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miércoles, 12 de junio de 2013

LA CARTA - Capítulo 10º / Dudas



Durante varios días, Pablo insistió en sus llamadas a Azucena, a distintas horas y en distintos días.  No obtuvo respuesta, por lo que desanimado optó por no volver a intentarlo.  Ël mismo en su carta le había recomendado se distrajera e incluso tuviera una relación.  ¿ Habría seguido su consejo?

Con la fotografía de ambos en la mano, ante su contemplación, dudaba.  Conocía lo suficiente a Azucena, para saber que sus muestras de amor habían sido sinceras, y en tan corto espacio de tiempo no podía haber cambiado de opinión.

Pero la realidad se imponía y lo cierto es que sería muy difícil conseguir una relación entre ambos.

Notaba algo cambiada a María, como si estuviera enfadada con él.  Le preguntaba a su otra hija lo qué podría ocurrirle, pero a pesar de que Lizzy conocía el motivo, no le dijo nada y restó importancia al hecho.

Pablo se debatía constantemente en un mar de dudas.  Por un lado estaba su amor de siempre, pero por otro estaban sus hijas y su vida ya establecida en América.  Había días en que le daban ganas de romper con todo y volver a España, pero eso supondría dejar de ver a las niñas.  Tanto Azucena como él, eran perdedores ante la vida.  Habían renunciado  a demasiadas cosas...  Era una idea que nunca le abandonaba.  Por otro lado, buscaba una excusa para hacer un nuevo viaje a su país, y sería perfecto el ver a su padre y conocer realmente su estado de ánimo.  Cada vez que le llamaba decía que se encontraba bien, pero no le creía.



Dada la excelente relación que mantenía con su ex mujer y su actual esposo, una tarde de sábado mientras veían un partido de béisbol, Pablo lanzó al aire la idea que tenía de volver a Madrid por un tiempo

- No sé, tu verás.  Pero no me parece lo más acertado.- le dijo Ingrid-.  Aquí tienes tu carrera, tu vida más o menos encauzada... Yo lo pensaría

Pablo ya conocía la opinión de Ingrid, y no quiso insistir ni dar más argumentos.  Tenía razón.  Allí tendría que empezar de cero.  Podría en el mejor de los casos pedir un traslado, pero el puesto alcanzado en Tejas no lo tendría en España.  Pero esto no le importaba demasiado;  no buscaba un puesto relevante.  Ingrid ignoraba el motivo principal de su vuelta a Madrid.



Sopesaba lo que perdía y lo que ganaba.  Por otro lado estaban sus hijas.  Aquí las veía a diario, y en España se tendría que conformar sólo con las vacaciones.  Eso era muy doloroso para él que nunca se había separado de ellas.  No sabía, en todo caso, si Azucena permanecería soltera, o bien habría encontrado pareja.  Había transcurrido bastante tiempo desde su última conversación.

Todas estas dudas no le dejaban dormir y le tenían los nervios algo desquiciados.  Su carácter de natural apacible, se había tornado agrio y hasta con las chiquillas discutía.

Pidió una excedencia de un mes y decidido emprendió viaje rumbo a España.  Se alojó en casa de su padre, al que encontró triste, pero algo más recuperado.  Volvió a llamar a Azucena, pero la respuesta que encontró, fue que esa línea había sido anulada .  Sin posibilidad de establecer contacto con anterioridad, se decidió  acudir a su domicilio

La visita de Pablo, pilló de improviso a Azucena.  No pudo disimular la alegría que había sentido al verle y sentir sus poderosos brazos rodeándola.  No podía decirle el verdadero motivo de no querer atender sus llamadas. En su cabeza buscaba apresuradamente una excusa, pero le era difícil encontrarla.



No quería mentirle diciéndole que tenía a alguien en su vida y,   que no era él.

- ¿ Por qué no me contestabas?- preguntó Pablo
- No podemos seguir con esto, es difícil ... con la distancia por medio.  Además tu tienes tu vida allí, y la mía está en España.  Creo que debemos dejarlo antes de que sea demasiado tarde
- Pero nos queremos ¿ por qué ha de ser todo tan difícil ?
- Porque la vida no es fácil.  Tuvimos nuestra oportunidad y no fue posible.  Ahora ya es tarde
- ¡ No es tarde ! somos jóvenes, tenemos derecho a querernos, no hacemos daño a nadie
- Quizás si... Quizá no nos damos cuenta de que a nuestro alrededor hay alguien a la que estamos defraudando- no quería nombrar a su hija, pero sin querer, sin darse cuenta, había enfocado el problema hacia su familia
- ¿ A qué te refieres ? No te entiendo... yo no tengo a nadie ¿ y tú ?
- Déjalo estar por favor
- No quiero dejarlo.  Me niego a ello.  Tiene que haber un motivo por el que digas estas cosas
- Lo hay, créeme, pero no voy a decirte nada más
- ¿ Es por Ingrid, o por mis hijas?
- Te lo pido por favor, no insistas
- Es que no quiero perderte otra vez.  Debí pelear por ti.  Me marché y fui cobarde. Luego buscando olvidarte, me   enredé con Ingrid sin estar enamorado.  Lo pasamos mal, pero ella es buena y comprensiva, y ahora tenemos una relación estupenda.  A pesar de todo, la vida me premió con mis hijas, que lo son todo para mi...  - al llegar a este punto, se detuvo como si comprendiera de golpe a lo que se refería Azucena
- Son ellas... Ellas son el impedimento...

