Miranorte - Capítulo 14º / Planes de futuro

Y llegaron tras largas horas de vuelo, que a ella se le hicieron interminables.  A medida que se iban acercando, se le hacía un nudo en el estómago. ¿ Cómo había sido capaz de aceptar tamaña locura ?  Todo lo había planeado Paul, pero tenía miedo de la reacción de sus padres, de su familia.  Lo había dejado todo: país, amigos...., a Mila, la única familia que tenía.  Y ahora estaba a miles de kilómetros de distancia de ellos, sin saber siquiera cómo enfocar su nueva vida.  Otra vez comenzaba de cero, pero ahora sería más definitivo.  Amaba a aquel hombre que la tomaba de la mano, igual que a una niña, temeroso de que se extraviara, infundiéndola coraje, y templando sus nervios.





Una vez recogidas las maletas se dirigieron a la salida del aeropuerto.  Allí  les aguardaba el chófer de la familia, que les llevaría hasta la casa en donde vivían los padres, a las afueras de la capital.  Los nervios hacía que la respiración se le acelerase.  Estaba pálida, a pesar de la buena temperatura reinante, y sus manos estaban sudorosas.  Algo que no paso desapercibido a Paul

- Tienes que calmarte. Mi familia te querrá como te quiero yo.  De momento te quedarás con ellos, viviendo...  So pena que desees que vivamos juntos, o te encuentre un apartamento cerca de mi casa, si es que así lo deseas.
- ¿ Voy a vivir con ellos?  Eso no me lo habías dicho
-¿ Te preocupa eso?  Yo lo hago por ti. Me encantaría que viviéramos juntos, pero creo que ni tú ni mis padres, van a consentirlo
- No sé Paul...  Todo ha sido muy precipitado.  Va a ser muy incómodo tanto para ellos como para mi. No les conozco, ni ellos a mi.  No hablo muy bien vuestro idioma, no conozco vuestras costumbres, no se nada de nada...  Preferiría ir a un hotel
- ¡ Cómo vas a ir a un hotel !   Por si no lo sabes, mis padres no se han comido a nadie todavía, y estarán encantados de tenerte en casa.  Ya lo verás
- No se, Paul, no se.  Eres muy mandón. Se te ocurre una idea, y ni corto ni perezoso...  sin consultar con nadie, zás, la pones en marcha.  Creo que sería mejor que viviera en algún hotel, no muy caro.
- ¿ Es eso lo que quieres?
- Francamente si.  Tienes que reconocer que es una situación muy violenta. No les he visto en mi vida, y voy a irrumpir en su vivir día a día.  Soy una extraña para ellos, y para colmo tú estarás trabajando, así que sí: mejor un hotel.
-Ese no era mi plan, pero si así lo quieres, así será.

No tardaron mucho en llegar.  Cuando salió del coche, tuvo que sujetarse en el brazo de él, pues las piernas la temblaban tanto, que creía iba a caerse.  Paul la tomó de la mano y con paso decidido se encaminaron hacia la entrada, mientras el chófer sacaba el equipaje del coche.  Alba se quedó deslumbrada frente a la casa señorial y muy lujosa de los padres de Paul

- Sois ricos - fue todo lo que se la ocurrió decir
- Bueno...  ellos son los ricos.  Yo trato de vivir con comodidad y de mantener holgadamente a mi familia, el día que la tenga
- Paul , no se nada de ti, de tu forma de vida, de tu familia...-
-Si lo sabes. Conoces mi trabajo, vas a conocer a mi familia, conocerás a mis amigos... ¿ Qué más necesitas ?
- Conocernos.  Eso es lo que necesito. Tú lo sabes todo de mi, pero yo...
- Creo que ahora debemos entrar.  Te lo explicaré todo más tarde..., cuando nos marchemos
- Por favor, llévame a un hotel.  Me intimida muchísimo todo esto
- Está bien, está bien.  No te preocupes

Abrió la puerta Emily, que sonriente recibió con cariño a Paul y con curiosidad a Alba.  Les condujo hasta la salita en que les aguardaban los padres, la abuela Rosalyn, y la prima Meredith.  Cuando entraron, se produjo una explosión de cariño y asombro.  No esperaban que llegase acompañado de esa  atractiva chica, y más asombro sintieron cuando Paul les anunció que se iban a casar en cuanto él tuviese tiempo libre , después del rodaje de su próxima película que comenzaría en breves fechas.

La madre se mostró cariñosa.  El padre estrechó su mano afectuosamente, pero no podía ocultar su asombro ante el anuncio del hijo.  Meredith, la prima, no podía ocultar un gesto agrio, contrariado al conocer la noticia, y escudriñaba el rostro de Alba, con curiosidad . En cambio la abuela, la observaba atentamente, no decía nada, pero se le notaba,  por el amago de sonrisa que trataba de disimular, que la chica le agradaba.

