rosafermu

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sábado, 30 de junio de 2012

RELATOS:: Desencuentros - Cap. Primero


PERLA
Por una rendija de la ventana, se colaba un rayo de sol que iba directamente al rostro de la muchacha que comenzaba a despertarse molesta por la interrupción del sueño. Había pasado una mala noche, pues el calor había sido sofocante.  Julio es un mes muy caluroso en Madrid y las noches se hacen insoportables. Para ello la gente sale a las calles y pueblan las innumerables terrazas que se instalan en los paseos del centro, en donde el frescor de la noche hace que las tertulias se dilaten hasta casi la madrugada.
Se había retirado muy tarde a descansar; se había reunido con sus amigas después del trabajo. Se aproximaban las vacaciones y había que planearlo todo para que fuera un verano inolvidable. Hasta el más mínimo detalle estaba previsto. Deseaba que llegara el último día de trabajo, necesitaba esas vacaciones más que nunca, a pesar de que Agosto no era su mes preferido para viajar, había demasiada gente por todos lados, pero no tenía otra opción.
Tenía un montón de cosas que hacer: ir de compras.  Siempre que salía de viaje, no sabía muy bien porqué, tenía algo que comprarse y lo más curioso es que casi nunca salía de la maleta lo que había comprado. 
¿Verdaderamente le hacía ilusión el viaje?  Se detuvo ante esta reflexión…  En comparación con otras… no.  Eran diferentes, totalmente, pero le daba igual; el caso era romper el tedio y monotonía  en la que se había convertido su vida.  Recordó los primeros días de viudedad y la sensación de desamparo que había sentido el primer día que salió a la calle después del entierro de su esposo.
Recordó un día,  en que parada en un semáforo,  sentía miedo de la gente. Tenía la sensación que deben sentir los niños al extraviarse y verse solos en la calle, en medio de la gente extraña que pudieran rodearle.  Esa misma sensación es la que sintió ella; las piernas le temblaban y creyó caerse.  Todos los días iban juntos al trabajo y volvían a reunirse para comer juntos y juntos volvían a casa por la tarde, ya terminada su jornada laboral.  Ahora tenía que hacer el mismo recorrido en solitario, algo a lo que no se acostumbraba.  Por eso sus amigas habían hecho hincapié en que viajara con ellas, porque el cariño y la diversión siempre estaban presente en el grupo.
Siempre había estado protegida por él, siempre se había encargado de todo, ella no debía preocuparse por nada, “sólo de ser feliz a su lado”. Esa consigna la había recibido de él cuando contrajeron matrimonio. Todo había cambiado. Él se había ido y ella se tenía que enfrentar a una soledad aplastante que le deprimía.
El grupo de amigas se había conocido en  primaria y le habían arropado cuando se quedó sola y gracias a ellas su soledad se hacía más tolerable.  Le habían aconsejado que saliera con alguien, que por eso no olvidaría al hombre que había compartido con ella aquellos cortos años de matrimonio, pero no podía.  El sólo pensar en ello, le hacía sentirse como una delincuente y rápidamente desechaba la idea de su cabeza. Sabía que había un compañero que intentaba tener una cita con ella, pero siempre le daba excusas para no salir con él.
Desperezándose estiró sus piernas y sus brazos para quitarse de encima la mala noche pasada. Acto seguido,  de un salto, salió de la cama. Pasó  por la cocina y puso la cafetera en marcha. Necesitaba un café fuerte, de lo contrario estaría dormitando todo el día.  Se metió en la ducha y dejó correr el agua por su nuca. El agua estaba fría, no había querido encender el agua caliente, no con esta temperatura. La radio daba 25 º, y apenas  eran las siete de la mañana
--¡ Dios mío, vaya día que vamos a tener hoy ¡, exclamó cuando oyó ese dato.
No secó su cabello para de esta forma aliviar un poco el calor. Se sentó en la mesita de la cocina y preparó su desayuno. Mientras sorbía el café dirigió la mirada hacia la silla que enfrente de ella permanecía solitaria, y como si de un amigo imaginario fuera se dirigió a ella con la siguiente pregunta:
--  A ti ¿qué te parece?
Sin obtener respuesta siguió desayunando. Preguntaba su opinión a una silla. Le pedía opinión sobre sus vacaciones. No estaba muy conforme ni con ellas, ni con el destino escogido, pero había sido decisión de la mayoría y hubo de aceptarlo.  En realidad no le entusiasma ningún destino, que no fuera quedarse en casa.  Recordó con el entusiasmo que siempre habían proyectado sus viajes.  Fue una decisión cuando se casaron: “ no tendremos hijos inmediatamente, somos jóvenes y hay tiempo. Primero disfrutaremos de nuestra visa de casados”, pero no hubo tiempo, todo se había precipitado  y ahora se reprochaba el no haber cumplido con ese deseo.
--¡ Ay señor, señor ¡, se lamentó y decidió arreglarse y dejar de pensar en lo que pudo ser , y no fue.
Sin darse cuenta había ido deprimiéndose poco a poco. Habían pasado cinco años desde su muerte, e interiormente escuchó la voz de una de sus amigas que le aconsejaba: “  es hora de que empieces a organizar tu vida. Debes salir, tratar de seguir adelante, y quizás conocer a alguien… No por eso vas a olvidarle…”
Perla era hija única en una familia de clase muy acomodada. Sus padres le dieron una formación exquisita: internado en Suiza, internado en Inglaterra, y final de carrera en la Univ. Autónoma de Madrid.  Recibió clases de ballet y música. Era una alumna muy disciplinada cuyas notas eran sobresalientes. Entre sus amigos estaba considerada como superdotada, aunque en realidad era de una gran inteligencia y muy perfeccionista que no deseaba defraudar a los padres que habían depositado en ella su plena confianza. Terminados los estudios no tuvo ningún problema en encontrar un empleo. Su dominio de los idiomas inglés y francés le facilitaron grandemente el conseguirlo, pero todavía no estaba muy decidida por la clase de trabajo que quería.