Azucena no contestó, se giró dándole la espalda para no tener que responderle.  Pero algo debía decirle...  no quería romper la buena relación con las niñas y si le confesaba la verdad, tendrían un problema.

-No, no.  No hay nadie en especial, pero ....Yo no he tratado nunca con crias, y menos adolescentes.  No encajaría en tu mundo.  Crearíamos, aún sin querer, un mal  clima de convivencia, y al final no resultaría.  Por eso, debemos dejarlo ahora, antes de que vayamos más alla´
- Pero yo quiero ir más allá. Te quiero y deseo unirme a ti para siempre.  Te perdí una vez y no quiero volverlo hacer.  Fue algo circunstancial que cambió nuestras vidas. Si aquella tarde yo te hubiera calmado, quizá ni nos hubiéramos peleado, yo no me hubiera marchado y posiblemente a estas alturas tendríamos cinco o seis hijos. Como habíamos planeado
- ¡ Estás loco ! Yo no tenía pensamientos de tener tantos hijo- dijo riendo y acordándose de los planes de Pablo- Eramos muy jóvenes y sin experiencia, al menos yo
- Si hubiera ocurrido lo de tu embarazo ¿ qué hubieras hecho?
- En aquella época , no lo sé.  Posiblemente lo hubiera tenido, pero no lo sé
- ¿ Y si fuera ahora ?

Azucena se dio la vuelta y mirándole, le dijo:

- Si ocurriera ahora, sin ninguna duda lo tendría. Aunque supiera que no te volviera a ver, que tú no lo quisieras, en fin, si ocurrieran un millón de cosas... lo tendría
- ¿ No estarás influenciada por lo de tu marido?
- No, él no tiene nada que ver.  Si así ocurriera, sería nuestro.  Te tendría conmigo en ese bebé, sería algo tuyo que viviría dentro de mi... ¡ Dios mio ! no me hagas decir estas cosas, por favor
- ¿ Por qué ? es justo lo que necesitamos.  Soy capaz de renunciar a todo por ti. Te perdí una vez y no va a volver a pasar.  Voy a pelear por ti y contra ti .  No te dejaré.  Ven conmigo a América.  Allí fundaremos nuestro hogar. Crearemos nuestra familia. Podremos ser felices ¿ no lo comprendes? Aquí no tienes nada... pero si ese es el impedimento, seré yo quién regrese a España
- ¡ No puedes hacerlo !  Tus hijas están entrando en la edad difícil, y te necesitan a su lado.  A pesar de que el marido de Ingrid sea bueno con ellas, no es su padre, eres tú quién debes estar allí
- Por favor, reflexiona.  Te quiero mucho y sé que estos días que voy a pasar aquí, serán unos de los más felices de mi vida, porque estaré contigo ¿ no lo entiendes?

Lo entendía perfectamente.  Se debatía entre sus deseos de estar con él, y al mismo tiempo de rechazar su tentadora oferta.  El sabía cómo convencerla, y aproximándose, la beso dulcemente y muy cerca del oído la susurraba palabras cariñosas que nublaban su sentido común. 

- No voy a estar mucho tiempo aquí, pero deseo estemos juntos, todo el tiempo.  No quiero perder ni un solo instante.  Vámonos  juntos a donde quieras, a una playa, al campo, a donde desees, porque estando contigo es como si estuviera en el cielo.

Buscaron un pueblecito de pescadores, pequeño, de la costa  levantina.  Allí vivieron los días más intensos de todos cuantos recordaban.  Eran libres, no tenían ataduras. No pensaban en nada ni en nadie, sólo en ellos y en su amor.



Como temían , la partida fue muy dolorosa.  No sabían cuándo volverían a verse

- ¿ Vendrás algún día a verme? - le preguntaba él
- Si, te lo prometo

Tras un abrazo y un beso, Pablo tomo el avión que le conduciría a América, de regreso a su vida.  Había vivido los días más increíbles que pudiera imaginar.