Patricia ( madre de Paul )


Cuando Alba se acercó a estrechar su mano ante la presentación de Paul, la dama  dijo

- ¿ Vas a darme la mano, y no un beso?
- ¡ Oh, señora, con mucho gusto la daré un beso !  Sólo que no sabía...
- Ven aquí muchacha.  Voy a ser tu abuela cuando os caséis.  Eres muy bonita y seguro que reúnes unas excelentes condiciones para hacer feliz a mi nieto.  Es muy exigente, y no se conformaría con cualquier cosa
- Bueno... yo...

Rosalyn ( abuela de Paul )

 Alba no sabía que responder ante la venerable anciana. El rubor teñía sus mejillas, y sin darse cuenta, buscaba la mano de Paul.  Quizás para que la infundiera el valor para enfrentarse a esa situación y salir airosa del trance.  La situación era violenta para ella. Estaba rodeada por unas personas que la miraban fijamente analizando cada expresión de su rostro, cada sonrisa o cada gesto.

- Ven y siéntate- la dijo Patricia, la madre de Paul-   ¿ Deseas tomar algo, un refresco, un té...?
- Un té, por favor - respondió Alba

Mientras tanto, Paul contemplaba la escena algo divertido, al comprobar el azoramiento que sentía Alba.  No comprendía el porqué estaba tan incómoda, tan cortada. El nunca había pasado por semejante trance.  Todas las chicas con las que había salido, eran conocidas de todos, y las que no, nunca había durado su relación tanto tiempo como para conocer a la familia.

La más silenciosa era la abuela, pero no paraba de analizarla, y por la expresión de su rostro, la complacía. Paul y su padre entablaban una conversación, y la madre, la abuela y la prima Meredith, atendían a Alba.  Más bien, interrogaban a la chica, interesándose en  cómo se conocieron, cuánto tiempo hacía, en qué trabajaba, quién era su familia...  En un momento de la conversación con su padre, Paul giró la cabeza en dirección a su novia, y la vió nerviosa, con las manos entrelazadas, pero los nudillos blancos.  Se dio cuenta de que la estaban examinando a conciencia, y que eso hacía que Alba estuviera tensa, y con un rictus que decía bien a las claras que estaba incómoda.  Y entonces decidió interrumpir la conversación de las mujeres, y acudir en defensa de su novia, que con una mirada le agradeció la interrupción.

-¿ Hasta cuándo vais a estar con el interrogatorio?

Lo dijo sonriendo, pero su madre sabía que lo decía muy en serio.  Alba exhaló un suspiro bajito, agradeciendo a su novio que interrumpiera las indagaciones de su familia, que por momentos hacía que se sintiera más vulnerable. ¿ Pensaban a caso, que la movía algún interés que no fuera el amoroso?  Paul decidió que ya era hora  de marcharse.  El ambiente se había vuelto algo más frio y decidió que la visita había concluido.

- Cariño, tenemos que irnos.  Aún tenemos que buscar un hotel para Alba. Queríamos venir aquí en primer lugar, pero ya se nos está haciendo muy tarde.  Estamos cansados, el viaje ha sido largo y ahora nos queda el cambio horario.
- ¿ Cómo que tenéis que buscar un hotel? - protestó la abuela
- Si abuela.  Alba quiere estar independiente, y creo que lo mejor es que viva en un hotel, hasta que encontremos un apartamento.
- No, ni hablar.  Se quedará conmigo- protestó la anciana

Entonces Alba decidió intervenir.  Se le cayó el alma a los pies. No conocía a esa señora que no había dejado de mirarla desde que llegaran.  La incomodaba esa persistente mirada, ese exámen.  Claro que comprendía que Paul había llevado a su casa a una desconocida, y les habían anunciado que quería casarse con ella.  Encontraba natural el interés de la familia por conocerla, pero toda esa atención sobre ella, la ponía nerviosa.  Tenía que adaptarse a muchas cosas de repente, y vivir con la familia de su novio, no había entrado en sus cálculos.  Por un momento, en el avión, mientras simulaba que dormía, había pensado en la posibilidad de vivir juntos, pero ahora después del interrogatorio a que le habían sometido, ya no la parecía tan buena idea.  Seguramente pensarían que era una fresca cazafortunas.  Desechó esa idea de su cabeza y se reafirmó en que lo mejor sería instalarse en un hotel.