Se hizo azafata en turismo, con constantes viajes al extranjero, pero al  poco tiempo le fatigaba tanto ajetreo y decidió dejarlo.  Trabajó en una embajada, pero tampoco le agradó:
--Hija mia, eres muy inestable. A veces dudo de que te gusten los estudios que has cursado…No es posible que no encuentres nada que te agrade..
--Lo sé, mamá, pero…Ya lo encontraré, no te preocupes
Ni la madre ni el padre estaban preocupados, pero no les agradaba la indecisión de su hija. Por fin una mañana encontró algo que al menos de momento le entusiasmaba: sería traductora en una editorial.  Le apasionaba la literatura y  la traducción de una obra, le permitía ser, en cierto modo, también escritora.  Siempre tendría que adaptar los textos escritos en otro idioma distinto al suyo para su total comprensión del libro en cuestión. 
Había leído el anuncio solicitando “traductor/a” y no dudó ni un instante que ese sería el trabajo de su vida.  Loca de contenta relató a sus padres el trabajo conseguido y los tres estallaron en parabienes y abrazos.
De esta manera entró en la importante editorial que le permitiría desarrollarse como intelectual y conocer al hombre que un tiempo después se convertiría en su marido.
Carlos ocupaba un puesto directivo. Era un joven prometedor y con gran futuro dentro de la empresa. Era atractivo, sin ser guapo, pero su sentido del humor y simpatía, ganaba la voluntad de todos aquellos que le trataban.
Fue un flechazo por parte de ambos. Él extrovertido, ella responsable y formal. Ambos se complementaban perfectamente y al cabo de un año se habían convertido en marido y mujer con el beneplácito de todos.
Decidieron de común acuerdo, esperar unos años para ser padres; ambos tenían una carrera brillante  y querían desarrollarla. Eran jóvenes y podían esperar; primero disfrutarían de su matrimonio. Viajaron durante las vacaciones a todos los rincones del mundo. Se divertían estando juntos y su vida en común era perfecta.
Carlos tenía que hacer un viaje al extremo Oriente para crear una sucursal de la editorial. Estaría ausente al menos dos semanas, pero tendría que ir sólo. Ella estaba inmersa en la adaptación al castellano de un best seller de un escritor norteamericano y no podía cortar el trabajo.  Le despidió en el aeropuerto sin poder contener unas lágrimas cuando se dieron un último beso. A regañadientes, Perla, vió cómo él se alejaba rumbo al avión.
Se llamaban todos los días. Se echaban de menos y los días pasaban lentos para ella y rápidos para él.
Pasó el tiempo y por fín Carlos regresó a casa. En el rostro se notaba que estaba cansado. Profundas ojeras rodeaban sus ojos, había adelgazado, pero en sus ojos seguía teniendo el brillo de ironía que hacía que sintieras simpatía por él desde el primer instante de conocerle.
--Ha sido el trabajo, el clima, la comida, todo. Pero no te preocupes, ya estoy en casa. Dame una semana y seré el chico guapo que te conquistó, dijo riendo  abrazando a su mujer.
El tiempo pasaba y Carlos no mejoraba, muy al contrario cada vez estaba más delgado
--Vamos a ir al médico. No te vacunaste por las prisas; no vaya a ser que hayas contraído alguna enfermedad tropical. No estoy tranquila..
--De acuerdo, de acuerdo. Iremos cuando tú quieras
--Pues ya mismo. Voy a pedir hora para una consulta.
Acudieron a la consulta y después de un pequeño interrogatorio por parte del médico, le dijo que no le podía decir nada, sin antes hacerle algunas pruebas. Estaba de acuerdo con Perla en que quizás hubiera contraído alguna enfermedad tropical.
Tardaron algunos días en tener los resultados de las pruebas, y con ellas de nuevo se entrevistaron con el médico.  Éste leyó lenta y concienzudamente los informes.  Dejó los papeles sobre la mesa y clavó la mirada, primero en Carlos y a continuación en Perla, al tiempo que les comunicaba el resultado:
--Lo siento, no es lo que pensábamos. Claro, hemos llegado a tiempo lo que significa que tenemos muchas posibilidades, muchas, de que pasado un tiempo recobre la salud plenamente
--De acuerdo, doctor, pero ¿qué me pasa?
--Verás Carlos, tienes leucemia. Pero lo hemos cogido pronto y te aseguro que las probabilidades de recuperación son muy altas. Habremos de comenzar con el tratamiento inmediatamente para atajarlo cuanto antes.
Perla se quedó sin sangre en las venas. Le faltaban palabras, mejor, se le habían borrado de su cabeza. No era posible que esto les estuviera pasando a ellos; a penas llevaban tres años de casados, tenían planes, proyectos e ilusiones. No no era cierto, el médico se había confundido.
Pero no, no se equivocó y las palabras de aliento que les había dicho, fueron eso: palabras. La enfermedad avanzaba rápidamente y hubo de internarse en un hospital. Las transfusiones se sucedían, pero la debilidad iba en aumento. Ni fármacos, ni otras consultas surtían efectos.  Una mañana Perla recostaba la cabeza en la almohada de la cama hospitalaria que ocupaba Carlos, cuando éste con la mano libre que le dejaba la vía,  acarició la cabeza de su mujer  y le pidió:
--Perla, tenemos que hablar…
--Claro que tenemos que hablar, pero ahora descansa
--No mi vida, no tenemos tiempo. Escúchame. Cuando yo me haya ido no quiero que te encierres en casa refugiada en los recuerdos. No quiero que te acuerdes de mi ahora, sino como  era antes. Pasado un tiempo, que sé lo vas a pasar mal, deberás organizar de nuevo tu vida; no por eso vas a olvidarme. Siempre estaré en tu vida; tienes que prometérmelo. Por encima de todo deseo que seas feliz . Recuerda la felicidad que ha reinado en nuestras vidas desde que estamos juntos.  Hay muchas personas que conviven durante toda una vida odiándose y sin embargo nosotros nos hemos amado intensamente.  Hay otra cosa que te quiero pedir: llévame a casa. No quiero terminar aquí. Deseo hacerlo rodeado de lo que ha sido nuestro mundo.
Y cumplió su voluntad. Le llevó a casa y abrazada a él se despidió para siempre del que había sido su marido.

