rosafermu

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sábado, 17 de septiembre de 2011

ERRORES - Capítulo 2º - Amor y sólo amor

Emma

James

Emma empezó a trabajar casi como becaria, pero pronto destacó por sus iniciativas y creatividad. Cada vez tenían en cuenta sus ideas y aportaciones de última generación, sus brillantes ideas y exitosas campañas.

Apenas habían transcurrido seis meses desde que consiguiera el empleo y ya contaban con ella en las principales campañas. El Sr. Crowford estaba encantado con aquella empleada con ideas muy revolucionarias para la publicidad, en un momento en que todas las agencias estaban faltas de talento innovador.

James comenzó su andadura como arquitecto en  un estudio pequeño de un modesto contratista, pero la creación de nuevas estructuras para las casas  modestas, le dieron fama entre todos los arquitectos. Había conseguido para las viviendas sociales un máximo de comodidades sin incrementar el presupuesto. Las casas se vendian con rapidez puesto que los precios eran asequibles, modernas, cómodas y con todas las necesidades que una familia de clase media requería.  Pronto le surgieron ofertas de trabajo interesantes, pero no abandonáría a aquel constructor que confió en él.  Le hizo socio de su inmobiliaria, y pasado un tiempo le expuso su deseo de retirarse de la profesión, por lo que le cedía el estudio y le daría cómodos plazos para amortizar el traspaso.

No se lo pensó dos veces: pediría un crédito al banco para afrontar los primeros gastos y después a medida que surgiera el trabajo vería la forma de ir ampliando horizontes. Y así hizo, y así se cumplieron sus sueños.

Emma ya tenía una acreditada reputación y James su estudio propio. Las cosas les iban bien, por lo que decidieron primero unir sus vidas y después vendría el matimonio.




Y así lo hicieron. Habían convivido juntos más de un año, pero cuando se casaron en su noche de bodas fué como si acabaran de comenzar su relación. Se amaban profundamente, sin un sólo resquicio de duda. Desde siempre fueron el uno para el otro.

Mientras intentaban dormir, Emma le dijo a James:

--Me da miedo tanta felicidad, el haber coseguido todo lo que queríamos. No hemos tenido que hacer ningún sacrificio y eso ...me da miedo. Pienso que tendremos que pagar nuestro tributo algún día, no puede ser todo tan fácil ni tan sencillo...

No pudo seguir hablando. Los labios de James, sellaron los suyos, al tiempo que le decía:

--No te atormentes, mi vida. Es nuestra noche de bodas, nos amamos, hemos conseguido lo que habíamos planeado ¿dónde está el delito, por qué hemos de pagar un tributo por ello?  No mi amor, todo saldrá bien, no te angusties. Sólo piensa en que tenemos toda una vida por delante para pasar buenos y malos ratos, que nos llegarán, pero no pensemos en ello, no nos anticipemos a lo que ignoramos ha de ocurrir.

Y abrazados se quedaron dormidos.

Lo habían planificado absolutamente todo, quizás demasiado. Un día sentados a la mesa de un restaurante, James planteó algo que se iba demorando cada vez más:

--Cielo, hoy es nuestro cuarto aniversario de bodas. ¿Sigues siendo feliz?

--James ¡ qué cosas me preguntas !, naturalmente que lo soy. Más si cabe que el primer día. Mi amor por tí no es cuestión de tiempo ya que se incrementa con el paso de éste. Pero algo te ronda en la cabeza, dime ¿qué es?

--Creo que ha llegado la hora de tener un hijo.

--James, ahora no puede ser. Yo lo deseo tanto como tu, pero estoy metida en plena campaña de publicidad, de muchos millones de dólares. Quizás la más importante de mi vida. Por favor, dame una tregua, espera a que concluyamos y entonces iremos a buscar al bebé. Por favor, por favor.

James, se le quedó mirando fijamente a los ojos y esbozando una ligera sonrisa, pero no pudo dejar de pensar algo que le venía atormentado: " le importa más el trabajo que formar una familia".
Esta sola idea le atormentaba, porque el cariño que él sentía por Emma, era capaz de saltar todas las barreras del mundo, con tal de estar siempre a su lado. Comprendía que su trabajo no era tan estresante como el de ella. Siempre contaba con el tiempo justo, siempre los clientes querían  ver la campaña plasmada en algo tangible, lo que les hacía trabajar a un ritmo desenfrenado.
Sin embargo el trabajo de James era más reposado, más tranquilo y tenía más tiempo libre.  Había veces que no se veian apenas. Desayunaban juntos, pero ella salía siempre corriendo de casa; había días que no se reunian para comer y cuando se veian algunas noches durante la cena, Emma estaba tan cansada que se dormía apenas apoyaba la cabeza en la almohada.

Eso causaba tremenda frustración a James, que le observaba  mientras ella dormía profundamente. Entonces  le acariciaba la mejilla y la frente, suavemente, si n apenas rozarla para que no se despertara, pero al tiempo pensaba: "esto no puede continuar así".

Las primeras marcas comerciales de nivel universal solicitaban los anuncios de la agencia Crowford y a Emma como publicista. Su innovación y agresividad,  llamaban la atención y las ventas de dichos productos habían aumentado desde que las vallas publicitarias exhibieran una determinada forma de vestir.


