rosafermu

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martes, 27 de diciembre de 2011

LAWYERS- Cap. 15º - Madame Butterfly


En el Metropolitan representaban Madame Butterfly, la ópera preferida de Ann. Louis le preparaba una sorpresa

--Ann, esta vez representan tu ópera preferida. Tengo entradas para esta noche

--Pero Louis,. tenemos mucho trabajo y además no tengo tiempo de ir a la peluquería y a la ópera hay que ir muy elegante

--Tu siempre vas elegante. Anda no admito excusas. Mañana madrugamos y nos ponems al día en un pis pas.

--Que conste que no me voy hacer de rogar...

Ambos rieron y rápidamente dieron por concluido el trabajo del día.

--Pasaré a buscarte a las siete. No te retrases

--Sabes que soy puntual. Estaré preparada

A las siete en punto Louis llamó a la puerta del domicilio de Ann

--Abre soy yo.

Ann ya estaba preparada . Se había maquillado peinado y vestido para la ocasión. Louis quedó sorprendido al verla

--¡ Estás radiante !  Anda coge el bolso o lo que tengas que coger. Antes vamos a ir a cenar y no quiero que se nos haga tarde.

--Enseguida vuelvo


En escasos cinco minutos ya bajaban en el ascensor.  Llegaron al restaurante y cenaron tranquilamente, pues tenían tiempo de sobra.

--¿ Qué miras ?, preguntó Ann a Louis que al entrar en el vestíbulo del teatro giraba la cabeza a un lado ya otro

--Siempre me impresionan estos actos. Las mujeres más bellas que nunca, y nosotros más atildados que de costumbre. Me gusta, simplemente miro.

Esta vez fueron a un palco. El teatro lucía como en sus mejores galas. La luz, el lujo, la orquesta afinando los instrumentos era un ambiente conocido por ellos pero que siempre les sorprendía.  Al fin las luces se apagaron y  la orquesta comenzaba a emitir los primeros sonidos de madame Butterfly.  Era una ópera que encantaba a Ann y por muchas veces que la viera, nunca se perdía ni un sólo acorde de su hermosa partitura.

Tan absorta estaba que no se dió cuenta que Louis se había levantado sigilosamente de su asiento. En su lugar otra figura se sentó.  Ensimismado en la contemplación del rostro que de perfil seguia con interés  lo que ocurría en el escenario.  Entonces el hombre se acercó a ella y suavemente depositó un beso en su mejilla. Ella con una sonrisa apenas volvió la cabeza

--Louis, aún no viene el llanto.  Siempre  se le saltaban las lágrimas cada vez que llegaba el Coro a boca cerrada.

Esa melodía la emocionaba especialmente.  Una mano le tendió un pañuelo que ella tomó sin mirar.

El hombre estaba impciente por momentos. Sentía unos deseos irrefrenables de ab razarla, teniéndola tan ceraca y sin embargo debía esperar a que ella le descubriera. No pudo contenerse y le dijo:

--¿Soy como Pinkerton?

Ann ahora si volvió la cara rápidamente. La voz era la de ...

--¡ Robert !

Él la tomó por la nuca y la besó largamente, como para compensar todo el tiempo que habían estado separados. Ella se levantó de su asiento y retrocedieron hasta el fondo del palco. Se fundieron en un largo y apasionado abrazo. No era posible, estaba soñando.

No quería preguntar nada, no quería saber cómo la encontró aquella noche. Solamente pensba en que por fin se reunía de nuevo. No quería saber si estaba traicionando a Jenny, que nadie le dijera nada. Como la noche de la despedida no le importaba si hacía bien o mal, solamente quería estar junto al hombre que era su vida entera.

Salieron del teatro sin terminar la ópera. Una silueta sonriendo les vió partir.  Había triunfado su plan en toda regla, aunque ello supusiera perder definitivamente a Ann. Pero él ya lo sabía; disfrutaba viéndola feliz, y lo era plenamente.

Después  de que Ann llegara llorosa  después del juicio, se entrevistó con Robert y le confesó que nunca le había olvidado, simplemente quería no perturbarle y que fuera feliz con Jenny.  Robert estaba desesperado. Todo este tiempo que habían permanecido separados era un tiempo perdido inutilemente.

Louis había trazado el plan de la ópera y Robert aceptó no sin impaciencia, dos días era mucho tiempo para esperar a verla después de saber la verdad. A Louis le costó convencerle. Quería ir a verla inmediatamente, pero le dijo que era lo mejor. Dudando, Robert aceptó participar en la farsa, pero luego no habría fuerza humana de separarle de Ann.

Tenian que hablar mucho y sin embargo no les salia las palabras. Sólo se miraban . Iban cogidos de la mano y de vez en cuando Robert  la besaba en la mejilla abrazándola por el hombro.  Llegaron al apartamento  de él y se pararon. Ninguno de los dos se atrevía a decir nada. Cogiéndola por la cintura subieron los escalones que les conduciría al portal. Llamaron al ascensor y llegaron a la vivienda de Robert.  Entraron y entonces se desbordó la ternura y la pasión que habían contenido durante todo el camino.