CARLOS
Tuvo que pedir la baja laboral, pues su cabeza era un laberinto de sentimientos encontrados. Había desarrollado un carácter infernal, no quería ver a nadie, ni a familia, ni amigos. Odiaba a la humanidad y cada día al despertar, las noches que podía dormir, llorando pedía a Carlos que la llevara con él. Abrazada a su fotografía  lloraba desconsoladamente. Pasaron los meses y poco a poco su cerebro fue asumiendo su nueva situación. Cada vez que acudía a algún sitio para arreglar papeles, tenía la sensación de enterrar de nuevo a Carlos. Iba a menudo al cementerio. Le había hecho la promesa de que reemprendería su vida y en principio espació las visitas a su tumba, pero la sensación que le quedaba era de cometer un delito. Se limitó a acudir las fechas claves: aniversarios, navidades, cumpleaños, etc.
Sus amigas le animaron a salir con ellas. La primera vez que lo hizo se sintió mal. Le parecía injusto que ella se divirtiera y Carlos llevara enterrado tanto tiempo.  Poco a poco recobró su vida.  Aquel sería el segundo verano que pasaría con el grupo de amigas, que nunca la habían dejado sola
 Las jóvenes se divertían y hasta Perla estaba contenta. Sus paseos y los baños en el mar le hacían olvidar el tedio en que se había convertido su vida. Por las noches en el hotel organizaban bailes y diversiones para los turistas, y ellas acudían para no meterse en la cama tan temprano. De vez en cuando algún galán se acercaba a ellas y bailaban durante un rato. De todas, las que más solicitudes tenía era Perla, justo la que no bailaba nunca. Las excusas que daba no convencían a nadie, pero tampoco insistían dada la firmeza del rechazo. Sus amigas le recriminaban lo “sosa” que era, pero ella se sentía incapaz de sentir los brazos de otro hombre rodeando su cintura:
--No, ni halar. Hasta ahí no llego, era su respuesta a las chicas.
El tiempo pasó rápido y llegó el día en que tendrían que abandonar su paraíso veraniego y regresar al trabajo. Se reservaron un par de días antes de trabajar para organizarse el regreso y acostumbrarse de nuevo al horario y comidas habituales.