(imagen mujertendencias.com)

(imagen vallas-publicitarias.us)

Aquel día James había dormido mal y se había levantado de malhumor, bajo a desayunar más pronto que de costumbre, pero cuando entró en el comedor en el sitio de Emma encontró una nota en ´la que se excusaba por no esperarle a desayunar, debía estar en el trabajo para la presentación de una campaña muy importante y debía revisarlo todo antes de presentarla a su cliente.

James, dió un puñetazo en la mesa: "esto era lo que me faltaba"...  Al oir el ruido acudió  Claire solícita por si había ocrrido algún percance:

--Disculpe Claire, se me cayó la silla... es todo lo que se le ocurrió decir.

Aquella noche Emma llegó pasadas las once y encontró a James dando paseos por la habitación, como un lobo enjaulado.  Ella nada más entrar se dió cuenta de que no estaba para bromas y trató de regalarle la mejor de sus sonrisas, pese a todo estaba muy cotenta, todo había sido un éxito, pero....había un inconveniente del que aquella noche con aquella cara de James ni se atrevía a plantear: el cliente exigía que fuera ella la modelo de la campaña. Le había impresionado la perfección de sus facciones.

--Son más de las once..¿Se puede saber qué es lo que te propones? ¿crees que esta es la mejor forma de atender a una familia? ¿ de tener hijos?  Desde anoche no nos hemos visto, y esto francamente raya en el abuso...

--James, dijo mimosa. Dadas las circunstancias era la mejor forma que se le ocurría para salir del atolladero en el que estaba metida.

--James, deja que te explique. Ha sido un éxito extraordinario, nos han concedido la campaña por tres millones de dólares ¿ sabes lo que significa?, y además yo llevo comisión en ello. ¡ Oh, mi amor! estoy tan contenta...

Ella sabía que con un arrumaco "desarmaría" a su marido. Pero esta vez no fué así; las cosas habían ido demasiado lejos, y el planteamiento de tener hijos cada vez se veia más lejano.  James suavemente, le apartó y le dijo trascendente:

--Esto no puede seguir así. Reclamo m is derechos como marido que me escamoteas día tras día. Apenas nos vemos, no hablamos, no nos comunicamos.¿Cuándo dijistes que ibamos a encargar u n hijo? Te he dado de plazo dos campañas y ahora vienes diciendo que se prorrogará más¿Hasta cuando?
Estás entrando en un terreno muy peligroso y cuando te quieras dar cuenta ya no habrá remedio. Entonces no habrá lugar para nada, tenlo en cuenta porque no querré ni reclamaciones, ni derechos, ni nada...
Únicamente tú tienes la llave para que ese desastre no ocurra.

--¿Me estás amenazando?

--Noo, te estoy advirtiendo de lo que puede pasar. Hay muchas mujeres andando por la calle..Es igual, déjalo, no merece la pena. Pero ya estás avisada, luego no te quejes.

Y danto un portazo salió de la estancia portando una almohada y una manta. Iría a dormir a su estudio. Estaba furioso y no quería seguir discutiendo. Estaba tan enfadado que ni siquiera le importó el éxito alcanzado por su mujer.

Emma no podía dormirse. La charla con su marido, por primera vez le había alarmado, y pensó:

--Tiene razón, pero él no será capaz de serme infiel, me ama demasiado.

Solamente cuando oyó un portazo se dió cuenta de que había estado jugando con fuego y se había quemado.
Corrió tras él, pero no le alcanzó. Salió el coche del garaje a toda velocidad y a pesar de que le llamó, James siguió su camino.
Apuntaban las primeras luces del día cuando regresó a casa. Ni siquiera entró en la habitación, se dirigió al estudio y cerró la puerta.  Mientras, Emma, había reflexionado y pensó que por un trabajo no merecía la pena perder el amor de un hombre tan leal y sincero como era su marido, al que amaba más que a nadie.
Se hizo el propósito de hablar con su jefe: renunciaría a su trabajo y se quedaría en casa. Pero lo primero era hacer las paces con James y  contarle lo que había decidido.

Pero James ya no estaba en el estudio. Había entrado en el baño y se estaba dando una ducha. Emma  le llamó tratando de que abriera la puerta. Cuando lo hizo vió en su rostro un gesto huraño que le paralizó: nunca le había mirado de aquella forma; estaba muy enfadado con ella. Al tratar de explicarle, James le cortó en seco:

--Emma, no me cuentes nada. Yo se que ahora prometerás todo, pero mañana cuando ya nuestro malhumor se haya pasado, volveremos a nuestra vida rutinaria y desafecta. Ya no te creo lo que me digas, se que es inútil que tu trabajo es lo más importante para ti, que ya no eres la Emma de la que me enamoré perdidamente cuando apenas era un niño.

--Por favor, James, escúchame. Tienes razón y he tomado una decisión muy importante que nos atañe a los dos...

Querida, ya es tarde. Tengo que irme, perdona. Yo también tengo clientes. Quizás no con tanto relumbrón como los tuyos, pero a mi me es suficiente. Además no tengo ganas de jugar...ya me entiendes...ahora no


Se vistió y dándole un ligero beso en la frente, cogió su portafolios y salió de su casa, se metió en el coche, pero antes gritó a Emma que estaba en la puerta:

--¡A h ! se me olvidaba, no vendré a comer. Hasta la noche, mi amor.

Y arrancando el coche desapareció por la calle arriba.

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