Hacía una semana que Pablo había regresado a su casa y aún tenía en su memoria los días vividos con él.  Luchaba consigo misma, se debatía en un mar de dudas. ¿ Qué debía hacer?  ¿ Ir a vivir con él en América ? ¿ Y si las chicas no la aceptaban?  Tenía que tomar una decisión y pronto, no podía vivir con esta incertidumbre.  Cualquiera que fuese su determinación, debería hablar con Braulio.  Hasta ese momento había ocultado su relación con Pablo, pero debería sincerarse con  él.   Para ello, le llamó por teléfono y quedó para mantener la entrevista

- Adelante, pasa - Braulio la recibió en su casa con el cariño de siempre-. Bien pues tú dirás.  Hace mucho que no nos vemos ¿ cómo estás?
- Tienes razón.  Estoy bien, pero quería consultarte algo que me tiene intranquila
-¿ Te ocurre algo?
- Si y no...  Verás cuando éramos estudiantes....  - y comenzó a relatarle la historia desde el principio.

Braulio la escuchaba atentamente.  Cuando terminó el relato, el hermano de Luis no dudó en darle un consejo

- Vete a América, vive o cásate,  lo que quieras, con el hombre que amas, pero no dejes escapar la oportunidad que el destino te ha brindado.  Eres joven, tienes derecho a rehacer tu vida.  Has guardado mucho respeto a mi hermano, y me consta que le quisiste.  Pero él hace tiempo que no está y es tu oportunidad de ser feliz.  Las chiquillas se acabarán acostumbrando y cuando te conozcan se habrán limado todas las asperezas. Reúnete con él, allí ó aquí, pero si os amáis no le pierdas.  Te arrepentirías toda la vida
- Braulio, hay algo más...
- Bien, pues adelante, cuéntamelo
- Voy a tener un hijo suyo...
- Pues, con esta noticia, no debes ni dudarlo ¿ Se lo has dicho?
- No, aún no.  Me da miedo...
- ¿ A qué tienes miedo? Si el te quiere será una bendición. ¿ Estás de mucho tiempo?
- No, muy poquito, pero ya me lo ha confirmado el médico
- ¿ Te ha autorizado a viajar?
- Me ha dicho que espere a los tres meses
- Bien, pues eso, espérate y ve en su busca.  ¿ Se lo dirás ahora o más tarde?
- No lo sé, no lo sé.  Si se lo digo ahora va a estar sobresaltado, y no puede venir porque hace poco que se ha ido. Y por otro lado... no sé qué hacer
- Bueno tranquilízate, no te conviene estar nerviosa.  Espera unos días más a ver si te aclaras, pero mi consejo es que se lo digas y en cuanto puedas ve a buscarle




Salió tranquila de la visita realizada a su cuñado.  Había despejado una duda, aunque sospechaba que su cuñado la apoyaría.  Pensaría si debía decirle a Pablo que iban a tener un hijo.

Pasados los tres primeros meses de embarazo, se sometíó a una revisión y al darle el médico la conformidad para el viaje, decidió reunirse con Pablo y en persona le diría lo del bebe.  Vería sobre el terreno si la actitud de María respecto a ella, había cambiado o se mantenía .  Si acaso veía conflicto regresaría a Madrid, y quizás ocultase su embarazo.  Sabía que esto último no debía hacerlo, Pablo tenía que saber que iba a ser padre. ¿ Qué hacer, por qué es todo tan complicado?  Era un hijo fruto de un amor largo tiempo esperado ¿ Cómo lo recibiría Pablo?   ¿Entraba en sus cálculos volver a ser padre, máxime si con sus hijas la relación era difícil?

Nerviosa preparaba la maleta, y con la misma ansiedad la esperaba Pablo en el aeropuerto. El tiempo de espera se le hacía interminable hasta poder abrazar a Azucena.  Le dio la noticia dos días antes, por sorpresa, aunque no le dijo nada de su embarazo.

Pensó que sería mejor decírselo en persona, una vez pulsado el ambiente existente con las chicas, más concretamente con María.  En caso de que fuese hostil ¿ qué debía hacer ?  De cualquier forma Pablo tenía que saber que iba a tener un hijo de ella, por mucho que disgustase a la muchacha.  La duda estaba si debía decírselo enseguida o esperar algunos días.  Viviría con él, en su casa y, ese era otro motivo de preocupación, porque quizá al saberlo, María no iría a ver a su padre mientras ella estuviese allí.

Ingrid había preparado un recibimiento especial para Azucena:  toda la familia reunida en su casa.  A Pablo le llenaba de satisfacción que las dos mujeres se llevaran bien.  No lo dudaba, conocía el carácter de una y de otra, y sabía que no habría problema.  Otra cosa eran sus hijas.  Había discutido con ellas, especialmente con María.  No veian con buenos ojos que se hospedara en su casa, por tanto no irían con la misma frecuencia a visitar a su padre.

Por fin el avión tomó tierra y después de recoger el equipaje, ambos pudieron fundirse en un abrazo.  Y emprendieron la marcha hacia la casa de Ingrid en donde le darían la bienvenida.









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