Era un lugar paradisíaco...
Con el color dorado de la brisa del mar, ataviada con un vestido amarillo que resaltaba más su color, acudió al trabajo en la fecha debida.  Después de saludar a sus compañeros y ponerles al corriente de sus vacaciones, se encaminó hacia el despacho de su superior para comunicarle que ya estaba en su puesto.  Dio unos golpes en la puerta, y una voz potente le respondió:
--Adelante
Su jefe no estaba solo. En el despacho le acompañaba otro hombre de aspecto extranjero que apenas hablaba castellano. Su jefe les presentó:
--Perla, le presento al escritor de moda: Jeff Douglas Spencer. Jeff, mi traductora Perla Cifuentes
--Encantado, señorita
--Igualmente señor. Soy señora
--Lo siento no lo sabía, perdón
Perla esbozando una sonrisa, le respondió
--No por Dios, no tiene importancia. Sr. Olmedo, volv eré en otro momento; solamente era por saludarle y decirle que ya estoy de regreso.  Buenos días
Dando media vuelta, se encaminó a la puerta . Se sentó en su mesa y encendió el ordenador por la agenda, que había dejado ordenada antes de irse de vacaciones.  Leyó detenidamente el contenido dispuesto para el día presente
--Uf, no tengo ninguna gana de volver al trabajo. ¡ Por Dios ¡ ¿ Cómo pude cargar de tareas el día de hoy? Seguro que la mitad se quedan sin hacer

Despacho de Perla, la traductora
Por la tarde después del trabajo, las amigas habían quedado en una céntrica terraza del Paseo de La Castellana, para comentar su reintegro a la oficina y cambiar impresiones y añoranzas de su viaje
--Han sido las vacaciones más bonitas que hemos hecho.  Yo me he traido el teléfono y la dirección de un chico.  Dijo Araceli mientras se cubría la boca con un a mano y reia como si estuviera diciendo alguna picardía.
--¡¡¡ Vaya con la mosquita muerta esta ¡!!, dijo la amiga mayor de todas.
-- A ver, cuenta, cuenta
Y Araceli fue desgranando su aventurilla con un chico que le entusiasmaba
--No creáis quedó en llamarme para el fin de semana, pero seguro que se habrá olvidado de mi
--¿ Y si así no fuera, te enrollarías con é?, preguntó Perla
Todas se la quedaron mirando extrañadas de su pregunta, ya que no solía estar pendiente de comentarios como ese
Araceli la miró con una tímida sonrisa, y le dijo:
--Pues no lo sé. Me gusta mucho; si ocurriera,  probablemente saldría con él
Atento en una mesa cercana, escuchaba curioso un hombre, Aunque no entendía la mitad de las cosas que las chicas comentaban, pero aún no entendiendo, le agradaba ver cómo se divertían y gastaban bromas entre ellas.  Con la mirada recorrió el grupo y de repente se detuvo en una muchacha con un vestido amarillo que resaltaba su color playero
--Oh my God. She is   the translator of the editorial, what did you say your name was? Pearl, that is and the truth is that the name is doing very well, is very pretty

Jeff Douglas Spencer, escritor
Ella  ni se había dado cuenta de que en una mesa cercana le observaban. Al cabo de un rato sintió el peso de una mirada sobre ella y giró la cabeza en la dirección en donde el americano apuraba su copa. Reconoció al hombre y con una inclinación de cabeza le saludó




































viernes, 29 de junio de 2012

LEON KLIMOVSKY - Director de Cine

León Klimovsky

Cartel anunciador de una de sus producciones






Es difícil encontrar la paz y el silencio  que hay en un cementerio fuera del recinto. Dicen que visitarlos es conocer la historia y la gente del país. Muchas veces, sobretodo en primavera y otoño, les visito.  No es buscando morbo, sino paz y tranquilidad, que en el mundo de los vivos es tan difícil encontrar.

