REGRESO A SEFARAD - Capítulo 13 / Raices en Sefarad

No dejaban  de mirarse. Con los ojos se decían miles de cosas como para recuperar el tiempo que habían estado separados. Permanecían juntos, sentados uno junto al otro.  Macarena creyó que debía decirle algo, para que todo quedase claro entre ellos y no hubiera más malentendidos

- Cariño, ¿ puedo preguntarte algo?
-Desde luego que si
- ¿ No tienes ni la más mínima duda de que la niña sea tuya?
- Naturalmente que no. Yo mejor que nadie sé que no había nadie en tu vida
- ¡Pero te fuiste ese mismo día! Yo podía perfectamente haber estado con otro
- No cielo, no lo estuviste. Las fechas coinciden con nuestro encuentro.  Además mi madre dice que se parece a mi cuando nací.  No quiero que hablemos de esto.  Esa niña es tuya y mía
- Ten la más absoluta seguridad de que es así.  Aaron, te quiero tanto...
- Lo sé, lo sé y yo también. Daría mi vida por vosotras, porque la vida sois vosotras
- He de decirte otra cosa
- Anda, no te guardes nada. Sé que tendremos que hablar mucho y durante mucho tiempo, pero dime lo que te esté molestando dentro. Dime ¿ qué es?
- Yo no sé cómo decírtelo... Hace poco que he dado a luz, estoy en la cuarentena y no...
- Ya lo sé. No te preocupes. Te respetaré, te cuidaré y te protegeré siempre. No sufras por eso,  mi amor
- Gracias, por ser como eres. Con tu carácter reconcentrado, tu secretismo, con todo, pero eres mi amor y así te quiero

Durmieron abrazados, pero se despertaron pronto,  unos chillidos de bebé avisaba de que eran las 6, hora de tomar su desayuno.  Aaron que no estaba acostumbrado a los bebes, se despertó sobresaltado cuando ya Macarena acomodaba a su hija para darla el pecho
- ¿ Siempre es tan madrugadora?
- Si mi amor, es muy chiquitina y, demasiado que aguanta hasta las seis. A partir de los
tres mesecitos aguantará un poquito más.  Es muy buena.  En cuanto coma, se volverá a dormir. ¿ A que es muy bonita?
- No he visto criatura más preciosa que la nuestra

Y volvió  a abarcar con sus brazos a las dos mujeres de su vida

- Cuando termines de atenderla, nos sentaremos y hablaremos. He pensado en nuestro futuro y quiero exponértelo primero a ti.  Espero me des la opinión y que sea favorable. Es muy importante para mi
- Tardaré un buen rato.  Es muy tragona y luego tengo que cambiarla de ropa, en fin, todo eso
- No importa, no hay prisa.

Sentados uno frente al otro ante el desayuno, Aaron comenzó a explicar a Macarena lo que había pensado para su nueva vida:

- Mañana tengo que regresar a Israel, pero volveré pronto, en cuanto resuelva algunos asuntos, y ya no nos volveremos a separar. Verás. Lo primero que haré será dejar el trabajo y el apartamento en Jerusalén. Una vez resuelto esto, hablaré con Annetta, aunque sabe que venía con el propósito de reencontrarte; creo que debo tener una charla con ella.  Hecho esto, regresaré a Tel Aviv.  Recogeré algunos efectos personales y venderé el apartamento. Visitaré la tumba de Ruth y de sus padres, pondré unas flores en ellas y ese será el último capítulo de mi antigua vida.  A mi regreso a Madrid, lo primero buscaré trabajo y, con el dinero ahorrado más lo que reciba por el apartamento, buscaré un terreno y cultivaré la tierra.
- Cariño ¿ lo has pensado bien? Será para toda la vida
-Lo tengo muy pensado y ¿ sabes qué ? Creo que Benjamín ha jugado una partida a nuestro favor.  Yo creí que lo que él deseaba era volver a Sefarad, de alguna manera, pero no es cierto. Desde donde quiera que esté, ha hecho que sea yo el que regrese al hogar de nuestros antepasados, y sea yo el que hunda mis raíces en Sefarad.  Si lo piensas bien, verás que tengo razón. Primero nos conocimos, nos enamoramos, y engendramos una criatura: la primera raíz.  Tú viajaste a Israel, yo estaba allí, pero no nos encontramos a pesar de estar ambos en un mismo sitio. El nacimiento de la niña, la venida de mis padres y por fin nuestro reencuentro aquí, precisamente aquí ¿ no te parece algo mágico?  Tenemos una hija que lleva la mitad de su sangre judía y la otra es ladina. Nos hemos juntado en ella, hemos vuelto a casa, porque yo desciendo de sefarditas, lo que deseaba mi abuelo que siempre lamentó no haber vuelto aunque fuera de visita.  Pero, ha vuelto con  nosotros

 Macarena comprendía la emoción de Aaron y levantándose de su silla, se abrazó a él y juntos fundieron la emoción de ambos.

