rosafermu

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martes, 21 de julio de 2015

LA CAMPIÑA CUBIERTA DE BREZOS - Capítulo 9 y último- El reencuentro

 Tras la conversación con su padre, Charles pensaba en todo lo que le había dicho

- Tiene razón. La he dejado durante mucho tiempo, y además cuando más me necesitaba.  ¿Me sentía también agobiado y busqué una excusa en mi profesión para alejarme de ellas? ¿ Fueron las malas noches pasadas con la niña?...

Dudaba .  Sabía que no había obrado bien ¿Deseaba volver a ser libre ? No. Amaba a su familia y era impensable esa idea



- Pero ¿ en qué demonios estoy pensando?  Se me ha ido el tema de las manos. Por Dios bendito, son mi familia. Son mi fuerza, mi razón de vivir.   ¿Cómo he podido ser tan necio y dejarlas solas? Dolores, piensas que no te amo, y no es cierto.  Daría mi vida mil veces por vosotras.  Por ti, por la pequeña...  Pero mi profesión ha ocupado todo el tiempo, y he dejado a un lado lo que más me interesa: la niña y tu. Soy un bruto. Santo cielo ¡ cómo estará ! ¿ Cómo no me he dado cuenta de que la etapa por la que pasaba era difícil.  Spencer me lo avisó. ¡ Oh Dios !  Tengo que hablar con ella, ahora mismo.

Marcó el número y pidió que le pasasen con su mujer, pero Lola no estaba y su padre tampoco. Llamó al móvil, pero Dolores tampoco atendió su llamada.  Estaba desconcertado.  Necesitaba hablar con ella inmediatamente. Calmarla. Explicarla que nada ni nadie le apartarían de su lado.  ¿Dónde estaba ?

- Llamaré nuevamente más tarde.  Mientras tengo algo que hacer

 Decidió ponerse en movimiento.  Lo primero iría al hospital y pediría unos días libres. Iría a buscarlas y se las traería.  Nunca más las dejaría solas.  Después hablaría  con Terry. No permitiría que llenase la cabeza de Lola con chismes y noticias que eran totalmente falsas, sembrando la discordia entre ellos.  No lo iba a permitir.  Lola necesitaba tranquilidad, y la verdad en que entre todos se lo estaban complicando.  El único refugio había sido su padre, en el que había volcado su corazón.

Después de mucho insistir con el director gerente del hospital, había conseguido tres días para ir a buscar a su familia.  A cambio tendría que doblar las guardias.  No le importó; le compensaba el tenerlas de vuelta en casa, aunque durante dos días no pudiera verlas.  Se reprochaba las veces que no había llamado para hablar con su mujer, aunque también se daba la explicación de unas urgencias agotadores y largas, muy largas.  Luego el cansancio del día siguiente y el largo sueño reparador al llegar a casa.

La conversación con Terry, fue agria y llena de reproches de parte de la mujer

- Tu te enredaste conmigo. Me prometiste una relación seria, y a las primeras de cambio me dejas por ella.  Y ahora vienes a mi casa a reprocharme que le cantara las cuarenta.

- Olleme bien, Terry. porque sólo te lo voy a decir una vez: déjanos en paz.  No me enredé contigo, nos enredamos los dos. Eres una mujer bella y yo estaba pasando por un mal momento.  Nos acostamos de mutuo acuerdo, pero yo amaba a mi mujer y después de hablarlo contigo, te mostraste comprensiva...,  y lo dejamos.  Punto.  Eso fue todo.  Mi familia es lo primero, y ellas son todo para mi. Deseo que lo entiendas, porque si insistes en acosarla, tendrás que vértelas conmigo. Dejemos esto bien claro: por nadie, ni por nada, voy a abandonar a mi familia  ¿entendido? ?

- Ya lo has hecho. Estás solo desde hace tiempo ¿ qué mas necesitas para darte cuenta de que ya no la amas?

- ¿ Qué estás diciendo?  Lo son todo para mi

- Tus proyectos de Londres ¿ qué ha sido de ellos?

-Eso es algo que a ti no te incumbe.  Creo que todo lo que nos digamos ahora van a ser reproches, y francamente, deseo terminar esta conversación.  Tengo prisa, voy a buscar a mi familia. Adiós Terry. De verdad deseo que todo te vaya bien.

Terry dió un portazo a la puerta cuando Charles salió.  Definitivamente habían cerrado esa etapa de sus vidas.  Charles se metió en el coche y emprendió rumbo a la casa de su padre. Estaba impaciente por abrazar a Lola y a Rose.

En su rostro se dibujó una sonrisa ante el pensamiento de tenerlas nuevamente entre sus brazos. Puso el coche en marcha y emprendió el viaje.

Lola, se bajó del coche y miró con nostalgia a "El Refugio".  Allí habían pasado unos días inolvidables, habían sido felices con su pequeña Rose, y Charles había sido más suyo. Rodeó la casa y llegó hasta el prado de brezos, lugar favorito de su marido, y no pudo evitar que las lágrimas asomaran a sus ojos. ¿ Qué había pasado?  ¿ En qué momento se habían distanciado?  Se sentó en el lugar en el que él se tumbaba para oír el rumor del viento, y acarició el terreno con nostalgia.  La pequeña Rose la miraba con esa mirada de bebé  de no entender nada...
La sacó del canguro y la tumbó en los brezos en el mismo lugar que lo hiciera su padre.  La niña al verse libre, palmoteaba y movía sus piernecitas alegre y contenta, sin perder de vista a su madre.  Lola estuvo llorando largo rato, dando salida a la angustia que tenía en su interior.
 Charles, en su coche, enfiló la carretera que le llevaría a casa de su padre.  Se quedaría un par de días y,  después se volverían los tres a casa, a tiempo para incorporarse nuevamente la hiospital Era hora de que retomasen sus vidas, en todos los sentidos.  En menos de tres horas había llegado.  Entró con una sonrisa en los labios en busca de su mujer y su pequeña.  Abrazó a su padre, saludó a Bob y se enteró de que ella había salido a pasear hasta El Refugio con el bebé.