Hoy ha sido una de esas mañanas. Era temprano, apenas las 9. La temperatura de 19º y una ligera brisa hacían  un paseo agradable. Encaminé mis pasos hacia ese lugar conocido por mi por mis frecuentes visitas en busca de inspiración. Los cipreses, esbeltos se cimbreaban con la ligera brisa mañanera. Las moreras servían de hogar a algunas palomas que han descubierto que allí tienen comida segura, pues no les falta el alimento que los árboles les proporcionan, tiene agua y cobijo: allí nadie les estorba.  Siempre me ha extrañado el infinito silencio existente. Los pajarillos no van a aquel lugar, como si supieran que está falto de vida.

Cuando me disponía a regresar, me detuve ante una lápida cercana al lugar en el que me había detenido para dejar unas flores a mis seres queridos:

Número 605

Dr. León Klimovsky – Director de cine

+ 8 / IV / 1996



Había nacido en Buenos Aires, pero llegó a España a mediados de los años cincuenta. Fue  prolífico en su producción, y delante del lugar en donde reposa para siempre, se me vino a la memoria la época pasada cuando él era un conocido director cinematográfico. Ahora en el jarroncito de su tumba, unas flores secas, retorcidas, indica que hace tiempo que nadie pasa por allí, pero que todavía hay alguien que le recuerda. Los humanos somos dados a olvidar enseguida y a pesar de que fué famoso, no he vuelto a escuchar alguna mención a su nombre . Por eso me causó sensación el leerlo.

Reflexioné sobre una frase que leí algún día:  ¡ qué solos se quedan los muertos ¡.  Es un lugar de infinita paz, pero ni los pájaros acuden allí, ni se les escucha.  Al cabo de un momento reemprendí mi paseo rumbo a la salida.

martes, 26 de junio de 2012

EVOCACIONES DE UN JOVEN ACTOR

El joven Sean aplastó el cigarrillo contra el cenicero que estaba bastante lleno y echó hacia atrás su cabeza, como queriendo buscar descanso en su rememoración de la infancia complicada que le había tocado vivir.



Lo que quizás marcó su vida para siempre fue la pérdida de la madre a la temprana edad de ocho años. Su mente no entendía porqué mamá estaba siempre cansada y su hermosa cabellera rubia había sido camuflada tras un pañuelo anudado a su cabeza. Sus hermosos ojos azules ya no brillaban como antes y no jugaba con el pequeño como solía hacer. El niño no entendía el que su madre ya no nadara en la piscina junto a él y a su padre. No entendía porque papá le dijo que fuera a ver a mamá el día de su cumpleaños a un hospital ¿ por qué ¿ ¿ por qué no venia a casa? Le haríamos una gran fiesta. Papá con dulzura y paciencia le dijo que no podía ser porque no se encontraba muy bien.
Sean tozudo se negó en redondo a ir a aquel sitio horrible en donde su mamá estaba postrada en una cama. No sabía que era la última oportunidad, el último año que pasaría con ella.

Enciende un nuevo cigarrillo, pues al llegar a este recuerdo el dolor de la pérdida materna se hace más profundo.

