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jueves, 6 de junio de 2013

LA CARTA - Capítulo 7º / Lizzy y María

Unos toques de atención en la puerta, hicieron que las dos hermanas dejaran de discutir.

- Me tenéis harto con vuestras estupideces- dijo el padre de las chicas con bastante malhumor
- Ha sido Lizzy-, replicó una de ellas

Eran gemelas, pero opuestas en todo, tanto física como en temperamento.  Lizzy rubia como el oro y de unos bellos ojos azules.  María, morena con profundos ojos castaños.  Una se parecía a la madre y la otra al padre.  Ese fue el motivo por el que sus padres acordaron un nombre más inglés para la rubia y más latino para la morena.

María

Lizzy


La madre, Ingrid, nacida en Dinamarca, aunque viviendo desde muy pequeña en USA. Su padre, español, residiendo en América desde hacía tiempo.  Llegó a la edad de dieciocho años a cursar estudios y,  huyendo de un amor contrariado.  En la universidad conoció a la que un tiempo después se convertiría en su esposa.  Su matrimonio duró poco tiempo.

Pablo aterrizó en Nueva York, y fue recibido por un primo de su padre que vivía en esa ciudad desde hacía más de veinte años.  El padre de Pablo le había escrito porque iba a cursar la carrera en América y les pidió que le ayudaran, aunque Pablo no es de los que se arrinconaran  acobardado.

Llegó desmoralizado y triste.  En España había dejado al amor de su vida, pero además habían roto su relación y no había ninguna posibilidad de arreglo.  Llevaba en la cartera una fotografía de ella.  Al finalizar el curso, celebraron las notas obtenidas con una comida en el campo junto a todos sus compañeros.  Uno de ellos les tomó esa foto


Le dio la vuelta, y en ella había una fecha marcada.  Un día muy especial para ellos, una fecha inolvidable.  La puso sobre la mesita junto al reloj y se tumbó en la cama. Los primos le habían acogido en su casa hasta que empezase el curso y se instalara en el campus



- Os lo agradezco, pero cuando comience el curso, me alojaré en la universidad. No os daré la lata- les había comentado

No terminaba de encajar, se encontraba muy extraño.  Apenas hablaba ingles, sólo para defenderse.  Había que despabilarse, pues de lo contrario no podría seguir las clases.  Se aislaba voluntariamente del resto de chicos.  Por este motivo, fue observado por una muchacha.  Llamaba la atención de ella la morenez de su cabello y de su piel, en contraste con la blancura de la suya.

Entablaron un diálogo, y pronto fue presentado por la muchacha al resto de compañeros.  No tuvo problema para integrarse, dado el carácter abierto del chico.  Poco a poco se fue ganando la simpatía de todos, y en especial de Ingrid, que así se llamaba la chica. 

Salían los fines de semana, acudían a alguna hamburguesería. o iban al cine.  Cuando el tiempo era bueno, acudían a uno al aire libre, en el coche de ella.  Era el lugar elegido por las parejitas para hacerse los arrumacos sin que nadie se fijara, puesto que todos iban a lo mismo.  Ellos no serían una excepción, pero fueron más allá en el asiento trasero del coche.  Cada semana, cuando el tiempo lo permitía, acudían  al cine, y cuando llovía o hacía frio, elegían un motel de carretera y allí colmaban sus apetencias.

Ingrid


Una tarde, Ingrid le llamó llorando muy preocupada.  El presintió lo que iba a decirle.  No era una situación nueva;  hacía poco se había enfrentado a ella, pero en otro lugar, con otra chica.  Se vieron en la habitación del motel en el que acostumbraban a ir

- Pablo, Pablo - lloraba mientras se abrazaba a él llorando
- A ver ¿ qué ocurre?- le decía tranquilo
- Me ocurre que estoy embarazada. Acabo de recibir el informe médico y no hay duda. La semana próxima me haré una ecografía.  Pablo, tengo miedo
- Bueno, tranquilízate... No estás sola, no voy a dejarte sola
- Pero no podemos tenerlo... Los estudios... ¡ Oh Dios mío ! mis padres me matarán
- Yo hablaré con ellos.  Nos casaremos, trabajaré y saldremos adelante
- Pero ... ¿ tu me quieres? - preguntó ella
- Naturalmente que te quiero.  Si no te quisiera, no hubiera ocurrido esto ¿ no crees?

