rosafermu

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miércoles, 5 de marzo de 2014

ALGO INESPERADO- Capítulo 12º / Una agradable velada



Como había anticipado Charles, la sorpresa y alegría de Agnes, fué grande al hacer la entrada en la salita su buena amiga Elise. Ambas mujeres  se fundieron en un entrañable abrazo y ambas se preguntaban al unísono por las ocupaciones de cada una.  Elise, en un momento que Charles salió de la habitación, relató a la chica su fracaso sentimental, y el malestar que ella sentía por la soledad de su sobrino.

También la contó el éxito alcanzado de su primer libro, ese que ella comenzó a corregir y sentía no tuviera más tiempo para dedicarse a la escritura, pero su trabajo en la universidad  le ocupaba bastante  Elise le habló del trabajo que desempeñaba en la editorial. Había tenido mucha suerte al encontrarle .  Estaba muy bien remunerado y contaba con el aprecio de sus compañeros y jefes.  Estaba muy contenta, no en vano disfrutaba ejerciendo la profesión que más la gustaba.



La comida transcurrió muy amena y la charla no decayó en ningún momento. Agnes se mostraba feliz y satisfecha por haber recuperado nuevamente la amistad de Elise.    Hasta Charles estaba encantado con la visita.  La miraba de soslayo . La encontraba muy atractiva y no entendía cómo anteriormente le  resultaba hasta antipática.  

La sobremesa se prolongó hasta media tarde. Al despedirse, Charles, se ofreció para acompañar a Elise hasta su domicilio.  Ella no deseaba que eso ocurriera, no quería tener demasiado trato con él.  Durante todo ese tiempo no le había olvidado y temía que al encontrarse de nuevo, surgiera nuevamente esa llama que lucía tenue, aún, en su corazón.  Pero no pudo evitarlo.

Al llegar a su casa, tendió la mano a Charles agradeciéndole su deferencia



- He pasado un día fantástico.  Gracias Charles.  Quiero mucho a tu tía y me ha alegrado volver a verla
 - ¿ Por qué no lo has hecho antes?  Siempre serás bien recibida en esta casa
- Lo sé, lo sé, pero...  La situación era distinta... estaba Gisele y creo que no me tenía mucha simpatía
- Espero que volvamos a reunirnos otro día. Ha sido una reunión estupenda. Dame tu teléfono y quedamos otro día, no se.... quizá para ir al teatro, o al cine, o salir a cenar.  Eso suponiendo que no tengas compromiso con alguien
- No, Charles. No tengo compromiso con nadie
- ¿ Cómo es posible? Eres muy guapa y tu conversación es interesante
- Bueno...  Mi corazón fué ocupado hace tiempo , y no he tenido suerte.  Es así de sencillo
- Debía estar ciego. Francamente no lo entiendo
- Así son las cosas. Te enamoras y no eres correspondida. Vuelves a enamorarte y ocurre lo mismo.  Estoy predestinada a vivir la vida en solitario
- No lo creo.  Simplemente no ha sido el momento.  Estoy seguro que llegará tu hora. Bueno, Elise, ya me despido. Prometo llamarte
- Así lo espero, y nuevamente gracias

Elise entró en su casa y Charles, aguardó hasta que la ventana se iluminó.   Lentamente desanduvo el camino hasta llegar a su casa.  Allí, tía y sobrino comentaron la incidencias del día y una hora más tarde, cada uno se despidió para ir a dormir.

Elise estaba desvelada.  Había sufrido una pequeña conmoción al encontrarse nuevamente con Charles.  No había conseguido olvidarle, pero sabía que su amor era imposible, y a su memoria acudió la conversación que tuvo, hace tiempo, con su tía, lo que motivó su precipitada salida de aquella casa.

Estaba segura que tardaría mucho en verle nuevamente, a pesar de que él había prometido llamarla.  Sus vidas transcurrían con normalidad, pero el fín de semana siguiente, cuando Elise se disponía a salir para dar un paseo, el teléfono repiqueteó insistente

- Si ¿ quién es ? - respondió ella
- Elise, soy Charles ¿ Cómo estás?
- ¡ Charles !... pues muy bien. ¿ Agnes, está bien?
- Si, si, desde luego.  Oye, tengo entradas para el ballet ¿ Te gustaría acompañarme?

Ella tardó unos instantes en responder.  Le había cogido por sorpresa y tardaba en reaccionar

- ¿Elise?  Si tienes compromiso...  no hay problema
- No, no. Simplemente no esperaba que me llamaras
- ¿ Por qué ?  Quedamos en eso
- Si..., pero pensé que era pura retórica
- Ah, ya comprendo.  No te apetece
- Si, si me apetece y mucho...  De acuerdo¿ a qué hora debo estar lista?
- La función empieza a las siete. ¿ Qué te parece a las cinco y media?  Así tomamos café tranquilamente y charlamos
- Muy bien, me parece muy bien.  Estaré lista para esa hora
- Bueno..., pues entonces ... hasta luego
- Hasta luego, Charles

De repente una tensión nerviosa, Elise, comenzó a experimentar.  No esperaba que él la llamase,  y frenética se dirigió a su habitación, abrió su armario y comenzó a rebuscar el vestido adecuado.  Terminó eligiendo uno negro, "elegante siempre", pensó. Comió algo ligero, no tenia apetito y además debía arreglarse pronto.  No quería que la hora se la echara encima.  

Cuando a la hora señalada, sonó el timbre de su casa, ella estaba lista y arreglada.  Abrió la puerta y un sorprendido Charles la saludó, dándole un par de besos en ambas mejillas




- ¡ Uau !, estás radiante Elise.
- ¡ Vaya ! gracias Charles. Pasa... ¿ Quieres tomar algo antes de irnos?
- No, lo haremos en la calle. ¿ Nos vamos, pues?
- De acuerdo. Un momento, voy por el bolso y la chaqueta.

Disfrutaron de un brillante espectáculo de ballet y de una cena amable en un restaurante italiano que Charles conocía desde hacía tiempo.  Tuvieron una charla amable en la que cada uno de ellos, sin saber muy bien porqué, expusieron sus sentimientos y se confesaron mutuamente los fracasos sentimentales sufridos.  Salieron poco a relucir los nombres de sus respectivas parejas, y parecía que a ambos se le había quitado un gran peso de encima.  Ni Elise era tan antipática y fria, ni Charles era el enamoradizo galán al que había dado calabazas por,  dos veces,  la misma persona.

- ¿ Estás cansada, te apetece pasear? - dijo Charles
-Si. Me apetece pasear.  He de darte las gracias. La velada ha sido fantástica, lo he pasado muy bien
- Me alegro. Podemos repetirlo en otra ocasión, si te parece bien
- Desde luego. Estaré encantada

 Y despacio emprendieron un largo paseo.  Ninguno de los dos tenía deseos de concluir la velada, en la que habían derribado barreras y limado asperezas.  En lo sucesivo, sería diferente. Eran dos personas jóvenes, introvertidas y deseosas de amistades, que precisamente por su carácter, encontraban dificultades para llevarlo a cabo.






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