No llegaba a comprender porqué su mamá permanecía en cama, con unas medicinas horribles que le producian vómitos constantes y una debilidad extrema. Se le quedaba mirando cada vez que ella apretaba sus brazos contra su vientre para que el dolor desgarrador que sentía en su organismo no fuera percibido por sus hermanos y por su padre. ¿ Cómo era posible que su mamá estuviera enferma durante tanto tiempo? En un par de días debería haberse recuperado. Era lo que pensaba en su mente infantil.
Con sus hermosos ojos azules miró extrañado a su papá que una noche entró en su habitación y le dijo las más atroces palabras que nunca hubiera querido escuchar:" Sean, hijo, mamá se ha ido al cielo."
Los ojos, aún a sus veintinueve años, se vuelven acuosos evocando la figura de la madre. En su hombro lleva un tatuaje con su nombre, y aún guarda una vieja revista de cuando era niño con la forma de unos labios pintados de carmín: era un beso de ella, que quizás en un juego depositó en el papel y que desde entonces guarda como un tesoro, en el que algunas veces se refugia.
Fue un chico rebelde con unos hermanos adolescentes algo problemáticos, pues ellos aunque mayores en edad, habían perdido también a su madre. Papá no paraba de trabajar para buscar refugio a su propio dolor, pero su carácter chocaba frontalmente con el de Sean. No entendía cómo papá salía con algunas mujeres para distraerse. Tampoco entendía porque a pesar de salir con chicas, cuando se quedaba en su habitación, le veía esconder su rostro entre las manos y llorar amargamente.
Tuvo peleas con sus compañeros de colegio y en una ocasión fue expulsado del centro. “ Hasta aquí hemos llegado”, debió decir su padre dando un puñetazo en la mesa. Le metió en un avión y le internó en un colegio público inglés. Quizás su padre recordó su triste niñez en el c olegio irlandés al que asistió. No podía ceder, cada vez el joven era más rebelde e inadaptado. Sonrie ahora cuando pensaba que su padre tenía un carácter insufrible
Una madrugada el teléfono repiqueteó en casa de papá y su rostro demudado dió a entender a los habitantes de la mansión que algo grave había ocurrido, pues a esas horas normalmente la gente duerme tranquilamente. El joven Sean había sufrido un accidente muy grave, con varias roturas óseas y lesiones internas gravísimas..Los médicos dijeron a papá que posiblemente no volvería a andar.
El fuerte carácter y la enorme rebeldía que sentía hizo que aquel muchacho pudiera recuperarse al cabo de seis meses y anduviera e hiciera su vida normal, no sin antes pasar por tremendos dolores mientras se recuperaba. Su rostro al llegar a este punto, se torna aún más serio evocando, sin duda las largas y dolorosas horas de rehabilitación.
Su padre había intimado con una preciosa chica y se compenetraba perfectamente con ella, pero el joven Sean la encontraba algo mandona, o quizás fuera que su carácter así parecía. Convivieron juntos, tuvo otros dos hermanos fruto de la unión de su padre con la chica de la que estaba enamorado. Papá le pidió autorización para casarse con ella y accedió. El enlace se celebró el 4 de Agosto de 2001, después de haber sido aplazado con motivo del accidente.
El joven actor, físicamente se parece bastante a su padre, un otoñal que aún sigue volviendo locas a las mujeres de medio mundo. Tiene el mismo color de sus ojos, es apuesto como él, pero debido a su juventud más impetuoso y de fuerte carácter.
Quiere alejarse del apellido que lleva, que no le comparen, y ni siquiera piensa en dedicarse al cine, prefiere el teatro pues así el éxito o el fracaso se deberá a su propio esfuerzo, alejándose de las comparaciones con su progenitor.
En el año 2006 debutó en el teatro, en la obra de Shakespeare “Romeo y Julieta”. Ha efectuado giras teatrales, vive en Londres y de momento es feliz haciendo lo que hace.
Con su padre tiene trato telefónico con frecuencia, pues debido al trabajo de ambos les es difícil contactar personalmente, pero hablan de sus respectivos proyectos y han conseguido ser“buenos amigos”, a pesar de que papa nunca le dejó solo y en sus peores momentos siempre estuvo a su lado. Ahora ya es mayor y ve las cosas con otra perspectiva y quizás comprenda que su padre se encontró al morir la madre, con tres criaturas de corta edad y con un trabajo alocado que le mantenía fuera de casa durante muchas horas, y que por otra parte necesitaba trabajar para alimentar sus estómagos. Necesitaba una mujer a su lado de fuerte carácter que apaciguara a esas tres criaturas que les daban tantos problemas de todo género.

Papá consiguió tener una familia, y  ya es abuelo. Los mayores, ya independientes, viven en Londres y los dos pequeños viven con P... y K....Papá procura estar el mayor tiempo posible con ellos. Les da todo el amor del mundo, participa en sus juegos, aunque crecen deprisa y el mayor ya es un adolescente.