Quería aparentar tranquilidad ante ella, pero la verdad es que estaba muy lejos de sentirla.   Todos los planes se habían  venido abajo.  Recordó cuando Azucena le dijo lo mismo.   Echó la vista atrás

- ¿ Habrá tenido el niño ? ¿ Será niño ó niña ? ... Dios mio,  yo la adoraba...
- ¿ En qué piensas? - le preguntó Ingrid, al notar que no prestaba atención a lo que le decía. Ingrid no se imaginaba  que muy probablemente él hubiera dejado un hijo en España

La dio un beso y salieron de la habitación.  Ese día no hicieron el amor.  Estaban demasiado preocupados, pero no pudo evitar un pensamiento

" Si en lugar de Ingrid hubiera estado con ella, sí la hubiera hecho el amor antes de irnos "

Se quedaron fríos cuando el médico les anunció que había dos semillitas que crecían en el interior del vientre de Ingrid.  Esa misma tarde fue hablar con los padres de la chica que ya habían sido puestos en antecedentes por ella.



El padre estaba indignado y furioso, cuando Pablo llegó a la casa.  Tuvo que escuchar toda clase de insultos, mientras Ingrid gimoteaba agarrada a la mano de Pablo.  Sudaba, sentía un fuerte calor interior, pero reconocía que el buen hombre tenía razón para tal enfado.  La madre muy pálida, callaba conmovida por el mal rato que su hija estaba pasando.

- Tendrás que trabajar, y sacarás adelante tu casa y a lo que venga.  Te seguiré muy de cerca y más vale que te portes bien con Ingrid, porque de lo contrario vas a sentirlo.  Puedo asegurarte que si observo que ella sufre, te arrepentirás de haber nacido

Pablo aceptaba los improperios sin decir nada.  Cuando el hombre se hubo calmado, comenzó a exponer lo que  tenía pensado hacer

- Trabajaré en lo que sea.  No debe preocuparse. A mi familia no la faltará de nada.  El trabajo no me duele y si me es posible también estudiaré para poder realizar lo que tenía planeado.

Se casaron civilmente cuando ya estaba en el quinto mes del embarazo. Su volumen había aumentado considerablemente , al tratarse de dos criaturas las que llevaba en su vientre.



Pablo buscó denodadamente trabajo, y debido a su afición a la mecánica, fue su suegro quién se lo proporcionó  en su taller de arreglos de vehículos.  Vivían en un apartamento cercano al de sus suegros, y se desenvolvían económicamente bien, pero los estudios los tenía que hacer a distancia y por las noches.  Lo conseguiría, aunque bastante más tarde de lo esperado.

Ingrid le notaba siempre como ausente, como si su cabeza estuviera en otro lado.  No se equivocaba.  Pablo nunca le había contado lo que dejó atrás al salir de España, pero intuía que era algo que le dolía especialmente.

Dio a luz a dos preciosas niñas, y chocaba que una fuera rubia como su madre y la otra morena como él.  Desde el momento que las tuvo en sus brazos, supo que las quería más que a su vida, y que haría todo lo que fuese para que tuvieran un hogar en la que el cariño fuese el  que reinara en él.  Pero ...

Quizá fuese la frustración que sentía por no haber podido realizar su proyecto de vida, por la depresión post-parto, por el trabajo de atender a las niñas,  y quizá y más probable, es que no se había casado enamorado de Ingrid.    Poco a poco su relación fué deteriorándose.  Al principio fue a penas imperceptible,  pero la convivencia se hacía cada vez más difícil

Llegaba cansado del trabajo y se encontraba con el panorama hogareño:   Ingrid llorando, desbordada por atender a dos bebés al mismo tiempo, a pesar de ser ayudada por su madre. Despeinada, sin arreglar y permanentemente con los pechos fuera dando de mamar a las niñas...  Todo lo hubiera soportado si estuviera enamorado, pero el caso es que no lo estaba,  y ella lo notaba, lo que aumentaba más su depresión.  Pasaron la cuarentena, pero las relaciones sexuales no se reanudaban. Cada vez eran más escasas y más distantes en el tiempo.  Ël comenzó a frecuentar los bares cercanos.  Nunca se emborrachaba, pero huía del panorama de su casa.