El timbre sonó y una Macarena risueña y contenta abrió la puerta a Judith y Abraham que siguiendo las órdenes de su hijo venían temprano para desayunar con ellos.  Abraham portaba un junco de churros que mostró a la pareja satisfecho

- Para entrar en ambiente. Estamos en Madrid. Desayunaremos café y churros, ja, ja, ja
- No Abraham, será chocolate con churros, y lo haré ahora mismo- dijo Macarena contenta
- ¡ Qué cambiada está de ayer a hoy !- comentó a Judith, refiriéndose a la muchacha
- ¡ Ay !, el amor, marido, que obra milagros. Y nuestro hijo, Dios le bendiga, le ha cambiado la cara.  Presiento que van a ser muy, muy felices
- Y mi nieta ¿ dónde la tenéis?- preguntó el orgulloso abuelo
- ¿ Me haces un favor, Judith?
- ¡ Claro!,  dime
- ¿ Podéis atenderla entre los dos mientras yo termino de hacer el chocolate?
- Creo que no vamos a poder nacer mucho por ella.  La despensa la tienes tú- dijo Judith
- Entretenedla un ratito mientras preparamos el desayuno. Anda, cari, ayúdame- dijo con una sonrisa refiriéndose a Aaron

Una vez atendida la niña y por decisión de su padre, la pequeña fue acostada en su capazo y todos se sentaron en torno a la mesa del desayuno.  Aaron expuso a sus padres los planes que tenía. " Ya estamos toda la familia reunida: mis padres, mi mujer y mi hija"

- Como ya le he contado a Macarena, mañana tengo que regresar a Israel.  Liquidaré lo que allí tengo y volveré lo más pronto que pueda.  Os ruego que hasta que regrese os quedéis aquí para cuidar de mis mujeres.  Viviremos en este piso puesto que es más grande, pero conservaremos el de Lavapiés para cuando vengáis a visitarnos, que espero sea muy a menudo.  Con los ahorros que tengo y el dinero que reciba por la venta del piso de Tel Aviv, buscaré un terreno en una zona agrícola y lo compraré para cultivar fruta, a poder ser.  Sé que esto llevará su tiempo, pero quiero fijar mis raíces aquí, con mi familia.  Nos casaremos a mi vuelta, porque ahora no da tiempo, y reconoceré a la niña como hija mía. ¿ Qué os parece?
- Hijo, compruebo que lo tienes muy pensado, pero... Vamos por partes.  Lo primero la niña, mi nieta.  La inscribí en el Registro Civil como hija tuya; no había tiempo, hay que hacerlo en cuarenta y ocho horas después del nacimiento, así que ya está reconocida como tu hija.  El casaros me parece bien, es lo que corresponde y sé que seréis felices, y nos haréis felices a todos nosotros.  Referente al terreno deseo, deseamos ayudaros.
  Os daremos el dinero necesario para comprar el terreno. Crearemos una especie de cooperativa :  exportarás a Israel la fruta que cultives  a nuestra empresa, e importarás nuestros productos, de esta forma todo se queda en casa
- Me parece una idea estupenda- dijo Judith mientras acariciaba la carita de la niña
-¿ Qué opinas, mujer?-dijo dirigiéndose a Macarena
- Pues es una excelente solución- respondió
- Bueno, ahora preparadme el cochecito que nos llevamos a la niña al parque a que la de el aire- dijo Judith achuchando a su marido
En un aparte, Abraham la preguntó:
- ¿ Por qué me achuchas?
- Porque deben estar a solas. Tienen muchas cosas de las que hablar y querrán estar juntos. Anda, tenemos tres horas hasta que Luz tenga que comer de nuevo.
Se abrazaron y besaron intensamente.  Estaban en Barajas y su vuelo salía en poco tiempo.  Aaron no quería separarse de ellas; tomó a la niña en sus brazos y con inmensa ternura le hablaba como si el bebe le entendiera.  Los ojitos de Luz le miraban fijamente y no dejaba de mover sus bracitos, complacida de que su papá le hiciera arrumacos
- ¿ Cómo es posible que haya cambiado tanto nuestras vidas ? A penas han pasado dos días: somos una familia y yo os quiero más que a mi vida - dijo sujetando con un brazo a la niña y con el otro a Macarena- ¿ Sabes una cosa ? eres ya mi mujer, desde hace dos días.  No necesito papeles ni firmas, aunque las tendremos, pero para mi ya eres mi esposa.
Macarena se puso de puntillas y le besó con  los ojos empañados por las lágrimas.  No podía creerse lo que estaba viviendo.  Los abuelos, discretamente, se habían quedado atrás, sabían que ellos tenían miles de cosas que decirse, y que la nueva separación, aunque fuese por poco tiempo, les estaba resultando dolorosa.
Instalado en su asiento, se abrochó el cinturón, y esperó paciente a que el avión despegase.  No sentía ninguna sensación especial por regresar a su antigua vida.  Tenían todo un futuro por delante. Había puesto, sin saberlo, su semilla para el regreso a Sefarad.

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