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domingo, 29 de abril de 2012

COMO TE QUISE TE QUIERO / Epílogo




Alegres y nerviosos se dirigieron  a unos grandes almacenes para efectuar las compras de Navidad y los regalos que habrían de hacer a sus respectivos familiares. Eran felices, inmensamente felices y sus risas eran abiertas sinceras.  Celebraron la Nochebuena todos juntos.

Almudena no estaba dispuesta a volver a separarse de su marido y el primer día en que acudió al trabajo presentó su dimisión, aunque tuvo que esperar a que encontraran una substituta. Alberto hubo de marcharse después del día último del año.

--Mi amor, sólo erán unos pocos días para volver a estar juntos, repetía Alberto a Almudena al despedirse en el aeropuerto.

--Un sólo día es una eternidad, Alberto. No tardaré ni veintucatro horas en estar allí en cuanto solucione lo del trabajo.

Y así fué. En menos de un mes Almudena estaba frente a su marido en Estados Unidos. Vivirían allí hasta que él terminara sus estudios. Regresarían a España y trabajaría en un hospital, tendría una consulta y vivirian felices.

Junio empezaba a ser algo caluroso en Madrid cuando estaban de regreso . Decidieron buscar una vivienda más grande que el piso en el que vivían cuando se casaron. Almudena estaba embarazada y pronto en ese hogar las risas infantiles resonarían como música celestial.  Alberto adoraba a los niños, y poco a poco se iban cumpliendo todas sus ilusiones: tenía la mujer de sus sueños y para las Navidades próximas, serían uno más en la familia, y nació un niño precioso y dos años más tarde tuvieron una niña.



Pasaron los años. Almudena no volvió a trabajar. Alberto además de la consulta daba clases en la Facultad de Medicina. Tenía un gran renombre en su especialidad e instruia a sus alumnos en la práctica de las intervenciones por laparoscopia que ya eran bastante frecuentes en España.

Los chicos crecieron rápido. Raúl, su primer hijo quiso ser médico como el padre y el abuelo y cuando terminó la carrera en España, se trasladó a Estados Unidos para ampliar sus conocimnientos. No quiso ser ginecóloco. Su especialidad fué la Oncología. Allí conoció a una chica americana, con los cabellos rubios como el oro de la que se había enamorado y con quién pensaba casarse en cuanto terminara su especialidad.  Isabel, la hija, decidió estudiar psicología infantil y ya estaba en el último año de carrera

Esperaban la llamada de los chicos para saber las notas de los exámenes el día que Almudena vió en el periódico la defunción de Luis



Almudena y Alberto eran ya cincuentones pero no se habían vuelto a separar nunca más y seguían tan enamorados como cuando eran jóvenes.     Raúl esperaría a que su padre llegase de la consulta para llamar por teléfono y anunciarles el sexo de su primer hijo.  Se había quedado en América y se había casado con la chica rubia de cabellos de oro a la que adoraba.  Iban a tener su primer hijo y ese día le harían una ecografía a su mujer para saber si iba ser niño o niña.  Almudena estaba loca de contenta y Alberto muy emocionado

Isabel vivía en pareja con un compañero de gabinete, y aunque eran muy felices y se amaban decidieron esperar a casarse y tener hijos hasta que tuvieran más rendimiento en el despacho.


Cuando regresaron del cementerio, Alberto acariciando la mejilla de su mujer, le dijo

--Mi amor, han pasado los años muy pronto, pero he sido tan feliz, me has hecho tan feliz que no descartaría de lo pasado ni un ápice. Por doloroso que fuera , no cambiaría nada.  La vida ha sido generosa con nosotros, hemos creado una familia, vamos a ser abuelos, y nuestros hijos aman a sus parejas, y nosottros...

--Nosotros estamos juntos, siempre lo estaremos. Yo no podría vivir sin ti. Has sido el hombre, el amor de mi vida. He sentido unos celos horribles de las alumnas de la Facultad porque sé que había alguna que coqueteaba contigo, y es que eres tan guapo...

--Ninguna, óyeme bien, ninguna podría ocupar el lugar que tú has ocupado en mi vida. Cada día desde que estamos juntos, te he querido más y cuando ya no creia que mi amor podía aumentar, cuando me despertaba por las mañanas y te veia durmiendo a mi lado sentía que mi corazón se desbordaba y volvía a tener la misma fuerza para quererte y desearte como c uando éramos jóvenes. Te lo repito no cambiaría nada de lo vivido.

Albertto besó a su mujer y Almudena le devolvió el beso, únicamente interrumpido por la entrada de Celia para anunciarles que la comida estaba dispuesta.  Como dos adolescentes se ruborizaron y reían felices

  En voz baja Alberto dijo a su mujer

--Después de comer, nos echamos una siesta.... al tiempo que le guiñaba un ojo.

--Calla, c alla...fué la respuesta de ella apoyando su cabeza en el hombro de su marido


                                                    F    I    N

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