvo en el escaparate de una agencia de viajes de la calle de  Génova contemplando los carteles con paisajes exóticos que invitaban a viajar a paises con  playas paradisíacas.  Se detuvo ante un cartel con la costa Italiana; conocía el pais por haber viajado en repetidas ocasiones.  Le atraía su paisaje, sus gentes tan paracidas a nosotros, su carácter alegre,  mediterráneo.  La Toscana fué su elección.  " No estaría mal unas vacaciones alli"-  pensó

Decidida entró en el establecimiento, pidió información.  Cuando salió de la agencia, llevaba en su bolso un pasaje de avión y una estancia de quince días en Italia: cuatro días en Roma, tres en Amalfi, otros cuatro en Venecia, Florencia.... etc.  Según le informaron era un grupo reducido y siempre acompañados por un guía, desde Madrid hasta el último dia de estancia en Italia.  El viaje era costoso, pero no le importaba. Viajaría cómodamente en hoteles de cinco estrellas; por primera vez en su vida elegía ella misma lo que deseaba hacer,  a dónde quería ir.




Fué de compras. Se equipó como si no tuviera nada que ponerse.  Estaba entusiasmada, se encontraba eufórica.

-- Manoli, ven y siéntate un momento

-- Vamos a ver ¿ qué novedad se trae hoy ?

--Voy a irme de viaje ¿Quieres acompañarme? Iríamos a Italia...

-- No, no, por nada del mundo. En uno de esos viajes en el que sólo estás cinco minutos en cada sitio. Yo me iré a Barcelona, con mi hermana; hace tiempo que no veo a mi familia y me apetece mucho.  Disfrute, que bien que lo merece. Haga lo que le venga en gana, caramba. Que ya es hora

El grupo de viajeros fueron agrupados por la guia y después de pasar por el control, se introdujeron en el avión. Todos en una sola fila. A Carmina le tocó en el asiento de al lado, un compañero que se había quedado viudo hacía pocos meses y  que tenía verdadero terror al avión.   Viajaban  en primera clase.  Al otro lado del pasillo. frente a Carmina, viajaba un hombre maduro, con buena planta a pesar de tener pasados los cincuenta. Dejó su bolso de viaje en el departamento adecuado y un ordenador portátil  en el suelo. Se abrochó el cinturón y tranquilamente aguardó la partida leyendo la prensa del día. De una mirada rápida Carmina analizó el rostro de su vecino y su cara le resultó conocida, aunque no le situaba en ningún sitio.  Él ni siquiera reparó en ella. Su compañero de asiento tenía los nervios en tensión

Se decidió pedirle el favor a su vecino del pasillo


-- No soporto los aviones. Lo paso fatal

-- ¿ Por qué no tomas algo que te tranquilice ?

-- Tienes razón.  Azafata por favor...

-- Dígame señor

-- Señorita me traería un poco de agua para tomarme una pastilla

-- Enseguida señor. En cuanto despeguemos,  y ya lo vamos hacer

-- No se le olvide, por favor


El vecino del pasillo, levantó en ese momento la vista de su lectura y paseó la mirada por los dueños del diálogo que había escuchado. Se detuvo en  Carmina, y al igual que a ella, le resultó familiar

-- Cualquiera sabe. Viajo tanto que igual la he visto en cualquier aeriopuerto. Aunque no se...

Despegaron. Las azafatas pasaban con el carrito de las bebidas  y sirvieron el agua solicitada por el pasajero nervioso  que acompañaba a Carmina.  Apenas transcurridos unos minutos, cayó en un profundo sueño.  Empezaba a sentir frio en los brazos; trató de coger una manta, pero su compañero se había despatarrado y no alcanzaba a cogerla del departamento sin despertarle.  Miró alrededor  por ver si alguien podía ayudarla, pero el que no dormía veía la película.  Dirigió la mirada al otro lado del pasillo, y vio al otoñal que tecleaba en el ordenador y se decidió a pedirle a él el favor

-- Disculpe

-- Sí dígame

--Lamento interrumpir su trabajo, pero necesito coger la manta del departamento y no llego. ¿ Me haría ese favor ?

-- Desde luego, con mucho gusto

Carmina entonces se fijó en su cara. le encontró guapo, interesante aunque más o menos de su edad. ¿ "Dónde he visto a este hombre" ?.  Cómo si le hubiera leido el pensamiento, él se fijó también en Carmina, efectuándose la misma pregunta, que de momento no encontraron respuesta.

-- ¿ Ve ? solucionado

-- Muchas gracias. Empezaba a sentir frio

-- ¿ No nos hemos visto antes ?

A pesar de todo Carmina lo tomó como una excusa para entablar la clásica conversación

--No, creo que no . Le reitero mis gracias.  Y cortó la conversación.  Se puso a ver la película y el hombre continuó con lo que estaba haciendo.