- No deben tardar- le dijo su padre-.  Salió pronto y la hora de la comida está cercana.
No esperó más y volvió al coche para ir lo más rápido posible.  Tenía la necesidad de abrazar a Lola, de demostrarla que la quería más que a nada y de abrazar a su pequeña Rose, que le tenía totalmente embobado.
Entró en la casa, pero no había nadie. La buscó por todos los sitios en los que ellos solían sentarse . No la vio por ningún sitio.  Llamó a casa de su padre por si se hubieran cruzado en el camino, cosa improbable porque no había visto  ningún coche .  La preocupación aumentaba por momentos, máxime después de la conversación que tuvo con su padre.
Comenzó a llamarla a voces lleno de angustia.  ¿ Y si les hubiera pasado algo, y estuvieran solas sin ayuda?  Su cabeza era un caos de angustia y desesperación.  Allí ya no podía hacer nada, así que optó por desandar el camino e ir mirando más detenidamente por si estaban dentro de los prados.
Lola de regreso a casa iba llorando.  No sabía muy bien porqué sentía esa opresión en el pecho que le hacía estar angustiada constantemente.  !"Ya no me quiere, ya no me quiere.  Nunca había dejado de llamarme" ...  No sabía muy bien  porqué, tomó el desvío que la conduciría hasta el campo en donde había derribado la caseta de los aperos.
Era una explosión de belleza, en donde antes había habido dolor.  Avanzó con su hija en brazos,  que comenzaba a lloriquear reclamando su comida.  Se sentó en la campiña y la dio de mamar.  Mientras lo hacía, la chiquitina la miraba con sus inmensos ojos azules, y ella la hablaba como si pudiera entenderla.


- Tienes los mismos ojos de papa. Eres igual de bella  - mientras un profundo sollozo salió de su pecho- ¿ Sabes ? Aquí fue plenamente mío, me confió su más profundo secreto entre mis brazos, y los dos lloramos, pero nunca volvimos a estar más unidos. Ahora me tiene desconcertada... yo le quiero más que a mi vida, pero y, ¿ él ? ....
El móvil de Lola sonaba sin cesar, pero lo había dejado en el coche, de forma que no lo escuchaba.  Charles estaba cada vez más angustiado.  No había nadie que se hubiera cruzado con  él. Miraba a un lado y otro del camino, hasta que a lo lejos, divisó la silueta de un coche que le resultó familiar.  Un vuelco de alegría hacía que el corazón le fuese a mil por hora.  Metió la velocidad al coche y a toda prisa se dirigió hacia donde estaba el otro vehículo.  Al llegar vio a Lola sentada entre los brezos dando el pecho a su pequeña.  Estaba hablando con ella, y aunque a penas podía oírla, se acercó algo más,  sin hacer ruido,  para no interrumpirla
-¿ Qué vamos hacer, pequeña Rose, si papá se va? La culpa la tengo yo.  No debimos quedarnos aquí.  Dejé el terreno libre y ahora él...- no pudo seguir, un profundo sollozo cortó la comunicación con su hija.

- No, no, no digas eso por favor.  Nunca podré dejaros porque sois mi vida entera. 
¿ Por qué no confías en mi?  He visto una vez a Terry, y por casualidad. Pero hablé con ella y le pedí que nos dejara tranquilos, que nunca la perdonaría lo que tú estás sufriendo por ella.  No vuelvas a pensar eso, mi vida.  No es cierto ¿ cómo quieres que te lo diga?  Desde el primer momento que te vi, supe que cambiarías mi vida. Eres lo primero y siempre lo serás. Eres la más bella mujer que jamás he conocido, porque lo eres por dentro y por fuera.  Te quiero, mi vida, y eso nada,  ni nadie podrá cambiarlo

- ¡ Charles, has venido !

- ¿ Cómo no iba a venir ? Sois mi familia.  Lo más grande que tengo y no soporto verte llorar. No se puede medir el amor que siento por ti, Dolores.  Como tu nombre indica has sido un montón de dolores para mí, hasta que conseguí que fueras mi mujer.  ¿Cómo puedes pensar siquiera que haya olvidado todo lo que pasamos juntos, aquí precisamente?






Lola miró a su hija que hacía rato había parado de mamar.  Su carita tenía la paz de los seres inocentes, se había dormido.  Charles se quitó la camisa y la extendió por el prado separada de ellos, y tomándola en sus brazos la tumbó.  Después se dirigió a su mujer, la abrazó besándola con el ímpetu de unos recién casados y tumbados en la campiña cubierta de brezos, hicieron el amor. 
Todas las dudas, todas las amarguras, se disiparon al instante.  Lola volvió a sonreír con las bromas de su marido
- ¡ Eh, huesines! no se te ha olvidado...
Se volvieron a besar.  Volvieron a quererse como al principio. Los fines de semana que Charles tenía libres, volvían al refugio y paseaban por la campiña cubierta de brezos y al cabo de un año  volvieron a ser padres nuevamente. Nació un niño engendrado en la campiña.  Campiña de amor y felicidad,  en donde hacía tiempo,  había sido escenario de los fantasmas, ya olvidados de su padre.
  


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