Ninguno de los dos fue culpable, pero el deterioro de la pareja era evidente.  Las niñas crecían preciosas, sanas y bonitas, pero ellos eran como dos extraños.  Y fue ella la que decidió plantear la situación del divorcio.  Meses después,  él abandonó el hogar para instalarse momentáneamente en una pensión barata.  A Ingrid la dolía verle en esa situación.  No había conseguido nada de lo que había proyectado, ella tampoco, pero al menos tenía el apoyo de sus padres, un hogar, y a sus hijas.  El también tenía a las niñas, pero estaba solo. 

Los padres y hermanos de Pablo, al contarles que debía casarse rápidamente, dejaron de hablarle

- Creciste como un golfo y sigues igual.  De nada han servido las oportunidades que te dimos ¿ Para eso te fuiste?- es el comentario que recibió de su padre, cuando le llamó para anunciarle que iba a ser abuelo.  Sin embargo la madre, siempre encontraba un momento, a escondidas de su familia, para hablar con el hijo, que quizá por ser menos afortunado, le dolía más.

Tomó la decisión de plantar cara a su marido.  Nunca lo hubiera hecho...,  nunca.  Pero ahora debía ayudar a su hijo,  que lo estaba pasando mal.  Pablo había abandonado definitivamente los estudios. Seguía trabajando en el taller de su suegro, al que había tomado cariño.  Ambos se apreciaban, porque veían la buena relación existente entre su hija y Pablo.  Tenían mejor relación divorciados que cuando estaban casados.

Pablo acudía todos los fines de semana a ver a las niñas, que en cuanto cumplieron los tres años, se las llevaba a casa y dormían en su apartamento

La madre de Pablo había conseguido que el marido la acompañase en su viaje a EEUU para ver al hijo. Estaba decidida a ayudarle.

Acudió al aeropuerto a recibirles. El saludo del padre fue frio, protocolario.  Sin embargo el de la madre fue cálido, entrañable.  Les acompañó hasta el hotel, y quedó con ellos que al día siguiente les llevaría a conocer a sus nietas.

Madre de Pablo


Padre de Pablo


Y las conocieron, y a la madre de Pablo se le saltaron las lágrimas
- ¡ Cielo santo ! ¡ Qué bonitas son !-decía arrimando a la suya las caritas de las niñas, que la sonrieron

El padre también estaba emocionado.  Quizá el volverle a ver, había revuelto sus instintos paternales.  Le causaba profundo dolor el comprobar que de todos sus hijos, es el que estaba en peor situación.  Los padres de Ingrid, quedaron encantados con la visita de sus consuegros, y el padre, cuando se hubieron marchado, comentó a su mujer

-¿ Sabes lo que pienso ? Que ha sido una verdadera pena que ellos no se entendieran.  Pablo es un buen muchacho.  Un poco cabeza loca, pero un buen muchacho.  Le recibí con mucha prevención, pero mi opinión ha cambiado.

Pablo acudió al hotel a buscar a sus padres.  les llevaría a comer a algún restaurante italiano, barato eso si, porque aunque ganaba un buen sueldo, debía pagar la manutención de las niñas, y no andaba muy sobrado.

Los padres se mostraron comprensivos y contentos.  La madre le miraba con inmensa ternura, y más de una vez, fue sorprendida por su hijo con los ojos llenos de lágrimas

Antes de salir, el padre hizo que se sentara

-Pablo, sé que has sido un ... loco, pero al fin y al cabo eres mi hijo y me duele lo malo que te ocurra.  El tener a esas niñas, ha sido la mejor cosa que has hecho, y lo que espero es que tengamos más contacto.  No será  el mismo que con los que viven allí, pero cuando sean mayorcitas quiero hablar con ellas por teléfono.  Y aprenderé a manejar un ordenador para verlas en directo., por gue..,.
- Por webcam, papá, por webcam
- Eso...,  como se llame.  Te volverás a matricular en la universidad, y cursarás los estudios para los que viniste a este país.  Habrás de prometerme que serás ingeniero .  Deseo que cumplas tu sueño
- Gracias, padre, pero no puedo.  Eso fue entonces.  Ahora soy padre de familia y he de ayudar a Ingrid en la manutención de las niñas.  Ellas son ahora mi sueño
- Lo sé, lo sé. Pero .. nosotros te ayudaremos. Mamá y yo lo hemos hablado, y está decidido.  Dejarás el trabajo y te centrarás únicamente en tus estudios.  Volverás a matricularte y sacarás adelante los cursos en los que lo cortaste.  Todos los meses haremos una transferencia a Ingrid para las niñas.  No carecerán de nada.  A cambio te exijo que seas ingeniero.  Esa es nuestra única condición