Les despidieron calurosamente e hicieron la promesa de que en el fin de semana volverían y pasarían más tiempo con ellos.  Todos sonreían menos Meredith, que tenía un gesto arisco y no pronunciaba ni una sola palabra.  Una vez dentro del coche que les llevaría al apartamento de Paul, la dijo suavemente

Meredith ( la prima )

- Les has caído muy bien
-¿ Tu crees?  Tu abuela es un encanto, pero ...
-Pero ¿ qué ?
- Meredith...  no le he sido simpática
- ¿ Por qué lo dices?  Pero además si así es, no es nuestro problema, es el de ella.  Dale tiempo para que te conozca, y estoy seguro que seréis buenas amigas.  Ella se crió con nosotros y ha vivido,  hasta no hace mucho tiempo, en casa. Como aquel que dice , nos hemos criado juntos
- Si tu lo dices...
- Bueno eso ahora no es importante.  Centrémonos en el hotel.
- Si, claro...  en el hotel
- ¿ Qué ocurre? Te noto rara
- No, no es nada.  Es que estoy algo nerviosa...  Todo ha sido muy incómodo...  Menos para ti, para el resto ha sido...  violento.
- Bueno ya pasó.  No pienses más en ello.  En definitiva somos nosotros dos los que contamos, los que vamos a tener una vida en común
- Pero ellos son tu familia, cuentan y mucho.  No estoy segura de que les haya caído bien
- Ya, por favor. Deja de dar vueltas.  Mira ya hemos llegado.  A la vuelta de la esquina está mi casa.  Me gustaría que fuera la tuya también, pero comprendo que de momento no quieras vivir conmigo.  Entiendo tus reticencias respecto a mi famila. ¿ Quér tal si esperamos un tiempo?
- No me importaría vivir contigo, en realidad es lo que deseo, pero...  Tu familia vería mal  que...
- Basta ya. Deja a mi familia...  Me importa un pepino lo que piensen  o dejen de pensar.  Yo se cómo eres, lo que piensas y conozco tus sentimientos.  Ellos no saben nada respecto a nosotros. Entiendo que se hayan sorprendido, pero su sorpresa no nos atañe.  Ya te irán conociendo, no te preocupes.  De momento tenemos que pasar el día con ellos el próximo sábado.  Seguro que no te hace ninguna gracia, pero espero que comprendas que ellos también quieran estar conmigo
- Desde luego, y no me molesta.  Espero que no sea todo tan frio como hoy

Y así fueron pasando los días. Paul se incorporó al rodaje que le mantendría alejado de casa durante, al menos, un par de meses.  Ella se trasladó al apartamento de Paul y encontró trabajo en un instituto no muy lejos del apartamento.  No quería depender totalmente de su novio.  No estaban casados y la parecía abusivo vivir a su costa.  Además quería algo de independencia y sólo trabajando podría contar con ella. 

La última visita que hicieron a los padres de Paul, fue más relajada que la primera, y además no estaba la prima Meredith, que la intimidaba bastante.  La abuela la acaparaba casi todo el tiempo, hasta el punto de que Patricia, la madre de Paul, tuvo que regañarla algunas veces por acaparadora. Le agradaba Rosalyn.  Seguro que de haber conocido a su abuela, hubiera sido como ella:  dulce, cariñosa, comprensiva...  Era una mujer que parecía estar más adelantada a su tiempo.  Hizo una pregunta que la sorprendió, no sabiendo qué contestar

- ¿ Por qué no vivís juntos?  Los jóvenes de ahora lo hacen.  Así tendréis la oportunidad de conoceros mejor y pasar más tiempo juntos el l poco tiempo libre que tiene Paul. ¿ No habéis pensado en ello?
- Verá...- titubeaba Alba -, en un principio esos fueron nuestros planes, pero no lo creimos oportuno
hasta no conocernos más.

Alba no quiso decir que la causa estaba en ellos, en sus opiniones respecto a ella.  La pregunta quedó flotando en el aire y la abuela se dio por satisfecha, pero hizo una observación

- Claro, tienes razón, pero podrías vivir conmigo.  Vivo sola con la servidumbre, y tu compañía me haría mucho bien. Eres culta, simpática y amable. Y por lo que he podido comprobar muy cariñosa con mi nieto.  Con eso tengo suficiente.  Paul es muy importante para mí.  Le quiero muchísimo.
- Yo también, señora
-Algún día tendrás que contarme cómo os conocisteis.  Sois dos personas que se complementan, precisamente porque sois distintos. Y vuestras miradas no dejan lugar a dudas.  Conozco a Paul y se que está loco por ti. ¡ No hay más que miraros !  No te suelta de la mano en todo el tiempo.  Conozco esos síntomas.  Yo también fui joven y estuve muy enamorada de mi marido: Patrick.  Dios no quiso que envejeciéramos juntos... ¡ Hace tanto tiempo que me falta!...  pero aún le echo de menos
- Lo siento Rosalyn.  Conozco la soledad de perder a un ser querido.  Yo perdí a mi padre cuando era pequeña, y a mi madre no hace mucho.  No tengo más familia que Mila.  Es la señora con la que viví, hasta que ella encontró un antiguo amor y se casaron.  Me dejó sola , pero son muy felices y yo me alegro de ello.