Ha terminado otro cigarrillo,  echa un trago del vaso que tiene delante y sonríe cuando evoca el rostro de su hermano pequeño, el más revoltoso, pero el más simpático a sus once años, que admira profundamente a su padre y cuando sea mayor desea tener su misma profesión.
¡Qué distinto hubiera sido todo, si mamá no se hubiera enfermado de cáncer!,  e instintivamente acaricia su hombro en el que lleva grabado su nombre.
¿Cómo le vinieron a la mente tantos recuerdos, ahora? Todo empezó en el ordenador buscando en Internet algo con lo que distraerse. Era su día libre de trabajo, pero no le apetecía salir, de manera que encendió el aparato y dando una ligera pasada ( no le gustaban nada las redes sociales), decidió ir a Google y buscar algo, sin concretar, en Youtube.
Buscó música, su otra gran pasión, y en un canal vió en lista de favoritos varios videos de la antigua serie Remington Steele. Serie de éxito en EEUU por aquel tiempo, que protagonizara su padre, dándose a conocer en todo el mundo cuando aún vivía su dulce y bonita mamá. Cliqueó, y ante sus ojos Remington y Laura vivieron uno de los episodios divertidos de la serie.
Acabado el capítulo, cerró el canal y se dirigió hacia una butaca, encendió un cigarrillo y dejó volar sus pensamientos.

EPILOGO:


Esta narración es fruto de mi imaginación. Después de leer una entrevista que le hicieron al protagonista de este episodio, evoqué lo que pudo sentir en distintos pasajes de su vida. Es mi opinión, y si coincide con la realidad es pura coincidencia de apreciación.

Sean William Walter B.....

sábado, 2 de junio de 2012

Salvador Bacarisse (1898-1963) - Romanza del concertino para guitarra y ...

UN DIA CUALQUIERA / Relato cortor-( osafermu/1996celta)

Clara


El despertador repiqueteó a las siete de la mañana. Clara alargó un brazo y bajo el botón para pararlo.
El fin de semana había pasado pronto y como cada día había de levantarse para ir a la oficina. El silencio de su casa era grande. Se había quedado sola hacía un año. Sus padres habían fallecido y ella no tenía más familia que algún primo lejano por parte de su padre.

Había pasado su juventud cuidando de ellos. Rondaba los cuarenta, era bonita pero nunca había tenido tiempo de experimentar el amor. Había "tonteado" con algún chico de la universidad cuando estaba estudiando, pero sus relaciones habían sido esporádicas y cortas. Se había resignado a ser soltera, sin tener siquiera una relación.

Puso la cafetera en marcha y se dirigió al cuarto de baño mientras el café inundaba con su aroma la cocina.  Había amanecido un día lluvioso en Madrid; era un mes de Abril inestable, como casi todos. La lluvia la deprimia, pero no había forma de evitarlo.


Era un día lluvioso de Abril


Dió un último vistazo a su imagen, cogió el paraguas y se dispuso a empezar una nueva semana, monótona, solitaria y triste.  El Metro estaba  cerca de su domicilio y llegó en cinco minutos. Se acomodó como cada día en un asiento y extrajo de su bolso un libro para que el trayecto hasta su destino se hiciera más ameno.  Había un asiento libre a su lado, que ocupó un hombre más o menos de su edad y que entró en la estación siguiente.  Ella no le miró absorta en la lectura de la novela. El fugazmente le dirigió una mirada y depositó el paraguas a su lado.

Raúl (así se llamaba el hombre) se bajó en la estación de Cuzco. En ese momento Clara levantó la mirada del libro para fijarse en la estación en la que estaba. Vió el paraguas e hizo una señal para que el hombre recogiera lo que había olvidado, pero ya el tren se había puesto en marcha y sólo pudo observar el gesto de resignación que le hacía desde el andén. Nuevos Ministerios era la estación en la que debía bajar.


Clara trabajaba en el nuevo edificio Windsor


Trabajaba en un despacho de arquitectos como secretaria en el nuevo edificio Windsor. Salió del Metro cruzando la calle  y  se dirigió hacia la entrada del edificio. Miró su reloj y observó que eran las 8'30, con tiempo suficiente para acudir a su despacho, ya que la entrada era a las 9'00. Por el camino se encontró con Carmen su compañera más inmediata; se saludaron y entraron juntas en la cafetería del edificio

--¿ Qué te pasa, tenías miedo de mojarte?

--¿Por qué lo dices?

--Tienes dos paraguas !!!

--Ah! rió. Es de un señor que se lo ha dejado en el Metro. Mañana se lo devolveré.