Se sacrificó al máximo, pero lo consiguió.  Al recibir la titulación fue acompañado por sus padres y uno de sus hermanos. Por sus suegros, sus hijas e Ingrid, que se mostraba orgullosa de él.  Celebraron una gran fiesta.

Envió su curriculum a la NASA, a Tejas.  Esa era su máxima ilusión.  De siempre quiso pertenecer a esa organización, pero el tiempo pasaba y no tenía respuesta.  Entre tanto buscó empleo en una pequeña compañía aérea.  Las niñas crecían y adoraban a su padre.  La relación con Ingrid era excelente, ella le profesaba un gran cariño.  Sabía que no conocía todo lo relativo a su vida de juventud, pero ella respetaba su silencio, y nunca le preguntó nada.  Esperaba que algún día se lo confesara.

Las niñas hablaban con frecuencia con su familia española, y en cuanto tuvieron edad para viajar, pasaban parte de las vacaciones con ellos.

 Un día el cartero llamó a la puerta del hogar de Pablo. Este se encontraba trabajando.  Era una carta que procedía de la NASA, que fue recogida por María.  Inmediatamente la niña llamó a su padre

- Dime María, ¿ qué pasa?
- Nada papá... Ha llegado una carta de la NASA
- Pues ábrela.  Seguramente será para decirme que ya me avisarán

La niña rasgó el sobre y extrajo el pliego de papel con membrete de la organización.  A medida que iba leyendo, sus ojos se abrían cada vez más y una sonrisa de satisfacción se dibujaba en su cara.  Lizzy acudió junto a su hermana extrañada por los grititos que estaba dando





- Papá, papá....  Te han admitido... Pone que te tienes que incorporar la semana próxima
- ¿ Es eso cierto?   Léemelo, anda

La carta fue leida con sumo cuidado por Lizzy y María a coro.  Pablo no podía hablar.  Su sueño se había cumplido.

Ingrid y las niñas acompañaron a Pablo hasta Tejas.  Las niñas lo vivían como una aventura.  Tan sólo enturbiaba su felicidad, el pensar que no podría estar con ellas  todo lo que quisiera.  Su trabajo se lo impediría.  Ingrid para consolarle, le dijo

- No te desmoralices. Están las vacaciones. Las pasarán todas contigo, por favor no te preocupes.  Es lo que siempre has deseado...
- Si pero entonces no teníamos a las niñas- respondió triste.

Pasaron tres días como si volvieran a ser una familia.  En el viaje de vuelta, Ingrid tenía como vecino de asiento, un ingeniero que sería compañero de Pablo.  Inmediatamente conectaron y las niñas que iban detrás, cuchicheaban entre ellas sobre la cara que mostraba su madre.

Su noviazgo se desarrolló por carta y a veces se encontraban cuando él tenía algunos días libres.  Ingrid comunicó a Pablo, que a pesar de la oposición de las niñas, se casaría con Julio y serían vecinos.

Pablo dio su aprobación y tuvo una larga charla con sus hijas para convencerlas de que su madre no dejaría de quererle, serían vecinos y podrían verse igual que antes.  Julio era un buen hombre estaba muy enamorado de su madre y era amable y correcto con ellas.

 Se casaron y Pablo fue testigo por parte de Ingrid.  Estaba satisfecho de la decisión que su ex había tomado.  Merecía ser feliz y además tendría cerca a su familia.  Tres meses más tarde, Ingrid anunció a Pablo y a las niñas, que un nuevo miembro venía en camino.  Prepararon una comida especial y celebraron la buena nueva.



Ante la perspectiva de un hermano, las niñas fueron aceptando a Julio, y poco a poco llegaron a formar una familia muy unida.  Además su padre vivía cerca.  Estaban terminando la enseñanza primaria en el cercano instituto.






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