Esa noche no durmieron, habían de recuperar los años que habían estado separados, tenían miles de cosas de las que hablar . Hablaron y rieron sin parar felices de estar juntos. No hacían planes, sólo disfrutaban del momento, de estar unidos. Les daba miedo por si algo les volvia a separar, pero no ocurrió nada y tras varios meses de convivencia decidieron unir sus vidas para siempre.

Por fin formarían una familia, tendrian un hogar en que solamete reinara la paz y la armonía.



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Se sentaban uno junto al otro y Robert la miraba como queriendo grabar su rostro y sus palabras en su cabeza para recuperar todo el tiempo que habían estado separados. Estaban cada día más enamorados y eran felices, muy felices. Se habían casado en la pequeña iglesia de Brooklyn con los amigos más íntimos: Lisa, Terry con tres niños malísimos, Louis, el juez Desmond y los padres de Ann.

Fué Santiago quién les hizo las fotografías y Teresa lloraba de alegría. Comieron en un restaurante cercano al despacho de Ann y era ya de noche cuando terminaron la fiesta.

Una noche  Robert, que había terminado temprano en la fiscalía, había preparado una cena especial para Ann. Llevaba unos días que no se encontraba muy bien.  " Es el trabajo", decía ella, así que pensó  darle esa sorpresa. La compró unas rosas, sus preferidas y puso la mesa de gala, con velas . Descorchó una botella de vino y revisó que todo estuviera a punto para cuando ella llegase.

Ann metió la llave en la cerradura y entró en su casa

--Ya he llegado, vida.  Ese era el saludo de cada día

Se quedó  asombrada al ver todo lo que le había preparado su marido.

--¡ Mi amor ! eres genial y por eso te quiero tanto,tanto,tanto. Le beso en los labios y de una ligera patada se quitó los zapatos

--Hay Dios mio. Estos tacones me van a matar

--Siéntate, descansa. Voy a echar un vaso de vino

--Para mi no ,mi amor. Lo siento pero es que el estómago no lo tengo muy bien, lo siento

--Ann no tiene importancia. Debes ir al médico llevas muchos días así. No pueden ser nervios. Cuídate mi vida.

--Ven siéntate a mi lado.

Robert obedeció y la besó suavemente.

--Yo también tengo mi sorpresa par ti

--¿ Cuál?, pregutó Robert

--¿Me vas  querer igual cuando esté gorda, con las piernas hinchadas, vomitando constantemente y con unas manias insoportables? ¿ Me querrás igual?

--¿Quieres decir que ...?

--Si , estoy embarazada. Vamos a ser padres.

Un Robert emocionado, nervioso no sabía qué decir, no sabía si abrazarla o no para no hacerle daño. Fué ella la que le pidió que la abrazara fuertemente. El terrible y frio fiscal, estaba con los ojos llenos de lágrimas y abrazaba a su mujer dándole las gracias.


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El embarazo transcurría normalmente.Pasados los tres meses habían cesado las náuseas, pero los había reemplazado los antojos.  Con la mayor de las paciencias Robert satisfacía todos los caprichos que su mujer sentía, y muy al contrario se sentía feliz de poder proporcionarle todo cuanto ella deseaba. De vez en cuando a lo largo del día acariciaba el vientre de Ann para transmitir a su hijito el infinito amor que sentía por ellos.

Ann había engordado como es lógico, pero estaba más bonita. La felicidad y la tranquilidad de tener a su lado al hombre que lo era todo para ella, le daban una alegría a los ojos y al rostro que lo iluminaban.



En sus rutinarias visitas mensuales al ginecólogo siempre la acompañaba, no la dejaba sola en ningún moment.o Todavía tenía la sensación de que si la dejaba sola la perdería.

Por fin llegó el tan esperado día del nacimiento de Stella, pues era niña y la llamaría así. El parto fué normal, sin complicaciones .  La primera vez que tomó entre sus brazos  a su hijta, Robert se sintió el hombre más feliz de la tierra. Tenía cuanto quería una mujer por la que daba la vida y una hija preciosa fruto de ese amor  tan deseado durante tanto tiempo.  Ya en la habitación los tres juntos, a solas, la miraban con emoción. Su amor se había sellado con aquel montoncito de carne sonrosada y tierna, preciosa,  que lloriqueaba buscando el pecho de su madre para poder comer.  Apretándol acontra si, Anna la besaba costantemente como para crerse que era cierto, estaba ya en el mundo, Robert a su lado  era inmensamente feliz.  Todo, absolutamente todo lo pasado había merecido la pena. Nada ni nadie les separaría nunca.


Stella
F    I    N

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