Al día siguiente portando el paraguas de Raúl,  a la misma hora y en el mismo lugar,  esperó a la parada en que él debía entrar, como así ocurrió.


Raúl


--Muchas gracias. No era necesario haberse molestado

-- No por Dios, no ha sido ninguna molestia

Fueron charlando del tiempo que hacía hasta la parada en que él se bajó. Clara se había fijado en su rostro. Era bien parecido, con ojos castaños claro y cabello ondulado del mismo color, por el que se entremezclaban algunas canas.  Le pareció muy atractivo. Ya había llegado a su parada y matemáticamente como cada día cumplió con los horarios y compartió junto a su compañera el café de cada día.

Día tras día esperaba con impaciencia la hora de ir al trabajo para encontrarse con Raúl. Ambos sostenían  una charla intrascendente, todo lo que el corto trayecto que compartían  les permitía.
En tan poco tiempo, ambos se habían contado algunos detalles de su vida: ella sola, soltera y secretaria de dirección.  El trabajaba en un banco en la sección de valores y tenía cuarenta y ocho años.

Nunca quedaron para tomar un café o para comer, pero a ella no le inmportó. Le bastaba con poderle ver aunque fuera unos instantes.  Y así, sin darse cuenta transcurrieron los días, los meses.  El verano se acercaba y con él las vacaciones.  Su compañera observaba que su amiga se arreglaba más, que los ojos le brillaban de una manera especial y reia con más frecuencia.  Pero también se daba cuenta de que estaba acercándose al "fuego y sería terrible que se quemara.

Le habló con sinceridad y Clara le escuchó con atención. Cuando Carmen terminó de reñirla, mirándola a los ojos fijamente, dijo a su amiga:

--Carmen, todo eso lo sé. Sé que seguramente estará casado, o tenga pareja. Sé también que le soy indiferente, que sólo me ve como a una compañera de viaje de Metro, pero me da igual. Necesito tener alguna ilusión por la que levantarme cada mañana para seguir viviendo.  Nunca he tenido la oportunidad de sentir lo que siento ahora, y no voy a desperdiciarlo.  Sé que en cualquier momento voy a dejar de verle, pero lo que me dure, lo voy a vivir.
No soy mal parecida, aún jóven y tengo derecho a tener ilusiones ¿no?

--Claro que si. Quizás más derecho que nadie, pero no quiero que sufras, no quiero que te hagan daño

--No te preocupes, no me ha   insinuado nada ,pero ¿ sabes? cuando me acuesto por las noches imagino que soy su novia y que me lleva al cine o  algún restaurante.... y de esta manera puedo conciliar el sueño.

Llegó la época de las jornadas intensivas. Ya no coincidan en los horarios, dejaron de verse. El verano se instaló en Madrid y llegaron las tan ansiadas vacaciones.  En Septiembre volvieron a la rutina, pero Raúl seguia sin dejarse ver.  Clara se había hecho a la idea de que nunca le vería, pero seguía teniendo su fantasía con aquel hombre,  que apenas conocía.

Se levantó una mañana inexplicablemente más triste que de costumbre sin saber porqué. Despacio,  emprendió la marcha hacia el Metro, se sentó en el lugar de costumbre y como antes Raúl apareció en el vagón delante de ella. 




Tenía en su mirada un brillo especial y sonrió feliz al verla.  Nunca le había dado un saludo tan efusivo como el de aquel día que hizo que su corazón saltara dentro del pecho a punto de salírsele.

--Mira.  Raúl sacó de su cartera una fotografía de un precioso bebé.
--Es mi hijo, nació en Agosto

A Clara se le heló la sangre en las venas, auque no le extrañó.  Con un hilo de voz le dió la enhorabuena al tiempo que Raúl le daba un  abrazo y depositaba un beso en la mejilla de ella.

--Ya llego. Me ha encantado verte, hasta mañana.

No le volvió a ver más. Clara cambió sus horarios para no encontrarse con él y aunque sentía un vació inmenso y una pena infinita apretaba con su mano, su pecho, como para que no se le escapara el sentimiento que Raúl le inspiraba.

--Era un amor imposible, una locura, pero por fin he sabido el sabor agridulce de estar enamorada. Este sentimiento no lo cambio por nada.

Por el cambio de horario dejaron de tomar el café matutino y aunque las dos amigas reian como siempre, sin decirse nada, ambas chicas sabían que Clara guardaba celosamente el amor que conoció un día cualquiera


Cupido
                                                             (rosafermu / 1996celta