La conversación transcurría amablemente, relajada, esta vez si, enttre la abuela y Alba, aunque de vez en cuando intervenía  Patricia que también estaba a la conversación de su marido e hijo.

De momento, Alba permanecería en el apartamento de Paul y pensaba que una vez que él regresara, vivirían juntos.  Le quería desesperadamente, y echaba de menos sus atenciones.  Se había ido para mucho tiempo, una eternidad, tal y como ella lo sentía.  Paul trató de explicarla el argumento de la película, para tranquilizarla por sus celos, que conocía bien, pero ella no quiso saber nada.  Se equivocaba al querer ignorar el guión, porque no dejaba de pensar en ello e imaginar unas escenas que posiblemente no se darían.

Se centró en su trabajo, que adoraba.  Tenía una clase de adolescentes, rebeldes, como todos lo son a esa edad,  de los quince hasta los dieciocho.  Había un par de ellos que eran bastante rebeldes y le daban mucho trabajo, pero confiaba en que más tarde o más temprano, les volvería más razonables.
Llegaba al apartamento cansada por el esfuerzo que supone contener el genio cuando los chicos se alborotaban y no prestaban atención a su clase.  Debía tener paciencia con ellos, pero a eso se le unía el desasosiego por Paul y sus compañeras de rodaje.

El tiempo pasó veloz y Paul, acabado el rodaje, se presentó un atardecer cuando ella aún no había llegado del instituto.  No sabía muy bien porqué, pero ese día estaba más alterada de lo normal.  ¿Sería la ausencia de Paul? ¿ La rebeldía de los chicos? ¿ Sería que se acumulaba el cansancio de toda la semana?
 
-Si al menos Paul estuviera aquí...

Cuál no fue su sorpresa, cuando al meter la llave en la cerradura, notó que algo había cambiado.  Olía a Paul.  Al perfume que usaba habitualmente, al silencio de la casa, a que no había salido a saludarla Ricky, el perro de Paul.  Algo estaba distinto, y con paso ligero se encamino a la salita .  Y allí estaba él. Había vuelto y la recibía con una amplia sonrisa y los abrazos abiertos para acogerla en ellos.  El abrazo fue largo, intenso y los besos persistentes.  Los labios de él buscaban incesantemente los de ella, que correspondía con la misma vehemencia.  No hablaban, sólo murmuraban palabras cariñosas



- Te quiero, pequeña.  ¡Te he  echado tanto de menos!...,   No veía la hora de regresar, de verte.  De estrecharte entre mis brazos, de amarte
- ¡ Oh Paul !  Paul... te quiero tanto, y ha sido tan largo el tiempo sin ti...

Permanecieron juntos, abrazados durante largo rato.  Como para recuperar el tiempo de esos dos meses en que estuvieron separados.  Una vez calmados, Paul la tomó de la mano, y la condujo hasta el sofá para que tomara asiento

- Vamos a casarnos rápidamente.  No resisto más esta situación.  Mañana mismo me pongo con los trámites de la boda.  Moveré influencias si es necesario, pero quiero que sea rápido.  No resisto mucho más.  Lo más largo va a ser conseguir tus documentos, pero, ya me las arreglaré para que sea lo antes posible.

Estuvieron durante largo rato hablando de proyectos, de cómo había sido el rodaje.  Ella se moría de curiosidad por saber de qué tipo era la película, pero por si acaso escuchaba algo en su descripción que no le agradase, no quiso saber más.  Cenaron frugalmente.  No se soltaban las manos y de vez en cuando intercalaban caricias.  Los ojos les brillaban.

Al fín Alba miró su reloj, y se dio cuenta de que pasaba de las 12 de la noche.  Había sido una larga charla, pero debía tomar una decisión.  No suponía que Paul regresaría  ese día



- Si hubiera sabido que llegabas hoy, hubiera reservado la habitación en el hotel
- ¿ Y qué vamos a hacer al respecto?- preguntó él sonriendo  con una mirada picarona- No te vayas, por favor.  Es absurda esta situación. Por Dios bendito vamos a casarnos, y ya somos mayorcitos para hacer lo que se nos venga en gana
- Pero tu familia...
- Lo que hagamos nosotros, es cuenta nuestra y de nadie más ¿ Tú quieres irte? Porque eso es lo que me importa
- No Paul.  No quiero irme. Deseo estar contigo
- ¿ Trabajas mañana ?
- ¡ Claro !... y además hay exámenes.
- Pues lo siento por ti, porque vas a dormir muy poquito
- ¡ Paul !...
- Vamos... Deja todo esto...  Mañana lo recojo yo, que estoy de vacaciones
- ¿ No tienes que ir a los estudios?
- No hasta la semana próxima.  Tendré que ir a poner la voz, pero luego... Tachan... nos casaremos e iremos de luna de miel.





 

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